El testamento del pescador

Archive for 22 diciembre 2006

La felicidad del matrimonio cristiano

Posted by El pescador en 22 diciembre 2006

Tertuliano no es considerado Padre de la Iglesia porque terminó su vida siendo hereje, pero nos ha dejado numerosas obras muy interesantes, además de precisar el lenguaje teológico en el que por ejemplo introdujo por primera vez el término “Trinidad” para referirse al misterio central de nuestra fe.

Nuestro autor nació el 155 en Cartago (hoy Túnez). De familia pagana, parece que se bautizó el 193 por el ejemplo del heroísmo de los cristianos en tiempos de persecución, como dice en uno de sus escritos: Todo el mundo, ante constancia tan prodigiosa, se siente como sobrecogido por una inquietud y desea ardientemente averiguar su causa; en cuanto descubre la verdad, la abraza inmediatamente (A Escápula 5).

Fue un abogado de renombre, y después de su conversión, puso toda su formación y sabiduría al servicio de su nueva fe, y el gran número de sus escritos que compuso durante los años 195-220 han ejercido una influencia perdurable sobre la teología.

El texto que da título a la entrada es un fragmento de su obra A su esposa. En esta obra habla de los inconvenientes que supone para una esposa cristiana el matrimonio con un hombre pagano, y lo compara con la armonía de la que goza un matrimonio entre cónyuges cristianos, pues ambos van al unísono en todo. Es un bello texto para, por ejemplo, regalar a unos novios escrito en pergamino o de cualquier otra forma bonita, para que lo tengan en un lugar preferente en su nuevo hogar y les recuerde lo que les une: la fe en Cristo, el esposo que se entregó a sí mismo por su Iglesia, purificándola con el baño del agua y la palabra (cf. Efesios 5,25-33).

¿Cómo podré expresar la felicidad de aquel matrimonio que ha sido contraído ante la Iglesia, reforzado por la oblación eucarística, sellado por la bendición, anunciado por los ángeles y ratificado por el Padre? Porque, en efecto, tampoco en la tierra los hijos se casan recta y justamente sin el consentimiento del padre. ¡Qué yugo el que une a dos fieles en una sola esperanza, en la misma observancia, en idéntica servidumbre! Son como hermanos y colaboradores, no hay distinción entre carne y espíritu. Más aún, son verdaderamente dos en una sola carne, y donde la carne es única, único es el espíritu. Juntos rezan, juntos se arrodillan, juntos practican el ayuno. Uno enseña al otro, uno honra al otro, uno sostiene al otro.

Unidos en la Iglesia de Dios, se encuentran también unidos en el banquete divino, unidos en las angustias, en las persecuciones, en los gozos. Ninguno tiene secretos con el otro, ninguno esquiva al otro, ninguno es gravoso para el otro. Libremente hacen visitas a los necesitados y sostienen a los indigentes. Las limosnas que reparten, no les son reprochadas por el otro; los sacrificios que cumplen no se les echan en cara, ni se les ponen dificultades para servir a Dios cada día con diligencia. No hacen furtivamente la señal de la cruz, ni las acciones de gracias son temerosas ni las bendiciones han de permanecer mudas. El canto de los salmos y de los himnos resuena a dos voces, y los dos entablan una competencia para cantar mejor a su Dios. Al ver y oír esto, Cristo se llena de gozo y envía sobre ellos su paz (A su esposa 9).

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Bendición del árbol de Navidad en casa

Posted by El pescador en 21 diciembre 2006

La costumbre de colocar un árbol adornado en los hogares cristianos durante las fiestas de Navidad puede recordarnos que Cristo, nacido por nosotros en Belén, es el verdadero Árbol de la vida, Árbol del que fue separado el hombre a causa del pecado de Adán.

En este árbol, lleno de luz, debemos ver a Cristo luz del mundo, que con su nacimiento nos conduce a Dios que habita en una luz inaccesible.

Podemos hacer este rito de bendición el 24 ó el 25 de Diciembre, al empezar las fiestas de Navidad. Lo hará normalmente el padre o la madre con la familia reunida.

El rito consta del saludo inicial, la lectura breve de la Palabra de Dios y la oración de bendición.

RITO DE LA BENDICIÓN

El padre o la madre dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden

Que hizo el cielo y la tierra.

Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Is 60,13: Vendrá a ti, Jerusalén, el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y el pino, para adornar el lugar de mi santuario y ennoblecer mi estado.

Luego el ministro, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
Bendito seas, Señor y Padre nuestro, que nos concedes recordar con fe en estos días de Navidad los misterios del nacimiento de Jesucristo.
Concédenos, a quienes hemos adornado este árbol y lo hemos embellecido con luces, vivir también a la luz de los ejemplos de la vida santa de tu Hijo y ser enriquecidos con las virtudes que resplandecen en su santa infancia.
Gloria a él por los siglos de los siglos.

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Bendición del Belén familiar

Posted by El pescador en 20 diciembre 2006

Voy a escribir el rito, que es muy sencillo, para bendecir el Belén navideño en casa con la familia. Es una buena manera, y muy sencilla, de empezar la Navidad. Podéis hacerlo el día 24 ó 25.

El rito consiste en: Saludo, lectura de la Palabra de Dios, Preces y Oración de bendición.

(Las frases en cursiva son explicaciones)

BENDICIÓN DEL BELÉN FAMILIAR

Reunida toda la familia, el padre o la madre de la misma dice:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

El que dirige la celebración puede decir:

Alabemos y demos gracias al Señor que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

Luego el que dirige la celebración dispone a los presentes para la bendición con estas palabras:

Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

Uno de los miembros de la familia lee un texto de la Sagrada Escritura.
Lc 2,4-7a: María dio a luz a su hijo primogénito

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Lucas.

En aquellos días, José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

Palabra del Señor.

