El testamento del pescador

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El Papa sobre las imágenes del Compendio del Catecismo

Posted by El pescador en 30 marzo 2007

Sigo con el artículo de Sandro Magister sobre las imágenes del “Compendio del catecismo”:

La utilización de estas imágenes en la catequesis está muy metida en Joseph Ratzinger. En la introducción al “Compendio” fechada el 20 de marzo de 2005 ha escrito:

También las imágenes son predicación evangélica. Los artistas de todos los tiempos han ofrecido a la contemplación y al asombro de los fieles los hechos sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolos en el esplendor del color y en la perfección de la belleza. Es un indicio, éste, de cómo hoy más que nunca, en la cultura de las imágenes, la imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, desde el momento que es sobremanera eficaz su dinamismo de comunicación y de transimisión del mensaje evangélico.

Igual de explícito ha sido el Papa en el discurso tenido el 28 de junio durante el rito de entrega del nuevo catecismo:

Imágenes y palabra se iluminan recíprocamente. El arte “habla” siempre, al menos implícitamente, de lo divino, de la belleza infinita de Dios, reflejada en el icono por excelencia: Cristo Señor, imagen del Dios invisible. Las imágenes sagradas, con su belleza, son también anuncio evangélico y expresan el esplendor de la verdad católica, mostrando la suprema armonía entre lo bueno y lo bello, entre la “via veritatis” y la “via pulchritudinis”. Mientras dan testimonio de la secular y fecunda tradición del arte cristiano, estimulan a todos, creyentes y no, al descubrimiento y a la contemplación de la fascinación inagotable del misterio de la redención, dando siempre nuevo impulso al siempre vivaz proceso de la inculturación en el tiempo.

Y al día siguiente, 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo, ha aplicado estos enunciados generales a una imagen precisa. En un pasaje de la homilía de la Misa, Benedicto XVI ha reclamado la atención sobre la imagen del principio del “Compendio”, la que da el sello a todo el catecismo. Y la ha explicado así:

Al principio hay un icono de Cristo del siglo XVI [ver imagen que ilustra esta entrada] que se encuentra en el Monte Athos y representa a Cristo en su dignidad de Señor de la tierra, pero también como heraldo del Evangelio, que porta en la mano. Yo soy el que soy, este misterioso nombre de Dios propuesto en la Antigua Alianza, es citado allí como su nombre propio: todo lo que existe viene de Él, Él es la fuente originaria de todo ser. Y porque es único, está también siempre presente, está siempre cercano a nosotros y al mismo tiempo siempre nos precede: como “indicador” sobre el camino de nuestra vida, es más, siendo Él mismo la vida. No se puede leer este libro [el catecismo] como se lee una novela. Hace falta meditarlo con calma en cada una de sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma.

En el Ángelus del domingo siguiente, 3 de julio, en el mensaje desde su ventana sobre la plaza de San Pedro, Benedicto XVI ha vuelto una vez más sobre el “Compendio” del catecismo. Y de nuevo ha subrayado en él la centralidad de Cristo, bien representada desde la primera de sus catorce imágenes.

El “Compendio” […] permite captar la extraordinaria unidad del misterio de Dios, su designio salvífico para la humanidad entera, la centralidad de Jesús, el Hijo unigénito de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen María, muerto y resucitado por nosotros. Presente y actuante en su Iglesia particularmente en los sacramentos, Cristo es el manantial de nuestra fe, el modelo de todo creyente y el maestro de nuestra oración.

En la elección de las imágenes del “Compendio” -elección sobre la cual tuvo un papel determinante como cardenal- Ratzinger ha dado un espacio relevante también a las tradiciones iconográficas de las Iglesias de oriente.

De catorce imágenes, dos pertenecen a la tradición bizantina, una a la armenia, una a la copta.

Y en la Misa de la festividad de San Pedro y San Pablo, cuando dedicó parte de la homilía a ilustrar el icono de Cristo del monte Athos que abre el “Compendio”, estaba presente una delegación de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, enviada por el patriarca ecuménico Bartolomé I y presidida por el metropolita Ioannis.

Un particular atención a las Iglesias de oriente hay también en el apéndice del volumencito. Junto a oraciones e himnos latinos como la “Salve Regina” y el “Te Deum” figuran una oración de tradición bizantina, una copta y una siro-maronita.

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Un catecismo para la cultura de la imagen

Posted by El pescador en 29 marzo 2007

Realmente fue un acierto pleno del actual máximo pontífice de nuestra iglesia el editar un resumen o compendio del Catecismo de la Iglesia Católica enriquecido además con las más bellas imágenes de la historia del arte. Nuestra cultura actual valora mucho las imágenes, lo visual y la Iglesia tiene una riquísima tradición artística de imágenes al servicio de la transmisión de la fe.

Esta entrada es una traducción de un estupendo artículo del vaticanista Sandro Magister: explica el sentido de las imágenes que acompañan al Compendio del Catecismo; yo he puesto un enlace a cada imagen para que podáis verlas bien, sólo tenéis que pinchar el subrayado azul. Espero que lo disfrutéis.

Un catecismo para la cultura de la imagen

En el nuevo “Compendio” de la doctrina católica entran también catorce obras maestras de la pintura de Occidente y de Oriente. Y el Papa ha explicado por qué. Timothy Verdon: “Benedicto XVI ha hecho justicia al arte cristiano”.

