El testamento del pescador

Archive for the ‘Biblia’ Category

Feliz día de San Ambrosio de Milán

Posted by El pescador en 7 diciembre 2013

(original en italiano; traducción mía)

Os presento un simpático San Ambrosio (mientras escribe inspirado por San Pablo) sacado del códice “Obras de San Ambrosio” (segundo cuarto del siglo XVI), Bibliothèque Mazarine, París.

Anuncios

Posted in Biblia, Padres de la Iglesia / Escritores eclesiásticos | Leave a Comment »

Dos parábolas de Jesús sobre cómo usar el dinero: seamos administradores corruptos, no ricos derrochadores

Posted by El pescador en 28 septiembre 2013

En los domingos XXV y XXVI del Ciclo C del Tiempo Ordinario, las lecturas del Evangelio nos traen dos parábolas de Jesucristo sobre el dinero: el administrador corrupto y el rico epulón y el pobre Lázaro.

 

La primera de las parábolas no alaba la corrupción del administrador, sino lo que hace: en lugar de robar al jefe para sí mismo, lo engaña beneficiando a los demás, y así nos muestra cuál debe ser nuestra actitud en el manejo y posesión del dinero y de los bienes: nosotros, en este mundo, necesitamos el dinero y las posesiones, el Señor nos da la oportunidad de ganarlos con nuestro trabajo, y así se lo agradecemos en la Misa del Domingo con las ofrendas del pan y del vino y de la colecta, pero precisamente el protagonista de la parábola es el administrador, que maneja el dinero no para él directamente, guardando el dinero del jefe para sí mismo, sino que beneficia a los más débiles, así nosotros somos en este mundo administradores de los bienes y del dinero, que sólo pertenecen a Dios, creador y dueño de todo, y que a nosotros nos concede ser sus administradores en su nombre.

 

Vemos cómo se aplica esta parábola con la siguiente del rico epulón y el pobre Lázaro. Hay que destacar que el rico no tiene nombre, epulón es un adjetivo que significa “hombre que come y se regala mucho“, así que no tiene importancia para Dios por su comportamiento y actitud hacia el pobre, que sí tiene nombre. Pues bien, ese rico tenía suficiente para vivir muy bien, pero en lugar de preocuparse por el pobre que tenía a su puerta, derrochaba su dinero en ser un epulón. Aquí vemos cómo este rico no era administrador de su riqueza, no se daba cuenta de que lo que tenía era un don de Dios y que también era para ayudar a quien lo necesitaba, sino que como se consideraba el dueño de su dinero, podía derrocharlo y hacer lo que quisiera, para eso era su dinero. Con esta parábola se ve claramente a qué se refería Jesús cuando decía: “Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”.

 

Esas son las dos actitudes ante el dinero y los bienes en este mundo, ser administradores de lo que se nos ha confiado, sabiendo que se nos pedirá cuentas de cómo hemos usado el dinero que nos ha prestado su dueño (Dios), o bien ser ricos que hacen con su dinero y con sus bienes lo que les parece porque nadie les pedirá cuentas, ya que el rico es el dueño de sus hacienda.

Posted in Biblia | 1 Comment »

El Santo Sepulcro, un viaje 3D atrás en el tiempo

Posted by El pescador en 6 septiembre 2012

Posted in Biblia, Cristo, Pascua | Leave a Comment »

