El testamento del pescador

Archive for 31 marzo 2013

La lección de la Capilla Sixtina

Posted by El pescador en 31 marzo 2013

Qué verán los cardenales electorales al entrar en el cónclave. De “L’Osservatore Romano” del 10 de marzode 2013. El autor es el director de los Museos Vaticanos

de Antonio Paolucci (original en italiano; traducción mía)

Cuando los cardenales electores entren en la Capilla Sixtina desde la Sala Regia su primera mirada (la colocación estratégica no es ciertamente casual) será para el cuadro al fresco con la “Entrega de las llaves” de Pietro Perugino, conclusión iconográfica de la serie cristológica que ocupa la pared derecha, después del “Discurso de la Montaña” y antes de “La última cena”.

En una plaza vasta y antigua como la majestad de Roma, amplificada por una perspectiva rasante que tiene su foco en el edificio en el punto central sobre el fondo, dos figuras monumentales están frente a frente. Una es Cristo que confía al Vicario las llaves del Reino, la otra es Pedro que de rodillas las recibe. Todo, en el episodio del “Tibi dabo claves”, es armonía, solemnidad, absorto silencio: el primado de Pedro es por tanto el de los Romanos Pontífices -la roca sobre la cual se sostiene la Iglesia universal- es representado con majestuosa simplicidad y sugestiva naturaleza.

Cuando sin embargo los cardenales electores alcen la mirada hacia el Juicio de Miguel Ángel verán representado un episodio que es la negación de aquello que he descrito antes. Verán a Pedro, un atlético, torvo y musculoso Pedro, devolver a Cristo Juez las llaves. Porque el tiempo ha acabado, la Historia no existe más. También la Iglesia ha agotado su misión. Quien mira el “Juicio” tiene la impresión de que no hay una pared sino que la mirada se abre hacia un espacio infinito hecho de aire gélido y azul. En esta dimensión irrealística, metafísica donde no existe ya el tiempo porque la historia ha acabado, sucede todo en su contexto: la resurrección de los cuerpos y el juicio, el infierno y el paraíso. “Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas (…) Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin” (Apocalipsis 21, 5; 22, 13).

El Juez de Miguel Ángel no se sienta sobre el trono, es imberbe, tiene el aspecto de un joven atleta glorioso y vigoroso, alza la mano derecha en el gesto de la “allocutio”. Miguel Ángel ha sabido representar con extraordinaria eficacia la angustia de la “parusía”. El tiempo ha acabado, la Iglesia no tiene ninguna tarea más, no hay espacio para la piedad, para la misericordia, para el perdón. Es una sensación terrible la que se experimenta delante del gran mural. Es la sensación que debe haber experimentado Paulo III Farnese cuando -cuenta las crónicas- se arrodilló confundido, con las lágrimas en los ojos, aquel día de octubre, vigilia de Todos los Santos del año 1541, cuando el Juicio Final fue descubierto.

Cerca de sesenta años dividen la “Entrega de las llaves” de Perugino (la Sixtina quattrocentesca fue inaugurada el 15 de agosto de 1483) del “Juicio” de Miguel Ángel. Entre estos dos extremos cronológicos y simbólicos se coloca la decoración pictórica de la Capilla “magna” de los Romanos Pontífices, dos mil metros cuadrados de frescos que narran la doctrina de la Iglesia y la Historia de la Salvación. Hay de todo en la Capilla Sixtina: el principio y el fin, el “fiat lux” y el Apocalipsis, el paraíso y el infierno, las historias de Moisés y las de Cristo, el primado del Papa de Roma, el tiempo “sub gratia” de la Iglesia que absorbe, transfigura y hace propio el tiempo “sub lege” del Antiguo Testamento.

La Capilla Sixtina es el arca de la nueva y definitiva alianza que Dios ha establecido con el pueblo cristiano. No es casualidad que el arquitecto Baccio Pontelli que trabajó entre 1477 y 1481 a las órdenes del Papa Sixto IV della Rovere modificando y alzando precedentes estructuras, quiso dar a la capilla las dimensiones del perdido Templo de Jerusalén como están indicadas en la Biblia (1 Reyes 6).

Quien entra en la Capilla Sixtina entra de hecho en una extraordinaria adivinanza teológico-escriturística pero entra también en el bosque de imágenes más fascinante que nunca haya aparecido bajo el cielo.

