El testamento del pescador

Archive for 30 julio 2007

«Yo fui proclamado mártir en vida»

Posted by El pescador en 30 julio 2007

Rescato esta noticia publicada por Alfa y Omega en octubre de 1996, en el mismo número en que se dio la noticia de la muerte de Endo Shusaku, escritor católico de Japón que murió el 29-9-1.996.

«La sangre de los mártires es semilla de cristianos», decía Tertuliano en el siglo III d.C.:

Desde 1984 se consideraba que el padre Luli había muerto
«Yo fui proclamado mártir en vida»

El año 1967 Albania se autodeclaraba el primer Estado realmente ateo del mundo. Antes y después de esa fecha se sucedieron persecuciones, cierres de iglesias y muchos sufrimientos. En este país y en este ambiente tiene lugar la historia de este jesuita, dado por muerto y declarado mártir en vida

 

El Albanian Catholic Bulletin, —una revista de exiliados albaneses— y el periódico italiano Avvenire daban por mártir en 1983 al padre Antonio Luli. La falta de noticias de un país cerrado a cal y canto a toda influencia exterior se unió a su desaparición en las cárceles de la Segurìmi, la KGB albanesa.

Un rosario de sufrimientos ha acompañado a Antonio Luli durante toda su vida. Comenzó en 1947. El duro régimen comunista que se estableció en el pequeño país perseguía todo tipo de oposición, fuera política o religiosa. Detenido por ser sacerdote fue objeto, durante un año, de las torturas más brutales: descargas eléctricas en los oídos, sal en las heridas de pies y manos, a lo que se sumaba el estar recluido con otro preso en una celda donde apenas tenían sitio para moverse. Finalmente fue condenado a trabajos forzados; el hambre, la falta de higiene y la carencia de agua estaban a la orden del día.

Su liberación llegó en 1954. Comenzaba una pausa en su particular calvario. Es nombrado párroco de un pueblecito llamado Skenkòll, donde permanecerá durante once años. En diciembre de 1966 su iglesia es cerrada. Su parroquia fue la primera en ser clausurada en aquel país; al año siguiente Albania era declarada atea y todos los lugares de culto confiscados o cerrados.

El padre Antonio Luli, como los demás sacerdotes albaneses, tuvo que entrar como bracero en una granja estatal. Apenas ganaba para vivir, pero podía celebrar la Misa a escondidas todos los días antes de la dura jornada de trabajo.

En 1979 era detenido por segunda vez. Estaba a punto de cumplir los setenta años. De aquel entonces recuerda: «Tuve la impresión de ser sepultado vivo por la tristeza que me invadió, pero en aquel momento sentí una extraordinaria presencia del Señor». De nuevo, el calvario. Las acusaciones no tenían fundamento,y como instrumento comprometedor de su supuesta traición se encontró un rosario. En la prisión de la Sigurìmi, pasó cuatro años. Allí encontró al obispo de Scutari, monseñor Ernesto Çoba que, como le ocurriría también a él, había sido dado por muerto cuatro años antes. El obispo moriría poco después, destrozado físicamente. Transcurrieron los cuatro años y se celebró un juicio. El padre Antonio fue condenado a ser fusilado por el delito de sabotaje. En el último momento se le conmutó la pena por 25 años de cárcel y fue internado en un campo.

Su liberación tuvo lugar en 1989. Declarado mártir tanto en su país como en el extranjero, sus mismos hermanos fueron a visitarlo para convencerse de que todavía estaba vivo.

Es la verídica historia —una más— de santidad provocada por el extinto comunismo que asoló media Europa. Una época de pesadilla que no se debe olvidar y de la que todos debemos aprender.

 

J. A.

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El matrimonio: una historia de alianza

Posted by El pescador en 16 julio 2007

Lo que la Biblia y la Iglesia nos dicen del matrimonio y de la familia: por Michel Kubler, redactor jefe de Religión de La Croix.

«Al principio, creó Dios…» Matrimonio y familia en el Antiguo Testamento

Creó, dice el Génesis, «al hombre a su imagen: hombre y mujero los creó» (Gn 1, 27). El parecido en cuestión -entre Dios y la humanidad- no es evidentemente el de una identidad sexual, sino el de una vocación para amar: como lo dijo Juan Pablo II en el texto de referencia del magisterio católico para el asunto que nos ocupa, «Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor» (Familiaris consortio, 1981, n. 11).

Eso quiere decir, entre otras cosas, que una lectura cristiana del Génesis ve inmediatamente en la familia una proyección de la Trinidad: Dios es, en sí mismo, una célula de amor (Padre-Hijo-Espíritu), es eso mismo lo que lo define, y es esta definición lo que le ha empujado, como una necesidad interior, al acto creador. Su criatura no tiene pues otra vocación que amar, como ella es amada. El hombre y la mujer existen para amar, para amarse, en la totalidad de lo que les hace ser: cuerpo (de ahí la importancia positiva de la sexualidad, traduciendo en la carne la unidad de aquellos dos seres llamados a amarse) y alma (dimensión espiritual, que no se debe eliminar nunca, so pena de reducir la conyugaliad a la genitalidad). Esta relación de amor está, de entrada, marcada por el pecado («la fruta prohibida»), ¡pero que la Biblia no confunde en ninguna parte con la sexualidad! [N. del T. Esto quiere decir que después de desobedecer a Dios y comer del fruto prohibido se rompe la armonía del matrimonio de Adán y Eva pues él se excusa diciendo que “la mujer que me diste por compañera me dio de comer”].

Y este amor está llamado a desplegarse, según dos modalidades posibles: el matrimonio (en el cual desembocan en seguida los dos relatos de la creación en el Génesis) o la virginidad.

Los rostros de la familia a lo largo del Antiguo Testamento son múltiples y variados, pero siempre presentes en los grandes momentos, cuando se representa alguna cosa importante de la «historia santa», de la aventura de la humanidad en su vocación de llegar a ser pueblo de Dios.

Esto comienza con la aventura de los patriarcas, que se apoya sobre un vínculo familiar roto para ser desmultiplicado («Sal de la casa de tu padre», «Yo te daré una descendencia tan numerosa como las estrella del cielo…» Gn 12), al señalar que la sexualidad es desacralizada, en una época que veía por el contrario en el amor un vínculo de experienco de lo divino (¡el «éros» del que habla Benedicto XVI en Deus caritas est!), percibida como reveladora del orden de lo creado y por tanto buena como tal.

Sobre ese noble fondo, encontramos en la Biblia toda la gama de los más bellos éxitos y de las peores traiciones del ideal conyugal y familiar, desde Adán y Eva al Cantar de los cantares, pasando por los más prosacios (matrimonios acordados, incestos para asegurar el linaje, adulterios…).

Señalaresmos que la formación de la Ley (la Torah), dada por Dios a Moisés y después codificiada por los legisladores (cf. Deuteronomio), apunta siempre a proteger los vínculos conyugales y familaires, sobre el fondo del bien común (leyes del repudio y del divoricio, derecho de primogenitura, etc.), encontrándose lo esencial en tres de los diez mandamientos: «Honrarás a tu padre y a tu madre», «No cometerás adulterio», «No codiciarás a la esposa de tu prójimo» (Deuteronomio 5,16.18.21).

