El testamento del pescador

Archive for the ‘Cuaresma’ Category

Los siete dolores de la Virgen en imágenes

Posted by El pescador en 7 abril 2014

Pinchando en cada imagen se accede a la imagen original en su enlace

1º La profecía del anciano Simeón

2º La huida a Egipto

3º El Niño Jesús perdido en el Templo

4º María encuentra a su Hijo cargado con la cruz
 
5º María al pie de la cruz
6º María recibe en sus brazos el cuerpo difunto de su hijo
7º Sepultura de Jesús y Soledad de María, nuestra Madre
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Vía crucis con el pincel de El Greco

Posted by El pescador en 31 marzo 2014

En este enlace se puede descargar el Vía crucis (en formato Power Point) con cuadros de El Greco.

VIA CRUCIS  - GRECO

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Las tentaciones de Jesucristo en San Agustín de Hipona

Posted by El pescador en 1 marzo 2012

San Agustín de Hipona, Enarración sobre el Salmo 60, nº 3

Reconócete a ti en Cristo tentado y que vences en Cristo

Pero ¿por qué clamé esto? Mientras tengo angustiado mi corazón. Muestra que Él está por todos los pueblos en todo el orbe de la tierra en gran gloria, pero en gran tentación. Pues nuestra vida en esta peregrinación no puede existir sin tentación: porque se hizo provecho nuestro por medio de nuestra tentación, y cada uno no se da a conocer a sí a no ser que haya sido tentado, ni puede ser coronado a no ser que haya vencido, ni puede vencer a no ser que haya combatido, ni puede combatir a no ser que haya dominado al enemigo y las tentaciones. Por tanto se angustia éste clamando desde los confines de la tierra, pero sin embargo no es abandonado. Porque quiso ser figura de nosotros mismos, ya que es su cuerpo, y en aquel cuerpo suyo, en el cual ya murió y resucitó y subió al cielo, de manera que a donde precedió la cabeza, allí los miembros confíen que la seguirán. Luego nos transfiguró en sí, cuando quiso ser tentado por Satanás (cf. Mt 4,1). Hace un instante se leía en el Evangelio que el Señor Jesucristo era tentado por el diablo en el desierto. En una palabra Cristo era tentado por el diablo. En Cristo en efecto tú eras tentado, porque Cristo de ti para sí tomaba la carne, de sí para ti la salvación; de ti para sí la muerte, de sí para ti la vida, de ti para sí las afrentas, de sí para ti los honores; por tanto de ti para sí la tentación, de sí para ti la victoria. Si en aquel nosotros fuimos tentados, en aquel nosotros superamos al diablo. ¿Atiendes a que Cristo fue tentado, y no atiendes a que venció? Conoce que tú en aquel fuiste tentado, y conoce que tú en aquel vences. Había podido apartar al diablo de sí: pero si no es tentado, no te ofrecería la enseñanza de vencer en la tentación. Así pues no es de admirar si puesto entre las tentaciones éste clama desde los confines de la tierra. Pero ¿por qué no es vencido? En la piedra me exaltaste. Por tanto ya conocemos quién clama desde los confines de la tierra. Contemplemos de nuevo el Evangelio: Sobre esta piedra edificaré mi iglesia (Mt 16,18). Por tanto aquella clama desde los confines de la tierra que quiere ser edificada sobre la piedra. Pero para que la Iglesia sea edificada sobre piedra, ¿quién se hizo piedra? Oye a Pablo que dice: En efecto la piedra era Cristo (1 Co 10,4). Por tanto en Él fuimos edificados. A causa de esto aquella piedra en la cual fuimos edificados, primero fue azotada por vientos, fuego, lluvia (cf. Mt 7,24-25), cuando Cristo era tentado por el diablo. He aquí en qué firmeza quiso asegurarte. Con razón no es ociosa nuestra voz, sino que es escuchada favorablemente: en efecto fuimos puestos en una gran esperanza. En la piedra me exaltaste.