Si posan la mirada sobre los recuadros al fresco del ciclo quattrocentesco, los cardenales electores verán las correspondencias, las correspondencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Para la doctrina y la teología católicas el Antiguo Testamento es profecía del Cristo que ha de venir, es anticipación y prefiguración del Evangelio. En ningún otro lugar este concepto que atraviesa y sostiene como un grandioso arquitrabe toda la historia del pensamiento cristiano aparece expresado con tanta persuasiva eficacia. Pietro Perugino ha pintado el “Bautismo de Cristo” sobre la pared derecha; enfrente está el “Viaje de Moisés a Egipto”, también del Perugino. Uno y otro episodio señalan el inicio de la historia de los dos legisladores, Moisés y Cristo.

Aún más, las “Tentaciones de Jesús” de Botticelli tienen de frente, por obra del mismo autor, las “Tentaciones de Moisés” que, atacado por la ira, se convierte en homicida. El “Paso del mar Rojo” de  Biagio d’Antonio es prefiguración de la “Llamada de los Apóstoles” sobre el lago de Tiberíades; una y otra son  historias de agua y de salvación.

Pero tanto para los cardenales electores como para los otros cinco millones de personas que cada año se detienen en la Capilla Sixtina -gente de toda cultura, de toda lengua, de toda religión o de ninguna religión- la atracción principal serán los frescos de Miguel Ángel. Su mirada se posará en la cúpula que Buonarroti pintó en cuatro años entre el 1508 y el 1512, prácticamente él solo en una especie de duelo, de cuerpo a cuerpo con los más de mil metros cuadrados de revestimiento de muro destinados a acoger más de trescientas figuras. Alguno de ustedes recordará que Benedicto XVI, con la atención al significado de los símbolos que es típica de los grandes intelectuales, el 31 de octubre pasado ha querido honrar, con la celebración de las vísperas solemnes de la vigilia de Todos los santos, el aniversario de la conclusión de los frescos de la cúpula. Lo ha hecho repitiendo el rito oficiado por su predecesor Julio II della Rovere el 31 de octubre de quinientos años antes.

Las miradas de los presentes volverán a posarse, una vez más, sobre los episodios del “Génesis” que Miguel Ángel pintó en la cúpula y aún dejan estupefacto ante la formidable capacidad del artista de reinventar radicalmente y genialmente iconografías consolidadas desde hace siglos.

El Padre eterno que divide la luz de las tinieblas es una figura acrobática que flota sobre la nada primigenia. Es el motor de la creación -por una parte la luz del día, por la otra la oscuridad de la noche-, es el fogonazo repentino por el cual todo tuvo comienzo. Así Miguel Ángel ha dado imagen a su idea del “Big bang”.

Desde siempre, también por los artistas más grandes, la creación del hombre era representada como   traducción figurativa más o menos literal del texto bíblico. Dios hace con una masa de tierra la imagen del hombre, le insufla el espíritu de vida y le da alma y destino inmortal. Miguel Ángel anula la iconografía tradicional y se inventa otra cosa nueva y tan sugestiva que cinco siglos después aún suscita emoción y estupor. No hay traza alguna de ingenua materialidad en la “Creación de Adán” de la Capilla Sixtina. El primer hombre está dejado caer sobre la tierra, viene de la tierra, está ya perfectamente formado, pero la chispa que sale del dedo índice de Dios tendido toca ligeramente el suyo, lo crea, se diría, como por transmisión de un fluido eléctrico.Dios llega en un remolino glorioso amplificado por la capa roja en el interior delc ual, como al reparo de una vela hinchada por el viento, se encuentran los ángeles de su cortejo, personificación de los poderes del Altísimo.

Alguno, con una hipótesis un poco fantasiosa e improbable, pero sugestivo, ha querido reconocer en el contorno de Dios Padre rodeado por los ángeles, la imagen de un cerebro humano. Casi que aquella escena fuese el manifiesto de un Miguel Ángel “creacionista”, precursor del “diseño inteligente”.

Será el “Juicio” no obstante el que atraiga más a menudo las miradas de los cardenales electores. Hay muchas cosas en el “Juicio”. Está la Iglesia triunfante dispuesta en un hemiciclo en torno al Juez celeste. Están los ángeles y los demonios que se disputan las almas de los resucitados, está el horno del Infierno que hierve y llamea desde las grietas de la tierra. Está el autoretrato anamórfico caricaturesco del pintor mismo, pegado a la piel arrancada que, símbolo de su martirio, exhibe san Bartolomé. Ydespués están los desnudos, esta representación no terminada de la belleza y de la gloria del cuerpo humano, que sin embargo puso en serio apuro, como sabemos, a los bienpensantes de la época.