ROMA, 5 Julio 2005 – En el nuevo “Compendio” del catecismo de la Iglesia católica publicado por Benedicto XVI el 28 de junio hay una novedad inesperada. En él destacan catorce imágenes sagradas a todo color.

Como el Papa ha explicado, las imágenes no son puramente ilustrativas. Son parte integrante del nuevo catecismo.

Deberán ser reproducidas en todas las traducciones del “Compendio”. Y deberán encontrarse siempre en las mismas posiciones respecto del texto. Cada imagen está acompañada por un esmerado comentario, rico en citas de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

La primera imagen está al principio del libro, justo después del título y del “Motu Proprio” papal de aprobación y publicación. Es el icono de Cristo pintado por Teófanes de Creta en 1546 para el monasterio Stavronikita sobre el Monte Athos.

Otras cuatro imágenes preceden a las cuatro partes en las que se articula el volumencito, respectivamente dedicadas al Credo, a los sacramentos, a los mandamientos y al Padre Nuestro.

Abre la parte del Credo -titulada “La profesión de la fe”- la Adoración de los Magos de Gentile de Fabriano, de 1423, conservada en Florencia en la Galería de los Uffizi.

Hace de introducción a la parte de los sacramentos -“La celebración del misterio cristiano”- un Jesús que da la comunión a los apóstoles del pintor flamenco Joos van Wassenhove, conservado en Urbino en la Galería Nacional de las Marcas.

Inaugura la parte de los mandamientos -“La vida en Cristo”- una ilustración del Tetraevangelio armenio pintado por Jacobo el Copista, conservado en Viena en la Biblioteca de los Padres Mequitaristas. La imagen representa la Última Cena de Jesús con los apóstoles, en torno a una mesa con forma de cáliz eucarístico.

Precede a la parte dedicada al Padre Nuestro -“La oración cristiana”- un icono copto de Pentecostés.

Cada una de las cuatro partes del “Compendio” está después articulada en dos secciones. Y cada sección es introducida a su vez por una imagen.

Ilustran las dos secciones de la primera parte una miniatura de los seis día de la creación de la Biblia de Souvigny de finales del siglo XII, conservada en Moulins en la Biblioteca municipal [ver imagen que ilustra la entrada], y la cruz gloriosa que está en el centro del mosaico del ábside de la basílica de San Clemente en Roma.

Ilustran las dos secciones de la parte dedicada a los sacramentos un detalle de los mosaicos de la capilla “Redemptoris Mater” inaugurada en el Vaticano en 1999, con el Cristo crucificado de cuyo costado surgen sangre y agua, y el Tríptico de los Siete Sacramentos de Roger van der Weyden, conservado en Amberes en Koniklijk Museum voor Schone Kunsten.

Ilustran las dos secciones de la parte dedicada a los mandamientos el “San Juan que contempla la Inmaculada Concepción” de El Greco, conservado en Toledo en el Museo de la Santa Cruz, y el “Sermón de la montaña” pintado por el Beato Angélico para el convento de San Marcos en Florencia.

Ilustran las dos secciones de la parte dedicada a la oración un icono bizantino de las principales fiestas litúrgicas y otra pintura de El Greco, La oración de Jesús en el huerto, conservado en los Estados Unidos en el Museo de Arte de Toledo, Ohio.

Finalmente, un coro de ángeles tomado del políptico de Jan van Eyck en la catedral de Gante abre el apéndice al final del volumencito, que alinea oraciones y fórmulas de la doctrina cristiana en latín y en lengua vulgar.

Además, la cubierta del “Compendio” tiene como logotipo una figura bucólica tomada de una lápida sepulcral cristiana de las catacumbas de Domitila, en Roma, que se remonta a finales del siglo III.

La figura -está explicado- sugiere el sentido global del nuevo catecismo: “el Cristo buen pastor, que con su autoridad (el cayado) conduce y protege a sus fieles (la oveja), la atrae con la melodiosa sinfonía de la verdad (la flauta) y la hace reposar a la sombra del árbol de la vida, su cruz redentora, que abre el paraíso”.

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Catecismo en imágenes: una edición especialísima del “Compendio”

Posted by El pescador en 28 marzo 2007

Este artículo de Sandro Magister trata sobre la edición especialísima del Compendio del Catecismo de la Iglesia católica de la editorial de arte Franco Maria Ricci, FMR.

A lo largo del artículo yo he puesto enlaces a las imágenes que se citan para que podáis conocerlas; sólo tenéis que pinchar en los subrayados azules para verlas.

ROMA, 12 marzo de 2007 – La imagen aquí encima [en esta entrada a la derecha] es el “Salvator Mundi”, de Antonello de Messina, pintado en el 1475 y preservado en la Galería Nacional de Londres. Es la primera de cuarenta y nueve imágenes, que ilustran una nueva, suntuosa edición del Compendio del Catecismo de la Iglesia Cátolica, difundida por FMR, una de las editoriales de arte más renombradas del mundo.

