El testamento del pescador

Archive for the ‘Pablo VI’ Category

El atentado contra la Piedad de Miguel Ángel y su restauración (1972). Palabra de Pablo VI sobre el Mal

Posted by El pescador en 15 julio 2014

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Donde está Pedro, allí está la Iglesia

Posted by El pescador en 29 junio 2013

Detrás estaba Pedro y lo seguía [a Jesucristo], siendo conducido por los judíos a casa de Caifás, el jefe de la sinagoga (Cf. Mateo 26,58). Es el mismo Pedro al cual dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mateo 16,18). Donde está Pedro, allí está la Iglesia, donde está la Iglesia, allí no hay ninguna muerte, sino vida eterna. Y por eso añadió: “Y las puertas del infierno no prevalecerán para ella, y te daré las llaves del reino de los cielos” (Mateo 16,18-19). Dichoso es Pedro, para el cual no prevaleció la puerta del infierno, no se cerró la puerta del cielo, sino al contrario destruyó las entradas del infierno, puso al descubierto las cosas celestiales. Así pues puesto en la tierra abrió el cielo, cerró los infiernos.
San Ambrosio de Milán, Explicación del Salmo 40,30.

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Latín para sacerdotes

Posted by El pescador en 25 febrero 2012

Giacomo Galeazzi

(original en italiano; traducción mía)
La importancia de volver a apropiarse sin mediaciones de una herencia cultural extraordinariamente rica. Por qué los sacerdotes deben estudiar la lengua de Cicerón y de Tertuliano.
VATICANISTA DE LA STAMPA
Los sacerdotes deben estudiar latín. Quien celebra el valor de la lengua clásica es monseñor Celso Morga Iruzubieta, secretario de la Congregación para Clero, que ha dedicado al tema una intervención en un congreso en la Pontificia Universidad Salesiana. Parte de la intervención está reproducida en el Osservatore Romano. “El conocimiento de las lenguas clásicas -ha dicho mons. Morga Iruzubieta- es tanto más necesario para el sacerdote en su tarea de educador del pueblo y formador de la comunidad para que madure la fe mediante la práctica de una caridad sincera y activa, el ejemplo, la oración, el ejercicio de aquella libertad con la cual Cristo mismo liberó a la humanidad, volviéndolo instrumento eficaz para indicar o hacer más facil a quien aún no cree en el camino que lleva a Cristo y a su Iglesia y para estimular, alimentar y sostener también a los creyentes en la lucha espiritual”. “En el estado actual -añade- parece improbable que se consiga hacer apreciar al sacerdote, aún menos en la fase inicial del propio recorrido formativo, el valor del latín como lengua dotada de nobleza de estructura y de léxico, capaz de promover un estilo conciso, rico, armonioso, pleno de majestad y de dignidad, que beneficia a la claridad y a la seriedad, apta para promover toda forma de cultura, el humanitatis cultus, entre los pueblos. En esta recuperación de una identidad cultural propia, en esta reasunción desde el fondo de las motivaciones de la presencia misma de la Iglesia en la sociedad se configura la importancia del latín en el currículum escolar de los aspirantes al sacerdocio, rescatándola de toda simplista -además de incorrecta y reductiva- cuestión sobre su funcionalidad práctica y devolviéndole el papel de materia ampliamente formativa”. Sólo a través del latín, en opinión de mons. Morga, “el sacerdote aprende como fundamento de la propia formación el trato con el Deus caritas y hace del praevenire amando agustiniano, el llegar primero en el amar, la columna que sostiene todo aquel sistema pedagógico que es el apostolado”.

N. del T.

No olvidemos que L’Osservatore Romano es el periódico del Vaticano.

El congreso al que alude el texto está anunciado en este enlace.

La noticia en el portal Infocatólica.

 Texto, en latín y en español, de la Constitución apostólica “Veterum sapientia”, sobre el estudio del latín, promulgada por el Beato Juan XXIII el 22-2-1962.

Sobre este tema, ver también esta otra entrada.

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La “Humanae vitae”: una profecía científica

Posted by El pescador en 5 enero 2009

(original en italiano; traducción mía)
Documento de la Federación internacional de las asociaciones de médicos católicos

 

de Pedro José María Simón Castellví

Presidente de la Federación internacional de las Asociaciones de médicos católicos (FIAMC)

La Federación que tengo el honor de presidir acaba de publicar un documento oficial para conmemorar el cuadrágesimo aniversario de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI, de recordada memoria. Se trata de un texto muy técnico, largo, de cien páginas, con trescientas citas bibliográficas, la mayor parte de revistas médicas especializadas.

