El testamento del pescador

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Lo que no ha sido asumido no ha sido salvado

Posted by El pescador en 31 diciembre 2006

El domingo que hay después de Navidad (y si no el día 30 de diciembre) celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret: San José, la Virgen María y el Niño Jesús.

El título de la entrada es una frase de los Padres capadocios (San Gregorio de Nisa, San Gregorio Nacianceno y San Basilio Magno) que quiere decir que Jesús fue plenamente humano, que Jesús es Dios y también hombre porque si le faltase algo de humano, eso no quedaría redimido en nosotros.

Por eso el Hijo de Dios quiso nacer de una mujer, nacer bajo la ley (cf. Gálatas 4,4,), para participar de y compartir nuestra condición humana. También el nacer y crecer en una familia, como un niño necesitado del amor y de los cuidados de sus padres.

Los evangelios nos cuenta muy poco de la infancia de Jesús y de la vida de la Sagrada Familia en Nazaret, sólo nos cuentan algún episodio como cuando Jesús se pierde en el Templo de Jerusalén. Jesús ya tenía doce años y había ido a celebrar la Pascua como buen judío piadoso que era. Pero después se quedó en el templo, entre los doctores de la ley, escuchando y respondiendo a sus preguntas con sabiduría.

Cuando San José y la Virgen lo encuentran vemos una escena propia de cualquier familia preocupada cuando ha ocurrido cualquier peligro o problema. Y la respuesta del Niño Jesús indica algo muy importante: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que tengo que ocuparme en las cosas de mi Padre? (Lucas 2,49).

Esa respuesta de Jesús indica que ha crecido y ha descubierto cuál es su misión. Como cualquier niño que va creciendo y va tomando conciencia de quién es, de quién es su familia, de su historia, va descubriendo qué quiere hacer en la vida, qué quiere ser de mayor. Jesús había ido creciendo en Nazaret y ahora ya ha querido empezar su vida pública, sabe que ha venido al mundo a ocuparse de las cosas de su Padre, Él sabe que tiene un padre en la tierra (Y su madre le dijo: Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia) pero tiene que obedecer también a su Padre del cielo, que lo ha enviado.

Lo ha enviado para ocuparse de las cosas de su Padre, que es anunciar a la humanidad que Dios es nuestro Padre, que su Hijo ha venido para hacernos hijos de Dios gracias al amor de Dios Padre: Mirad cuánto nos ama el Padre, que se nos llama hijos de Dios, y lo somos. Por eso, los que son del mundo no nos conocen, pues no han conocido a Dios. Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios. Y aunque aún no se ha manifestado lo que seremos después, sabemos que cuando Jesucristo aparezca seremos como él, porque lo veremos tal como es (1 Juan 3,1-2).

Jesús, al nacer y criarse en una familia humana, nos enseña que la familia humana es una presencia donde Dios quiere habitar, para que el amor de los esposos, que se prolonga en los hijos sean imagen de la Sagrada Familia de Nazaret. El cuadro de Bartolomé Esteban Murillo “Las dos Trinidades” nos muestra plásticamente que desde la Navidad, Dios quiso que la familia humana fuese imagen del amor infinito de Dios gracias a Jesucristo, para que descubramos y aprendamos, como el Niño Jesús en el templo, que nuestra vocación primera y fundamental es ser Hijos de Dios y ocuparnos de las cosas de nuestro Padre: mostrar al mundo (en el sentido del evangelio de San Juan: los que no conocen a Dios o lo rechazan) que todos somos hijos de un mismo Padre y que estamos llamados a formar la gran familia de la humanidad en la Iglesia como hermanos de Cristo.

Por eso la Iglesia quiere dedicar uno de los días de la Octava de Navidad a que contemplemos y celebremos el misterio de Dios hecho hombre, pero no solo sino en su familia, la Sagrada Familia de Nazaret.

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Parece que sí estamos en el 2006

Posted by El pescador en 30 diciembre 2006

Hace dos días hablaba de la equivocación de nuestro calendario que está atrasado pues según parecía Jesucristo, que se libró de la matanza de Herodes I el Grande, tuvo que nacer hacia el año 4 a.C. que es la fecha en que murió el tirano.

Hoy he encontrado esta noticia de la Agencia Fides y como rectificar es de sabios, os la traigo para que veáis que Dionisio el Exiguo no se equivocó; además trae otros datos interesantes sobre el día del nacimiento de San Juan Bautista y del mismo Jesús.

VATICANO – LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello – La fecha de la Navidad: “Dionisio no se equivocó”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – En estos días continúa habiendo intervenciones y entrevistas, en acreditados medios de comunicación, que sustentan una lectura simbólica de la Navidad y, con ella, de las fechas y de las referencias históricas ligadas al acontecimiento del nacimiento del Salvador. Tales lecturas ya están totalmente superadas por los más recientes estudios. Parecen por tanto oportunas algunas aclaraciones históricas y por tanto teológicas.