El volumen constituye por sí mismo una obra de arte. Formato grande, encuadernación en seda roja con inscripciones en oro, papel en fibra de algodón con filigrana papal, estampa y grabados de alta calidad, serie limitada y precio proporcional: 1.500,00 euros.

El texto del Compendio del Catecismo es idéntico a aquel que fue publicado el 28 de junio de 2005 por Benedicto XVI, en una de sus primeras iniciativas relevantes de su pontificado. Incluso en la edición corriente, difundida a través de millones de copias en varios idiomas, el texto está acompañado por imágenes. Éstas fueron escogidas por Benedicto XVI en persona, que siendo cardenal fue el primer creador a la vez del Catecismo y de su Compendio.

Las imágenes no son secundarias. Son parte integrante del Compendio. Es obligatorio que éstas sean reproducidas en todas las ediciones impresas; y deben mantener el mismo arreglo en relación al texto. Por ejemplo, el “Sermón de la Montaña” del beato Angélico debe aparecer siempre bajo el título de la sección dedicada a los diez mandamientos.

La diferencia entre la actual edición y la del FMR está en el número de imágenes. Catorce en el primer caso, cuarenta y nueve en el segundo.

Tanto en la edición actual, como en esta lujosa edición la elección de las imágenes fue hecha bajo indicación de Benedicto XVI.

En la práctica, sin embargo, quien las seleccionó y presentó al Papa fue Timothy Verdon, un americano por nacimiento, historiador de arte, sacerdote de la diócesis de Florencia, director de la oficina por el catecismo a través del arte y autor de importantes libros sobre el arte cristiana.

El significado de la relación entre la palabra y la imagen, en el catecismo de la Iglesia Católica, es explicado por Verdon en una nota titulada “Immagini della fede [Imágenes de la fe]”: el artículo de apertura del primer número de una nueva revista publicada a su vez por FMR, “Eikon”.

“Eikon” es palabra griega que significa icono, imagen. Y Verdon cita a Pablo que en su carta a los Colosenses define a Cristo como el “eikon del Dios invisible”. En el Compendio del Catecismo, en la pregunta 240, resuena esta afirmación paulina cuando dice que “la imagen de Cristo es el icono litúrgico por excelencia, y que en Su imagen se resumen todas las demás imágenes sagradas y todas las Santas Escrituras. La Iglesia ha creído tanto en esta concepción que a través de los siglos ofreció enormes recursos para realizar obras de arquitectura y de arte litúrgica, y a dominar las tendencias iconoclastas que la tentaron”.

Por lo tanto, es natural que el Compendio se abra con la imagen de Jesús. En la edición de FMR, las imágenes son dos en lugar de una. Al lado del Cristo pintado por Teófanes de Creta en 1546, para el monasterio Stavrokinita en el Monte Athos, está “Salvator Mundi” de Antonello da Messina. Iglesia de Oriente y de Occidente.

Junto al artículo de Verdon de la revista “Eikon”, fueron reproducidas algunas imágenes que ilustran la edición de FMR del Compendio del Catecismo. Entre ellas, un extraordinario “Dios con brújula que crea el cielo y la tierra”, una miniatura de la Biblia del XIII siglo y una maravillosa “Adoración de lo pastores” de Domenico Ghirlandaio, del 1480.

En un fragmento de su artículo, Verdon escribe, en relación a la eficacia del arte cristiano también en una sociedad secularizada:

“Creyentes y no creyentes son fascinados por el patrimonio pictórico, escultórico y arquitectónico generado por los cristianos durante siglos, no solamente por la belleza formal de las obras, sino porque ellas enfrentan cara a cara con interrogantes de gran actualidad. En una Europa donde el aborto es legal y donde se discute sobre la admisibilidad de la eutanasia, imágenes típicas de la tradición cristiana, como la Virgen con el niño y el Cristo crucificado, sacuden las conciencias, insistiendo con una tranquila fuerza sobre el valor irrepetible de la vida e incluso de la vida de sufrimiento”.

“Eikon”, la nueva revista de FMR, dirigida por Flaminio Gualdoni, es dedicada a la “cultura visiva contemporánea” y a la forma que tiene el hombre de ver el arte también en el pasado. El primer número tiene por tema “La creencia y los miembros” y además del artículo Verdon, entre él otros, dos artículos tratan sobre conocidas obras maestras para quien visita Roma: “La Piedad” de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro y el moderno “Cristo resucitado” de Pericle Fazzini que domina el aula de las audiencias papales.

Un magnifico ángulo de “La Piedad” de Miguel Ángel, fotografiado por Aurelio Amendola, se encuentra en la portada del primer número de la nueva revista.

Además, también para FMR, Timothy Verdon ha armado el volumen de gran formato “Bellezza e identità. L’Europa e le sue cattedrali [Belleza e identidad. Europa y sus catedrales]”, dedicado a Benedicto XVI en ocasión de su octogésimo cumpleaños, el próximo 16 de abril. Su costo, el doble del Compendio del Catecismo, da la idea de la extraordinaria calidad de la obra, dedicada a la huella cristiana de la Europa, legible en sus catedrales.

