El testamento del pescador

Archive for the ‘Antonio Socci’ Category

Cuando, en septiembre de 2011, supe de la dimisión…

Posted by El pescador en 14 febrero 2013

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

De “Libero”, 12 febrero 2013

Visita Facebook: “Antonio Socci pagina ufficiale”

La dimisión de Benedicto XVI no es sólo una una noticia explosiva, sino un acontecimiento histórico, sin precedentes modernos (se puede citar el caso de Celestino V, hace setencientos años, pero fue un asunto absolutamente distinto en un contexto diferente).
Lo que acontece ante nuestros ojos es un acontecimiento que, por su misma naturaleza planetaria y espiritual, hace palidecer todas las otras noticias de estos días y ciertamente no tiene relación con ellas (empezando por las elecciones italianas).
Ayer Ezio Mauro, en la reunión de redacción de “Repubblica” transmitida en el sitio web y que obviamente estuvo dedicada al pontífice, ha revelado que Benedicto XVI llegó a esta decisión “después de una larga reflexión. Esta mañana” ha añadido Mauro “nos han dicho que la decisión la tomó desde hace tiempo y en todo caso la ha guardado en secreto”.
En efecto la decisión vuelve a plantearse al menos en el verano de 2011 y no es una noticia secreta desde el 25 de septiembre de 2011, cuando, en este diario, yo la saqué a la luz, habiéndola sabido de diversas fuentes, todas creíbles e independientes una de la otra. En aquella ocasión escribí que la transimisón había sido pensada por Ratzinger para el cumplimiento de sus 85 años, o sea en la primavera de 2012.
Sin embargo dos meses después de mi artículo, en el otoño de 2011, comenzó a estallar el caso Vatileaks y fue pronto evidente que -hasta que no se cerrase aquel suceso- el Santo Padre no llevaría a cabo su decisión.
De hecho en el libro entrevista de hace unos años, “Luz del mundo”, con Peter Seewald, analizando el asunto de forma teórica, había explicado que cuando la Iglesia se encuentra en medio de una tempestad u Papa no puede dimitir.
Por esto el 11 de marzo de 2012, a un mes del 85º cumpleaños del Pontífice (que es el 16 de abril), yo escribí en esta columna: “es necesario decir que la tempestad que ha devastado estos meses la Curia vaticana, en particular la Secretaría de Estado, aleja las hipótesis de dimisión del Papa, el cual siempre ha precisado que hay que hay que excluirlas cuando la Iglesia están en grandes dificultades y por eso podrían parecer una huida de la responsabilidad”.
El desarrollo de los hechos sucesivos confirma esta reconstrucción. Porque al final la dimisión del Papa llega puntualmente un mes después del cierre definitivo del caso Vatileaks, con la gracia concedida al mayordomo Paolo Gabriele. Señal que tal dimisión efectivamente había sido ya decidida en el verano de 2011.
He aquí las razones aducidas ayer por el Papa: “he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Con su habitual claridad el Papa ha dicho la simple verdad y ha hecho la elección que considera mejor para el bien de la Iglesia, por cierto una muestra de humildad, que es un rasgo importante de su humanidad y de su fe. Todavía podemos y debemos observar que todos los Papas precedentes han envejecido y han permanecido en el cargo con fuerzas reducidas, gobernando a través de sus colaboradores.

Se puede por tanto suponer que Benedicto XVI no ha considerado hacer esta elección porque no considera que tiene colaboradores a la altura de tal tarea (con su dimisión todos los cargos de la Curia serán renovados).

Ciertamente se puede decir que Benedicto XVI ha sido un gran pontífice y que a su pontificado -al menos en parte- le ha puesto la zancadilla una Curia que no ha estado a la altura, pero también por la escasa respuesta al Papa de parte del episcopado. Joseph Ratzinger, que se confirma como un Papa extraordinario también con esta salida de escena, ha llevado la cruz del ministerio petrino ciertamente sufriendo mucho y dando todo de sí mismo (no le han faltado ni las incomprensiones ni la burla).
Ha sido una pena ver cómo su espléndido magisterio ha permanecido a menudo ignorado. Cuando publiqué mi exclusiva escribí que me alegraría de ser desmentido por los hechos y esperaba que nosotros los católicos rezásemos para que Dios nos conservase por mucho tiempo a este gran Papa.

Desgraciadamente muchos creyentes en lugar de escuchar esta llamada mía a la oración se lanzaron a atacarme, como si dar la noticia de que el Papa estaba pensando en la dimisión fuese un delito de lesa majestad. una reacción beata que señalaba un cierto difundido clericalismo. Benedicto XVI –con sua continua apología del a conciencia y de la razón- está entre los pocos con una mentalidad no clerical.

Baste recordar que no ha dudado en llamar por su nombre a todas las heridas de la Iglesia y en denunciarlas como nunca antes se había hecho. En su admirable libertad moral no dudó ni siquiera en desmentir a aquel estrecho colaborador suyo sobre el “secreto de Fátima”. Sucedió en 2010, cuando decidió una repentina peregrinación al santuario portugués de Fátima y allí declaró:

 
“Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada […] En la Sagrada Escritura se muestra a menudo que Dios se pone a buscar a los justos para salvar la ciudad de los hombres y lo mismo hace aquí, en Fátima […] Que estos siete años que nos separan del centenario de las Apariciones impulsen el anunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María para gloria de la Santísima Trinidad”.
Una expresión que ciertamente hace pensar (el centenario de las apariciones de Fátima es en 2017), también en referencia a los famosos “diez secretos” de Medjugorje.
De otra parte el mismo anuncio de la dimisión llegó en una fecha gloriosamente mariana, el 11 de febrero aniversario (y fiesta litúrgica) de las apariciones de la Virgen en Lourdes. Es fácil prever que ahora se lanzarán también teorías de la conspiración fantasiosas, se evocarán los dedos de Malaquías, la monja de Dresde y todo lo que se pueda imaginar.

Pero queda el hecho de que el Papa, con el peso histórico de la decisión que asumido, pone a toda la Iglesia ante la gravedad de los tiempos que vivimos. Gravedad que la Virgen ha subrayado dolorosamente en todas sus apariciones modernas, desde La Saleta a Lourdes, desde Fátima a Medjugorje (pasando por el misterioso y milagroso llanto de lágrimas de la Virgencita de Civitavecchia). Sólo hay que desear que no se refiera a nuestro amado Papa lo que se atribuyó a su predecesor Pío X, al que la Iglesia ha proclamado santo.

Es un episodio que desde hace algunos meses se ha difundido entre algunos ambientes católicos y también en la Curia. Resultaría que Pío X, en 1909, había tenido durante una audiencia una visión que lo descompuso: “¡Esto que he visto es terrible! ¿Seré yo o un sucesor mío? He visto al Papa huir del Vaticano caminando entre los cadáveres de sus sacerdotes. Se refugiará en cualquier parte, de incógnito, y después de una breve pausa morirá de muerte violenta”. Parece que aquella visión volvió en 1914, a punto de morir. Aún lúcido refirió de nuevo el contenido de aquella visión y comentó: “El respeto de Dios ha desaparecido de los corazones. Se busca cancelar incluso su recuerdo”.
Desde hace un tiempo circula esta “profecía” también porque se dice que Pío X habría declarado además que se trataba de “uno de mis sucesores con mi mismo nombre”. El nombre de Pío X era Giuseppe Sarto. Giuseppe por tanto Joseph. Deseo vivamente que no sea una profecía auténtica o que no se refiera a la actualidad.
Pero su difusión señala cómo el pontificado de Benedicto XVI -como el de su predecesor- ha sido rodeado de inquietudes. Es más él mismo lo inauguró pidiendo oraciones de los fieles para no huir ante los lobos. El Papa no ha huido.

Ha sufrido y ha desarrollado su misión hasta que ha podido y hoy pide a la Iglesia un sucesor que tenga las fuerzas para asumir este pesado ministerio. De otro lado es evidente a todos que desde hace trescientos años el papado se ha vuelto un lugar de martirio blanco, como en los primeros siglos exponía al seguro martirio de sangre. De hecho los tiempos modernos se abrieron con otro suceso místico sucedido al Papa León XIII, el Papa de la “cuestión social” y de la “Rerum novarum“. El 13 de octube de 1884 (el 13 de octubre por otro lado es el día del milagro del sol en Fátima) el pontífice tuvo una visión durante la celebración eucarística. Quedó impresionado y descompuesto. El pontífice explicó que tenía que ver con el futuro de la Iglesia. Reveló que Satanás en los cien años sucesivos habría reunido el culmen de su poder y que haría todo para destruir a la Iglesia.

Parece que había visto también la Basílica de San Pedro asaltada por los demonios que la hacían temblar.  El hecho es que el Papa León se recogió inmediatamente en oración y escribió aquella maravillosa oración a San Miguel Arcángel, vencedor de Satanás y protector de la Iglesia, que desde entonces fue recitada en todas las iglesias al final de cada Misa. Aquella oración fue abolida con la reforma litúrgica que siguió al  Concilio Vaticano II, la reforma litúrgica que Benedicto XVI ha buscado tanto rediseñar.

Nunca como hoy la Iglesia habrá necesitado aquella oración de protección a San Miguel Arcángel.

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EE.UU., China, crisis económica… y Jesús redentor del mundo

Posted by El pescador en 19 noviembre 2012

Antonio Socci

(original en italiano; traducción mía)

Traduzco la conclusión de este interesante artículo de Antonio Socci, que analiza la situación de China tras el nombramiento de los cargos del Partido Comunista, un hecho que el autor califica de tan importante como las elecciones estadounidenses.

de “Libero” 18 novembre 2012

[…] China, en las décadas pasadas, ha podido conquistar enormes sectores de mercado porque no tenía los costos del estado social y los niveles de bienestar y civilización que tiene Occidente.

Pero el saber, la técnica y la ciencia que sostienen este boom suyo son todos occidentales. Así también los valores de la libertad y de la dignidad humana que China no respeta.

Así pues ¿cómo puede avanzar?