«¡Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre!» Pareja y familia en el Nuevo Testamento

Si pasamos del Antiguo al Nuevo Testamento, caemos inmediatamente, por supuesto, sobre el modelo de la «Sagrada Familia», en el seno de la cual Jésus creció […] Notemos soslamente la importancia concedida por los «evangelios de la infancia» a la genealogía de Jesús: se trata de inscribir al Hijo de Dios en la historia d elos hombres, y esto por el canal de la filiación.

Mucho más esencial es la enseñanza de Jesús. Su mensaje en palabras, pero sobre todo en hechos, se apoya a menudo en las realidades conyugales y familiares.

– Confirma la Torah en cuanto a las reglas matrimoniales («¡Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre!» Mt 19, 6), pero al mismo tiempo toma distnacias en relación a lo que la Ley de Moisés podía tener de puntillosa, o sea de casuística (repudio, adulterio, levirato…)

– Jesús relativiza las instituciones humanas en relación con lo esnecial: la llegada del Reino de Dios, en nombre del cual el hombre debe ser capaz de abandonar todo («padre, madre y hermanos») para tomar su cruz y seguir a Cristo.

– Sobre todo, una vez puestos los principios, Jesús muestra la más grande miserciordia hcia las personas que viven en la infidelidad (la pecadora arrepentida Lc 7,37 ; la samaritana en situación matrimonial anormal Jn 4,18; la mujer adúltera Jn 8,3, y también las parábolas del padre y sus dos hijos, particularemtne la del «hijo pródigo»): Jesús los acoge siempre, no para avalar sus costumbres, sino para invitarlos a la conversión y anunciarles un perdón.

Estos dos enfoques, perdón de parte de Dios y conversión de parte del hombre, quieren subrayar la altura del ideal de amor conyugal y familiar que no ha sido mantenido, pero también la capacidad que tiene cada persona, en todo momento de su existencia, de descubrir sobre él la mirada amorosa de Dios, que no cesa de repetir a cada ser humano cuánto vale a sus ojos, y que le hace confianza para volver sintiéndose digno de ser amado y capaz de amar.

Pareja y familia para la Iglesia (católica)

La Biblia inscribe siempre el amor humano, cuando es puesto por obra positivamente (y no por renuncia), en el cuadro del matrimonio.

Esta afirmación se declina en numerosos niveles:

– la constitución de una pareja (heterosexual, por referirnos a la diferencia origianal y por tanto estructurante), fundada sobre cuatro pilares: libertad, fidelidad, duración (indisolubilidad) y fecundidad;

– la apertura de esa pareja al don de la vida: al tener hijos (siempre el Génesis: «Creced y multiplicaos… »), por los medios que la naturaleza (es decir Dios) les ha dao, para que el proyecto conyugal no se vuelva a cerrar sobre el solo placer y la felicidad de los esposos, sino también comprometiéndose en el mundo («Llenad la tierra y sometedla») ;

– la inscripción del amor conyugal y familiar en la comunión de amor entre Dios y lo shombres, de la cual la Iglesia es el «sacremento», es decir signo y medio privilegiado para realizarla (cf. san Pablo: el hombre debe amar a su mujer como Cristo amó a su Iglesia… Ef 5,25)

De hecho, la visión cristiana de la familia reposa sobre la afirmación de una analogía profunda entre los fundamentos de esta institución y la relación entre Dios y la humanidad: la familiaestá esencial y fundamentalmente un asunto de alianza -no solamente de un hombre y una mujer que se casan y tienen hijos, sino entre Dios y su pueblo, alianza de la cual el matrimonio y la familia son el símbolo- en el sentido más fuerte de este término.

Para resumir los «pilares» de la doctrina familiar actual de la Iglesia católica, mejor aún es volver a tomar Familiaris consortio (1981 – enriquecido con un texto posterior y más cálido del mismo Juan Pablo II: su Carta a las familias, publicada en 1994 para el Año de la familia):

La familia constituye, a los ojos de la Iglesia, «el» lugar privilegiado en el que elhombre puede hacer la experiencia de su vocación fundamental, que es amar y ser amado. «El futuro de la humanidad pasa por la familia», dice Juan Pablo II (FC).

La familia es considerada como una «pequeña Iglesia» (se hablará así de una «Iglesia doméstica»). Su ideal es formar una comunidad de personas que permita hacer experiencia del amor de Dios para todos los hombres. En este sentido, podemos decir, siempre con Juan Pablo II, que «la familia es el camino de la Iglesia». Ciertas Iglesias locales -las de África, particularmente– han retenido precisamente este modelo como un concepto recapitulativo, definiéndose a sí mismas como una «Iglesia-familia» (Sínodo de los obispos para África en 1994, después exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Africa en 1995)

Este amor compartido deber dar fruto: al permitir a cada miembro de la «célula familiar» crecer, abrirse y realizar aquello a lo que está personalmente llamado; después al producir vida alrededor de él, más allá del «círculo» de la familia, tanto en el seno de la comunidad cristiana que se compromete en la sociedad para volverla más humana. Es de notar en la doctrina católica la insitencia en la dignidad de la mujer y sus derechos, lo mismo que para los niños.

Este ideal familiar no es ingenuo sin embargo: la Iglesia («experta en humanidad») sabe bien que la familia es también, por naturaleza, un lugar de conflictos y de fracasos, de soledades y de heridas, de infidelidades de toda clase y de rupturas. La noble realidad del amor conyugal y familiar puede ser descarriado, y hará falta siempre discernir cómo es desplegado realmente (fusión o acogida de una alteridad, egoísmo a dos o pareja abierta a la vida alrededor de él, sometimiento a las pulsiones o bien escucha del otro…) Pero la Iglesia mantiene su confianza hacia esta realidad: no tal como una institución que preservar a cualquier coste, sino porque la familia permite al hombre vivir una dinámica de amor («ad intra» así como «ad extra»).

Desde un punto de vista cristiano, el combate para la familia está al servicio de la sociedad, de la cual constituye una célula básica, una especie de «pequeña sociedad» a escala doméstica. Hacer vivir una familia sobre la ética evangélica, es promover para toda la sociedad relaciones de amor, de solidaridad y de respeto hacia cada uno (comenzando por los más débiles: los más jóvenes, los más ancianos, los discapacitados…), aceptando las diferencias y aprendiendo a perdonar… Sin olvidar nunca la preocupación de defender la vida en todos sus momentos, desde sus concepción hasta sus últimos instantes.

Michel Kubler

(original en francés; traducción mía)

 

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Crimen sollicitationis y la basura de la BBC

Posted by El pescador en 15 julio 2007

En octubre del 2006, la BBC produjo un vídeo en la pluripremiada sección “Panorama” que habla del escándalo de los sacerdotes pedófilos y en particular de los casos de la diócesis de Ferns en Irlanda, del Padre Oliver O’Grady en los EE.UU. y de otros casos de abusos cometidos por sacerdotes. El vídeo fue traducido con subtítulos en italiano en mayo de 2007, al día siguiente del Día de la Familia, manifestación pro-familia organizada por las asociaciones católicas italianas y la traducción, aun conteniendo errores chabacanos, ha hecho descubrir al público de internet la existencia del vídeo, provocando un ardiente debate en la red y un capítulo de “Annozero” presentado en Raidue [TV pública italiana, N. del T.] por Michele Santoro.

