El testamento del pescador

Archive for the ‘Andrea Tornielli’ Category

Las mentiras anticatólicas, a cuento de la metedura de pata de la foto de Ratzinger “nazi”

Posted by El pescador en 18 junio 2010

Andrea Tornielli

(original en italiano, traducción mía)

En su ensayo autodefinido “documentadísimo”, el periodista-escritor Eric Frattini habla de una imagen en la cual un joven Papa hace el saludo hitleriano con los hábitos puestos. Pero es falso: el otro brazo está “cortado”

Esa imagen un poco inquietante es exhibida en la red como la prueba de cargo: Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, no estuvo sólo inscrito a la fuerza en la Hitlerjugend, como él mismo ha contado en su autobiografía, sino que estaba tan convencido de la ideología hitleriana que hizo el saludo nazi incluso mientras vestía los ornamentos sacerdotales. La foto, recogida por muchos sitios de internet y metida en breves vídeos en Youtube, representa a un Ratzinger jovencísimo, delgado, con pelo negro, con la mirada seria y apenada, mientras viste la estola sacerdotal y no obstante alza convencido el brazo derecho con la mano extendida. Una de tantas meteduras de pata antiratzingerianas, como se encuentran a espuertas navegando por internet, pero que desde hace algunos días ha recibido su consagración escrita ni más ni menos que en un “ensayo documentadísimo y estremecedor” –como se lee en la contraportada- un libro-investigación escrito por Eric Frattini, “profesor universitario, periodista y escritor ecléctico, apasionado de la historia y de la política”, autor de una veintena de volúmenes, algunos de los cuales dirigidos contra el Vaticano. Su última criatura es I papi e il sesso [Los papas y el sexo] (ed. Ponte alle grazie).

No es éste el lugar para citar las innumerables perlas presentes en el texto, que denotan el  escaso conocimiento que el autor tiene de la materia tratada, y nos referimos –obviamente- a la historia de la Iglesia, no a la del sexo. Para atraer la atención, en la página 377, está la cita de la existencia de una foto “en la cual se ve al futuro Papa vestido de sacerdote mientras hace el saludo nazi”. Qué relación tiene el argumento nazi con el tema principal del libro –el sexo- no es conocido, aunque parece evidente que Frattini, no consiguiendo encontrar nada que pueda acercar al actual Pontífice a cualquiera de sus lejanos predecesores de costumbres no irreprensibles, haya querido presentarlo al menos como un nazi.

Frattini, siendo “profesor universitario” además de “apasionado de la historia”, como se lee en la autobiografía en el inicio del volumen, a la foto de Ratzinger que parece hacer “Heil Hitler!” ha querido dedicar también una nota a pie de página (número 28, pág. 426) que afirma: “El autor no ha conseguido remontarse a la persona que hizo esta segunda foto, en la cual Ratzinger está retratado vestido de sacerdote mientras hace el saludo nazi, ni verificar si se trata de un fotomontaje. La fotografía podría haber sido realizada entre 1944 y 1945, cuando el futuro Papa tenía diecisiete o dieciocho años”.

En efecto, en vez de buscar en los archivos al autor de la foto, habría bastado con navegar algunos minutos por internet, para darse cuenta de la metedura de pata, es más del corte táctico. Habría bastado una consulta a la enciclopedia, el sitio en internet de la Santa Sede o bien Wikipedia para descubrir que el actual Pontífice fue ordenado sacerdote en Freising el 29 de junio de 1951, por tanto seis años después del fin del Tercer Reich y de la guerra. Algunos “clic” más con el ratón, sin tener que consultar polvorientos archivos (basta escribir en un buscador las palabras clave “Ratzinger” y “1951”), le habría permitido descubrir que aquello foto fue hecha en los días inmediatamente posteriores a la ordenación sacerdotal, cuando Joseph Ratzinger, junto a su hermano mayor Georg, también ordenado sacerdote el mismo día, y a un sacerdote nuevo originario del pueblo, Rupert Berger, celebraron su primera Misa en Traunstein, en la parroquia de San Osvaldo. La presunta foto nazi es en realidad un tarot: en el original –localizable fácilmente en internet- se ve muy a Ratzinger, junto al hermano que impone ambas manos para bendecir a los fieles. Por tanto no hacía ningún saludo romano o nazi, por otra parte fuera de tiempo, sino que simplemente bendecía. Obviamente revestido de la estola sacerdotal. No hay que suscribir al menos en parte la presentación quizá un tanto triunfal que el editor ha puesto en la contraportada: el volumen de Frattini no es “documentadísimo” sino  ni siquiera documentado. Permance, en cambio, inequívocamente “estremecedor”. Sí, que continúa dando crédito a ciertas meteduras de pata anticatólicas.