Las tentaciones de Jesucristo en San Agustín de Hipona

Posted by El pescador en 1 marzo 2012

San Agustín de Hipona, Enarración sobre el Salmo 60, nº 3

Reconócete a ti en Cristo tentado y que vences en Cristo

Pero ¿por qué clamé esto? Mientras tengo angustiado mi corazón. Muestra que Él está por todos los pueblos en todo el orbe de la tierra en gran gloria, pero en gran tentación. Pues nuestra vida en esta peregrinación no puede existir sin tentación: porque se hizo provecho nuestro por medio de nuestra tentación, y cada uno no se da a conocer a sí a no ser que haya sido tentado, ni puede ser coronado a no ser que haya vencido, ni puede vencer a no ser que haya combatido, ni puede combatir a no ser que haya dominado al enemigo y las tentaciones. Por tanto se angustia éste clamando desde los confines de la tierra, pero sin embargo no es abandonado. Porque quiso ser figura de nosotros mismos, ya que es su cuerpo, y en aquel cuerpo suyo, en el cual ya murió y resucitó y subió al cielo, de manera que a donde precedió la cabeza, allí los miembros confíen que la seguirán. Luego nos transfiguró en sí, cuando quiso ser tentado por Satanás (cf. Mt 4,1). Hace un instante se leía en el Evangelio que el Señor Jesucristo era tentado por el diablo en el desierto. En una palabra Cristo era tentado por el diablo. En Cristo en efecto tú eras tentado, porque Cristo de ti para sí tomaba la carne, de sí para ti la salvación; de ti para sí la muerte, de sí para ti la vida, de ti para sí las afrentas, de sí para ti los honores; por tanto de ti para sí la tentación, de sí para ti la victoria. Si en aquel nosotros fuimos tentados, en aquel nosotros superamos al diablo. ¿Atiendes a que Cristo fue tentado, y no atiendes a que venció? Conoce que tú en aquel fuiste tentado, y conoce que tú en aquel vences. Había podido apartar al diablo de sí: pero si no es tentado, no te ofrecería la enseñanza de vencer en la tentación. Así pues no es de admirar si puesto entre las tentaciones éste clama desde los confines de la tierra. Pero ¿por qué no es vencido? En la piedra me exaltaste. Por tanto ya conocemos quién clama desde los confines de la tierra. Contemplemos de nuevo el Evangelio: Sobre esta piedra edificaré mi iglesia (Mt 16,18). Por tanto aquella clama desde los confines de la tierra que quiere ser edificada sobre la piedra. Pero para que la Iglesia sea edificada sobre piedra, ¿quién se hizo piedra? Oye a Pablo que dice: En efecto la piedra era Cristo (1 Co 10,4). Por tanto en Él fuimos edificados. A causa de esto aquella piedra en la cual fuimos edificados, primero fue azotada por vientos, fuego, lluvia (cf. Mt 7,24-25), cuando Cristo era tentado por el diablo. He aquí en qué firmeza quiso asegurarte. Con razón no es ociosa nuestra voz, sino que es escuchada favorablemente: en efecto fuimos puestos en una gran esperanza. En la piedra me exaltaste.


Posted in Biblia, Cristo, Cuaresma, Iglesia, Padres de la Iglesia / Escritores eclesiásticos | Leave a Comment »

La tumba del apóstol San Pablo

Posted by El pescador en 10 febrero 2012

 

Posted in Biblia | Leave a Comment »

La Epifanía según El Bosco

Posted by El pescador en 6 enero 2012

En este día de la Epifanía o de la Adoración de los Magos traigo este comentario que ha hecho Terzio en su bitácora “Ex Orbe“, en la entrada titulada “Un tríptico de Epifanía“.
La obra comentada es el tríptico de la Adoración de los Magos, que se conserva en el Museo del Prado (Madrid, España). Para ver todos los detalles ha enlazado a esta imagen del tríptico en alta resolución.
Copio a continuación el comentario que hace en dicha entrada:

“La escena representada es una Epifanía, la Adoración de los Magos: La Estrella, el portal-casa de Belén, la Virgen con el Niño en su regazo, los Tres Magos adorantes ofrendando oro, incienso y mirra. Todo lo demás, el resto de la composición, es original creativo del maestro Jerónimo, tan rico en imaginerías.

 

 Las pinturas del Bosco son inagotables en figuras, anécdotas, detalles, paisajes, historietas, sugestiones, fábulas, mil y una circunstancias en torno a la escena central-mayor: El Misterio de Cristo y el mundo con sus pecados, locuras, bellezas y gracias, todo entorno.

 Comento brevemente:

  – Melchor (en primer plano, el mago calvo con capa roja) tiene a su lado la ofrenda de oro, ese objeto en el suelo, a la dchª del Mago (entre el palo del sombrajo y el manto azuloscuro de la Virgen) es una estatuilla dorada que representa el sacrificio de Isaac: Isaac lleva la leña para el holocausto, Abrahám levanta la espada para degollar al hijo de la promesa y el Ángel sujeta su brazo; detrás del altar está el carnero sustitutorio. Subiendo al plano referencial, la Virgen sostiene en su gremio al Cordero Inocente, sin defecto (desnudo, expuesto, en la debilidad de la carne asumida).