El vídeo sostiene la tesis según la cual la Iglesia católica, actuando como una mafia, protege a los curas pedófilos, impidiendo que sean juzgados en virtud de la existencia de un documento secreto llamado “Crimen sollicitationis”, promulgado y mantenido en vigor por Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, que impone la cultura del secreto sobre los abusos sexuales.

Cualquiera que haya visto el vídeo de la BBC con buena voluntad ha pensado disgustado que “no puede ser verdad”. De hecho no es verdad. El vídeo está sustancialmente lleno de falsedad desde el principio hasta el final. […] Esta página tiene el objetivo de proporcionar toda la documentación útil para demostrarlo.

La falsificación se devana en dos movimientos: primero el falso contenido, después la falsa forma. El vídeo está rodado para hacer creer al espectador algunas cosas que no son verdaderas. Por ejemplo se parte haciendo creer que se está en el Tribunal y que las preguntas al sacerdote pedófilo han sido hechas por la fiscalía, pero no es verdad, son por el contrario las filmaciones de una película para la cual O’Grady ha obtenido la libertad; se habla de la entrevista a un sacerdote al que se hace pasar por una suerte de ex-teólogo pontificio, que por el contrario ha declarado haber dicho cosas distintas y que se descubre que es un capellán militar americano que no ha desempeñado ninún cargo ni siquiera marginal en el Vaticano. Y así sucesivamente […] Todo está aderezado, además, con diálogos falaces insertados por Bispensiero [que lo subtituló en italiano y colgó el vídeo en Google Video, N. del T.] que, por ejemplo, hace terminar la pregunta al sacerdote pedófilo “¿Qué ha sucedido después?” con un “Nada”, que no es verdadero propiamente: porque la frase en el vídeo original no corresponde a la verdad, y porque ya se tradujo de manera equivocada el original en inglés, y no sólo en esto sino en mucho otros pasajes, y siempre para peor.

El vídeo tiene la pretensión de ser un documental periodístico, salvo después de descubrir que es toda una bufonada: el periodista confunde el secreto procesal con el secreto hacia la autoridad judicial, no se da cuenta de la existencia del Derecho canónico, el documento Crimen sollicitationis (en latíin) dice cosas opuestas a cuanto sostiene el vídeo, no ha sido promulgado ni confirmado por Ratzinger, no está en vigor desde hace muchos decenios, los sacerdotes pedófilos citados en el vídeo no fueron protegidos jamás por el Vaticano sino eventualemente, para algunos, por las iglesias o por otras autoridades locales cuyos responsables han sido todos castigados o reducidos al estado laical, etcétera.

Mientras sin embargo millares de bitácoras continúan difundiendo el ‘verbo’ por todas partes. No hay sólo mozalbetes, sino también blogeros sanos de mente que han creído de buena fe a la BBC.

La pretensión de este documento nace justamente para evidenciar qué basura es el vídeo, el elenco de los post es largo pero hace falta pasar por los particulares para hacer ver el conjunto.

El conjunto está, desgraciadamente, unido a una mezcla de ignorancia, de anticlericalismo y anticatolicismo inglés. El Papa actual es aquel que, más que todos sus otros predecesores, más está combatiendo la batalla contra la pedofilia, pero también aquel que se opone a visiones que distinguen la cultura religiosa inglesa: el celibato de los sacerdotes, los sacerdotes homosexuales, las mujeres obispos, etcétera. Este choque de visiones opuestas puede producir también ofuscamientos de las maneras correctas, de los cuales el vídeo de la Televisión pública británica es sólo el último ejemplo.

[…]

Luciano Giustini

(original en italiano; traducción mía)

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La curación para pentecostales y católicos

Posted by El pescador en 14 julio 2007

CONSEJO PONTIFICIO
PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

INFORME DE MONS. JUAN USMA GÓMEZ

La curación para pentecostales y católicos

El lema de la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año: “Hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7, 31-37) nos remite a uno de los temas aparentemente más controvertidos en las relaciones entre católicos y pentecostales: la curación. En efecto, juntamente con el hablar en lenguas, la insistencia —llena de expectativas— que se pone en las curaciones milagrosas constituye uno de los “modos pentecostales” que suscitan sorpresa y perplejidad acerca de su legitimidad y su sentido propiamente cristiano.

 

Casi en todas partes del mundo, la promesa de curación se ha convertido en un leitmotiv con el que las comunidades pentecostales y carismáticas atraen a nuevos miembros (este hecho se ha constatado también durante los cuatro seminarios sobre el ecumenismo organizados por el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos en Brasil, Kenia, Senegal y Corea).

 

Aun admitiendo que esa visión es parcial, debemos reconocer que la promesa o anuncio de curaciones realizadas constituye uno de los recursos más “eficaces” para atraer a la gente en nuestros días. Ser curados o ser testigos de una curación realizada en la comunidad de pertenencia resulta cada vez más importante.

 

Si tomamos la sagrada Escritura, vemos inmediatamente que los evangelios recogen muchos relatos de curaciones. Indudablemente, la compasión de Cristo con los enfermos y sus numerosas curaciones de enfermos de todo tipo son un signo claro de que “Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 7, 16) y de que “el reino de Dios está cerca” (Mt 10, 7; Lc 10, 9). Ciertamente, el ministerio de Jesús se realizaba a través de palabras autorizadas y obras poderosas. Las curaciones que llevaba a cabo no eran simples obras taumatúrgicas; sin excepción, estaban vinculadas a la fe del enfermo y se transformaban en experiencias mesiánicas (cf. Mt 8, 6-10; 9, 21-22, 27-30; Mc 2, 4-5; 10, 50-52, Lc 17, 17-22; Jn 9, 1), aunque no siempre las reconocían como obras buenas los que rodeaban a los enfermos (cf. Mc 2, 4-9; Jn 9, 13-40).

 

Sin embargo, en las narraciones del Nuevo Testamento Jesús no es el único que cura. Jesús mismo da a los Apóstoles el poder de curar. Los Apóstoles y otros, en el cumplimiento de su misión y como parte de ella, obran curaciones en nombre de Jesús; nunca como manifestación de su poder personal o para sus fines propios (cf. Hch 8, 13; 9, 36-43; 14, 8-11). Además, san Pablo, en su carta a los Corintios, habla de un carisma especial de curación que el Espíritu Santo da a algunos creyentes para que se manifieste la fuerza de la gracia que proviene del Resucitado (cf. 1 Co 12, 9. 28. 30).

 

Hasta aquí todo parece claro. Pedir la salud del cuerpo y del alma es una práctica conocida desde siempre en la Iglesia. Más aún, repasando las páginas del Catecismo de la Iglesia católica, leemos que: “El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo, quiso que su Iglesia continuase, con la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios miembros” (n. 1421). Los pentecostales comparten plenamente esa afirmación; con todo, conviene notar que en el Catecismo con ella se introduce el capítulo dedicado a “los sacramentos de curación”, es decir, el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación, y el de la Unción de los enfermos.

