El testamento del pescador

Archive for the ‘Pío XII’ Category

Donde está Pedro, allí está la Iglesia

Posted by El pescador en 29 junio 2013

Detrás estaba Pedro y lo seguía [a Jesucristo], siendo conducido por los judíos a casa de Caifás, el jefe de la sinagoga (Cf. Mateo 26,58). Es el mismo Pedro al cual dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mateo 16,18). Donde está Pedro, allí está la Iglesia, donde está la Iglesia, allí no hay ninguna muerte, sino vida eterna. Y por eso añadió: “Y las puertas del infierno no prevalecerán para ella, y te daré las llaves del reino de los cielos” (Mateo 16,18-19). Dichoso es Pedro, para el cual no prevaleció la puerta del infierno, no se cerró la puerta del cielo, sino al contrario destruyó las entradas del infierno, puso al descubierto las cosas celestiales. Así pues puesto en la tierra abrió el cielo, cerró los infiernos.
San Ambrosio de Milán, Explicación del Salmo 40,30.

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¿Para qué sirve el Papa?

Posted by El pescador en 15 septiembre 2008

(original en francés; traducción mía)


Mientras que Benedicto XVI debe llegar el 12 de septiembre a Francia para un viaje a París y Lourdes, se vuelve sobre el papel del obispo de Roma en la Iglesia católica y en el mundo

El término viene del griego ‘pappos’ que, desde Homero, es utilizado para marcar una veneración, respetuosa. En Oriente designa después a los obispos y a los sacerdotes. Aparece en Occidente a comienzos del siglo III, reservado a los obispos.

No es hasta el siglo VIII cuando los obispos de Roma lo emplean para ellos mismos cada vez más a menudo. En el siglo XI, mientras es necesario asentar el poder de Roma frente a otras ciudades e imponer progresivamente la autoridad apostólica, Gregorio VII, en un«dictatus papae», establece que el título será a partir de entonces reservado al sucesor de Pedro, «porque es único en el mundo».

La palabra no tiene nada que ver, etimológicamente, con el familiar «papa» de los niños hacia su padre. La confusión viene del hecho de que en Italia, en las familias, se ha extendido el uso francés de decir «papà», con acento sobre la última sílaba, mientras que la palabra italiana era originalmente «babbo».

El “Viva il papa!” que se escucha en la plaza de San Pedro para el papa no tiene nada que ver, como lo creen a veces los turistas francófonos en Roma, con un familiar “¡viva el papá!”… Explicaciones sobre las prerrogativas del jefe de la Iglesia católica.


¿Cómo es elegido el papa?

Y primero, ¿quién puede ser elegido? En teoría, todo bautizado que cumpla las condiciones para llegar a ser obispo, porque el papa es el obispo de Roma. En realidad, desde el siglo XV, el papa ha sido elegido siempre entre los cardenales. Los electores son en efecto los cardenales, que son nombrados ellos mismos por los precedentes soberanos pontífices.

La elección del papa está regulada de manera extremadamente meticulosa por textos que prácticamente cada papa a retocado. Pero el objetivo ha seguido siendo el mismo: crear las condiciones para que el nuevo papa pueda tener los medios de asegurar su misión con toda independencia.

Lejos de presiones extrañas, de injerencias mediáticas, los cardenales se reúinen pues en cónclave, en secreto, dentro de la capilla Sixtina.

Sólo aquellos que tienen menos de 80 años participan en el cónclave: una regla introducida por Pablo VI en 1970, para evitar que el alargamiento de la duración de la vida no haga crecer demasiado el peso de los cardenales más ancianos. Es elegido aquel que obtenga más de dos tercios de votos en el curso de los escrutinios.

Esta regla de dos tercios había sido modificada por Juan Pablo II y la sustituyó por la de la mayoría al final de un cierto número de días sin resultado; uno de los primeros actos de Benedicto XVI fue sin embargo volver a la antigua práctica, por miedo a que el papa pueda ser el rehén de una parte del Sacro Colegio en lugar de representar a la Iglesia entera.

No hay campaña electoral. Sin embargo, antes del cónclave, los cardenales -incluidos aquellos de más de 80 años- se reúnen en congregaciones generales para evocar los grandes problemas y desafíos de la Iglesia. Un tiempo importante donde se bosquejan las grandes tendencias que después “harán” la elección.