 – El Mago Gaspar (en segundo plano, con capa azul) lleva bordada en la esclavina otra escena del A. Testamento: La Reina de Saba ante Salomón ofrenda dones al Rey Sabio. Se trata de un trasunto del propio Misterio de los Magos, que presentan dones ante la Sabiduría Increada, el Verbo Encarnado, postrados ante la Virgen Madre, la Sedes Sapientiae, que sostiene al Hijo con paño-lienzo-sudario-corporal (alusión a la Pasión y la Eucaristía); la orla de la esclavina de Gaspar también representa una escena de sacrificio (parace como un cordero en las brasas (¿alusión al sacrificio-cena pascual???).

 – El tercer mago, Baltasar, el negro, lleva en el cuello y las mangas bordados de cardina (hierba amarga), y el pomo de mirra también representa una escena de ofrenda, que no distingo bien, pero debe ser también alguna referencia veterotestamentaria (¿o es José de Arimatea pidiendo a Pilato el Cuerpo del Señor???).

  – Los que se asoman al portal por la puerta entreabierta, ventanucos, rendijas y vanos, son los príncipes de la gentilidad y el paganismo, que se acercan al Misterio, convocados por la Gracia de Dios, que se ha manifestado; los Magos son los primeros, después vendrán otros. También están los pecadores.

  – La escena de San José, separado del grupo, como sorprendido por el ojo del pintor, tomando sopa bajo la cobacha del rincón, es característica del anecdotario iconográfico navideño de la época, siendo frecuente que San José aparezca como un personaje secundario, presente pero en cierta desconexión respecto a la escena central.

  – Los paisajes son fantásticos, con perspectivas de vertigo y edificios inventados: Se acercan a Belén las huestes criminales de Herodes; en un bosquecillo (panel dchº) se esconde la Sgdª Familia que huye a Egipto.

  – Las escenas menores son caprichosas, muy típicas del Bosco; en la hoja de la dchª unos lobos atacan a un pastor y una campesina; un jabalina corre con sus jabatos; en el panel de la izqdª unos campesinos danzan.

  – En una y otra puertezuela, en primer plano preferente, los donantes son presentados en la escena por sus Santos Patronos: San Pedro al caballero y Santa Inés (hay un cordero cerca de ella) a la dama; detrás de cada uno, los blasones respectivos.

  Y, como dije, mil detallitos más […]”.

Posted in Adviento/Navidad, Arte, Biblia, Cristo | 1 Comment »

Errores de la Biblia de los Testigos de Jehová (Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras)

Posted by El pescador en 1 enero 2012

Posted in Apologética, Biblia | 3 Comments »

La Virgen María, arca de la Nueva Alianza: las ferias privilegiadas de Adviento

Posted by El pescador en 25 diciembre 2011

Se llaman ferias privilegiadas de Adviento a las Misas de la última semana de dicho tiempo litúrgico, que este año 2011 ha coincidido casi perfectamente, pues el IV Domingo fue el día 18, día de Nuestra Señora de la Esperanza o de la Expectación, y las lecturas de este domingo último de Adviento fueron sobre la Virgen María como Arca de la Nueva Alianza por su maternidad divina.

El Evangelio de dicho domingo era el de la Encarnación y la primera lectura narraba la intención del rey David de construir un templo en Jerusalén para depositar el Arca de la Alianza, que desde el pacto en el Sinaí había acompañado al pueblo de Israel. Dicha arca de la Antigua Alianza (Éxodo 25,10-22; 37,1-9) era la presencia de Dios en medio del pueblo (“Encima del arca estaban los seres alados que significaban la presencia de Dios y que cubrían con sus alas la tapa del arca: Hebreos 9,5) y lo había acompañado especialmente en los momentos decisivos (Josué 3,14-17; 6,1-10; 1 Samuel 4-6) y fue depositada por Salomón en la dedicación del templo de Jerusalén; en dicha ocasión la gloria de Dios llenó el templo (1 Reyes 8,1-11; 2 Crónicas 5,2-14).

La distribución del espacio donde estaba el arca en el templo es descrito por el autor de la carta a los Hebreos (9,2-10), donde además explica que el arca estaba en el Lugar Santísimo (el sancta sanctorum: 9,3-4) no podía entrar más que el sumo sacerdote una vez al año (Hebreos 9,6-7). Esto indica que en esta primera alianza Dios era inaccesible en el sentido de que no era visible, no era accesible, aunque no era lejano ni distante porque intervenía desde la creación para salvar a su pueblo y comunicarse y revelarse al mundo. Pero contrasta cómo en la colocación del arca en el templo en tiempos de Salomón, la gloria del Señor en forma de nube inundó el templo y nadie podía ver nada.