 

Para un católico pedir la curación es legítimo. En efecto, la Iglesia en varios momentos y con ritos diversos reza plegarias litúrgicas con esta intención. Son bien conocidos los santos taumaturgos y los diversos lugares de oración donde se dan innumerables testimonios de curaciones milagrosas. Por consiguiente, pedir la gracia de la curación no es ajeno a la praxis católica. Sin embargo, esto no debe llevar al cristiano a olvidar que no hay mayor mal que el pecado y que nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero (cf. ib., n. 1488). La recuperación de la salud es importante si ayuda a la salvación espiritual (cf. Mt 9, 5-8). La curación es una gracia, pero la enfermedad no es necesariamente ausencia de ella: la unión del enfermo a la pasión de Cristo es fundamental para su bien y para el bien de la Iglesia (cf. Col 1, 24).

 

Los evangélicos y pentecostales tienen una visión diferente. Se habla a veces de diversas teologías de la curación, que en general vinculan la curación a la expiación de Cristo. Aunque se suele estimular de alguna manera la expectativa de curación y aunque el ministerio de curación se considera un elemento legítimo del evangelismo, con frecuencia algunos líderes pentecostales ponen en guardia a los fieles y protestan contra ciertas prácticas ilegítimas que, ocultándose tras promesas de curación, miran a proyectos personales que están muy lejos del Evangelio. “La mayor amenaza para el movimiento pentecostal carismático en los últimos veinte años de este siglo (el siglo XX) será el éxito y la ruina de los “reinos personales”, pues cuando se desplomen, como sucederá inevitablemente, se desplomará con ellos la fe de aquellos cuya mirada no esté puesta en Jesús” (W. MacDonald, The Cross versus Personal Kingdom, Pneuma 3/2, Fall 1982, en: W. Hollenweger, Pentecostalism: Originis and Developments Worldwide, Peabody 1997, p. 230).
La aparición de curanderos, hombres y mujeres, cuyas actuaciones resultan aún más notorias gracias a los medios de comunicación social y a la realización de grandes reuniones, ha suscitado problemas doctrinales y pastorales muy urgentes para todos los cristianos.

 

Los curanderos modernos, definidos como pertenecientes sobre todo a la tercera ola del pentecostalismo (“third wavers“), se remiten a diversas tradiciones cristianas. Pero algunos de estos “tele-evangelistas” actúan más bien como tele-vendedores de productos religiosos, con un consiguiente beneficio económico, y a menudo en sus promesas de curaciones se percibe el engaño y el intento de explotar la buena fe de las personas necesitadas. En esta lógica es muy elevado el riesgo de una moderna “simonía” (cf. Hch 8, 18-25).

 

Suscitan perplejidad el uso caprichoso del presunto “carisma de curación” y las revelaciones personales que a menudo indican la curación realizada o la dificultad puesta por algunos de los presentes que impide que se produzca la liberación del maligno. Refiriéndose a los pasajes del Nuevo Testamento, los curanderos se definen con frecuencia como exorcistas; por tanto, la curación, más que restablecimiento de la salud, es ante todo liberación del maligno.

 

Aun admitiendo la buena intención de las personas que ponen en ellos su confianza, pueden surgir algunas dudas sobre la gratuidad y la solidez de la fe de esas personas, que más que depender de Jesucristo parece depender de milagros, curaciones y actuaciones de líderes. Así el Evangelio pasa a un segundo plano.

 

También en la Iglesia católica, bajo el influjo del movimiento carismático, las oraciones de curación rezadas en grupo son bastante comunes. La Congregación para la doctrina de la fe publicó, el 14 de septiembre del año 2000, la “Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación”, destinada a los obispos con el fin de orientar a los fieles en esta materia; pretende favorecer lo que hay de bueno y corregir lo que conviene evitar. La instrucción comprende una parte doctrinal sobre las gracias de curación y las oraciones para obtenerla, y presenta al final disposiciones disciplinarias al respecto (cf. L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de diciembre de 2000, pp. 17-19).

 

Sobre la curación en la Iglesia, el diálogo internacional católico-pentecostal, en su segunda fase, expresó algunas reflexiones que siguen siendo válidas, aunque el tema requiere una ulterior profundización común con el fin de evitar juicios injustos. Por lo que concierne a la curación, católicos y pentecostales concuerdan (cf. Diálogo internacional católico-pentecostal, Relación final 1997-1982, nn. 31-40; original en: Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, Information Service 55, 1984, II-III) en: la necesidad de la cruz (la búsqueda de la curación no es una simple búsqueda de bienestar); la curación es un signo del Reino; implica a la persona en su totalidad; la espera confiada de recibir la gracia de una curación no es contraria a la vida cristiana; Cristo es quien cura. Sin embargo, no hay acuerdo ni convergencia en cuanto al aspecto sacramental y, en consecuencia, sobre la importancia del ministro ordenado por lo que atañe a los sacramentos de curación y en particular al sacramento de la Unción de los enfermos.

 

También hoy Cristo hace oír a los sordos y hablar a los mudos. También hoy se concede a algunos creyentes el carisma de la curación. Pero, aun reconociendo la posibilidad de la curación, pues estamos convencidos de que para Dios nada hay imposible, no podemos considerar los milagros de curación como condición necesaria para nuestra fe cristiana: no es necesario ver para creer (cf. Jn 20, 24-29).

 

Por tanto, el discernimiento espiritual es aún más necesario para descubrir cuál es el ministerio auténtico. “A causa de la fragilidad humana, de la presión de grupo y de otros factores, es posible que el creyente sea inducido a error en su conciencia acerca de la intención y la influencia del Espíritu en sus acciones. Por este motivo, es fundamental establecer los criterios para confirmar y convalidar la actuación auténtica del “Espíritu de verdad” (cf. 1 Jn 4, 1-6)” (Diálogo internacional católico-pentecostal, Relación final 1972-1976, n. 40; original en Information Service 55, 1976/III).

 

En nuestros tiempos, los carismas y los dones del Espíritu Santo resultan cada vez más visibles; a veces incluso podríamos decir que excesivamente. Esta situación requiere una orientación a fin de que la gente aprenda a identificar adecuadamente los carismas y de que estos sean realmente ejercitados para el bien de toda la Iglesia (cf. 1 Co 12-14). Proporcionar elementos de discernimiento espiritual debería contribuir a detectar la autenticidad de una experiencia espiritual y su conformidad con la doctrina de la Iglesia, evitando así desviaciones e iluminando las “experiencias espirituales” de los creyentes.

 

Termino esta reflexión haciendo una invitación a leer, estudiar y analizar la relación final de la quinta fase del Diálogo católico-pentecostal, que se publicará próximamente. El texto ofrecerá la posibilidad de recorrer, sobre la base de fuentes bíblicas y patrísticas, el camino de fe, conversión, discipulado, experiencia comunitaria, y percibir la acción del Espíritu Santo (de modo especial con respecto al bautismo en el Espíritu). Los miembros del Diálogo presentan reflexiones comunes sobre cada uno de estos aspectos en la situación actual, tratando de destacar no sólo la belleza de la vida cristiana, sino también su dinamismo desde los orígenes. El documento está articulado en tres puntos: cómo se llega a ser cristiano según la Biblia; qué sucedió durante el período patrístico; y cuáles son los enfoques pastorales actuales de ambas comunidades.