La coordenada que da Lucas para establecer el año del nacimiento de Jesús es el edicto de Cesar Augusto. ¿Cuándo ocurrió? O bien ¿en qué año del calendario romano? Sobre el hecho no nos adentraremos. Pero, también en este caso, se ve que con demasiada facilidad se ha hablado de error de cálculo del monje Dionigi, encargado en el 525 por la Iglesia de Roma de continuar la compilación de la tabla cronológica de la fecha de Pascua preparada a su tiempo por el Obispo Cirilo de Alejandría en Egipto. Él no partió de la fecha de inicio del imperio de Diocleciano (285 de nuestro calendario cristiano) – fecha que todavía hoy la Iglesia copta emplea para el cómputo de su calendario, es decir el inicio de la era de los mártires – sino de la encarnación de Jesucristo.

Aunque no se conozca exactamente el método de que él siguió, está vigente la tesis que se habría equivocado, poniendo el nacimiento de Jesús ‘después de la muerte de Herodes’ o bien 4 ó 6 años después de la fecha en que habría ocurrido, y que correspondería al 748 de Roma. Se puede sin embargo demostrar que no es así, porque las objeciones a sus cálculos son inválidas, en cuanto que no tienen en cuenta por ejemplo, que José Flavio, al que normalmente nos referimos para estas y otras dataciones, se equivocó, y precisamente sobre la muerte de Herodes el Grande, en base a un eclipse lunar que el recordaba.

Además, se le imputa el no haber usado el 0 en el cómputo, cosa que en aquel tiempo faltaba. En todo caso Dionisio el Exiguo acogió la fecha del 25 de diciembre que no había sido introducida arbitrariamente por las Iglesias cristianas. Según Tertuliano Jesús habría nacido en el 752 de Roma, 41° año del imperio de Augusto. Los modernos instrumentos de investigación permiten conectar los datos con los elementos astronómicos que garantizan su seguridad; se superan así los contrastes entre el mundo hebreo y la cultura cristiana que puedan haber condicionado a los historiadores. La cronología puede ser reconstruida, como ha hecho el insigne historiador Giorgio Fedalto, comparando tablas cronológicas diferentes (cfr. Historia y metahistoria del cristianismo. Cuestiones debatidas, Verona 2006, pp 39-58 y Carsten Peter Thiede, El nacimiento del cristianismo, Milán 1999, pp 267-322).

También sobre los anuncios que preceden al nacimiento del Señor podemos hacer algunas consideraciones. Lucas, queriendo encuadrar históricamente a Jesús y su llegada, ofrece otra coordenada: empieza su evangelio reconduciendo una tradición judeo-cristiano jerosolimitana, un hecho aparentemente marginal pero históricamente verificable por sus contemporáneos, aún antes del 70 d.C. Según el evangelista, el ángel Gabriel anunció al sacerdote Zacarías, mientras “ejercía sacerdotalmente en el turno (taxis) de su orden (ephemeria)”, (1,8) el de Abdías (1,5) que su esposa Isabel habría concebido un hijo. Lucas hace referencia pues a una rotación dispuesta por David (1Cr 24,1-7.19): las 24 clases se alternaban en orden inmutable en el servicio al templo de sábado a sábado, dos veces al año. Esto era conocido entre los judíos y al menos en entorno judeo-cristiano. El turno de Abdías, prescrito dos veces el año, caía del 8 al 14 del tercer mes del calendario (lunar) hebreo y del 24 al 30 del octavo mes (cfr Shemarjahu Talmon, The Calendar Reckoning of the sect from the Judean Desert. Aspects of the Dead Sea Scrolls, en Scripta Hierosolymitana, vol IV, Jerusalem 1958, pp 162-199 y Antonio Ammassari, En los orígenes del calendario navideño, en Euntes Docete, 45, 1992, pp 11-16). Esta segunda vez, según el calendario solar corresponde a la última década de septiembre.

De este modo es histórica también la fecha del nacimiento del Bautista (Lc 1,57-66, correspondiente al 24 de junio, nueve meses después. También el anuncio a Maria “en el sexto mes” (1,28) de la concepción de Isabel, correspondiente al 25 de marzo. Última consecuencia es pues histórica la fecha del 25 de diciembre, nueve meses después.