En cambio, con la Encarnación del Hijo de Dios narrada por San Lucas, Dios se hace visible y más cercano aún, como decía anoche en su homilía Benedicto XVI “en el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo”. Y esto es posible gracias a que Dios quiso nacer de la Virgen María, quiso tomar carne para hacerse visible, para mostrar que su gloria consiste en que podamos verlo, no en un palacio entre gente poderosa, sino en un pesebre entre gente normal y sencilla.

Por eso la Virgen María es la protagonista del final del Adviento, y ha aparecido en las lecturas de la Misa de las ferias privilegiadas desde el pasado IV Domingo, porque ella es el Arca de la Nueva Alianza, gracias a ella Dios se ha hecho visible y palpable, Dios ha venido a vivir en medio de nosotros de manera definitiva y para siempre y no deja abandonado a su pueblo, como hizo durante el recorrido de Israel hasta la tierra prometida Dios habita en medio de su pueblo en la Eucaristía, prolongación de su Encarnación en la Virgen María.

Posted in Adviento/Navidad, Benedicto XVI, Biblia, Cristo, Eucaristía, Virgen María | Leave a Comment »

Dios se revela en la debilidad

Posted by El pescador en 4 noviembre 2011


A Marcos Valsera Cobos, en sus primeras horas en este mundo, sombra de los bienes futuros (cf. Hebreos  10,1)

Por nuestra condición humana buscamos la seguridad, una seguridad tangible, visible, que sea una certeza, para que estemos más tranquilos. Esto constrasta con la forma que tiene Dios de revelarse a nosotros, de darse a conocer, no desde el poder o la fuerza sino desde la debilidad.

Tenemos el ejemplo tan conocido de David contra Goliat, un niño contra un gigante. Ya al ungirlo, el profeta Samuel no había reparado en él por ser el más pequeño de los hermanos, y pensó que el elegido por Dios para ser el nuevo rey de Israel iba a ser alguno de los hijos mayores de Jesé, que eran más fuertes: “Cuando llegó, vio a Eliab, y pensó: – Seguro, el Señor tiene delante a su ungido. Pero el Señor le dijo: – No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón” (1 Samuel 16,6-7); “luego preguntó a Jesé: – ¿Se acabaron los muchachos? Jesé respondió: – Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas. Samuel dijo: – Manda a por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue. Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: – Anda, úngelo, porque es éste” (1 Samuel 16,11-12). El versículo siguiente, el 13, dice “Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento invadió a David el Espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante”.

Y ese Espíritu del Señor fue el que hizo posible su hazaña de derribar con su honda de pastor al gigante filisteo Goliat, cuya descripción impresiona y que el hagiógrafo o escritor sagrado quizá exagera para destacar la desigualdad del duelo con el joven pastor, recién ungido como rey de Israel: “Del ejército filisteo se adelantó un luchador, llamado Goliat, oriundo de Gat, de casi tres metros de alto. Llevaba un casco de bronce en la cabeza, una cota de malla de bronce que pesaba medio quintal, grebas de bronce en las piernas y una jabalina de bronce a la espalda; el asta de su lanza era como la percha de un tejedor y su punta de hierro pesaba unos seis kilos” (1 Samuel 17,4-7).

Contrasta esta mole filistea con la pequeñez de David y su confianza en la fuerza del Señor para vencer (versículos 36-50):

“Tu servidor ha matado leones y osos; ese filisteo incircunciso será uno más, porque ha desafiado a las huestes del Dios vivo. Y añadió: – El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo. Entonces Saúl le dijo: -Anda con Dios. Luego vistió a David con su uniforme, le puso un casco de bronce en la cabeza, le puso una loriga, y le ciñó su espada sobre el uniforme. David intentó en vano caminar, porque no estaba entrenado, y dijo a Saúl: – Con esto no puedo caminar, porque no estoy entrenado. Entonces se quitó todo de encima, agarró su cayado, escogió cinco cantos del arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo. Éste, precedido de su escudero, iba avanzando acercándose a David; lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó: – ¿Soy yo, acaso, un perro para que vengas a mí con un palo? Luego maldijo a David invocando a sus dioses, y le dijo: – Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo. Pero David le contestó: – Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor Todopoderoso, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los del campamento filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel, y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor, y Él os entregará en nuestro poder. Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección de David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección del filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada”.