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“Un vínculo espiritual, prueba de fe”

Posted by El pescador en 10 febrero 2008

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

Roma – «Las fechas son sorprendentes. Dos semanas después de aquella petición de oraciones y de ayuda espiritual, monseñor Wojtyla es nombrado arzobispo de Cracovia…». Don Francesco Castelli, profesor de Historia de la Iglesia contemporánea en el Instituto superior de ciencias religiosas «Guardini» de Tarento y colaborador de la postulación de la causa de beatificación de Juan Pablo II, se ha encontrado entre las manos con la carta inédita del futuro Papa al Padre Pío.

¿Qué significado tiene esta misiva?

«Está demostrado que sobre la relación existente entre Karol Wojtyla y Padre Pío hay mucho que descubrir. La nueva carta muestra la existencia de una relación epistolar más densa que cuanto habíamos imaginado, porque comprendemos que las peticiones de oraciones e intercesiones eran más de una –hasta ahora conocíamos sólo aquella por la médica Wanda Poltawska– y todas fueron atendidas».

En el texto se cita el caso del hijo de un abogado, enfermo desde el nacimiento. ¿Se sabe algo más?

«Sabemos sólo que el obispo recuerda también la curación de este último. Debemos conjeturar que exista otra carta con la cual Wojtyla pedía la intervención del Padre Pío para este caso, y con toda probabilidad otra misiva con la cual daba las gracias por la intercesión. ¿Quién es este hijo de abogado? ¿Dónde se encuentran las otras cartas enviadas por el futuro Papa al fraile estigmatizado? ¿Fueron enviadas o entregadas en mano como sucede con la primera misiva? Preguntas aún sin respusta».

En esta carta el futuro Papa pide también oraciones para él…

«Se trata de otro dato nuevo: quien tiene fe sabe bien que este peidr oraciones para sí implica un vínculo espiritual. Y aquí nos encontramos frente al vínculo espiritual entre un joven obispo de una Iglesia del Este, muy probada, y un fraile con estigmas a quien aquel obispo había reconocido ya como un verdadero hombre de Dios».

Wojtyla habla de «ingentes dificultades». Apenas dos semanas después de aquel mensaje enviado desde Roma al Padre Pío, llega el nombramiento de arzobispo de Cracovia.

«Es de verdad sorprendente la coincidencia de las fechas. Sabemos ya de la precedente petición, la de la curación de la médica Poltawska, que al recibir la primera carta del obispo Wojtyla, Padre Pío disse: “¡A esto no se puede decir que no!”. Parece justamente que no había dicho que no ni a las otras peticiones incluso aquell relacionada con la personas y las dificultades del obispo, que regía desde hacía un año y medio la diócesis como administrador apostólcio, en una situación no fácil. Las oraciones del Padre Pío fueron acogidas de un modo muy concreto: apenas dos semanas después, he aquí el anuncio del nombramiento de arzobispo de Cracovia. Una designación destinada a lanzar a Karol Wojtyla a la escena mundial. Menos de cuatro años después, en 1967, el arzobispo será nombrado cardenal y once años después será elegido Papa».