En el 2002 laAcademia de las ciencias sociales de Pekín estudió la causa de esta superioridad de Occidente en el plano de la civilización, del saber, de la ciencia y de la técnica.

Y llegó a la conclusión de que la causa es“vuestra religión, el cristianismo. Esta es la razón por la cual Occidente ha sido tan poderoso”.

Hoy Occidente ha renegado de aquella fuente de civilización y por eso declina. En Oriente como en Occidente esas son las raíces de la construcción de la civilización.

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El genio de Caravaggio en hacernos ver a Jesús…

Posted by El pescador en 5 abril 2012

Antonio Socci

De “Libero”, 24 marzo 2012

(original en italiano; traducción mía)

En el centro de la última novela de Abraham Yehoshua, “La scena perduta” (Einaudi, pp. 368, 21 €) hay un cuadro extraño, sorprendente. Es una pintura de Matthias Meyvogel, un artista del Seiscientos.

A pesar del título, “Caritas romana”, la obra parece bien poco “espiritual”, más bien es una imagen fuertemente sensual: representa a una joven mujer que hace succionar su seno a un viejo que tiene las manos atadas detrás de la escena.

¿Cuál es el sentido y la historia de aquella imagen sobre la cual Yehoshua reclama nuestra atención por la fascinación que ejerce?

Nos encontramos frente a un tema que parece haber casi obsesionado a la pintura de los siglos XVI al XVIII. Lo saben los expertos. Pero pueden descubrirlo fácilmente también los profanos. Basta ir a Google, escribir la fórmula “caritas romana” y pinchar sobre “imágenes”, para descubrir que hay decenas de obras con el mismo objeto.

Muchísimos pintores, más o menos famosos, se han basado en esto. Guido Reni, Georg Pencz, Rubens, Bernardino Mei, Antonio Gherardi, Domenico Manetti, Giovanni Antonio Pellegrini, Jean Baptiste Deshays, Gaspard de Crayer, Januarius Johann Rasso, Murillo, Domenico Cerrini, Bartolomeo Manfredi, Antonio Galli, Jan Janssens, Lorenzo Pasinelli, Orazio Gentileschi, Giovanni Romanelli, Domenico Maria Viani y muchos otros.

Todas estas telas cuentan una historia ambientada en la antigua Roma. Se dice que el viejo Cimón había sido recluido en una oscura prisión y condenado a morir allí de hambre y de sed. La hija, Pero, todos los días le hacía una visita y lo alimentaba a escondidas con su seno para salvarle la vida.

Finalmente fue descubierta, pero  los jueces, conmocionados por su gesto de piedad, decidieron indultar al viejo. En recuerdo de este ejemplo de amor filial se narra que fue erigido allí, en el foro Olitorio, en el 181 a. C., templo dedicado a la Pietas, después sustituido por la basílica de San Nicolás in carcere.

La historia de Cimón y Pero –referida también por Valerio Máximo– ya estaba representada en Pompeya en la villa de Valerio Frontone y el asunto volvió a ser representado un millar de veces en el Renacimiento y después en el Seiscientos. En general estas obras llevan todas el título “Caridad romana”.

Por tanto es una historia de piedad, de humanidad, que fue redescubierta en torno al siglo XVI y, según la cultura del Renacimiento impregnada de mentalidad pagana, fue representada de aquel modo ambiguo y sensual.

Hasta que llegó Caravaggio y –también en este caso– hizo una revolución. Su obra tiene otro tema: las siete obras de misericordia corporal

Es una gran tela que está sobre el altar de la iglesia del Pio Monte della Misericordia de Nápoles y fue pintada en 1606 para aquella hermandad.

Es una obra maestra en la cual se representan de modo salvaje, dramático aquellas obras de caridad material sobre las que Jesús, en el Evangelio, dice que seremos juzgados al final de los tiempos. Toda la escena está presidida por la imagen de la Virgen con el Niño que es la fuente de todas las gracias.

Y bien, si se observa atentamente la obra nos damos cuenta inmediatamente que a la derecha el pintor ha representado a una joven, de pie, que -mientras mira a todas partes- con la mano ofrece su pecho a un viejo que saca la cabeza de un ventanuco con barras, para apoyar su boca en el seno cándido de la muchacha.

La escena de la muchacha y del viejo reúne en sí dos obras de misericordia corporal: “dar de comer al hambriento” y “visitar a los encarcelados”.

Quien reza delante de aquel altar tiene por tanto delante de sí aquella gran tela donde es bien visible esta imagen. Es sorprendente que en los años de la llamada Contra reforma fuese acepetada una imagen tan audaz y que tal imagen esté en un retablo.

Pero, en realidad, más sorprendente aún es el hecho de que en el contexto de aquella obra, donde están representados todos los sufrimientos humanos y la caridad cristiana, parece que toda ambigua sensualidad desaparezca.

Es el enésimo golpe de genio –un genio radicalmente católico– de Caravaggio. Él hizo suya la iconografía de la muchacha piadosa que amamanta al viejo prisionero, pero la cristianizó aplicándola a las obras de misericordia.

No obstante, justamente la fuerte carnalidad de aquella iconografía servía al Merisi para hacer percibir la concreción de la caridad y la carnalidad de la salvación cristiana.

La tela caravaggesca hace ver que las obras de misericordia abarcan toda nuestra condición humana: el tener hambre, sed, estar desnudo, encarcelado, enfermo o sin un techo, finalmente el estar muerto y por tanto el tener necesidad de ser sepultado.

Y estas obras van junto a las obras de misericordia espiritual. Todas juntos son las obras que Jesús cumplía, con las cuales expresaba su amor, su compasión para cada ser humano, en su condición existencial y también material. Y son las obras que también nos pide a nosotros para entrar en el Paraíso.

Él era el Buen samaritano de la parábola, aquel que se inclina a curar y vendar las heridas del hombre moribundo. Tiene cuidado también de sus lesiones físicas porque el cristianismo no  es solamente la religión de la inmortalidad del alma, sino de la resurrección de los cuerpos (y será también por eso por lo que los hospitales fueron inventados por la Iglesia).

Pero hay algo más que se expresa en esta representación de las obras de misericordia. Jesús salva a la humanidad herida por la desesperación, por la prisión del mal y de la muerte, dando su mismo cuerpo y sangre, pagando en su carne el rescate. Y después incluso nutriéndonos con su carne y su sangre para divinizarnos.

He aquí por qué aquella insólita escena de amamantamiento, asumida por Caravaggio, expresa misterios profundos: es la Gracia que salva de la muerte y da nueva vida al hombre viejo, prisionero del mal. La Gracia es Jesús mismo, Dios hecho carne, el Dios-hombre.

Una iconografía antigua y tradicional de Cristo es la del pelícano que se raja el pecho para alimentar a sus crías con su misma sangre.

La sangre y el agua que salieron del pecho del crucificado tienen este profundo significado de lavamiento y alimento para nosotros. Es alimentándonos de su mismo cuerpo como Él nos libera de la prisión.

Diversos místicos usan la imagen de los labios que beben de la herida del costado de Jesús. Naturalmente aquellas imágenes de dar de comer y de beber son todas metáforas de la Eucaristía (Caravaggio había representado las delicias de la Eucaristía también con el famoso y bellísimo cesto de frutas, refiriéndose a un tema de la espiritualidad de san Carlos y del Concilio de Trento).

Lo que Caravaggio representa en esta tela es un amor único al mundo, tan loco, concreto y apasionado que la escena de la “lactatio” [amamantamiento, n.d.t.] da del mismo sólo una ligerísima idea. Quizá –para retomar el título de  Yehoshua– “la escena perdida” por la humanidad de nuestro tiempo es justamente este Amor.

De hecho nuestro tiempo erotómano expresa también con la obsesión por el sexo aquella insatisfacción perenne en su búsqueda del éxtasis, del Amor verdadero y de la felicidad. Justamente porque somos carne la salvación vino en la carne.

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Hablemos de verdad de sexo. El Paraíso.

Posted by El pescador en 9 noviembre 2010

N. B. Esta entrada está relacionada con la lectura del Evangelio del domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

“Libero” 7 noviembre 2010

“¡Qué bello! ¡Es el teletransporte!”. Exclamó mi  hijo, doce años, apasionado de las tecnologías, la ciencia ficción, los ordenadores, los efectos especiales (está loco por el 3D).

Pero expresa su admiración después de haberme oído hablar no de tecnología, sino de Santo Tomás de Aquino, al cual estaba leyendo en un libro mío sobre Juan Pablo II.

Precisamente estaba charlando con unos amigos sobre las páginas en las cuales Tomás ilustra cómo seremos después de la resurrección de los cuerpos. Decía que tendrá “sutilidad y agilidad”, o sea, aunque sean efectivamente carne, no estarán más sometidos a los límites del tiempo y del espacio como hoy, sino que estarán bajo el perfecto dominio del espíritu, del alma, de la mente (y por eso serán inmortales).

Por tanto –entre otras cosas- podremos trasladarnos simplemente con el pensamiento, superando cualquier barrera física o distancia (como refieren los evangelios sobre Jesús después de la resurrección).

No había pensado que nuestra futura “agilidad” sea la realización del actual sueño (de la ciencia y de la ciencia ficción) del teletransporte –como dice mi hijo- pero es divertido considerarlo.

En el fondo los fenómenos de bilocación atestiguados en la vida de algunos santos, como el padre Pío, son albores del día de la gloria.

Revelaciones

La cuestión de los “cuerpos gloriosos” es en efecto bastante poco conocida y también poco explicada por la Iglesia. Parece como “un tema teológico congelado” como ha escrito el filósofo Giorgio Agamben.

Por otro lado es extraordinariamente fascinante y oportuno el número apenas aparecido de “Civiltà Cattolica” que le dedica un artículo de Mario Imperatori, el cual critica la predicación unilateral de la salvación únicamente del alma por parte de los cristianos, subrayando la necesidad de anunciar (más justa y completamente) la resurrección de los cuerpos.