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Miércoles de Ceniza: el desierto ineludible

Posted by El pescador en 6 febrero 2008

Por Joël Serard, de la diócesis de Coutances, publicado en “Points de repère” n°195

(original en francés; traducción mía)
Jesús en el desiertoEmpujado al desierto por el Espíritu, Jesús prolonga su bautismo en la soledad y el hambre. Surge para Él la tentación de otro camino. Pero la palabra meditada y la oración llevan su decisión: viene el tiempo de actuar en el nombre del Padre. En el desierto, Jesús rechaza la tentación : su rechazo se expresa con una cita del Deuteronomio, capítulo 8, versículo 3, para recordar al discípulo la necesidad de vacío en sí.
Más tarde, en el corazón de facción que lo agota, Jesús se retira a distancia para orar: otro desierto, o quizás Él lleva a sus discípulos para abrirles a su intimidad con el Padre.
El desierto es el espacio donde Dios pone a prueba y se revela. La fe nace del desierto, como si hiciera falta atravesar la sequedad para darse la vuelta hacia Dios. Noche de místicos o duda en el creyente, la fe es siempre una marcha incesante hacia ese Dios que llama y se revela pero parece siempre que se esconde.

El desierto en la Biblia

En el desierto nace la alianza entre Dios y su pueblo: Moisés lo atraviesa a lo largo de los grandes relatos de los libros del Pentateuco: el Éxodo, el libro de los Números… Elías conoce allí la prueba y la revelación (Primer libro de los Reyes, capítulo 19).

Ismael y su madre (Génesis 16), David (1 Samuel 23 ss), encuentran allí refugio cuando son fugitivos. Es también para los profetas el lugar de la purificación y del retorno a los orígenes (Oseas 2,16; Ezequiel 20,35).

Finalmente del desierto surge la llamada a la conversión con Juan Bautista (Mateo 3,1).

El lugar de la Alianza

La fe judía comienza en el desierto: Moisés se refugia allí. Allí recibe la revelación del nombre dE Dios que lo envía a liberar a su pueblo (Éxodo 3-4). La salida de Egipto y el paso del mar (Ex 13-14) conducen al pueblo al desierto. Durante cuarenta años, conoce el despojo: por la sed y el hambre Dios verifica la fe de su pueblo. La Ley que le da se rompe sobre la infidelidad. El becerro de oro adorado (Ex 32), es la impaciencia del creyente que prefiere lo tangible a lo invisible. Por tanto la alianza concluída en el desierto sella el amor entre Dios y el hombre.

El país de la sed y del hambre

El desierto es el país de la sed y del hambre. En la indigencia, el pueblo reclama y se subleva (Ex 16-17). Dios ha puesto a prueba al hombre en sufrimiento. El agua manada de la roca o el pan venido del cielo vienen a alimentar y a salvar al pueblo en peligro. Toda vida debe atravesar la prueba. San Juan retoma simbólicamente este doble signo: por su muerte y su resurrección, Jesús hace manar el agua del bautismo (Juan 19,34) y el pan de vida (Jn 6).

El lugar de refugio y de prueba

Como Moisés en el origen, el otro profeta, Elías vuelve al desierto (1 Reyes 19,1-9). Un drama lo empuja allí: su lucha despidada contra Jezabel (1 Re 18) lo obliga a huir de la cólera de la reina idólatra. El desierto es a la vez refugio y prueba, Elías espera la muerte bajo una retama. Pero DIos lo pone en pie: el agua y el pan devuelven sus fuerzas al profeta agotado. Ahora, puede dirigirse a la montaña donde Dios va a pasar.

El desierto de los profetas

Constatemente, los profetas recuerdan el amor de Dios. Pero, como una mujer infiel, el pueblo se prostituye con otros dioses. Los profetas amenazan: “Yo la conduciré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas 2,16). En la prueba del exilio como una vuelta a la fuente, el pueblo amado encuentra el vigor de su fe.