Después de la lectura, según las circunstancias, puede cantarse un canto adecuado.

PRECES
Sigue la plegaria común:

En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle: Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

Oh Cristo, por el misterio de tu sumisión a María y a José enséñanos el respeto y la obediencia a quienes dirigen esta familia.

Tú que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza a nuestra familia en el amor y la concordia.

Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, haz que en nuestra familia Dios sea honorificado.

Tú que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite a nuestros familiares, que en otros años celebraban las fiestas de Navidad con nosotros, en tu familia eterna.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Luego el ministro, con las manos juntas, dice:

Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir + este nacimiento y a la comunidad cristiana que está aquí presente, para que las imágenes de este Belén ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños.

Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

O bien:

Oh Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos has entregado a tu único Hijo Jesús, nacido de la Virgen María, para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, te pedimos que con tu bendición + estas imágenes del nacimiento nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría y a ver a Cristo presente en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.

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Bendición de la corona de Adviento en casa

Posted by El pescador en 19 diciembre 2006

Para empezar el Adviento y prepararnos a la Navidad en muchas iglesias se pone una corona de Adviento. También podemos colocarla en nuestra casa y bendecirla con nuestra familia.

Con la bendición subrayamos el significado religioso de este símbolo de la alegría de prepararnos para la Navidad.

La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

Este rito es para bendecir la corona en casa con la familia. Consta de Saludo, Monición introductoria, Lectura breve de la Palabra de Dios, Oración de bendición.

RITO DE LA BENDICIÓN EN LA FAMILIA

El ministro (por ejemplo, el padre o la madre), al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

MONICIÓN INTRODUCTORIA

Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad.

Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura:

Is 60,1: ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

Luego el ministro, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.

Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas nuestras oscuridades.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana del Adviento.

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La laicidad, según Benedicto XVI

Posted by El pescador en 18 diciembre 2006

Copio el discurso que dirigió Benedicto XVI el 9 de diciembre al 56º Congreso nacional de la Unión de Juristas Católicos Italianos, para que la cabeza visible de la Iglesia nos explique qué es la laicidad según la Iglesia.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Bienvenidos a este encuentro, que tiene lugar en el contexto de vuestro congreso nacional de estudio dedicado al tema: “La laicidad y las laicidades”. Os dirijo a cada uno mi cordial saludo, comenzando por el presidente de vuestra benemérita asociación, profesor Francesco D’Agostino, al que también doy las gracias por haberse hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes y por haberme explicado brevemente las finalidades de vuestra acción social y apostólica. El congreso afronta el tema de la laicidad, que es de gran interés porque pone de relieve que en el mundo de hoy la laicidad se entiende de varias maneras: no existe una sola laicidad, sino diversas, o, mejor dicho, existen múltiples maneras de entender y vivir la laicidad, maneras a veces opuestas e incluso contradictorias entre sí. Haber dedicado estos días al estudio de la laicidad y de los diferentes modos de entenderla y actuarla os ha introducido en el intenso debate actual, un debate que resulta muy útil para los que cultivan el derecho.

Para comprender el significado auténtico de la laicidad y explicar sus acepciones actuales, es preciso tener en cuenta el desarrollo histórico que ha tenido el concepto. La laicidad, nacida como indicación de la condición del simple fiel cristiano, no perteneciente ni al clero ni al estado religioso, durante la Edad Media revistió el significado de oposición entre los poderes civiles y las jerarquías eclesiásticas, y en los tiempos modernos ha asumido el de exclusión de la religión y de sus símbolos de la vida pública mediante su confinamiento al ámbito privado y a la conciencia individual. Así, ha sucedido que al término “laicidad” se le ha atribuido una acepción ideológica opuesta a la que tenía en su origen.

En realidad, hoy la laicidad se entiende por lo común como exclusión de la religión de los diversos ámbitos de la sociedad y como su confín en el ámbito de la conciencia individual. La laicidad se manifestaría en la total separación entre el Estado y la Iglesia, no teniendo esta última título alguno para intervenir sobre temas relativos a la vida y al comportamiento de los ciudadanos; la laicidad comportaría incluso la exclusión de los símbolos religiosos de los lugares públicos destinados al desempeño de las funciones propias de la comunidad política: oficinas, escuelas, tribunales, hospitales, cárceles, etc.

Basándose en estas múltiples maneras de concebir la laicidad, se habla hoy de pensamiento laico, de moral laica, de ciencia laica, de política laica. En efecto, en la base de esta concepción hay una visión a-religiosa de la vida, del pensamiento y de la moral, es decir, una visión en la que no hay lugar para Dios, para un Misterio que trascienda la pura razón, para una ley moral de valor absoluto, vigente en todo tiempo y en toda situación. Solamente dándose cuenta de esto se puede medir el peso de los problemas que entraña un término como laicidad, que parece haberse convertido en el emblema fundamental de la posmodernidad, en especial de la democracia moderna.

Por tanto, todos los creyentes, y de modo especial los creyentes en Cristo, tienen el deber de contribuir a elaborar un concepto de laicidad que, por una parte, reconozca a Dios y a su ley moral, a Cristo y a su Iglesia, el lugar que les corresponde en la vida humana, individual y social, y que, por otra, afirme y respete “la legítima autonomía de las realidades terrenas”, entendiendo con esta expresión -como afirma el concilio Vaticano II- que “las cosas creadas y las sociedades mismas gozan de leyes y valores propios que el hombre ha de descubrir, aplicar y ordenar paulatinamente” (Gaudium et spes, 36).

Esta autonomía es una “exigencia legítima, que no sólo reclaman los hombres de nuestro tiempo, sino que está también de acuerdo con la voluntad del Creador, pues, por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden y leyes propias, que el hombre debe respetar reconociendo los métodos propios de cada ciencia o arte” (ib.). Por el contrario, si con la expresión “autonomía de las realidades terrenas” se quisiera entender que “las cosas creadas no dependen de Dios y que el hombre puede utilizarlas sin referirlas al Creador”, entonces la falsedad de esta opinión sería evidente para quien cree en Dios y en su presencia trascendente en el mundo creado (cf. ib.).