La mentalidad de los creyentes está muy gravada aún y contaminada del antiguo dualismo platónico que contrapone alma y cuerpo. Pero esto es lo opuesto al cristianismo, ha explicado Santo Tomás de Aquino, que “en un sentido expresamente antiespiritualista” funda la teología sobre la Escritura más que sobre Platón. El cristianisjmo de hecho no anuncia que Dios existe, sino que Dios se ha hecho carne, que por nosotros ha muerto y ha resucitado en su misma carne.

He aquí por qué en estas páginas de Tomás, vueltas a proponer por la revista de los jesuitas, no hay miedo del cuerpo o de la sexualidad que ha veces ha marcado ciertos ambientes religiosos, más platónicos que cristianos. Hay por el contrario en Tomás la extraordinaria exaltación del cuerpo y de la sexualidad humana.

El sentido del sexo

Visto el discurso (obsesivo y enfermo) que se hace del sexo y del cuerpo en periódicos y Tv, vista la abundancia de la cuestión sexual en el debate público y también en las vidas privadas, es verdaderamente interesante leer estas páginas para comprobar hasta el fondo qué sentido tiene el misterio metido en nuestros cuerpos, esta oscura sed de infinito que vuelve febril la carne, este espasmódico deseo del placer que es al mismo tiempo un modo de exorcizar el envejecimiento y la muerte y una búsqueda inconsciente del éxtasis.

Como lo es la droga, que proporciona una ilusión de éxtasis, “liberando” de los límites y de los dolores del cuerpo.

Nosotros en efecto ¿cómo sentimos el cuerpo? Oscilamos entre dos extremos: por un lado es percibido como una fuente de placer que se convierte en obsesiva, totalizante.

Por otro lado como un límite doloroso, una prisión de la cual huir y –en el fondo- la huida representada por las drogas o el alcohol, aunque muy distinta, persigue el mismo objetivo buscado por las religiones orientales.

Por el contrario Santo Tomás indica en la revelación cristiana el camino (el único camino) de la felicidad del cuerpo y del alma. Al mismo tiempo. Aquella felicidad plena que parecería imposible, aquel placer –también de los sentidos- que no terminará nunca.

Pero vayamos con orden, siguiendo las interesantes páginas de la revista de los jesuitas.

Tomás de Aquino sobre todo muestra que en el estado original, la sexualidad de Adán y Eva –al contrario que la nuestra- estaba sometida a la razón “cuyo papel no era de hecho el de reprimir el placer de los sentidos que, al contrario, resultado aumentado”.

Se puede hacer un parangón con los caprichos: una persona en condiciones normales, de sobriedad, puede gustar y gozar de un óptimo vino mucho más que un borracho que ni se da cuenta de lo que bebe.

En  el primer caso el placer es aumentado, en el segundo caso el consumo es compulsivo, enfermo y hacer estar mal. Esta es la consecuencia del pecado original que ha sustraído el cuerpo al dominio del alma (y lo ha expuesto entre otras cosas a la enfermedad y a la muerte).

Tomás afirma por otro lado que en el hombre “el alma es la única forma del cuerpo” y eso significa que nada de lo que el hombre hace es puramente animal, puramente biológico.

Ni el comer y beber, ni el acoplamiento sexual. Al contrario que los animales, que simplemente responde a una necesidad física, el hombre tiene dentro una pregunta, una falta existencial, un deseo de infinito que explica por qué está siempre insatisfecho y por qué ningún “consumo”, ninguna posesión, lo apaga.

La suya es un “hambre” bastante superior a la necesidad biológica. De hecho hace de la cabeza.

Tomás extrae una consecuencia ulterior de su afirmación: la separación de cuerpo y alma es “contra naturam”. Y su reunión, con la resurrección final, hará que gocemos de mucho más placer que en el Paraíso o sufriremos mucho más las penas del infierno, porque percibiremos el placer o el sufrimiento con todos nuestros cinco sentidos.

El Sumo Placer

Por esto –como escribe San Pablo-  nuestro mismo cuerpo gime en la espera de la plena redención, o del “sumo placer”, como dice Dante. De hecho participaremos con el mismo cuerpo en la vida de Dios. Es lo que la teología ortodoxa llama “divinización”. Los padres de la Iglesia repiten: “Dios se ha hecho hombre para que el hombre se convierta en Dios”. Un destino por tanto que –por gracia- es superior incluso al de los ángeles.

Los resucitados serán siempre físicamente hombres y mujeres, de hecho Tomás niega la presunta supremacía del hombre y –al contrario de cuanto cree Aristóteles- afirma que la mujer no es en absoluto un hombre incompleto, sino que es obra de Dios igual que el hombre y la diversidad de sus cuerpos pertenece al diseño de la creación.

Al contrario es un reflejo de aquella unidad en la distinción que connota las personas divinas de la Trinidad.

Por tanto la belleza femenina, como también la belleza masculina, serán parte de la beatitud eterna. En los beatos habrá un verdadero y propio “esplendor corporal”. Una belleza tanto mayor cuanto más luminosa es el alma.

Ellos podrán ver la divinidad, o sea gozar del “Sumo bien”, en sus efectos corporales “sobre todo en el cuerpo de Cristo, después en el cuerpo de los beatos y finalmente en todos los otros cuerpos”.

Esta “profunda asociación del cuerpo humano a la eterna beatitud” es su inimaginable exaltación. Los resucitados –dice Tomás- “se servirán de los sentidos para gozar de aquellas cosas que no repugnan al estado de incorrupción”.

Inimaginable beatitud

Si alguien se hacía la pregunta sobre el Paraíso y sobre el placer sexual, como lo como lo conocemos aquí abajo sobre la tierra, habrá encontrado ya la respuesta.

Pero –para aclararlo mejor– la revista jesuita trae una fulminante página del filósofo judío francés (y convertido) Hadjadj: “A través del sexo queremos ser alterados por el alma. Los genitales eran sólo el medio defectuoso de esta penetración del otro hasta lo impenetrable.

Con la resurrección, a partir de un alma que la visión beatífica de Dios hace recaer sobre el cuerpo, la entera carne posee la penetrabilidad del otro sexo y la impenetrabilidad de la mirada (…).

Inútil por tanto unir las partes bajas. La intensidad del abrazo y la altura de la palabra se casarán con estos cuerpos profundos al infinito.

Las carnes podrán unirse sin reservas en un beso de paz, que será por otra parte un himno desgarrador al Salvador”.

Es el Paraíso.

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El caso Medjugorje: no apagar el Espíritu

Posted by El pescador en 1 julio 2009

(original en italiano; traducción mía)

De Libero, 16 enero 2009

Benedicto XVI, como Juan Pablo II, defiende la fe del pueblo cristiano

 de Antonio Socci

Hoy turban la Iglesia, arriesgándose a crear escándalo y extravío para millones de fieles, más que ciertos ateos declarados que hacen campañas publicitarias en los buses de Génova, están aquellos que -quizás con un hábito eclesiástico- hacen la guerra a Dios desde el interior y bajo pretextos “religiosos” propagan un pensamiento “no católico” (como confió amargamente Pablo VI a Jean Guitton).

No por casualidad el cardenal Ratzinger inició un memorable discurso a los biblistas en un ateneo vaticano recordando la figura del Anticristo de un relato de Soloviev, cuyo Anticristo era “un célebre exegeta” con doctorado en Teología en Tubinga. La admonición, aunque sea gallarda, era evidente.

Por otra parte, curiosamente, en estos años no ha sido el campo ortodoxo el que ha desenterrado una especie de Inquisición contra quien propaga herejías y contesta al Magisterio pontificio, sino más bien aquellos que querrían poner bajo inquisíción a la Virgen misma que osa manifestarse sin su permiso. A menudo son vejados por nuevas inquisiciones quienes testimonian una fe viva y fiel al Papa, no los herejes.

Ahora suscitan algunas preocupaciones, entre tantos y fervorosos fieles de la Virgen, ciertas “anticipaciones” (que no se saben si son verdaderas) del llamado “vademecum” que debería ocuparse de eventos sobrenaturales. Las voces sobre su presunto contenido han sido referidas por “Panorama”, hace tres meses, y en estos días por un sitio de internet: se trataría de un “directorio” contra Medjugorje (meta de millones de peregrinos y lugar extraordinario de conversión) y contra los hechos de Civitavecchia donde, en febrero-marzo de 1995, una estatuílla de la Virgen proveniente de Medjugorje, ha llorado lágrimas de sangre durante 14 veces.

A favor de la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y del llanto milagroso de Civitavecchia están no sólo las cuidadosas investigaciones científicas llevadas a cabo sobre los videntes durante las apariciones y sobre la estatuílla de Pantano, investigaciones que excluyen categóricamente toda forma de estafa o de autosugestión. Está también la enorme cantidad de conversiones e incluso de curaciones inexplicables que se han verificado y continúan verificándose (los testimonios están documentados). Está la perfecta ortodoxia que se respira en estos santuarios. Y, juntamente con la devoción de millones de simples cristianos, está la devoción convencida de tantos sacerdotes, obispos y cardenales. Sobre todo aquella, aclarada, de Juan Pablo II que ha manifestado de mono inequívoco y más veces, incluso por escrito, su convicción personal sobre la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y de las lágrimas de la Virgencita.

Ciertamente un “vademecum” para los obispos hoy puede ser utilísimo para tratar tantos casos de “visionarios” de pacotilla y de embaucadores, pero hay que excluir que tal “directorio” sea apuntado contra Medjugorje y Civitavecchia que son dos santuarios marianos y tienen ahora su historia de devoción del pueblo cristiano (que, recordémoslo, es solicitada en las canonizaciones y presupuesta de hecho incluso en las definiciones de los dogmas) y son dos santuarios marianos.

Se dice que el “directorio” prescribe el recurso incluso a “psiquiatras ateos”. En Medjugorje ya ha sucedido. Al principio, en 1981, cuando el régimen comunista se desató contra las apariciones con arresos, vejaciones y violencias, los seis muchachos fueron incluso arrastrados ante psiquiatras del régimen que sin embargo debieron reconocer su perfecta salud mental y su buena fe. Al final algunos de aquellos médicos incluso se convirtieron, junto con los policías que debían reprimir el fenómeno.