La palabra en el desierto

Una voz grita en el desierto (Lucas 3,21-22). Cuando se aproxima el tiempo nuevo en el que Jesús va a venir, la profecía de Isaías (Isaías 40,3) se realiza; Juan Bautista surge para preparar el camino. Hace falta desnudarse en el agua del Jordán para acoger al enviado de Dios. Allí en el desierto el Hijo de Dios se reúne con la humanidad sumiéndose con ella en las aguas de la prueba total.

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El Papa explica la parábola del hijo pródigo

Posted by El pescador en 26 marzo 2007

El 18 de marzo el Papa celebró la Eucaristía en la capilla del Centro penitenciario para menores de Casal del Marmo, y en la homilía explicó bellísimamente la parábola del hijo pródigo que proponía la liturgia del IV Domingo de Cuaresma. Copio una parte de la homilía:

En este evangelio aparecen tres personas: el padre y sus dos hijos. Pero detrás de las personas hay dos proyectos de vida bastante diversos. Ambos hijos viven en paz, son agricultores muy ricos; por tanto, tienen con qué vivir, venden bien sus productos, su vida parece buena.

Y, sin embargo, el hijo más joven siente poco a poco que esta vida es aburrida, que no le satisface. Piensa que no puede vivir así toda la vida: levantarse cada día, no sé, quizá a las 6; después, según las tradiciones de Israel, una oración, una lectura de la sagrada Biblia; luego, el trabajo y, al final, otra vez una oración. Así, día tras día; él piensa: no, la vida es algo más, debo encontrar otra vida, en la que sea realmente libre, en la que pueda hacer todo lo que me agrada; una vida libre de esta disciplina y de estas normas de los mandamientos de Dios, de las órdenes de mi padre; quisiera estar solo y que mi vida sea totalmente mía, con todos sus placeres. En cambio, ahora es solamente trabajo.

Así, decide tomar todo su patrimonio y marcharse. Su padre es muy respetuoso y generoso; respeta la libertad de su hijo: es él quien debe encontrar su proyecto de vida. Y el joven, como dice el evangelio, se va a un país muy lejano. Probablemente lejano desde un punto de vista geográfico, porque quiere un cambio, pero también desde un punto de vista interior, porque quiere una vida totalmente diversa. Ahora su idea es: libertad, hacer lo que me agrade, no reconocer estas normas de un Dios que es lejano, no estar en la cárcel de esta disciplina de la casa, hacer lo que me guste, lo que me agrade, vivir la vida con toda su belleza y su plenitud.

Y en un primer momento —quizá durante algunos meses— todo va bien: cree que es hermoso haber alcanzado finalmente la vida, se siente feliz. Pero después, poco a poco, siente también aquí el aburrimiento, también aquí es siempre lo mismo. Y al final queda un vacío cada vez más inquietante; percibe cada vez con mayor intensidad que esa vida no es aún la vida; más aún, se da cuenta de que, continuando de esa forma, la vida se aleja cada vez más. Todo resulta vacío: también ahora aparece de nuevo la esclavitud de hacer las mismas cosas. Y al final también el dinero se acaba, y el joven se da cuenta de que su nivel de vida está por debajo del de los cerdos.
Entonces comienza a recapacitar y se pregunta si ese era realmente el camino de la vida: una libertad interpretada como hacer lo que me agrada, vivir sólo para mí; o si, en cambio, no sería quizá mejor vivir para los demás, contribuir a la construcción del mundo, al crecimiento de la comunidad humana… Así comienza el nuevo camino, un camino interior. El muchacho reflexiona y considera todos estos aspectos nuevos del problema y comienza a ver que era mucho más libre en su casa, siendo propietario también él, contribuyendo a la construcción de la casa y de la sociedad en comunión con el Creador, conociendo la finalidad de su vida, descubriendo el proyecto que Dios tenía para él.