Esta afirmación conciliar constituye la base doctrinal de la “sana laicidad”, la cual implica que las realidades terrenas ciertamente gozan de una autonomía efectiva de la esfera eclesiástica, pero no del orden moral. Por tanto, a la Iglesia no compete indicar cuál ordenamiento político y social se debe preferir, sino que es el pueblo quien debe decidir libremente los modos mejores y más adecuados de organizar la vida política. Toda intervención directa de la Iglesia en este campo sería una injerencia indebida.

Por otra parte, la “sana laicidad” implica que el Estado no considere la religión como un simple sentimiento individual, que se podría confinar al ámbito privado. Al contrario, la religión, al estar organizada también en estructuras visibles, como sucede con la Iglesia, se ha de reconocer como presencia comunitaria pública. Esto supone, además, que a cada confesión religiosa (con tal de que no esté en contraste con el orden moral y no sea peligrosa para el orden público) se le garantice el libre ejercicio de las actividades de culto -espirituales, culturales, educativas y caritativas- de la comunidad de los creyentes.

A la luz de estas consideraciones, ciertamente no es expresión de laicidad, sino su degeneración en laicismo, la hostilidad contra cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión; en particular, contra la presencia de todo símbolo religioso en las instituciones públicas.

Tampoco es signo de sana laicidad negar a la comunidad cristiana, y a quienes la representan legítimamente, el derecho de pronunciarse sobre los problemas morales que hoy interpelan la conciencia de todos los seres humanos, en particular de los legisladores y de los juristas. En efecto, no se trata de injerencia indebida de la Iglesia en la actividad legislativa, propia y exclusiva del Estado, sino de la afirmación y de la defensa de los grandes valores que dan sentido a la vida de la persona y salvaguardan su dignidad. Estos valores, antes de ser cristianos, son humanos; por eso ante ellos no puede quedar indiferente y silenciosa la Iglesia, que tiene el deber de proclamar con firmeza la verdad sobre el hombre y sobre su destino.

Queridos juristas, vivimos en un período histórico admirable por los progresos que la humanidad ha realizado en muchos campos del derecho, de la cultura, de la comunicación, de la ciencia y de la tecnología. Pero en este mismo tiempo algunos intentan excluir a Dios de todos los ámbitos de la vida, presentándolo como antagonista del hombre. A los cristianos nos corresponde mostrar que Dios, en cambio, es amor y quiere el bien y la felicidad de todos los hombres. Tenemos el deber de hacer comprender que la ley moral que nos ha dado, y que se nos manifiesta con la voz de la conciencia, no tiene como finalidad oprimirnos, sino librarnos del mal y hacernos felices. Se trata de mostrar que sin Dios el hombre está perdido y que excluir la religión de la vida social, en particular la marginación del cristianismo, socava las bases mismas de la convivencia humana, pues antes de ser de orden social y político, estas bases son de orden moral.

A la vez que os agradezco una vez más, queridos amigos, vuestra visita, invoco la protección materna de María sobre vosotros y sobre vuestra asociación. Con estos sentimientos os imparto de corazón a todos una bendición apostólica especial, que de buen grado extiendo a vuestras familias y a vuestros seres queridos.

[Traducción distribuida por la Santa Sede © Copyright 2006 – Libreria Editrice Vaticana]

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La ONU, los discapacitados y la “salud reproductiva”

Posted by El pescador en 17 diciembre 2006

Pongo esta noticia que habla de cómo el Vaticano no ha querido firmar la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas discapacitadas.

El motivo ha sido muy sencillo: En el artículo 25 se incluye el eufemismo “salud reproductiva”, vulgo aborto. La Santa Sede ha puesto el dedo en la llaga: la ONU quiere evitar la discriminación de los discapacitados en la sociedad, pero parece que quiere evitar que nazcan más discapacitados, que es mejor abortarlos para ahorrar sufrimientos; eso se llama eugenesia y lo hicieron, por ejemplo, los nazis para mejorar la raza.

Leed la noticia completa a continuación:

AMERICA/ESTADOS UNIDOS – La Santa Sede no puede firmar la Convención que ha adoptado por unanimidad la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas discapacitadas

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Es reciente la adopción de forma definitiva del texto de la Convención sobre los Derechos de las Personas Discapacitadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero la Santa Sede hace presente, por medio del arzobispo Mons. Celestino Migliore, Observador permanente ante la ONU, que no puede suscribirla a causa del artículo 25 sobre la salud, en particular por la referencia sobre la “salud sexual y reproductiva”, aun compartiendo su objetivo de asegurar una completa integración de las personas discapacitadas en la sociedad.

Mons. Migliore, ha explicado que la Santa Sede se opone a la inclusión de esta expresión porque en muchos Países los servicios de salud reproductiva incluyen el aborto, negando pues el derecho a la vida de todo ser humano”.

“Es trágico – ha dicho el Nuncio apostólico en su intervención – que mientras un defecto del feto es una condición para autorizar el aborto, la Convención creada para proteger a las personas con disminuciones de cualquier discriminación en el ejercicio de sus derechos pueda ser usada para negar el básico derecho a la vida de personas minusválidas no nacidas”.

“Proteger los derechos, la dignidad y el valor de las personas con discapacidades continúa siendo unos de los puntos principales de la Santa Sede” ha subrayado Mons. Migliore. “A pesar de los útiles artículos que contiene la Convención, la Santa Sede no puede firmarla”.

