El testamento del pescador

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Lo que dijo Benedicto XVI sobre el infierno

Posted by El pescador en 13 febrero 2008

La semana pasada hubo un gran revuelo por las palabras de Benedicto XVI sobre el infierno durante el encuentro con los párrocos y el clero de la ciudad de Roma, el día 7.

Aquí ofrezco mi traducción de la pregunta y la respuesta en cuestión (original en italiano; traducción mía):(Don Pietro Riggi, salesiano del Barrio de los Muchachos Don Bosco)Santo Padre, trabajo en un oratorio y en un centro de acogida para menores en riesgo. Le quiero preguntar: el 25 de marzo de 2007 Usted hizo un discurso espontáneo, lamentándose cómo hoy se habla poco de los Novísimos. En efecto, en los catecismos de la Cei [Conferencia episcopal italiana] usados para la enseñanza de nuestra fe a los muchachos de confesión, comunión y confirmación, me parece que han sido omitidas algunas verdades de fe. No se habla nunca del infierno ni del purgatorio, una sola vez del paraíso, una sola vez del pecado, únicamente del pecado original. Al faltar estas partes esenciales del credo, ¿no le parece que se derrumba el sistema lógica que lleva a ver la redención de Cristo? Al faltar el pecado, al no hablar del infierno, también la redención de Cristo llega a ser disminuída. ¿No le parece que se ha favorecido la pérdida del sentido del pecado y por tanto del sacramento de la reconciliación y la misma figura salvífica, sacramental del sacerdote que tiene el poder de absolver y de celebrar en nombre de Cristo? Hoy por desgracia también nosotros los sacerdotes, cuando en el Evangelio se habla de infierno, regateamos el Evangelio mismo. No se habla de ello. O no sabemos hablar de paraíso. No sabemos hablar de vida eterna. Corremos el riesgo de dar a la fe una dimensión sólo horizontal o bien demasiado distante, la horizontal de la vertical. Y esto por desgracia en la catequesis a los muchachos, si no en la iniciativa de los párrocos, en la estructura maestra, viene a faltar. Si no me equivoco, este año se celebra también el vigésimo quinto aniversario de la consagración de Rusia al Corazón inmaculado de María. Para la ocasión ¿no se puede pensar en renovar solemnemente esta consagración al mundo entero? Ha caído el muro de Berlín, pero hay tantos muros de pecado que deben caer todavía: el odio, la explotación, el capitalismo salvaje. Muros que deben caer y aún esperamos que triunfe el Corazón inmaculado de María para poder realizar también esta dimensión. Quiero también notar cómo la Virgen no ha tenido miedo de hablar del infierno y del paraíso a los niños de Fátima, que, viene al caso, tenían la edad de los niños del catecismo: siete, nueve y doce años. Y nosotros en cambio omitimos esto. ¿Puede decir algo más sobre esto?

Usted ha hablado justamente sobre temas fundamentales de la fe, que desgraciadamente aparecen raramente en nuestra predicación. En la Encíclica Spe salvi he querido justamente hablar también del juicio último, del juicio en general, y en este contexto también sobre purgatorio, infierno y paraíso. Pienso que nosotros todos estamos aún siempre golpedos por las objeciones de los marxistas, según los cuales los cristianos han hablado sólo del más allá y han descuidado la tierra. Así queremos demostrar que realmente nos empeñamos por la tierra y o somos personas que hablan de realidades lejanas, que no ayudan la tierra. Ahora, aunque sea justo mostrar que los cristianos trabajan por la tierra —y nosotros todos estamos llamados a trabajar para que esta tierra sea realmente una ciudad para Dios y de Dios— no debemos olvidar la otra dimensión. Sin tenerlo en cuenta, no trabajamos bien por la tierra. Mostrar esto ha sido uno de los objetivos fundamentales para mí al escribir la Encíclica. Cuando no se conoce el juicio de Dios, no se conoce la posibilidad del infierno, del fracaso radical y definitivo de la vida, no se conoce la posibilidad y la necesidad de la purificación. Entonces el hombre no trabaja bien por la tierra porque pierde al final los criterios, no conoce más a sí mismo, al no conocer a Dios, y destruye la tierra. Todas las grandes ideologías han prometido: nosotros tomaremos en la mano las cosas, no descuidaremos más la tierra, crearemos el mundo nuevo, justo, correcto, fraterno. En cambio, han destruído el mundo. Lo vemos con el nazismo, lo vemos también con el comunismo, que prometieron construir el mundo tal como habría debido ser y, en lugar de eso, destruyeron el mundo.

En las visitas ad limina de los Obispos de países ex comunistas, veo siempre de nuevo como en aquellas tierras han quedado destruídos no sólo el planeta, la ecología, sino sobre todo y más gravemente las almas. Volver a encontrar la conciencia verdaderamente humana, iluminada por la presencia de Dios, es la primera labor de reedificación de la tierra. Esta es la experiencia común de esos países. La reedificación de la tierra, respetando el grito de sufrimiento este planeta, se puede realiar sólo volviendo a encontrar en el alma a Dios, con los ojos abiertos hacia Dios.