En el calendario litúrgico siríaco está el ‘Subara’, el tiempo del anuncio, constituido por seis domingos (v. Adviento ambrosiano) el primero dedicado al anuncio del nacimiento de Juan al padre Zacarías, celebrado en el calendario bizantino y en la iglesia latina de Tierra Santa el 23 de septiembre. Así los bizantinos y los latinos, conservan al 23 de septiembre como una fecha histórica casi precisa, todo lo más con un margen de dos días. Otro tanto puede decirse de las fechas de las fiestas de la natividad del Bautista y la anunciación a Maria y la natividad de Jesús. La liturgia de la Iglesia ha fijado y conmemorado históricamente estas fechas (v. la Circuncisión al octavo día después del nacimiento, la presentación al cuadragésimo) en especial la Natividad del Señor. El hecho de que a veces se haya asimilado a la del 6 de enero, se debe al calendario bizantino que recordaba un conjunto de acontecimientos epifánicos (la llegada de los Magos, el bautismo en el Jordán, la bodas de Cana) pero también a que las Iglesias se comunicaban las fechas de las celebraciones y tenían posibilidad de verificar su autenticidad histórica.

Por el contrario, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, se propagó entre los liturgistas la idea de que el 25 de diciembre era una fecha convencional, elegida por los cristianos de Roma para reemplazar el Nacimiento del Sol invencible, es decir una fiesta del dios Mitra o del emperador, que caía alrededor del solsticio invernal. En realidad, sobre todo después del edicto de Constantino [el Edicto de Milán (313) que concedió la libertad de culto a los cristianos], la Iglesia se habría sentido movida por el deseo de valorizar alguna fiesta del paganismo decadente, pero no habría inventado una fecha tan central. Se piensa que en el rito bizantino la fecha de la anunciación elimina el domingo y el jueves santo, y si coincide con la Pascua se canta medio canon, la composición poética propia de las dos fiestas. Por tanto, la memoria ininterrumpida fue sancionada con la liturgia pero el Evangelio de Lucas con sus referencias a lugares, fechas y personas ha contribuido a ello de modo fundamental. (Agencia Fides 28/12/2006; Líneas: 74 Palabras: 1096)

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El sueño de la razón produce monstruos II

Posted by El pescador en 29 diciembre 2006

En esta entrada quiero explicar el sentido de esta frase de Goya. Expresa con clarividencia el resultado de la Modernidad: los millones de víctimas de la Revolución francesa y de los regímenes nazi y comunistas del siglo XX.

La Modernidad podría definirse como

el largo proceso por el cual las sociedades europeas han pasado de una cosmovisión cristiana del mundo, del hombre y de Dios, a una cosmovisión que quiere ser racional y nada más que racional; el proceso de secularización o laicización, es decir, la ruptura y el progresivo distanciamiento entre lo divino y lo humano, entre la revelación y la razón, o, si se prefiere, la lenta y sucesiva sustitución de los principios y valores cristianos, que habían dado unidad y sentido a los pueblos europeos durante al menos diez siglos, por los valores pretendidos de la razón pura (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, XIII. Ed. BAC, Madrid 1996).

Este libro de Carlos Valverde se centra en las ideas filosóficas que intervinieron en este proceso porque

sería una tarea imposible querer exponer todo el conjunto de factores que han intervenido en este macroproceso evolutivo que ha durado siete siglos. Hemos preferido atender principalmente a uno de los más decisivos: las ideas filosóficas. El vizconde lord Bolingbroke, ilustrado inglés del siglo XVIII, decía que la historia no es más que la filosofía puesta en ejemplos. Hay mucho de verdad en ello. Y más cerca de nosotros, Viktor Frankl dijo en una conferencia: Créanme ustedes, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmente en los Ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes, en las mesas de escritorio y en las aulas de clases de los científicos y filosófos nihilistas (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, IX. Ed. BAC, Madrid 1996).

Este proceso comienza en el siglo XIV, podemos decir que en 1328, cuando Guillermo de Ockham, que había sido llamado por Juan XXII a Avignon para explicar ciertas proposiciones teológicas ofensivas para los oídos piadosos. Pero como no encontraba solución satisfactoria, el franciscano inglés y otros franciscanos “espirituales”, partidarios de la pobreza radical de la Iglesia, escaparon y buscaron refugio y protección bajo el Emperador Luis de Baviera, enemigo del Papa y entonces excomulgado. Los franciscanos lo encuentran en Pisa y Guillermo pronuncia la frase Tú me defenderás con la espada y yo te defenderé con la pluma. La frase puede ser legendaria pero ahí podemos decir que empezó la Modernidad, el proceso de secularización.