La Convención, que la Asamblea General de la ONU adoptó ayer por unanimidad entrará en vigor 30 días después de la ratificación de al menos veinte Estados, objetivo que se supone alcanzable entre el 2008 y el 2009. La Convención obliga a los Países firmantes a adoptar leyes que prohíban la discriminación por cualquiera forma de discapacidad y a eliminar aquellas normativas que les supongan un daño. Los gobiernos tendrán además que combatir estereotipos y prejuicios y promover la plena participación de las personas minusválidas en la vida social, ‘”reafirmando – se lee en el texto – que todo ser humano tiene derecho a la vida”. (AP) (15/12/2006 Agencia Fides; Líneas: 28 Palabras: 368)

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Shusaku Endo: “Vida de Jesús”

Posted by El pescador en 17 diciembre 2006

Continuando con la presentación de Shusaku Endo y su obra, hoy voy a daros a conocer su Vida de Jesús; en español la editaron con el título de Jesús Sal Terrae en 1980 y Espasa-Calpe en 1996.

El Cardenal Shirayanagi, arzobispo emérito de Tokio, dijo de Endo que fue “el mejor misionero del cristianismo que jamás ha tenido Japón”, porque como decía yo en la entrada anterior en Japón el resplandor de su obra traspasa de lejos la comunidad cristiana: Por sus interrogaciones (¿la fe cristiana puede arraigar en Japón?), por su proximidad a Dios, por su descubrimiento de un Jesús pobre y despojado.

En esta entrada voy a traduciros el prefacio que hace Endo para la edición estadounidense de su obra A life of Jesus (Vida de Jesús o Jesús, como se publicó en España). Este prefacio está escrito para lectores occidentales pues él escribió la obra para ayudar a entender la fe cristiana a sus compatriotas, de mentalidad y cultura asiática y tradición religiosa budista, totalmente distinta de la nuestra y no familiarizados con nuestras tradiciones y cultura, modeladas por la fe cristiana.

Dice Shusaku Endo en su prefacio a la edición estadounidense:

Mi libro llamado Una vida de Jesús puede causar sorpresa para los lectores americanos cuando descubran una interpretación de Jesús algo reñida con la imagen que poseen.

Jesús tal como lo pinto yo es una persona que vivió para el amor y todavía para más amor; e incluso fue llevado a la muerte porque eligió vivir sin resistencia violenta. Mi manera de representar a Jesús está enraizado en que soy un novelista japonés. Escribí este libro para el beneficio de los lectores japoneses que no tienen tradición cristiana propia ni conocen casi nada sobre Jesús. Lo que es más, yo estaba decidido a subrayar el aspecto particular del amor en su personalidad precisamente en orden a hacer a Jesús entendible en términos de psicología religiosa de mis compatriotas no cristianos y de este modo demostrar que Jesús no es ajeno a sus sensibilidades religiosas.

La mentalidad religiosa de los japoneses es -tal como era en el tiempo en que la gente aceptó el budismo- sensible a quien “sufre con nosotros” y a quien “tiene en cuenta nuestra debilidad”, pero su mentalidad tiene poca tolerancia para cualquier clase de ser trascendente que juzga con dureza a los humanos y luego los castiga. En resumen, los japoneses tienen tendencia a buscar en sus dioses y budas una madre acogedora antes que un padre severo. Con este hecho siempre en mente traté no tanto describir demasiado a Dios en la imagen paterna a que tiende a caracterizarlo el cristianismo, sino más bien de describir el aspecto maternal acogedor de Dios revelado a nosotros en la personalidad de Jesús.

Si mis lectores estadounidenses [occidentales] tienen este punto de vista en mente mientras se mueven a lo largo de Vida de Jesús (Jesús), se formarán (creo) una idea más profunda de dónde coinciden la psicología religiosa de los japoneses y otros orientales con la suya propia, y apreciarán mejor esos puntos en los que las dos psicologías quizás difieren.

La carrera de Jesús tal como es presentada en este libro no incluye la imagen de Jesús como El Único que realiza el Antiguo Testamento judío. En este punto estoy de acuerdo con el descontento expresado por muchos teólogos y clérigos. Además, como he escrito este libro en mi calidad de novelista, no contiene interpretaciones teológicas de los mensajes proféticos contenidos en la Biblia. Estas interpretaciones se encuentran más allá del diseño del libro, en un área a la cual mi capacidad no alcanza.

Como afirmo cerca del final del libro mismo, no creo que mi retrato de Jesús toque todos los aspectos de su vida. Expresar lo que es sagrado es imposible para un novelista. No he hecho más que tocar las apariencias de de la vida humana de Jesús. Siento, de todas maneras, que mi trabajo no ha sido una pérdida de tiempo, si solamente la imagen de Jesús que yo (un japonés) he tocado puede también encender una chispa de reconocimiento vital de Jesús incluso en lectores que no hubieran tenido contacto previo con la religión cristiana.

Finalmente, oro para que mi discusión de la ejecución de Jesús no ocasione el menor disgusto para los judíos religiosos. Estoy enterado de las controversias del pasado, incluso en círculos académicos, acerca de si fueron los judíos o los romanos quienes mataron a Jesús. Como un forastero no estoy en posición de fijar la culpa en uno u otro lado. El único fin que deseé hacer es que Jesús fue llevado a la muerte por gente a la que nunca cesó de amar.

Shusaku Endo

Tokio
Viernes Santo 1978

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Shusaku Endo, un escritor católico en el país del sol naciente

Posted by El pescador en 16 diciembre 2006

Habréis notado que en la sección Mis libros de la barra lateral hay bastantes de un tal Shusaku Endo, al que seguramente no conocéis ni de oídas. Por eso hoy quiero presentaros a este escritor japonés católico al que prácticamente nadie conoce aquí, Shusaku Endo (1923-29/IX/96). Aparte de leer esta entrada os recomiendo este artículo de Justo Amado en Alfa y Omega 39 publicada el 5-X-1996.