Por eso Usted tiene razón: debemos hablar de todo esto justamente por responsabilidad hacia la tierra, hacia los hombres que hoy viven. Debemos hablar también y justo del pecado como posibilidad de destruirse a sí mismo y así también a otras partes de la tierra. En la Encíclica he tratado de demostrar que precisamente el juicio último de Dios garantiza la justicia. Todos queremos un mundo justo. Pero no podemos reparar todas las destrucciones del pasasdo, todas las personas injustamente atormentadas y matadas. Sólo Dios mismo puede crear la justicia, que debe ser justicia para todos, también para los muertos. Y como dice Adorno, un gran marxista, sólo la resurrección de la carne, que él considera irreal, podría crear justicia. Nosotros creemos en esta resurección de la carne, en la cual no todos serán iguales. Hoy se ha acostumbrado a pensar: qué es el pecado, Dios es grande, nos conoce, por tanto el pecado no cuenta, al final Dios será bueno con todos. Es una bella esperanza. Pero existe la justicia y existe la verdadera culpa. Con aquellos que han destruído al hombre y la tierra no pueden sentarse inmediatamente a la mesa de Dios junto con sus víctimas. Dios crea justicia. Debemos tenerlo presente. Por eso me parecía importante escribir este texto sobre el purgatorio, que para mí es una verdad tan obvia, tan evidente y tan necesaria y consoladora que no puede faltar. He tratado de decir: quizá no son tantos aquellos que se han destruído así, que son insanables para siempre, que no tienen más algún elemento más sobre el cual pueda sostenerse el amor de Dios, no tienen más en sí mismos una mínima capacidad de amar. Esto sería el infierno. Por otra parte, son ciertamente pocos —o de todas formas no demasiados— aquellos que son tan puros que puedan entrar inmediatamente en la comunión de Dios. Muchísimos de nosotros confían que haya algo sanable en nosotros, que haya una voluntad final de servir a Dios y de servir a los hombres, de vivir según Dios. Pero hay tantas y tantas heridas, tanta porquería. Tenemos necesidad de ser preparados, de ser purificados. Esta es nuestra esperanza: incluso con tantas porquerías en nuestra alma, al final el Señor nos da la posibilidad, nos lava finalmente con su bondad que viene de su cruz. Nos hace así capaces de ser eternamete para Él. Y así el paraíso es la esperanza, es la justicia finalmente realizada. Y nos da también los criterios para vivir, para que este tiempo sea de alguna manera un paraíso, sea una primera luz del paraíso. Donde los hombres viven según estos criterios, aparece un poco de paraíso en el mundo, y esto es visible. Me parece también una demostración de la verdad de la fe, de la necesidad de seguir el camino de los mandamientos, de los cuales debemos hablar más. Estos son realmente indicadores de camino y nos muestran cómo vivir bien, cómo elegir la vida. Por eso debemos también hablar del pecado y del sacramento del perdón y de la reconciliación. Un hombre sincero sabe que es culpable, que debería volver a comenzar, que debería ser purificado. Y esta es la maravillosa realidad que nos ofrece el Señor: hay una posibilidad de renovación, de ser nuevos. El Señor comienza con nosotros de nuevo y nosotros podemos volver a comenzar así también con los otros en nuestra vida.

Este aspecto de la renovación, de la restitución de nuestro ser después de tantas cosas equivocadas, después de tantos pecados, es la gran promesa, el gran don que la Iglesia ofrece. Y que, por ejemplo, la psicoterapia no puede ofrecer. La psicoterapia hoy está tan difundida y es tan necesaria frente a tantas psiques destruídas o gravemente heridas. Pero la posibilidad de la psicoterapia son muy limitadas: puede buscar sólo un poco de volver a equilibrar un alma desequilibrada. Pero no puede dar una verdadera renovación, una superación de estas graves enfermedades del alma. Y por eso permanece siempre provisional y nunca definitiva. El sacramento de la penitencia nos da la ocasión de renovarnos hasta el fondo con la potencia de Dios —ego te absolvo— que es posible porque Cristo ha tomado sobre sí estos pecados, estas culpas. Me parece que esta es justamente hoy una gran necesidad. Podemos volver a ser sanados. Las almas que están heridas y enfermas, como es la experiencia de todos, tienen necesidad no sólo de consejos sino de una verdadera renovación, que puede venir sólo del poder de Dios, del poder del Amor crucificado. Me parece esto el gran nexo de los misterios que al final inciden realmente en nuestra vida. Debemos nosotros mismos volver a meditarlos y hacerlos llegar así de nuevo a nuestra gente.

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Divinas lágrimas de mujer

Posted by El pescador en 14 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

