El testamento del pescador

Archive for the ‘ONU’ Category

Jerome LeJeune – Un científico a los altares

Posted by El pescador en 25 enero 2008

Profesor Jerome LeJeune
Católico defensor de la vida y padre de la genética moderna
-Su Biografía: “Life is a Blessing” de Clara LeJeune, Ignatius Press

“Cada uno de nosotros tiene un momento preciso en que comenzamos. Es el momento en que toda la necesaria y suficiente información genética es recogida dentro de una célula, el huevo fertilizado y este momento es el momento de la fertilización. Sabemos que esta información esta escrita en un tipo de cinta a la que llamamos ADN… La vida esta escrita en un lenguaje fantásticamente miniaturizado. -Dr. Lejeune, pionero en genética y ciencia pre-natal, Univ. Paris.

En la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de Febrero, 2007, se anunció la apertura de la causa de beatificación del Profesor Jerome LeJeune.

El Dr. Jérôme Lejeune es reconocido tanto por su fidelidad a la Iglesia como por su excelencia como científico. A los 33 años de edad, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21.

En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental.

El profesor LeJeune era reconocido por todos. Se esperaba que recibiera el Premio Nobel. Pero en 1970 se opone firmemente al proyecto de ley de aborto eugenésico de Francia. Esto causa que caiga en “desgracia” ante el mundo. Prefirió mantenerse en gracia ante la verdad y ante Dios: matar a un niño por estar enfermo es un asesinato. Siempre utilizó argumentos racionales fundamentados en la ciencia.

Llevó la causa pro vida a las Naciones Unidas. Se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”. Tenía razón. No se lo dieron. No querían a un científico que se opusiera a la agenda abortista.

LeJeune también rechazó los conceptos ideológicos que se utilizan para justificar el aborto, como el de “pre-embrión”.

Fue acusado de querer imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia. No faltaron miembros de la Iglesia que lo rechazaran. Le cortaron los fondos para sus investigaciones. De repente se convirtió en un paria.

Juan Pablo II reconoció la excelencia del Dr. Le Jeune nombrándolo Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el 26 de febrero de 1994. Muere el 3 de abril del mismo año, un Domingo de Pascua.

Con motivo de su muerte, Juan Pablo II escribió al Cardenal Lustinger de Paris diciendo: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.

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Nafis Sadik, una musulmana poco moderada

Posted by El pescador en 9 septiembre 2007

De Sandro Magister

(original en italiano; traducción mía)

Entre los partidarios de la expulsión de la Santa Sede de la Organización de las Naciones Unidas (ver el servicio de www.chiesa del 21 de agosto) hay también una prima donna: o sea la mujer que por primera vez ha desempeñado un cargo de alto nivel en el Palacio de Cristal.

 

Su nombre es Nafis Sadik. De 1987 al 2000 ha sido directora ejecutiva del UNPFA, United Nations Population Fund [Fondo de las Naciones Unidas para la Población, N. del T.], con el rango de subsecretaria general. Hoy es asistente especial del secretario general de la ONU y su enviada para el VIH/SIDA en Asia y Pacífico.

 

Sadik ha auspiciado la expulsión de la Santa Sede de la ONU en un artículo en el primer número de 2007 de “Conscience”, la revista de la organización abortista “Catholics for a Free Choice” [Católicos por una elección libre, N. del T.]. Ha escrito que “es ridículo que un estado cuyos ciudadanos son un millar de hombres célibes tenga parte activa en determinar el enfoque internacional a cuestiones íntimamente ligadas a la salud sexual y reproductiva”.

 

De Sadik se recuerda una borrascosa audiencia con Juan Pablo II, el 18 de marzo de 1994, pocos meses antes de la conferencia promovida por la ONU en El Cairo sobre población.

 

La misma Sadik hizo público un informe de aquella audiencia. Pinta a un Papa Karol Wojtyla colérico e intratable. Pero la credibilidad de aquel informe fue contradicha por el Papa, que dijo a su biógrafo George Weigel que había entregado a la huésped un memorandum con las objeciones vaticanas al documento preparatorio de El Cairo, pero ella “no aceptó discutirlo”.

 

Nafis Sadik, ciudadana de Pakistán, nació en la India, en Jaunpur. De rica familia musulmana, ha estudiado en una escuela católica, en el Loreto College de Calcuta. Terminó sus estudios de medicina en prestigiosas universidades de los Estados Unidos y de Canadá. En Pakistán fue directora general de los programas de planificación familiar, después de lo cual entró en las filas de la ONU, en Nueva York.