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Infame calumnia vía Internet y Televisión

Posted by El pescador en 13 julio 2007

Editorial de Andrea Galli en “Avvenire” sobre el mentiroso documental de la BBC acusando a Joseph Ratzinger cardenal y Papa de encubrir e ignorar los casos de abusos pedófilos:

Sábado 19 de mayo 2007

Cada uno, evidentemente, se consuela como quiere. O, mejor, como puede. Así asombra sólo en parte que ante la vitalidad católica documentada el pasado sábado en la Plaza de San Juan [Día de la Familia, manifestación pro-familia organizada por las asociaciones católicas italianas, N. del T.], haya quien encuentre desahogo benéfico en rebuscar en el cubo de la basura en busca de alguna raspa de pescado o de algún huevo podrido. Confiando quizá que cualquier medio de información, más o menos clandestino, no se haga demasiado el remilgado, y vuelva a lanzar generosamente el todo, ofreciendo al propio público como segura la comida ampliamente estropeada.

Nos referimos a un documental sobre sacerdotes católicos y abusos sexuales que, emitodo por la BBC en 2006, ha sido subtitulado en italiano por Bispensiero, sitio de amigos sicilianos de Beppe Grillo, y subido a Google Vídeo, donde parece que ha tenido cierto éxito. A propósito de buenas tragaderas. Se trata de un popurrí de afirmaciones y pseudo-testimonios que fueron abiertamente desmentidas en su tiempo por la Conferencia episcopal inglesa, la cual invitó a la augusta BBC a “avergonzarse por el formato periodístico usado en el ataque sin motivo contra Benedicto XVI”.

La pieza fuerte del programa de hecho consistía (y aún consiste) en la acusación dirigida a Joseph Ratzinger de haber sido nada menos que el responsable máximo del encubrimiento de crímenes pedófilos cometidos por sacerdotes en varias partes del globo, en cuanto “garante” durante 20 años -desde que fue nombrado prefecto vaticano- del texto “Crimen sollicitationis”, que es una instrucción emanada en realidad del Santo Oficio el 16 de marzo de 1962. Hay que notar esta fecha: en 1962 de hecho Joseph Ratzinger no era verdadero prefecto de la futura Congregación para la Doctrina de la fe, en aquel tiempo era aún un teólogo muy ocupado en su Alemania.

Hay que decir que el documento venía presentado por la BBC como un ingenio astuto, cavilado por el Vaticano para tapar delitos de pedofilia, cuando por el contrario se trataba de una importante instrucción hecho para «instruir» los casos canónicos y llevar a la reducción al estado laical a los presbíteros inculpados en nefandas pedofilias. En particular, trataba de las violaciones del sacramento de la confesión. Es de notar que la Instrucción volvía a pedir el secreto del procedimiento canónico para permitir a los eventuales testigos seguir adelante, sabiendo que sus deposiciones serían confidenciales y no expuestas a la publicidad. Y en consecuencia la parte acusada no vería deshonrado el propio nombre antes de la sentencia definitiva.

En suma, un conjunto de normas rigurosas, que nada tenían que ver con ocultar potenciales escándalos. Y que el texto “Crimen sollicitationis” no fue pensado para tal fin lo demostraba un párrafo, el décimoquinto, que obligaba a cualquiera que tuviese conocimiento de un uso del confesionario para abusales sexuales a denunciarlo todo, bajo pena de excomunión. Medida que si acaso da idea de la seriedad del documento y de aquellos que lo formularon, si se piensa que en base a la ley italiana el ciudadano particular (tal es también el obispo y quien está investido de autoridad eclesiástica) está sujeto a denunciar sólo los crímenes contra la autoridad del Estado, para cuyos hechos está prevista al pena de cadena perpetua.

Sin contar que Joseph Ratzinger, más tarde convertido sí en prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, habría firmado -pero estamos en mayo de 2001- una Carta a los Obispos y los otros Ordinarios y Jerarcas de la Iglesia católica, publicada también en las Acta Apostolicae Sedis, donde se preve expresamente que “el delito contra el sexto mandamiento del Decálogo, cometido por un clérigo contra un menor de dieciocho años”, sea de competencia directa de la Congregación misma. Señal, para quien tenga un mínimo de buen sentido jurídico, de la voluntad romana no de ocultar, sino de dar más bien el máximo relieve a ciertos delitos, reservando su juicio no a realidades “locales”, potencialmente condicionables, sino a uno de los máximos órganos de la Santa Sede.

Esta, y no otra, ha sido la posición de la Iglesia católica sobre los crímenes de pedofilia en su interior. Este, y no otro, es el limpio testimonio de nuestro Papa que en tiempos no sospechosos se lanzó contra la porquería en la Iglesia.

Los calumniadores deberían inclinar la cabeza y pedir excusas.

Andrea Galli

(original en italiano; traducción mía)

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Bernat Soria: ¿ciencia o demagogia?

Posted by El pescador en 10 julio 2007

El nuevo ministro de Sanidad, Bernat Soria, es un científico que se dedica a hacer sus investigaciones con embriones (o sea, un óvulo fecundado por un espermatozoide que contiene toda la información genética de la persona que se desarrolla a partir de él), experimenta por tanto con seres humanos, y lo peor es que lo hace con el dinero que a la fuerza nos saca el Gobierno con los impuestos.

Y a mí me cabrea que mi dinero sirva para estos experimentos, que Andalucía, la autonomía de España más pobre, con más paro, con más emigrantes junto con Extremadura, gaste el dinero público en investigaciones que no sirven, pues las células de los embriones no curan nada. En lugar de buscar financiación privada para que pague libremente estos experimentos quien crea en ellos, nos obligan a todos a financiarlos contra nuestra conciencia, por eso yo os propongo y os animo a que hagamos objeción de conciencia fiscal, para que nuestros impuestos, el dinero que hemos ganado honradamente no sea usado para fines que van contra nuestra conciencia; aquí hay una carta modelo para la objeción fiscal de la financiación de abortos.

Y para desenmascarar esta falacia traigo este artículo de Josu de la Varga en Forum Libertas:

Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología molecular de la Universidad de Navarra, cuestiona la credibilidad del científico que liderará la investigación embrionaria en el nuevo centro de líneas celulares de Andalucía, y afirma que “las células procedentes de embriones reales han demostrado no servir para curar”


El pasado 24 de octubre, el diario EL PAÍS publicaba una información basada en los argumentos expuestos por el director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández, Bernat Soria, en dos clases de los cursos de formación continua organizados por ese periódico, sobre la llamada clonación terapéutica y las células madre embrionarias. Soria, científico que liderará el proyecto de medicina regenerativa impulsado por la Junta de Andalucía, es también uno de los máximos defensores en España de la investigación con embriones, que acaban destruyéndose, para obtener células estaminales.