Ha causado alboroto en 1995 el caso de la Virgen de Civitavecchia. Hoy, después de diez años exactos de atentos análisis, llevados a cabo por especialistas que están fuera de toda duda, se ha debido reconocer que aquellas lágrimas de sangre (humana) que brotan de una Virgencita de yeso (una estatua pequeñita rellena, como han revelado las radiografías, sin nada sospechoso en su interior) son científicamente inexplicables. Es por tanto la razón humana, aquí, que “ve” con los ojos y toca “con mano” una chispa de sobrenatural que ha hecho irrupción en la historia (así como en los clamorosos milagros que suceden en Lourdes y en tantos otros lugares). Para no reconocer la evidencia del Milagro en este caso sería preciso renegar de la razón y refugiarse en el prejuicio. Como decía un gran periodista y escritor inglés, Gilbert K. Chesterton: “Quien cree en los milagros lo hace porque tiene pruebas a su favor. Quien los niega lo hace porque tiene una teoría contraria a ellos”.
Aquí un simple hecho hace correr ríos de tinta que también en estos días ciertos solones de un viejo laicismo han esparcido. Pienso en Eugenio Scalfari que en el Espresso para abroncar el racionalismo cristiano de Buttiglione ha pretendido llamar en su ayuda “el principio de indiferencia de Heisenberg” del cual debe conocer bien poco si se equivoca incluso en el nombre (quería quizá citar el “principio de indeterminación” enunciado por Heisenberg en 1927).En realidad la ciencia contemporánea no lleva de hecho hacia Scalfari y las viejas ideologías laicistas, sino hacia la eterna juventud de Dios como demuestra la recientísima “conversión” de Anthony Flew, el heredero de Bertrand Russel, con el que durante decenios ha sido el maor símbolo del ateísmo filosófico. Pues, al final, frente a la evidencia de las investigaciones científicas ha debido invertir sus posiciones y reconocer una misteriosa Inteligencia superior que ha ordenado el cosmos.Si será aún fiel a su lema socrático –“sigue la evidencia a donde quiera que te conduzca”– descubrirá un hecho aún más extraordinario: que aquella Inteligencia superior (que los griegos llamaban Logos) no se quedó lejos del hombre, no lo ha abandonado, sino que se ha hecho ella misma hombre y ama apasionadamente y tiernamente a toda criatura. Y está presente en la historia.Esto es lo que dice (también) el evento de Civitavecchia. Pero no sólo. Y estos días no se ha recordado que aquella estatuita viene de Medjugorje. El párroco de Pantano que después la regaló a los señores Grigori, en septiembre de 1994, la compró de hecho en una tiendecita de este pueblo de la Herzegovina donde había ido en peregrinación porque allí, desde hace ya 23 años aparece periódicamente la Virgen a seis muchachos (hoy hechos adultos). Es por tanto una clamorosa confirmación de los hechos de Medjugorje.Justamente en un apasionado mensaje de la Virgen de Medjugorje (el 24 de mayo de 1984) se habla de lágrimas de sangre. “Queridos hijos, en cada instante, cuando tengáis dificultades, no tengáis, porque yo os amo también cuando estáis lejos de mí y de mi Hijo. Os ruego, no permitáis que mi corazón llore lágrimas de sangre por las almas que se pierden en el pecado”.

Marija Pavlovic, una de las videntes, en una larga entrevista con el padre Livio Fanzaga que le recordaba este mensaje a propósito de la estatuita, ha declarado: “Para mí (el suceso de Civitavecchia, nda) tiene un significado muy grande, no tanto porque la Virgen ha llorado, en cuanto que la Madonna ha llorado, en cuanto la he visto también yo llorar, sino porque ha llorado lágrimas de sangre y ha llorado cerca de Roma. Todo el conjunto dice mucho”. El entrevistador ha probado a saber más de esto, pero la muchacha se ha cerrado de manera que se intuyó que estaba pensando en uno de los diez misterios secretos sobre el mundo que la Virgen les ha confiado.

¿Significa a lo mejor que alguno de los Secretos tiene que ver con Italia? ¿O Roma? ¿O la Santa Sede? ¿Tiene un significado simbólico que la estatua de la Virgen haya llorado lágrimas de sangre entre los brazos de un obispo que hasta poco antes era totalmente escéptico? ¿Prefigura algo que acontecerá?

Marija no responde. Repite sin embargo: “La Virgen nos ha dicho: ‘Orad por el Santo Padre, porque este Papa lo he elegido yo para estos tiempos’… Pienso de modo particular cuando vemos que el Santo Padre tiene menos fuerzas, y también en los próximos años, cuando estaremos en el paso entre un Papa y otro y cuando será el momento de elegir un nuevo Papa, debemos dejarnos guiar por la oración y por el Espíritu Santo…”.

Parecería que en el paso de pontificado deba acaecer algo dramático. Pero también esta deducción en el fondo puede ser arbitraria. Hay sin embargo otros aspectos simbólicos e inexplorados en los hechos de Civitavecchia. Por ejemplo un detalle que, al momento, sembró desconcierto fue el relativo a la sangre: los laboratorios de hecho atestiguaron que era sangre humana, pero perteneciente a un sujeto masculino. Las reacciones superficiales de la mayoría fueron escandalizantes: la Virgen, se objetaba banalmente, tiene sangre femenina, no masculina.

Pero los teólogos advirtieron que no había nada de inquietante. Al contrario: la sangre redentora de hecho, para los cristianos, es la derramada por Jesús, no la sangre de María, que es una criatura redimida por Él como nosotros. Y por tanto aquella circunstancia mostraba el vínculo indisoluble entre la Madre y el Hijo Salvador, mostraba que María lleva a Jesús redentor y no a sí misma. Todo esto tenía un sentido cristiano. También porque el llanto empezo el 2 de febrero, o sea la fiesta litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo y de la “Purificatio Sanctae Mariae”. Esta antigua fiesta celebra a la Virgen que “estuvo íntimamente unida” a la salvación “como Madre del Siervo sufriente de Yahve y como modelo del nuevo pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y por la persecución” (Pablo VI).

He aquí por qué la sangre de Cristo en las lágrimas de ella. Y después aquella fiesta recuerda el episodio evangélico del reconocimiento mesiáncio por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana, que representan la tradición profética de Israel. Tiene por tanto un significado profundo también en el tiempo de la Iglesia: también ella de hecho tiene el deber “profético” de reconocer el misterio de Dios presente y operante en la historia actual. También en formas especiales. En Medjugorje como en Civitavecchia, como en Fátima y en Lourdes. No sólo. La iglesita de Pantano está dedicada a S. Agustín y surge justamente donde –según la tradición– Agustín, en el 387, sobre la orilla del mar, meditando sobre el misterio de la Trinidad, encontró un ángel-niño que le iluminó: era como pretender hacer entrar el mar infinito en el hoyito que había excavado en la arena.