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La carta (inédita) de Wojtyla al Padre Pío

Posted by El pescador en 9 febrero 2008

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

«Me permito recomendarle las ingentes dificultades pastorales que mi pobre obra encuentra en la presente situación…». Hay una carta inédita que Karol Wojtyla envió a Padre Pío de Pietrelcina, el fraile con los estigmas, pocos días antes de ser nombrado arzobispo de Cracovia. Una carta nunca publicada ni conocida, que la postulación de la causa de beatificación de Juan Pablo II ha hallado en el archivo de la Curia de Cracovia y que quizá inicialmente había sido confundida con la transcripción de una de las dos carta del futuro Papa al futuro santo ya conocidas. En cambio aquella copia escrita a máquina era del todo desconocida del todo y añade una nueva prueba fundamental a la reconstrucción de la relación entre Wojtyla y el Padre Pío.

Como es sabido se conocían dos letras, escritas en latín y enviadas al fraile el 17 y el 28 de noviembre de 1962 por el joven obispo auxiliar de Cracovia que en aquellos días se encontraba en Roma para el Concilio. En la primera Wojtyla pedía las oraciones del Padre Pío por la médica Wanda Poltawska, madre de familia, enferma de cáncer. En la segunda el obispo agradecía al santo del Gargano por la curación acaecida de la mujer. La nueva misiva (Archivo de la Curia de Cracovia, fondo K. Wojtyla, BI 3123 a), de la cual “Il Giornale” anticipa el contenido, está fechada el 14 de diciembre de 1963 y es más larga que las precedentes. Como las otras dos fue escrita en Roma, probablemente en la conclusión de la segunda sesión del Concilio Vaticano II. Ha sido publicada y comentada por don Francesco Castelli –colaborador de la postulacón de la causa de Juan Pablo II– en el nuevo número de la revista “Servi della Sofferenza”.

Al final de las primeras líneas, Wojtyla hace referencia a las precedentes peticiones dirigidas por él al Padre Pio: «Vuestra paternidad se acordará ciertamente que ya algunas veces en el pasado me he permitido recomendar a Sus oraciones casos particularmente dramáticos y dignos de atención». Y ya aquí hay una primera sorpresa. Hasta hoy, de hecho, se ha sabido siempre que el futuro Papa pidió y obtuvo las oraciones del fraile sólo para la médica Poltawska. No se conocían otros casos. El joven obispo polaco agradece al Padre Pío la curación de una mujer enferma de cáncer –está claro que se trata del caso ya conocido– pero en el número de las personas curadas Wojtyla añade el hijo de un abogado, gravemente enfermo desde el nacimiento. «Ambas personas están bien», declara en el texto inédito. Por lo tanto, además de esta carta y a las dos ya conocidas existe al menos otra misiva con la cual Wojtyla pedía la curación del joven.

El futuro Papa recurre después al Padre Pío por una señora paralizada de su diócesis, por tanto una nueva petición. Ulterior indicio de una relación consolidada. Pero no es todo. Esta vez, de hecho, el obispo añade una petición personal: «Al mismo tiempo me permito recomendarle las ingentes dificultades pastorales que mi pobre obra encuentra en la presente situación». ¿A qué se refiere Wojtyla, que por primera vez pide algo para sí mismo? ¿Y cuáles son las «ingentes dificultades» que apunta? Desde la mitad de 1962 monseñor Wojtyla atraviesa una fase delicata de su vida. En junio de 1962 había muerto el arzobispo de Cracovia, Baziak, y desde hacía meses estaba abierta la búsqueda de un candidato para la sucesión que sea grato al primado polaco, el cardenal Stefan Wyszynski, y a la autoridad del Estado. Wyszynski había presentado más veces ternas de nombre rechazadas por el gobierno comunista. Después de dos ternas distintas rechazadas de plano, un alto funcionario del Partido comunista, Zenon Kliszko, sugiere que se proponga a «un hombre de diálogo, como el joven obispo auxiliar, del cual he olvidado el nombre, con el cual en dos semanas hemos resuelto el caso del seminario de Cracovia».

Aquel obispo es Karol Wojtyla, que había reivindicado cno firmeza el derecho de la Iglesia sobre la sede del seminario, ocupado por los comunistas locales. Con sólo 43 años, Karol Wojtyla se encuentra así arzobispo de la sede cardinalicia de Cracovia, después de haber regido durante más de un año y medio aquella sede como administrador apóstolico, entre «ingentes dificultades pastorales».

Nótese la coincidencia de las fechas. La carta del futuro Papa al Padre Pío, con la petición de oraciones e intercesión, es del 14 de diciembre. Exactamente dos semans después, el 30 de diciembre, llega la designación como arzobispo metropolitano de la prestigiosa diócesis polaca.

Como es sabido, Wojtyla y Padre Pío se encontraron sólo una vez, en 1948. Pero el descubrimiento de esta nueva carta atestigua la profundidad del vínculo existente entre el fraile con los estigmas y el Papa que lo proclamará beato y después santo.

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«Nunca he buscado crear un sistema mío»

Posted by El pescador en 8 febrero 2008

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

«Nunca he buscado crear un sistema mío, una teología mía particular. Si justo se quiere hablar de especificidad, se trata simplemente del hecho de que me propongo pensar junto con la fe de la Iglesia, y esto significa pensar sobre todo con los grandes pensadores de la fe». Palabra de Joseph Ratzinger. Su cultura es obviamente vastísima, pero ¿cuáles son los libros que más ama, los que le han inspirado más?

No puede faltar ciertamente Las Confesiones y La ciudad de Dios de san Agustín. Después se puede citar la Carta al duque de Norfolk, de John Henry Newman, dedicado al tema de la conciencia y de la libertad. Así como no puede omitirse la obra del teólogo francés Henri de Lubac, Catolicismo. Aspectos sociales del dogma, citada en la última encíclica Spe salvi para rebatir la crítica de la modernidad en las comparaciones con la esperanza cristiana, acusada de puro individualismo.Son dos los textos fundamentales para la formación de Ratzinger sobre el cristianismo de los orígenes: L’Impero romano e il popolo di Dio, de Endre von Ivanka, e Chiesa e struttura politica del cristianesimo primitivo, de Hugo Rahner. El futuro Papa había apreciado particularmente las vidas de Jesús de Karl Adam e Giovanni Papini, mientras es decisivo el encuentro en Bonn con el colega Heinrich Schlier, exegeta luterano convertido al catolicismo y maestro del método de exégesis histórico-filológico, contrario a toda reducción intimista y por tanto interior del evento histórico de la resurrección sobre el cual se funda el cristianismo. Uno de sus libros más conocidos es Sulla resurrezione di Gesù Cristo.Ciertamente importante para Ratzinger fue el libro Abbattere i bastioni, del teólogo suizo Hans Urs von Balthasar, escrito en 1952, en el cual el autor sostenía la necesidad de que la Iglesia abandonara su enroque para entrar en diálogo con la cultura moderna. Finalmente no puede faltar en el elenco otro maestro fundamental, Romano Guardini, que con su volumen El espíritu de la liturgia contribuyó al arranque del movimiento litúrgico.

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“Creo en las lágrimas de la Virgencita”. He aquí la firma de Wojtyla

Posted by El pescador en 5 febrero 2008

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

La «prueba» es un documento de dos páginas, datadas el 8 de octubre de 2000, que lleva la firma del entonces obispo de Civitavecchia, Girolamo Grillo. Es una firma inconfundible: la del Papa Wojtyla. Ayer el prelado, entrevistado por Uno Mattina, confirmó personalmente la noticia publicada por primera vez el 25 de enero de hace tres año por Il Giornale: Juan Pablo II creía en la Virgencita de Civitavecchia, la estatuíta de yeso que en febrero de 1995 lloró lágrimas de sangre. Quiso venerarla y tenerla consigo en el Vaticano. Y cinco años después quiso dejar un certificado que probase esta veneración.

Monseñor Grillo, inicialmente escéptico, fue «invitado» a ser más posibilista ante la hipótesis sobrenatural justamente por el Papa Wojtyla, que creía que aquello de las lágrimas de la Virgen era un mensaje importante. En el documento, que es mostrado ahora por primera vez desde que el prelado fue autorizado a hacerlo, se lee que la reconstrucción de aquella extraordinaria velada, cuando Grillo traspasó los muros vaticanos llevando consigo la pequeña estatua de yeso propiedad de la familia Gregori. «Como Usted recordará -escribía el obispo en la carta para Wojtyla- antes de sentarnos a la cena, durante la cual habíamos hablado del lagrimeo de sangre de la “Virgencita de Civitavecchia” que también había venido entre mis manos, habíamos orado juntos delante de la misma efigie de la Virgen, que Usted ha bendecido, poniéndole, sobre la cabeza, después de haberla besado, una pequeña corona de oro y en las manos la coronita de oro del Rosario que la estatuíta todavía lleva consigo».

«Me dijo por tanto -escribía aún Grillo al Papa Wojtyla- que, por ahora, habría sido mejor no hablar de este encuentro y que un día sería libre de decirlo al mundo… Deseo expresar viva gratitud a Vuestra Santidad por el “Acto de confianza” de toda la Iglesia hecho a la Virgen con la solemne concelebración eucarística del domingo 8 de octubre en la plaza de San Pedro, acogiendo así una propuesta mía en tal sentido, presentada a Vuestra Santidad a continuación del lagrimeo de sangre de la Virgen».

Finalmente, en el documento, el obispo de Civitavecchia remacha la autenticidad de cuanto sucedió: «En plena posesión de mis facultades de entendimiento y voluntad, en toda franqueza y verdad.. declaro haber visto el 15 de marzo de 1995 a las 8.15 llorar en mis manos la estatuíta de la Virgen proveniente de la parroquia de San Agustín en Civitavecchia. De esto han sido testigos oculares y por tanto no puedo mínimamente dudar de su realidad. Aún hoy -escribía todavía Grillo- no logro explicarme como sucedió eso, con ausencia de cualquier truco o engaño tanto en el interior de la estatuíta cuidadosamente pasada por rayos X, como en mí y en mis familiares que estábamos en estado de plena conciencia y no proclives a asistir a un nuevo lagrimeo». A este texto, que recordaba lo acaecido, Juan Pablo II quiso estampar, con la caligrafía ya tremolante, su firma y la fecha, 20 octubre 2000.

En el documento y en el diario personal, el obispo no sigue más allá. Pero resulta evidente que el místico Karol Wojtyla consideraba aquellas lágrimas una «señal» importante. Como es sabido, falta aún un pronunciamiento oficial y definitivo de la Iglesia sobre aquel misterio. Pero cuanto sucedió no podrá dejar de tener peso.

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Darwin, el evolucionismo y el hombre fruto del azar

Posted by El pescador en 5 diciembre 2007

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

Los visitantes de este blog habrán tenido oportunidad de leer la encendida discusión (no la he visto aún en realidad casi… encendidas), originada de la encíclica “Spe salvi” de Benedicto XVI, con respecto al origen del hombre. Quisiera decir la mía y recordar que aquello que aparece comprobado científicamente es la evolución, o sea la transformación de las especies vivientes. El evolucionismo, o sea la teoría que quiere interpretar y explicar la evolución, en cuanto a comprobaciones científicas permanece como una hipótesis. Del mismo modo esta probada científicamente la microevolución, o sea las diversidades cualitativas y cuantitativas existentes entre las especies vivientes, resultantes de la combinación diversa de los mismos elementos. Pero no está demostrada la macroevolución, o sea la aparición de especies vivientes absolutamente nuevas debidas al originarse novedad orgánica. Los más recientes descubrimientos de la genética, mientras confirman las leyes de Mendel (o sea la existencia de normas que con exactitud describen los mecanismos de la transmisión de los caracteres hereditarios de un individuo a otro), no confirman del todo la casualidad a través de la cual se verificarían la selección natural segúna la concepción darwiniana. Ante esta evidencia, los neodarwinistas han reformulado su teoría, sosteniendo que la selección natural se verificaría haciendo que se transmitan sólo las mutaciones genéticas más adecuadas a la supervivencia: sólo dejando transcurrir periodos de tiempo larguísimos se podrían constatar cambios apreciables en la especie. Esta nueva “teoría sintética” es comúnmente aceptada, pero los paleontólogos estadounidenses Jay Gould y Niles Eldredge, evolucionistas pero adversarios del lentísimo gradualismo, creen por el contrario que la aparición de nuevas especies acontecería de manera contraria, o sea con rapidez, por saltos. Ni siquiera estas dos hipótesis contrapuestas -evolución lenta y evolución veloz- están documentadas científicamente. Dicho esto, como cristiano me atengo al principio del realismo: la realidad viene antes que la teoría. Hasta que no sea probado científicamente el evolucionismo neodarwinista, permanece como una hipótesis que se puede discutir, tanto más cuanto no aparece sufragada por los más recientes descubrimientos sobre el ADN. No se trata aquí de introducir argumentos filosóficos-metafísicos (como pretenden hacer por otra parte los negadores de la existencias de Dios que de paleontólogos se improvisan teólogos): come creyente non tengo ninguna dificultad en aceptar que el acto creativo de Dios haya sido el arranque inicial a la materia y las leyes que han llevado al nacimiento del hombre. Lo que no puedo aceptar como dato adquirido científicamente son teorías que por el momento no responden a los requisitos científicos. No se trata aquí de hacerse los “creacionistas”, sino de atenerse a los hechos. Perdonad si lo digo, pero me parece esta una posición más laica que la de los muchos dogmatismos de quien pretende asegurar como un dato de hecho documentado y atestiguado que la jirafa es el resultado evolutivo del atílope necesitado de alcanzar las ramas más altas (incluso no se comprende por qué tuvo que cambiar también el color de la piel) o que la aparición del hombre es solamente fruto del azar.

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Benedicto XVI contra los ateos: “La ciencia no lleva al Paraíso”

Posted by El pescador en 4 diciembre 2007

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

 

«No es la ciencia la que redime al hombre». Es ilusorio creer en la posibilidad de realizar un mundo perfecto, un paraíso en la tierra, «gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política fundada científicamente»: todos los que han intentado hacerlo, como el marxismo, han dejado tras sí «una destrucción desconsoladora». Las leyes de la materia no gobiernan el mundo y el hombre, «sino un Dios personal». Las leyes de la materia y de la evolución no son la última instancia, representada por el contrario por «razón, voluntad, amor», por «una Persona». Sólo conociendo y amando a esta persona, Dios, el hombre se hace libre y no es más esclavo. Lo escribe el Papa en su segunda encícilica «Spe salvi», que toma el comienzo de las palabras de San Pablo a los Romanos, «en la esperanza hemos sido hechos salvos».

En 79 páginas, Benedicto XVI afronta el tema de la esperanza cristiana, ilumina la caída de las ideologías modernas, y pide también al cristianismo contemporáneo que haga autocrítica notando cómo, frente al progreso de la ciencia, se ha dedicado exclusivamente al individuo y a sus salvación restringiendo «el horizonte de su esperanza» y terminando por no reconocer «la grandeza de su tarea».