Merece la pena leer el relato sagrado, que insiste en la confianza que David tiene en el Señor, no en sus propias armas, para salir victorioso de aquel peligroso duelo tan desigual, porque sabía que Dios es el que da la victoria, y la otorga a través de alguien pequeño y aparentemente insignificante.

Pues bien, esto es algo que se repite a lo largo de la Historia de la salvación y que tiene su culmen en Jesucristo. Los mismos magos de Oriente que iban a adorarlo, primero lo buscaron en el palacio de Herodes; los dirigentes del pueblo no lo aceptaron porque esperaban un Mesías poderoso y triunfal, y no concebían que éste pudiera venir como uno de nosotros.

Pero es que Dios no quiere servirse de la fuerza ni del poder ni manifestarse a través de ellos, porque entonces no deja lugar a nuestra libertad para aceptarlo o rechazarlo (¿quién podría negarse a aceptar a un Mesías nacido en el palacio de Herodes?), y es que aunque nos demuestra su origen divino con sus milagros todavía algunos lo rechazaban (Lucas 11,14-21); ni quiere a los orgullosos y seguros de sí mismos, porque éstos no necesitan a nadie y menos a Dios. Dios se revela en la debilidad para que así podamos amarlo, no temerlo.

Y la mayor debilidad de Dios al revelarse la encontramos en la cruz, que muestra la lógica de Dios, tan distinta del mundo, que por eso lo odió y odia a sus discípulos (Juan 15,18).

Posted in Biblia, Teología | Leave a Comment »

Tipos de la Eucaristía en el Antiguo Testamento

Posted by El pescador en 1 noviembre 2011

 

Este retablo de la Última Cena se encuentra en la Iglesia de San Pedro, Lovaina (Bélgica).
Como se aprecia, está estructurado en torno a la institución de la Eucaristía en la Última Cena del Señor Jesús, y a su alrededor hay cuatro escenas del Antiguo Testamento (A.T.): a la izquierda arriba el encuentro de Abraham con Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo que le ofreció pan y vino; debajo la Cena pascual judía; a la derecha arriba, los israelitas recogen el maná en el desierto, debajo el profeta Elías es despertado por el ángel para que coma y tome fuerzas para el camino [Pinchando en el subrayado azul aparece cada cuadro con más detalle]. A continuación explico con sus correspondientes citas bíblicas cada una de las escenas.
Un tipo es la figura representativa que alude a otra realidad, en este caso las cuatro escenas del A.T. representaban y figuraban la institución de la Eucaristía. Vamos a ver esto y qué enseñan sobre este Sacramento.En primer lugar, hay que distinguir que las dos escenas de la izquierda nos indican que la Eucaristía es el sacrificio de Cristo, y las dos de la izquierda que la Eucaristía es comida y alimento para los cristianos.Veamos con detenimiento cada una de las escenas:

– El encuentro de Abraham y Melquisedec (arriba a la izquierda): 
 

Este episodio está narrado en el libro del Génesis 14,18-20: “Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo: ‘Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos’. Y Abrán le dio el diezmo de todo”.
Esta escena es anuncio de la Eucaristía porque el autor de la carta a los Hebreos (7,3.8) nos enseña que de este personaje no consta familia ni antepasados, ni se sabe nada de su nacimiento ni de su muerte, y además la Escritura supone que vive todavía, por lo que es figura de Cristo, Hijo eterno de Dios.
En esta acción Abraham entregó el diezmo al sacerdote de Dios Melquisedec , aunque éste no pertenecía a la tribu de Leví, tribu a la que después pertenecieron los sacerdotes israelitas (7,5-6).
Así, el sacerdocio de Jesús es superior al de los la tribu de Leví, porque Él no muere  y así intercede para siempre ante Dios (7,25); además como Jesucristo no tiene pecados no necesita ofrecer sacrificios cada día por sus pecados y por los del pueblo, sino que fue suficiente con su único sacrificio en la cruz (7,27).
Por tanto, esta escena nos muestra que en el sacramento de la Eucaristía, Jesucristo es el sacerdote que ofrece el sacrificio.
– La Pascua judía (debajo a la izquierda):
El cuadro representa a una familia israelita comiendo la cena según lo mandado por Moisés (Éxodo 12,8.11): “Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas […] Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor”.
Los israelitas la celebran con un cordero (Éxodo 12,5), Jesucristo en cambia conecta la Última Cena con su Pascua, con su muerte y resurrección puesto que Él será la víctima sacrificada, ya que se cumple lo mandado por Moisés: “Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: ‘No le quebrarán un hueso’ ” (Juan 19,36), “no le romperás ningún hueso” (Éxodo 12,46).
Además de comer el cordero, en aquella primera Pascua los israelitas señalaron con la sangre del mismo sus puertas para  salvarse de la décima plaga que el Señor envió sobre Egipto (la muerte de los primogénitos: Éxodo 12,12-13.22.29-30). Así que igual que la sangre de  los corderos de aquella primera Pascua salvó de la muerte a los hebreos y les dio la libertad, la sangre de los sacrificios que los sacerdotes hebreos ofrecían servía para el perdón de los pecados del pueblo de Israel (Hebreos 9,7) y darles la libertad de los pecados, porque el pecado causa la muerte eterna y esclaviza.
Pero el autor de la carta a los Hebreos señala (10,2-4.11) que si la sangre de los animales sacrificados sirviera realmente para perdonar los pecados ya que tenían que repetirlos continuamente, y en cambio sólo Cristo pudo ofrecer el único sacrifico eficaz para perdonar los pecados (9,26; 10,12) con su sangre.
Por eso el cordero que comieron los israelitas en aquella primera Pascua es imagen de Cristo, que en la cruz se ofrece como víctima del sacrificio ofrecido para el perdón de los pecados, y que renovamos y actualizamos en la celebración de la Eucaristía.