Este hecho puede ser el punto de partida simbólico de una época cultural distinta. La Modernidad será una larga marcha hacia la total autonomía de lo secular y que duró siglos, hasta llegar al total inmanentismo y secularismo de Feuerbach (1841) con su lema el hombre es un dios para el hombre, todo queda reducido a lo terrenal. Dios no es necesario. Los hombres pueden construir ellos solos su ciudad. Les basta la razón. La razón puede colocarse en el lugar de Dios. Finalmente, Nietzsche después pronunciará la definitiva sentencia de muerte: “Dios ha muerto. Nosotros lo hemos matado”. Es la desobediencia definitiva a Dios iniciada por Adán y Eva.

Las consecuencias las hemos conocido a base de la muerte de millones de inocentes, porque la historia es la filosofía puesta en ejemplos: Hegel, el predicador del Absoluto que se encarna en el Estado prusiano, y su discípulo Feuerbach, que reduce a Dios a una proyección de los deseos humanos; y Marx, discípulo de éste al que consideró que después de él la crítica religiosa ya estaba terminada en Alemania. Todos estos filósofos llevaron a Marx, que es el origen del comunismo, de los regímenes ateos que tantos millones de personas han matado y siguen matando en el mundo y están en la base también del nazismo, que también mató a varios millones de personas.

El nazismo y el comunismo son el culmen de la Modernidad, que empezó a mostrar sus monstruos en la Revolución francesa y su época del terror. La diferencia entre estos dos regímenes ateos (nazismo y comunismo) es que buscaron un mismo objetivo superior (una quimera colectiva) eliminando a sus enemigos que para ellos eran grupos colectivos pero que realmente eran personas individuales. Hicieron esto porque no había un referente superior al Estado y a la ideología del régimen que lo sustentaba: habían cambiado a Dios y los valores cristianos por el Estado y la ideología, igual que la Revolución francesa, fruto de la razón ilustrada que tanto atacó a la religión: rechazó ésta a cambio de la razón pura, que desembocó en el Terror de la guillotina por lo mismo: habían eliminado a Dios, referente moral supremo de la acción libre y responsable de los hombres.

Estos son, entre otros, los monstruos que produjo y aún sigue produciendo el sueño de la razón llamado Modernidad.

Cuando los hombres no tienen que responder de sus acciones ante ningún Ser Supremo referente de la moral como es Dios, los mismos hombres convierten en dioses sus ideologías y así se cumple de forma siniestra la promesa de la serpiente demoníaca en el paraíso: Seréis como dioses, y ya vemos las consecuencias de la desobediencia primera a Dios: las personas destruimos la armonía creada por Dios y además no queremos reconocer nuestro error ni aceptar nuestra responsabilidad, como hicieron Adán y Eva (cfr. Génesis 3,8-13: en los siguientes capítulos hasta el 11 vienen las consecuencias del primer pecado: la violencia y el deseo de Dios de acabar con la humanidad pecadora mediante el diluvio, aunque se arrepiente y hace con Noé un nuevo pacto para una nueva humanidad señalado con el arco iris, Génesis 8: queda abierta una puerta a la esperanza gracias a la misericordia y al amor de Dios).

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El sueño de la razón produce monstruos (Goya)

Posted by El pescador en 28 diciembre 2006

Hoy es 28 de Diciembre y los católicos celebramos el día de los Santos Inocentes, los niños que el rey Herodes mató intentando acabar con el rey que le habían anunciado los magos de Oriente (Mateo 2, 16-18).

Hoy en día también mueren miles de niños inocentes en España en abortos provocados con el consentimiento de sus madres. Realmente es una perversión de un instinto tan hermoso y tan fuerte como el de la maternidad.

El aborto se reviste de legitimidad moral porque ha sido aprobado en el Parlamento, pero hay que denunciar muy claramente que lo legal no es moral, o sea que si una ley inmoral ha sido aprobada legítimamente en las Cortes eso no quiere decir que sea aceptable moralmente.

Precisamente en la Octava de Navidad, que concluye celebrando el 1 de enero a la Virgen María Madre de Dios, en estos días que celebramos el nacimiento de Dios como un bebé indefenso perseguido ya en la cuna, recordamos a los Santos Inocentes muertos en nombre del progreso, porque son un estorbo como lo fueron aquellos niños para Herodes.

Nuestra sociedad secularizada, posmoderna y poscristiana se avergüenza de la Navidad, del nacimiento de un Niño que dio origen a la fe cristiana que ha hecho a esta sociedad occidental más libre, democrática y avanzada e impone esta cultura de la muerte; y ve mal a la Iglesia porque está a favor de la vida, a favor de la familia como transmisora del don de la vida a los hijos dentro de una paternidad responsable pero generosa: para esta sociedad la Iglesia es medieval, está atrasada, no va con los tiempos.