Pero su obra es sumamente interesante por los temas que trata, entre los cuales yo quiero destacar (y no son los únicos) la Iglesia en Japón, las relaciones entre Oriente y Occidente y el sacerdote caído. Por eso, este año en que celebramos el V Centenario del evangelizador del Japón, San Francisco Javier, es un buen momento para conocer a este escritor católico y japonés, del que además se han cumplido ahora 10 años de su muerte.

Shusaku Endo nació en Tokio en marzo de 1923 y pasó en Manchuria, China. Regresó al Japón a los 10 años de edad con su madre cuando sus padres se divorciaron. Allí se bautizó a los 11 años con su madre.

Ella sentía el rechazo de la sociedad por ser una mujer divorciada y encontró el consuelo de la fe cristiana a través de su hermana. También se bautizó nuestro autor. Él comparó su bautismo como un traje que no le sentaba bien, y que tuvo que ir adaptando a su cultura y mentalidad oriental.

En el Japón de los años 30, los cristianos eran el 1% de la población, y Endo se sentía extraño porque el cristianismo era visto como una religión occidental. Por eso veía Occidente como su hogar espiritual. Después de la II Guerra Mundial, fue a estudiar a Francia literatura francesa y allí se familiarizó con los grandes escritores católicos de ese país como François Mauriac y Georges Bernanos. Pero en Francia tampoco se sintió bienvenido, esta vez por la raza, pues los Aliados habían desarrollado una amplia propaganda anti japonesa durante la guerra.

Durante los tres años de su estancia en Francia, Endo cayó en una depresión. Para empeorar aún más las cosas, contrajo tuberculosis, le extirparon un pulmón y estuvo mucho tiempo en hospitales.

Al final, concluyó que la fe cristiana lo había hecho enfermar. Rechazado en su patria de origen, rechazado en su patria espiritual de Occidente, le vino una grave crisis de fe. Antes de volver a Japón, visitó Tierra Santa para conocer la vida de Jesús, y allí hizo un descubrimiento sorprendente para él: Jesús también fue rechazado. Sus vecinos se rieron de Él, su familia se cuestión su salud mental, sus más estrechos amigos lo traicionaron, y sus compatriotas lo entregaron como un vulgar criminal. A lo largo de su ministerio, Jesús se acercó adrede al pobre y al rechazado: tocó a los leprosos, comió con los pecadores, perdonó ladrones, adúlteros y prostitutas.

Esta nueva percepción de Jesús golpea a Endo con la fuerza de una revelación. Desde la ventajosa posición lejana del Japón había visto el cristianismo como la constantiniana, triunfante. Había estudiado el Sacro Imperio Romano y las brillantes Cruzadas, había admirado las fotos de las grandes catedrales de Europa, había soñado con vivir en una nación donde ser cristiano no fuera una deshonra. Ahora, cuando estudió la Biblia, vio que el mismo Cristo no había evitado “la des-honra”.

Jesús era el Siervo sufriente, tal como era representado por Isaías: Despreciado y rechazado por los hombres, un hombre de penas, y acostumbrado a los sufrimientos. Como uno de quien los hombres se apartan. Si alguien podía, seguramente era este Jesús quien podía entender el rechazo por el que atravesaba Endo.

Endo volvió a Japón con la fe intacta, aun sintiendo la necesidad de rehacerla para formar un traje que le sentara bien. El cristianismo, para ser efectivo en Japón, debe cambiar, decidió. Se hizo novelista, de hecho, para poner por escrito estas cuestiones. Un hombre flaco, enfermo, que llevaba gafas con cristales gordos, en el borde de la sociedad, se deslizó fácilmente dentro de la vida libresca de un escritor. Empezó a sacar novelas a razón de una por año y su paso no ha ido más despacio desde mediados de los años 50.

Irónicamente su idea de minar los cimientos del rechazo y alienación del cristianismo llevaron a Endo al éxito y a la aclamación. Se convirtió en el escritor vivo más conocido, sus libros traducidos a más de 25 idiomas, su nombre muchas veces sonó como candidato al Premio Nobel de Literatura. Graham Greene lo llamó “uno de los más finos novelistas vivos”. Luminarias como John Updike, Annie Dillard y Yukio Mishima se unieron al coro de alabanzas. Fue algo así como un héroe cultural en Japón, prominente en periódicos y revistas, y durante un tiempo hasta tuvo un programa de entrevistas en TV.

Una de las paradojas no menos importantes que rodean a Endo es que ningún novelista importante hoy trabaja tan desvergonzadamente y exclusivamente con temas abiertamente cristianos. Los cristianos en Japón aún no exceden del 1% de la población, lo que hace aún más increíble que los libros de Endo aterrizen en la lista de los más vendidos. Dentro de Japón ayudó a un gran número de escritores e intelectuales a encontrar su camino dentro de la Iglesia. Fuera del Japón ha derramado una nueva luz sobre la fe – a la vez una luz reveladora potente que expone ángulos mucho tiempo ocultos y una luz que borra suavemente oscuras sombras-.

Desde el principio Endo quiso mostrar las diferencias entre las maneras de ver el mundo de Oriente y Occidente. Por ejemplo, él había sido formado en la literatura católica occidental, que supone un Ser creador distinto de lo creado. El japonés, sin embargo, no creía en tal Ser supremo, por lo cual los temas profundos de Dios, pecado, culpa y la crisis moral -el centro de mucha literatura occidental- tenía poca importancia para el lector medio japonés. Hablo a continuación de algunas obras interesantes por el tema y dónde podéis encontrarlas:

  • Silencio, El país de oro y Los últimos mártires: Estas tres obras tratan sobre la persecución a que fue sometida la Iglesia en Japón desde el siglo XVI hasta el XIX (la más larga y cruel persecución contra los cristianos). Silencio es su novela más famosa e importante y junto con Los últimos mártires (un relato corto) trata del silencio de Dios cuando tenemos dificultades y las torturas que tuvieron que soportar los mártires japoneses. El país de oro es una obra de teatro.
  • Sombras, Hombre amarillo/hombre blanco, Volcán y también Silencio tratan sobre la crisis del sacerdote.
  • Japoneses en Varsovia, El samurai y Estudios en el extranjero muestran las relaciones de Oriente y Occidente a través de relatos históricos. En el primero unos japoneses de visita en Polonia conocen a San Maximiliano Mª Kolbe (el mártir de la caridad en Auschwitz) gracias a que los polacos les hablan de él ya que son japoneses y el santo fue misionero allí. Los otros dos son novelas históricas ambientadas en distintas épocas para mostrar desde la óptica japonesa la impresión que causó Occidente en los japoneses que vinieron a Europa desde el siglo XVI.
  • Finalmente, para que conozcáis algo de la Iglesia en Japón y los kakure, los cristianos que sobrevivieron a la persecución y que conservan las oraciones aprendidas de los primeros misioneros, pero que debido al aislamiento y a la ausencia de pastores por la persecución, hoy son oraciones ininteligilibles y sus creencias mezclan el cristianismo con el budismo y creencias japonesas; ellos se consideran a sí mismos los cristianos auténticos y no tienen interés en unirse a la Iglesia católica oficial.
  • El tonto maravilloso: una versión de El idiota de Dostoievski, en que la candidez del protagonista es vista por muchos como idiotez, todo ello como un trasunto de Jesucristo.

En definitiva, la fe es el centro y el motivo principal de su obra, como decía Justo Amado en la noticia de su muerte (Alfa y Omega 39 5-X-1996):

La obra de este hombre nos puede dejar perplejos. Nos hemos acostumbrado a ser católicos, y el oír hablar de un escritor católico nos puede hacer pensar que estamos delante de un compositor de catecismos o de un hombre que simplemente no pone las típicas escenas picantes en cada novela. No, Shusaku Endo es un escritor católico en el sentido más pleno de la palabra. La fe es tema en sus novelas y es también luz de sus juicios. Una piedra donde podrían tropezar muchos autores españoles «cansados de la moral cristiana».

No sé si se me queda algo en el tintero; si tenéis más curiosidad por este autor escribidme a mi correo (que aparece en el Perfil). Lamentablemente sólo dos obras suyas están traducidas al español: Silencio y El samurai. Podéis encontrarlas en la Editorial Edhasa, y si no están ya en librerías en la web de libros de viejo http://www.iberlibro.com o http://www.uniliber.com. Sus obras traducidas al inglés y al francés (algunas) están en http://www.amazon.co.uk y http://www.amazon.fr

 

 

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El Adviento: Preparar el camino de la fe y el de la caridad

Posted by El pescador en 10 diciembre 2006

La Palabra de Dios de este II Domingo de Adviento nos trae a San Juan Bautista, figura clave de este tiempo puesto que nos anuncia al que ha de venir.El Bautista, el más grande nacido de mujer pero el más pequeño en el Reino de los cielos (cf. Mateo 11,11) es el último de los profetas del Antiguo Testamento, es la bisagra sobre la que giran las dos Alianzas.

Animaba a la gente a que se convirtiera y se bautizara, citando a los profetas:

Se oye la voz de alguien que grita en el desierto: “¡Preparad el camino del Señor; abridle un camino recto!” (Lc 3,4)

San Juan había recibido la Palabra del Señor, al igual que los profetas del Antiguo Testamento, para anunciar y proclamar la voluntad del Señor, para consolar al pueblo de Israel y confirmar sus promesas.

Anima a rellenar los valles, a nivelar montes y colinas, promete que los caminos torcidos se enderezarán y se allanarán los caminos escabrosos. Por tanto vemos que el motivo central de la predicación primera es preparar un camino llano, limpio y sin desniveles al Señor que viene.

Hay que limpiar el camino de la fe por el cual viene el Señor para hacer de él un camino inmaculado, como es el del Señor (cf. Salmo 18,30):

Dios mío, tu camino es inmaculado. Mi Dios no vino a los hombres si ellos no hubieran limpiado el camino de la fe por el que viene a ellos, pues su camino es inmaculado (San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos 17,31).

Se trata de un doble camino, el de la caridad, por el que nosotros vamos hacia Dios, y el de la fe, por el cual Él viene a nosotros. Y es Dios mismo quien nos hace el camino de la caridad inmaculado:

E hizo mi camino inmaculado. E hizo inmaculado el camino de la caridad, por el cual iré a Él, como inmaculada es la fe por la cual viene a mí (17,33).

Por eso, dos días después de celebrar la Inmaculada, la que no tiene mancha, la mujer más bella del mundo, comprendemos que eso es lo que nos pide Dios a través de la predicación profética del bautista: que preparemos un camino sin mancha, inmaculado, como el del Señor. Y hemos de hacerlo por la fe, aceptando al Hijo de Dios que viene a hacerse hombre, como hizo María: Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho! (Lucas 1,38); ella fue la primera cristiana porque fue la primera en creer en Jesucristo al aceptar el anuncio del ángel.

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El Estado aconfesional y el Estado laico: el huevo y la castaña

Posted by El pescador en 9 diciembre 2006

Hace unos días el PSOE sacó su manifiesto sobre laicidad y Constitución, y enlazaba la que tenemos desde 1978 con la republicana de 1931 para fundamentar el laicismo excluyente que quieren hacernos tragar empezando como siempre por el fundamento de la sociedad, la Educación.