– El maná (Éxodo 16, arriba a la derecha):

En el camino desde Egipto hacia la tierra prometida, los israelitas tenian que atravesar el desierto del Sinaí, y en un ambiente tan hostil el pueblo tuvo que enfrentarse al problema de la comida, y tuvo que ser tanta el hambre que causó la añoranza de la esclavitud en Egipto, porque allí al menos se hartaban de comer.
La solución que les dio el Señor fue el maná, un pan que era el alimento para cada día, los israelitas no podían guardarlo para más tiempo porque se estropeaba, de ahí que en el Padre Nuestro pidamos al Señor que nos dé el pan de cada día, porque el Señor no nos olvida ni nos abandona, y en la peregrinación de esta vida nos da el alimento de la Eucaristía para que podamos llegar a nuestra tierra prometida que es la Jerusalén del cielo.
En el discurso del Pan de vida (Juan 6,25-59), los judíos plantean a Jesús cuál es la señal que Él da para que crean que es el enviado de Dios ya que sus antepasados comieron el maná en el desierto (vv. 30-31). la respuesta de Jesucristo es que los cristianos, que somos los que creemos que Él es el que ha sido enviado por Dios (v. 29), recibimos el verdadero pan que ha bajado del cielo que nos da nuestro Padre Dios, y que es Jesucristo, para que tengamos vida eterna al comerlo y al creer en Él (vv. 35-40).
– Elías huye de Jezabel (abajo a la derecha):
Esta escena representa al profeta Elías cuando huyó de la reina Jezabel hacia el monte Horeb (1 Reyes 19,1-9); este episodio es consecuencia de la matanza de los profetas de Baal tras el desafío en el monte Carmelo (18,20-40).
Dicho desafío sirvió para mostrar al pueblo de Israel que el único Dios vivo y verdadero es Yahveh, porque los profetas del dios fenicio Baal, cuyo culto promovía Jezabel, esposa del rey israelita Ahab, y que suponía un grave peligro para la fe de los israelitas.
La reina Jezabel juró matar al profeta Elías tras lo sucedido en el monte Carmelo, así que no tuvo más remedio que huir. Pero cansado de caminar por el desierto, se acostó bajo una retama deseando morir porque le faltaban las fuerzas, hasta que un ángel lo despertó y le mandó comer una torta y beber agua que había cerca de él, de manera que así tuvo fuerzas para caminar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb o Sínaí.
Este episodio nos muestra que la Eucaristía es alimento para los cristianos, caminantes y peregrinos por este mundo hacia la Jerusalén del cielo; y en esta peregrinación que es la vida terrena tenemos a Jesucristo no sólo como alimento sino también como camino para llegar a nuestra meta.
Finalmente, estas cuatro escenas del Antiguo Testamento se cumplen en el sacramento de la Eucaristía, representada en la Última Cena del centro del retablo.

Posted in Arte, Biblia, Eucaristía | Leave a Comment »

 
A %d blogueros les gusta esto: