El testamento del pescador

Archive for the ‘Galileo’ Category

No hay segundo caso Galileo

Posted by El pescador en 28 diciembre 2008

 

clip_image002Isabelle de Gaulmyn (original en francés; traducción mía)
«¿Qué pasaba antes del comienzo del mundo? ¿Qué hacía Dios antes de crearlo? Preparaba el infierno para aquellos que hacen tales preguntas…»… Con esta broma, el célebre astrofísico Stephen Hawking, que sufre una ELA (esclerosis lateral amiotrófica) que lo paraliza totalmente, ha comenzado su exposición sobre la evolución, durante un coloquio organizado por la Academia Pontificia de las ciencias, en el Vaticano. Coloquio sobre un asunto a priori polémico: la teoría de la evolución de la especie humana, del mundo y del universo, a la luz de la fe… Sabemos que el creacionismo, y su sucedáneo, la teoría del «Diseño inteligente» contesta hoy de manera a veces violenta las teorías de Darwin, en nombre especialemente de una cierta concepción de la fe. Ahora bien ello no desagrada a algunos, no habrá, en el Vaticano, un segundo asunto Galileo… El Papa, al recibir a los miembros de la Academia, ha explicado bien cómo las dos lógicas, una horizontal -la ciencia-, la otra vertical -la fe-, no eran incompatibles. Al contrario. Benedicto XVI ha comparado la naturaleza a un libro escrito por Dios, y que está por descifrar también, como la Biblia. Leer la evolución, ha dicho, no es leer un “caos” sino un libro “en el cual nosotros leemos la historia, la evolución, la “escritura”, y la significación en función de los diferentes enfoques de las ciencias”. Pero -puesto que las imágenes cuentan-, retenemos como símbolo de esta “armonía” la del Papa, inclinado, la mano sobre la frente del astrofísico británico como para ponerle en su sitio un mechón rebelde, mientras que éste, por medio de su ordenador-sintentizador le dejaba este mensaje: “Santo Padre, estoy contento de haberme encontrado con Usted. Hoy debería haber un buen encuentro entre Ciencia e Iglesia”.
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La escandalosa censura contra el Papa

Posted by El pescador en 7 febrero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

“Libero” 16 Enero 2008

Un pasaje del discurso que Benedicto XVI habría hecho en la Universidad, y que no ha podido pronunciar, reza:

“Por consiguiente, no necesitaban (los cristianos) resolver o dejar a un lado el interrogante socrático, sino que podían, más aún, debían acogerlo y reconocer como parte de su propia identidad la búsqueda fatigosa de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad íntegra. Así, en el ámbito de la fe cristiana, en el mundo cristiano, podía, más aún, debía nacer la universidad. Es necesario dar un paso más. El hombre quiere conocer, quiere encontrar la verdad. La verdad es ante todo algo del ver, del comprender, de la theoría, como la llama la tradición griega. Pero la verdad nunca es sólo teórica. San Agustín, al establecer una correlación entre las Bienaventuranzas del Sermón de la montaña y los dones del Espíritu que se mencionan en Isaías 11, habló de una reciprocidad entre “scientia” y “tristitia“: el simple saber —dice— produce tristeza. Y, en efecto, quien sólo ve y percibe todo lo que sucede en el mundo acaba por entristecerse. Pero la verdad significa algo más que el saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien. Este es también el sentido del interrogante socrático. Es necesario dar un paso más. El hombre quiere conocer, quiere encontrar la verdad. La verdad es ante todo algo del ver, del comprender, de la theoría, como la llama la tradición griega. Pero la verdad nunca es sólo teórica. San Agustín, al establecer una correlación entre las Bienaventuranzas del Sermón de la montaña y los dones del Espíritu que se mencionan en Isaías 11, habló de una reciprocidad entre “scientia” y “tristitia“: el simple saber —dice— produce tristeza. Y, en efecto, quien sólo ve y percibe todo lo que sucede en el mundo acaba por entristecerse. Pero la verdad significa algo más que el saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien. Este es también el sentido del interrogante socrático: ¿Cuál es el bien que nos hace verdaderos? La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: este es el optimismo que reina en la fe cristiana, porque a ella se le concedió la visión del Logos, de la Razón creadora que, en la encarnación de Dios, se reveló al mismo tiempo como el Bien, como la Bondad misma”.