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House M.D. y el aborto de nuevo

Posted by El pescador en 27 marzo 2007

En el episodio de esta noche de la serie House de nuevo ha salido el tema del aborto; ya lo traté en otra entrada del mes pasado sobre la misma serie. En esta ocasión, el episodio 12 de la tercera temporada se titula Un día, una habitación y trata sobre una chica que va a la consulta y resulta tener una enfermedad venérea; cuando House le alarga las pastillas para el tratamiento ella le da un manotazo y le grita que no la toque. Entonces nuestro doctor se da cuenta de que la chica ha sido violada.

Eve, la víctima de la violación, se empeña en ser atendida por House; la cosa se complica cuando se dan cuenta de que está embarazada, y cómo no, House quiere hacer un aborto, como otra operación o tratamiento más.

Pero ella se niega con argumentos religiosos (se graduó en Religiones comparadas en la Universidad), puesto que toda vida es sagrada y el aborto es un asesinato: La respuesta de House es tan cínica como siempre ¿La vida de Hitler es sagrada, o la del que te hizo esto?

Pero ella insiste, puesto que quiere defender la vida, ya que nuestro destino es la eternidad, se resiste a creer que la vida se acabe sólo en el tiempo de la tierra, como le dice el médico.

No sé si el nombre del personaje tendrá alguna intencionalidad, pero Eve (Eva en español) significa Madre de los que viven, y esta chica está convencida realmente y hace todo lo posible para seguir adelante con su embarazo y realmente hace honor a su nombre ya que es madre de una criatura que vive en sus entrañas y se empeña en defender su vida, puesto que es sagrada.

Realmente es muy duro tener que asumir esa maternidad impuesta tras este terrible trauma pero la solución no es provocar otro trauma con un aborto: Durante la Guerra de Yugoslavia de principios de los noventa fue una triste rutina las violaciones de mujeres; muchas quedaron embarazadas, y años después leí un reportaje sobre su vida después que los niños nacieron; decían que al principio odiaban a esos bastardos que llevaban dentro pero que luego su instinto maternal se impuso y amaron a esos niños impuestos.

De entre todos los testimonios sobresale el de Sor Lucy Vertrusc, una joven religiosa que también fue violada y resultó embarazada; ella se ofreció como las Carmelitas de Compiègne para ser mártir y efectivamente lo fue, pero siendo un testimonio viviente (mártir significa en griego testigo). Merece la pena leer con detenimiento esta carta que escribió a su Superiora tras descubrir su embarazo; en ella expone sus razones para continuar con su nueva vida, porque dice que no se puede arrancar una planta con sus raíces: Leedlo y difundidlo pues esta joven quiso, según ella misma dice, testimoniar con su hijo, fruto de la violencia, lo único que engrandece al ser humano: el perdón.

“Soy Lucy, una de las jóvenes religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, después de lo que nos ha sucedió a mis hermanas Tatiana, Sandria y a mí.

Permítame no entrar en detalles del hecho, hay en la vida experiencias tan atroces que no pueden confiarse a nadie más que a Dios, a cuyo servicio, hace apenas un año, me consagré.

Mi drama no es tanto la humillación que padecí como mujer, ni la ofensa incurable hecha a mi vocación de consagrada, sino la dificultad de incorporar a mi fe un evento que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad de Aquél, a quien siempre consideraré mi Esposo divino.

Hace pocos días que había leído “Diálogo de Carmelitas“, y espontáneamente pedí al Señor la gracia de poder también yo morir mártir. Dios me tomó la palabra, pero ¡de qué manera! Ahora me encuentro en una angustiosa oscuridad interior. Él ha destruido el proyecto de mi vida, que consideraba definitivo y exaltante para mí y me ha introducido de improviso en un nuevo designio suyo que, en este momento, me siento incapaz de descubrir.

Cuando adolescente escribí en mi Diario: Nada es mío, yo no soy de nadie, nadie me pertenece. Alguien, en cambio, me apresó una noche, que jamás quisiera recordar, me arrancó de mi misma, queriendo hacerme suya…

Era ya de día cuando desperté y mi primer pensamiento fue el de la agonía de Cristo en el Huerto. Dentro de mí se desencadenó una lucha terrible. Me preguntaba por qué Dios permitió que yo fuese desgarrada, destruida precisamente en lo que era la razón de mi vida; pero, también me preguntaba a qué nueva vocación Él quería llamarme.

Me levanté con esfuerzo y mientras ayudada por Josefina me enderezaba, me llegó el sonido de la campana del convento de las Agustinas, cercano al nuestro, que llamaba a la oración de las nueve de la mañana.

Hice la señal de la cruz y recité mentalmente el himno litúrgico: En esta hora sobre el Gólgota, / Cristo, verdadero Cordero Pascual, paga el rescate de nuestra salvación.

¿Qué es, Madre, mi sufrimiento y la ofensa recibida, comparados con el sufrimiento y la ofensa de Aquél por quien había jurado mil veces dar la vida? Dije despacio, muy despacio: Que se cumpla tu voluntad, sobre todo ahora que no tengo dónde aferrarme y que mi única certeza es saber que Tú, Señor, estás conmigo.

Madre, le escribo no para buscar consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas ofendidas en su honor y obligadas a una maternidad indeseada. Mi humillación se añade a la de ellas, y porque no tengo otra cosa que ofrecer en expiación por los pecados cometidos por los anónimos violadores y para reconciliación de las dos etnias enemigas, acepto la deshonra sufrida y la entrego a la misericordia de Dios.