Por eso hoy quiero mostraros cómo las dos constituciones, la del 78 y la del 31 se parecen lo mismo que un huevo y una castaña en el asunto religioso. Porque las del 78 afirma la separación del Estado y la Iglesia, como la del 31, pero dice la que tenemos hoy en día que el Estado es aconfesional, o sea no tiene religión oficial pero reconoce la importancia de la religión en nuestro país, y especialmente de la católica:

 

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones (Artículo 17.3).

Aquí no se habla de privilegios ni oficialidades, sino que es un reconocimiento de la presencia de la religión, y de la Iglesia católica en primer lugar, en la sociedad española, todo ello sin que el Estado reconozca como oficial o propia ninguna religión.

La de 1931 no hablaba nada de cooperación, sino todo lo contrario, como demostró la práctica: empezando por suprimir y expulsar a los Jesuitas y por consiguiente sus centros de enseñanza (entre ellos, lo que podría asemejarse a la única Facultad de Economía, en Deusto), y así al mes de empezar el nuevo régimen republicano ya empezaban a arder iglesias y conventos, con la consiguiente barbarie de destruir obras de arte que no se podían recuperar. Porque la constitución republicana era anticlerical y anticristiana.

Esto es lo que el PSOE entiende por laicidad, según su manifiesto: la exclusión de una parte importante de la sociedad por sus creencias, o que se olviden de ellas si quieren ser buenos ciudadanos.

Voy a incluir en esta entrada un artículo del P. Vicente Cárcel, historiador, sobre la labor del nuncio Tedeschini ante el Gobierno republicano, como ejemplo de la laicidad de la II República española, que según el PSOE, volvió con la Constitución de 1978, pero da la casualidad de que hasta 28 años después nadie lo había advertido, sólo ellos, ya que la de 1978 es una constitución aconfesional, no laicista:

Vicente Cárcel Ortí – Historiador

Fuente: ECCLESIA

Nombrado nuncio apostólico en España en la primavera de 1921 por Benedicto XV, Federico Tedeschini llegó a Madrid en el otoño del mismo año y permaneció en la capital de España hasta el 11 de junio de 1936. Su misión diplomática duró casi 16 años y fue la más larga de un representante pontificio en España en la época contemporánea.

El impacto que le produjo la Segunda Republica quedó ampliamente reflejado el despacho que envió al cardenal Pacelli pocos días después de producirse su proclamación fraudulenta, sin haber ganado unas elecciones políticas y habiendo perdido las administrativas. Desde ese momento, y durante cinco años ininterrumpidos, desarrolló Tedeschini una actividad diplomática sin precedentes en la historia de las relaciones diplomáticas entre España y la Santa Sede porque puede decirse que, casi cada día, tuvo que afrontar un problema nuevo, grave y complejo. Y, sobre todo, tuvo que dialogar con una serie de presidentes de Gobierno y ministros, todos ellos polfticamente de izquierdas, algunos muy radicales en sus planteamientos ideológicos y en su declarado anticlericalismo y fanatismo antirreligioso. Tedeschini supo mantener buenas relaciones con todos ellos, incluso con algunos, éstas fueron más cordiales. Lo demuestra el tono de sus cartas personales y las informaciones que periódicamente enviaba al cardenal Pacelli, secretario de Estado, y amigo suyo, con el que tuvo siempre tanta confianza, que le trataba de tu en privado y le revelaba hechos y detalles que no constan en los despachos diplomáticos oficiales.

El 12 de diciembre de 1931 tomó posesión el nuevo Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, elegido pocos días antes y se planteó el problema del decano del Cuerpo Diplomático—que correspondía por tradición antiquísima al nuncio—, porque la República no le reconocía este privilegio al representante pontificio, según un pintoresca interpretación del laicismo republicano. Dado que el nuncio era un eclesiástico y el decanato del Cuerpo Diplomático era un privilegio que las monarquías, desde antaño, habían otorgado al representante pontificio, el Gobierno republicano encargó el discurso oficial de saludo al nuevo presidente al embajador más antiguo en el cargo que era el barón de Borchgrave, de Bélgica. Según el Gobierno, tras la promulgación de la Constitución, que sancionaba la separación Iglesia-Estado, al nuncio se le negaba el decanato diplomático y esto fue interpretado por la Santa Sede como una nueva ofensa contra ella, pero, antes de protestar, pidió explicaciones para saber a qué atenerse.

Una circunstancia personal que afectó al embajador belga resolvió, de momento, el problema, ya que se hallaba enfermo e imposibilitado para salir de casa. El mismo barón comunicó este contratiempo a Tedeschini, que era el segundo representante diplomático en antigüedad residente en Madrid, y le dijo que le correspondía a él hacer el discurso de saludo al nuevo presidente. Ante esta delicada situación. La Secretaría de Estado le dijo que imitara el ejemplo de cuanto Pío Xl había hecho en Polonia, cuando fue nuncio en aquel país, es decir presentar, como decano, al Cuerpo Diplomático, deseándole al presidente que pudiera ejercer su misión por el bien de todos los ciudadanos, y evitando palabras que pudieran interpretarse como homenajes personales. El incidente quedó resuelto favorable-mente para el nuncio, gracias a la intervención personal del ministro de Estado, Alejandro Lerroux, que reconoció el decanato de Tedeschini, quien siguió participando en los actos oficiales.

Negado el oratorio privado

Alcalá Zamora comunicó oficialmente al Papa su elección presidencial y Pío XI le respondió con una carta en latín. Tedeschini mantuvo buena relación con él, aunque no siempre pudo complacerle en lo que pedía, por ejemplo cuando solicitó la concesión de oratorio privado para poder asistir a la santa misa en privado él y su esposa. Desde Roma se prefirió esperar tiempos mejores, ya que la grave situación religiosa de España desaconsejaba la concesión de este privilegio pontificio a un presidente de República que sancionada con su firma leyes contra la Iglesia y los católicos.

