El testamento del pescador

Archive for the ‘Padre Pío’ Category

Scapagnini: despertar del coma

Posted by El pescador en 1 junio 2011

RINO CAMMILERI

(original en italiano; traducción mía)

El ex médico personal de Berlusconi y alcalde de Catania (ahora diputado) Umberto Scapagnini se ha despertado después de meses de coma. Así escribe de él Benedetta Frigerio en el semanario «Tempi» del 13 de abril de 2011: «De Scapagnini se habla como de un “resucitado”: estaba completamente paralizado, en coma y lleno de tumor; hoy, después de su definitivo despertarf, está perfectamente sano». Scapagnini habla también de la «visión que he tenido durante el coma -mi madre y el Padre Pío que me han dicho que la vida vale la pena de ser vivida a fondo y que se vive para hacer la voluntad de Dios». Añade: «Era favorable a la eutanasia. Hoy creo que nunca nadie debería morir como Englaro (…). Pienso que el testamento biológico es un error. Yo, antes de la enfermedad, lo habría firmado».
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¿La Cruz indeseable?

Posted by El pescador en 7 diciembre 2009

(Original en francés; traducción mía)

Viento de locura sobre Roma, después de la condena de Italia por la Corte europea de Derechos humanos (CEDH) por la presencia del crucifijo en las aulas de clase. Por una vez, el país aparece unánime para considerarse ofuscado, incluso manchado, por esta amonestación. Aquí la menor oficina, taller, taquilla, mostrador, la menor tienda o farmacia cuenta al menos con un crucifijo si no dos. Sin olvidar las inevitables imágenes del Padre Pío, omnipresentes. Ayer por la tarde, en el restaurante donde festejábamos un aniversario, el patrón nos ha regalado un calendario publicitario impreso por encargo suyo: a cada mes corresponde una foto de gran formato del Papa, algunas de las cuales son casi enternecedoras. Y el dicho patrón nos ha hecho la exégesis del calendario durantes sus buenos diez minutos. Sin embargo, ni el restaurante, ni el patrón eran beatos. Me diréis: “El Papa no es la cruz”, y tendréis razón. Pero ¡eso es Italia! Entonces yo me pregunto, visto desde Roma, si no debería modificar mis tarjestas de visita: “La Croix” [“La Cruz”], como título de un diario, bien podría parecer inútilmente provocador, no respetuoso con las diferencias, incluso proselitista. Dudo…

publicado por Fréderic Mounier

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El caso Medjugorje: no apagar el Espíritu

Posted by El pescador en 1 julio 2009

(original en italiano; traducción mía)

De Libero, 16 enero 2009

Benedicto XVI, como Juan Pablo II, defiende la fe del pueblo cristiano

 de Antonio Socci

Hoy turban la Iglesia, arriesgándose a crear escándalo y extravío para millones de fieles, más que ciertos ateos declarados que hacen campañas publicitarias en los buses de Génova, están aquellos que -quizás con un hábito eclesiástico- hacen la guerra a Dios desde el interior y bajo pretextos “religiosos” propagan un pensamiento “no católico” (como confió amargamente Pablo VI a Jean Guitton).

No por casualidad el cardenal Ratzinger inició un memorable discurso a los biblistas en un ateneo vaticano recordando la figura del Anticristo de un relato de Soloviev, cuyo Anticristo era “un célebre exegeta” con doctorado en Teología en Tubinga. La admonición, aunque sea gallarda, era evidente.

Por otra parte, curiosamente, en estos años no ha sido el campo ortodoxo el que ha desenterrado una especie de Inquisición contra quien propaga herejías y contesta al Magisterio pontificio, sino más bien aquellos que querrían poner bajo inquisíción a la Virgen misma que osa manifestarse sin su permiso. A menudo son vejados por nuevas inquisiciones quienes testimonian una fe viva y fiel al Papa, no los herejes.

Ahora suscitan algunas preocupaciones, entre tantos y fervorosos fieles de la Virgen, ciertas “anticipaciones” (que no se saben si son verdaderas) del llamado “vademecum” que debería ocuparse de eventos sobrenaturales. Las voces sobre su presunto contenido han sido referidas por “Panorama”, hace tres meses, y en estos días por un sitio de internet: se trataría de un “directorio” contra Medjugorje (meta de millones de peregrinos y lugar extraordinario de conversión) y contra los hechos de Civitavecchia donde, en febrero-marzo de 1995, una estatuílla de la Virgen proveniente de Medjugorje, ha llorado lágrimas de sangre durante 14 veces.