No se sorprenda, Madre, si le pido que comparta conmigo un “gracias” que podría parecer absurdo. En estos meses he llorado un mar de lágrimas por mis dos hermanos asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades, y pensaba que no podría sufrir más… ¡qué tan lejos estaba de imaginar lo que me habría de suceder!

A diario llamaban a la puerta de nuestro convento centenares de criaturas hambrientas, tiritando de frío, con la desesperación en los ojos. Hace unas semanas un muchacho de dieciocho años me dijo: Dichosas ustedes que han elegido un lugar donde la maldad no puede entrar. El chico tenía en la mano el rosario de las alabanzas del Profeta. Y añadió en voz baja: Ustedes no sabrán nunca lo que es la deshonra.

Pensé largamente sobre ello y me convencí de que había una parte secreta del dolor de mi gente que se me escapaba y casi me avergoncé de haber sido excluida. Ahora soy una de ellas, una de las tantas mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo desbastado y el alma saqueada. El señor me admitió a su misterio de vergüenza. Es más, a mí, religiosa, me concedió el privilegio de conocer hasta el fondo la fuerza diabólica del mal.

Sé que de hoy en adelante, las palabras de ánimo y de consuelo que podré arrancar de mi pobre corazón, ciertamente serán creíbles, porque mi historia es su historia, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir sino de ejemplo, por lo menos de referencia de sus reacciones morales y afectivas.

Basta un signo, una vocecita, una señal fraterna para poner en movimiento la esperanza de tantas criaturas desconocidas.

Dios me ha elegido -que Él me perdone esta presunción- para guiar a las más humilladas de mi pueblo hacia un alba de redención y de libertad. Ya no podrán dudar de la sinceridad de mis palabras, porque vengo, como ellas, de la frontera del envilecimiento y la profanación.

Recuerdo que cuando frecuentaba en Roma la Universidad «Auxilium» para la Licenciatura en Letras, una anciana eslava, profesora de literatura, me recitaba estos versos del poeta Alexej Mislovic: Tú no debes morir porque has elegido estar/ de la parte del día. La noche en que por horas y horas fui destrozada por los serbios me repetía estos versos, que los sentía como un bálsamo para el alma, enloquecida ya casi por la desesperación.

Ahora ya todo pasó y al volver hacia atrás tengo la impresión de haber sufrido una terrible pesadilla. Todo ha pasado, Madre, pero, todo empieza. En su llamada telefónica, después de sus palabras de aliento, que le agradeceré toda la vida, usted me hizo una pregunta concreta: ¿Qué harás de la vida que te han impuesto en tu seno? Sentí que su voz temblaba al hacerme esa pregunta, pregunta a la que no creí oportuno responder de inmediato; no porque no hubiese reflexionado sobre el cambio a seguir, sino para no turbar sus eventuales proyectos respecto de mí. Yo ya decidí. Seré madre. El niño será mío y de nadie más. Sé que podría confiarlo a otras personas, pero él – aunque yo no lo quería ni lo esperaba- tiene el derecho a mi amor de madre. No se puede arrancar una planta con sus raíces. El grano de trigo caído en el surco tiene necesidad de crecer allí, donde el misterioso, aunque inicuo sembrador lo echó para crecer.

Realizaré mi vocación religiosa de otra manera. Nada pediré a mi congregación que me ha dado ya todo. Estoy muy agradecida por la fraterna solidaridad de las hermanas, que en este tiempo me han llenado de delicadezas y atenciones, y particularmente por no haberme importunado con preguntas indiscretas.

Me iré con mi hijo, no sé adonde; pero Dios, que rompió de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino a recorrer para hacer su voluntad.

Volveré pobre, retomaré el viejo delantal y los zuecos que usan las mujeres los días de trabajo y me iré con mi madre a recoger en nuestros bosques la resina de la corteza de los árboles…

Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye desde siempre nuestros países. Por eso, al hijo que vendrá le enseñaré sólo el amor. Este, mi hijo nacido de la violencia, testimoniará junto a mí la única grandeza que honra al ser humano: el perdón.

Afectuosísimamente, Lucy Vertrusc”.

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El Papa explica la parábola del hijo pródigo

Posted by El pescador en 26 marzo 2007

El 18 de marzo el Papa celebró la Eucaristía en la capilla del Centro penitenciario para menores de Casal del Marmo, y en la homilía explicó bellísimamente la parábola del hijo pródigo que proponía la liturgia del IV Domingo de Cuaresma. Copio una parte de la homilía:

En este evangelio aparecen tres personas: el padre y sus dos hijos. Pero detrás de las personas hay dos proyectos de vida bastante diversos. Ambos hijos viven en paz, son agricultores muy ricos; por tanto, tienen con qué vivir, venden bien sus productos, su vida parece buena.

Y, sin embargo, el hijo más joven siente poco a poco que esta vida es aburrida, que no le satisface. Piensa que no puede vivir así toda la vida: levantarse cada día, no sé, quizá a las 6; después, según las tradiciones de Israel, una oración, una lectura de la sagrada Biblia; luego, el trabajo y, al final, otra vez una oración. Así, día tras día; él piensa: no, la vida es algo más, debo encontrar otra vida, en la que sea realmente libre, en la que pueda hacer todo lo que me agrada; una vida libre de esta disciplina y de estas normas de los mandamientos de Dios, de las órdenes de mi padre; quisiera estar solo y que mi vida sea totalmente mía, con todos sus placeres. En cambio, ahora es solamente trabajo.

