El testamento del pescador

Archive for the ‘Magisterio’ Category

Comentario del Padre Robert Sirico sobre el pensamiento económico del Papa en la Evangelii Gaudium

Posted by El pescador en 28 diciembre 2013

La exhortación apostólica  “Evangelii gaudium” se puede leer y descargar aquí.

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Adoración eucarística con el Papa Francisco

Posted by El pescador en 2 junio 2013

Pinchando aquí se accede a la traducción que he hecho de la adoración eucarística que esta tarde a las 5, hora de Roma, presidirá el Papa Francisco, para que así podamos estar realmente en conexión con su celebración. El libro original de la celebración se puede descargar aquí.

También os pongo este fragmento de la homilía de Benedicto XVI en la Misa del Corpus Christi (23-6-2011):

 San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18). Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria. De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo. De aquí, de la Eucaristía, deriva, por tanto, el sentido profundo de la presencia social de la Iglesia, come lo testimonian los grandes santos sociales, que han sido siempre grandes almas eucarísticas. Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad.

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La lección de la Capilla Sixtina

Posted by El pescador en 31 marzo 2013

Qué verán los cardenales electorales al entrar en el cónclave. De “L’Osservatore Romano” del 10 de marzode 2013. El autor es el director de los Museos Vaticanos

de Antonio Paolucci (original en italiano; traducción mía)

Cuando los cardenales electores entren en la Capilla Sixtina desde la Sala Regia su primera mirada (la colocación estratégica no es ciertamente casual) será para el cuadro al fresco con la “Entrega de las llaves” de Pietro Perugino, conclusión iconográfica de la serie cristológica que ocupa la pared derecha, después del “Discurso de la Montaña” y antes de “La última cena”.

En una plaza vasta y antigua como la majestad de Roma, amplificada por una perspectiva rasante que tiene su foco en el edificio en el punto central sobre el fondo, dos figuras monumentales están frente a frente. Una es Cristo que confía al Vicario las llaves del Reino, la otra es Pedro que de rodillas las recibe. Todo, en el episodio del “Tibi dabo claves”, es armonía, solemnidad, absorto silencio: el primado de Pedro es por tanto el de los Romanos Pontífices -la roca sobre la cual se sostiene la Iglesia universal- es representado con majestuosa simplicidad y sugestiva naturaleza.

Cuando sin embargo los cardenales electores alcen la mirada hacia el Juicio de Miguel Ángel verán representado un episodio que es la negación de aquello que he descrito antes. Verán a Pedro, un atlético, torvo y musculoso Pedro, devolver a Cristo Juez las llaves. Porque el tiempo ha acabado, la Historia no existe más. También la Iglesia ha agotado su misión. Quien mira el “Juicio” tiene la impresión de que no hay una pared sino que la mirada se abre hacia un espacio infinito hecho de aire gélido y azul. En esta dimensión irrealística, metafísica donde no existe ya el tiempo porque la historia ha acabado, sucede todo en su contexto: la resurrección de los cuerpos y el juicio, el infierno y el paraíso. “Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas (…) Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin” (Apocalipsis 21, 5; 22, 13).

El Juez de Miguel Ángel no se sienta sobre el trono, es imberbe, tiene el aspecto de un joven atleta glorioso y vigoroso, alza la mano derecha en el gesto de la “allocutio”. Miguel Ángel ha sabido representar con extraordinaria eficacia la angustia de la “parusía”. El tiempo ha acabado, la Iglesia no tiene ninguna tarea más, no hay espacio para la piedad, para la misericordia, para el perdón. Es una sensación terrible la que se experimenta delante del gran mural. Es la sensación que debe haber experimentado Paulo III Farnese cuando -cuenta las crónicas- se arrodilló confundido, con las lágrimas en los ojos, aquel día de octubre, vigilia de Todos los Santos del año 1541, cuando el Juicio Final fue descubierto.

Cerca de sesenta años dividen la “Entrega de las llaves” de Perugino (la Sixtina quattrocentesca fue inaugurada el 15 de agosto de 1483) del “Juicio” de Miguel Ángel. Entre estos dos extremos cronológicos y simbólicos se coloca la decoración pictórica de la Capilla “magna” de los Romanos Pontífices, dos mil metros cuadrados de frescos que narran la doctrina de la Iglesia y la Historia de la Salvación. Hay de todo en la Capilla Sixtina: el principio y el fin, el “fiat lux” y el Apocalipsis, el paraíso y el infierno, las historias de Moisés y las de Cristo, el primado del Papa de Roma, el tiempo “sub gratia” de la Iglesia que absorbe, transfigura y hace propio el tiempo “sub lege” del Antiguo Testamento.

La Capilla Sixtina es el arca de la nueva y definitiva alianza que Dios ha establecido con el pueblo cristiano. No es casualidad que el arquitecto Baccio Pontelli que trabajó entre 1477 y 1481 a las órdenes del Papa Sixto IV della Rovere modificando y alzando precedentes estructuras, quiso dar a la capilla las dimensiones del perdido Templo de Jerusalén como están indicadas en la Biblia (1 Reyes 6).

Quien entra en la Capilla Sixtina entra de hecho en una extraordinaria adivinanza teológico-escriturística pero entra también en el bosque de imágenes más fascinante que nunca haya aparecido bajo el cielo.