Y por eso nuestra sociedad es una de las más envejecidas del mundo, porque no nacen niños. Un niño es la esperanza del futuro, de la continuidad de un pueblo y de una sociedad. Por eso la señal de esperanza que Dios da a Acaz es un niño, el Emmanuel (Isaías 7, 14). Pero Occidente se está extinguiendo, ya que ni siquiera nacen niños para reemplazar a los adultos existentes.

Eso ocurre en nuestra sociedad secularizada, que da la espalda a Dios de tal manera que ni siquiera quiere celebrar la Navidad y la disfraza con nombres ridículos como Festival de Invierno, o más sutilmente diciendo Felices Fiestas (como si fueran las fiestas del pueblo).

Todo ello en nombre de la razón, una razón que excluye por supuesto a la fe, pues es la diosa razón que entronizaron en Notre-Dame los revolucionarios franceses de 1789, los del Terror y la guillotina, contemporáneos de Goya.

Los monstruos que produjo el sueño de la razón volvieron a despertar especialmente en el siglo XX:

El vizconde lord Bolingbroke, ilustrado inglés del siglo XVIII, decía que la historia no es más que la filosofía puesta en ejemplos. Hay mucho de verdad en ello. Y más cerca de nosotros, Viktor Frankl dijo en una conferencia: Créanme ustedes, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmente en los Ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes, en las mesas de escritorio y en las aulas de clases de los científicos y filosófos nihilistas (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad: Prólogo. Ed. BAC, Madrid 1996).

Viktor Frankl había estado preso en uno de los campos de exterminio nazis, uno de los ejemplos históricos del horror y de la voluntad de aniquilar a los enemigos y a los considerados inferiores que estorbaban, lo mismo que el Gulag soviético, la Revolución cultural de Mao o el genocidio de los Jemeres rojos en Camboya. Todo esto, como decía Frankl fueron los monstruos del sueño de la razón: más bien pesadillas reales para muchos.

Las víctimas del aborto son consideradas por los partidarios de este crimen también como inferiores y enemigos de la salud de la madre o de la comodidad, son un estorbo en definitiva como las víctimas de estos regímenes ateos y antirreligiosos que buscaban crear una nueva sociedad comunista o el hombre nuevo ario; nuestra sociedad quiere crear una nueva sociedad del bienestar (más bien de la comodidad) y para ello elimina los estorbos impidiendo la concepción o matando a los ya concebidos, pues el fin justifica los medios.

Realmente por eso la Navidad cristiana estorba a este mundo secularizado que ha dado la espalda a Dios: porque la fe cristiana empieza con el nacimiento del Niño en Belén, el que no pudo matar Herodes pero que ahora hay demasiados empeñados en matar en muchas clínicas todos los días, y cada año eliminando la Navidad.

Feliz Navidad a todos.

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No estamos en el año 2006

Posted by El pescador en 27 diciembre 2006

Pues no, no estamos en el año 2006 y en menos de una semana no va a empezar el año 2007.

Porque tenemos un error en nuestro calendario, ya que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, el autor de la matanza de los inocentes que motivó la huida a Egipto de la Sagrada Familia (Mateo 2,13-18), pero Herodes murió en el año 4 antes de Cristo (sí, sí, no es broma ni un error). El problema es que el monje Dionisio el Exiguo (ca. 470 – ca. 544) se equivocó al hacer nuestro calendario. Él fue el encargado de dividir los años en dos eras: Antes de Cristo y Después de Cristo.

En el 527 el Papa Hormisdas encargó a Dionisio el Exiguo calcular el año del nacimiento del Señor, pero el monje se equivocó unos 5 años al datar el reinado de Herodes el Grande, por lo que dedujo que Jesucristo nació el año 753 de la Fundación de Roma, cuando realmente debió de ser hacia el año 748: durante el imperio romano, y hasta Dionisio el Exiguo, los años se databan desde la fundación de Roma.

El método que usó Dionisio se basó en confeccionar una tabla en la que aparecerían los emperadores romanos desde adelante hacia atrás, contando los años que había gobernado cada uno de ellos. El método funcionó pero Dionisio se equivocó. En primer lugar marcó el año del nacimiento de Jesucristo como el año 1 y por tanto no se tuvo en cuenta al número cero (que introdujeron en Occidente los árabes a partir del siglo VIII) y no contó tampoco que Augusto César gobernó con su verdadero nombre, Octavio, durante cuatro años. Así pues se deduce una diferencia de cinco años. Por lo cual, según el sistema de Dionisio, la fecha del nacimiento de Jesucristo debío de ser el 5 a.C., pues al año siguiente (4 a.C.) murió Herodes el Grande, que mató a los inocentes en Belén.

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El Credo corto y el Credo largo

Posted by El pescador en 26 diciembre 2006

Así denominan los cristianos de a pie las dos fórmulas de fe más comunes. El credo es un resumen de los dogmas y creencias más importantes de un cristiano, confesamos nuestra fe en el bautismo (nuestros padres y padrinos en nombre nuestro si somos niños) y cada domingo en la Misa.