Así, decide tomar todo su patrimonio y marcharse. Su padre es muy respetuoso y generoso; respeta la libertad de su hijo: es él quien debe encontrar su proyecto de vida. Y el joven, como dice el evangelio, se va a un país muy lejano. Probablemente lejano desde un punto de vista geográfico, porque quiere un cambio, pero también desde un punto de vista interior, porque quiere una vida totalmente diversa. Ahora su idea es: libertad, hacer lo que me agrade, no reconocer estas normas de un Dios que es lejano, no estar en la cárcel de esta disciplina de la casa, hacer lo que me guste, lo que me agrade, vivir la vida con toda su belleza y su plenitud.

Y en un primer momento —quizá durante algunos meses— todo va bien: cree que es hermoso haber alcanzado finalmente la vida, se siente feliz. Pero después, poco a poco, siente también aquí el aburrimiento, también aquí es siempre lo mismo. Y al final queda un vacío cada vez más inquietante; percibe cada vez con mayor intensidad que esa vida no es aún la vida; más aún, se da cuenta de que, continuando de esa forma, la vida se aleja cada vez más. Todo resulta vacío: también ahora aparece de nuevo la esclavitud de hacer las mismas cosas. Y al final también el dinero se acaba, y el joven se da cuenta de que su nivel de vida está por debajo del de los cerdos.
Entonces comienza a recapacitar y se pregunta si ese era realmente el camino de la vida: una libertad interpretada como hacer lo que me agrada, vivir sólo para mí; o si, en cambio, no sería quizá mejor vivir para los demás, contribuir a la construcción del mundo, al crecimiento de la comunidad humana… Así comienza el nuevo camino, un camino interior. El muchacho reflexiona y considera todos estos aspectos nuevos del problema y comienza a ver que era mucho más libre en su casa, siendo propietario también él, contribuyendo a la construcción de la casa y de la sociedad en comunión con el Creador, conociendo la finalidad de su vida, descubriendo el proyecto que Dios tenía para él.

En este camino interior, en esta maduración de un nuevo proyecto de vida, viviendo también el camino exterior, el hijo más joven se dispone a volver para recomenzar su vida, porque ya ha comprendido que había emprendido el camino equivocado. Se dice a sí mismo: debo volver a empezar con otro concepto, debo recomenzar.

Y llega a la casa del padre, que le dejó su libertad para darle la posibilidad de comprender interiormente lo que significa vivir, y lo que significa no vivir. El padre, con todo su amor, lo abraza, le ofrece una fiesta, y la vida puede comenzar de nuevo partiendo de esta fiesta. El hijo comprende que precisamente el trabajo, la humildad, la disciplina de cada día crea la verdadera fiesta y la verdadera libertad. Así, vuelve a casa interiormente madurado y purificado: ha comprendido lo que significa vivir.

Ciertamente, en el futuro su vida tampoco será fácil, las tentaciones volverán, pero él ya es plenamente consciente de que una vida sin Dios no funciona: falta lo esencial, falta la luz, falta el porqué, falta el gran sentido de ser hombre. Ha comprendido que sólo podemos conocer a Dios por su Palabra. Los cristianos podemos añadir que sabemos quién es Dios gracias a Jesús, en el que se nos ha mostrado realmente el rostro de Dios.

El joven comprende que los mandamientos de Dios no son obstáculos para la libertad y para una vida bella, sino que son las señales que indican el camino que hay que recorrer para encontrar la vida. Comprende que también el trabajo, la disciplina, vivir no para sí mismo sino para los demás, alarga la vida. Y precisamente este esfuerzo de comprometerse en el trabajo da profundidad a la vida, porque al final se experimenta la satisfacción de haber contribuido a hacer crecer este mundo, que llega a ser más libre y más bello.

No quisiera hablar ahora del otro hijo, que permaneció en casa, pero por su reacción de envidia vemos que interiormente también él soñaba que quizá sería mucho mejor disfrutar de todas las libertades. También él en su interior debe “volver a casa” y comprender de nuevo qué significa la vida; comprende que sólo se vive verdaderamente con Dios, con su palabra, en la comunión de su familia, del trabajo; en la comunión de la gran familia de Dios. No quisiera entrar ahora en estos detalles: dejemos que cada uno se aplique a su modo este evangelio. Nuestras situaciones son diversas, y cada uno tiene su mundo. Esto no quita que todos seamos interpelados y que todos podamos entrar, a través de nuestro camino interior, en la profundidad del Evangelio.

Añado sólo algunas breves observaciones. El evangelio nos ayuda a comprender quién es verdaderamente Dios: es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama sin medida. Los errores que cometemos, aunque sean grandes, no menoscaban la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Confesión podemos recomenzar siempre de nuevo con la vida: él nos acoge, nos devuelve la dignidad de hijos suyos. Por tanto, redescubramos este sacramento del perdón, que hace brotar la alegría en un corazón que renace a la vida verdadera.