El documento ha visto la luz después de muchos meses de investigación y de intenso trabajo de recogida de datos. Es justo acordarse del editor, el suizo Rudolf Ehmann, que ha dedicado a su redacción los mismos meses exactos de un embarazo. No había sido hecho nunca algo similar desde el punto de vista médico,dado el modo de trabajar y de escribir al cual estamos acostumbrados nosotros los médicos. Además el texto original alemán es bello y está bien escrito. ¿Cuáles son sus claves de lectura? ¿Dice algo nuevo a la Iglesia y a la sociedad? Se debe considerar como una prueba pericial cualificada para valorar aspectos importantes de la contracepción. Escrito con todos los requisitos científicos, sin ningún complejo de inferioridad respecto a cualquier debate de obstetricia y ginecología, llega a dos conclusiones que no deberían pasar inobservadas ni a la Iglesia ni a los de fuera de ella.
En primer lugar, demuestra irrefutablemente que la píldora denominada anovulatoria más utilizada en el mundo industrializado, aquella con bajas dosis de hormonas estrógenas y progesténicos, funziona en muchos casos como un verdadera efecto anti-implantatorio, o sea abortivo, puesto que expulsa un pequeño embrión humano. El embrión, incluso en sus primeros días, es algo distinto de un óvulo o célula germinal femenina. El embrión tiene un crecimiento continuo, coordinado, gradual, de tal fuerza que, si no hay algo que se lo impida, termina con la salida del seno materno en nueve meses dispuesto a devorar litros de leche. Este efecto anti-implantatorio está admitido por la literatura científica. Se habla incluso sin pudor de tasa de pérdida embrional. Curiosamente sin embargo esta información no llega al gran público. Los investigadores están al corriente de ello y está presente en los prospectos de los productos farmacéuticos buscados para evitar un embarazo.
Otro aspecto  interesante tiene que ver con los efectos ecológicos devastadores de las toneladas de hormonas arrojadas cada año al medio ambiente. Tenemos datos suficientes para afirmar que uno de los motivos para nada despreciables de la infertilidad masculina en Occidente (con siempre menos espermatozoides en el hombre) es el envenamiento ambiental provocado por productos de la “píldora”. Estamos aquí ante un efecto anti-ecológico claro que exige ulteriores explicaciones de parte de los fabricantes. Son conocidos para todos los otros efectos secundarios de las combinaciones entre estrógenos y progesténicos. La misma Agencia internacional de investigación del cáncer (Interntional Agency for Research on Cancer), con sede en Lyón, agencia de la Organización mundial de la salud (OMS), en su comunicado de prensa del 29 de julio de 2005, había constatado ya que los preparados orales de combinados estrógeno-progesténicos eran cancerígenos y los había clasificado en el grupo uno de los agentes cancerígenos…
Lo triste en todo esto es que, si se trata de regular la fertilidad, no son estos productos necesarios. Los medios naturales de regulación de la fertilidad (“Nfp” o Natural Family Planning) son lo mismo de eficaces y además respetan la naturaleza de la persona.
En este sexagésimo aniversario de la Declaración de los derechos humanos se puede decir que los medios anticonceptivos violan al menos cinco importantes derechos: el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educacion, el derecho a la información (su difusión sucede a costa de la información sobre medios naturales) y el derecho a la igualdad entre sexos (el peso de la anticoncepción recae casi siempr sobre la mujer).
La FIAMC se ha comprometido con la ciencia y la verdad desde sus orígenes. Por eso estudiamos y mencionamos tanto el efecto principal y los secundarios de estos fármacos. La clave de nuestra antropología no consiste sin embargo sólo en el hecho de que examinamos los productos abortivos que tienen consistentes efectos secundarios o que son incluso inútiles. Nosotros vamos más allá.
La sexualidad es un don maravilloso de Dios a los cónyuges. Los une tanto que cualquier elemento externo que se interponga entre ellos es un tercero sin derechos. Los cónyuges se dan totalmente el uno al otro, también la propia capacidad generativa. Si una nueva vida no es posible por graves motivos, también forma parte de la intimidad conyugal utilizar los periodos no fecundos de la mujer para tener relaciones que deben ser siempre satisfactorias para ambos y unirlos siempre más. A cuantos ven algunos documentos de la Iglesia como compendios de prohibiciones, les pedimos vivamente que lean los códigos civiles, penales o mercantiles de los países occidentales. ¡Allí sí que hay prohibiciones! No discuto su oportunidad, pero creo que estos mismos códigos se basan más sobre las premisas fundamentales de la libertad personal y del comercio que apuntan a la felicidad de las personas y a la eficiencia de las sociedades y que, en definitiva, justifican algunas prohibiciones. La Iglesia tiene en gran estima la sexualidad y creo que, si se adquieren una formación y hábitos correctos, la vida es más fácil y se juzgan positivamente algunos límites que efectivamente existen.
Nosotros los médicos católicos somos plenamente conscientes de deber invertir mucho más en la maternidad. Más también en recursos humanos, en la educación y en recursos financieros. La doctrina de la Humanae vitae es poco seguida, y entre otras cosas, porque en su tiempo demasiados médicos no la aceptaron. La pregunta opuesta puede ayudarnos a ver cuán profético fue Pablo VI. Si hubiera aceptado la “píldora”, ¿hoy habríamos podido prescribir con conciencia algunos productos que sabemos que son anti-implantatorios? El prestigio del médico le consiente ofrecer con autoridad a los cónyuges alternativas a la contracepción. La relación entre médico y paciente es tan fuerte que difícilmente se rompe, incluso si hay en medio un teólogo disidente. Para tal fin es sin embargo necesario formar e informar más y mejor a los médicos sobre la fertilidad. Creo que nosotros los médicos católicos continuaremos desarrollando nuestra profesión. No obstante, vista la situación actual -con progresos muy lentos, muchas reticencias y millones de personas implicadas- oso llamar respetuosamente a la Iglesia a crear una comisión especial para la Humanae vitae.

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¿Para qué sirve el Papa?

Posted by El pescador en 15 septiembre 2008

(original en francés; traducción mía)


Mientras que Benedicto XVI debe llegar el 12 de septiembre a Francia para un viaje a París y Lourdes, se vuelve sobre el papel del obispo de Roma en la Iglesia católica y en el mundo

El término viene del griego ‘pappos’ que, desde Homero, es utilizado para marcar una veneración, respetuosa. En Oriente designa después a los obispos y a los sacerdotes. Aparece en Occidente a comienzos del siglo III, reservado a los obispos.

No es hasta el siglo VIII cuando los obispos de Roma lo emplean para ellos mismos cada vez más a menudo. En el siglo XI, mientras es necesario asentar el poder de Roma frente a otras ciudades e imponer progresivamente la autoridad apostólica, Gregorio VII, en un«dictatus papae», establece que el título será a partir de entonces reservado al sucesor de Pedro, «porque es único en el mundo».

La palabra no tiene nada que ver, etimológicamente, con el familiar «papa» de los niños hacia su padre. La confusión viene del hecho de que en Italia, en las familias, se ha extendido el uso francés de decir «papà», con acento sobre la última sílaba, mientras que la palabra italiana era originalmente «babbo».

El “Viva il papa!” que se escucha en la plaza de San Pedro para el papa no tiene nada que ver, como lo creen a veces los turistas francófonos en Roma, con un familiar “¡viva el papá!”… Explicaciones sobre las prerrogativas del jefe de la Iglesia católica.


¿Cómo es elegido el papa?

Y primero, ¿quién puede ser elegido? En teoría, todo bautizado que cumpla las condiciones para llegar a ser obispo, porque el papa es el obispo de Roma. En realidad, desde el siglo XV, el papa ha sido elegido siempre entre los cardenales. Los electores son en efecto los cardenales, que son nombrados ellos mismos por los precedentes soberanos pontífices.

La elección del papa está regulada de manera extremadamente meticulosa por textos que prácticamente cada papa a retocado. Pero el objetivo ha seguido siendo el mismo: crear las condiciones para que el nuevo papa pueda tener los medios de asegurar su misión con toda independencia.

Lejos de presiones extrañas, de injerencias mediáticas, los cardenales se reúinen pues en cónclave, en secreto, dentro de la capilla Sixtina.