La mayoría de las afirmaciones esgrimidas por Soria en el artículo Razones contra un tabú. Bernat Soria expone los argumentos científicos y éticos para aprobar la clonación terapéutica generan serias dudas de fiabilidad, si nos atenemos a los argumentos que exponen los científicos que estudian la viabilidad de las células madre adultas, las únicas que han podido demostrar hasta ahora ser útiles en tratamientos terapéuticos. Cabe recordar que el actual debate dentro de la comunidad científica sobre la utilización de células estaminales embrionarias, en contraste con los estudios que fomentan el uso de las células adultas extraídas del propio paciente, tiene su razón de ser en las inmensas posibilidades que ofrecen de cara al futuro las células madre en los tratamientos terapéuticos de enfermedades degenerativas, como el Alzheimer, el Parkinson, la diabetes e incluso el cáncer.

Para contrastar las explicaciones de Bernat Soria y, al mismo tiempo, clarificar a la opinión pública y muy especialmente a todas aquellas personas afectadas por enfermedades degenerativas un tema tan importante como éste, ForumLibertas.com se ha puesto en contacto con Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología molecular, del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina, en la Universidad de Navarra. Sus comentarios sobre cada una de las afirmaciones y “pésimos y acientíficos” argumentos de Soria (BS), con respecto al tema que nos ocupa, son de gran ayuda para entender hasta qué punto se está manipulando la información cuando se habla de las células madre y de las experimentaciones con embriones. Las explicaciones de la experta catedrática de Bioquímica (NL) han sido elaboradas, según sus propias palabras, en un “tono informal” y lenguaje coloquial, evitando tecnicismos, para que sean entendidas por el gran público.

BS: Los argumentos en contra proceden fundamentalmente de los sectores próximos a la Iglesia católica, que creen que un óvulo fecundado es un ser humano de pleno derecho, y Soria está convencido de que esos argumentos son un completo error.

NL: Que es un ser humano, un individuo de la especie humana, lo dice la ciencia con todo rigor. Si un ser biológicamente humano carece de derecho, lo tendrá que argumentar quien lo niega sin razones.

BS: Soria considera que la clonación terapéutica debería llamarse “transferencia nuclear con fines terapéuticos”, que es la técnica que se usa para clonar, pero también para otros objetivos de gran importancia en la investigación biomédica: El científico citó tres.

El primero y el más conocido es la terapia celular, o sustitución de los tejidos enfermos o dañados por otros cultivados en el laboratorio. El mejor ejemplo son los trasplantes de médula ósea, que sirven para el tratamiento de la leucemia y otras enfermedades muy graves… La clonación terapéutica (o mejor, la transferencia nuclear) resolvería el problema: podía tomarse una célula de la piel del paciente, extraerle el núcleo (que contiene el genoma completo) e introducirlo en un óvulo privado de su propio núcleo. El embrión resultante, que sólo se desarrolla una o dos semanas, sirve como fuente de células madre, y éstas podrán transformarse en médula ósea y trasplantarse al paciente. La compatibilidad es total.

NL: Aquí juega con la terminología y mezcla cosas. Efectivamente la clonación terapéutica debería llamarse “transferencia nuclear a un óvulo con fines terapéuticos”, que es una primera parte de la técnica que se utiliza para clonarsi no se hace la segunda parte, que es reprogramar el núcleo transferido al óvulo, el resultado no es clonar un individuo, pero también pueden hacerse transferencias nucleares a otras células que no tienen que ser necesariamente óvulos para otros objetivos de posible gran importancia en la investigación biomédica.

También hay que hacer matices cuando se refiere a la terapia celular, o sustitución de los tejidos enfermos o dañados por otros cultivados en laboratorio. El mejor ejemplo son los trasplantes de médula ósea de adulto, para tratar la leucemia y otras enfermedades.

Y vamos a esta última afirmación: la clonación terapéutica resolvería el problema: podía tomarse una célula de la piel del paciente, extraerle el núcleo (que contiene el genoma completo) e introducirlo en un óvulo privado de su propio núcleo. El embrión resultante, que sólo se desarrolla una o dos semanas, sirve como fuente de células madre, y éstas pueden transformarse en médula ósea y transplantarse al paciente. La compatibilidad es total.

Esto es un cuento chino. Las células procedentes de embriones reales han demostrado no servir para curar. No son controlables ni para investigar, porque no son estables. Las procedentes de un embrión clónico no tendrían rechazo inmunológico, ya que la información genética es del mismo paciente, pero no sirven para curarle. Es tan cuento chino que, por ahora, no se sabe clonar. Sólo se realiza la primera parte de transferir un núcleo a un óvulo, pero no reprogramarla para que se desarrolle como lo hace un individuo en etapa embrionaria.

Supongamos que logran un embrión clónico (los coreanos lograron un puñado de células, no un verdadero embrión humano clónico); ¿cómo piensa que nos vamos a creer que tiene la más mínima posibilidad terapéutica? A cada paciente se le hace un clon (de momento hay que poner en el tapete unos 100 óvulos de donantes fértiles y jóvenes). De ese embrión clon que se destruye se toman las células de la masa celular interna (pon sobre el tapete 20 o más embriones clónicos). Después de que las células se diferencien, se controle su crecimiento, etc. Y… ¿transferirlas al paciente? No se lo cree nadie, y menos él.

BS: El segundo argumento es que la transferencia nuclear es una herramienta de enorme valor para el estudio del cáncer. Muchos cánceres no se deben a que los genes hayan mutado, sino a que se han inactivado por factores externos al ADN. Una de las técnicas más poderosas para estudiar este fenómeno es tomar el núcleo de una célula cancerosa e introducirlo en un óvulo. Nuevamente no se trata de clonar a nadie, sino de obtener información crucial sobre las causas de los cánceres.

NL: Mentira. Esto no es importante ni necesario. Y dudo que sirviera para averiguar algo sobre el cáncer. En todo caso, no es racional un método de investigación que exija partir de óvulos humanos: ¡protesta de las mujeres convertidas en conejillos de indias!

BS: El tercer argumento es que la transferencia nuclear, y la posterior obtención de células madre, sería una valiosa herramienta para estudiar aspectos muy básicos de la biología humana. Muchos experimentos que no se pueden hacer en una persona podrían hacerse en las células madre, incluida buena parte de los ensayos de nuevos medicamentos, y de los efectos que un fármaco tiene sobre personas de distinta composición genética.

NL: Concedamos que sirva para algo. Pero, dos cosas: Una, que se pueden hacer con muchas otras células esos estudios. Dos, que hay modos de obtener células madre del tipo embrionario por transferencia nuclear sin crear un embrión.

BS: Soria refutó todas las objeciones católicas a la transferencia nuclear . Un embrión de 2 semanas es una pelota de células sin el más mínimo vestigio de un sistema nervioso, no digamos de un cerebro.

NL: La definición de individuo de una especie no viene de que “ya” tenga el cerebro sino de que posee el patrimonio genético propio de la especie, y ese material genético está en el estado que le corresponde a esa etapa inicial.

BS: Incluso en condiciones naturales, el 75 por ciento de estos embriones se pierden en el útero.

NL: Una nueva mentira: esas pérdidas sólo se dan cuando ellos producen in vitro los embriones.

BS: Y ni siquiera es cierto que la fecundación de un óvulo produzca un genoma humano y, por tanto, una persona en proyecto: El óvulo fecundado tiene un genoma y medio.