Además, esta parábola nos ayuda a comprender quién es el hombre: no es una “mónada”, una entidad aislada que vive sólo para sí misma y debe tener la vida sólo para sí misma. Al contrario, vivimos con los demás, hemos sido creados juntamente con los demás, y sólo estando con los demás, entregándonos a los demás, encontramos la vida. El hombre es una criatura en la que Dios ha impreso su imagen, una criatura que es atraída al horizonte de su gracia, pero también es una criatura frágil, expuesta al mal; pero también es capaz de hacer el bien.

Y, por último, el hombre es una persona libre. Debemos comprender lo que es la libertad y lo que es sólo apariencia de libertad. Podríamos decir que la libertad es un trampolín para lanzarse al mar infinito de la bondad divina, pero puede transformarse también en un plano inclinado por el cual deslizarse hacia el abismo del pecado y del mal, perdiendo así también la libertad y nuestra dignidad.

Queridos amigos, estamos en el tiempo de la Cuaresma, de los cuarenta días antes de la Pascua. En este tiempo de Cuaresma la Iglesia nos ayuda a recorrer este camino interior y nos invita a la conversión que, antes que ser un esfuerzo siempre importante para cambiar nuestra conducta, es una oportunidad para decidir levantarnos y recomenzar, es decir, abandonar el pecado y elegir volver a Dios.

Recorramos juntos este camino de liberación interior; este es el imperativo de la Cuaresma. Cada vez que, como hoy, participamos en la Eucaristía, fuente y escuela del amor, nos hacemos capaces de vivir este amor, de anunciarlo y testimoniarlo con nuestra vida. Pero es necesario que decidamos ir a Jesús, como hizo el hijo pródigo, volviendo interior y exteriormente al padre. Al mismo tiempo, debemos abandonar la actitud egoísta del hijo mayor, seguro de sí, que condena fácilmente a los demás, cierra el corazón a la comprensión, a la acogida y al perdón de los hermanos, y olvida que también él necesita el perdón.

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La Encarnación y los Derechos humanos

Posted by El pescador en 25 marzo 2007


Una cosa tan asumida hoy en día como son los Derechos humanos tienen una base cristiana indudable, y arranca del mismo centro que la fe cristiana: la Encarnación del Hijo eterno de Dios que comparte nuestra condición humana para que nosotros seamos Dios y así nos hace absolutos como Él mismo, es la mayor donación que podemos pensar puesto que es la Donación de Sí mismo, como sólo Dios puede hacerlo.

Por eso, gracias a que Jesucristo fue Dios y hombre a la vez nosotros tenemos derechos absolutos puesto que desde entonces empezamos a ser seres infinitos y germinó la semilla de eternidad que Dios había puesto en las primeras personas creadas al hacerlas imagen suya y darles su aliento.

Concluyo la entrada con esta reflexión tomada de aquí:

En efecto, los derechos humanos son una consecuencia de la teología y antropología cristinas. Si Dios no se hizo hombre, no hay derechos absolutos ¿Cómo podría un ser finito tener derechos absolutos? Sin esa encarnación la distancia ente Dios y el hombre sigue siendo infinita, solo queda la sumisión –es decir, el Islam- y el hombre queda reducido a la animalidad, más lo que Dios quiera concederle. La Encarnación eleva al hombre realmente por encima del resto de la naturaleza, además elimina el determinismo, haciendo del hombre libre y creador.

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Cuando en mis manos, Rey eterno

Posted by El pescador en 25 marzo 2007

Hoy es el 7º Aniversario de la ordenación sacerdotal de mi compañero Antonio Robles Gómez y un servidor. Fue el día de la Anunciación del Gran Jubileo del año 2000, cuando celebrábamos precisamente los 2000 años de la Encarnación del Hijo de Dios.

La ceremonia empezó justo a las 12 del mediodía, la hora en que se reza el Ángelus, la hora en que el arcángel San Gabriel visitó a la Virgen María y el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en las entrañas purísimas de María.

Os pido una oración por nosotros y por nuestro ministerio y os dejo estos dos bellos poemas de dos grandes poetas: el primero es de Lope de Vega (que también fue sacerdote) y el otro de Gerardo Diego, que se lo escribió a Federico Sopeña en la fiesta de San Isidro de 1949 y que se titula A un misacantano.

Lope de Vega: Temor en el favor

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que arrepentido de ofenderos tanto
con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos;
no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejéis de las divinas vuestras.

Gerardo Diego: A un misacantano

Cuando en mis manos, Rey eterno, os tengo,
os tengo y os obtengo con mi boca,
con mi boca y mi lengua que se apoca
de su ungido y novísimo abolengo;
cuando, trémulo, os alzo y os sostengo
-astro de paz manando agua de roca
sobre el ara del cielo-, ya no toca
mi barro, el barro adán de donde vengo.

Y por mis manos que atan y desatan,
por mis brazos, mi pecho, se dilatan,
revierten ondas y ondas remansando
cuando -Amor- os concreto y os obligo,
elevado en la música del trigo,
redonda alondra sin cesar cantando.

