El testamento del pescador

Archive for the ‘Humanae vitae’ Category

La “Humanae vitae”: una profecía científica

Posted by El pescador en 5 enero 2009

(original en italiano; traducción mía)
Documento de la Federación internacional de las asociaciones de médicos católicos

 

de Pedro José María Simón Castellví

Presidente de la Federación internacional de las Asociaciones de médicos católicos (FIAMC)

La Federación que tengo el honor de presidir acaba de publicar un documento oficial para conmemorar el cuadrágesimo aniversario de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI, de recordada memoria. Se trata de un texto muy técnico, largo, de cien páginas, con trescientas citas bibliográficas, la mayor parte de revistas médicas especializadas.

El documento ha visto la luz después de muchos meses de investigación y de intenso trabajo de recogida de datos. Es justo acordarse del editor, el suizo Rudolf Ehmann, que ha dedicado a su redacción los mismos meses exactos de un embarazo. No había sido hecho nunca algo similar desde el punto de vista médico,dado el modo de trabajar y de escribir al cual estamos acostumbrados nosotros los médicos. Además el texto original alemán es bello y está bien escrito. ¿Cuáles son sus claves de lectura? ¿Dice algo nuevo a la Iglesia y a la sociedad? Se debe considerar como una prueba pericial cualificada para valorar aspectos importantes de la contracepción. Escrito con todos los requisitos científicos, sin ningún complejo de inferioridad respecto a cualquier debate de obstetricia y ginecología, llega a dos conclusiones que no deberían pasar inobservadas ni a la Iglesia ni a los de fuera de ella.
En primer lugar, demuestra irrefutablemente que la píldora denominada anovulatoria más utilizada en el mundo industrializado, aquella con bajas dosis de hormonas estrógenas y progesténicos, funziona en muchos casos como un verdadera efecto anti-implantatorio, o sea abortivo, puesto que expulsa un pequeño embrión humano. El embrión, incluso en sus primeros días, es algo distinto de un óvulo o célula germinal femenina. El embrión tiene un crecimiento continuo, coordinado, gradual, de tal fuerza que, si no hay algo que se lo impida, termina con la salida del seno materno en nueve meses dispuesto a devorar litros de leche. Este efecto anti-implantatorio está admitido por la literatura científica. Se habla incluso sin pudor de tasa de pérdida embrional. Curiosamente sin embargo esta información no llega al gran público. Los investigadores están al corriente de ello y está presente en los prospectos de los productos farmacéuticos buscados para evitar un embarazo.
Otro aspecto  interesante tiene que ver con los efectos ecológicos devastadores de las toneladas de hormonas arrojadas cada año al medio ambiente. Tenemos datos suficientes para afirmar que uno de los motivos para nada despreciables de la infertilidad masculina en Occidente (con siempre menos espermatozoides en el hombre) es el envenamiento ambiental provocado por productos de la “píldora”. Estamos aquí ante un efecto anti-ecológico claro que exige ulteriores explicaciones de parte de los fabricantes. Son conocidos para todos los otros efectos secundarios de las combinaciones entre estrógenos y progesténicos. La misma Agencia internacional de investigación del cáncer (Interntional Agency for Research on Cancer), con sede en Lyón, agencia de la Organización mundial de la salud (OMS), en su comunicado de prensa del 29 de julio de 2005, había constatado ya que los preparados orales de combinados estrógeno-progesténicos eran cancerígenos y los había clasificado en el grupo uno de los agentes cancerígenos…
Lo triste en todo esto es que, si se trata de regular la fertilidad, no son estos productos necesarios. Los medios naturales de regulación de la fertilidad (“Nfp” o Natural Family Planning) son lo mismo de eficaces y además respetan la naturaleza de la persona.
En este sexagésimo aniversario de la Declaración de los derechos humanos se puede decir que los medios anticonceptivos violan al menos cinco importantes derechos: el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educacion, el derecho a la información (su difusión sucede a costa de la información sobre medios naturales) y el derecho a la igualdad entre sexos (el peso de la anticoncepción recae casi siempr sobre la mujer).
La FIAMC se ha comprometido con la ciencia y la verdad desde sus orígenes. Por eso estudiamos y mencionamos tanto el efecto principal y los secundarios de estos fármacos. La clave de nuestra antropología no consiste sin embargo sólo en el hecho de que examinamos los productos abortivos que tienen consistentes efectos secundarios o que son incluso inútiles. Nosotros vamos más allá.
La sexualidad es un don maravilloso de Dios a los cónyuges. Los une tanto que cualquier elemento externo que se interponga entre ellos es un tercero sin derechos. Los cónyuges se dan totalmente el uno al otro, también la propia capacidad generativa. Si una nueva vida no es posible por graves motivos, también forma parte de la intimidad conyugal utilizar los periodos no fecundos de la mujer para tener relaciones que deben ser siempre satisfactorias para ambos y unirlos siempre más. A cuantos ven algunos documentos de la Iglesia como compendios de prohibiciones, les pedimos vivamente que lean los códigos civiles, penales o mercantiles de los países occidentales. ¡Allí sí que hay prohibiciones! No discuto su oportunidad, pero creo que estos mismos códigos se basan más sobre las premisas fundamentales de la libertad personal y del comercio que apuntan a la felicidad de las personas y a la eficiencia de las sociedades y que, en definitiva, justifican algunas prohibiciones. La Iglesia tiene en gran estima la sexualidad y creo que, si se adquieren una formación y hábitos correctos, la vida es más fácil y se juzgan positivamente algunos límites que efectivamente existen.
Nosotros los médicos católicos somos plenamente conscientes de deber invertir mucho más en la maternidad. Más también en recursos humanos, en la educación y en recursos financieros. La doctrina de la Humanae vitae es poco seguida, y entre otras cosas, porque en su tiempo demasiados médicos no la aceptaron. La pregunta opuesta puede ayudarnos a ver cuán profético fue Pablo VI. Si hubiera aceptado la “píldora”, ¿hoy habríamos podido prescribir con conciencia algunos productos que sabemos que son anti-implantatorios? El prestigio del médico le consiente ofrecer con autoridad a los cónyuges alternativas a la contracepción. La relación entre médico y paciente es tan fuerte que difícilmente se rompe, incluso si hay en medio un teólogo disidente. Para tal fin es sin embargo necesario formar e informar más y mejor a los médicos sobre la fertilidad. Creo que nosotros los médicos católicos continuaremos desarrollando nuestra profesión. No obstante, vista la situación actual -con progresos muy lentos, muchas reticencias y millones de personas implicadas- oso llamar respetuosamente a la Iglesia a crear una comisión especial para la Humanae vitae.
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Nafis Sadik, una musulmana poco moderada