Que el hecho de la estatuita acaezca en un lugar parecido puede significar una exhortación al reconocimiento humilde del misterio de Dios. Una invitación a no quedar prisioneros de los prejuicios y de la soberbia intelectual. Sobre el simbolismo de las lágrimas después se podría escribir un tratado. El llanto vuelve en muchas apariciones de la Virgen. En verdad el llanto es, en la vida normal, una característica en modo particular de las mujeres y –vendría a decir- María de Nazaret es una mujer en todos los sentidos. También por la facilidad para el llanto que no es un indicio de debilidad femenina, como banalmente se cree, sino de intensidad afectiva y emocional. Tom Lutz en su Storia delle lacrime observa que ninguna otra especie, fuera de la humana, es capaz de llorar, así como sólo la humana posee el lenguaje. Así pues el llanto representa un fenómeno específicamente humano, expresa una profundidad que es sólo humana.

Pero en las lágrimas de María hay un dolor que es también divino. Don Augusto Baldini, en el volumencito sobre el caso de Civitavecchia, refiere algunos motivos de meditación. Por ejemplo del filósofo, convertido, Jacques Maritain: “Si los hombres supieran que Dios sufre con nosotros y mucho más que nosotros por todo el mal que devasta la tierra, muchas cosas cambiarían sin duda y muchas almas serían liberadas… Las lágrimas de la Reina del Cielo (significan) el soberano horror que Dios y su Madre experimentan y su soberana misericordia por la miseria de los pecadores”.

El cardinal Martini sobre las lágrimas de la Virgen en La Salette: “Es un misterio profundísimo, que en cualquier modo nos permite intuir el sufrimiento de Dios por los males que cometemos”. Y el Papa, siempre por el aniversario de La Salette: “María, madre llena de amor, con sus lágrimas ha mostrado la tristeza por el mal moral de la humanidad. Con sus lágrimas nos ayuda mejor a comprender la dolorosa gravedad del pecado, del rechazo de Dios, pero también la fidelidad apasionada que su Hijo nutre hacia los hermanos: Él, el Redentor, cuyo amor está herido por el olvido y por el rechazo… Ella tiene compasión de las dificultades de sus hijos y sufre al verlos alejarse de la Iglesia de Cristo”.

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Medjugorje, viaje en busca de María

Posted by El pescador en 11 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