Si posan la mirada sobre los recuadros al fresco del ciclo quattrocentesco, los cardenales electores verán las correspondencias, las correspondencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Para la doctrina y la teología católicas el Antiguo Testamento es profecía del Cristo que ha de venir, es anticipación y prefiguración del Evangelio. En ningún otro lugar este concepto que atraviesa y sostiene como un grandioso arquitrabe toda la historia del pensamiento cristiano aparece expresado con tanta persuasiva eficacia. Pietro Perugino ha pintado el “Bautismo de Cristo” sobre la pared derecha; enfrente está el “Viaje de Moisés a Egipto”, también del Perugino. Uno y otro episodio señalan el inicio de la historia de los dos legisladores, Moisés y Cristo.

Aún más, las “Tentaciones de Jesús” de Botticelli tienen de frente, por obra del mismo autor, las “Tentaciones de Moisés” que, atacado por la ira, se convierte en homicida. El “Paso del mar Rojo” de  Biagio d’Antonio es prefiguración de la “Llamada de los Apóstoles” sobre el lago de Tiberíades; una y otra son  historias de agua y de salvación.

Pero tanto para los cardenales electores como para los otros cinco millones de personas que cada año se detienen en la Capilla Sixtina -gente de toda cultura, de toda lengua, de toda religión o de ninguna religión- la atracción principal serán los frescos de Miguel Ángel. Su mirada se posará en la cúpula que Buonarroti pintó en cuatro años entre el 1508 y el 1512, prácticamente él solo en una especie de duelo, de cuerpo a cuerpo con los más de mil metros cuadrados de revestimiento de muro destinados a acoger más de trescientas figuras. Alguno de ustedes recordará que Benedicto XVI, con la atención al significado de los símbolos que es típica de los grandes intelectuales, el 31 de octubre pasado ha querido honrar, con la celebración de las vísperas solemnes de la vigilia de Todos los santos, el aniversario de la conclusión de los frescos de la cúpula. Lo ha hecho repitiendo el rito oficiado por su predecesor Julio II della Rovere el 31 de octubre de quinientos años antes.

Las miradas de los presentes volverán a posarse, una vez más, sobre los episodios del “Génesis” que Miguel Ángel pintó en la cúpula y aún dejan estupefacto ante la formidable capacidad del artista de reinventar radicalmente y genialmente iconografías consolidadas desde hace siglos.

El Padre eterno que divide la luz de las tinieblas es una figura acrobática que flota sobre la nada primigenia. Es el motor de la creación -por una parte la luz del día, por la otra la oscuridad de la noche-, es el fogonazo repentino por el cual todo tuvo comienzo. Así Miguel Ángel ha dado imagen a su idea del “Big bang”.

Desde siempre, también por los artistas más grandes, la creación del hombre era representada como   traducción figurativa más o menos literal del texto bíblico. Dios hace con una masa de tierra la imagen del hombre, le insufla el espíritu de vida y le da alma y destino inmortal. Miguel Ángel anula la iconografía tradicional y se inventa otra cosa nueva y tan sugestiva que cinco siglos después aún suscita emoción y estupor. No hay traza alguna de ingenua materialidad en la “Creación de Adán” de la Capilla Sixtina. El primer hombre está dejado caer sobre la tierra, viene de la tierra, está ya perfectamente formado, pero la chispa que sale del dedo índice de Dios tendido toca ligeramente el suyo, lo crea, se diría, como por transmisión de un fluido eléctrico.Dios llega en un remolino glorioso amplificado por la capa roja en el interior delc ual, como al reparo de una vela hinchada por el viento, se encuentran los ángeles de su cortejo, personificación de los poderes del Altísimo.

Alguno, con una hipótesis un poco fantasiosa e improbable, pero sugestivo, ha querido reconocer en el contorno de Dios Padre rodeado por los ángeles, la imagen de un cerebro humano. Casi que aquella escena fuese el manifiesto de un Miguel Ángel “creacionista”, precursor del “diseño inteligente”.

Será el “Juicio” no obstante el que atraiga más a menudo las miradas de los cardenales electores. Hay muchas cosas en el “Juicio”. Está la Iglesia triunfante dispuesta en un hemiciclo en torno al Juez celeste. Están los ángeles y los demonios que se disputan las almas de los resucitados, está el horno del Infierno que hierve y llamea desde las grietas de la tierra. Está el autoretrato anamórfico caricaturesco del pintor mismo, pegado a la piel arrancada que, símbolo de su martirio, exhibe san Bartolomé. Ydespués están los desnudos, esta representación no terminada de la belleza y de la gloria del cuerpo humano, que sin embargo puso en serio apuro, como sabemos, a los bienpensantes de la época.

Pero el verdadero fuego teológico de la composición, advertencia terrible tanto para los cardenales electores como para todo cristiano, está en la parte alta del fresco, allí donde un remolino de ángeles en vuelo lleva los instrumentos de la Pasión: la columna de la flagelaciónla cruz, la corona de espinasla esponja. Para todos y para cada uno aquellas serán las pruebas testimoniales en el tribunal del Juicio. Porque Cristo ha muerto por nosotros, seremos juzgados. Por nuestra fidelidad a la Cruz seremos salvados o condenados.