La expulsión del cardenal Segura y del obispo Múgica, de Vitoria; los incendios de iglesias y conventos en mayo de 1931 y la intensa legislación anticlerical de las primeras semanas de la República fueron los temas principales que acapararon la atención de Tedeschini. A todos ellos tuvo que hacer frente con notas verbales o escritos de protesta, con memoriales y con cartas oficiales o personales dirigidas al presidente de la República y a los ministros de Estado, Gobernación o Justicia, según lo exigiese cada caso concreto. También tuvo que soportar respuestas a algunas de estas notas —no a todas, porgue el Gobierno no siempre le contesto como debía—, en las que no faltaban falsedades, exageraciones e incluso insolencias y provocaciones.

Durante los años sucesivos, otros te mas no menos conflictivos centraron la actividad del nuncio: la supresión de la dotación estatal para el Culto y el Clero, la elaboración y aprobación de la nueva Constitución, la legislación sobre matrimonio y familia, enseñanza y cementerios; en 1932 la disolución de la Compañía de Jesús y la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas; en 1934 la negociación de un Modus vivendi, que no llegó a concluirse por decisión personal de Pío XI, y otras materias.

Creado cardenal en el consistorio del 16 de diciembre de 1935, Tedeschini siguió al frente de la Nunciatura con el título de pronuncio hasta el final de la primavera del año siguiente. Durante los últimos meses de su estancia en España tuvo que presentar diversas notas de protesta contra los atentados perpetrados a iglesias y lugares sagrados.

Inauditos atropellos

El 14 de marzo de 1936 dirigió a Manuel Azaña, presidente del Consejo de Ministros y ministro de Estado accidental, un extenso escrito en el que dijo: «A raíz de los desmanes ocurridos en la provincia de Alicante, tuve el honor de visitarle para expresarle el sentimiento de esta Representación Pontificia por los incendios y saqueos perpetrados en aquella provincia contra tantos templos y edificios religiosos. VE. me manifestó entonces que lo ocurrido se debía a falta de enlace entre las Autoridades de la situación anterior y las de la presente, de cuya falta se habían aprovechado los facinerosos para cometer aquellos desmanes, pero que desde entonces el orden sería mantenido y respetado. Estas explicaciones hacían concebir la esperanza de que una vez constituidos y asentados el nuevo Gobierno y las respectivas Autoridades locales, y dueños éstos de todos los resortes, ningún atentado se repetirla».

Mas lo triste y doloroso es que los deplorados excesos, no sólo se han repetido, sino aun agravado, en diversos puntos de España, especialmente en la ciudad de Cadiz, donde a ciencia y paciencia de las autoridades se han consumado inauditos atropellos contra la casi totalidad de los edificios religiosos y contra la misma residencia episcopal.»No quiero mencionar todos los lugares de España a los que se ha extendido esta ola devastadora: ni menos aún quiero hablar de cuanto sucedió anoche en esta misma capital, donde las céntricas iglesias de San Luis y de San Ignacio han sido pasto de las llamas. Son estos, no ya indicios, sino más que abundantes pruebas de que los sacrílegos agravios, lejos de cortarse, como prometió el Gobierno, continúan y aumentan cada día, con inmenso daño de la Iglesia y con indescriptible agitación de las conciencias.

«Movida por tan graves hechos, esta Nunciatura se ve obligada a presentar ante el Gobierno de la República, juntamente con su duelo más intenso por el pesar de la Iglesia y por el de España, su más dolorida protesta, en nombre de la Santa Sede, al mismo tiempo que espera y confía que el Gobierno de la República adopte lo más pronto posible todas las medidas necesarias para evitar semejantes atropellos, que tanto hieren los sentimientos religiosos de la mayoría del pueblo español y tan grave quebrando infieren al nombre, al prestigio y al Tesoro Artístico de España».

Por aquellos fechas se desató una violenta campaña de los periódicos de izquierda contra las derechas por los incendios de las iglesias, que Tedeschini denunció en un despacho en castellano, dirigido a Pacelli, con estas palabras:«Creo oportuno dar cuenta a VE. de una característica verdaderamente dolorosa de la presente persecución contra la Iglesia en España, y es que por casi toda la prensa izquierdista y por algunos sectores y representantes del llamado Frente Popular se está desarrollando una violenta campaña en el sentido de cargar la culpa de todo lo ocurrido a las provocaciones de las derechas y aun a la intervención directa de ellas, llamándose fascistas todos los que tengan aspecto de catolicismo, queriendo presentar de este modo a las izquierdas como víctimas de los que en realidad han padecido el daño y estrago. El adjunto impreso refleja algo del espíritu e intervenciones de esta infame campaña».Como continuaban produciéndose graves delitos cometidos y dejados cometer contra las personas y cosas de la Iglesia cada día con mayor intensidad, preparó Tedeschini una nueva protesta dirigida al nuevo ministro de Estado, Augusto Barcia, pero antes de entregarla consultó al cardenal Pacelli, quien le respondió diciendo que, aunque la nota decía la verdad, sin embargo, era prudente suavizarla un poco, habida cuenta de la susceptibilidad del Gobierno y de la gravedad de la situación española.

Tedeschini se despidió del presidente de la República, Manuel Azaña, y del ministro de Estado el 2 de junio de 1936. Salió de Madrid en tren la noche del 11 y llegó a la Estación Termini de Roma el sábado 13, a las 24 horas, procedente de Ginebra. Cinco semanas más tarde comenzó la mayor tragedia de la historia española y, con ella, una persecución religiosa sin precedentes.

Tedeschini firmó más de 8.000 documentos, en su mayoría despachos, memoriales, notas diplomáticas, circulares a obispos, además de centenares de cartas de correspondencia menor y telegramas cifrados a la Secretaría de Estado.

(Toda esta documentación inédita será publicada en la obra que preparo sobre La Santa Sede, la Segunda República y la Guerra Civil. Documentos vaticanos de 1931 a 1939).

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