¿Cuál es su papel pastoral ?

“Bendito sea Dios que te ha elegido como pastor de toda la Iglesia”, dice el cardenal protodiácono entregando al nuevo elegido, al comienzo de su ministerio, el palio. El papa no es un “súper-obispo”.

Su papel pastoral es universal, pero le es correspondiente por derecho según los términos mismos empleados por Jesús para Pedro: “Confirma a tus hermanos en la fe”.

He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones“, ha dicho en ese sentido Benedicto XVI a los jóvenes australianos este verano, durante la JMJ.

Es lo que se llama el magisterio del papa, que no ejerce solo, sino con el conjunto de los obispos, sucesores de los Apóstoles, cuyo colegio él preside. Este magisterio aspira a transmitir el mensaje de Cristo en su integridad y a asegurar la unidad de la fe. Integridad, para evitar desviaciones, malas interpretaciones, sectarismo u otras cosas; unidad, para preservar la Iglesia del cisma.

Es una forma de enseñanza, que el papa ejerce cotidianamente, por medio de discursos, de cartas, de homilías, de audiencias. O de manera más solemne, por medio de textos que tienen un alcance general, encíclicas o exhortaciones apostólicas.

Este Magisterio se ejerce en comunión con los obispos, que el papa puede consultar sobre tal o cual punto: es el caso de las exhortaciones apostólcias que recogen las conclusiones de una asamblea del Sínodo de los obispos.

En cambio, podemos notar que las dos encíclicas publicadas hasta hoy por Benedicto XVI son muy personales, y enteramente escritas por el papa, aunque la segunda parte de “Deus caritas est” se inspira claramente en una reflexión sobre la acción caritativa de la Iglesia elaborada por el Consejo pontificio Cor Unum.

¿Cuál es el poder del papa sobre los fieles?

El poder del papa se extiende al conjunto de la Iglesia católica, no depende de ningún otro, y no tiene necesidad de delegación especial para ser ejercido. Pero no ejerce sin embargo un poder absoluto. En cada diócesis el obispo tiene competencia total sobre la porción del pueblo de Dios que le está confiado, según el principio de subsidiariedad.

También el papa debe decidir en colegialidad con los otros obispos. Por otro lado, la Iglesia no es una secta. La obediencia, en el sentido estricto, es requerida cuando un acto jurídico lo pide explícitamente: por ejemplo una prohibición de publicación para un teólogo, que, desués de haber hecho recurrido eventualmente, debe someterse.

Pero para todo lo que es de la doctrina, hace falta más bien hablar de adhesión al Magisterio, la cual implica reflexión y libertad en conciencia. Como dice el Derecho canónico, la adhesión al Papa no es del mismo orden que la sumisión al acto de fe, al cual están en cambio obligados todos los católicos.

Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres” (canon 752). Salvo que la infabilidad del Papa esté comprometida, lo que implica entonces una obediencia absoluta -pero eso no se hace más que de manera extremadamente precisa y limitada: en realidad, los casos de infabilidad son muy raros, el último se remota a 1950 para la proclamación del dogma de la Asunción.

¿El Papa tiene peso en la diplomacia internacional?

Difícil de medir con exactitud el peso diplomático de la Santa Sede. El Papa no ejerce, retomando la fórmula de Pablo VI, fficile de mesurer avec exactitude le poids diplomatique du Saint-Siège. Le pape n’exerce, más que una “minúscula y casi simbólica soberanía temporal”. Heredero de la época en que disponía de un verdadero poder temporal en Europa, el Papa dispone de un aparato diplomático, con embajadores (los nuncios), y mantiene hoy relaciones diplomáticas con 176 Estados.

Juan Pablo II se implicó mucho en el escenario internacional, y su acción ha podido tener una influencia decisiva, por ejemplo en la caída del muro de Berlín o en la condena de la intervención americana en Iraq; Benedicto XVI está menos presente en este plano.

Más generalmente, esta diplomacia puede desempeñar un papel en el país donde la comunidad católica es numerosa e influyente: en la República Democrática del Congo ha tenido peso en el proceso de paz, o incluso en el Líbano o en América del Sur. Sobre todo se escucha la voz del Papa en el plano de los grandes principios internacionales.