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> L’Osservatore Romano

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Latín para sacerdotes

Posted by El pescador en 25 febrero 2012

Giacomo Galeazzi

(original en italiano; traducción mía)
La importancia de volver a apropiarse sin mediaciones de una herencia cultural extraordinariamente rica. Por qué los sacerdotes deben estudiar la lengua de Cicerón y de Tertuliano.
VATICANISTA DE LA STAMPA
Los sacerdotes deben estudiar latín. Quien celebra el valor de la lengua clásica es monseñor Celso Morga Iruzubieta, secretario de la Congregación para Clero, que ha dedicado al tema una intervención en un congreso en la Pontificia Universidad Salesiana. Parte de la intervención está reproducida en el Osservatore Romano. “El conocimiento de las lenguas clásicas -ha dicho mons. Morga Iruzubieta- es tanto más necesario para el sacerdote en su tarea de educador del pueblo y formador de la comunidad para que madure la fe mediante la práctica de una caridad sincera y activa, el ejemplo, la oración, el ejercicio de aquella libertad con la cual Cristo mismo liberó a la humanidad, volviéndolo instrumento eficaz para indicar o hacer más facil a quien aún no cree en el camino que lleva a Cristo y a su Iglesia y para estimular, alimentar y sostener también a los creyentes en la lucha espiritual”. “En el estado actual -añade- parece improbable que se consiga hacer apreciar al sacerdote, aún menos en la fase inicial del propio recorrido formativo, el valor del latín como lengua dotada de nobleza de estructura y de léxico, capaz de promover un estilo conciso, rico, armonioso, pleno de majestad y de dignidad, que beneficia a la claridad y a la seriedad, apta para promover toda forma de cultura, el humanitatis cultus, entre los pueblos. En esta recuperación de una identidad cultural propia, en esta reasunción desde el fondo de las motivaciones de la presencia misma de la Iglesia en la sociedad se configura la importancia del latín en el currículum escolar de los aspirantes al sacerdocio, rescatándola de toda simplista -además de incorrecta y reductiva- cuestión sobre su funcionalidad práctica y devolviéndole el papel de materia ampliamente formativa”. Sólo a través del latín, en opinión de mons. Morga, “el sacerdote aprende como fundamento de la propia formación el trato con el Deus caritas y hace del praevenire amando agustiniano, el llegar primero en el amar, la columna que sostiene todo aquel sistema pedagógico que es el apostolado”.

N. del T.

No olvidemos que L’Osservatore Romano es el periódico del Vaticano.

El congreso al que alude el texto está anunciado en este enlace.

La noticia en el portal Infocatólica.

 Texto, en latín y en español, de la Constitución apostólica “Veterum sapientia”, sobre el estudio del latín, promulgada por el Beato Juan XXIII el 22-2-1962.

Sobre este tema, ver también esta otra entrada.

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Cómo se elige un nuevo Papa

Posted by El pescador en 20 julio 2011

Este enlace http://vaticaninsider.lastampa.it/es/homepage/vaticano/come-si-elegge-il-papa/ es una presentación  sobre cómo se elige un nuevo Papa. Para verla sólo hay que pinchar en el texto que aparece junto al dibujo de la basílica y la plaza de San Pedro una vez que se ha entrado en la página.

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Audiencia general del 23 de diciembre: La Navidad

Posted by El pescador en 24 diciembre 2009

(original en italiano; traducción mía)

BENEDICTO XVI

Audiencia general

Aula Pablo VI

Miércoles 23 de diciembre de 2009

Queridos hermanos y hermanas,

Con la Novena de Navidad, que estamos celebrando en estos días, la Iglesia nos invita a vivir de modo intenso y profundo la preparación al Nacimiento del Salvador, casi inminente […]

Para comprender mejor el significado de la Natividad del Señor quisiera hacer una breve mención de los orígenes históricos de esta solemnidad. De hecho, el Año litúrgico de la Iglesia no se desarolló inicialmente partiendo del nacimiento de  Cristo, sino de la fe en su resurrección. Por eso la fiesta más antigua de la cristiandad no es la Navidad, sino la Pascua; la resurrección de Cristo funda la fe cristiana, está en la base del anuncio del Evangelio y hace nacer la Iglesia. Por tanto ser cristianos significa vivir de manera pascual, haciéndonos envolver en el dinamismo que es originado por el Bautismo y que lleva a morir al pecado para vivir con Dios (cfr. Ro 6,4).

El primero en afirmar con claridad que Jesús nace el 25 de diciembre fue Hipólito de Roma, en su comentario al Libro del profeta Daniel, escrito hacia el año 204. Algún exegeta nota, después, que en aquel día se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo de Jerusalén, instituida por Judas Macabeo en el 164 a.C. La coincidencia de fechas vendría entonces a significar que con Jesús, aparecido como luz de Dios en la noche, se realiza verdaderamente la dedicación del templo, el Adviento de Dios sobre esta tierra.

En la cristiandad la fiesta de la Navidad tomó una forma definitiva en el siglo IV, cuando ocupó el lugar de la fiesta romana del “Sol invictus”, el sol invicto; se pone así en evidencia que el nacimiento de Cristo es la victoria de la luz sobre las tinieblas del mal y del pecado. Sin embargo, la particular e intensa atmósfera espiritual que rodea a la Navidad se desarrolló en la Edad Media, graicas a san Francisco de Asís, que estaba profundamente enamorado del hombre Jesús, del Dios-con-nosotros. Su primer biógrafo, Tommaso da Celano, en la Vita segunda cuenta que san Francisco “Por encima de todas las otras solemnidades celebraba con inefable premura la Natividad del Niño Jesús, y llamaba fiesta de las fiesta el día en el que Dios, hecho pequeño infante, había mamado de  un seno humano” (Fonti Francescane, n. 199, p. 492). De esta particular devoción al misterio de la Encarnación tuvo origen la famosa celebración de la Navidad en Greccio. Le fue inspirada probablemente a san Francisco por su peregrinación a Tierra Santa y por el belén de Santa María la Mayor en Roma. Lo que animaba al Pobrecillo de Asís era el deseo de experimentar de manera concreta, viva y actual la humilde grandeza del acontecimiento del nacimiento del Niño Jesús y de comunicar la alegría a todos.

