El testamento del pescador

Archive for 16 mayo 2006

La crucifixión de San Pedro, de Caravaggio

Posted by El pescador en 16 mayo 2006

Supongo que os habréis fijado que en la imagen de mi perfil hay un cuadro de Caravaggio, Crucifixión de San Pedro, una obra maestra.

Caravaggio es mi pintor favorito, realmente es prodigiosa su técnica, cómo consigue efectos tan realistas. Me traje de Roma una lámina de El entierro de Cristo, y me quedé con las ganas de ver la capilla Contarelli en la iglesia de Santa Maria del Popolo (pero la guía -un libro- no era demasiado buena: un consejo para cuando viajéis, no olvidéis llevaros una buena guía de viaje, las de la editorial Acento son las mejores), donde están varios de sus cuadros, entre otros La vocación de San Mateo, otra obra maestra.

Realmente Caravaggio sabía componer las escenas para destacar el personaje o los personajes principales: en este caso a San Pedro. Notad que ninguno de los verdugos muestra su cara, sólo uno entre sombras; siguiendo con los verdugos quiero fijarme en su fuerza y en sus posturas. San Pedro, sin embargo, está completamente iluminado; tiene una expresividad, que parece una foto; por ejemplo fijaos en el detalle de su boca. Además San Pedro está extraordinariamente retratado como un anciano.

Así recuerda las palabras de Jesús: Te aseguro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir. Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a glorificar a Dios con su muerte (Juan 21,18-19).

Por cierto, ¿sabes por qué San Pedro murió cabeza abajo? Quizá hayas oído que no quiso morir de la misma manera que el Señor. Pero ¿de dónde sale esa historia?

Muy fácil, aparece en los Hechos de Pedro, un relato apócrifo, o sea que la Iglesia no consideró que estaban inspirados por el Espíritu Santo y por tanto no expresaban la Revelación de Dios. Pero no los persiguió ni los anuló como pretenden algunos calumniadores que se hacen pasar por historiadores.

 

La prueba es que estos libros están en la base de buen número de venerables tradiciones muy presentes en nuestra cultura (v.gr. en los Hechos apócrifos de Pedro éste huye de Roma por los problemas que tiene su predicación sobre el ascetismo y las castidad, pero se le aparece el Señor, Pedro le pregunta: ¿A dónde vas? QUO VADIS? (¿Os suena de algo?) y el Señor le responde que va a Roma a ser crucificado (Hechos de Pedro 35,1-3) [La idea de que en cada mártir es crucificado de nuevo Cristo está muy extendida en la literatura cristiana primitiva y nace de Hechos 9,4-5 (Saulo, Saulo ¿por qué me persigues? […] Yo soy Jesús a quien tú persigues)].

Esto es un ejemplo, ahora vamos a ver el origen de la crucifixión cabeza abajo de El pescador en estos Hechos apócrifos de Pedro. Es él mismo quien pide morir así y lo explica teológicamente en un discurso en relación con el pecado original:

 

 

[…] Conoced el misterio de toda la naturaleza y lo que fue comienzo de todo. El primer hombre, de cuya estirpe llevo yo la imagen, caído cabeza abajo mostró una naturaleza que no existía antiguamente: estaba muerta, pues no tenía movimiento. Arrastrado, pues, hacia abajo aquel que había arrojado a tierra su primitivo estado, determinó toda esta disposición de las cosas, suspendido cabeza abajo como imagen de su vocación. Así hizo que la derecha fuera izquierda y la izquierda derecha, cambiando todos los signos de su naturaleza, al estimar bello lo que no era, y bueno lo que en realidad era malo […] Esta concepción es la que he desplegado ante vosotros, y la forma en la que me veis colgado es la imagen del hombre que nació primero. Vosotros, pues, queridos míos, los que me oís ahora o me escucharéis después, debeís enderezaros abandonando el error primitivo. Conviene, pues, subir a la cruz de Cristo, que es la palabra extendida, una y única, de la que dice el Espíritu: “¿Quién es, pues, Cristo, sino la Palabra, el eco de Dios?”. Así, este madero tieso en el que estoy crucificado es la Palabra; el eco es el travesaño, la naturaleza humana; y el clavo que une por el medio al travesaño con el madero vertical es la conversión y el arrepentimiento del hombre (Hechos de Pedro 38,1c-5).