En este camino interior, en esta maduración de un nuevo proyecto de vida, viviendo también el camino exterior, el hijo más joven se dispone a volver para recomenzar su vida, porque ya ha comprendido que había emprendido el camino equivocado. Se dice a sí mismo: debo volver a empezar con otro concepto, debo recomenzar.

Y llega a la casa del padre, que le dejó su libertad para darle la posibilidad de comprender interiormente lo que significa vivir, y lo que significa no vivir. El padre, con todo su amor, lo abraza, le ofrece una fiesta, y la vida puede comenzar de nuevo partiendo de esta fiesta. El hijo comprende que precisamente el trabajo, la humildad, la disciplina de cada día crea la verdadera fiesta y la verdadera libertad. Así, vuelve a casa interiormente madurado y purificado: ha comprendido lo que significa vivir.

Ciertamente, en el futuro su vida tampoco será fácil, las tentaciones volverán, pero él ya es plenamente consciente de que una vida sin Dios no funciona: falta lo esencial, falta la luz, falta el porqué, falta el gran sentido de ser hombre. Ha comprendido que sólo podemos conocer a Dios por su Palabra. Los cristianos podemos añadir que sabemos quién es Dios gracias a Jesús, en el que se nos ha mostrado realmente el rostro de Dios.

El joven comprende que los mandamientos de Dios no son obstáculos para la libertad y para una vida bella, sino que son las señales que indican el camino que hay que recorrer para encontrar la vida. Comprende que también el trabajo, la disciplina, vivir no para sí mismo sino para los demás, alarga la vida. Y precisamente este esfuerzo de comprometerse en el trabajo da profundidad a la vida, porque al final se experimenta la satisfacción de haber contribuido a hacer crecer este mundo, que llega a ser más libre y más bello.

No quisiera hablar ahora del otro hijo, que permaneció en casa, pero por su reacción de envidia vemos que interiormente también él soñaba que quizá sería mucho mejor disfrutar de todas las libertades. También él en su interior debe “volver a casa” y comprender de nuevo qué significa la vida; comprende que sólo se vive verdaderamente con Dios, con su palabra, en la comunión de su familia, del trabajo; en la comunión de la gran familia de Dios. No quisiera entrar ahora en estos detalles: dejemos que cada uno se aplique a su modo este evangelio. Nuestras situaciones son diversas, y cada uno tiene su mundo. Esto no quita que todos seamos interpelados y que todos podamos entrar, a través de nuestro camino interior, en la profundidad del Evangelio.

Añado sólo algunas breves observaciones. El evangelio nos ayuda a comprender quién es verdaderamente Dios: es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama sin medida. Los errores que cometemos, aunque sean grandes, no menoscaban la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Confesión podemos recomenzar siempre de nuevo con la vida: él nos acoge, nos devuelve la dignidad de hijos suyos. Por tanto, redescubramos este sacramento del perdón, que hace brotar la alegría en un corazón que renace a la vida verdadera.

Además, esta parábola nos ayuda a comprender quién es el hombre: no es una “mónada”, una entidad aislada que vive sólo para sí misma y debe tener la vida sólo para sí misma. Al contrario, vivimos con los demás, hemos sido creados juntamente con los demás, y sólo estando con los demás, entregándonos a los demás, encontramos la vida. El hombre es una criatura en la que Dios ha impreso su imagen, una criatura que es atraída al horizonte de su gracia, pero también es una criatura frágil, expuesta al mal; pero también es capaz de hacer el bien.

Y, por último, el hombre es una persona libre. Debemos comprender lo que es la libertad y lo que es sólo apariencia de libertad. Podríamos decir que la libertad es un trampolín para lanzarse al mar infinito de la bondad divina, pero puede transformarse también en un plano inclinado por el cual deslizarse hacia el abismo del pecado y del mal, perdiendo así también la libertad y nuestra dignidad.

Queridos amigos, estamos en el tiempo de la Cuaresma, de los cuarenta días antes de la Pascua. En este tiempo de Cuaresma la Iglesia nos ayuda a recorrer este camino interior y nos invita a la conversión que, antes que ser un esfuerzo siempre importante para cambiar nuestra conducta, es una oportunidad para decidir levantarnos y recomenzar, es decir, abandonar el pecado y elegir volver a Dios.

Recorramos juntos este camino de liberación interior; este es el imperativo de la Cuaresma. Cada vez que, como hoy, participamos en la Eucaristía, fuente y escuela del amor, nos hacemos capaces de vivir este amor, de anunciarlo y testimoniarlo con nuestra vida. Pero es necesario que decidamos ir a Jesús, como hizo el hijo pródigo, volviendo interior y exteriormente al padre. Al mismo tiempo, debemos abandonar la actitud egoísta del hijo mayor, seguro de sí, que condena fácilmente a los demás, cierra el corazón a la comprensión, a la acogida y al perdón de los hermanos, y olvida que también él necesita el perdón.

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No sabe qué es amor quien no te ama

Posted by El pescador en 23 marzo 2007

Un bellísimo soneto de Lope de Vega, para que en esta cuaresma apreciemos la belleza divina y no nos distraigan las fugaces bellezas de este mundo, que siempre han de remitirnos a la eternidad.

El mismo Lope tuvo esta experiencia de dejarse cegar por la belleza terrena, pues fue un mujeriego pero también un hombre muy religioso.

Este soneto me recuerda la historia de San Francisco de Borja que, como caballerizo de la Emperatriz, acompañó hasta Granada el cadáver de Isabel de Avís, esposa del emperador Carlos V y famosa en su época por su extraordinaria belleza. Al llegar a su destino, abrió el ataúd para reconocer el cuerpo y al ver la putrefacción dijo asombrado: No puedo jurar que ésta sea la Emperatriz, pero sí juro que fue su cadáver el que aquí se puso y tomó su famosa resolución ¡No servir nunca más a un señor que pudiese morir! .

Rimas sacras – Soneto XLVI

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.

Tu boca como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

 

¡Ay, Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que una hora amando
venza los años que pasé fingiendo.

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El hombre sin rostro

Posted by El pescador en 16 marzo 2007

Voy a contaros una historia real: Hace algunos años, un hombre muy trabajador decide trasladar a su familia desde New York hasta Australia, en busca de una mejora en su pobre vida.

 

En la familia de este hombre había un joven muy apuesto, uno de sus hijos, que aspiraba a convertirse en un famoso trapecista o llegar a ser un gran actor de cine y mientras esperaba una oportunidad para cumplir su sueño trabajaba en los puertos locales situados en las peores zonas de la ciudad.

Una noche, de regreso a casa, el joven fue asaltado por 5 delincuentes. Él se resistió a entregar el poco dinero que llevaba para su familia, y fue agredido brutalmente. Una vez que lo dejaron inconsciente por los golpes, no cejaron en la paliza: Lo patearon hasta deformarlo, le desgarraron el rostro, lo golpearon brutalmente por todo su cuerpo. Cuando finalmente el joven fue encontrado por la policía tirado en la calle, lo consideraron muerto y llamaron a la funeraria.

En el trayecto, un policía pudo ver que el joven hacia un intento por respirar y fue llevado de inmediato al hospital de emergencias más cercano. Fue horrible la impresión recibida por el equipo médico al verlo y constatar que aquel joven ya no tenía apenas rostro. Sus ojos estaban hundidos; su cráneo, piernas y brazos fracturados, su nariz estaba literalmente perdida en su cara, todos sus dientes completamente rotos y su mandíbula desprendida.