Los cristianos, escribe el Papa, presentan como rasgo distintivo el de «tener un futuro», incluso en las condiciones más adversas, incluso en los sufrimientos más atroces, como enseñan los ejemplos de los mártires: «No es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente». En la base de esta esperanza, explica Ratzinger, hay el Evangelio, «una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par». Los cristianos viven «la espera de las cosas futuras a partir de un presente ya dado». El ejemplo sobre el que detiene es el de santa Josefina Bakhita, la pequeña esclava vícitma de terribles sufrimientos, que después de hacerse cristiana no se sentía más esclava, sino libre hija de Dios. Es el encuentro con «el Señor de todos los señores», con «con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud» el gran secreto del cristianismo, que no lleva «un mensaje socio-revolucionario», sino la posibilidad de una transformación «desde dentro» de la vida y del mundo. Sólo entrando en relación el Dios personal que se ha revelado en Jesucristo el hombre llega a ser verdaderamente libre: «El cielo no está vacío. La vida no es el simple producto de las leyes y de la casualidad de la materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu que en Jesús se ha revelado como Amor».
Benedicto XVI analiza por tanto lo que ha sucedido tras la revuelta epocal de los últimos siglos, cuando las nuevas conquistas técnicas han puesto al hombre «capaz de lograr una interpretación de la naturaleza conforme a sus leyes», una nueva correlación «entre ciencia y praxis». Es un pasaje fundamental, que Ratzinger describe a través de las palabras del filósofo Bacon. Mientras hasta el final de aquel momento la recuperación del paraíso era esperado de la fe en Jesús, de su redención, ahora la «restauración» del paraíso perdido se espera «de la correlación apenas descubierta entre ciencia y praxis». La fe no es negada, sino relegada al ámbito de las cosas solamente privadas y ultraterrenas, y «al mismo tiempo que resulta en cierto modo irrelevante para el mundo». Esta visión, según el Papa, influye «en la crisis actual de la fe que, en sus aspectos concretos, es sobre todo una crisis de la esperanza cristiana».

Entre las etapas esenciales de este nuevo curso, la encíclica cita la Revolución francesa como intento de instaurar el dominio de la razón y de la libertad en modo políticamente real. Y después la segunda revolución, la proletaria. Con Marx, «el progreso hacia lo mejor, hacia el mundo definitivamente bueno, ya no viene simplemente de la ciencia, sino de la política». Marx «suponía simplemente que, con la expropiación de la clase dominante, con la caída del poder político y con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén». Los pueblos sometidos a esta ideología no han tenido el paraíso sino sólo una «destrucción desoladora».

La lección que el Papa extrae de este excursus histórico es que «la razón del poder y del hacer debe urgentemente» abrirse «a las fuerzas salvadoras de la fe, al discernimiento entre el bien y el mal. Sólo de este modo se convierte en una razón realmente humana». Es ilusorio creer que las solas estructuras buenas puedan salvar el mundo porque «el hombre nunca puede ser redimido solamente desde el exterior». Pensar que el hombre pueda redimirse gracias a la ciencia es un error, significa «pedir demasiado» a la ciencia misma. «La ciencia –explica más Ratzinger– puede contribuir mucho a la humanización del mundo» pero «puede también destruir al hombre y al mundo si no está orientada por fuerzas externas a ella misma». No es pues la ciencia la que redime, porque el hombre es redimido a través del amor. En la última parte de la encíclica, Benedicto XVI habla de los «lugares» de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza. El primero es la oración, el segundo es representado por el sufrimiento, que es preciso tratar de superar, sabiendo sin embargo que «extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal». El Papa define como «cruel e inhumana» una sociedad que no es capaz de aceptar los sufrimientos. El último «lugar» es el juicio. El ateísmo ha construido un mundo moral «sin esperanza» porque «nadie ni nada garantiza que el cinismo del poder –bajo cualquier seductor revestimiento ideológico que se presente– no siga mangoneando en el mundo». Sólo Dios, en cambio, «puede crear justicia» y la fe «no cambia lo torcido en derecho». «Los malvados -asegura Ratzinger- , en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada».