En Civitavecchia la Virgencita superó el duro examen del obispo que no creía y que vio acaecer la décimocuarta  lacrimación justo entre sus propias manos, sufriendo un shock cardiaco. Y ha superado también el examen de la comisión eclesiástica (que ha excluido alucinaciones, fenómeno parapsicológico o diabólico) y el examen laico más exigente, el de la ciencia (que ha reconocido que no es posible la explicación científica del fenómeno) y de la magistratura que -después de cuidadosas investigaciones y considerados los numerosísimos testimonios de las lacrimaciones (entre ellos “el Comandante de la policía municipal, agentes de la policía penitenciaria y de la policía del Estado”), escribe que éstas “deben reducirse o a un hecho de sugestión colectiva o a un hecho sobrenatural”. De no ser porque aquellas lágrimas de sangre, al ser fotografiadas y filmadas, no pueden ser una “sugestión”: han sido además analizadas en laboratorio, al microscopio y definidas como “sangre humana”.

Sobre Medjugorje el secretario de Estado Bertone, apenas fue nombrado, explicitó la posición de este pontificado precisando que las peregrinaciones allí, obviamente no oficiales, “están permitidas” y aconsejó incluso “un acompañamiento pastoral de los fieles”. Además definió todavía una vez como “personales” las declaraciones del obispo de Mostar e indicó como justa la posición de espera de los obispos de la ex Yugoslavia que “deja la puerta abierta a futuras investigaciones”.

También porque el gran número de apariciones,  aún hoy en curso, no es un obstáculo, después que han sido reconocidas recientemente las apariciones de Laus donde la Virgen, desde 1647, se manifestó durante 54 años y largamente de forma cotidiana.

Por tanto los fieles de Medjugorje y Civitavecchia pueden estar tranquilos. Del resto el Papa demuestra que tiene la unidad de la Iglesia muy dentro del corazón. También lo ha demostrado recientemente en el modo en que ha resuelto paternalmente el problema neocatecumenal y en el modo en que ha tendido la mano a los tradicionalistas, con la recuperación de la antigua liturgia, pidiendo a los obispos franceses que los acojan y que no discriminen a ninguno. Verdaderamente el Santo Padre quiere conjurar en todos los modos fracturas y desorientación de los fieles. Finalmente también la devoción y la estima hacia Juan Pablo II lo inducen a defender Medjugorje e Civitavecchia. Por eso hay que excluir que el directorio sea “contra” estos dos santuarios.

También hay mucha duda de que el Papa pueda aprobar un “directorio” tan duro y represivo como aquello anhelado por ciertas indiscreciones, porque justamente Ratzinger fue el autor del memorable discurso con el cual el cardenal Frings, arzobispo de Colonia, en 1962 convenció a la Iglesia para que jubilara el viejo Santo Oficio y ciertos sistemas suyos “cuya modalidad de procedimiento no está de acuerdo en muchas cosas con nuestro tiempo y para la Iglesia será un daño y para muchos un escándalo”.

Considerados los errores dolorosísimos hechos hace 50 años por eclesiásticos al tratar casos de santos como padre Pío o acontecimientos como Ghiaie di Bonate, es dudoso que el propio papa Ratzinger permita volver a reglas vejatorias que hoy podrían ser impugnados desde el punto de vista de los derechos humanos, además del derecho natural y del derecho canónico, produciendo “un daño para la Iglesia y un escándalo”.

Benedicto XVI no quiere en absoluto “apagar el Espíritu” y “despreciar las profecías” (1 Tes 5,19-20), como alún teólogo y algún curial, sino que quiere exactamente lo contrario: ya de cardenal puso en guardia a los católicos de convertirse en “deístas”, o sea aquellos que no creen verdaderamente “en una acción de Dios en nuestro mundo” y por eso se engañan con que “debemos nosotros crear la redención, nosotros crear el mundo mejor, un mundo nuevo. Si se piensa así el cristianismo ha muerto”.

“La Iglesia” explicaba Ratzinger “afronta los desafíos que le son propios gracias al Espíritu Santo que, en los momentos cruciales, abre una puerta para intervenir”. Históricamente lo ha hecho con los grandes santos “que eran también profetas”, pero ante todo a través de la Virgen: “Hay una antigua tradición patrística que llama a María no sacerdotisa, sino profetisa. El título de profetisa en la tradición patrística es el título de María por excelencia… Se podría decir, en un cierto sentido, que de hecho la línea mariana encarna el carácter profético de la Iglesia”.

Por tanto la “Reina de los profetas” va a ser escuchada, no amordazada.

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La escandalosa censura contra el Papa

Posted by El pescador en 7 febrero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

“Libero” 16 Enero 2008

Un pasaje del discurso que Benedicto XVI habría hecho en la Universidad, y que no ha podido pronunciar, reza:

“Por consiguiente, no necesitaban (los cristianos) resolver o dejar a un lado el interrogante socrático, sino que podían, más aún, debían acogerlo y reconocer como parte de su propia identidad la búsqueda fatigosa de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad íntegra. Así, en el ámbito de la fe cristiana, en el mundo cristiano, podía, más aún, debía nacer la universidad. Es necesario dar un paso más. El hombre quiere conocer, quiere encontrar la verdad. La verdad es ante todo algo del ver, del comprender, de la theoría, como la llama la tradición griega. Pero la verdad nunca es sólo teórica. San Agustín, al establecer una correlación entre las Bienaventuranzas del Sermón de la montaña y los dones del Espíritu que se mencionan en Isaías 11, habló de una reciprocidad entre “scientia” y “tristitia“: el simple saber —dice— produce tristeza. Y, en efecto, quien sólo ve y percibe todo lo que sucede en el mundo acaba por entristecerse. Pero la verdad significa algo más que el saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien. Este es también el sentido del interrogante socrático. Es necesario dar un paso más. El hombre quiere conocer, quiere encontrar la verdad. La verdad es ante todo algo del ver, del comprender, de la theoría, como la llama la tradición griega. Pero la verdad nunca es sólo teórica. San Agustín, al establecer una correlación entre las Bienaventuranzas del Sermón de la montaña y los dones del Espíritu que se mencionan en Isaías 11, habló de una reciprocidad entre “scientia” y “tristitia“: el simple saber —dice— produce tristeza. Y, en efecto, quien sólo ve y percibe todo lo que sucede en el mundo acaba por entristecerse. Pero la verdad significa algo más que el saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien. Este es también el sentido del interrogante socrático: ¿Cuál es el bien que nos hace verdaderos? La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: este es el optimismo que reina en la fe cristiana, porque a ella se le concedió la visión del Logos, de la Razón creadora que, en la encarnación de Dios, se reveló al mismo tiempo como el Bien, como la Bondad misma”.

* * *

Quien procesó a Galileo fue un intelectual laico…

Un grupo de profesores de la Universidad de Roma, en nombre de la “tolerancia”, quiere que el Papa no hable en el ateneo romano (la intervención había sido pedida por las autoridades académicas). Extraña idea de tolerancia. ¿El Pontífice sería una figura que no tiene nada que ver con la universidad? Aparte el hecho de que quien fundó la universidad romana fue justamente el Papa. Prácticamente es su casa. Se lee de hecho en el mismo sitio de internet del ateneo: “El acto de nacimiento de la Universidad de Roma lleva la fecha del 20 de abril de 1303; en este día fue de hecho promulgada por el Papa Bonifacio VIII Caetani la Bula In Supremae praeminentia Dignitatis, con la cual se proclamaba la fundación en Roma del ‘Studium Urbis’ ”. Cosa obvia siendo la Iglesia el origen de la gran parte de nuestras instituciones culturales.

Aparte después el hecho de que Joseph Ratzinger es precisamente un docente universitario, más bien una celebridadd, uno de los más grandes intelectuales de nuestro tiempo y es más bien él quien honra la Universidad de Roma interviniendo, no la Universidad la que hace un favor al Papa. Aparte el hecho, finalmente, de que los laicistas cada tres segundos citan a Voltaire (“no comparto lo que dices, pero lucharé hasta el final para que tú puedas decirlo”) y después lo contradicen en la práctica.

Pero el aspecto más paradójico es otro. Porque aquello que se le imputa al Papa es haber citado –en un discurso pronunciado cuando era cardenal– a un intelectual laico-agnóstico, un antidogmático, un libertario, uno que enseñaba enseñaba en Berkeley donde comenzó la protesta y que –por anarquista- aplaudió la revuelta, en suma un de ellos, el célebre epistemólogo Paul Feyerabend. He aquí su frase citada por el entonces cardenal Ratzinger: “en la época de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo y tomó en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina de Galilei. Su proceso contra Galilei era racional y justo, mientras que su actual revisión se puede justificar sólo con motivos de oportunidad política”.

En efecto el suceso Galilei fue mucho más complejo de cuanto cuentan las historietas que ven un Santo Oficio tenebroso que oprime al iluminado científico. Y el cardenal Belarmino, por otra parte un gran hombre de ciencia, tenía sus razones. Esto intentaba decir el filósofo Feyerabend. Su provocación sobre el proceso no era compartida por Ratzinger que, además, fue el que quiso la revisión del “caso Galileo” con Juan Pablo II. Por tanto es el último en poder ser acusado hoy por esto.

Pero –como estudioso– reconstruyendo el complejo debate moderno sobre aquel caso, para hacer comprender la complejidad de los problemas y la pluralidad de las posiciones en materia, Ratzinger citó también la célebre página de Feyerabend. Por tanto Ratzinger es “excomulgado” hoy en base no al propio pensamiento, sino al pensamiento de otro. Que por encima de todo es un “escéptico”, uno de su misma área cultural laica (pero él es coherente y rechaza todos los dogmas, incluso los suyos). “Son palabras” escriben los profesores romanos “que, en cuanto científicos fieles a la razón y en cuanto dedican su vida al avance y la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan”.