En la primera biografía, Tomás de Celano habla de la noche del pesebre de Greccio de un modo vivo y llamativo, ofreciendo una aportación decisiva a la difusión de la tradición navideña más bella, la del belén. La noche de Greccio, de hecho, ha vuelto a dar a la cristiandad la intensidad y la belleza de la fiest de Navidad, y ha educado al Pueblo de Dios a acoger el mensaje más auténtico, el particular calor, y a amar y a adorar la humanidad de Cristo. Tal aproximación particular a la Navidad ha ofrecido a la fe cristiana una nueva dimensión. La Pascua había concentrado la atención en el poder de Dios que vence a la muerte, inaugura la vida nueva y enseña a esperar en el mundo que vendrá. Con san Francisco y su belén se ponían en evidencia el amor inerme de Dios, su humildadd y su benignidad, que en la Encarnación del Verbo se manifiesta a los hombres parar enseñar un nuevo modo de  vivir y de amar.

El Celano cuenta que, en aquella noche de Navidad, fue concedida a Francisco la gracia de una visión maravillosa. Vio yacer inmóvil en el pesebre un niño pequeño, que se despertó del sueño justo con la llegada de Francisco. Y añade: “Ni esta visión discrepaba de los hechos, porque, por obra de la gracia que actuaba por medio de su santo siervo Francisco, el niñito Jesús resucitó en el corazón de muchos, que lo habían olvidado, y fue impreso profundamente en su memoria amorosa” (Vita prima, op. cit., n. 86, p. 307). Este cuadro describe con mucha precisión cuánto han transmitido a la fiesta cristiana de la Navidad la fe viva y el amor de Francisco por la humanidad de Cristo: el descubrimiento de que Dios se revela en los tiernos miembros del Niño Jesús. Gracias a san Francisco, el pueblo cristiano ha podido percibir que en Navidad Dios de verdad se ha convertio en el “Enmanuel”, el Dios-con-nosotros, del cual no nos separa ninguna barrera ni ningua lejanía. En aquel Niño, Dios se ha hecho tan próximo a cada uno de nosotros, tan cercano, que podemos tratarlo de tú y tratar con él en una relación confidencial de profundo afecto, así como hacemos con un recién nacido.

En aquel Niño, de hecho, se manifiesta Dios-Amor: Dios viene sin armas, sin la fuerza, porque no intenta conquistar, por así decir, desde el exterior, sino que intenta más bien ser escuchado por el hombre en la libertad; Dios se hace Niño inerme para vencer la soberbia, la violencia, el vivo deseo de posesión del hombre. En Jesús Dios ha asumido esta condición pobre y desarmante para vencernos con el amor y conducirnos a nuestra verdadera identidad. No debemos olvidar que el título más grande de Jesucristo es justamente aquello de “Hijo”, Hijo de Dios; la dignidad divina viene indicada con un término que prolonga la referencia a la humilde condición del pesebre de Belén, en orden a corresponder de manera única a su divinidad, que es la divinidad del “Hijo”.

Su condición de Niño nos indica, además, cómo podemos encontrar a Dios y gozar de su presnecia. A la luz de la Navidad podemos comprender las palabras de Jesús: “Si no os convertís y no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18,3). Quien no ha comprendido el misterio de la Navidad, no ha entendido el elemento decisivo de la existencia cristiana. Quien no acoge a Jesús con corazón de niño no puede entrar en el reino de los cielos: esto es cuanto Francisco ha querido recordar a la cristiandad de su tiempo y de todos los tiempos, hasta hoy. Rogamos al Padre para que conceda a nuestro corazón aquella simplicidad que reconoce en el Niño al Señor, justo como hace Francisco en Greccio. Entonces podría sucedernos a nosotros cuanto Tomás de Celano –refiriéndose a la experiencia de los pastores de la Noche Santa (cfr. Lc 2,20)- cuenta a propósito de cuantos estuvieron presentes en el evento de Greccio: “cada uno volvió a casa lleno de inefable alegría” (Vita prima, op. cit., n. 86, p. 479).

Este es el deseo que formulo con afecto a todos vosotros, a vuestras familias y a vuestros seres queridos. ¡Feliz Navidad a todos vosotros!

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Sin el latín… y sin el griego

Posted by El pescador en 30 junio 2009

(original en francés; traducción mía)

Isabelle de Gaulmyn

¡”Sin el latín, sin el latín”… la encíclica económica, tan esperada, habría sido publicada ya! Porque ¿a quién señalamos aquí como responsable de los últimos retrasos de este importante texto sobre la doctrina social, el primero de Benedicto XVI, el primero también en tener en cuenta la mundialización, un documento que se ha hecho más urgente por la crisis financiera y económica que sacude el mundo? ¡El latín! Como todas las encíclicas, ésta será también, incluso oficialmente primero, traducida al latín, la lengua de la Iglesia universal. El texto, se dice, será particularmente complejo de traducir a la lengua de Cicerón porque utiliza conceptos modernos, para los cuales nuestros antepasados los romanos no tenían nada para decir, ni siquiera pensado… Sin contar que los efectivos de personas empleadas en las sección latina de la Secretaría de Estado han disminuido desde hace algunos años. ¿Cómo traducir al latín la “globalización”, “los mercados financieros” o incluso “las stocks options”?