Pero el verdadero fuego teológico de la composición, advertencia terrible tanto para los cardenales electores como para todo cristiano, está en la parte alta del fresco, allí donde un remolino de ángeles en vuelo lleva los instrumentos de la Pasión: la columna de la flagelaciónla cruz, la corona de espinasla esponja. Para todos y para cada uno aquellas serán las pruebas testimoniales en el tribunal del Juicio. Porque Cristo ha muerto por nosotros, seremos juzgados. Por nuestra fidelidad a la Cruz seremos salvados o condenados.

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> L’Osservatore Romano

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Sábana Santa: espectacular reconstrucción del rostro

Posted by El pescador en 30 marzo 2013

 

Reconstrucción del rostro en imágenes

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Los votos del cónclave

Posted by El pescador en 22 marzo 2013

Marco Tosatti (original en italiano; traducción mía)

El vaticanista de la Agencia Italia, Salvatore Izzo, presenta los votos del cónclave que ha llevado a Jorge Mario Bergoglio al solio de Pedro.

MARCO TOSATTI

 El cardinal Jorge Mario Bergoglio ha sido el candidato más votado desde la primera votación, en la cuarta casi alcanzó el quorum y fue elegido después en la quinta con casi cien votos. Tres italianos recibieron votos en los diversos escrutinios: Scola, Bagnasco y Coccopalmerio, mientras -averigúa la AGI- entre los estadounidenses obtuvieron votos tanto O’Malley como Dolan . Los votos obtenidos por Bergoglio desde el inicio eran tales que hacían improbable cualquier otra elección. Esto explica quizás el hecho de que los dos candidatos considerados más fuertes por los medios de comunicación, Odilio Scherer, arzobispo de Sao Paulo, y Angelo Scola, arzobispo de Milán, no estuvieron nunca verdaderamente en la carrera. La misma fuente refiere a al AGI que otros cardenales como Ouellet, Turkson, Maradiaga e Schoenborn obtuvieron votos en una u otra votación, pero se vio rápidamente que el ascenso de Bergoglio era imparable.

 

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El escudo del papa Francisco

Posted by El pescador en 21 marzo 2013

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El escudo de armas del Papa se remonta a sus 17 años

Posted by El pescador en 20 marzo 2013

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)

En el próximo Ángelus  el tapiz colgado bajo la ventana del papa Francisco no será blanco como el último domingo, sino que tendrá en el centro su nuevo escudo de armas.

El cual difiere poco de aquel que había elegido en el momento de su consagración episcopal.

 El escudo azul está surmontado por los símbolos de la dignidad pontificia, iguales a los elegidos por el predecesor Benedicto XVI (mitra colocada entre llaves cruzadas de oro y plata, unidas por un cordón rojo). En la parte superior, campea el emblema de la orden de donde proviene el nuevo papa, la Compañía de Jesús: un sol radiante y flameante cargado con las letras, en rojo, IHS, monograma de Cristo. La letra H está surmontada por una cruz; en punta, los tres claves en negro.

En la parte inferior, se encuentran la estrella y las flores de nardo. La estrella, según la antigua tradición heráldica, simboliza a la Virgen María, madre de Cristo y de la Iglesia; mientras que la flor de nardo representa a san José, patrono de la Iglesia universal. En la tradición iconográfica hispánica, de hecho, san José es representado con un ramo de nardo en la mano. Poniendo en su escudo tales imágenes, el papa ha intentado expresar la propia devoción particular hacia María y san José.

Pero aún más interesante es la explicación que se ha dado del lema “Miserando atque eligendo”, sacada de una homilía del venerable Beda sobre la vocación de Mateo, de lo cual una entrada anterior ya ha hablado.

“Esta homilía es un homenaje a la misericordia divina y está reproducida en la liturgia de la horas de la fiesta de san Mateo. Reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del papa. De hecho, en la fiesta de san Mateo del año 1953, el joven Jorge Mario Bergoglio experimentó, a la edad de 17 años,  de una manera totalmente particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. A continuación de una confesión , sintió que su corazón era tocado y advirtió que descendía la misericordia de Dios, el cual ‘tenía compasión de él y lo elegía’ -‘miserando atque eligendo’ – para la vida religiosa, bajo el ejemplo de San Ignacio de Loyola.