A favor de la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y del llanto milagroso de Civitavecchia están no sólo las cuidadosas investigaciones científicas llevadas a cabo sobre los videntes durante las apariciones y sobre la estatuílla de Pantano, investigaciones que excluyen categóricamente toda forma de estafa o de autosugestión. Está también la enorme cantidad de conversiones e incluso de curaciones inexplicables que se han verificado y continúan verificándose (los testimonios están documentados). Está la perfecta ortodoxia que se respira en estos santuarios. Y, juntamente con la devoción de millones de simples cristianos, está la devoción convencida de tantos sacerdotes, obispos y cardenales. Sobre todo aquella, aclarada, de Juan Pablo II que ha manifestado de mono inequívoco y más veces, incluso por escrito, su convicción personal sobre la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y de las lágrimas de la Virgencita.

Ciertamente un “vademecum” para los obispos hoy puede ser utilísimo para tratar tantos casos de “visionarios” de pacotilla y de embaucadores, pero hay que excluir que tal “directorio” sea apuntado contra Medjugorje y Civitavecchia que son dos santuarios marianos y tienen ahora su historia de devoción del pueblo cristiano (que, recordémoslo, es solicitada en las canonizaciones y presupuesta de hecho incluso en las definiciones de los dogmas) y son dos santuarios marianos.

Se dice que el “directorio” prescribe el recurso incluso a “psiquiatras ateos”. En Medjugorje ya ha sucedido. Al principio, en 1981, cuando el régimen comunista se desató contra las apariciones con arresos, vejaciones y violencias, los seis muchachos fueron incluso arrastrados ante psiquiatras del régimen que sin embargo debieron reconocer su perfecta salud mental y su buena fe. Al final algunos de aquellos médicos incluso se convirtieron, junto con los policías que debían reprimir el fenómeno.

En Civitavecchia la Virgencita superó el duro examen del obispo que no creía y que vio acaecer la décimocuarta  lacrimación justo entre sus propias manos, sufriendo un shock cardiaco. Y ha superado también el examen de la comisión eclesiástica (que ha excluido alucinaciones, fenómeno parapsicológico o diabólico) y el examen laico más exigente, el de la ciencia (que ha reconocido que no es posible la explicación científica del fenómeno) y de la magistratura que -después de cuidadosas investigaciones y considerados los numerosísimos testimonios de las lacrimaciones (entre ellos “el Comandante de la policía municipal, agentes de la policía penitenciaria y de la policía del Estado”), escribe que éstas “deben reducirse o a un hecho de sugestión colectiva o a un hecho sobrenatural”. De no ser porque aquellas lágrimas de sangre, al ser fotografiadas y filmadas, no pueden ser una “sugestión”: han sido además analizadas en laboratorio, al microscopio y definidas como “sangre humana”.

Sobre Medjugorje el secretario de Estado Bertone, apenas fue nombrado, explicitó la posición de este pontificado precisando que las peregrinaciones allí, obviamente no oficiales, “están permitidas” y aconsejó incluso “un acompañamiento pastoral de los fieles”. Además definió todavía una vez como “personales” las declaraciones del obispo de Mostar e indicó como justa la posición de espera de los obispos de la ex Yugoslavia que “deja la puerta abierta a futuras investigaciones”.

También porque el gran número de apariciones,  aún hoy en curso, no es un obstáculo, después que han sido reconocidas recientemente las apariciones de Laus donde la Virgen, desde 1647, se manifestó durante 54 años y largamente de forma cotidiana.

Por tanto los fieles de Medjugorje y Civitavecchia pueden estar tranquilos. Del resto el Papa demuestra que tiene la unidad de la Iglesia muy dentro del corazón. También lo ha demostrado recientemente en el modo en que ha resuelto paternalmente el problema neocatecumenal y en el modo en que ha tendido la mano a los tradicionalistas, con la recuperación de la antigua liturgia, pidiendo a los obispos franceses que los acojan y que no discriminen a ninguno. Verdaderamente el Santo Padre quiere conjurar en todos los modos fracturas y desorientación de los fieles. Finalmente también la devoción y la estima hacia Juan Pablo II lo inducen a defender Medjugorje e Civitavecchia. Por eso hay que excluir que el directorio sea “contra” estos dos santuarios.

También hay mucha duda de que el Papa pueda aprobar un “directorio” tan duro y represivo como aquello anhelado por ciertas indiscreciones, porque justamente Ratzinger fue el autor del memorable discurso con el cual el cardenal Frings, arzobispo de Colonia, en 1962 convenció a la Iglesia para que jubilara el viejo Santo Oficio y ciertos sistemas suyos “cuya modalidad de procedimiento no está de acuerdo en muchas cosas con nuestro tiempo y para la Iglesia será un daño y para muchos un escándalo”.