Después de la segunda mitad del siglo XX, ha adquirido el reconocimiento de una forma de autoridad moral y espiritual, que le permite recordar aglunos grandes principios de la humanidad: dignidad del hombre, libertad de pensamiento y de religión, protección de la vida, solidaridad con los países más pobres…

Ciertamente la eficacia de estas intervenciones es, por naturaleza, limitada. Haría falta por tanto no desatender este papel: en mayo pasado, cuando Benedicto XVI subió a la tribuna de las Naciones Unidas en Nueva York, todos los países estaban representados, y fue escuchado muy atentamente, ciertos embajadores se alegraban abiertamente de ver teorizada así la universalidad de los derechos del hombre.

¿Cuál es su papel con las otras religiones?

Con las otras Iglesias, el Papa desempeña hoy un papel de primer orden. No es que la iniciativa venga de él: al contrario, el ecumenismo tal como se entiende hoy día, es decir el diálogo teológico con las otras confesiones cristianas en vista a restablecer su unidad, nació en el siglo XIX aparte de Roma, es decir a sus espaldas.

Pero a partir del Vaticano II, Juan XXIII transforma el papel del Papa: convidando a observadores cristianos no católicos, lanza el “ecumenismo pontifical”. Desde entonces, el papel del Papa será decisivo, en los avances como en las dudas del ecumenismo.

En el plano teológico, el obispo de Roma puede dar impulsos, más aún cuando su función misma constituye un punto de fricción con los otros cristianos: en la encíclica ‘Ut unum sint’ (1995), Juan Pablo II ha invitado a las otras Iglesias a discutir modalidades de ejercicio de su ministeriode Pedro.

Benedicto XVI ha relanzado el diálogo con los ortodoxos sobre este punto, aunque él no participa, pues tiene lugar entre teólogos. El Papa puede también querer “volver a encuadrar” este diálogo teológico, como lo ha hecho Benedicto XVI aprobando una nota de la Congregación para la doctrina de la fe reafirmando que la Iglesia de Cristo “subsiste” en la sola Iglesia católica.

El papel pastoral del Papa al servicio de la unidad cristiana es quizás aún más importante cuando se encuentra con responsables de otras Iglesias, mostrando así un acercamiento verdadero más allá de las divergencias teológicas. Es lo que ha hecho reciente y largamente, el 5 de mayo, con el primado anglicano Rowan Williams.

Está asimismo en las relaciones con las otras religiones, en particular el islam. Desde Juan Pablio II, el Papa es un motor de ese diálogo y considerado como tal por los interlocutores musulmanes.

Benedicto XVI aprendió en sus propias carnes en Ratisbona en septiembre de 2006: quiera o no, lo que dice el Papa en esa área encuentra un eco considerable y tiene grandes repercusiones, debe sopesar cuidadosamente sus palabras y ademanes.

Hacia él se dirigieron lógicamente los musulmanes para relanzar el diálogo, que ha desembocado en la programación de un gran encuentro islamo-católico del 4 al 6 de noviembre próximos en Roma.

¿Cómo gobierna la Curia?

“Sobre la punta de los pies”, respondía, con su gran sonrisa, Juan Pablo I. La Curia romana es una organización administrativa compleja, producto de un apilamiento histórico de siglos de tradiciones y que no es fácil de manejar hoy. Está compuesta de dicasterios (Congregaciones, Consejos pontificios, Tribunales…) cuyos prefectos o presidentes nombra él.

Como los ministerios, cada uno tiene atribuciones específicas, para las cuales dispone de un poder administrativo: la liturgia para la Congregación para el culto divino, decretos de beatificación o de canonización para la de las causas de los santos, etc.

Esto puede ser una especie de consejo, como el nombramiento de obispos, hecho por el Papa pero preparado por la Congregación para los obispos. Un mismo documento puede ser releído por numerosos dicasterios, particularmente por la Congregación para la doctrina de la fe, lo que explica la lentitud de ciertas publicaciones.

Para el gobienro de la Iglesia propiamente dicho, el Papa se apoya en la Secretaría de Estado, cuyo papel ha crecido considerablemente en el siglo XX.

Está compuesta de dos secciones: los asuntos generales, que comprende ocho divisiones lingüísticas, por donde pasa todo el correo y donde se hacen traducciones y notas de síntesis, y las relaciones con los Estados, encargada de la diplomacia de la Santa Sede.