Pero –preguntamos, queridos ilustres profesores– ¿os dáis cuenta de que estas “palabras” citadas por vosotros y “excomulgadas” pertenecen no al papa, sino a un ilustre colega vuestro epistemólogo que ha enseñado durante años en los mayores ateneos? ¿Y como podéis atribuir a uno las palabras del otro? No, los profesores no escuchan razones. Y sentencian: “En nombre de la laicidad de la ciencia y de la cultura y en el respeto de nuestro Ateneo abierto a docentes y estudiantes de todo credo y de toda ideología, esperamos que el incongruente evento pueda ser todavía anulado”. Por tanto, “en nombre del respeto a todo credo” piden que no se haga hablar a Benedicto XVI. Todos, pero no él.

Si no fueran hechos preocupantes, sería para reír. Porque en aquel discurso pronunciado en Parma el 15 de marzo de 1990, evocado y “excomulgado” por los profesores, el cardenal Ratzinger junto con Feyerabend citaba –en una línea análoga– también a otro filósofo, el “marxista romántico” Ernst Bloch sobre el cual sería interesante oír el parecer de los profesores de la Sapienza.

Según Bloch tanto el geocentrismo como el heliocentrismo se fundan sobre presupuesto indemostrables porque la relatividad de Einstein ha barrido la idea de un espacio vacío y tranquilo: “así pues” ha escrito Bloch “con la abolición de un espacío vacío y tranquilo, no sucede ningún movimiento hacia él, sino sólo un movimiento relativo de los cuerpos el uno en relación con los otros y su estabilidad depende de la elección de los cuerpos tomados como puntos fijos de referencia: entonces, más allá de la complejidad de los cálculos que derivarían de ello, no se muestra del todo improponible aceptar, como se hacía en el pasado, que la tierra sea estable y que sea el sol el que se mueva”.

El filósofo marxista no volvía realmente al universo tolemaico, ni a los conocimientos científicos del tiempo de Bellarmino y de Copérnico, para los cuales se podían hacer sólo hipótesis. Bloch hablaba en nombre de los más avanzados descubrimientos científicos del siglo XX, expresaba así –explicaba Ratzinger– “una concepción moderna de las ciencias naturales”. De hecho otra mente excelsa del siglo XX, gran nombre del pensamiento judío, una combatiente contra el totalitarismo, Hannah Arendt, en el libro “Vita activa”, escribe la misma cosa: “Si los científicos precisan hoy que podemos afirmar con igual validez tanto que la tierra gira en torno al sol, como que el sol gira en torno a la tierra, que ambas afirmaciones corresponden a fenómenos observados, y que la diferencia está sólo en la elección del punto de referencia, eso no significa volver a la posición del cardenal Bellarmino y de Copérnico, cuando los astrónomos se movían entre simple hipótesis. Significa más bien que hemos desplazado el punto de Arquímedes a un punto más lejano del universo donde ni la tierra ni el sol son centros de un sistema universal. Significa que no nos sentimos más sujetos ni siquiera al sol, escogiendo nuestro punto de referencia donde quiera que convenga para una finalidad específica”.

Según Arendt “para las efectivas conquistas de la ciencia moderna el paso del sistema heliocéntrico a un sistema sin un centro fijo es tan importante como fue, en el pasado, el de una visión geocéntrica del mundo a una heliocéntrica”. Ratzinger –uno de los grandes intelectuales del mundo moderno– lo ha comprendido muy bien y señala, como Arendt, la necesidad de reflexionar sobre las consecuencias sociales de este nuevo escenario y sobre el uso que, en esta situación, se hace de la ciencia. En cambio el mundo académico italiano, más provinciano e ideologizado, parece aún detenido en el siglo XVII.

Yo pienso que el profesor Ratzinger se reconocería seguro en este otro pensamiento de Arendt: “los primeros 50 años de nuestro siglo han asistido a descubrimientos más importantes que todos los de la historia conocida. Sin embargo el mismo fenómeno es criticado con igual derecho por el agravarse no menos evidente de la desesperación humana o por el nihilismo típicamente moderno que se ha difundido en estratos siempre más vastos de la población; el aspecto quizás más significativo de estas condiciones espirituales es que no perdona ni siquiera a los más científicos”.

Pero ¿os parece que la universidad italiana pueda volar a estas alturas? Donde domina la intolerancia no hay espacio para la aventura del conocimiento y para la inquietud de la pregunta. Hay espacio sólo para las pequeñas luchas de poder en torno al rectorado del cual ha hablado Asor Rosa al “Corriere. Buenas noches Iluminismo.

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Divinas lágrimas de mujer

Posted by El pescador en 14 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

Ha causado alboroto en 1995 el caso de la Virgen de Civitavecchia. Hoy, después de diez años exactos de atentos análisis, llevados a cabo por especialistas que están fuera de toda duda, se ha debido reconocer que aquellas lágrimas de sangre (humana) que brotan de una Virgencita de yeso (una estatua pequeñita rellena, como han revelado las radiografías, sin nada sospechoso en su interior) son científicamente inexplicables. Es por tanto la razón humana, aquí, que “ve” con los ojos y toca “con mano” una chispa de sobrenatural que ha hecho irrupción en la historia (así como en los clamorosos milagros que suceden en Lourdes y en tantos otros lugares). Para no reconocer la evidencia del Milagro en este caso sería preciso renegar de la razón y refugiarse en el prejuicio. Como decía un gran periodista y escritor inglés, Gilbert K. Chesterton: “Quien cree en los milagros lo hace porque tiene pruebas a su favor. Quien los niega lo hace porque tiene una teoría contraria a ellos”.
Aquí un simple hecho hace correr ríos de tinta que también en estos días ciertos solones de un viejo laicismo han esparcido. Pienso en Eugenio Scalfari que en el Espresso para abroncar el racionalismo cristiano de Buttiglione ha pretendido llamar en su ayuda “el principio de indiferencia de Heisenberg” del cual debe conocer bien poco si se equivoca incluso en el nombre (quería quizá citar el “principio de indeterminación” enunciado por Heisenberg en 1927).En realidad la ciencia contemporánea no lleva de hecho hacia Scalfari y las viejas ideologías laicistas, sino hacia la eterna juventud de Dios como demuestra la recientísima “conversión” de Anthony Flew, el heredero de Bertrand Russel, con el que durante decenios ha sido el maor símbolo del ateísmo filosófico. Pues, al final, frente a la evidencia de las investigaciones científicas ha debido invertir sus posiciones y reconocer una misteriosa Inteligencia superior que ha ordenado el cosmos.Si será aún fiel a su lema socrático –“sigue la evidencia a donde quiera que te conduzca”– descubrirá un hecho aún más extraordinario: que aquella Inteligencia superior (que los griegos llamaban Logos) no se quedó lejos del hombre, no lo ha abandonado, sino que se ha hecho ella misma hombre y ama apasionadamente y tiernamente a toda criatura. Y está presente en la historia.Esto es lo que dice (también) el evento de Civitavecchia. Pero no sólo. Y estos días no se ha recordado que aquella estatuita viene de Medjugorje. El párroco de Pantano que después la regaló a los señores Grigori, en septiembre de 1994, la compró de hecho en una tiendecita de este pueblo de la Herzegovina donde había ido en peregrinación porque allí, desde hace ya 23 años aparece periódicamente la Virgen a seis muchachos (hoy hechos adultos). Es por tanto una clamorosa confirmación de los hechos de Medjugorje.Justamente en un apasionado mensaje de la Virgen de Medjugorje (el 24 de mayo de 1984) se habla de lágrimas de sangre. “Queridos hijos, en cada instante, cuando tengáis dificultades, no tengáis, porque yo os amo también cuando estáis lejos de mí y de mi Hijo. Os ruego, no permitáis que mi corazón llore lágrimas de sangre por las almas que se pierden en el pecado”.

Marija Pavlovic, una de las videntes, en una larga entrevista con el padre Livio Fanzaga que le recordaba este mensaje a propósito de la estatuita, ha declarado: “Para mí (el suceso de Civitavecchia, nda) tiene un significado muy grande, no tanto porque la Virgen ha llorado, en cuanto que la Madonna ha llorado, en cuanto la he visto también yo llorar, sino porque ha llorado lágrimas de sangre y ha llorado cerca de Roma. Todo el conjunto dice mucho”. El entrevistador ha probado a saber más de esto, pero la muchacha se ha cerrado de manera que se intuyó que estaba pensando en uno de los diez misterios secretos sobre el mundo que la Virgen les ha confiado.

¿Significa a lo mejor que alguno de los Secretos tiene que ver con Italia? ¿O Roma? ¿O la Santa Sede? ¿Tiene un significado simbólico que la estatua de la Virgen haya llorado lágrimas de sangre entre los brazos de un obispo que hasta poco antes era totalmente escéptico? ¿Prefigura algo que acontecerá?

Marija no responde. Repite sin embargo: “La Virgen nos ha dicho: ‘Orad por el Santo Padre, porque este Papa lo he elegido yo para estos tiempos’… Pienso de modo particular cuando vemos que el Santo Padre tiene menos fuerzas, y también en los próximos años, cuando estaremos en el paso entre un Papa y otro y cuando será el momento de elegir un nuevo Papa, debemos dejarnos guiar por la oración y por el Espíritu Santo…”.

Parecería que en el paso de pontificado deba acaecer algo dramático. Pero también esta deducción en el fondo puede ser arbitraria. Hay sin embargo otros aspectos simbólicos e inexplorados en los hechos de Civitavecchia. Por ejemplo un detalle que, al momento, sembró desconcierto fue el relativo a la sangre: los laboratorios de hecho atestiguaron que era sangre humana, pero perteneciente a un sujeto masculino. Las reacciones superficiales de la mayoría fueron escandalizantes: la Virgen, se objetaba banalmente, tiene sangre femenina, no masculina.