Sin embargo no despreciemos demasiado deprisa el retorno a las lenguas “muertas”. La misma palabra “economía” viene del griego, y, según indiscreciones Benedicto XVI, en esta encíclica, partiendo como le gusta hacer, de la etimología, “oikos” (casa) y “nomos” (administrar), o sea “administrar los bienes de la casa”, recuerda que la economía es ante todo un asunto de familia. De la familia humana…

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La “Humanae vitae”: una profecía científica

Posted by El pescador en 5 enero 2009

(original en italiano; traducción mía)
Documento de la Federación internacional de las asociaciones de médicos católicos

 

de Pedro José María Simón Castellví

Presidente de la Federación internacional de las Asociaciones de médicos católicos (FIAMC)

La Federación que tengo el honor de presidir acaba de publicar un documento oficial para conmemorar el cuadrágesimo aniversario de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI, de recordada memoria. Se trata de un texto muy técnico, largo, de cien páginas, con trescientas citas bibliográficas, la mayor parte de revistas médicas especializadas.

El documento ha visto la luz después de muchos meses de investigación y de intenso trabajo de recogida de datos. Es justo acordarse del editor, el suizo Rudolf Ehmann, que ha dedicado a su redacción los mismos meses exactos de un embarazo. No había sido hecho nunca algo similar desde el punto de vista médico,dado el modo de trabajar y de escribir al cual estamos acostumbrados nosotros los médicos. Además el texto original alemán es bello y está bien escrito. ¿Cuáles son sus claves de lectura? ¿Dice algo nuevo a la Iglesia y a la sociedad? Se debe considerar como una prueba pericial cualificada para valorar aspectos importantes de la contracepción. Escrito con todos los requisitos científicos, sin ningún complejo de inferioridad respecto a cualquier debate de obstetricia y ginecología, llega a dos conclusiones que no deberían pasar inobservadas ni a la Iglesia ni a los de fuera de ella.
En primer lugar, demuestra irrefutablemente que la píldora denominada anovulatoria más utilizada en el mundo industrializado, aquella con bajas dosis de hormonas estrógenas y progesténicos, funziona en muchos casos como un verdadera efecto anti-implantatorio, o sea abortivo, puesto que expulsa un pequeño embrión humano. El embrión, incluso en sus primeros días, es algo distinto de un óvulo o célula germinal femenina. El embrión tiene un crecimiento continuo, coordinado, gradual, de tal fuerza que, si no hay algo que se lo impida, termina con la salida del seno materno en nueve meses dispuesto a devorar litros de leche. Este efecto anti-implantatorio está admitido por la literatura científica. Se habla incluso sin pudor de tasa de pérdida embrional. Curiosamente sin embargo esta información no llega al gran público. Los investigadores están al corriente de ello y está presente en los prospectos de los productos farmacéuticos buscados para evitar un embarazo.
Otro aspecto  interesante tiene que ver con los efectos ecológicos devastadores de las toneladas de hormonas arrojadas cada año al medio ambiente. Tenemos datos suficientes para afirmar que uno de los motivos para nada despreciables de la infertilidad masculina en Occidente (con siempre menos espermatozoides en el hombre) es el envenamiento ambiental provocado por productos de la “píldora”. Estamos aquí ante un efecto anti-ecológico claro que exige ulteriores explicaciones de parte de los fabricantes. Son conocidos para todos los otros efectos secundarios de las combinaciones entre estrógenos y progesténicos. La misma Agencia internacional de investigación del cáncer (Interntional Agency for Research on Cancer), con sede en Lyón, agencia de la Organización mundial de la salud (OMS), en su comunicado de prensa del 29 de julio de 2005, había constatado ya que los preparados orales de combinados estrógeno-progesténicos eran cancerígenos y los había clasificado en el grupo uno de los agentes cancerígenos…
Lo triste en todo esto es que, si se trata de regular la fertilidad, no son estos productos necesarios. Los medios naturales de regulación de la fertilidad (“Nfp” o Natural Family Planning) son lo mismo de eficaces y además respetan la naturaleza de la persona.
En este sexagésimo aniversario de la Declaración de los derechos humanos se puede decir que los medios anticonceptivos violan al menos cinco importantes derechos: el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educacion, el derecho a la información (su difusión sucede a costa de la información sobre medios naturales) y el derecho a la igualdad entre sexos (el peso de la anticoncepción recae casi siempr sobre la mujer).
La FIAMC se ha comprometido con la ciencia y la verdad desde sus orígenes. Por eso estudiamos y mencionamos tanto el efecto principal y los secundarios de estos fármacos. La clave de nuestra antropología no consiste sin embargo sólo en el hecho de que examinamos los productos abortivos que tienen consistentes efectos secundarios o que son incluso inútiles. Nosotros vamos más allá.
La sexualidad es un don maravilloso de Dios a los cónyuges. Los une tanto que cualquier elemento externo que se interponga entre ellos es un tercero sin derechos. Los cónyuges se dan totalmente el uno al otro, también la propia capacidad generativa. Si una nueva vida no es posible por graves motivos, también forma parte de la intimidad conyugal utilizar los periodos no fecundos de la mujer para tener relaciones que deben ser siempre satisfactorias para ambos y unirlos siempre más. A cuantos ven algunos documentos de la Iglesia como compendios de prohibiciones, les pedimos vivamente que lean los códigos civiles, penales o mercantiles de los países occidentales. ¡Allí sí que hay prohibiciones! No discuto su oportunidad, pero creo que estos mismos códigos se basan más sobre las premisas fundamentales de la libertad personal y del comercio que apuntan a la felicidad de las personas y a la eficiencia de las sociedades y que, en definitiva, justifican algunas prohibiciones. La Iglesia tiene en gran estima la sexualidad y creo que, si se adquieren una formación y hábitos correctos, la vida es más fácil y se juzgan positivamente algunos límites que efectivamente existen.
Nosotros los médicos católicos somos plenamente conscientes de deber invertir mucho más en la maternidad. Más también en recursos humanos, en la educación y en recursos financieros. La doctrina de la Humanae vitae es poco seguida, y entre otras cosas, porque en su tiempo demasiados médicos no la aceptaron. La pregunta opuesta puede ayudarnos a ver cuán profético fue Pablo VI. Si hubiera aceptado la “píldora”, ¿hoy habríamos podido prescribir con conciencia algunos productos que sabemos que son anti-implantatorios? El prestigio del médico le consiente ofrecer con autoridad a los cónyuges alternativas a la contracepción. La relación entre médico y paciente es tan fuerte que difícilmente se rompe, incluso si hay en medio un teólogo disidente. Para tal fin es sin embargo necesario formar e informar más y mejor a los médicos sobre la fertilidad. Creo que nosotros los médicos católicos continuaremos desarrollando nuestra profesión. No obstante, vista la situación actual -con progresos muy lentos, muchas reticencias y millones de personas implicadas- oso llamar respetuosamente a la Iglesia a crear una comisión especial para la Humanae vitae.