Sólo aquellos que tienen menos de 80 años participan en el cónclave: una regla introducida por Pablo VI en 1970, para evitar que el alargamiento de la duración de la vida no haga crecer demasiado el peso de los cardenales más ancianos. Es elegido aquel que obtenga más de dos tercios de votos en el curso de los escrutinios.

Esta regla de dos tercios había sido modificada por Juan Pablo II y la sustituyó por la de la mayoría al final de un cierto número de días sin resultado; uno de los primeros actos de Benedicto XVI fue sin embargo volver a la antigua práctica, por miedo a que el papa pueda ser el rehén de una parte del Sacro Colegio en lugar de representar a la Iglesia entera.

No hay campaña electoral. Sin embargo, antes del cónclave, los cardenales -incluidos aquellos de más de 80 años- se reúnen en congregaciones generales para evocar los grandes problemas y desafíos de la Iglesia. Un tiempo importante donde se bosquejan las grandes tendencias que después “harán” la elección.

¿Cuál es su papel pastoral ?

“Bendito sea Dios que te ha elegido como pastor de toda la Iglesia”, dice el cardenal protodiácono entregando al nuevo elegido, al comienzo de su ministerio, el palio. El papa no es un “súper-obispo”.

Su papel pastoral es universal, pero le es correspondiente por derecho según los términos mismos empleados por Jesús para Pedro: “Confirma a tus hermanos en la fe”.

He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones“, ha dicho en ese sentido Benedicto XVI a los jóvenes australianos este verano, durante la JMJ.

Es lo que se llama el magisterio del papa, que no ejerce solo, sino con el conjunto de los obispos, sucesores de los Apóstoles, cuyo colegio él preside. Este magisterio aspira a transmitir el mensaje de Cristo en su integridad y a asegurar la unidad de la fe. Integridad, para evitar desviaciones, malas interpretaciones, sectarismo u otras cosas; unidad, para preservar la Iglesia del cisma.

Es una forma de enseñanza, que el papa ejerce cotidianamente, por medio de discursos, de cartas, de homilías, de audiencias. O de manera más solemne, por medio de textos que tienen un alcance general, encíclicas o exhortaciones apostólicas.

Este Magisterio se ejerce en comunión con los obispos, que el papa puede consultar sobre tal o cual punto: es el caso de las exhortaciones apostólcias que recogen las conclusiones de una asamblea del Sínodo de los obispos.

En cambio, podemos notar que las dos encíclicas publicadas hasta hoy por Benedicto XVI son muy personales, y enteramente escritas por el papa, aunque la segunda parte de “Deus caritas est” se inspira claramente en una reflexión sobre la acción caritativa de la Iglesia elaborada por el Consejo pontificio Cor Unum.

¿Cuál es el poder del papa sobre los fieles?

El poder del papa se extiende al conjunto de la Iglesia católica, no depende de ningún otro, y no tiene necesidad de delegación especial para ser ejercido. Pero no ejerce sin embargo un poder absoluto. En cada diócesis el obispo tiene competencia total sobre la porción del pueblo de Dios que le está confiado, según el principio de subsidiariedad.

También el papa debe decidir en colegialidad con los otros obispos. Por otro lado, la Iglesia no es una secta. La obediencia, en el sentido estricto, es requerida cuando un acto jurídico lo pide explícitamente: por ejemplo una prohibición de publicación para un teólogo, que, desués de haber hecho recurrido eventualmente, debe someterse.

Pero para todo lo que es de la doctrina, hace falta más bien hablar de adhesión al Magisterio, la cual implica reflexión y libertad en conciencia. Como dice el Derecho canónico, la adhesión al Papa no es del mismo orden que la sumisión al acto de fe, al cual están en cambio obligados todos los católicos.

Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres” (canon 752). Salvo que la infabilidad del Papa esté comprometida, lo que implica entonces una obediencia absoluta -pero eso no se hace más que de manera extremadamente precisa y limitada: en realidad, los casos de infabilidad son muy raros, el último se remota a 1950 para la proclamación del dogma de la Asunción.

¿El Papa tiene peso en la diplomacia internacional?

Difícil de medir con exactitud el peso diplomático de la Santa Sede. El Papa no ejerce, retomando la fórmula de Pablo VI, fficile de mesurer avec exactitude le poids diplomatique du Saint-Siège. Le pape n’exerce, más que una “minúscula y casi simbólica soberanía temporal”. Heredero de la época en que disponía de un verdadero poder temporal en Europa, el Papa dispone de un aparato diplomático, con embajadores (los nuncios), y mantiene hoy relaciones diplomáticas con 176 Estados.

Juan Pablo II se implicó mucho en el escenario internacional, y su acción ha podido tener una influencia decisiva, por ejemplo en la caída del muro de Berlín o en la condena de la intervención americana en Iraq; Benedicto XVI está menos presente en este plano.

Más generalmente, esta diplomacia puede desempeñar un papel en el país donde la comunidad católica es numerosa e influyente: en la República Democrática del Congo ha tenido peso en el proceso de paz, o incluso en el Líbano o en América del Sur. Sobre todo se escucha la voz del Papa en el plano de los grandes principios internacionales.

Después de la segunda mitad del siglo XX, ha adquirido el reconocimiento de una forma de autoridad moral y espiritual, que le permite recordar aglunos grandes principios de la humanidad: dignidad del hombre, libertad de pensamiento y de religión, protección de la vida, solidaridad con los países más pobres…

Ciertamente la eficacia de estas intervenciones es, por naturaleza, limitada. Haría falta por tanto no desatender este papel: en mayo pasado, cuando Benedicto XVI subió a la tribuna de las Naciones Unidas en Nueva York, todos los países estaban representados, y fue escuchado muy atentamente, ciertos embajadores se alegraban abiertamente de ver teorizada así la universalidad de los derechos del hombre.

¿Cuál es su papel con las otras religiones?

Con las otras Iglesias, el Papa desempeña hoy un papel de primer orden. No es que la iniciativa venga de él: al contrario, el ecumenismo tal como se entiende hoy día, es decir el diálogo teológico con las otras confesiones cristianas en vista a restablecer su unidad, nació en el siglo XIX aparte de Roma, es decir a sus espaldas.

Pero a partir del Vaticano II, Juan XXIII transforma el papel del Papa: convidando a observadores cristianos no católicos, lanza el “ecumenismo pontifical”. Desde entonces, el papel del Papa será decisivo, en los avances como en las dudas del ecumenismo.