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Y Pío XII alistó al judío para salvarlo de los nazis

Posted by El pescador en 16 noviembre 2007

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

«No soy creyente, no frecuento la Iglesia, pero si me encontrase ante Pío XII me pondría de rodillas, porque si yo y mis hijos existimos, lo debemos a él». Silvio Ascoli, romano, nacido en
1945, está conmovido mientras cuenta la historia de su padre Bruno, «de raza judía» según las normas de las infames leyes raciales, al que el Vaticano salvó de la deportación enrolándolo entre sus guardias. Lo había dicho el pasado junio el cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone: «En octubre de 1943, además de la gendarmería y la guardia suiza, había también la guardia palatina. Para proteger el Vaticano y los inmuebles extraterritoriales había ya 575 guardias palatinos. Entonces, la Secretaría de Estado pidió a la potencia que ocupaba Italia poder contratar otras 1.425 personas para insertar en la plantilla de la Guardia Palatina. El gueto judío estaba a dos pasos…». Ahora un nuevo testimonio confirma aquella ayuda.

«Mi padre había nacido en 1910, la familia de mi abuelo pertenecía a la comunida judía de Ancona, y su hermana junto al marido serían deportados y matados en Auschwitz». Bruno, desaparecido en 1970, era hijo de un matrimonio mixto y no frecuenta la comunidad de los judíos romanos. El 28 de octubre de 1938, justo después de la entrada en vigor de las leyes raciales, el hombre pedido y obtenido el bautismo.

Pero era demasiado tarde para huir del apretón del régimen que se estrecha alrededor de los judíos. El párroco intenta ayudarlo, escribiendo que Ascoli frecuentaba la catequesis hasta agosto de aquel año, pero no sirve de nada.

«Mis familiares trataron de dirigirse al Ministerio del Interior, atestiguando que no estaban inscritos en la comunidad judía. Pero la respuesta fue que cualquiera que tuviese un progenitor judío y no pudiese comprobar la pertenencia a otra religión desde antes de la entrada en vigor de las leyes raciales, era considerado judío. Mi padre se había bautizado demasiado tarde. Para los míos fue un mazazo terrible».

Así los Ascoli son obligados a declarar ante la Gobernación de Roma su pertenencia a la «raza judía». Dos años después, en 1940, Bruno se caso en la iglesia con la católica Maria Bianchi, aunque el matrimonio no pudo tener efectos civiles. «Mi madre se casó con él sabiendo lo que afrontaba». La pareja se establece en via Famagosta, en el barrio Trionfale.

En octubre de 1943, después de la llegada de los alemanes a la capital, Bruno Ascoli se convierte en un fugitivo. «Un día se presentaron en casa unos fascistas y unos nazis, que preguntaban por mi padre. Por suerte estaba fuera. Los míos consiguieron avisarle que no volviera». Bruno escapa y encuentra momentáneamente alojamiento en un altillo, en el garaje de un reparador de neumáticos. «Aquí permanece durante dos semanas, mi madre iba a llevarle de comer a escondidas. Pero al final de octubre, el reparador de neumáticos lo echa porque se había hecho demasiado peligroso tenerlo allí. Fue entonces cuando, gracias al interés de un tío que trabajaba en los museos vaticanos como ujier, mi padre fue alistado en las guardias palatinas». Bruno Ascoli se convierte en un auxiliar de las guardias de honor del Papa, después reside en Oltretevere.

«¡Le salvaron el pellejo! Permaneció allí algunos meses. Aquí están las fotos que lo retratan vestido de guardia palatina dentro de los muros vaticanos. Y en diciembre de 1943 recibe el preciado salvoconducto de la Santa Sede que atestigua su pertenencia al cuerpo de honor del Papa». El hijo Silvio explica que existía una suerte de rotación, en el intento de salvar al mayor número de perseguidos posible. «En los primeros meses de 1944, la Santa Sede indicó a mi padre otro escondite, en via Mocenigo, al lado de los muros vaticanos, cerca de un depósito de madera. Y esto atestigua que había una red organizada de asistencia y de ayuda. Lo he dicho también a mis hijos: si el Vaticano no hubiera ayudado a mi padre, yo tampoco estaría aquí. Creo que el Papa Pacelli había elegido bien: no denuncias públicas que habrían provocado represalias -no me atrevo a pensar qué habría sucedido si las SS hubieran entrado en Oltretevere- sino ayuda concreta a los perseguidos».

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