El testamento del pescador

De la ciencia a la charlatanería

Posted by El pescador en 24 diciembre 2006

El historiador Pío Moa publica hoy en su bitácora una entrada muy interesante que se titula “De la ciencia a la charlatanería”, sobre cómo la ciencia, que se jacta de ser precisa y verificable, también se equivoca al hablar de Dios, porque realmente cae fuera de su ámbito.

Es lo que yo decía en la primera entrada de esta bitácora: la razón y la fe son las dos alas del pensamiento, pues la fe ayuda a la razón a explicar y comprender lo que va más allá de lo que conocemos con los sentidos, y la razón ayuda a la fe a profundizar y a explicar la Revelación divina.

Antes de poner la entrada de la bitácora de Moa, os cuento brevemente una anécdota del gran científico Louis Pasteur (1822-1895), cuyos descubrimientos en química y sobre los microbios (descubrió cómo la esterilización mata los microbios que causan infecciones; descubrió vacunas contra varias enfermedades, incluida la rabia) fueron fundamentales: Una vez iba en el tren rezando el Rosario cuando un joven compañero de viaje empezó a hablarle sobre los grandes descubrimientos y avances de la ciencia, que ya permitían explicar la creación y los grandes misterios de la vida sin necesidad de explicaciones religiosas ni míticas; típico joven fascinado por las posibilidades de la ciencia, sin saber quién era el hombre que rezaba el Rosario. Cuando llegó a su parada, Pasteur se bajó y le dejó su tarjeta de visita: era Louis Pasteur, el gran científico, que descubrió cómo se producen muchas enfermedades a causa de microorganismos invisibles al ojo humano. Es un buen ejemplo de cómo la ciencia y la fe no son incompatibles.

Os copio la entrada de Pío Moa

De la ciencia a la charlatanería

24 de Diciembre de 2006 – 09:11:17 – Pío Moa

Con motivo de un reciente congreso sobre ciencia y religión, Steven Weinberg, físico, y Richard Dawkins, biólogo, ambos ateos militantes, hicieron algunas frases: Weinberg retrató a la religión como una vieja chiflada: “cuenta mentiras, provoca mil malicias y acaso no tenga ya mucha vida dentro, pero en un tiempo fue bella. Quizá la echemos de menos cuando se haya ido”. Dawkins, con menos humor o menos frivolidad, respondió acremente: “Yo no la echaré de menos en absoluto. Para nada, ni un ápice”. Ambos coincidían: “El mundo precisa despertar de la larga pesadilla de la creencia religiosa”.

Lo cual demuestra, una vez más, cómo la mentalidad científica no impide la charlatanería cuando se sale de la especialidad. Una actitud científica exige constatar, en primer lugar, que el fin de la religión lleva varios siglos anunciándose (y muy posiblemente seguirá siendo anunciado dentro de otros cuantos). Y, en segundo lugar, que entre tanto se han impuesto en el mundo sistemas basados en la liquidación de la religión, y no estaría de más examinar sus consecuencias antes de hablar de pesadillas.

Weinberg o Dawkins resultarán más convincentes cuando nos den una explicación clara y, digamos, científica, de por qué el ateísmo suele tener efectos prácticos tan curiosos, por decirlo con mucha suavidad. Sería una aproximación científica a la cuestión.

Dicho en otras palabras: la ciencia no puede discutir el concepto de Dios, pero sí puede (y quizá debe) examinar los efectos de la creencia y del ateísmo. Eso tendría verdadero interés.

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