En el plano teológico, el obispo de Roma puede dar impulsos, más aún cuando su función misma constituye un punto de fricción con los otros cristianos: en la encíclica ‘Ut unum sint’ (1995), Juan Pablo II ha invitado a las otras Iglesias a discutir modalidades de ejercicio de su ministeriode Pedro.

Benedicto XVI ha relanzado el diálogo con los ortodoxos sobre este punto, aunque él no participa, pues tiene lugar entre teólogos. El Papa puede también querer “volver a encuadrar” este diálogo teológico, como lo ha hecho Benedicto XVI aprobando una nota de la Congregación para la doctrina de la fe reafirmando que la Iglesia de Cristo “subsiste” en la sola Iglesia católica.

El papel pastoral del Papa al servicio de la unidad cristiana es quizás aún más importante cuando se encuentra con responsables de otras Iglesias, mostrando así un acercamiento verdadero más allá de las divergencias teológicas. Es lo que ha hecho reciente y largamente, el 5 de mayo, con el primado anglicano Rowan Williams.

Está asimismo en las relaciones con las otras religiones, en particular el islam. Desde Juan Pablio II, el Papa es un motor de ese diálogo y considerado como tal por los interlocutores musulmanes.

Benedicto XVI aprendió en sus propias carnes en Ratisbona en septiembre de 2006: quiera o no, lo que dice el Papa en esa área encuentra un eco considerable y tiene grandes repercusiones, debe sopesar cuidadosamente sus palabras y ademanes.

Hacia él se dirigieron lógicamente los musulmanes para relanzar el diálogo, que ha desembocado en la programación de un gran encuentro islamo-católico del 4 al 6 de noviembre próximos en Roma.

¿Cómo gobierna la Curia?

“Sobre la punta de los pies”, respondía, con su gran sonrisa, Juan Pablo I. La Curia romana es una organización administrativa compleja, producto de un apilamiento histórico de siglos de tradiciones y que no es fácil de manejar hoy. Está compuesta de dicasterios (Congregaciones, Consejos pontificios, Tribunales…) cuyos prefectos o presidentes nombra él.

Como los ministerios, cada uno tiene atribuciones específicas, para las cuales dispone de un poder administrativo: la liturgia para la Congregación para el culto divino, decretos de beatificación o de canonización para la de las causas de los santos, etc.

Esto puede ser una especie de consejo, como el nombramiento de obispos, hecho por el Papa pero preparado por la Congregación para los obispos. Un mismo documento puede ser releído por numerosos dicasterios, particularmente por la Congregación para la doctrina de la fe, lo que explica la lentitud de ciertas publicaciones.

Para el gobienro de la Iglesia propiamente dicho, el Papa se apoya en la Secretaría de Estado, cuyo papel ha crecido considerablemente en el siglo XX.

Está compuesta de dos secciones: los asuntos generales, que comprende ocho divisiones lingüísticas, por donde pasa todo el correo y donde se hacen traducciones y notas de síntesis, y las relaciones con los Estados, encargada de la diplomacia de la Santa Sede.

Esta verdadera placa giratoria de la Curia está dirigida por un cardenal Secretario de Esgtado, hoy el salesiano italiano Tarcisio Bertone, una especie de “primer ministro” del Papa.

En realidad, lejos de formar un bloque monolítico, la Curia presenta una realidad compleja. Universalidad de la Iglesia obliga, está compuesta de diversas nacionalidades, aunque domine Italia, y de tendencia y corrientes a menudo diferentes, o sea opuestas, con las cuales el Papa debe contar.

Además, un nuevo Papa no viene con su propio equipo, como en las democracias actuales. Es raro que se separe de colaboradores que no hayan alcanzado la edad del retiro (75 años): Benedito XVI lo ha hecho con Mons. Fitzgerald, encargado del diálogo interreligioso con Juan Pablo II, y el cardenal Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, nombrado para Nápoles. Son excepciones, que marcan un profundo desacuerdo -pero la práctiva es más bien la continuidad.

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Divinas lágrimas de mujer

Posted by El pescador en 14 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

Ha causado alboroto en 1995 el caso de la Virgen de Civitavecchia. Hoy, después de diez años exactos de atentos análisis, llevados a cabo por especialistas que están fuera de toda duda, se ha debido reconocer que aquellas lágrimas de sangre (humana) que brotan de una Virgencita de yeso (una estatua pequeñita rellena, como han revelado las radiografías, sin nada sospechoso en su interior) son científicamente inexplicables. Es por tanto la razón humana, aquí, que “ve” con los ojos y toca “con mano” una chispa de sobrenatural que ha hecho irrupción en la historia (así como en los clamorosos milagros que suceden en Lourdes y en tantos otros lugares). Para no reconocer la evidencia del Milagro en este caso sería preciso renegar de la razón y refugiarse en el prejuicio. Como decía un gran periodista y escritor inglés, Gilbert K. Chesterton: “Quien cree en los milagros lo hace porque tiene pruebas a su favor. Quien los niega lo hace porque tiene una teoría contraria a ellos”.
Aquí un simple hecho hace correr ríos de tinta que también en estos días ciertos solones de un viejo laicismo han esparcido. Pienso en Eugenio Scalfari que en el Espresso para abroncar el racionalismo cristiano de Buttiglione ha pretendido llamar en su ayuda “el principio de indiferencia de Heisenberg” del cual debe conocer bien poco si se equivoca incluso en el nombre (quería quizá citar el “principio de indeterminación” enunciado por Heisenberg en 1927).En realidad la ciencia contemporánea no lleva de hecho hacia Scalfari y las viejas ideologías laicistas, sino hacia la eterna juventud de Dios como demuestra la recientísima “conversión” de Anthony Flew, el heredero de Bertrand Russel, con el que durante decenios ha sido el maor símbolo del ateísmo filosófico. Pues, al final, frente a la evidencia de las investigaciones científicas ha debido invertir sus posiciones y reconocer una misteriosa Inteligencia superior que ha ordenado el cosmos.Si será aún fiel a su lema socrático –“sigue la evidencia a donde quiera que te conduzca”– descubrirá un hecho aún más extraordinario: que aquella Inteligencia superior (que los griegos llamaban Logos) no se quedó lejos del hombre, no lo ha abandonado, sino que se ha hecho ella misma hombre y ama apasionadamente y tiernamente a toda criatura. Y está presente en la historia.Esto es lo que dice (también) el evento de Civitavecchia. Pero no sólo. Y estos días no se ha recordado que aquella estatuita viene de Medjugorje. El párroco de Pantano que después la regaló a los señores Grigori, en septiembre de 1994, la compró de hecho en una tiendecita de este pueblo de la Herzegovina donde había ido en peregrinación porque allí, desde hace ya 23 años aparece periódicamente la Virgen a seis muchachos (hoy hechos adultos). Es por tanto una clamorosa confirmación de los hechos de Medjugorje.Justamente en un apasionado mensaje de la Virgen de Medjugorje (el 24 de mayo de 1984) se habla de lágrimas de sangre. “Queridos hijos, en cada instante, cuando tengáis dificultades, no tengáis, porque yo os amo también cuando estáis lejos de mí y de mi Hijo. Os ruego, no permitáis que mi corazón llore lágrimas de sangre por las almas que se pierden en el pecado”.