 

A la vista de la conferencia de El Cairo de 1994, junto al presidente de la comisión preparatoria, el ganés Fred Sai, hizo de todo para incluir el aborto entre los “derechos reproductivos” que todos los estados están obligados a garantizar. Si la operación no llegó a buen fin (el documento final de El Cairo estableció “en ningún caso el aborto sea promovido como método de planificación familiar”), fue precismaente por la tenaz oposición de la Santa Sede.

 

Se puede comprender, por tanto, su resentimiento. En el mismo artículo en “Conscience” en el cual ensalza la expulsión de la Santa Sede de la ONU, Sadik echa la culpa a la encíclica “Humanae Vitae” de la opresión de la mujer en los países pobres del mundo, donde “la Iglesia es mucho más influyente” que en los países ricos.

 

Lástima que la gran parte de la opresión de la mujer lamentada por Sadik se registre en los países islámicos, incluído el Pakistán del cual es ciudadana. Ni una sola de las invectivas de lanzadas por ella durante años contra el Vaticano ha rozado, que se sepa, a los líderes políticos, culturales y religiosos del mundo musulmán al cual ella pertenece. Y nada de otros mundos no cristianos –piénsese en China, en la India– en los cuales son habituales las esterilizaciones forzadas, la obligación del hijo único, el aborto selectivo, el infanticidio.

 

Sobre las políticas antinatalistas del Palacio de Cristal ver más en http://www.chiesa: “ONU y Unión Europea tienen su enfant terrible en Roma“.

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ONU y Unión Europea tienen su enfant terrible en Roma

Posted by El pescador en 24 agosto 2007

Para entender por qué el diario más leído en las cancillerías del mundo, The economist, arremete contra la presencia del Vaticano en la ONU, y en general contra la diplomacia vaticana, como denuncia Sandro Magister: Misión imposible: expulsar a la Santa Sede de la ONU.

Traduzco un artículo suyo anterior sobre el tema:

ONU Y UNIÓN EUROPEA TIENEN SU ENFANT TERRIBLE EN ROMA

(original en italiano; traducción mía)

La ideología anticatólica de las dos organizaciones internacionales tiene un nombre: “derechos reproductivos”. Un libro la pone al desnudo. En contra de ella el Vaticano guía la resistencia

de Sandro Magister

ROMA, 7 julio 2005 – Al final de junio la Organización de las Naciones Unidas ha cumplido los sesenta años. Pero la administración de George W. Bush lo ha festejado a su manera: le ha negado por cuarto año consecutivo los 34 millones de dólares dados en preferencia al UNFPA, el Fondo de la ONU para la Población.

Motivo: las políticas antinatalistas que el UNFPA financia en China, para sostener la esterilización femenina y masculina y el aborto forzado de los hijos minusválidos o que sean excesivos. Los 34 millones de dólares así ahorrados los empleará la administración Bush en programas de asistencia médica a mujeres y niños pobres, y en la lucha contra el tráfico sexual en Asia.

En los mismos días, la ONU ha reunido para una audición frente a la Asamblea General una representación de las 13.000 ONG conectadas a ella. Pero entre las 200 ONG seleccionadas no había ninguna pro-vida y pro-familia. Había por el contrario las más activas en el frente antinatalista, entre las cuales la International Planned Parenthood Federation, IPPF, y la Women’s Environment and Development Organization, WEDO. Esta última ha hecho circular una moción contra los “fundamentalismos culturales y religiosos” que obstaculizan los “derechos reproductivos”.

Siempre en los mismos días, al otro lado del Atlántico, el parlamento de la Unión Europea ha aprobado con 360 votos a favor, 272 contrarios y 20 abstenciones una “Resolución sobre la protección de las minorías y las políticas contra la discrimianción”. En ella, la libertad religiosa es señalada como una potencial amenaza contra la “libre circulación en la Unión Europea de las parejas homosexuales casadas o legalmente reconocidas”. A favor de la resolución ha votado también el diputado Vittorio Prodi, hermano de Romano Prodi, católico progresista, jefe del gobierno italiano de 1996 a 1998 y presidente de la Comisión Europea de 1999 a 2004.