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Carta de un agnóstico a su hijo sobre la clase de Religión

Posted by El pescador en 24 marzo 2007

El diario comunista francés (véase la hoz y el martillo en esta portada de 1981) L’humanité publicó en 1919 esta carta de un padre agnóstico (aquel que declara que no se puede conocer si realmente Dios existe o no) que respondía así a la petición de su hijo para no tener que estudiar la asignatura de Religión en la escuela; el texto habla por sí solo y entonces como hoy, casi un siglo después los motivos para no cursar esta asignatura y las razones que da el padre siguen siendo las mismas y siguen siendo válidas.

Nótese que este padre cita a los grandes pensadores y científicos para apoyar sus razones en favor de la necesidad de conocer la Religión para así decidir libremente después cuando sea mayor:

«Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau-.

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple “savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación».

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No sabe qué es amor quien no te ama

Posted by El pescador en 23 marzo 2007

Un bellísimo soneto de Lope de Vega, para que en esta cuaresma apreciemos la belleza divina y no nos distraigan las fugaces bellezas de este mundo, que siempre han de remitirnos a la eternidad.

El mismo Lope tuvo esta experiencia de dejarse cegar por la belleza terrena, pues fue un mujeriego pero también un hombre muy religioso.

Este soneto me recuerda la historia de San Francisco de Borja que, como caballerizo de la Emperatriz, acompañó hasta Granada el cadáver de Isabel de Avís, esposa del emperador Carlos V y famosa en su época por su extraordinaria belleza. Al llegar a su destino, abrió el ataúd para reconocer el cuerpo y al ver la putrefacción dijo asombrado: No puedo jurar que ésta sea la Emperatriz, pero sí juro que fue su cadáver el que aquí se puso y tomó su famosa resolución ¡No servir nunca más a un señor que pudiese morir! .

Rimas sacras – Soneto XLVI

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.

Tu boca como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

 

¡Ay, Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que una hora amando
venza los años que pasé fingiendo.

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Alexámeno adora a su dios

Posted by El pescador en 18 marzo 2007

Esta imagen es un grafito burlesco de finales del siglo II d.C. encontrado en una escuela de pajes anexa al palacio de Nerón. Representa a un cristiano llamado Alexámeno adorando a un crucificado con cabeza de burro: Los paganos se escandalizaban de que los cristianos adoraran a a un crucificado, pues la cruz era la muerte más vil, reservada sólo para esclavos y para los mayores criminales.

 

Debajo de la imagen está escrito “Alexámeno adora a su Dios” y cerca alguien escribió -quizá el mismo Alexámeno del que se querían burlar- “Alexámeno fiel”.

Alexámeno debió de ser un alumno cristiano de esta escuela y sufría las burlas de sus compañeros paganos.

Los cristianos eran vistos como gente extraña, que odiaban al género humano en palabras de Tácito, ya que tenían costumbres distintas: no abandonaban a los niños que no querían, adoraban a un crucificado, comían la carne de ese crucificado…, en definitiva gente supersticiosa y extraña, diferente al resto de la sociedad.

Pongo a continuación las acusaciones que se hacían a los cristianos en la época del grafito (siglo II): El orador y retórico Marco Cornelio Fronto (100-170 d.C.) fue el profesor del emperador Marco Aurelio y después su corresponsal; criticó a los cristianos en un discurso que no se ha conservado, pero han quedado fragmentos en el Octavio de Minucio Félix, un diálogo entre el pagano Cecilio y el cristiano Octavio escrito en el año 197 y que buscaba refutar acusaciones como las que recoge Eusebio de Cesarea de banquetes de Tiestes [comerse a los propios hijos] e incesto, y cosas de las que no deberíamos hablar ni pensar, o incluso creer que tales cosas pudieran suceder entre seres humanos (Historia eclesiástica V.1.14); decía Fronto que los cristianos son iniciados con la carne y la sangre de un niño, y en la oscuridad y sin ningún pudor todos ellos se mezclan con todos [una orgía a oscuras] (IX). Además existía la acusación de que en nuestras reuniones se da el incesto (XXXI). San Justino, que fue martirizado en esta época (165), también menciona esos hechos fabulosos y vergonzosos –el apagar la lámpara y tener relaciones sexuales promiscuas y el comer carne humana- (Primera Apología, I.26), calumnias que provocaban miedo y hostilidad, además de castigos brutales.

Fronto también afirmaba que la religión de los cristianos es estúpida, puesto que adoran a un crucificado e incluso el mismo instrumento de su castigo [la cruz]. Se dice que adoran la cabeza de un burro e incluso la naturaleza del padre de ellos (Octavio, IX).

El grafito representa en una caricatura burlesca las calumnias y acusaciones infundadas de que eran objeto los primeros cristianos: como decía San Justino por culpa de esas calumnias la gente tenía miedo y los perseguía, además de burlarse de ellos en dibujos. Con la aberración de las fotos de Extremadura se han repetido unos cuantos siglos después los episodios del siglo II: las calumnias y el desconocimiento (pero ahora injustificables) han llevado a la ofensa más vil y aberrante que pudiéramos imaginar, peor que la de dibujar a Cristo con cabeza de burro.

Para comprender mejor el impacto de la fe cristiana y la novedad que supuso en el Imperio romano podéis leer “El testamento del pescador”, de César Vidal (Martínez Roca).

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