Marija Pavlovic, una de las videntes, en una larga entrevista con el padre Livio Fanzaga que le recordaba este mensaje a propósito de la estatuita, ha declarado: “Para mí (el suceso de Civitavecchia, nda) tiene un significado muy grande, no tanto porque la Virgen ha llorado, en cuanto que la Madonna ha llorado, en cuanto la he visto también yo llorar, sino porque ha llorado lágrimas de sangre y ha llorado cerca de Roma. Todo el conjunto dice mucho”. El entrevistador ha probado a saber más de esto, pero la muchacha se ha cerrado de manera que se intuyó que estaba pensando en uno de los diez misterios secretos sobre el mundo que la Virgen les ha confiado.

¿Significa a lo mejor que alguno de los Secretos tiene que ver con Italia? ¿O Roma? ¿O la Santa Sede? ¿Tiene un significado simbólico que la estatua de la Virgen haya llorado lágrimas de sangre entre los brazos de un obispo que hasta poco antes era totalmente escéptico? ¿Prefigura algo que acontecerá?

Marija no responde. Repite sin embargo: “La Virgen nos ha dicho: ‘Orad por el Santo Padre, porque este Papa lo he elegido yo para estos tiempos’… Pienso de modo particular cuando vemos que el Santo Padre tiene menos fuerzas, y también en los próximos años, cuando estaremos en el paso entre un Papa y otro y cuando será el momento de elegir un nuevo Papa, debemos dejarnos guiar por la oración y por el Espíritu Santo…”.

Parecería que en el paso de pontificado deba acaecer algo dramático. Pero también esta deducción en el fondo puede ser arbitraria. Hay sin embargo otros aspectos simbólicos e inexplorados en los hechos de Civitavecchia. Por ejemplo un detalle que, al momento, sembró desconcierto fue el relativo a la sangre: los laboratorios de hecho atestiguaron que era sangre humana, pero perteneciente a un sujeto masculino. Las reacciones superficiales de la mayoría fueron escandalizantes: la Virgen, se objetaba banalmente, tiene sangre femenina, no masculina.

Pero los teólogos advirtieron que no había nada de inquietante. Al contrario: la sangre redentora de hecho, para los cristianos, es la derramada por Jesús, no la sangre de María, que es una criatura redimida por Él como nosotros. Y por tanto aquella circunstancia mostraba el vínculo indisoluble entre la Madre y el Hijo Salvador, mostraba que María lleva a Jesús redentor y no a sí misma. Todo esto tenía un sentido cristiano. También porque el llanto empezo el 2 de febrero, o sea la fiesta litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo y de la “Purificatio Sanctae Mariae”. Esta antigua fiesta celebra a la Virgen que “estuvo íntimamente unida” a la salvación “como Madre del Siervo sufriente de Yahve y como modelo del nuevo pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y por la persecución” (Pablo VI).

He aquí por qué la sangre de Cristo en las lágrimas de ella. Y después aquella fiesta recuerda el episodio evangélico del reconocimiento mesiáncio por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana, que representan la tradición profética de Israel. Tiene por tanto un significado profundo también en el tiempo de la Iglesia: también ella de hecho tiene el deber “profético” de reconocer el misterio de Dios presente y operante en la historia actual. También en formas especiales. En Medjugorje como en Civitavecchia, como en Fátima y en Lourdes. No sólo. La iglesita de Pantano está dedicada a S. Agustín y surge justamente donde –según la tradición– Agustín, en el 387, sobre la orilla del mar, meditando sobre el misterio de la Trinidad, encontró un ángel-niño que le iluminó: era como pretender hacer entrar el mar infinito en el hoyito que había excavado en la arena.

Que el hecho de la estatuita acaezca en un lugar parecido puede significar una exhortación al reconocimiento humilde del misterio de Dios. Una invitación a no quedar prisioneros de los prejuicios y de la soberbia intelectual. Sobre el simbolismo de las lágrimas después se podría escribir un tratado. El llanto vuelve en muchas apariciones de la Virgen. En verdad el llanto es, en la vida normal, una característica en modo particular de las mujeres y –vendría a decir- María de Nazaret es una mujer en todos los sentidos. También por la facilidad para el llanto que no es un indicio de debilidad femenina, como banalmente se cree, sino de intensidad afectiva y emocional. Tom Lutz en su Storia delle lacrime observa que ninguna otra especie, fuera de la humana, es capaz de llorar, así como sólo la humana posee el lenguaje. Así pues el llanto representa un fenómeno específicamente humano, expresa una profundidad que es sólo humana.

Pero en las lágrimas de María hay un dolor que es también divino. Don Augusto Baldini, en el volumencito sobre el caso de Civitavecchia, refiere algunos motivos de meditación. Por ejemplo del filósofo, convertido, Jacques Maritain: “Si los hombres supieran que Dios sufre con nosotros y mucho más que nosotros por todo el mal que devasta la tierra, muchas cosas cambiarían sin duda y muchas almas serían liberadas… Las lágrimas de la Reina del Cielo (significan) el soberano horror que Dios y su Madre experimentan y su soberana misericordia por la miseria de los pecadores”.

El cardinal Martini sobre las lágrimas de la Virgen en La Salette: “Es un misterio profundísimo, que en cualquier modo nos permite intuir el sufrimiento de Dios por los males que cometemos”. Y el Papa, siempre por el aniversario de La Salette: “María, madre llena de amor, con sus lágrimas ha mostrado la tristeza por el mal moral de la humanidad. Con sus lágrimas nos ayuda mejor a comprender la dolorosa gravedad del pecado, del rechazo de Dios, pero también la fidelidad apasionada que su Hijo nutre hacia los hermanos: Él, el Redentor, cuyo amor está herido por el olvido y por el rechazo… Ella tiene compasión de las dificultades de sus hijos y sufre al verlos alejarse de la Iglesia de Cristo”.