Esta verdadera placa giratoria de la Curia está dirigida por un cardenal Secretario de Esgtado, hoy el salesiano italiano Tarcisio Bertone, una especie de “primer ministro” del Papa.

En realidad, lejos de formar un bloque monolítico, la Curia presenta una realidad compleja. Universalidad de la Iglesia obliga, está compuesta de diversas nacionalidades, aunque domine Italia, y de tendencia y corrientes a menudo diferentes, o sea opuestas, con las cuales el Papa debe contar.

Además, un nuevo Papa no viene con su propio equipo, como en las democracias actuales. Es raro que se separe de colaboradores que no hayan alcanzado la edad del retiro (75 años): Benedito XVI lo ha hecho con Mons. Fitzgerald, encargado del diálogo interreligioso con Juan Pablo II, y el cardenal Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, nombrado para Nápoles. Son excepciones, que marcan un profundo desacuerdo -pero la práctiva es más bien la continuidad.

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Y Pío XII alistó al judío para salvarlo de los nazis

Posted by El pescador en 16 noviembre 2007

Andrea Tornielli (original en italiano; traducción mía)

«No soy creyente, no frecuento la Iglesia, pero si me encontrase ante Pío XII me pondría de rodillas, porque si yo y mis hijos existimos, lo debemos a él». Silvio Ascoli, romano, nacido en
1945, está conmovido mientras cuenta la historia de su padre Bruno, «de raza judía» según las normas de las infames leyes raciales, al que el Vaticano salvó de la deportación enrolándolo entre sus guardias. Lo había dicho el pasado junio el cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone: «En octubre de 1943, además de la gendarmería y la guardia suiza, había también la guardia palatina. Para proteger el Vaticano y los inmuebles extraterritoriales había ya 575 guardias palatinos. Entonces, la Secretaría de Estado pidió a la potencia que ocupaba Italia poder contratar otras 1.425 personas para insertar en la plantilla de la Guardia Palatina. El gueto judío estaba a dos pasos…». Ahora un nuevo testimonio confirma aquella ayuda.

«Mi padre había nacido en 1910, la familia de mi abuelo pertenecía a la comunida judía de Ancona, y su hermana junto al marido serían deportados y matados en Auschwitz». Bruno, desaparecido en 1970, era hijo de un matrimonio mixto y no frecuenta la comunidad de los judíos romanos. El 28 de octubre de 1938, justo después de la entrada en vigor de las leyes raciales, el hombre pedido y obtenido el bautismo.

Pero era demasiado tarde para huir del apretón del régimen que se estrecha alrededor de los judíos. El párroco intenta ayudarlo, escribiendo que Ascoli frecuentaba la catequesis hasta agosto de aquel año, pero no sirve de nada.

«Mis familiares trataron de dirigirse al Ministerio del Interior, atestiguando que no estaban inscritos en la comunidad judía. Pero la respuesta fue que cualquiera que tuviese un progenitor judío y no pudiese comprobar la pertenencia a otra religión desde antes de la entrada en vigor de las leyes raciales, era considerado judío. Mi padre se había bautizado demasiado tarde. Para los míos fue un mazazo terrible».

Así los Ascoli son obligados a declarar ante la Gobernación de Roma su pertenencia a la «raza judía». Dos años después, en 1940, Bruno se caso en la iglesia con la católica Maria Bianchi, aunque el matrimonio no pudo tener efectos civiles. «Mi madre se casó con él sabiendo lo que afrontaba». La pareja se establece en via Famagosta, en el barrio Trionfale.

En octubre de 1943, después de la llegada de los alemanes a la capital, Bruno Ascoli se convierte en un fugitivo. «Un día se presentaron en casa unos fascistas y unos nazis, que preguntaban por mi padre. Por suerte estaba fuera. Los míos consiguieron avisarle que no volviera». Bruno escapa y encuentra momentáneamente alojamiento en un altillo, en el garaje de un reparador de neumáticos. «Aquí permanece durante dos semanas, mi madre iba a llevarle de comer a escondidas. Pero al final de octubre, el reparador de neumáticos lo echa porque se había hecho demasiado peligroso tenerlo allí. Fue entonces cuando, gracias al interés de un tío que trabajaba en los museos vaticanos como ujier, mi padre fue alistado en las guardias palatinas». Bruno Ascoli se convierte en un auxiliar de las guardias de honor del Papa, después reside en Oltretevere.

«¡Le salvaron el pellejo! Permaneció allí algunos meses. Aquí están las fotos que lo retratan vestido de guardia palatina dentro de los muros vaticanos. Y en diciembre de 1943 recibe el preciado salvoconducto de la Santa Sede que atestigua su pertenencia al cuerpo de honor del Papa». El hijo Silvio explica que existía una suerte de rotación, en el intento de salvar al mayor número de perseguidos posible. «En los primeros meses de 1944, la Santa Sede indicó a mi padre otro escondite, en via Mocenigo, al lado de los muros vaticanos, cerca de un depósito de madera. Y esto atestigua que había una red organizada de asistencia y de ayuda. Lo he dicho también a mis hijos: si el Vaticano no hubiera ayudado a mi padre, yo tampoco estaría aquí. Creo que el Papa Pacelli había elegido bien: no denuncias públicas que habrían provocado represalias -no me atrevo a pensar qué habría sucedido si las SS hubieran entrado en Oltretevere- sino ayuda concreta a los perseguidos».

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Lo que la Iglesia católica dice de María

Posted by El pescador en 15 agosto 2007

El foro de discusión de croire.com correspondiente a María manifiesta claramente que quedan numerosas cuestiones en suspenso, sin hablar de las expresiones siempre un poco confusas. Para salir de esta confusión, Thierry Lamboley, jesuita, hace balance.

Os propongo clarificar 7 puntos.

 

 

1. Madre de Jesús, así pues Madre de Dios

 

2. Siempre virgen y sin embargo madre

 

3. Concebida sin pecado

 

4. La Asunción

 

5. Madre de la Iglesia

 

6. ¿María coopera a la salvación?

 

7. ¿Se puede orar a María?

 

 

 

 

1. Madre de Jesús, así pues Madre de Dios

Dios ha escogido a una joven chica de Nazaret para ser la madre de su Hijo, Jesús. María es por tanto madre de Jesús y, a ese título, la Iglesia ha afirmado bastante temprano que es igualmente Madre de Dios puesto que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo (la primera afirmación fue hecha en 431 en el concilio de Éfeso).

 

 

Esta expresión, Madre de Dios, no dice que sea María quien por su engendramiento ha dado a Jesús su divinidad. Sino que dice que María ha engendrado según la carne a aquel que es eternamente engendrado por Dios.

 

 

2. Siempre virgen y sin embargo madre

 

 

La tradición cristiana ha transmitido de generación en generación estas palabras que un ángel dirigió un día a María que es llamada «virgen, prometida a un hombre» (Lucas 1,27) : «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lucas 1,35). María es por tanto convertida en madre de un niño sin haber tenido relaciones sexuales con su prometido. Ha permanecido virgen aunque haya quedado encinta (Atención: la concepción virginal de Jesús por María no debe confundirse con lo que la Iglesia llama la Inmaculada Concepción. Son dos «concepciones» diferentes: ¡la del hijo y la de la madre!).

 

 

A partir del siglo IV, la tradición cristiana dirá que María ha permanecido virgen incluso después del nacimiento de su hijo. El concilio de Letrán consagrará la expresión «siempre virgen» en 649.

 

 

¿María ha tenido otros hijos después de Jesús? La tradición cristiana, casi unánimemente, ha afirmado siempre que no. No ha interpretado nunca literalmente la mención de los hermanos y hermanas de Jesús en el Evangelio de Marcos (capítulo 6, versículo 3), pero en el sentido amplio (primos y otros lazos de parentesco). Sólo Tertuliano se arriesga a una interpretación literal, en el siglo III.

 

 

3. Concebida sin pecado

 

 

Muy rápidamente los cristianos han meditado sobre la vida de María preguntándose sobre esta cuestión: ¿cómo mantener la realidad pecadora de una madre, marcada como todo ser humano por el pecado original por su nacimiento, y la realidad no pecadora de un niño como Jesús? Para responder a esta cuestión, las palabras del Antiguo Testamento dan algunos elementos de respuesta: «Alégrate, llena de gracia» (Lucas 1,28). De esta gracia de la cual está llena, la Iglesia católica ha comprendido que María había sido concebida por sus padres sin ser marcada por el pecado original.

 

 

El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX definió la fe de la Iglesia católica sobre la Inmaculada Concepción: «Desde el primer instante de su concepción, por la gracia y el privilegio de Dios todopoderoso, y en consideración de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, la Virgen María fue preservada intacta de mancha de pecado original». Cuatro años más tarde, el apelativo «Inmaculada concepción» será vuelto a dar al mundo entero por la boca de una iletrada: la Virgen se había presentado a ella bajo ese nombre.

 

 

Por consiguiente, no solamente María no ha cometido pecado, sino que no ha sido alcanzada por el pecado original. ¡Sin embargo, eso no significa que María escape a la necesidad de salvación que concierne a toda la familia humana! Está del mismo lado que nosotros: en espera de salvación de la cual ella será la primera beneficiaria. Pero en su caso, la salvación toma la forma de preservación y no la de curación o purificación como para nosotros.

 

 

4. La Asunción

 

 

¿Cómo se terminó la vida terrestre de María? La Biblia no dice nada sobre este asunto y las tradiciones cristianas son diversas. No fue hasta el 1 de noviembre de 1950 cuando el Papa XII definió solemnemente, después de consulta a todos los obispos que fueron unánimes sobre este punto, que «la Immaculada Madre de Dios, María siempre virgen, después de haber acabado el curso de su vida terrestre, ha sido elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial».

 

 

Una precisión: nada se dice de si María antes de haber sido elevada al cielo murió o no (esto es lo que significa para los cristianos ortodoxos la dormición de María: María se duerme para la eternidad). Pero lo que se afirma es que su cuerpo no ha conocido la corrupción: no se ha degradado, vuelto ceniza, sino que ha sido elevado «a la gloria celestial».

 

 

La Asunción de María es pues el fruto de una interpretación que la Iglesia católica hace de los datos del Nuevo Testamento: el Resucitado manifiesta plenamente en María la fecundidad de su propia resurrección y nos da en ella el signo vivo de lo que también nos espera.

 

 

Nótese bien la diferencia entre la Ascensión en la que Jesucristo resucitado de entre los muertos sube al cielo (Él es el actor de la acción) y la Asunción en la que María es elevada al cielo por Dios (ella es pasiva, es Dios quien actúa).

 

 

5. Madre de la Iglesia

 

 

Los primeros cristianos han concedido muy rápido mucho valor a la presencia de María al pie de la cruz de su hijo, Jesús. Se acuerdan de estas palabras dichas a Juan: «He ahí a tu madre» (Juan 19,27). Pero la expresión Madre de la Iglesia no ha visto la luz hasta el fin del concilio Vaticano II. El Papa Pablo VI proclamó entonces a María Madre de la Iglesia, es decir Madre de sus fieles y de sus pastores.

 

 

6. ¿María coopera a la salvación?

 

 

Esta cuestión divide a católicos y protestantes. Los católicos dicen que María, al convertirse en Madre de Dios, ha cooperado a la realización de nuestra salvación (por su escucha, su servicio de intercesión como en Caná, etc.). Pero eso no significa sin embargo que María sea una segunda mediadora al lado de Cristo, como si añadiera alguna cosa a la obra de Él. María está en efecto, como nosotros, del lado de los salvados. Los protestantes recuerdan justamente que no conviene conceder a María algo del lugar que corresponde a Jesús solo.

 

 

7. ¿Se puede orar a María?

 

 

Realmente, toda oración cristiana no se dirige más que a Dios solo: sea al Padre, o a Jesucristo o al Espíritu Santo, o incluso a la Trinidad en cuanto tal. Si recurrimos a María y a los santos en nuestra oración, es para pedirles ayuda, su intercesión ante Dios, en una palabra su oración. Es lo que hacemos al pedir en el «Ave María» que «ruega por nosotros pecadores».

 

 

Nuestras oraciones dirigidas a María son pues en realidad oraciones dirigidas a Dios que es el único que puede escucharlas. Siempre podemos alabar a María como lo han hecho antes de nosotros Lutero y otros reformadores. María decía en su Magnificat: “Todas las generaciones me felicitarán” (Lucas 1,48). Nosotros la veneramos, alabando a Dios por ella y con ella. Como lo hizo el ángel en la Anunciación e Isabel en la Visitación.

 

Thierry Lamboley

(original en francés; traducción mía)

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La KGB generó leyenda negra de Pío XII como aliado del régimen nazi, denuncia ex espía

Posted by El pescador en 27 enero 2007

Os copio esta noticia que aclara de dónde salió la calumnia sobre la supuesta simpatía de Pío XII por el nazismo y su odio hacia los judíos, cuando en realidad ayudó todo lo que pudo al pueblo de Israel en aquellos años de durísima persecución: así por ejemplo, ofreció los 15 kilos de oro que faltaban a la comunidad hebrea de Roma que tenía que pagar en 24 horas 50 kilos de oro por exigencia del comandante alemán Herber Kappler, pero al final no fue necesario pues de todas formas se produjeron las deportaciones, que sólo se frenaron por la intervención del Papa. Al final de la guerra el gran rabino de la Ciudad Eterna, Israel Zolli, se bautizó y tomó el nombre de Eugenio en su honor (Pío XII se llamaba Eugenio Pacelli).

WASHINGTON D.C., 27 Ene. 07 / 04:50 pm (ACI).- Un ex espía de la KGB denunció recientemente que el Kremlin y la mencionada agencia de inteligencia rusa orquestaron una campaña en los años 60 contra la Iglesia Católica, en donde el principal objetivo era hacer que la gente creyera que Pío XII fue un simpatizante del régimen nazi.

En un reciente número de la revista National Review Online, Ion Mihai Pacepa, ex espía de la KGB explicó que “en febrero de 1960, Nikita Khrushchev aprobó un plan supersecreto para destruir a la autoridad moral del Vaticano en Europa Occidental. Eugenio Pacelli, entonces Papa Pío XII, fue escogido como el principal objetivo de la KGB, su encarnación del mal, porque ya había dejado el mundo en 1958. ‘Los muertos no pueden defenderse’, fue el lema de la KGB entonces”. El nombre clave de esta campaña fue “asiento 12”.

Pacepa indicó en su artículo que la KGB basó sus difamaciones en que el entonces Arzobispo Pacelli había servido como Nuncio Apostólico en Munich y Berlín. “La KGB quería presentarlo como un anti-semita que había alentado el holocausto de Hitler”, aseguró Pacepa y dijo que para lograrlo la KGB quería “modificar levemente” algunos documentos originales del Vaticano y para eso lo llamaron a él, cuando trabajaba en el servicio de inteligencia rumano.

Entre 1960 y 1962, el espía rumano envió cientos de documentos a la KGB relacionados con Pío XII. Según explica Pacepa, ninguno incriminaba al Pontífice pero de igual modo los enviaba para su posterior modificación.

Esos documentos alterados fueron utilizados luego para producir una obra en la que se atacaba al Pontífice que se tituló: “El Sustituto” y que se estrenó en la Alemania de 1963 bajo el título de “El Sustituto, una tragedia cristiana”, que proponía que Pío XII apoyó a Hitler y lo alentó a seguir adelante con el holocausto judío.

A su vez, el director de la obra argumentaba falsamente que tenía 40 páginas de información que sustentaban lo que la obra mostraba. Un año después fue estrenada en Nueva York y traducida posteriormente a 20 idiomas; convirtiéndose luego en referencia obligada para una oleada de libros y artículos en donde se acusaba a Pío XII.

“Hoy en día, mucha gente que nunca escuchó de ‘El Sustituto’ está sinceramente convencida de que Pío XII fue un hombre frío y despiadado que odiaba a los judíos y que ayudó a Hitler a eliminarlos”, explicó Pacepa y añadió que “como jefe de la KGB, Yury Andropov, el incomparable maestro del engaño soviético, solía decirme que las personas están más dispuestas a creer la maldad que en la santidad”.

Pacepa también destaca que la verdad finalmente se conoce ahora que el proceso de canonización de Pío XII está en marcha. “Los testigos de todo el mundo prueban que Pío XII era enemigo y no amigo de Hitler”, anotó.

Asimismo citó el libro “El Mito del Papa de Hitler: Cómo Pío XII rescató a los judíos de los nazis” de David G. Dalin, en el que queda claramente establecida la labor de ayuda del Papa Pacelli a favor del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.

“Al inicio de la Segunda Guerra, la primera encíclica del Papa Pío XII era tan anti-Hitler que la Real Fuerza Aérea de Inglaterra dejó caer sobre Alemania 88 mil copias”, concluye.

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