En 2002, con Prodi presidente, la Comisión Europea hizo frente a la decisión de Bush de retirar la financiación de los EE.UU. al UNFPA suministrando una suma casi idéntica, 32 millones de euros, al mismo UNFPA y al IPPF.

La Santa Sede tiene representantes propios tanto ante la UE como ante la ONU. En el Palacio de Cristal goza de un status de observador permanente, confirmado y ratificado por una resolución del 1 de julio de 2004. Pero en ninguna de estas dos grandes organizaciones internacionales tiene una vida fácil.

Más bien, la Iglesia católica es tratada allí a menudo como el enemigo número uno. Lo es en cuanto religión monoteísta, y como tal considerada generadora de intolerancia. Y lo es sobre todo en cuanto antagonista –junto a la actual administración americana– de aquella filosofía de los “derechos reproductivos” que es la palabra indiscutible de la ONU y de la UE en materia de familia y procreación.

* * *

En Italia ha salido un libro que muestra por primera vez de modo directo y documentado esta aversión anticatólica de la ONU y de la UE. El título es explícito: “Contro il cristianesimo. L’ONU e l’Unione Europea come nuova ideologia” [Contra el cristianismo. La ONU y la Unión Europea como nueva ideología]. Las autoras son Eugenia Roccella y Lucetta Scaraffia. La primera, no católica, ha sido exponente del relevo de los movimientos feministas, la segunda enseña historia contemporánea en la Universidad de Roma La Sapienza. Assuntina Morresi ha estado al cargo del apéndice documental, con un capítulo dedicado a la historia del IPPF y otro a su fundadora Margaret Sanger (1.879-1.966).

En la introducción al volumen, Roccella y Scaraffia especifican las raíces de la nueva ideología en la “separación entre sexualidad y procreación”. En ello ven la eclosión “además de los confinamientos del aborto, en el retorno recurrente a la eugenesia”. Y concluyen:

“Más que de un modelo de comportamiento sexual diverso, pero conceptualmente análogo a aquellos que lo han precedido en la historia, se trata de una verdadera y propia utopía, porque se funda sobre la idea de que los seres humanos pueden encontrar la felicidad en la realización de los propios deseos sexuales, sin límites morales, biológicos, sociales y relaciones ligadas a la reproducción. Una utopía que tiene sus raíces en la revolución sexual occidental de los años sesenta, y que resulta todavía indiscutible aunque no parece haber mantenido sus promesas. Una utopía que se refleja en otra, de infausta memoria: que la selección de lo snuevos seres humanos pueda crear una humanidad mejor, más sana, más bella.

“La imposición de esta utopía a los países del Tercer Mundo parece constituir la finalidad principal de la actividad de muchas organizaciones internacionales, y condiciona ayudas financieras y relaciones diplomáticas.

“Al lado de esta se pone, es más, como el lógico complemento, la utopía irénica de quien cree que sólo la abolición de las religiones –sobre todo las monoteístas– pueda realizar para la humanidad el fin de los conflictos. Se trata de un pensamiento tan difuso y tan bien radicado que no se puede discutir fácilmente, sobre todo en las sedes internacionales. Y quien osa hacerlo, como la Iglesia católica, resulta criticado, penalizado y acusado de querer obstaculizar la construcción de un radiante futuro de armonía”.

* * *

El libro es para leerlo entero. Basta aquí referirse a algunos apuntes de particular interés:

– el debilitamiento en los años, a través de sucesivas variantes, de la carta de los derechos universales de 1948, donde por ejemplo el originario derecho de “cambiar de religión” se reduce a “tener o adoptar una religión” y al final, en 1981, sólo a “tener una religión”;

– la tesis de las organizaciones de la ONU según la cual la familia “representa la instititución por excelencia donde se define la subordinación fememina” y por tanto es acosada y tendenciosamente desguazada;

– la invención y la puesta por obra sobre una vasta escala de la fórmula “salud reproductiva”, según la cual “el derecho a la vida es reservado sólo a las mujeres, mientras una política de severa contención demográfica se opone al nacimiento de los hijos”;

– la detallada reconstrucción del sostenimiento dado por la ONU –y también por exponentes católicos– a “eventos y organismos interreligiosos dirigidos a sustituir las religiones tradicionales por una religión única, mundial, basada en la declaración de los derechos del hombre”;