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Un detalle impresionante…

Posted by El pescador en 22 diciembre 2007

Si se lee con atención la encíclica…

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

En “Libero”, 8 diciembre 2007
Hay un personaje inquietante y apocalíptico que Benedicto XVI evoca, por sorpresa, en la reciente encíclica “Spe salvi”: el Anticristo. Realmente el papa no cita directamente este oscuro sujeto que es dramáticamente preanunciado hasta por el Nuevo Testamento, pero lo introduce a través de una cita de Immanuel Kant que da cierta impresión releer en estos tiempos en los cuales Europa parece en guerra contra la Iglesia, a menudo instrumentalizando algunos grupos sociales (como los inmigrantes musulmanes o las mujeres o los homosexuales) para erradicar las raíces cristinas y para limitar la libertad de los católicos y de la Iglesia. Escribía Kant: “Si llegara un día en el que el cristianismo no fuera ya digno de amor, el pensamiento dominante de los hombres debería convertirse en el de un rechazo y una oposición contra él; y el anticristo […] inauguraría su régimen, aunque breve (fundado presumiblemente en el miedo y el egoísmo). A continuación, no obstante, puesto que el cristianismo, aun habiendo sido destinado a ser la religión universal, no habría sido ayudado de hecho por el destino a serlo, podría ocurrir, bajo el aspecto moral, el final (perverso) de todas las cosas”.El Papa subraya justamente esta posibilidad apocalíptica que es apuntada por Kant según el cual el abandono del cristianismo y la guerra al cristianismo podrían llevar a un fin no natural, “perverso”, de la humanidad, a una suerte de autodestrucción planetaria, sea en sentido moral en sentido material (y tal horror, por otra parte, está hoy en las posibilidades técnicas de la humanidad). Siendo la encíclica un texto muy riguroso y ponderado, hay que excluir que Benedicto XVI haya invocado al Anticristo y el “fin de la humanidad” por casualidad.Su pensamiento por otra parte está del todo lejano de sugestiones milenaristas, hay por tanto que creer que si vuelve a llamar sobre estos temas divisa verdaderamente en nuestro tiempo un enfrentamiento dramático y mortal entre Bien y Mal. Además de todo ya en una reciente ocasión ha sido evocada y bien meditada, en el Vaticano, la figura del Anticristo. Acaeció este año, el 27 de febrero, en los ejercicios espirituales predicados al Papa por el cardenal Biffi (imagino que los temas hayan sido concordantes): se meditó justamente sobre la profecía del Anticristo (ver “Le cose di lassù”, ed. Cantagalli). Biffi ha citado de hecho el “Relato del Anticristo” de Vladimir Solovev escrito en la primavera de 1900, como aviso al siglo XX que estaba en los albores. En aquellas páginas el personaje apocalíptico era elegido “Presidente de los Estados Unidos de Europa” y después aclamado emperador romano.“Donde la exposición de Solovev se demuestra particularmente original y sorprendente y merece más reflexión profunda” explica Biffi “es en la atribución al Anticristo de las cualidades de pacifista, de ecologista, de ecumenista”. Prácticamente un campeón perfecto de lo políticamente correcto. He aquí las palabras de Solovev: “El nuevo dueño de la tierra era ante todo un filántropo, lleno de compasión no sólo amigo de los animales. Personalmente era vegetariano… Era un convencido espitualista”, creía en el bien e incluso en Dios, “pero no amaba más que a sí mismo”.

En sustancia esta figura –la antagonista de Jesucristo– si presentaría, según una antigua tradición, con los aspectos más seductores, una imitación de los “valores cristianos”, en realidad vuelto contra Jesucristo, aquellos que hoy acarician el sentido común. El Anticristo de este relato de hecho truena: “¡Pueblos de la tierra! Yo os he prometido la paz y os la he dado. Cristo ha traído la espada, o traeré la paz”. Palabras en las cuales muchos sienten resonar aquella acusación al cristianismo (que sería causa de intolerancia y conflictos) hoy tan difundida. No obstante se equivocaría reteniendo que el Papa estigmatiza sólo y simplemente el anticristianismo que se extiende a causa del laicismo, aunque tan agresivo y peligroso. Hay mucho más en sus pensamientos. Justamente Ratzinger, de cardenal, en una memorable conferencia en Nueva York, el 27 enero 1988, ante un auditorio ecuménico, sobre todo de teólogos, citó el mismo relato de Solovev empeznado así: “En el ‘Relato del Anticristo’ de Vladimir Solovev, el enemigo escatológico del Redentor se recomendaba a sí mismo a los creyentes, enre otras cosas por el hecho de haber conseguido el doctorado en teología en Tubinga y haber escrito un trabajo exegético reconocido como pionero en aquel campo. ¡El Anticristo un famoso exegeta!”.

Este discurso fue repetido por el cardenal también en Roma, ante una platea de teólogos católicos. Muchos, en aquellas plateas, encontraron seguramente “provocativa” esta citación, aunque sea manifiesta con la calma típica de Ratzinger que exhorta a todos, siempre, a reflexionar. Ella sin embargo expresa la consciencia del actual pontífice –y antes que él de Pablo VI y de Juan Pablo II– que el peligro no viene sólo del exterior, de una cultura adversa y de fuerzas anticristianas, sino también del interior, de “un pensamiento no católico” que se extiende en la misma cristiandad, como denunció con palabras dramáticas Pablo VI cuando llegó a hablar del “humo de Satanás” dentro del templo de Dios.

Que en la Iglesia, especialmente en los últimos pontífices, se ha difundido la sensación de vivir en los tiempos apocalípticos (no necesariamente “el fin de los tiempos”, sino quizá los tiempos del Anticristo) aparece evidente por tantos pronunciamientos suyos. Además hace reflexionar, tamibén en el Vaticano, la gran cantidad de “avavisos” sobrenaturales, que van en tal sentido, contenidos en “revelaciones privadas” a santos y místicos y en apariciones de estos decenios: en alguna de ellas se afirma incluso que el Anticristo sería un eclesiástico de este tiempo (un “pastor ídolo” que trastocará la vida de la Iglesia), pero es una imagen que muchos interpretan como referida a un “pensamiento non católico” dentro de la Iglesia, fenómeno que en efecto es bien desastrosamente visible. Da un cuadro razonado e iluminante de todo esto el padre Livio Fanzaga en el volumen, apenas salido, “Profezie sull’Anticristo” (Sugarco). Un cuadro precioso para comprender el sentido y la preocupación de tantas intervenciones pontificias. Angustiadas sea por las suertes de la fe que por las suertes de la humanidad.