Considerados los errores dolorosísimos hechos hace 50 años por eclesiásticos al tratar casos de santos como padre Pío o acontecimientos como Ghiaie di Bonate, es dudoso que el propio papa Ratzinger permita volver a reglas vejatorias que hoy podrían ser impugnados desde el punto de vista de los derechos humanos, además del derecho natural y del derecho canónico, produciendo “un daño para la Iglesia y un escándalo”.

Benedicto XVI no quiere en absoluto “apagar el Espíritu” y “despreciar las profecías” (1 Tes 5,19-20), como alún teólogo y algún curial, sino que quiere exactamente lo contrario: ya de cardenal puso en guardia a los católicos de convertirse en “deístas”, o sea aquellos que no creen verdaderamente “en una acción de Dios en nuestro mundo” y por eso se engañan con que “debemos nosotros crear la redención, nosotros crear el mundo mejor, un mundo nuevo. Si se piensa así el cristianismo ha muerto”.

“La Iglesia” explicaba Ratzinger “afronta los desafíos que le son propios gracias al Espíritu Santo que, en los momentos cruciales, abre una puerta para intervenir”. Históricamente lo ha hecho con los grandes santos “que eran también profetas”, pero ante todo a través de la Virgen: “Hay una antigua tradición patrística que llama a María no sacerdotisa, sino profetisa. El título de profetisa en la tradición patrística es el título de María por excelencia… Se podría decir, en un cierto sentido, que de hecho la línea mariana encarna el carácter profético de la Iglesia”.

Por tanto la “Reina de los profetas” va a ser escuchada, no amordazada.

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“Un vínculo espiritual, prueba de fe”

Posted by El pescador en 10 febrero 2008

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

Roma – «Las fechas son sorprendentes. Dos semanas después de aquella petición de oraciones y de ayuda espiritual, monseñor Wojtyla es nombrado arzobispo de Cracovia…». Don Francesco Castelli, profesor de Historia de la Iglesia contemporánea en el Instituto superior de ciencias religiosas «Guardini» de Tarento y colaborador de la postulación de la causa de beatificación de Juan Pablo II, se ha encontrado entre las manos con la carta inédita del futuro Papa al Padre Pío.

¿Qué significado tiene esta misiva?

«Está demostrado que sobre la relación existente entre Karol Wojtyla y Padre Pío hay mucho que descubrir. La nueva carta muestra la existencia de una relación epistolar más densa que cuanto habíamos imaginado, porque comprendemos que las peticiones de oraciones e intercesiones eran más de una –hasta ahora conocíamos sólo aquella por la médica Wanda Poltawska– y todas fueron atendidas».

En el texto se cita el caso del hijo de un abogado, enfermo desde el nacimiento. ¿Se sabe algo más?

«Sabemos sólo que el obispo recuerda también la curación de este último. Debemos conjeturar que exista otra carta con la cual Wojtyla pedía la intervención del Padre Pío para este caso, y con toda probabilidad otra misiva con la cual daba las gracias por la intercesión. ¿Quién es este hijo de abogado? ¿Dónde se encuentran las otras cartas enviadas por el futuro Papa al fraile estigmatizado? ¿Fueron enviadas o entregadas en mano como sucede con la primera misiva? Preguntas aún sin respusta».

En esta carta el futuro Papa pide también oraciones para él…

«Se trata de otro dato nuevo: quien tiene fe sabe bien que este peidr oraciones para sí implica un vínculo espiritual. Y aquí nos encontramos frente al vínculo espiritual entre un joven obispo de una Iglesia del Este, muy probada, y un fraile con estigmas a quien aquel obispo había reconocido ya como un verdadero hombre de Dios».

Wojtyla habla de «ingentes dificultades». Apenas dos semanas después de aquel mensaje enviado desde Roma al Padre Pío, llega el nombramiento de arzobispo de Cracovia.

«Es de verdad sorprendente la coincidencia de las fechas. Sabemos ya de la precedente petición, la de la curación de la médica Poltawska, que al recibir la primera carta del obispo Wojtyla, Padre Pío disse: “¡A esto no se puede decir que no!”. Parece justamente que no había dicho que no ni a las otras peticiones incluso aquell relacionada con la personas y las dificultades del obispo, que regía desde hacía un año y medio la diócesis como administrador apostólcio, en una situación no fácil. Las oraciones del Padre Pío fueron acogidas de un modo muy concreto: apenas dos semanas después, he aquí el anuncio del nombramiento de arzobispo de Cracovia. Una designación destinada a lanzar a Karol Wojtyla a la escena mundial. Menos de cuatro años después, en 1967, el arzobispo será nombrado cardenal y once años después será elegido Papa».