* * *

Quien procesó a Galileo fue un intelectual laico…

Un grupo de profesores de la Universidad de Roma, en nombre de la “tolerancia”, quiere que el Papa no hable en el ateneo romano (la intervención había sido pedida por las autoridades académicas). Extraña idea de tolerancia. ¿El Pontífice sería una figura que no tiene nada que ver con la universidad? Aparte el hecho de que quien fundó la universidad romana fue justamente el Papa. Prácticamente es su casa. Se lee de hecho en el mismo sitio de internet del ateneo: “El acto de nacimiento de la Universidad de Roma lleva la fecha del 20 de abril de 1303; en este día fue de hecho promulgada por el Papa Bonifacio VIII Caetani la Bula In Supremae praeminentia Dignitatis, con la cual se proclamaba la fundación en Roma del ‘Studium Urbis’ ”. Cosa obvia siendo la Iglesia el origen de la gran parte de nuestras instituciones culturales.

Aparte después el hecho de que Joseph Ratzinger es precisamente un docente universitario, más bien una celebridadd, uno de los más grandes intelectuales de nuestro tiempo y es más bien él quien honra la Universidad de Roma interviniendo, no la Universidad la que hace un favor al Papa. Aparte el hecho, finalmente, de que los laicistas cada tres segundos citan a Voltaire (“no comparto lo que dices, pero lucharé hasta el final para que tú puedas decirlo”) y después lo contradicen en la práctica.

Pero el aspecto más paradójico es otro. Porque aquello que se le imputa al Papa es haber citado –en un discurso pronunciado cuando era cardenal– a un intelectual laico-agnóstico, un antidogmático, un libertario, uno que enseñaba enseñaba en Berkeley donde comenzó la protesta y que –por anarquista- aplaudió la revuelta, en suma un de ellos, el célebre epistemólogo Paul Feyerabend. He aquí su frase citada por el entonces cardenal Ratzinger: “en la época de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo y tomó en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina de Galilei. Su proceso contra Galilei era racional y justo, mientras que su actual revisión se puede justificar sólo con motivos de oportunidad política”.

En efecto el suceso Galilei fue mucho más complejo de cuanto cuentan las historietas que ven un Santo Oficio tenebroso que oprime al iluminado científico. Y el cardenal Belarmino, por otra parte un gran hombre de ciencia, tenía sus razones. Esto intentaba decir el filósofo Feyerabend. Su provocación sobre el proceso no era compartida por Ratzinger que, además, fue el que quiso la revisión del “caso Galileo” con Juan Pablo II. Por tanto es el último en poder ser acusado hoy por esto.

Pero –como estudioso– reconstruyendo el complejo debate moderno sobre aquel caso, para hacer comprender la complejidad de los problemas y la pluralidad de las posiciones en materia, Ratzinger citó también la célebre página de Feyerabend. Por tanto Ratzinger es “excomulgado” hoy en base no al propio pensamiento, sino al pensamiento de otro. Que por encima de todo es un “escéptico”, uno de su misma área cultural laica (pero él es coherente y rechaza todos los dogmas, incluso los suyos). “Son palabras” escriben los profesores romanos “que, en cuanto científicos fieles a la razón y en cuanto dedican su vida al avance y la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan”.

Pero –preguntamos, queridos ilustres profesores– ¿os dáis cuenta de que estas “palabras” citadas por vosotros y “excomulgadas” pertenecen no al papa, sino a un ilustre colega vuestro epistemólogo que ha enseñado durante años en los mayores ateneos? ¿Y como podéis atribuir a uno las palabras del otro? No, los profesores no escuchan razones. Y sentencian: “En nombre de la laicidad de la ciencia y de la cultura y en el respeto de nuestro Ateneo abierto a docentes y estudiantes de todo credo y de toda ideología, esperamos que el incongruente evento pueda ser todavía anulado”. Por tanto, “en nombre del respeto a todo credo” piden que no se haga hablar a Benedicto XVI. Todos, pero no él.