NL: Una afirmación de ese calibre de error no permite aprobar una biología del mas bajo de los niveles.

BS: Una célula de la piel sí tiene un genoma completo, y las matamos por miles cada vez que nos rascamos.

NL: Aparte de basto, es humillante para el más mínimo nivel de cultura general que trate a la gente de analfabetos. ¿Desde cuándo una célula de la piel o de los riñones ha sido un individuo? ¿A cuántos de nosotros mismos matamos con un rascón?

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El prejuicio anticristiano de la BBC y Canal Sur

Posted by El pescador en 4 julio 2007

Zapeando la insufrible programación televisiva me topo en el Canal 2 de Tele Chaves (Canal Sur, emisora pública de TV de Andalucía -España-, o sea pagada a la fuerza por todos los contribuyentes) con el preámbulo de un reportaje de la BBC británica sobre la pedofilia de los clérigos y la maldad del cardenal Ratzinger que hizo un documento, “Crimen sollicitationis”, para ocultarla e ignorar a las víctimas.

Como no existe libertad económica hemos de pagar con nuestro dinero la extorsión a que nos somete el Estado con los impuestos para que nuestra Autonomía compre, con nuestro dinero, este documental que está lleno de mentiras y tergiversaciones, como explica el siguiente artículo de Forum Libertas (a mitad del texto, aproximadamente, está la referencia a las mentiras del reportaje en cuestión):

“Es trágico ver que el mundo, desgarrado por el odio, se une por unos breves instantes contra Jesús”, dijo Guardini… y así pasa en los medios.

En octubre de 2006 el Daily Mirror publicó un artículo de Simon Walters donde se aseguraba, teniendo como base declaraciones de Jeff Randall , ex redactor de la BBC, que los ejecutivos de la cadena están dominados por prejuicios anti cristianos. Aquel artículo hubiese quedado en lo meramente anecdótico y perdido su valor de no ser por las constataciones que se han venido evidenciando.

Hace 11 años la BBC produjo un documental sobre el hallazgo de una supuesta tumba de Jesús. El argumento, que carecía de todo valor científico, fue retomado en la cuaresma de 2007 por James Cameron y The Discovery Channel, canal íntimamente ligado a la cadena pública británica. En 2004 la misma BBC produjo la serie de dibujos animados “Popetown” en los que se ridiculizaba la figura del pontífice, la curia romana y la Iglesia católica.

Aunque la presión de los obispos católicos de Inglaterra y Gales logró que se suspendiese la decisión de transmitir los dibujos animados, la cadena ha vendido y colocado recientemente la serie en Alemania y Latinoamérica a través de la MTV quien se ha hecho con los derechos de retransmisión.

Pero no hace falta remontarse muy al pasado cuando en el último año hemos visto desfilar una serie de producciones que evidencian su tendencia. Tras el 12 de septiembre de 2006, día de la lectura de la lección magistral del Papa en la universidad de Ratisbona, los medios de comunicación mundial apenas si dedicaron algún comentario al discurso.

El jueves 14 la BBC fue la primera cadena en difundir un informe en árabe, turco, parsi, urdu y malayo con el título “El discurso del Papa excita la ira musulmana”. En ese informe se aseguraba que en Cachemira la policía había secuestrado ejemplares de diarios que cubrían la noticia para evitar tensiones cuando la policía de aquel lugar ni siquiera se había movido porque los diarios no había reportado nada. Fue a partir de esa información adulterada de la BBC que grupos musulmanes comenzaron, sin conocer el contenido, a satanizar el discurso de Benedicto XVI y a hacer declaraciones negativas en torno a él.

La misma tarde del jueves 14 la cadena difunde un contenido titulado: “La ira musulmana crece por el discurso del Papa” haciendo eco de declaraciones de grupos tan radicales como los hermanos musulmanes. A partir de ese momento, diarios como The Guardian y The New York Times comienzan a producir artículos con comentarios afines en sus ediciones impresas y electrónicas del día 16 de septiembre y subsiguientes.

Pero no todo ha quedado ahí. No satisfecha con las graves consecuencias de una tergiversación de la información respecto al contenido del discurso del Papa, el primero de octubre de 2006 la BBC pone en el aire “Sex crimen and the Vatican”, un programa de 39 minutos lleno de delicados errores claramente calumniantes que denotan claramente su mala intensión en el afán del desprestigio del Papa y la Iglesia católica en general.

Mal utilizando documentos de la Iglesia (“Crimen sollicitationis” y la carta “Ad exequenda”), sirviéndose de viejos filmes, entrevistas no datadas y aprovechándose de la fácil y falsaria fórmula mediática de la denuncia de crímenes y abusos sexuales, el programa adultera, deforma e interpreta a su antojo la información.

Uno de los más penosos errores es afirmar que Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, fue el autor de “Crimen sollicitationis”, documento aparecido en 1962 y preparado por la entonces congregación para el santo oficio, hoy congregación para la doctrina de la fe, y que en el fondo no está relacionado con abusos sexuales de niños sino con el errado uso del confesionario. Así, el programa mal informa sobre el autor (Joseph Ratzinger por entonces ni siquiera vivía en Roma ni mucho menos era prefecto) y el contenido.

Fue en el mismo octubre de 2006 que el cardenal Murphy-O´Connor , arzobispo de Westminster y presidente de la conferencia episcopal de Inglaterra y Gales, envío una carta al director general de la BBC, Mark Thompson, en la que expresaba “su enorme disgusto y la alarma de la comunidad católica” ante esa producción. Como decía el mismo cardenal, el programa “inflige un grave daño al Papa Benedicto, guía de millones de católicos en todo el mundo.

Es sobre todo claro para mí que el objetivo principal del programa es buscar relacionar al Papa con el ocultamiento de abusos de niños. Esto es malicioso y no responde a la verdad y está basado sobre una falsa presentación de los documentos de la Iglesia. No llego a entender porque ninguno de vuestra empresa haya intentado contactar con la Iglesia católica en este país para asistirles en la búsqueda de información segura sobre estas cuestiones”.

Cada día la agresión al cristianismo es más explícita y porrácea. Ante este tipo de programas y medio de comunicación debemos responder con un adecuado sentido crítico que hurgue en las razones que les llevan a exponer este tipo de producciones con una intensión explícitamente dolosa. No podemos caer en el prejuicio de creernos todo lo que aparece en televisión sólo por le hecho de que ahí salga ni podemos permanecer inmutables cuando en base a podredumbre como la que se ofrece muchos otros quedan influenciados.

Es justo y necesario preguntarnos si a un canal de televisión como éste, tendencioso en algunas de sus informaciones respecto a un grupo concreto, se le puede acreditar como imparcial y abierto a la misión de todo medio de comunicación: transmitir y hablar con la verdad.

Después de todo y como declaró monseñor Vincent Nichols, arzobispo de Birmingham y presidente de la oficina católica de protección a los niños y adultos vulnerables: “la BBC debería avergonzarse del estándar de periodismo utilizado para crear este ataque injustificado al Papa Benedicto XVI”, algo que bien se puede aplicar a cuantas producciones han venido apareciendo respecto a la Iglesia católica, como hemos repasado.