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No hay segundo caso Galileo

Posted by El pescador en 28 diciembre 2008

 

clip_image002Isabelle de Gaulmyn (original en francés; traducción mía)
«¿Qué pasaba antes del comienzo del mundo? ¿Qué hacía Dios antes de crearlo? Preparaba el infierno para aquellos que hacen tales preguntas…»… Con esta broma, el célebre astrofísico Stephen Hawking, que sufre una ELA (esclerosis lateral amiotrófica) que lo paraliza totalmente, ha comenzado su exposición sobre la evolución, durante un coloquio organizado por la Academia Pontificia de las ciencias, en el Vaticano. Coloquio sobre un asunto a priori polémico: la teoría de la evolución de la especie humana, del mundo y del universo, a la luz de la fe… Sabemos que el creacionismo, y su sucedáneo, la teoría del «Diseño inteligente» contesta hoy de manera a veces violenta las teorías de Darwin, en nombre especialemente de una cierta concepción de la fe. Ahora bien ello no desagrada a algunos, no habrá, en el Vaticano, un segundo asunto Galileo… El Papa, al recibir a los miembros de la Academia, ha explicado bien cómo las dos lógicas, una horizontal -la ciencia-, la otra vertical -la fe-, no eran incompatibles. Al contrario. Benedicto XVI ha comparado la naturaleza a un libro escrito por Dios, y que está por descifrar también, como la Biblia. Leer la evolución, ha dicho, no es leer un “caos” sino un libro “en el cual nosotros leemos la historia, la evolución, la “escritura”, y la significación en función de los diferentes enfoques de las ciencias”. Pero -puesto que las imágenes cuentan-, retenemos como símbolo de esta “armonía” la del Papa, inclinado, la mano sobre la frente del astrofísico británico como para ponerle en su sitio un mechón rebelde, mientras que éste, por medio de su ordenador-sintentizador le dejaba este mensaje: “Santo Padre, estoy contento de haberme encontrado con Usted. Hoy debería haber un buen encuentro entre Ciencia e Iglesia”.

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¿Para qué sirve el Papa?

Posted by El pescador en 15 septiembre 2008

(original en francés; traducción mía)


Mientras que Benedicto XVI debe llegar el 12 de septiembre a Francia para un viaje a París y Lourdes, se vuelve sobre el papel del obispo de Roma en la Iglesia católica y en el mundo

El término viene del griego ‘pappos’ que, desde Homero, es utilizado para marcar una veneración, respetuosa. En Oriente designa después a los obispos y a los sacerdotes. Aparece en Occidente a comienzos del siglo III, reservado a los obispos.

No es hasta el siglo VIII cuando los obispos de Roma lo emplean para ellos mismos cada vez más a menudo. En el siglo XI, mientras es necesario asentar el poder de Roma frente a otras ciudades e imponer progresivamente la autoridad apostólica, Gregorio VII, en un«dictatus papae», establece que el título será a partir de entonces reservado al sucesor de Pedro, «porque es único en el mundo».

La palabra no tiene nada que ver, etimológicamente, con el familiar «papa» de los niños hacia su padre. La confusión viene del hecho de que en Italia, en las familias, se ha extendido el uso francés de decir «papà», con acento sobre la última sílaba, mientras que la palabra italiana era originalmente «babbo».

El “Viva il papa!” que se escucha en la plaza de San Pedro para el papa no tiene nada que ver, como lo creen a veces los turistas francófonos en Roma, con un familiar “¡viva el papá!”… Explicaciones sobre las prerrogativas del jefe de la Iglesia católica.


¿Cómo es elegido el papa?

Y primero, ¿quién puede ser elegido? En teoría, todo bautizado que cumpla las condiciones para llegar a ser obispo, porque el papa es el obispo de Roma. En realidad, desde el siglo XV, el papa ha sido elegido siempre entre los cardenales. Los electores son en efecto los cardenales, que son nombrados ellos mismos por los precedentes soberanos pontífices.