 

San Pedro quiere ser crucificado cabeza abajo para mostrar la condición del hombre tras el pecado: en esa posición todo está al revés, y en eso consiste el pecado, en confundir a las criaturas con el Creador. El pecado hace que el hombre esté para siempre “suspendido cabeza abajo”; al mirar desde una posición no querida en principio por Dios, trastoca el orden primitivo (hace de la izquierda derecha…, etc.). La penitencia rehace el estado primero. La conclusión del discurso quiere explicar la unión de la humanidad en general con la naturaleza humana de Cristo en el momento de la redención por la cruz, y el elemento de unión es la penitencia: el clavo.

La leyenda posterior perderá este sentido teológico profundo de la crucifixión de Pedro y achacará su gesto a un acto de humildad: El Pescador se se sentía indigno de morir en la misma posición que Cristo.

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Primera entrada: La maestra sin cerebro

Posted by El pescador en 11 mayo 2006

Queridos lectores:

Por fin me siento a escribir en el blog. Ya era hora.

Mi primera entrada la copio de un correo electrónico que me mandó mi amiga Marly, y que realmente es delicioso: muestra cómo los niños realmente tienen más inteligencia que algunos adultos, pues como dice el Salmo: “No hay Dios, dice el necio en su corazón”.

Os escribo la historia de la maestra sin cerebro y luego os comento algunas cosas más:

Asunto: !!!!! Dios es real!!!!!

Un día, una niña de 6 años estaba en su salón de clases. La maestra iba a explicar
la evolución a los niños.

Entonces le preguntó a un niño:

MAESTRA: Tommy, ¿ves ese árbol allá fuera?

TOMMY:Si.

MAESTRA: Tommy, ¿ves la grama afuera?
TOMMY:Si

MAESTRA: Ve afuera, mira hacia arriba y dime si puedes ver el cielo.
TOMMY: Muy bien (Volvió al cabo de unos minutos). Si, vi el cielo.

MAESTRA: ¿Viste a Dios?
TOMMY: No.

MAESTRA: Ese es mi punto. No podemos ver a Dios porque no está ahí. Él no existe.

Una pequeña niña pidió permiso para hacerle unas preguntas al niño.

La maestra acepto y la niñita preguntó:
NIÑITA: Tommy, ¿ves ese árbol allá fuera?
TOMMY: Si.

NIÑITA: Tommy, ¿ves la grama afuera?
TOMMY: Siiiiiiiiiiiiii… (Cansado de todas esas preguntas)

NIÑITA: ¿Ves el cielo?
TOMMY: Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii………..

NIÑITA: Tommy, ¿ves a la maestra?
TOMMY: Si…

NIÑITA: ¿Ves su cerebro?
TOMMY: No.

NIÑITA: Entonces, según lo que hemos aprendido hoy con la maestra, ¡ella no tiene cerebro!
“AHORA NO PODEMOS VERLO, SINO QUE VIVIMOS SOSTENIDOS POR LA FE” (2 Corintios 5,7)

Esta historia me recuerda a lo que dijo un astronauta soviético, no recuerdo su nombre, que después de volver de un paseo espacial dijo que no había visto a Dios. Realmente, mientras vivimos en esta realidad o dimensión no vemos a Dios con los ojos de la cara, sino con otros ojos más profundos que son un regalo, un regalo del mismo Dios: los ojos de la fe.

Leí una vez que otro niño se preguntaba por qué si la fe es un regalo de Dios, hay personas que no lo tienen: pero es que es un regalo tan grande y tan hermoso que Dios no quiere obligarnos a aceptarlo.

Quienes piensan que, como no vemos a Dios éste no existe, se encierran en la sola realidad material, sin darse cuenta que existe una dimensión espiritual que puede alcanzar la razón en colaboración con la fe, como las dos alas del pensamiento para contemplar la verdad (Cf. Juan Pablo II, “Fides et ratio” Introducción).

Así decía también el Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, que la fe ayuda a la razón para ir más allá.

Termino con Blaise Pascal: Sólo hay dos clases de personas coherentes: los que gozan de Dios porque creen en él y los que sufren porque no le poseen; y otra, que más o menos dice que Dios está suficientemente claro para quienes quieren encontrarlo y suficientemente oculto para quienes no quieren verlo.

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