La particular atención de la Santa Sede a Italia es debida al hecho de que el peso de los católicos ha dado –como ha subrayado el Papa mismo- la señal de una inversión de tendencia respecto a la devastación anticristiana y nihilista del resto d’Europa. Es decir la Iglesia apuesta por Italia para volver a llevar a Europa a sus raíces cristianas y a la fe. Por eso alarma fuertemente que en estos días, en el Palacio de la política, se intente a hurtadillas -con la connivencia de algunos católicos- reintroducir un “delito de opinión referido a la tendencia sexual” (como lo define “Avvenire”) que abre el camino a la “desmoralización” del Pueblo y mañana podría amenzar fuertemente la misma libertad de la Iglesia de enseñar su moral. Además de todo tales limitaciones a la libertad de pensamiento y de palabra pretende ser una ideología libertaria, paradoja que hace reflexionar amargamente más allá del Tíber, donde estos chirridos son percibidos como peligrosas advertencias antes de un posible derrumbe.

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¿Qué significa la bellísima encíclica de Benedicto XVI sobre la esperanza?

Posted by El pescador en 22 diciembre 2007

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

En “Libero”, 1 diciembre 2007Un texto bellísimo que leer y meditar…

Una bomba. Es la nueva encíclica de Benedicto XVI, “Spe salvi” donde no hay ni una cita del Concilio (elección de enorme significado), donde finalmente se vuelve a hablar del Infierno, del Paraíso y del Purgatorio (incluso del Anticristo, aunque sea en una cita de Kant), donde se llaman los horrores con su nombre (por ejemplo “comunismo”, palabra que en el Concilio fue prohibida pronunciar y condenar), donde en lugar de guiñar el ojo a los poderosos de este mundo rememora el consumidor testimonio de los mártires cristianos, las víctimas, donde barre la retórica de las “religiones” afirmando que uno solo es el Salvador, donde se indica a María como “estrella de esperanza” y donde se muestra que la fe ciega en el (solo) progreso y en la (sola) ciencia lleva al desastre y a la desesperación.

Benedicto XVI, del Concilio, no cita ni siquiera la “Gaudium et spes”, a pesar de que tenía en el título la palabra “esperanza”, sino que disipa justamente el equívoco desastrosamente introducido en el mundo católico por esta que fue la principal constitución conciliar, “La Iglesia en el mundo contemporáneo”. El Papa invita de hecho, en el n. 22, a “una autocritica del cristianismo moderno”. Especialmente sobre el concepto de “progreso”. Para decirlo con Charles Péguy, “el cristianismo no es la religión del progreso, sino de la salvación”. No es que el “progreso” sea cosa negativa, muchísimo debe al cristianismo como demuestran también libros recientes (pienso en los de Rodney Stark, “La vittoria della Ragione” y de Thomas Woods, “Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental”). El problema es la “ideología del progreso”, su transformación en utopía.

El problema grave de la “Gaudium et spes” y del Concilio fue el cambiar la virtud teologal de la “esperanza” en la noción mundanizada de ”optimismo”. Dos cosas radicalmente antitéticas, porque, como escribía Ratzinger, de cardinal, en el libro “Guardare Cristo”: “el objetivo del optimismo es la utopía”, mientras que la esperanza es “un don que nos ha sido dado y que esperamos de aquel que sólo puedo regalarlo de verdad: de aquel Dios que ya ha construido su tienda en la historia con Jesús”.

En la Iglesia del post-Concilio el “optimismo” se convierte en un nuevo superdogma. El peor pecado fue el de “pessimismo”. A ello contribuyó también el “ingenuo” discurso de apertura del Concilio hecho por Juan XXIII, el cual, en el siglo de la más grande masacre de cristianos de la historia, veía las cosas de color de rosa y la tomaba con los así llamados “profetas de desventura”: “En las actuales condiciones de la sociedad humana” decía “ellos no son capaces de ver otra cosa que ruínas y problemas; van diciendo que nuestros tiempos, si se comparan con los siglos pasados, resultan del todo peores; y llegan al punto de comportarse como si no hubiera nada que aprender de la historia… A Nos nos parece que debemos resueltamente disentir de esos profetas de desventura, que anuncian siempre lo peor, como si ocurriese el fin del mundo”.

Roncalli fue considerado, por la apologética progresista, depositario de un verdadero “espíritu profético”, cosa que se negó –por ejemplo– a la Virgen de Fátima la cual en cambio, en 1917, ponía en guardia de horribles desgracias, anunciando la gravedad del momento y el peligro mortal representado por el comunismo que llegaba (después de tres meses) a Rusia. Se verificó de hecho un océano de horrores y de sangre. Pero 40 año después, en 1962, alegremente – mientras el Vaticano aseguraba a Moscú que en el Concilio no sería condenado explícitamente el comunismo se “condenaban” a miles vejaciones a santos como padre Pío –Juan XXIII anunció públicamente que la Iglesia del Concilio prefería evitar “condenas” porque aunque “no faltaban doctrinas falaces… ahora los hombres por sí mismos parece que sean propensos a condenarlos”.

Y de hecho de allí a poco se dio el máximo de la expansión comunista en el mundo, no sólo con regímenes que iba desde Trieste a China y después Cuba e Indocina, sino con la explosion del ’68 en los países occidentales que durante decenios fueron devastados por las ideologías del odio. Pocos años depués del final del Concilio Pablo VI hacía el trágico balance, para la Iglesia, del ”profetico” optimismo roncalliano y conciliar: “Se creía que después del Concilio vendría una jornada de sol para la historia de la Iglesia. Vino por el contrario una jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad, de búsqueda, de incertidumbre… La apertura al mundo se convirtió en una verdadera y propia invasión del pensamiento secular en la Iglesia. Hemos sido quizá demasiado débiles e imprudentes”, “la Iglesia está en un difícil periodo de autodemolición”, “pr alguna parte el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios”.

Por esta leal admisión, el mismo Pablo VI fue aislado como “pesimista” por el establishment clerical para el cual la religión del optimismo “hacía olvidar toda decadencia y toda destrucción” (además de hacer olvidar la enormidad de los peligros que cargan sobre la humanidad y dogmas tales como el pecado original y la existencia de Satanás y del infierno). Ratzinger, en el libro citado, tiene palabras de fuego contra esta sustitución de la “esperanza” por el “optimismo”. Dice que “esto optimismo metódico era producido por aquellos que deseaban la destrucción de la vieja Iglesia, con el manto de cobertura de la reforma”, “el público optimismo era una specie de tranquilizante… con el objetivo de crear el clima adaptado a descomponer posiblemente en paz la Iglesia y adquirir así dominio sobre ella”.