“Una vez elegido obispo, S. E. Mons. Bergoglio, en recuerdo de tal acontecimiento que señaló el inicio de su total consagración a Dios en su Iglesia, decidió elegir, como lema y programa de vida, la expresión de san Beda ‘miserando atque eligendo’, que ahora ha intentado reproducir también en el propio escudo de armas pontificio”.

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Un escudo de armas que es un programa

Posted by El pescador en 19 marzo 2013

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)

 En el escudo espiscopal del papa Jorge Mario Bergoglio hay tres palabras latinas que no se comprenden inmediatamente: “Miserando atque eligendo”.

Pero si se va ver de dónde fueron tomadas se descubren rasgos importantes del programa de vida y de ministerio del papa Francisco.

En esta pequeña caza del tesoro sirve de ayuda una nota del docto teólogo Inos Biffi en “L’Osservatore Romano” del 15 de marzo.

El lema proviene de una homilía de san Beda il Venerabile (672-735), monje de Wearmouth y de Jarrow, autor de obras exegéticas, homiléticas e históricas, entre las cuales destaca la “Historia ecclesiastica gentis Anglorum”, por la cual es llamado el “Padre de la historia inglesa”.
En la homilía, la vigésimo primera de aquellas que hay juntas, Beda comenta el pasaje del Evangelio que cuenta la vocación como apóstol de Mateo, pecador público.

En el trozo del cual está sacado el lema se lee:

“Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme” (Mateo 9,9). Vio no tanto con la mirada de los ojos del cuerpo cuanto con la de la bondad interior. Vio a un publicano y, así como lo miró con amor misericordioso en vista de su elección, le dijo: ‘Sígueme’. Le dijo ‘Sígueme’, o sea imítame. ‘Sígume’, dijo, no tanto con el movimiento de los pies cuanto con la práctica de la vida. De hecho ‘quien dice que está en Cristo, debe comportarse como Él se comportó’ (1 Juan 2,6)”.
En latín, el pasaje empieza así:

“Vidit ergo Iesus publicanum, et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi, Sequere me. Sequere autem dixit imitare. Sequere dixit non tam incessu pedum, quam exsecutione morum” (n. d. t. en este enlace está la homilía completa).

Incluir en el escudo el lema “Miserando atque eligendo” significa por tanto ponerse en el puesto de Mateo, mirado por Jesús con misericordia y llamado, a pesar de sus pecados.
Pero lo importante es el contexto del pasaje citado. Donde Beda explica qué supone seguir e imitar a Jesús:

“No ambicionar las cosas terrenas; no buscar las ganancias efímeras; huir de los honores mezquinos; abrazar gustosos todo el desprecio del mundo por la gloria celeste; ser beneficioso a todos; amar, no inferir injurias a nadie, pero padeciendo las recibidas; buscar siempre la gloria del Creador y nunca la propia. Practicar estas cosas y otras similares quiere decir seguir las huellas de Cristo”.

Concluye Inos Biffi:
“Es el programa de san Francisco de Asís, inscrito en el escudo del papa Francisco. E intuimos que será el programa de su ministerio, como obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal”.

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El sueño de Francisco

Posted by El pescador en 16 marzo 2013

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)

 La elección de un papa que ha tomado el nombre de Francisco conduce irresistiblemente al santo de Asís y a un fresco de Giotto.

 

Es el fresco que representa un sueño del papa Inocencio III. El cual ve a san Francisco mientras sostenía con sus espaldas la Iglesia, en peligro de venirse abajo.

 

“Francisco, ve y repara mi casa”. Según las fuentes franciscanas fueron estas las palabras que el crucificado de la derruida iglesia de San Damián dirigió al santo.

 

Francisco obedeció. Y con él la cristiandad vivió un florecimiento de purificación, de obediencia plena al papado, de fidelidad cristalina a la doctrina, de humildad, fraternidad, castidad, las virtudes que también hoy la Iglesia está llamada a poner en práctica con renovada dedicación.

 

Con la elección del nombre de Francisco, el nuevo papa Jorge Mario Bergoglio ha enunciado ya su programa.

 Un programa que era también el sueño de su amado predecesor de nombre Benedicto.

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Día del Seminario 2013. Seminario de Jaén (España)

Posted by El pescador en 15 marzo 2013

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