He hecho alrededor de 2000 kilómetros entre tierra y mar tras las huellas de una mujer. Es una mujer “de una belleza indescriptible”, dice quien la ha encontrado. Y para nosotros curiosos intenta una vaga descripción: altura alrededor de 1’65, edad alrededor de 18-20 años, rostro ordenado, casi siempre sonriente, mejillas rosadas, cabello negro ondulado, ojos marcadamente azules, voz dulce de adolescente, vestimenta muy simple.
Enamoramiento
Pero los testimonios precisan pronto que su belleza es una belleza inimaginable, ningún rostro en el mundo es parangonable al suyo. No estamos hablando de un sueño o de una imagen literaria. Sino de una persona viva, que sonríe, habla y escucha, llora, abraza, llama por el nombre, que enseña y que implora, que se apasiona con los pequeños problemas de cada uno. Desde 1981 seis muchachos de un pueblecito de la Bosnia croata -Medjugorje- la encuentan casi cotidianamente y ella -ante la pregunta- ha respondido que es la Virgen María. El punto clave es que: está viva. Y estos muchachos no son dementes, son del todo normales, también a juicio de la ciencia, incluso del ex régimen de Tito. Perseguidos al principio por la policía comunista, han crecido con ella al lado, han estudiado en la universidad, se han casado, tienen hijos. No son alucinados (pasan por distintos también para Medjugorje y se reconocen pronto). En cambio, estos seis -que en 1981 por otra parte no estaban entre los muchachos más asiduos en la parroquia- son tipos equilibrados, racionales, cordiales. Pero, como dice una de ellos, Marija, que hoy vive en Monza, “estamos en cierto sentido enamorados de ella. Especialmente al principio, no digo que éramos dependientes, aunque la belleza de su cara y su voz cuando hablaba nos atraían… Después, despacio despacito, nos ha llevado hacia Jesús, hacia la Iglesia, hacia la Eucaristía y nos ha hecho descubrir un mundo tan grande, tan inmenso…”Su belleza es su “eterna juventud”, subraya padre Livio, director de Radio María, se explican con el hecho de que todo el ser de María, alma y cuerpo, resplandece de Gracia y está en la Gloria de Cristo. Es por tanto paraíso. Con sus 23 años de presencia constante, según el padre, estamos ante un hecho absolutamente único en la historia de la Iglesia que evidentemente es debido a algo excepcional, a aquello que debe acaecer.Así hemos alcanzado aquel pueblecito bosnio para asistir a una aparición. Para comprender y para interrogarnos sobre esta joven mujer, su “filosofía” y también “misión secreta” que justifica una permanencia tan larga (si, por ejemplo, es una empresa que debe salvarnos de catástrofes inminentes).
Un Palacio imperial
A juzgar por millones de personas que este verano se han movido por ella, es decididamente el personaje del momento (ha entrado incluso en una diatriba entre Giuliano Ferrara y Francesco Merlo). Estadísticamente es la mujer más amada de la historia humana, la más cantada por poetas y músicos, la más representada por pintores y escultores, la más invocada. Lo suyos son “gli occhi da Dio diletti e venerati” [los ojos por Dios más amados y venerados] (Dante). Si incluso Dios se ha enamorado de ella se comprende por qué en este verano de 2004 un río de gente –jóvenes y no sólo ellos– ha hecho kilómetros para buscarla en los lugares donde ella pasó (Lourdes, Fátima, Chestochowa, Loreto, Guadalupe): donde ha pasado para curar, para enjuar las lágrimas, a dar abrigo y consuelo a desolados y desesperados, a abrazar la soledad y llamar a todos. Ya que de ella se dice desde siglos (Bernardo de Claraval) que no decepciona nunca y no abandona a ninguno.Con estos peregrinos -por la fiesta de la Asunción- el papa mismo vuelve a Lourdes: son 150 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción que la Iglesia opone, en el siglo XIX, a todas las nuevas ideologías fundadas sobre la ilusión de que el hombre –pretendiéndose dios- pueda construir un paraíso en la tierra con sus fuerzas. La historia del siglo XX ha demostrado que por el contrario ha construido infiernos. Y justamente para abatir estos infiernos del siglo XX ella se aparerció primero en Fátima y después en Medjugorje.Giuliano Ferrara ha recordado, con estupor, que es venerada como Reina. No engañan su aspecto de adolescente, su humildad, su bondad. Tiene poder real y lo ha ejercido en momentos decisivios de la historia humana. Por ejemplo, apareciéndose a un pobre indio en Guadalupe (1531) ha determinato la historia americana y por tanto nuestro hoy. Extraña reina: cambia la historia humana escogiendo personas insignificantes y con la predilección por las cosas más pequeñas y humildes. En el viaje que me lleva al embarque de Ancona hacia Croacia paso de hecho –el 29 de julio- por aquel que ella misma ha definido como su palacio real: allí se apareció a Francisco de Asís como “Reina de los ángeles” y le confió haber elegido la mísera Porciúncula, una minúscula y pelada iglesita en el valle espoletano, como su palacio real.Es espontánea la comparación con otro palacio imperial que se encuentra después del embarco de Ancona, aquel que aparece ya desde el trayecto sobre la costa dálmata: el Palacio de Diocleciano en Split, construido justamente 1700 años antes, en el 304. Era el Palatium por antonomasia (por el cual el topónimo Split). El palacio real poderoso del último feroz perseguidor de los cristianos. Hoy sobre aquellas piedras colosales desmocha un alto campanario con la cruz. Vienen a la mente las palabras de ella en el Magnificat: “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.Los cristianos perseguidos por el imperio romano no podían ni siquiera imaginar, en el 304, que de allí a pocos meses subiría al trono Constantino y todo cambiaría. ¿Y los cristianos perseguidos por el imperio comunista –que justamente sobre esta orilla tenía su frontera occidental– podían imaginar ver desplomarse en la nada –y sin sangre- el gran moloch perseguidor? ¿Existe la ligera mano de María, como dice el Papa? Dejo Split –y estos pensamientos– a las espaldas y el 2 de agosto recorro hacia el sur la espléndida costa croata devastada a trechos por una urbanización salvaje.
Hacia Medjugorje
Cien kilómetros de carretera de dos carriles a pico sobre el mar. Después la tierra adentro y la desolada Bosnia: el puente de Mostar ha sido recién construido. Las heridas sangran aún. En un campo pobre, de pequeños cultivos de tabaco y vides, desmocha una iglesita blanca con sus dos campanarios: es Medjugorje. Un puesto perdido e insignificante: hasta el 81. Carreteras sin conexión y llenas de hierba. El sol, en un cielo blanquecino, ya da calor a las 7.30. Los bares están abriendo, pero ya circulan tantos peregrinos porque el 2 de cada mes Mirjana Dragicevic, una de las videntes, tiene su aparición, bajo un toldo en el “Campo de la vida” de los muchachos de sor Elvira. Basta seguir a la gente. A la izquierda de la iglesita se va hacia el barrio de Bijakovici, donde viven los muchachos, y después de 800 metros se llega a una avenida en cuesta: sabré después que los muchachos estaban justamente sobre aquella avenida polvorienta, hoy ocupada por los autocares, aquel 24 de junio de 1981, hacia las 18.15. Cuando uno de aquellos convoyes, a 200 metros, donde empieza el montecito pelado y pedregoso del Podbrdo, una joven mujer inundada de luz con un niño en brazos. La cual hacía señal con la mano de acercarse: ellos escaparon a toda pastilla, asustados. El encuentro verdadero se verificará el día siguiente y el 26 el primer mensaje, cuando llorando pedirá su “paz, paz, paz, paz con Dios y entre los hombres”. Nadie comprendía. Pero exactamente diez años después, en 1991, aquel mismo 26 de junio, allí en Bosnia estallaría la primera guerra feroz en Europa desde 1945.

El toldo verde del “Campo de la vida” está lleno ya de gente desde las 6 y el prado alrededor. A las 8 comienza el rosario. Se dicen los 4 misterios enteros en diversas lenguas. En el entre tanto llega Mirjana, una bella treintañera rubia, ojos azules, vivaces, ingeniera agrónoma. Apenas iniciado el cuarto misterio glorioso – la Asunción– de golpe Mirjana cae de rodilas y por todas partes se hace un silencio jamás sentido. Nadie habla, todos saben que María ha venido, está aquí entre nosotros. El rostro de Mirjana, totalmente absorto en ella, está ligeramente transformado, luminoso. Habla con ella, Mirjana, pero su voz es totalmente silenciosa para nosotros. Todos callan, recogidos.