– la decisión de la Santa Sede, anunciada en el 2.000, de suspender su propia contribución financiera a UNICEF, porque “trasformado de baluarte en defensa de los niños y de las madres en enésima agencia para el control de los nacimientos”;

– los repetidos ataques de las comisiones sobre derechos humanos del parlamento europeo, en sus relaciones anuales, contra la Iglesia católica acusada de “fundamentalismo” en cada campo, pero sobre todo en el sexual;

– la trama estrechísima, desde el primer Novecientos, entre antinatalismo y eugenesia, y la continuación de esta última bajo nuevos vestidos incluso bajo el descrédito obtenido con el nazismo;

– los casos ejemplares de Irán, China, India, Bangladesh, donde la pobreza y la ausencia de mecanismos democráticos consolidados han convertido a las mujeres en fáciles víctimas de experimentación de anticonceptivos peligrosos para la salud, de esterilizaciones en masa y abortos forzados;

– el presupuesto de las organizaciones de la ONU según el cual la oferta de aborto y contracepción es, en algún contexto, el primer elemento, es, en cualquier contexto, el primer elemento de emancipación para las mujeres y el único perseguido de hecho: como en Irán, donde los programas para el control de la fertilidad han tenido gran éxito pero las mujeres continúan estando sujetas a la opresión masculina;

– el impresionante contraste entre el empeño antinatalista difundido por las organizaciones internacionales en los países pobres y la misma cantidad de mujeres muertas en el parto en el último decenio, más de medio millón al año.

Escribe a este respecto Eugenia Roccella:

“Los datos confirman cómo los así llamados servicios a la salud reproductiva se han vuelto muchísimo a la prevención e interrupción de los embarazos no deseados, pero poquísimo a los cuidados para los embarazos deseados. El modo principal con el cual se intenta reducir la mortalidad del parto es reducir, simplemente, el número de los partos, y aumentar el de los abortos”.

Y aún, a propósito, de los lenguajes adoptados en este campo por la ONU y la UE:

“En cada cita internacional se abre una lucha terminológica que a un observador ajeno podría aparecer incomprensible. Pero tras las diferencias semánticas se esconde el desencuentro sobre los conceptos. Por ejemplo, la desaparición de vocablos como madre y padre, en favor de definiciones privadas de caracterizaciones sexuales, como ‘proyecto parental’ o ‘genitorialidad’, y la misma sustitución de las palabras hombre y mujer por un término neutro, ‘género’, tienden a anular la diferencia sexual y la especificidad de los papeles de madre y padre.

“Hay un proyecto cultural muy difundido, y en parte ignorante, que aspira a librarse lo más posible del derecho natural, fundamento de los derechos humanos. Si no hay más un derecho natural inalienable que garantiza la igualdad de los seres humanos (por ejemplo en lo que respecta al derecho a la vida y a la libertad personal), todo se hace contratable u relativo. Rafael Salas, ex director del UNFPA, ha sostenido que las espantosas violaciones de los derechos humanos realizadas en China durante los años de la política del hijo único no eran tales para los chinos. Abortos forzados, abandono y asesinato de los neonatos, según Salas, eran métodos que ‘por sus normas culturales no eran del todo coercitivo’. Esto es relativismo ético: pero está claro que se trata de una concepción que lleva a la destrucción de la idea misma de los derechos humanos”.

* * *

Sobre el conflicto entre la Iglesia católica y la Unión Europea ha dicho algunas palabras el pasado 21 de junio el cardenal Camillo Ruini.

Las ha dicho presentando a un abundante público el último libro salido en Italia con la firma de Joseph Ratzinger, con su célebre conferencia sobre el cristianismo en Europa celebrada en Subiaco el pasado 1 de abril.

Ruini ha hecho notar que la Unión Europea “no tiene prácticamente poder en el campo de la política exterior, pero que quiere ejercerlo muchísimo en el campo ético. Varias resoluciones del parlamento comunitario se mueven en el sentido de una contestación de la predicación moral de la Iglesia sobre la familia y la vida sexual, invadiendo de manera hasta demasiado extensa el campo de las decisiones éticas de los países individuales”.
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El libro:
Eugenia Roccella, Lucetta Scaraffia, “Contro il cristianesimo. L’ONU e l’Unione Europea come nuova ideologia” [Contra el cristianismo. La ONU y la Unión Europea como nueva ideología], Piemme, Casale Monferrato, 2005, pp. 214, euro 11,50.

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