Pero los teólogos advirtieron que no había nada de inquietante. Al contrario: la sangre redentora de hecho, para los cristianos, es la derramada por Jesús, no la sangre de María, que es una criatura redimida por Él como nosotros. Y por tanto aquella circunstancia mostraba el vínculo indisoluble entre la Madre y el Hijo Salvador, mostraba que María lleva a Jesús redentor y no a sí misma. Todo esto tenía un sentido cristiano. También porque el llanto empezo el 2 de febrero, o sea la fiesta litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo y de la “Purificatio Sanctae Mariae”. Esta antigua fiesta celebra a la Virgen que “estuvo íntimamente unida” a la salvación “como Madre del Siervo sufriente de Yahve y como modelo del nuevo pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y por la persecución” (Pablo VI).

He aquí por qué la sangre de Cristo en las lágrimas de ella. Y después aquella fiesta recuerda el episodio evangélico del reconocimiento mesiáncio por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana, que representan la tradición profética de Israel. Tiene por tanto un significado profundo también en el tiempo de la Iglesia: también ella de hecho tiene el deber “profético” de reconocer el misterio de Dios presente y operante en la historia actual. También en formas especiales. En Medjugorje como en Civitavecchia, como en Fátima y en Lourdes. No sólo. La iglesita de Pantano está dedicada a S. Agustín y surge justamente donde –según la tradición– Agustín, en el 387, sobre la orilla del mar, meditando sobre el misterio de la Trinidad, encontró un ángel-niño que le iluminó: era como pretender hacer entrar el mar infinito en el hoyito que había excavado en la arena.

Que el hecho de la estatuita acaezca en un lugar parecido puede significar una exhortación al reconocimiento humilde del misterio de Dios. Una invitación a no quedar prisioneros de los prejuicios y de la soberbia intelectual. Sobre el simbolismo de las lágrimas después se podría escribir un tratado. El llanto vuelve en muchas apariciones de la Virgen. En verdad el llanto es, en la vida normal, una característica en modo particular de las mujeres y –vendría a decir- María de Nazaret es una mujer en todos los sentidos. También por la facilidad para el llanto que no es un indicio de debilidad femenina, como banalmente se cree, sino de intensidad afectiva y emocional. Tom Lutz en su Storia delle lacrime observa que ninguna otra especie, fuera de la humana, es capaz de llorar, así como sólo la humana posee el lenguaje. Así pues el llanto representa un fenómeno específicamente humano, expresa una profundidad que es sólo humana.

Pero en las lágrimas de María hay un dolor que es también divino. Don Augusto Baldini, en el volumencito sobre el caso de Civitavecchia, refiere algunos motivos de meditación. Por ejemplo del filósofo, convertido, Jacques Maritain: “Si los hombres supieran que Dios sufre con nosotros y mucho más que nosotros por todo el mal que devasta la tierra, muchas cosas cambiarían sin duda y muchas almas serían liberadas… Las lágrimas de la Reina del Cielo (significan) el soberano horror que Dios y su Madre experimentan y su soberana misericordia por la miseria de los pecadores”.

El cardinal Martini sobre las lágrimas de la Virgen en La Salette: “Es un misterio profundísimo, que en cualquier modo nos permite intuir el sufrimiento de Dios por los males que cometemos”. Y el Papa, siempre por el aniversario de La Salette: “María, madre llena de amor, con sus lágrimas ha mostrado la tristeza por el mal moral de la humanidad. Con sus lágrimas nos ayuda mejor a comprender la dolorosa gravedad del pecado, del rechazo de Dios, pero también la fidelidad apasionada que su Hijo nutre hacia los hermanos: Él, el Redentor, cuyo amor está herido por el olvido y por el rechazo… Ella tiene compasión de las dificultades de sus hijos y sufre al verlos alejarse de la Iglesia de Cristo”.

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Medjugorje, viaje en busca de María

Posted by El pescador en 11 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

He hecho alrededor de 2000 kilómetros entre tierra y mar tras las huellas de una mujer. Es una mujer “de una belleza indescriptible”, dice quien la ha encontrado. Y para nosotros curiosos intenta una vaga descripción: altura alrededor de 1’65, edad alrededor de 18-20 años, rostro ordenado, casi siempre sonriente, mejillas rosadas, cabello negro ondulado, ojos marcadamente azules, voz dulce de adolescente, vestimenta muy simple.
Enamoramiento
Pero los testimonios precisan pronto que su belleza es una belleza inimaginable, ningún rostro en el mundo es parangonable al suyo. No estamos hablando de un sueño o de una imagen literaria. Sino de una persona viva, que sonríe, habla y escucha, llora, abraza, llama por el nombre, que enseña y que implora, que se apasiona con los pequeños problemas de cada uno. Desde 1981 seis muchachos de un pueblecito de la Bosnia croata -Medjugorje- la encuentan casi cotidianamente y ella -ante la pregunta- ha respondido que es la Virgen María. El punto clave es que: está viva. Y estos muchachos no son dementes, son del todo normales, también a juicio de la ciencia, incluso del ex régimen de Tito. Perseguidos al principio por la policía comunista, han crecido con ella al lado, han estudiado en la universidad, se han casado, tienen hijos. No son alucinados (pasan por distintos también para Medjugorje y se reconocen pronto). En cambio, estos seis -que en 1981 por otra parte no estaban entre los muchachos más asiduos en la parroquia- son tipos equilibrados, racionales, cordiales. Pero, como dice una de ellos, Marija, que hoy vive en Monza, “estamos en cierto sentido enamorados de ella. Especialmente al principio, no digo que éramos dependientes, aunque la belleza de su cara y su voz cuando hablaba nos atraían… Después, despacio despacito, nos ha llevado hacia Jesús, hacia la Iglesia, hacia la Eucaristía y nos ha hecho descubrir un mundo tan grande, tan inmenso…”Su belleza es su “eterna juventud”, subraya padre Livio, director de Radio María, se explican con el hecho de que todo el ser de María, alma y cuerpo, resplandece de Gracia y está en la Gloria de Cristo. Es por tanto paraíso. Con sus 23 años de presencia constante, según el padre, estamos ante un hecho absolutamente único en la historia de la Iglesia que evidentemente es debido a algo excepcional, a aquello que debe acaecer.Así hemos alcanzado aquel pueblecito bosnio para asistir a una aparición. Para comprender y para interrogarnos sobre esta joven mujer, su “filosofía” y también “misión secreta” que justifica una permanencia tan larga (si, por ejemplo, es una empresa que debe salvarnos de catástrofes inminentes).
Un Palacio imperial
A juzgar por millones de personas que este verano se han movido por ella, es decididamente el personaje del momento (ha entrado incluso en una diatriba entre Giuliano Ferrara y Francesco Merlo). Estadísticamente es la mujer más amada de la historia humana, la más cantada por poetas y músicos, la más representada por pintores y escultores, la más invocada. Lo suyos son “gli occhi da Dio diletti e venerati” [los ojos por Dios más amados y venerados] (Dante). Si incluso Dios se ha enamorado de ella se comprende por qué en este verano de 2004 un río de gente –jóvenes y no sólo ellos– ha hecho kilómetros para buscarla en los lugares donde ella pasó (Lourdes, Fátima, Chestochowa, Loreto, Guadalupe): donde ha pasado para curar, para enjuar las lágrimas, a dar abrigo y consuelo a desolados y desesperados, a abrazar la soledad y llamar a todos. Ya que de ella se dice desde siglos (Bernardo de Claraval) que no decepciona nunca y no abandona a ninguno.Con estos peregrinos -por la fiesta de la Asunción- el papa mismo vuelve a Lourdes: son 150 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción que la Iglesia opone, en el siglo XIX, a todas las nuevas ideologías fundadas sobre la ilusión de que el hombre –pretendiéndose dios- pueda construir un paraíso en la tierra con sus fuerzas. La historia del siglo XX ha demostrado que por el contrario ha construido infiernos. Y justamente para abatir estos infiernos del siglo XX ella se aparerció primero en Fátima y después en Medjugorje.Giuliano Ferrara ha recordado, con estupor, que es venerada como Reina. No engañan su aspecto de adolescente, su humildad, su bondad. Tiene poder real y lo ha ejercido en momentos decisivios de la historia humana. Por ejemplo, apareciéndose a un pobre indio en Guadalupe (1531) ha determinato la historia americana y por tanto nuestro hoy. Extraña reina: cambia la historia humana escogiendo personas insignificantes y con la predilección por las cosas más pequeñas y humildes. En el viaje que me lleva al embarque de Ancona hacia Croacia paso de hecho –el 29 de julio- por aquel que ella misma ha definido como su palacio real: allí se apareció a Francisco de Asís como “Reina de los ángeles” y le confió haber elegido la mísera Porciúncula, una minúscula y pelada iglesita en el valle espoletano, como su palacio real.Es espontánea la comparación con otro palacio imperial que se encuentra después del embarco de Ancona, aquel que aparece ya desde el trayecto sobre la costa dálmata: el Palacio de Diocleciano en Split, construido justamente 1700 años antes, en el 304. Era el Palatium por antonomasia (por el cual el topónimo Split). El palacio real poderoso del último feroz perseguidor de los cristianos. Hoy sobre aquellas piedras colosales desmocha un alto campanario con la cruz. Vienen a la mente las palabras de ella en el Magnificat: “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.Los cristianos perseguidos por el imperio romano no podían ni siquiera imaginar, en el 304, que de allí a pocos meses subiría al trono Constantino y todo cambiaría. ¿Y los cristianos perseguidos por el imperio comunista –que justamente sobre esta orilla tenía su frontera occidental– podían imaginar ver desplomarse en la nada –y sin sangre- el gran moloch perseguidor? ¿Existe la ligera mano de María, como dice el Papa? Dejo Split –y estos pensamientos– a las espaldas y el 2 de agosto recorro hacia el sur la espléndida costa croata devastada a trechos por una urbanización salvaje.
Hacia Medjugorje
Cien kilómetros de carretera de dos carriles a pico sobre el mar. Después la tierra adentro y la desolada Bosnia: el puente de Mostar ha sido recién construido. Las heridas sangran aún. En un campo pobre, de pequeños cultivos de tabaco y vides, desmocha una iglesita blanca con sus dos campanarios: es Medjugorje. Un puesto perdido e insignificante: hasta el 81. Carreteras sin conexión y llenas de hierba. El sol, en un cielo blanquecino, ya da calor a las 7.30. Los bares están abriendo, pero ya circulan tantos peregrinos porque el 2 de cada mes Mirjana Dragicevic, una de las videntes, tiene su aparición, bajo un toldo en el “Campo de la vida” de los muchachos de sor Elvira. Basta seguir a la gente. A la izquierda de la iglesita se va hacia el barrio de Bijakovici, donde viven los muchachos, y después de 800 metros se llega a una avenida en cuesta: sabré después que los muchachos estaban justamente sobre aquella avenida polvorienta, hoy ocupada por los autocares, aquel 24 de junio de 1981, hacia las 18.15. Cuando uno de aquellos convoyes, a 200 metros, donde empieza el montecito pelado y pedregoso del Podbrdo, una joven mujer inundada de luz con un niño en brazos. La cual hacía señal con la mano de acercarse: ellos escaparon a toda pastilla, asustados. El encuentro verdadero se verificará el día siguiente y el 26 el primer mensaje, cuando llorando pedirá su “paz, paz, paz, paz con Dios y entre los hombres”. Nadie comprendía. Pero exactamente diez años después, en 1991, aquel mismo 26 de junio, allí en Bosnia estallaría la primera guerra feroz en Europa desde 1945.