“Estando allí” me dirá Piergiorgio, turinés, ingeniero recién titulado “sientes aquella mirada de ella justamente sobre ti, incluso si no la ves”. Si de eso se da cuenta bien un médico milanés, el doctor Frigerio, que fue a Medjugorje para una aparición y llevaba consigo la bolsa llena de objetos sagrados que sus pacientes le habían confiado para que fueran bendecidos por la Virgen. Pero, por la multitud, no consiguió llegar hasta el altar donde se debía depositar. Acabada la aparición estaba para volverse a casa, disgustado, de no ser porque justamente lo buscó el pequeño Jakov que le dijo: “¿Eres tú el médico? La Virgen me ha dicho que te diga que no debes preocuparte: ha bendecido igualmente todos los objetos que tienes en la bolsa”. Esta es su delicadeza para cada uno que asombra. Llama “pequeño mío” a Juan Diego en Guadalupe. En Lourdes trata de “usted” a Bernadette a la que todos trataban con el despectivo “tú” de los mendigos.

En Medjugorje cada vez –por millares de veces– agradecerá a los muchachos “por haber respondido a mi llamada”. Los relatos de los testimonios la describen todos llena de atención y de amor para cada uno. “No podéis comprender” dirá en un mensaje suyo “cuán grande es vuestra persona en el designio de Dios”.

El 2 agosto tras la aparición a Mirjana no hay mensajes públicos. Los cuales llegan el 25 de cada mes a través de otra vidente, Marija Pavlovic. Mensajes que la Bella Muchacha de Nazaret da en la parroquia de Medjugorje y por medio suyo al mundo. Son siempre pocas palabras simples que invitan a la conversión y a la oración porque “la humanidad se encuentra en un gran peligro” y el rosario es el arma potentísima para permitir que Cristo dé salvación y paz a la humanidad. A Mirjana sin embargo le ha confiado los diez secretos que tienen que ver con la suerte del mundo. Cada uno será revelado tres días antes de que suceda, para que todos tengan tiempo de converstirse. Se sabe que el tercero es un bello signo que ella dejará sobre el monte de la primera aparición, un signo imborrable y claro de su presencia. Pero los otros parece que son muy preocupantes.

Aquel arsenal estallado

7 agosto. El embarque a Split junto al Palacio de Diocleciano. Clavado a lo largo del brumoso Adriático, aquellas murallas poderosas y aquella cruz que hoy allí desmocha. Mientras sobre el trayecto resuenan las guitarras y los cantos de los jóvenes que han estado en Medjugorje, intento mentalmente volver a poner en orden los eventos y las fechas.

El 13 de mayo de 1917 aparece en Fátima y profetiza la llegada a Rusia del comunismo y las plagas derivadas de esta obra maestra de Satanás: una nueva guerra mundial, inmensos estragos y persecuciones nunca vistas en 2 mileniso de cristiandad, hasta el martirio de un papa. Ha sido exactamente la historia del siglo XX. Por una serie de razones no había sido hecha –en las modalidades debidas- aquella consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María que ella había pedido.

El 13 de mayo de 1981, precisamente el día de la Virgen de Fátima, un atentando golpea al Papa en san Pedro. En los días sucesivos en el hospital Juan Pablo II recuerda que justamente este evento era predicho en la tercera parte del secreto de Fátima. El papa decide hacer la consagración. El 25 de marzo de 1984, solemnnemente, encomienda el mundo al “corazón materno de María”, “madre de los hombres y de los pueblos, tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas”. ¿Qué sucede? Los expertos en cuestiones político-militares dicen en 1984, con Andropov y Chernenko en el Kremlin y el duro choque sobre los misiles con los EE.UU. de Reagan, que pone contra las cuerdas el sistema soviético, fue el momento de máxima tensión entre Este y Oeste. La URSS estaba perdiendo y un conflicto armado –apocalíptico – se creía de verdad probable. Pero a la vuelta de pocos meses –con la muerrte de Andropov y Chernenko y la llegada de Gorbachov (1985)- el comunismo marchó hacia una implosión fulminante a causa de su quiebra económica y social. La más grande dictadura de la historia se derrumbó en 4 años sin violencias ni víctimas: el “caso” quiere que el acto de liquidación de la URSS de 1991 se haya firmado el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción (“mi Corazón Inmaculado triunfará” se dio en Fátima) y que la bandera roja fuera arriada en el Kremlin el 25 de diciembre de 1991, por Navidad. ¿Pero qué había pasado en la URSS entre 1984 y 1985? ¿Bastaron las muertes de Andropov y Chernenko para explicar el vuelco de una línea política? Muchas cosas deberemos descubrir. Vuelto a casa encuentro el Dominical que sugiere justamente una de las piezas que faltaban. El experto en historia militar Alberto Leoni ilustra el hecho que da la puntilla al potencial militar soviético durante la crisis de 1984: la explosión del arsenal de Severomorsk, en el Mar del Norte. “Sin aquel aparato balístico que controlaba el Atlántico” dice Leoni “la URSS no tenía más ninguna esperanza de victoria. Por esto la opción militar fue cancelada”. Aquel incidente tuvo lugar dos meses después del rito solemne de la Consagración en la plaza de san Pedro. Pudo ser casual. Pero muchos han notado con algún estremecimiento la fecha del incidente de Severomorsk: 13 de mayo 1984, aniversario y fiesta de la Virgen de Fátima y del atentado contra el Papa…