El joven logró salvar su vida, aunque permaneció cerca de un año en el hospital. Cuando salió, su cuerpo estaba recuperado, pero su rostro era repulsivo de ver. Ya no era aquel joven bello con un bonito futuro por delante.

Una vez recuperado empezó a buscar trabajo, pero siempre era rechazado por todos por su apariencia física. Por fin alguien le ofreció una oportunidad: Un empresario le sugirió que participara en un espectáculo de circo, en el que su nombre sería: “El Hombre Sin Rostro”.

A pesar de encontrar trabajo seguía sintiendo el rechazo de las personas, ya que fuera del circo nadie quería ser visto con él. Por ello llegó a pensar en la muerte, aunque lo descartó y siguió con esta situación por casi 5 años.

Un día, caminando, entró a buscar consuelo en una Iglesia, pensando que allí podía alcanzar algún alivio a su situación de angustia. Al entrar vió a un sacerdote orando de rodillas, adoptó su misma postura y también se puso a rezar.

Al rato, el sacerdote vio a ese hombre “sin rostro”; se acercó, lo levantó y lo llevó a otro lugar para conversar. Su rostro le impresionó tanto que pensó que tenía que hacer lo posible por ayudarlo a recuperar su dignidad y su vida. El joven comenzó a asistir a la iglesia con frecuencia, siempre pidiéndole a Dios que le diera al menos paz espiritual y la gracia de ser un mejor hombre cada día.

Después de un tiempo, el sacerdote, por medio de amistades personales, logró conseguir los servicios médicos del mejor cirujano estético de Australia y sin costo alguno.

La cirugía fue como un milagro, se dispusieron para él los mejores servicios médicos, y su rostro pudo ser reconstruido con las fotos que el joven aportó.

Con el tiempo, “el hombre sin rostro” recuperó una vida normal, fue escogido en un casting para hacer su primera película, se casó con una bella mujer, tuvo varios hijos y pronto llegaron sus grandes éxitos profesionales.

¿Quiere saber quien es este joven?

Su nombre lo conoces de sobra, él es… Mel Gibson

Actualmente Mel es admirado por muchos y conocido como un hombre entregado a Dios, caritativo y un gran ejemplo de coraje sorprendente. Su historia personal la recogió en su primera película como director de cine, “El hombre sin rostro” (EEUU, 1993).

Conociendo su historia personal podemos comprender también su película “La Pasión de Cristo” (EEUU, 2004), que muchos criticaron como exagerada porque mostró el sufrimiento de Cristo; a mí me llamó la atención la cara del Señor tras la flagelación, estaba realmente deformada, era el rostro del sufrimiento, del dolor causado por los semejantes sin otro objetivo que el de causar daño al inocente, y Mel Gibson quiso mostrarnos en esta película su identificación con Cristo, porque “sus heridas nos han curado” (1 Pedro 2,24) .

En “La Pasión de Cristo” vemos gráficamente lo que decía Isaías (53,2-4) acerca del Siervo sufriente del Señor:

No tenía belleza ni esplendor, ni su aspecto era atractivo; los hombres lo despreciaban y lo rechazaban. Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta. Y sin embargo Él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios sufrimientos.

Esto lo sabe Mel Gibson mejor que nadie.

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Lucha cuaresmal

Posted by El pescador en 6 marzo 2007

Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño, es decir, uno de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia.

Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer. La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo. Les contestó: “Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león”. -“No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?”

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron. Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también. “Los dos halcones son mis ojos. Se lanzan sobre todo lo que que se les presenta, bueno y malo. Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlos para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir. Son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosa difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta. Son mis dos pies.

Los más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula. Es mi lengua. Si no la vigilo de cerca, hace daño. El burro es muy obstinado. No quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día. Es mi cuerpo.

Finalmente necesito domar el león. Quiere ser rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso. Es mi corazón.