El toldo verde del “Campo de la vida” está lleno ya de gente desde las 6 y el prado alrededor. A las 8 comienza el rosario. Se dicen los 4 misterios enteros en diversas lenguas. En el entre tanto llega Mirjana, una bella treintañera rubia, ojos azules, vivaces, ingeniera agrónoma. Apenas iniciado el cuarto misterio glorioso – la Asunción– de golpe Mirjana cae de rodilas y por todas partes se hace un silencio jamás sentido. Nadie habla, todos saben que María ha venido, está aquí entre nosotros. El rostro de Mirjana, totalmente absorto en ella, está ligeramente transformado, luminoso. Habla con ella, Mirjana, pero su voz es totalmente silenciosa para nosotros. Todos callan, recogidos.

“Estando allí” me dirá Piergiorgio, turinés, ingeniero recién titulado “sientes aquella mirada de ella justamente sobre ti, incluso si no la ves”. Si de eso se da cuenta bien un médico milanés, el doctor Frigerio, que fue a Medjugorje para una aparición y llevaba consigo la bolsa llena de objetos sagrados que sus pacientes le habían confiado para que fueran bendecidos por la Virgen. Pero, por la multitud, no consiguió llegar hasta el altar donde se debía depositar. Acabada la aparición estaba para volverse a casa, disgustado, de no ser porque justamente lo buscó el pequeño Jakov que le dijo: “¿Eres tú el médico? La Virgen me ha dicho que te diga que no debes preocuparte: ha bendecido igualmente todos los objetos que tienes en la bolsa”. Esta es su delicadeza para cada uno que asombra. Llama “pequeño mío” a Juan Diego en Guadalupe. En Lourdes trata de “usted” a Bernadette a la que todos trataban con el despectivo “tú” de los mendigos.

En Medjugorje cada vez –por millares de veces– agradecerá a los muchachos “por haber respondido a mi llamada”. Los relatos de los testimonios la describen todos llena de atención y de amor para cada uno. “No podéis comprender” dirá en un mensaje suyo “cuán grande es vuestra persona en el designio de Dios”.

El 2 agosto tras la aparición a Mirjana no hay mensajes públicos. Los cuales llegan el 25 de cada mes a través de otra vidente, Marija Pavlovic. Mensajes que la Bella Muchacha de Nazaret da en la parroquia de Medjugorje y por medio suyo al mundo. Son siempre pocas palabras simples que invitan a la conversión y a la oración porque “la humanidad se encuentra en un gran peligro” y el rosario es el arma potentísima para permitir que Cristo dé salvación y paz a la humanidad. A Mirjana sin embargo le ha confiado los diez secretos que tienen que ver con la suerte del mundo. Cada uno será revelado tres días antes de que suceda, para que todos tengan tiempo de converstirse. Se sabe que el tercero es un bello signo que ella dejará sobre el monte de la primera aparición, un signo imborrable y claro de su presencia. Pero los otros parece que son muy preocupantes.

Aquel arsenal estallado

7 agosto. El embarque a Split junto al Palacio de Diocleciano. Clavado a lo largo del brumoso Adriático, aquellas murallas poderosas y aquella cruz que hoy allí desmocha. Mientras sobre el trayecto resuenan las guitarras y los cantos de los jóvenes que han estado en Medjugorje, intento mentalmente volver a poner en orden los eventos y las fechas.

El 13 de mayo de 1917 aparece en Fátima y profetiza la llegada a Rusia del comunismo y las plagas derivadas de esta obra maestra de Satanás: una nueva guerra mundial, inmensos estragos y persecuciones nunca vistas en 2 mileniso de cristiandad, hasta el martirio de un papa. Ha sido exactamente la historia del siglo XX. Por una serie de razones no había sido hecha –en las modalidades debidas- aquella consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María que ella había pedido.

El 13 de mayo de 1981, precisamente el día de la Virgen de Fátima, un atentando golpea al Papa en san Pedro. En los días sucesivos en el hospital Juan Pablo II recuerda que justamente este evento era predicho en la tercera parte del secreto de Fátima. El papa decide hacer la consagración. El 25 de marzo de 1984, solemnnemente, encomienda el mundo al “corazón materno de María”, “madre de los hombres y de los pueblos, tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas”. ¿Qué sucede? Los expertos en cuestiones político-militares dicen en 1984, con Andropov y Chernenko en el Kremlin y el duro choque sobre los misiles con los EE.UU. de Reagan, que pone contra las cuerdas el sistema soviético, fue el momento de máxima tensión entre Este y Oeste. La URSS estaba perdiendo y un conflicto armado –apocalíptico – se creía de verdad probable. Pero a la vuelta de pocos meses –con la muerrte de Andropov y Chernenko y la llegada de Gorbachov (1985)- el comunismo marchó hacia una implosión fulminante a causa de su quiebra económica y social. La más grande dictadura de la historia se derrumbó en 4 años sin violencias ni víctimas: el “caso” quiere que el acto de liquidación de la URSS de 1991 se haya firmado el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción (“mi Corazón Inmaculado triunfará” se dio en Fátima) y que la bandera roja fuera arriada en el Kremlin el 25 de diciembre de 1991, por Navidad. ¿Pero qué había pasado en la URSS entre 1984 y 1985? ¿Bastaron las muertes de Andropov y Chernenko para explicar el vuelco de una línea política? Muchas cosas deberemos descubrir. Vuelto a casa encuentro el Dominical que sugiere justamente una de las piezas que faltaban. El experto en historia militar Alberto Leoni ilustra el hecho que da la puntilla al potencial militar soviético durante la crisis de 1984: la explosión del arsenal de Severomorsk, en el Mar del Norte. “Sin aquel aparato balístico que controlaba el Atlántico” dice Leoni “la URSS no tenía más ninguna esperanza de victoria. Por esto la opción militar fue cancelada”. Aquel incidente tuvo lugar dos meses después del rito solemne de la Consagración en la plaza de san Pedro. Pudo ser casual. Pero muchos han notado con algún estremecimiento la fecha del incidente de Severomorsk: 13 de mayo 1984, aniversario y fiesta de la Virgen de Fátima y del atentado contra el Papa…

Sin saber nada de todo esto, Lucía, la última de los videntes de Fátima aún viva, en una entrevista declaró cándidamente: “La Consagración de 1984 ha evitado una guerra atómica que habría sucedido en 1985”. Un mes después del atentado contra el Papa empezaron las apariciones de Medjugorje que, ha dicho María, cumple aquello que empezó en Fátima. Este verano los periodistas dedican muchas páginas a continuación de las peregrinaciones. María atrae silenciosamente. El 15 de agosto, para la Asunción, el Papa está en Lourdes: este perdido pueblecito de los Pirineos es la más grande meta de peregrinaciones del mundo, más que la Meca. “La Asunción al cielo, en cuerpo y alma, de María que se celebra” me explica un teólogo “significa que incluso cada cabello de nuestra cabeza es amado por Dios, enamorado de nosotros, y es destinado –con todo nuestro ser– a la gloria, a la divinización. Que transfigurará el cuerpo”.

Vuelvo a pensar en la belleza de la joven mujer que aparece en Medjugorje. Es la mujer “vestida de sol” que aplastará a Satanás, el león rugiente que siempre busca a quién devorar. Vuelvo a pensar en las palabras de Dostoievski: “La Belleza salvará al mundo”.

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Los secretos de las apariciones de Medjugorje

Posted by El pescador en 1 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

Un artículo de Antonio Socci publicado por Il Giornale el 24 de diciembre [2001]


Exactamente hace diez años, el 25 diciembre 1991, se derrumbaba la Unión Soviética y con ella era barrido de Europa aquel experimento comunista que había ensangrentado el continente durante 70 años. La caída de un imperio sucedía sin derramamiento de sangre. Que un prodigio tan inédito aconteciese el día de Navidad e incluso la liquidación del Imperio se decidió en una reunión que se desarrolló el 8 de diciembre no dice nada a lo histórico laico, pero no es casual para quien mira la historia humana con ojos cristianos. El 8 de diciembre es de hecho para los católicos la fiesta de la Inmaculada Concepción y en los mensajes de Fátima cuyas apariciones son concomitantes con la revolución de octubre la Virgen pedía justamente la consagración de Rusia a su corazón inmaculado para obtener la conversión y anunciaba después de muchas tribulaciones la victoria de su corazón inmaculado. En aquellos mensajes había sido profetizada también la enorme masacre del siglo XX, el siglo del más grande martirio cristiano durante el cual se habría llegado hasta a golpear al Papa. El atentado contra él aconteció justamente un 13 de mayo, que es exactamente la fiesta de la Virgen de Fátima.