Sin saber nada de todo esto, Lucía, la última de los videntes de Fátima aún viva, en una entrevista declaró cándidamente: “La Consagración de 1984 ha evitado una guerra atómica que habría sucedido en 1985”. Un mes después del atentado contra el Papa empezaron las apariciones de Medjugorje que, ha dicho María, cumple aquello que empezó en Fátima. Este verano los periodistas dedican muchas páginas a continuación de las peregrinaciones. María atrae silenciosamente. El 15 de agosto, para la Asunción, el Papa está en Lourdes: este perdido pueblecito de los Pirineos es la más grande meta de peregrinaciones del mundo, más que la Meca. “La Asunción al cielo, en cuerpo y alma, de María que se celebra” me explica un teólogo “significa que incluso cada cabello de nuestra cabeza es amado por Dios, enamorado de nosotros, y es destinado –con todo nuestro ser– a la gloria, a la divinización. Que transfigurará el cuerpo”.

Vuelvo a pensar en la belleza de la joven mujer que aparece en Medjugorje. Es la mujer “vestida de sol” que aplastará a Satanás, el león rugiente que siempre busca a quién devorar. Vuelvo a pensar en las palabras de Dostoievski: “La Belleza salvará al mundo”.

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Los secretos de las apariciones de Medjugorje

Posted by El pescador en 1 enero 2008

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

Un artículo de Antonio Socci publicado por Il Giornale el 24 de diciembre [2001]


Exactamente hace diez años, el 25 diciembre 1991, se derrumbaba la Unión Soviética y con ella era barrido de Europa aquel experimento comunista que había ensangrentado el continente durante 70 años. La caída de un imperio sucedía sin derramamiento de sangre. Que un prodigio tan inédito aconteciese el día de Navidad e incluso la liquidación del Imperio se decidió en una reunión que se desarrolló el 8 de diciembre no dice nada a lo histórico laico, pero no es casual para quien mira la historia humana con ojos cristianos. El 8 de diciembre es de hecho para los católicos la fiesta de la Inmaculada Concepción y en los mensajes de Fátima cuyas apariciones son concomitantes con la revolución de octubre la Virgen pedía justamente la consagración de Rusia a su corazón inmaculado para obtener la conversión y anunciaba después de muchas tribulaciones la victoria de su corazón inmaculado. En aquellos mensajes había sido profetizada también la enorme masacre del siglo XX, el siglo del más grande martirio cristiano durante el cual se habría llegado hasta a golpear al Papa. El atentado contra él aconteció justamente un 13 de mayo, que es exactamente la fiesta de la Virgen de Fátima.

La extraordinaria coincidencia no fue considerada casual por Juan Pablo II que consideró que fue salvado justamente por la Virgen de Fátima en cuya corona quiso hacer engastar, como exvoto, una de las balas que lo golpearon. Justamente en los días pasados la Santa Sede ha hecho saber que sor Lucía, la última de los videntes portugueses, reconoce como completa la revelación de los secretos hecha el año pasado por el Papa. Para los cristianos la indefensa muchacha de Nazaret, la adolescente que en Belén parió a Jesús en condiciones humanamente durísimas, proclamada reina del cielo y de la tierra, ha ejercido y ejercita un influjo excepcional sobre la historia humana para conjurar resultados trágicos. El hecho que sus apariciones públicas se hayan concentrado en los dos últimos siglos significa que los peligros han aumentado y se han agravado con el fin de la cristiandad y el enorme crecimiento de la potencia de los hombres sobre el cosmos.

Y es en estos últimos años especialmente siempre según los cristianos cuando su intervención visible y apesadumbrada para salvar a la humanidad de la ruina se ha hecho más fuerte y visible. Siempre en 1981, de hecho, exactamente un mes después de aquel atentado contra el Papa que cumplía la profecía de Fátima, se iniciaron las apariciones de Medjugorje, un pueblecito de Bosnia-Herzegovina, entonces aún bajo el régimen comunista yugoslavo. La misma Virgen ha explicado que intentaba cumplir en Medjugorje aquello que había iniciado en Fátima. Y es emocionante leer el mensaje en el cual pide una novena de oraciones y ayuno para que con vuestra ayuda se realice todo aquello que quiero realizar según los secretos iniciados en Fátima. Os invito, queridos hijos, a comprender la importancia de mi venida y la seriedad de la situación. Era el 25 de agosto de aquel 1991 que pocas semanas después, el día de Navidad, vería pulverizarse la URSS sin derramamiento de sangre.

Se trata de apariciones aún no reconocidas oficialemente por la Iglesia si bien porque todavía están produciéndose. Precisamente por la duración se trata de un fenómeno absolutamente único en la historia cristiana, porque nunca se supo de una presencia de María tan asidua y continuada. Los muchachos a los se apareció la Virgen aquel 24 de junio de 1981 tenían 15-16 años. En aquel tiempo debieron sufrir no pocas intimidaciones y persecuciones de parte del régimen comunista. Hoy son todos adultos, han estudiado, se han graduado, tienen familias e hijos. Son personas del todo normales, afables, simpáticas, inteligentes. Son personas totalmente normales, afables, simpáticas, inteligentes. En el entre tanto aquel pueblecito perdido de Bosnia se ha convertido en la más extraordinaria meta de peregrinación de la cristiandad. Millones de personas alcanzan todos los años aquella meta ante la indiferencia de los medios de comunicación. Es un fenómeno excepcional (justo hace pocos días en Milán 15.000 han ido a escuchar a una de las videntes, un número altísimo de los cual bien pocos periódicos hecho eco).