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La carta (inédita) de Wojtyla al Padre Pío

Posted by El pescador en 9 febrero 2008

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

«Me permito recomendarle las ingentes dificultades pastorales que mi pobre obra encuentra en la presente situación…». Hay una carta inédita que Karol Wojtyla envió a Padre Pío de Pietrelcina, el fraile con los estigmas, pocos días antes de ser nombrado arzobispo de Cracovia. Una carta nunca publicada ni conocida, que la postulación de la causa de beatificación de Juan Pablo II ha hallado en el archivo de la Curia de Cracovia y que quizá inicialmente había sido confundida con la transcripción de una de las dos carta del futuro Papa al futuro santo ya conocidas. En cambio aquella copia escrita a máquina era del todo desconocida del todo y añade una nueva prueba fundamental a la reconstrucción de la relación entre Wojtyla y el Padre Pío.

Como es sabido se conocían dos letras, escritas en latín y enviadas al fraile el 17 y el 28 de noviembre de 1962 por el joven obispo auxiliar de Cracovia que en aquellos días se encontraba en Roma para el Concilio. En la primera Wojtyla pedía las oraciones del Padre Pío por la médica Wanda Poltawska, madre de familia, enferma de cáncer. En la segunda el obispo agradecía al santo del Gargano por la curación acaecida de la mujer. La nueva misiva (Archivo de la Curia de Cracovia, fondo K. Wojtyla, BI 3123 a), de la cual “Il Giornale” anticipa el contenido, está fechada el 14 de diciembre de 1963 y es más larga que las precedentes. Como las otras dos fue escrita en Roma, probablemente en la conclusión de la segunda sesión del Concilio Vaticano II. Ha sido publicada y comentada por don Francesco Castelli –colaborador de la postulacón de la causa de Juan Pablo II– en el nuevo número de la revista “Servi della Sofferenza”.

Al final de las primeras líneas, Wojtyla hace referencia a las precedentes peticiones dirigidas por él al Padre Pio: «Vuestra paternidad se acordará ciertamente que ya algunas veces en el pasado me he permitido recomendar a Sus oraciones casos particularmente dramáticos y dignos de atención». Y ya aquí hay una primera sorpresa. Hasta hoy, de hecho, se ha sabido siempre que el futuro Papa pidió y obtuvo las oraciones del fraile sólo para la médica Poltawska. No se conocían otros casos. El joven obispo polaco agradece al Padre Pío la curación de una mujer enferma de cáncer –está claro que se trata del caso ya conocido– pero en el número de las personas curadas Wojtyla añade el hijo de un abogado, gravemente enfermo desde el nacimiento. «Ambas personas están bien», declara en el texto inédito. Por lo tanto, además de esta carta y a las dos ya conocidas existe al menos otra misiva con la cual Wojtyla pedía la curación del joven.

El futuro Papa recurre después al Padre Pío por una señora paralizada de su diócesis, por tanto una nueva petición. Ulterior indicio de una relación consolidada. Pero no es todo. Esta vez, de hecho, el obispo añade una petición personal: «Al mismo tiempo me permito recomendarle las ingentes dificultades pastorales que mi pobre obra encuentra en la presente situación». ¿A qué se refiere Wojtyla, que por primera vez pide algo para sí mismo? ¿Y cuáles son las «ingentes dificultades» que apunta? Desde la mitad de 1962 monseñor Wojtyla atraviesa una fase delicata de su vida. En junio de 1962 había muerto el arzobispo de Cracovia, Baziak, y desde hacía meses estaba abierta la búsqueda de un candidato para la sucesión que sea grato al primado polaco, el cardenal Stefan Wyszynski, y a la autoridad del Estado. Wyszynski había presentado más veces ternas de nombre rechazadas por el gobierno comunista. Después de dos ternas distintas rechazadas de plano, un alto funcionario del Partido comunista, Zenon Kliszko, sugiere que se proponga a «un hombre de diálogo, como el joven obispo auxiliar, del cual he olvidado el nombre, con el cual en dos semanas hemos resuelto el caso del seminario de Cracovia».

Aquel obispo es Karol Wojtyla, que había reivindicado cno firmeza el derecho de la Iglesia sobre la sede del seminario, ocupado por los comunistas locales. Con sólo 43 años, Karol Wojtyla se encuentra así arzobispo de la sede cardinalicia de Cracovia, después de haber regido durante más de un año y medio aquella sede como administrador apóstolico, entre «ingentes dificultades pastorales».

Nótese la coincidencia de las fechas. La carta del futuro Papa al Padre Pío, con la petición de oraciones e intercesión, es del 14 de diciembre. Exactamente dos semans después, el 30 de diciembre, llega la designación como arzobispo metropolitano de la prestigiosa diócesis polaca.

Como es sabido, Wojtyla y Padre Pío se encontraron sólo una vez, en 1948. Pero el descubrimiento de esta nueva carta atestigua la profundidad del vínculo existente entre el fraile con los estigmas y el Papa que lo proclamará beato y después santo.

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