Voy a explicar el por qué de tener estos dos credos, que no son un capricho sino que tienen su motivo:

El Credo corto es el que se llama “técnicamente” credo de los apóstoles o apostólico. La leyenda cuenta que los apóstoles mismos redactaron el Credo a los diez días de la Ascensión del Señor Jesús, pero en realidad ellos no lo escribieron. Se le llama “de los apóstoles” o “apostólico” porque está basado en la doctrina que ellos enseñaron.

Ambos credos tienen en común que están estructurados en tres partes, siguiendo la Trinidad: Creo en Dios Padre creador; creo en Jesucristo, su Hijo, nuestro salvador; creo en el Espíritu Santo y en la Iglesia.

La diferencia es que si observáis, estos dos credos tienen un lenguaje y una forma de decir las cosas distinta, pero al final dicen lo mismo. La diferencia es que el apostólico habla de Jesucristo enumerando sus acciones históricas (nacimiento, pasión, muerte y resurrección) usando expresiones bíblicas como la de resucitar a los tres días. El credo largo utiliza un lenguaje que no es bíblico (engendrado antes de todos los siglos, de la misma naturaleza) sino que está tomado de la filosofía griega; no es que sea extraño a la revelación, en el siglo IV la fe cristiana se había introducido en el imperio romano y se había amoldado a la cultura clásica, ya no era sólo una fe hebrea o semítica, sino que consiguió expresar las verdades de la revelación con el lenguaje filosófico griego.

El Credo largo es el Credo niceno-constantinopolitano, o sea el Credo de los concilios de Nicea (año 325) y de Constantinopla (año 381), que respondieron respectivamente a las herejías arriana y de los pneumatómacos (los que luchan contra el Espíritu Santo). De ahí que la parte más amplia de este credo sea la dedicada a Cristo y al Espíritu Santo.

La herejía de Arrio afirmaba que Cristo no es Dios, sino una criatura perfecta, la primera de todas, pero no es Dios. Por eso este credo se centra en Jesucristo:

Engendrado del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre.

Todas estas palabras están medidas y quieren afirmar que Jesucristo, el Hijo de Dios es también Dios, igual que el Padre, que ha sido engendrado (indica así el origen eterno del Verbo), por tanto tiene un principio distinto al de las criaturas, que han sido creadas.

En cuanto a la parte del Espíritu Santo dice:

Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Todo esto quiere reafirmar la divinidad del Espíritu Santo, que es igual al Padre y al Hijo, y su papel en la Historia de la salvación. La frase y del Hijo es una añadido que se hizo en la España visigoda (siglos V-VIII) para reafirmar la divinidad de Jesucristo (para mostrarlo igual al Padre en la espiración del Espíritu Santo) contra los arrianos, pues los visigodos eran arrianos al invadir la Península Ibérica.

El credo se recita especialmente en la Misa del domingo, para confesar públicamente nuestra fe en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, el centro de nuestra fe cristiana; el domingo celebramos la Resurrección del Señor y renovamos nuestro bautismo, en el que antes del momento central del agua y con la triple pregunta (¿Creéis en Dios Padre…?, ¿creéis en Jesucristo su único Hijo…?, ¿creéis en el Espíritu Santo…?) mostramos nuestra fe en el Dios cristiano y que estamos preparados para recibir el sacramento del nuevo nacimiento y entrar a formar parte de la Iglesia, Esposa y Cuerpo de Cristo.

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Encarnación y Eucaristía

Posted by El pescador en 25 diciembre 2006

El día de Navidad se cumple la promesa que el arcángel San Gabriel había hecho a María 9 meses antes: que iba a ser la Madre de Dios; se realiza por fin el alumbramiento a la vida temporal del Hijo eterno de Dios.

La Palabra eterna se ha hecho carne y ha puesto su tienda entre nosotros. Es conmovedor y fascinante pensar cómo el Infinito ha entrado en el mundo finito y limitado.

Y lo más hermoso es saber que no ha venido a poner su tienda entre nosotros por un tiempo, sólo hasta su Ascensión a los cielos, sino que su Encarnación, su nacimiento en el mundo continúa con el Misterio de la Eucaristía, el pan y el vino convertidos en su Cuerpo y su Sangre.

En esta representación de la Encarnación de Lorenzo Veneciano (siglo XIV) vemos cómo Dios Padre envía el Espíritu Santo sobre María para que conciba al Hijo de Dios: Dime, Niño, de quién eres, todo vestidito de blanco. Soy de la Virgen María y del Espíritu Santo, dice el villancico que nos da toda una lección de teología en dos frases.