La elección del papa está regulada de manera extremadamente meticulosa por textos que prácticamente cada papa a retocado. Pero el objetivo ha seguido siendo el mismo: crear las condiciones para que el nuevo papa pueda tener los medios de asegurar su misión con toda independencia.

Lejos de presiones extrañas, de injerencias mediáticas, los cardenales se reúinen pues en cónclave, en secreto, dentro de la capilla Sixtina.

Sólo aquellos que tienen menos de 80 años participan en el cónclave: una regla introducida por Pablo VI en 1970, para evitar que el alargamiento de la duración de la vida no haga crecer demasiado el peso de los cardenales más ancianos. Es elegido aquel que obtenga más de dos tercios de votos en el curso de los escrutinios.

Esta regla de dos tercios había sido modificada por Juan Pablo II y la sustituyó por la de la mayoría al final de un cierto número de días sin resultado; uno de los primeros actos de Benedicto XVI fue sin embargo volver a la antigua práctica, por miedo a que el papa pueda ser el rehén de una parte del Sacro Colegio en lugar de representar a la Iglesia entera.

No hay campaña electoral. Sin embargo, antes del cónclave, los cardenales -incluidos aquellos de más de 80 años- se reúnen en congregaciones generales para evocar los grandes problemas y desafíos de la Iglesia. Un tiempo importante donde se bosquejan las grandes tendencias que después “harán” la elección.

¿Cuál es su papel pastoral ?

“Bendito sea Dios que te ha elegido como pastor de toda la Iglesia”, dice el cardenal protodiácono entregando al nuevo elegido, al comienzo de su ministerio, el palio. El papa no es un “súper-obispo”.

Su papel pastoral es universal, pero le es correspondiente por derecho según los términos mismos empleados por Jesús para Pedro: “Confirma a tus hermanos en la fe”.

He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones“, ha dicho en ese sentido Benedicto XVI a los jóvenes australianos este verano, durante la JMJ.

Es lo que se llama el magisterio del papa, que no ejerce solo, sino con el conjunto de los obispos, sucesores de los Apóstoles, cuyo colegio él preside. Este magisterio aspira a transmitir el mensaje de Cristo en su integridad y a asegurar la unidad de la fe. Integridad, para evitar desviaciones, malas interpretaciones, sectarismo u otras cosas; unidad, para preservar la Iglesia del cisma.

Es una forma de enseñanza, que el papa ejerce cotidianamente, por medio de discursos, de cartas, de homilías, de audiencias. O de manera más solemne, por medio de textos que tienen un alcance general, encíclicas o exhortaciones apostólicas.

Este Magisterio se ejerce en comunión con los obispos, que el papa puede consultar sobre tal o cual punto: es el caso de las exhortaciones apostólcias que recogen las conclusiones de una asamblea del Sínodo de los obispos.

En cambio, podemos notar que las dos encíclicas publicadas hasta hoy por Benedicto XVI son muy personales, y enteramente escritas por el papa, aunque la segunda parte de “Deus caritas est” se inspira claramente en una reflexión sobre la acción caritativa de la Iglesia elaborada por el Consejo pontificio Cor Unum.

¿Cuál es el poder del papa sobre los fieles?

El poder del papa se extiende al conjunto de la Iglesia católica, no depende de ningún otro, y no tiene necesidad de delegación especial para ser ejercido. Pero no ejerce sin embargo un poder absoluto. En cada diócesis el obispo tiene competencia total sobre la porción del pueblo de Dios que le está confiado, según el principio de subsidiariedad.

También el papa debe decidir en colegialidad con los otros obispos. Por otro lado, la Iglesia no es una secta. La obediencia, en el sentido estricto, es requerida cuando un acto jurídico lo pide explícitamente: por ejemplo una prohibición de publicación para un teólogo, que, desués de haber hecho recurrido eventualmente, debe someterse.

Pero para todo lo que es de la doctrina, hace falta más bien hablar de adhesión al Magisterio, la cual implica reflexión y libertad en conciencia. Como dice el Derecho canónico, la adhesión al Papa no es del mismo orden que la sumisión al acto de fe, al cual están en cambio obligados todos los católicos.

Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres” (canon 752). Salvo que la infabilidad del Papa esté comprometida, lo que implica entonces una obediencia absoluta -pero eso no se hace más que de manera extremadamente precisa y limitada: en realidad, los casos de infabilidad son muy raros, el último se remota a 1950 para la proclamación del dogma de la Asunción.

¿El Papa tiene peso en la diplomacia internacional?

Difícil de medir con exactitud el peso diplomático de la Santa Sede. El Papa no ejerce, retomando la fórmula de Pablo VI, fficile de mesurer avec exactitude le poids diplomatique du Saint-Siège. Le pape n’exerce, más que una “minúscula y casi simbólica soberanía temporal”. Heredero de la época en que disponía de un verdadero poder temporal en Europa, el Papa dispone de un aparato diplomático, con embajadores (los nuncios), y mantiene hoy relaciones diplomáticas con 176 Estados.

Juan Pablo II se implicó mucho en el escenario internacional, y su acción ha podido tener una influencia decisiva, por ejemplo en la caída del muro de Berlín o en la condena de la intervención americana en Iraq; Benedicto XVI está menos presente en este plano.