Ratzinger ponía también un ejemplo personal. Cuando explotó el caso de su libro entrevista con Vittorio Messori, “Informe sobre la fe”, donde se ilustraba claramente la situación de la Iglesia y del mundo, fue acusasdo de haber hecho “un libro pesimista. Por algunas partes” escribía el cardenal “se intentó incluso prohibir la venta, porque una herejía de esta magnitud simplemente no podía ser tolerada. Los detentadores del poder de opinión pusieron el libro en el índice. La nueva inquisición hizo sentir su fuerza. Se demostró una vez más que no existe pecado peor contra el espíritu de la época que el convertirse en reos de una falta de optimismo”.

Hoy Benedicto XVI, con esta encíclica de pensamiento (que revaloriza por ejemplo los “frankfurtianos”), finalmente pone en solfa el mantecoso “optimismo” roncalliano y conciliare, aquel ideologismo facilón y conformista que ha hecho arrodillar a la Iglesia ante el mundo y la ha entregado a las más tremendas crisis de su historia. Así la crítica implícita no va más sólo al post concilio, a las “malas intrepretaciones” del Concilio, sino también a algunos planteamientos del Concilio. Del resto ya un teólogo del Concilio come fue Henri de Lubac (por otra parte citado en la encíclica) escribía a propósito de la Gaudium et spes: “se habla aún de ‘concepción cristiana’, pero bien poco de fe cristiana. Toda una corriente, en el momento actual, busca enganchar la Iglesia, por medio del Concilio, a una pequeña mundanización”. E incluso Karl Rahner dijo que el “esquema 13”, que se convertiría en la Gaudium et spes, “reducía el alcance sobrenatural del cristianismo”. ¡Incluso Rahner! Ratzinger vivió el Concilio: es el autor del discurso con el cual el el cardinal Frings demolió el viejo S. Oficio que no pocos daños había hecho. Y hoy el pontificado de Benedicto XVI se está calificando como la clausura de la estación oscura que, haciendo acopio de las cosas buenas del Concilio, nos devuelve la belleza bimilenaria de la tradición de la Iglesia. No por casualidad en la encíclica no es citado el Concilio, pero están S. Pablo y Gregorio Nazianceno, S. Agustín y S. Ambrosio, S. Tomás y S. Bernardo. Una encíclica bella, bellísima. También poética, que habla al corazón del hombre, a su soledad y a sus deseos más profundos. Es aconsejable leerla y meditarla atentamente.

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Nafis Sadik, una musulmana poco moderada

Posted by El pescador en 9 septiembre 2007

De Sandro Magister

(original en italiano; traducción mía)

Entre los partidarios de la expulsión de la Santa Sede de la Organización de las Naciones Unidas (ver el servicio de www.chiesa del 21 de agosto) hay también una prima donna: o sea la mujer que por primera vez ha desempeñado un cargo de alto nivel en el Palacio de Cristal.

 

Su nombre es Nafis Sadik. De 1987 al 2000 ha sido directora ejecutiva del UNPFA, United Nations Population Fund [Fondo de las Naciones Unidas para la Población, N. del T.], con el rango de subsecretaria general. Hoy es asistente especial del secretario general de la ONU y su enviada para el VIH/SIDA en Asia y Pacífico.

 

Sadik ha auspiciado la expulsión de la Santa Sede de la ONU en un artículo en el primer número de 2007 de “Conscience”, la revista de la organización abortista “Catholics for a Free Choice” [Católicos por una elección libre, N. del T.]. Ha escrito que “es ridículo que un estado cuyos ciudadanos son un millar de hombres célibes tenga parte activa en determinar el enfoque internacional a cuestiones íntimamente ligadas a la salud sexual y reproductiva”.

 

De Sadik se recuerda una borrascosa audiencia con Juan Pablo II, el 18 de marzo de 1994, pocos meses antes de la conferencia promovida por la ONU en El Cairo sobre población.

 

La misma Sadik hizo público un informe de aquella audiencia. Pinta a un Papa Karol Wojtyla colérico e intratable. Pero la credibilidad de aquel informe fue contradicha por el Papa, que dijo a su biógrafo George Weigel que había entregado a la huésped un memorandum con las objeciones vaticanas al documento preparatorio de El Cairo, pero ella “no aceptó discutirlo”.

 

Nafis Sadik, ciudadana de Pakistán, nació en la India, en Jaunpur. De rica familia musulmana, ha estudiado en una escuela católica, en el Loreto College de Calcuta. Terminó sus estudios de medicina en prestigiosas universidades de los Estados Unidos y de Canadá. En Pakistán fue directora general de los programas de planificación familiar, después de lo cual entró en las filas de la ONU, en Nueva York.

 

A la vista de la conferencia de El Cairo de 1994, junto al presidente de la comisión preparatoria, el ganés Fred Sai, hizo de todo para incluir el aborto entre los “derechos reproductivos” que todos los estados están obligados a garantizar. Si la operación no llegó a buen fin (el documento final de El Cairo estableció “en ningún caso el aborto sea promovido como método de planificación familiar”), fue precismaente por la tenaz oposición de la Santa Sede.

 

Se puede comprender, por tanto, su resentimiento. En el mismo artículo en “Conscience” en el cual ensalza la expulsión de la Santa Sede de la ONU, Sadik echa la culpa a la encíclica “Humanae Vitae” de la opresión de la mujer en los países pobres del mundo, donde “la Iglesia es mucho más influyente” que en los países ricos.

 

Lástima que la gran parte de la opresión de la mujer lamentada por Sadik se registre en los países islámicos, incluído el Pakistán del cual es ciudadana. Ni una sola de las invectivas de lanzadas por ella durante años contra el Vaticano ha rozado, que se sepa, a los líderes políticos, culturales y religiosos del mundo musulmán al cual ella pertenece. Y nada de otros mundos no cristianos –piénsese en China, en la India– en los cuales son habituales las esterilizaciones forzadas, la obligación del hijo único, el aborto selectivo, el infanticidio.

 

Sobre las políticas antinatalistas del Palacio de Cristal ver más en http://www.chiesa: “ONU y Unión Europea tienen su enfant terrible en Roma“.

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