Si no fueran hechos preocupantes, sería para reír. Porque en aquel discurso pronunciado en Parma el 15 de marzo de 1990, evocado y “excomulgado” por los profesores, el cardenal Ratzinger junto con Feyerabend citaba –en una línea análoga– también a otro filósofo, el “marxista romántico” Ernst Bloch sobre el cual sería interesante oír el parecer de los profesores de la Sapienza.

Según Bloch tanto el geocentrismo como el heliocentrismo se fundan sobre presupuesto indemostrables porque la relatividad de Einstein ha barrido la idea de un espacio vacío y tranquilo: “así pues” ha escrito Bloch “con la abolición de un espacío vacío y tranquilo, no sucede ningún movimiento hacia él, sino sólo un movimiento relativo de los cuerpos el uno en relación con los otros y su estabilidad depende de la elección de los cuerpos tomados como puntos fijos de referencia: entonces, más allá de la complejidad de los cálculos que derivarían de ello, no se muestra del todo improponible aceptar, como se hacía en el pasado, que la tierra sea estable y que sea el sol el que se mueva”.

El filósofo marxista no volvía realmente al universo tolemaico, ni a los conocimientos científicos del tiempo de Bellarmino y de Copérnico, para los cuales se podían hacer sólo hipótesis. Bloch hablaba en nombre de los más avanzados descubrimientos científicos del siglo XX, expresaba así –explicaba Ratzinger– “una concepción moderna de las ciencias naturales”. De hecho otra mente excelsa del siglo XX, gran nombre del pensamiento judío, una combatiente contra el totalitarismo, Hannah Arendt, en el libro “Vita activa”, escribe la misma cosa: “Si los científicos precisan hoy que podemos afirmar con igual validez tanto que la tierra gira en torno al sol, como que el sol gira en torno a la tierra, que ambas afirmaciones corresponden a fenómenos observados, y que la diferencia está sólo en la elección del punto de referencia, eso no significa volver a la posición del cardenal Bellarmino y de Copérnico, cuando los astrónomos se movían entre simple hipótesis. Significa más bien que hemos desplazado el punto de Arquímedes a un punto más lejano del universo donde ni la tierra ni el sol son centros de un sistema universal. Significa que no nos sentimos más sujetos ni siquiera al sol, escogiendo nuestro punto de referencia donde quiera que convenga para una finalidad específica”.

Según Arendt “para las efectivas conquistas de la ciencia moderna el paso del sistema heliocéntrico a un sistema sin un centro fijo es tan importante como fue, en el pasado, el de una visión geocéntrica del mundo a una heliocéntrica”. Ratzinger –uno de los grandes intelectuales del mundo moderno– lo ha comprendido muy bien y señala, como Arendt, la necesidad de reflexionar sobre las consecuencias sociales de este nuevo escenario y sobre el uso que, en esta situación, se hace de la ciencia. En cambio el mundo académico italiano, más provinciano e ideologizado, parece aún detenido en el siglo XVII.

Yo pienso que el profesor Ratzinger se reconocería seguro en este otro pensamiento de Arendt: “los primeros 50 años de nuestro siglo han asistido a descubrimientos más importantes que todos los de la historia conocida. Sin embargo el mismo fenómeno es criticado con igual derecho por el agravarse no menos evidente de la desesperación humana o por el nihilismo típicamente moderno que se ha difundido en estratos siempre más vastos de la población; el aspecto quizás más significativo de estas condiciones espirituales es que no perdona ni siquiera a los más científicos”.

Pero ¿os parece que la universidad italiana pueda volar a estas alturas? Donde domina la intolerancia no hay espacio para la aventura del conocimiento y para la inquietud de la pregunta. Hay espacio sólo para las pequeñas luchas de poder en torno al rectorado del cual ha hablado Asor Rosa al “Corriere. Buenas noches Iluminismo.

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