Es el mismo Espíritu Santo que convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. San José, la Virgen, los pastores, los magos contemplaron a Dios hecho un bebé porque tenían la virtud de la fe, lo mismo nosotros si tenemos la virtud de la fe, don de Dios, contemplamos a Jesucristo, la Palabra que se hizo carne, que se hizo débil, en un alimento cotidiano como es el pan.

La Eucaristía, por tanto, podemos decir que actualiza la Navidad cada día, pues para eso tomó carne Dios: para permanecer con nosotros; vino a buscarnos haciéndose niño y quiere quedarse con nosotros en una presencia real de su Cuerpo para transformarnos y darnos su naturaleza divina.

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Adeste, fideles

Posted by El pescador en 24 diciembre 2006

En este día de Nochebuena quiero traduciros uno de los villancicos cuya letra me parece más hermosa. Os pongo primero la letra original, en latín:

Adeste, fideles, laeti, triumphantes,
Venite, venite in Bethlehem:
Natum videte Regem Angelorum:

 

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

 

En grege relicto, humiles ad cunas,
vocati pastores approperant.
Et nos ovanti gradu festinemus.

 

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

 

Aeterni Parentis splendorem aeternum,
velatum sub carne videbimus,
Deum Infantem, pannis involutum.

 

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

 

Pro nobis egenum et foeno cubantem,
piis foveamus amplexibus:
Sic nos amantem quis nos redamaret?

 

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Ahora la traducción al español:

Acudid, fieles, alegres, triunfantes,
venid, venid a Belén:
ved nacido al Rey de los ángeles:

Venid adoremos, venid adoremos
venid adoremos al Señor.

He aquí que dejado el rebaño,
humildes a la cuna,
los pastores llamados se acercan.
Y nosotros dando voces de alegría aceleremos el paso.

Venid adoremos, venid adoremos
venid adoremos al Señor.

Veremos el esplendor eterno del eterno Padre
ocultado bajo la carne,
a Dios hecho un niño, envuelto en paños.

Venid adoremos, venid adoremos
venid adoremos al Señor.

Calentemos con piadosos abrazos
al que por nosotros está necesitado y recostado en la paja:
¿quién no corresponderá al amor de quien así nos ama?

Venid adoremos, venid adoremos
venid adoremos al Señor.

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De la ciencia a la charlatanería

Posted by El pescador en 24 diciembre 2006

El historiador Pío Moa publica hoy en su bitácora una entrada muy interesante que se titula “De la ciencia a la charlatanería”, sobre cómo la ciencia, que se jacta de ser precisa y verificable, también se equivoca al hablar de Dios, porque realmente cae fuera de su ámbito.

Es lo que yo decía en la primera entrada de esta bitácora: la razón y la fe son las dos alas del pensamiento, pues la fe ayuda a la razón a explicar y comprender lo que va más allá de lo que conocemos con los sentidos, y la razón ayuda a la fe a profundizar y a explicar la Revelación divina.

Antes de poner la entrada de la bitácora de Moa, os cuento brevemente una anécdota del gran científico Louis Pasteur (1822-1895), cuyos descubrimientos en química y sobre los microbios (descubrió cómo la esterilización mata los microbios que causan infecciones; descubrió vacunas contra varias enfermedades, incluida la rabia) fueron fundamentales: Una vez iba en el tren rezando el Rosario cuando un joven compañero de viaje empezó a hablarle sobre los grandes descubrimientos y avances de la ciencia, que ya permitían explicar la creación y los grandes misterios de la vida sin necesidad de explicaciones religiosas ni míticas; típico joven fascinado por las posibilidades de la ciencia, sin saber quién era el hombre que rezaba el Rosario. Cuando llegó a su parada, Pasteur se bajó y le dejó su tarjeta de visita: era Louis Pasteur, el gran científico, que descubrió cómo se producen muchas enfermedades a causa de microorganismos invisibles al ojo humano. Es un buen ejemplo de cómo la ciencia y la fe no son incompatibles.

Os copio la entrada de Pío Moa

De la ciencia a la charlatanería

24 de Diciembre de 2006 – 09:11:17 – Pío Moa

Con motivo de un reciente congreso sobre ciencia y religión, Steven Weinberg, físico, y Richard Dawkins, biólogo, ambos ateos militantes, hicieron algunas frases: Weinberg retrató a la religión como una vieja chiflada: “cuenta mentiras, provoca mil malicias y acaso no tenga ya mucha vida dentro, pero en un tiempo fue bella. Quizá la echemos de menos cuando se haya ido”. Dawkins, con menos humor o menos frivolidad, respondió acremente: “Yo no la echaré de menos en absoluto. Para nada, ni un ápice”. Ambos coincidían: “El mundo precisa despertar de la larga pesadilla de la creencia religiosa”.