Los muchachos estuvieron expuestos a varios experimentos científicos durante las apariciones y todos han revelado que sucede cualquier cosa inexplicable. Pero hay otro hecho que acredita las apariciones. La Virgen desde sus primeras palabras, con su habitual estilo discreto y dulce, pidió a los muchachos oraciones por la paz. Pero hay otro hecho que acredita las apariciones. Era un tiempo en que nada parecía amenazar la paz en Bosnia. De allí a pocos años se comprendió todo. Precisamente en aquella tierra de hecho estalló la más sangrienta guerra que se vio en Europa desde el final de la II guerra mundial.

A los muchachos, que continúan teniendo las apariciones, se les confiaron diez secretos que tienen que ver con toda la humanidad. En ellos resultaría claro el plan de María para la salvación del mundo como dice el padre Livio Fanzaga, director de Radio María. Padre Livio ha entrevistado largamente hace poco a Mirjana Dragicevic, una de las videntes, 36 años, graduada en ingeniería agraria, casada con dos hijas. Mirjana de hecho ha recibido los diez secretos, sabe qué son, cuándo y dónde se realizarán, y tiene la misión de comunicarlo a un fraile capuchino escogido por ella con diez días de anticipo. El fraile deberá anunciarlo al mundo tres días antes de que se verifiquen. El objetivo de la Virgen dice Mirjana es salvar a todos, invitando a todos a conocer el amor de su Hijo y entregar el propi ocorazón a él. De estos secretos sabemos sólo que el tercero habla de un signo inequívoco y bello de su presencia que la Virgen dejará sobre la colina de la primera aparición. El séptimo por el contrario parece que es muy dramático, pero Mirjana insiste en que no hay que tener miedo. Quien tiene al Señor en el primer puesto de su corazón no tiene nada que temer. Al final llegará el tiempo de la paz, anuncia con seguridad Mirjana. La Virgen de hecho se presentó en Medjugorje con el título de Reina de la Paz. No se sabe cuándo acontecerá todo. Pero según el padre Livio, que ha dedicado a Medjugorje una serie de libros y que con su radio (escuchadísima), sigue desde hace años el desarrollo de los eventos, los hechos del 11 de septiembre podrían ser el inicio del discurrir de Medjugorje (por cierto sobre las Torres Gemelas estaban también los potentes repetidores de Radio María, que difundían los mensajes de Medjugorje). El padre Livio considera que el peligro planetario poodría estar representado precisamente por un terrorismo preparado para devastar el mundo con armas de destrucción masiva.

Del resto se intuye que en estos meses hay algo nuevo que carga el corazón del Papa. Para quien sigue sus intervenciones es evidente que divisa algo oscuro en el horizonte. En octubre del 2000, concluyendo el gran Jubileo, renovó la consagración de la tierra al corazón inmaculado de María diciendo que estamos en una encrucijada entre transformar la tierra en un lugar de ruina o hacer de ella un jardín. Y en sus intervenciones recientes habla abatido de una hora oscura que ha llegado.

A la luz de estos antecedentes adquiere claramente otro significado la jornada de ayuno y oración por la paz querida por el Papa, considerado el hecho de que desde hace veinte años la Virgen de Medjugorie ha pedido exactamente y sólo esto: ayuno y oración por la paz. María nos da la posibilidad de ponernos a salvo explica el padre Livio pero urge convertirse.

Naturalmente se puede juzgar con indiferencia e incredulidad todo esto. Sin embargo antes es aconsejable dar una lecturar al volumen, apenas aparecido, Gli occhi di Maria, en el que Vittorio Messori reconstruye la colocación histórica y geográfica de las apariciones de María desde los años de la Revolución francesa, la gran devastadora de la cristiandad. Siempre, en anticipo o en concomitancia con los acontecimientos más terribles, María se ha aparecido para confortar a los cristianos y ponerlos en guardia, pero también para conjurar las peores tragedias. Se empieza con las apariciones en los años del Terror jacobino reconstruidas en el libro por Rino Cammilleri en particular un fenómeno inexplicable afectó al mismo Napoleón. Un 11 de febrero. El mismo día en el cual se aparecería la primera vez en Lourdes. Es sólo una de las tantísimas, impresionantes coincidencias de fechas señaladas por Messori. Y después Fátima, cuya última aparición, el 13 de octubre, con el prodigio del sol que gira, es casi concomitante con la revolución bolchevique. Y después la aparición de Banneaux de 1933, concomitante con el ascenso al poder de Hitler. Las apariciones de Kibeho, en Ruanda, donde no se ha podido conjurar uno de los más terribles genocidios de los últimos decenios. Cada vez aquello que afecta y conmueve es como dicen los videntes -su cuidado de madre. El realizarse o menos de los “secretos” de Medjugorje nos dirá si verdaderamente en aquel pueblecito bosnio acaeció lo que millones de cristianos creen. Se puede ser cristiano o no serlo. Pero, más allá de Medjugorje, quien es cristiano permanece de todas formas seguro de que María obra concreta e incansablemente por el bien de todo ser humano y de la humanidad entera. Si aquella muchacha de Nazareth es “la reina del cielo y de la tierra” no hay que sorprenderse que tenga tanto poder sobre la historia humana.

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