La lectura del evangelio del I Domingo de Cuaresma son las tentaciones de Jesucristo en el desierto, Él quiso retirarse a la soledad para orar y ayunar durante 40 días y así inaugurar la penitencia cuaresmal y consintió ser tentado por el demonio para rechazarlo y así enseñarnos a sofocar la fuerza del pecado (cf. Prefacio de la Misa Domingo I de Cuaresma).

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¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado!

Posted by El pescador en 5 marzo 2007

Sigo con otro soneto de Lope de Vega para comentar las lecturas de este lunes II de Cuaresma, que tratan sobre el arrepentimiento y el perdón (Daniel 9,4b-10); en esta ocasión se trata de un soneto sobre su arrepentimiento y cómo se da cuenta de su pobre respuesta al amor de Dios:

 

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

 

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio que me habéis comprado.

 

Besos de paz Os di para ofenderos,
pero si, fugitivos de su dueño,
hierran, cuando los hallan, los esclavos,

 

hoy me vuelvo con lágrimas a veros:
clavadme vos a vos en vuestro leño
y tendreisme seguro con tres clavos.

A continuación os copio de la página de Fray Nelson Medina, O.P. este Decálogo para aprender a arrepentirse, basado en Daniel 9,4-10); puede servirnos para preparar nuestra conversión y las confesiones de esta Cuaresma. A mí me ha llamado la atención el punto 4, pues siempre nos creemos que nuestros pecados son los peores y nosotros los más miserables:

  1. Reconoce que Dios fue fiel a su parte y tú no fuiste fiel a la tuya.
  2. No te justifiques; déjale la parte de las explicaciones a Dios.
  3. No te defiendas; deja ese trabajo a tu Abogado, el Paráclito, y a tu Abogada, la Sangre de Cristo.
  4. Reconoce que no eres el primero, ni el más importante ni el más terrible de los enemigos de Dios.Eres uno más. No cedas al orgullo de creer que lo tuyo es “rarísimo”, “gravísimo” o “singularísimo”. Eres… uno más.
  5. Reconoce -y sonríe al reconocer- que es típico de ti equivocarte o pecar, y es propio de Dios comprender y perdonar.
  6. Aún más: alaba al Señor, porque es más capaz de perdonar que tú de pecar.
  7. Predica que en Él hay misericordia. Predícalo mucho y de muchas maneras en muchos lugares de muchos estilos y culturas.

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¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

Posted by El pescador en 25 febrero 2007

Traigo al empezar la Cuaresma este bellísimo soneto de Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios españoles o Monstruo de la Naturaleza como lo llamó Cervantes. Fue un mujeriego, como su padre y cuentan que en su entierro había gran cantidad de mujeres (recuerdo que la profesora de Literatura nos dijo que nunca nos había pedido que estudiáramos la vida de ningún autor, pero sí nos pedía la de Lope porque dedicó muchos poemas a sus amantes), pero también fue un hombre muy religioso, como su padre lo fue también, y escribió bellos sonetos en los que expresaba su arrepentimiento y su deseo de corresponder al amor divino; terminó haciéndose sacerdote pero también tuvo una amante, Marta de Nevares, que era tan bella cuanto ser podía, en palabras del propio Lope.

Pero fue siempre un hombre creyente que se daba cuenta de su pecado y quería convertirse, como expresa este soneto.

A nosotros puede servirnos en esta Cuaresma para recordar que el Señor siempre viene a buscarnos y a llamar a nuestra puerta para que le dejemos pasar a nuestra vida y compartamos con Él la comida: Mira, yo estoy llamando a la puerta: si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos (Apocalipsis 3,20), para que descubramos el amor, el eros y el ágape de Dios por nosotros y le abramos de par en par nuestras puertas, como nos animó Juan Pablo II al inicio de su pontificado.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del inviernos oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate a la ventana,
verás con cuanto amor llamar porfía”!

 

¡Y cuántas, hermosura soberana,
“Mañana le abriremos”, respondía,
para lo mismo responder mañana!

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