Lo cual demuestra, una vez más, cómo la mentalidad científica no impide la charlatanería cuando se sale de la especialidad. Una actitud científica exige constatar, en primer lugar, que el fin de la religión lleva varios siglos anunciándose (y muy posiblemente seguirá siendo anunciado dentro de otros cuantos). Y, en segundo lugar, que entre tanto se han impuesto en el mundo sistemas basados en la liquidación de la religión, y no estaría de más examinar sus consecuencias antes de hablar de pesadillas.

Weinberg o Dawkins resultarán más convincentes cuando nos den una explicación clara y, digamos, científica, de por qué el ateísmo suele tener efectos prácticos tan curiosos, por decirlo con mucha suavidad. Sería una aproximación científica a la cuestión.

Dicho en otras palabras: la ciencia no puede discutir el concepto de Dios, pero sí puede (y quizá debe) examinar los efectos de la creencia y del ateísmo. Eso tendría verdadero interés.

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Los tres amores

Posted by El pescador en 23 diciembre 2006

La palabra amor sin duda es una de las más manoseadas hoy en día, y por eso está desgastada por el uso y abuso.

En esta entrada quiero explicaros los tres amores que existen, aunque nosotros los llamemos a todos igual: amor.

El griego clásico tiene un nombre para cada uno de estos tres amores: el amor del matrimonio, el amor de la familia y de la amistad y el amor de Dios, el amor cristiano. Nuestra lengua, que es románica y viene por tanto del latín sólo tiene dos: amor y caridad, y ésta última hoy en día está muy desprestigiada, así que preferimos usar solidaridad, que es más laica aunque sea también impronunciable y tenga menos contenido que la cristiana caridad.

Estas son los tres verbos con que el griego clásico designa los tres amores: eros, filéo (filía) y agapáo (ágape).

– Eros: De ahí viene el término erotismo; es el amor de la sexualidad, del matrimonio.

– Filéo: Es el amor de la amistad, de la familia. De aquí viene por ejemplo el término filo-: filosofía, filantropía.

– Agapáo: Es el amor de Dios, que en latín se dice caridad. “Dios es ágape y el que no agapa no conoce a Dios” dice el apóstol San Juan (1 Juan 4,8), lo que suele traducirse por “Dios es amor, y el que no ama no conoce a Dios”

El mismo San Juan en su evangelio nos muestra la medida y la manera del ágape, del amor de Dios: Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo (3,16-17).El famoso himno de San Pablo a la Caridad es el himno al Ágape (1 Corintios 12,31-13,13). Él mismo lo califica como el camino mejor (12,31b) de entre todos los dones del Señor, y enumera todas sus características; es un verdadero resumen de la importante del ágape, de la caridad, del amor de Dios en nuestra vida, ese es el mejor don que podemos recibir del Señor, y es un don para los demás.

El amor de Dios que se nos da en Jesucristo es el ágape, el amor cristiano que nosotros hemos de dar a los demás. Eso es lo que se traduce en latín por caridad, y de ahí que la institución de la Iglesia para ayudar a los más desfavorecidos sea Cáritas. Y también se llamó ágape a la Eucaristía en los primeros siglos de la Iglesia.

Y es precisamente en la Eucaristía, el Ágape de los primeros cristianos, la expresión máxima del Amor de Dios por la humanidad, pues es la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz y que permanece en el Sagrario.

En el final del evangelio de San Juan (21,15-19), Jesús resucitado pregunta tres veces a San Pedro si lo ama, es la traducción al español, y después le confirma su misión de apacentar a las ovejas de Cristo y le anuncia la forma en que iba a morir. Jesús le pregunta dos veces en griego si le agapa, y San Pedro contesta con el verbo filéo. La tercera vez Jesús le pregunta también con filéo.

Estas tres respuestas afirmativas fueron la reparación pública de las tres negaciones del pescador que fueron una negación al ágape del Maestro, por cobardía o porque, al no haber recibido el Espíritu Santo, aún no había comprendido que el triunfo del Mesías venía de otra manera distinta; no tenía valor para seguir al Maestro en una muerte como la suya.

Después de la Resurrección, Jesús confirma la misión del pescador de Galilea con las tres preguntas sobre si lo agapa y lo filéa: si San Pedro corresponde al ágape de Jesús, y si es su amigo o alguien de su confianza. El pescador responde siempre con el verbo filéo, que indica amistad o familiaridad. En las tres ocasiones el Señor le encarga el pastoreo de sus rebaños y le anuncia la muerte con que iba a dar gloria a Dios (cf. Juan 21-18-19), porque corresponde al ágape de Dios en Jesucristo.

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