Posted by El pescador en 9 septiembre 2007

De Sandro Magister

(original en italiano; traducción mía)

Entre los partidarios de la expulsión de la Santa Sede de la Organización de las Naciones Unidas (ver el servicio de www.chiesa del 21 de agosto) hay también una prima donna: o sea la mujer que por primera vez ha desempeñado un cargo de alto nivel en el Palacio de Cristal.

 

Su nombre es Nafis Sadik. De 1987 al 2000 ha sido directora ejecutiva del UNPFA, United Nations Population Fund [Fondo de las Naciones Unidas para la Población, N. del T.], con el rango de subsecretaria general. Hoy es asistente especial del secretario general de la ONU y su enviada para el VIH/SIDA en Asia y Pacífico.

 

Sadik ha auspiciado la expulsión de la Santa Sede de la ONU en un artículo en el primer número de 2007 de “Conscience”, la revista de la organización abortista “Catholics for a Free Choice” [Católicos por una elección libre, N. del T.]. Ha escrito que “es ridículo que un estado cuyos ciudadanos son un millar de hombres célibes tenga parte activa en determinar el enfoque internacional a cuestiones íntimamente ligadas a la salud sexual y reproductiva”.

 

De Sadik se recuerda una borrascosa audiencia con Juan Pablo II, el 18 de marzo de 1994, pocos meses antes de la conferencia promovida por la ONU en El Cairo sobre población.

 

La misma Sadik hizo público un informe de aquella audiencia. Pinta a un Papa Karol Wojtyla colérico e intratable. Pero la credibilidad de aquel informe fue contradicha por el Papa, que dijo a su biógrafo George Weigel que había entregado a la huésped un memorandum con las objeciones vaticanas al documento preparatorio de El Cairo, pero ella “no aceptó discutirlo”.

 

Nafis Sadik, ciudadana de Pakistán, nació en la India, en Jaunpur. De rica familia musulmana, ha estudiado en una escuela católica, en el Loreto College de Calcuta. Terminó sus estudios de medicina en prestigiosas universidades de los Estados Unidos y de Canadá. En Pakistán fue directora general de los programas de planificación familiar, después de lo cual entró en las filas de la ONU, en Nueva York.

 

A la vista de la conferencia de El Cairo de 1994, junto al presidente de la comisión preparatoria, el ganés Fred Sai, hizo de todo para incluir el aborto entre los “derechos reproductivos” que todos los estados están obligados a garantizar. Si la operación no llegó a buen fin (el documento final de El Cairo estableció “en ningún caso el aborto sea promovido como método de planificación familiar”), fue precismaente por la tenaz oposición de la Santa Sede.

 

Se puede comprender, por tanto, su resentimiento. En el mismo artículo en “Conscience” en el cual ensalza la expulsión de la Santa Sede de la ONU, Sadik echa la culpa a la encíclica “Humanae Vitae” de la opresión de la mujer en los países pobres del mundo, donde “la Iglesia es mucho más influyente” que en los países ricos.

 

Lástima que la gran parte de la opresión de la mujer lamentada por Sadik se registre en los países islámicos, incluído el Pakistán del cual es ciudadana. Ni una sola de las invectivas de lanzadas por ella durante años contra el Vaticano ha rozado, que se sepa, a los líderes políticos, culturales y religiosos del mundo musulmán al cual ella pertenece. Y nada de otros mundos no cristianos –piénsese en China, en la India– en los cuales son habituales las esterilizaciones forzadas, la obligación del hijo único, el aborto selectivo, el infanticidio.

 

Sobre las políticas antinatalistas del Palacio de Cristal ver más en http://www.chiesa: “ONU y Unión Europea tienen su enfant terrible en Roma“.

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