La extraordinaria coincidencia no fue considerada casual por Juan Pablo II que consideró que fue salvado justamente por la Virgen de Fátima en cuya corona quiso hacer engastar, como exvoto, una de las balas que lo golpearon. Justamente en los días pasados la Santa Sede ha hecho saber que sor Lucía, la última de los videntes portugueses, reconoce como completa la revelación de los secretos hecha el año pasado por el Papa. Para los cristianos la indefensa muchacha de Nazaret, la adolescente que en Belén parió a Jesús en condiciones humanamente durísimas, proclamada reina del cielo y de la tierra, ha ejercido y ejercita un influjo excepcional sobre la historia humana para conjurar resultados trágicos. El hecho que sus apariciones públicas se hayan concentrado en los dos últimos siglos significa que los peligros han aumentado y se han agravado con el fin de la cristiandad y el enorme crecimiento de la potencia de los hombres sobre el cosmos.

Y es en estos últimos años especialmente siempre según los cristianos cuando su intervención visible y apesadumbrada para salvar a la humanidad de la ruina se ha hecho más fuerte y visible. Siempre en 1981, de hecho, exactamente un mes después de aquel atentado contra el Papa que cumplía la profecía de Fátima, se iniciaron las apariciones de Medjugorje, un pueblecito de Bosnia-Herzegovina, entonces aún bajo el régimen comunista yugoslavo. La misma Virgen ha explicado que intentaba cumplir en Medjugorje aquello que había iniciado en Fátima. Y es emocionante leer el mensaje en el cual pide una novena de oraciones y ayuno para que con vuestra ayuda se realice todo aquello que quiero realizar según los secretos iniciados en Fátima. Os invito, queridos hijos, a comprender la importancia de mi venida y la seriedad de la situación. Era el 25 de agosto de aquel 1991 que pocas semanas después, el día de Navidad, vería pulverizarse la URSS sin derramamiento de sangre.

Se trata de apariciones aún no reconocidas oficialemente por la Iglesia si bien porque todavía están produciéndose. Precisamente por la duración se trata de un fenómeno absolutamente único en la historia cristiana, porque nunca se supo de una presencia de María tan asidua y continuada. Los muchachos a los se apareció la Virgen aquel 24 de junio de 1981 tenían 15-16 años. En aquel tiempo debieron sufrir no pocas intimidaciones y persecuciones de parte del régimen comunista. Hoy son todos adultos, han estudiado, se han graduado, tienen familias e hijos. Son personas del todo normales, afables, simpáticas, inteligentes. Son personas totalmente normales, afables, simpáticas, inteligentes. En el entre tanto aquel pueblecito perdido de Bosnia se ha convertido en la más extraordinaria meta de peregrinación de la cristiandad. Millones de personas alcanzan todos los años aquella meta ante la indiferencia de los medios de comunicación. Es un fenómeno excepcional (justo hace pocos días en Milán 15.000 han ido a escuchar a una de las videntes, un número altísimo de los cual bien pocos periódicos hecho eco).

Los muchachos estuvieron expuestos a varios experimentos científicos durante las apariciones y todos han revelado que sucede cualquier cosa inexplicable. Pero hay otro hecho que acredita las apariciones. La Virgen desde sus primeras palabras, con su habitual estilo discreto y dulce, pidió a los muchachos oraciones por la paz. Pero hay otro hecho que acredita las apariciones. Era un tiempo en que nada parecía amenazar la paz en Bosnia. De allí a pocos años se comprendió todo. Precisamente en aquella tierra de hecho estalló la más sangrienta guerra que se vio en Europa desde el final de la II guerra mundial.

A los muchachos, que continúan teniendo las apariciones, se les confiaron diez secretos que tienen que ver con toda la humanidad. En ellos resultaría claro el plan de María para la salvación del mundo como dice el padre Livio Fanzaga, director de Radio María. Padre Livio ha entrevistado largamente hace poco a Mirjana Dragicevic, una de las videntes, 36 años, graduada en ingeniería agraria, casada con dos hijas. Mirjana de hecho ha recibido los diez secretos, sabe qué son, cuándo y dónde se realizarán, y tiene la misión de comunicarlo a un fraile capuchino escogido por ella con diez días de anticipo. El fraile deberá anunciarlo al mundo tres días antes de que se verifiquen. El objetivo de la Virgen dice Mirjana es salvar a todos, invitando a todos a conocer el amor de su Hijo y entregar el propi ocorazón a él. De estos secretos sabemos sólo que el tercero habla de un signo inequívoco y bello de su presencia que la Virgen dejará sobre la colina de la primera aparición. El séptimo por el contrario parece que es muy dramático, pero Mirjana insiste en que no hay que tener miedo. Quien tiene al Señor en el primer puesto de su corazón no tiene nada que temer. Al final llegará el tiempo de la paz, anuncia con seguridad Mirjana. La Virgen de hecho se presentó en Medjugorje con el título de Reina de la Paz. No se sabe cuándo acontecerá todo. Pero según el padre Livio, que ha dedicado a Medjugorje una serie de libros y que con su radio (escuchadísima), sigue desde hace años el desarrollo de los eventos, los hechos del 11 de septiembre podrían ser el inicio del discurrir de Medjugorje (por cierto sobre las Torres Gemelas estaban también los potentes repetidores de Radio María, que difundían los mensajes de Medjugorje). El padre Livio considera que el peligro planetario poodría estar representado precisamente por un terrorismo preparado para devastar el mundo con armas de destrucción masiva.

Del resto se intuye que en estos meses hay algo nuevo que carga el corazón del Papa. Para quien sigue sus intervenciones es evidente que divisa algo oscuro en el horizonte. En octubre del 2000, concluyendo el gran Jubileo, renovó la consagración de la tierra al corazón inmaculado de María diciendo que estamos en una encrucijada entre transformar la tierra en un lugar de ruina o hacer de ella un jardín. Y en sus intervenciones recientes habla abatido de una hora oscura que ha llegado.

A la luz de estos antecedentes adquiere claramente otro significado la jornada de ayuno y oración por la paz querida por el Papa, considerado el hecho de que desde hace veinte años la Virgen de Medjugorie ha pedido exactamente y sólo esto: ayuno y oración por la paz. María nos da la posibilidad de ponernos a salvo explica el padre Livio pero urge convertirse.

Naturalmente se puede juzgar con indiferencia e incredulidad todo esto. Sin embargo antes es aconsejable dar una lecturar al volumen, apenas aparecido, Gli occhi di Maria, en el que Vittorio Messori reconstruye la colocación histórica y geográfica de las apariciones de María desde los años de la Revolución francesa, la gran devastadora de la cristiandad. Siempre, en anticipo o en concomitancia con los acontecimientos más terribles, María se ha aparecido para confortar a los cristianos y ponerlos en guardia, pero también para conjurar las peores tragedias. Se empieza con las apariciones en los años del Terror jacobino reconstruidas en el libro por Rino Cammilleri en particular un fenómeno inexplicable afectó al mismo Napoleón. Un 11 de febrero. El mismo día en el cual se aparecería la primera vez en Lourdes. Es sólo una de las tantísimas, impresionantes coincidencias de fechas señaladas por Messori. Y después Fátima, cuya última aparición, el 13 de octubre, con el prodigio del sol que gira, es casi concomitante con la revolución bolchevique. Y después la aparición de Banneaux de 1933, concomitante con el ascenso al poder de Hitler. Las apariciones de Kibeho, en Ruanda, donde no se ha podido conjurar uno de los más terribles genocidios de los últimos decenios. Cada vez aquello que afecta y conmueve es como dicen los videntes -su cuidado de madre. El realizarse o menos de los “secretos” de Medjugorje nos dirá si verdaderamente en aquel pueblecito bosnio acaeció lo que millones de cristianos creen. Se puede ser cristiano o no serlo. Pero, más allá de Medjugorje, quien es cristiano permanece de todas formas seguro de que María obra concreta e incansablemente por el bien de todo ser humano y de la humanidad entera. Si aquella muchacha de Nazareth es “la reina del cielo y de la tierra” no hay que sorprenderse que tenga tanto poder sobre la historia humana.

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¿Es de Lubac el inspirador de la crítica benedictina?

Posted by El pescador en 24 diciembre 2007

Luigi Accattoli (original en italiano; traducción mía)

Creo que he encontrado al inspirador de la autocrítica del cristianismo moderno propuesta por Benedicto con la nueva encíclica (ver las dos entradas anteriores): es Henri de Lubac. En la introducción a Catolicismo (citado por el papa Ratzinger en la nota 10 de la encíclica) él escribía así en 1937: “Se nos reprochará ser individualistas también a nuestro pesar, a causa de la lógica de nuestra fe, cuando en realidad el catolicismo es esencialemente social. Sin embargo, ¿no es también un poco culpa nuestra si un tal malentendido ha podido nacer y ha echado raíces, y si aquel reproche está tan difundido?” (p. 9 de las ediciones Studium de 1964). Y he aquí un pasaje de la encíclica, en el número 16, bajo el titulito “La transformación de la fe-esperanza cristiana en el tiempo moderno”, que recuerda las palabras del teólogo francés: “¿Cómo ha podido desarrollarse la idea de que el mensaje de Jesús es estrictamente individualista y dirigido sólo al individuo? ¿Cómo se ha llegado a interpretar la « salvación del alma » como huida de la responsabilidad respecto a las cosas en su conjunto y, por consiguiente, a considerar el programa del cristianismo como búsqueda egoísta de la salvación que se niega a servir a los demás? Para encontrar una respuesta a esta cuestión hemos de fijarnos en los elementos fundamentales de la época moderna. Estos se ven con particular claridad en Francis Bacon…”. Por tanto objeto central de la autocrítica benedictina no es el Vaticano II y el conectado catolicismo dialogante como ha hipotizado por ejemplo Antonio Socci, si se trata -literalmente- de una cuestión formulada un cuarto de siglo antes del comienzo de aquel concilio.

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