Más generalmente, esta diplomacia puede desempeñar un papel en el país donde la comunidad católica es numerosa e influyente: en la República Democrática del Congo ha tenido peso en el proceso de paz, o incluso en el Líbano o en América del Sur. Sobre todo se escucha la voz del Papa en el plano de los grandes principios internacionales.

Después de la segunda mitad del siglo XX, ha adquirido el reconocimiento de una forma de autoridad moral y espiritual, que le permite recordar aglunos grandes principios de la humanidad: dignidad del hombre, libertad de pensamiento y de religión, protección de la vida, solidaridad con los países más pobres…

Ciertamente la eficacia de estas intervenciones es, por naturaleza, limitada. Haría falta por tanto no desatender este papel: en mayo pasado, cuando Benedicto XVI subió a la tribuna de las Naciones Unidas en Nueva York, todos los países estaban representados, y fue escuchado muy atentamente, ciertos embajadores se alegraban abiertamente de ver teorizada así la universalidad de los derechos del hombre.

¿Cuál es su papel con las otras religiones?

Con las otras Iglesias, el Papa desempeña hoy un papel de primer orden. No es que la iniciativa venga de él: al contrario, el ecumenismo tal como se entiende hoy día, es decir el diálogo teológico con las otras confesiones cristianas en vista a restablecer su unidad, nació en el siglo XIX aparte de Roma, es decir a sus espaldas.

Pero a partir del Vaticano II, Juan XXIII transforma el papel del Papa: convidando a observadores cristianos no católicos, lanza el “ecumenismo pontifical”. Desde entonces, el papel del Papa será decisivo, en los avances como en las dudas del ecumenismo.

En el plano teológico, el obispo de Roma puede dar impulsos, más aún cuando su función misma constituye un punto de fricción con los otros cristianos: en la encíclica ‘Ut unum sint’ (1995), Juan Pablo II ha invitado a las otras Iglesias a discutir modalidades de ejercicio de su ministeriode Pedro.

Benedicto XVI ha relanzado el diálogo con los ortodoxos sobre este punto, aunque él no participa, pues tiene lugar entre teólogos. El Papa puede también querer “volver a encuadrar” este diálogo teológico, como lo ha hecho Benedicto XVI aprobando una nota de la Congregación para la doctrina de la fe reafirmando que la Iglesia de Cristo “subsiste” en la sola Iglesia católica.

El papel pastoral del Papa al servicio de la unidad cristiana es quizás aún más importante cuando se encuentra con responsables de otras Iglesias, mostrando así un acercamiento verdadero más allá de las divergencias teológicas. Es lo que ha hecho reciente y largamente, el 5 de mayo, con el primado anglicano Rowan Williams.

Está asimismo en las relaciones con las otras religiones, en particular el islam. Desde Juan Pablio II, el Papa es un motor de ese diálogo y considerado como tal por los interlocutores musulmanes.

Benedicto XVI aprendió en sus propias carnes en Ratisbona en septiembre de 2006: quiera o no, lo que dice el Papa en esa área encuentra un eco considerable y tiene grandes repercusiones, debe sopesar cuidadosamente sus palabras y ademanes.

Hacia él se dirigieron lógicamente los musulmanes para relanzar el diálogo, que ha desembocado en la programación de un gran encuentro islamo-católico del 4 al 6 de noviembre próximos en Roma.

¿Cómo gobierna la Curia?

“Sobre la punta de los pies”, respondía, con su gran sonrisa, Juan Pablo I. La Curia romana es una organización administrativa compleja, producto de un apilamiento histórico de siglos de tradiciones y que no es fácil de manejar hoy. Está compuesta de dicasterios (Congregaciones, Consejos pontificios, Tribunales…) cuyos prefectos o presidentes nombra él.

Como los ministerios, cada uno tiene atribuciones específicas, para las cuales dispone de un poder administrativo: la liturgia para la Congregación para el culto divino, decretos de beatificación o de canonización para la de las causas de los santos, etc.

Esto puede ser una especie de consejo, como el nombramiento de obispos, hecho por el Papa pero preparado por la Congregación para los obispos. Un mismo documento puede ser releído por numerosos dicasterios, particularmente por la Congregación para la doctrina de la fe, lo que explica la lentitud de ciertas publicaciones.

Para el gobienro de la Iglesia propiamente dicho, el Papa se apoya en la Secretaría de Estado, cuyo papel ha crecido considerablemente en el siglo XX.

Está compuesta de dos secciones: los asuntos generales, que comprende ocho divisiones lingüísticas, por donde pasa todo el correo y donde se hacen traducciones y notas de síntesis, y las relaciones con los Estados, encargada de la diplomacia de la Santa Sede.

Esta verdadera placa giratoria de la Curia está dirigida por un cardenal Secretario de Esgtado, hoy el salesiano italiano Tarcisio Bertone, una especie de “primer ministro” del Papa.

En realidad, lejos de formar un bloque monolítico, la Curia presenta una realidad compleja. Universalidad de la Iglesia obliga, está compuesta de diversas nacionalidades, aunque domine Italia, y de tendencia y corrientes a menudo diferentes, o sea opuestas, con las cuales el Papa debe contar.

Además, un nuevo Papa no viene con su propio equipo, como en las democracias actuales. Es raro que se separe de colaboradores que no hayan alcanzado la edad del retiro (75 años): Benedito XVI lo ha hecho con Mons. Fitzgerald, encargado del diálogo interreligioso con Juan Pablo II, y el cardenal Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, nombrado para Nápoles. Son excepciones, que marcan un profundo desacuerdo -pero la práctiva es más bien la continuidad.

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