Qué bien a cuento vienen aquel texto de Guardini: “Es trágico ver que el mundo, desgarrado por el odio, se une por unos breves instantes contra Jesús”. Lo bueno es que aún hay medios de comunicación dispuesto a informar con amor a su misión, a favor del hombre y la sociedad y no para ganar exclusivas a costas de mentiras, odios y prejuicios.

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¿La homosexualidad es un trastorno?

Posted by El pescador en 2 julio 2007

Terapia y ayuda para sanar la homosexualidad en esta página

¿LA HOMOSEXUALIDAD ES UN TRASTORNO?

La Razón – César Vidal

 

El historiador César Vidal analiza en este amplio artículo cómo la homosexualidad dejó de ser considerada un transtorno psicológico para ser únicamente definida como «un estilo de vida». Vidal repasa la visión moral de las religiones sobre la homosexualidad y las presiones recientes para adaptarla a lo «políticamente correcto».

 

 

 

El juicio sobre la homosexualidad ha experimentado diversas variaciones a lo largo de la Historia. En general, las culturas de la Antigüedad generalmente la juzgaron moralmente reprobable. Egipcios y mesopotámicos la contemplaron con desdén mientras que para el pueblo de Israel se hallaba incluida en el listado de una serie de conductas indignas del pueblo de Dios que se extendían del adulterio a la zoofilia pasando por el robo o la idolatría (Levítico 18,22). No en vano, el Antiguo Testamento incluía entre los relatos más cargados de dramatismo el de la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 13,14,18 y 19), cuyos habitantes habían sido castigados por Dios por practicar la homosexualidad. Durante el período clásico, la visión fue menos uniforme. En Grecia, por ejemplo, alguna formas de conducta homosexual ¬masculina y sin penetración¬ era tolerable mientras que en Roma fue duramente fustigada por autores como Tácito o Suetonio como un signo de degeneración moral e incluso de decadencia cívica. El cristianismo ¬que, a fin de cuentas, había nacido del judaísmo¬ también condenó expresamente la práctica de la homosexualidad. No sólo Jesús legitimó lo enseñado por la ley de Moisés sin hacer excepción con los actos homosexuales (Mateo 5,17-20) sino que el Nuevo Testamento en general condenó la práctica de la homosexualidad considerándola contraria a la ley de Dios y a la Naturaleza (Romanos 1,26-27) y afirmando que quienes incurrieran en ella, al igual que los que practicaran otro tipo de pecados, no entrarían en el Reino de los cielos (I Corintios 6, 9).

 

La condena de la práctica homosexual fue común en los Padres de la Iglesia y en los documentos más antiguos de disciplina eclesial aparece como uno de los pecados que se penan con la excomunión. Partiendo de esta base no resulta extraño que el mundo medieval ¬tanto judeo y cristiano como musulmán¬ condenara las prácticas homosexuales e incluso las penara legalmente aunque luego en la vida cotidiana fuera tan tolerante ¬o tan intolerante¬ con esta conducta como con otras consideradas pecado. Esta actitud fue aplastantemente mayoritaria en occidente ¬y en buena parte del resto del globo¬ durante los siglos siguientes. Esencialmente, la visión negativa de la homosexualidad estaba relacionada con patrones religiosos y morales y no con una calificación médica o psiquiátrica. El homosexual podía cometer actos censurables ¬no más por otra parte que otros condenados por la ley de Dios¬ que incluso se calificaban de contrarios a la Naturaleza y de perversión. No obstante, no se identificaba su conducta con un trastorno mental o con un desarreglo físico. En realidad, para llegar a ese juicio habría que esperar a la consolidación de la psiquiatría como ciencia.

 

Partiendo de una visión que consideraba como natural el comportamiento heterosexual ¬que meramente en términos estadísticos es de una incidencia muy superior¬ la psiquiatría incluiría desde el principio la inclinación homosexual ¬y no sólo los actos como sucedía con los juicios teológicos¬ entre las enfermedades que podían y debían ser tratadas. Richard von Kraft-Ebing, uno de los padres de la moderna psiquiatría del que Freud se reconocía tributario, la consideró incluso como una enfermedad degenerativa en su Psychopatia Sexualis. De manera no tan difícil de comprender, ni siquiera la llegada del psicoanálisis variaría ese juicio. Es cierto que Freud escribiría en 1935 una compasiva carta a la madre norteamericana de un homosexual en la que le aseguraba que «la homosexualidad con seguridad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que avergonzarse, ni un vicio, ni una degradación, ni puede ser clasificado como una enfermedad». Sin embargo, sus trabajos científicos resultan menos halagüeños no sólo para las prácticas sino incluso para la mera condición de homosexual. Por ejemplo, en sus Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, Freud incluyó la homosexualidad entre las «perversiones» o «aberraciones sexuales», por usar sus términos, de la misma manera que el fetichismo del cabello y el pie o las prácticas sádicas. A juicio de Freud, la homosexualidad era una manifestación de falta de desarrollo sexual y psicológico que se traducía en fijar a la persona en un comportamiento previo a la madurez heterosexual.

 

En un sentido similar, e incluso con matices de mayor dureza, se pronunciaron también los otros grandes popes del psicoanálisis, Adler y Jung. Los psicoanalistas posteriores no sólo no modificaron estos juicios sino que incluso los acentuaron a la vez que aplicaban tratamientos considerados curativos contra la inclinación homosexual. En los años cuarenta del siglo XX, por ejemplo, Sandor Rado sostuvo que la homosexualidad era un trastorno fóbico hacia las personas del sexo contrario, lo que la convertía en susceptible de ser tratada como otras fobias. Bieber y otros psiquiatras, ya en los años sesenta, partiendo del análisis derivado de trabajar con un considerable número de pacientes homosexuales, afirmaron que la homosexualidad era un trastorno psicológico derivado de relaciones familiares patológicas durante el período edípico. Charles Socarides en esa misma década y en la siguiente ¬de hecho hasta el día de hoy¬ defendía, por el contrario, la tesis de que la homosexualidad se originaba en una época pre-edípica y que por lo tanto resultaba mucho más patológica de lo que se había pensado hasta entonces. Socarides es una especie de bestia negra del movimiento gay hasta el día de hoy pero resulta difícil pensar en alguien que en el campo de la psiquiatría haya estudiado más minuciosa y exhaustivamente la cuestión homosexual. Curiosamente, la relativización de esos juicios médicos procedió no del campo de la psiquiatría sino de personajes procedentes de ciencias como la zoología (Alfred C. Kinsey) cuyas tesis fueron frontalmente negadas por la ciencia psiquiátrica. De manera comprensible y partiendo de estos antecedentes, el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) incluía la homosexualidad en el listado de desórdenes mentales. Sin embargo, en 1973 la homosexualidad fue extraída del DSM en medio de lo que el congresista norteamericano W. Dannemeyer denominaría «una de las narraciones más deprimentes en los anales de la medicina moderna». El episodio ha sido relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y ciertamente constituye un ejemplo notable de cómo la militancia política puede interferir en el discurso científico modelándolo y alterándolo. Según el testimonio de Bayer, dado que la convención de la Asociación psiquiátrica americana (APA) de 1970 iba a celebrarse en San Francisco, distintos dirigentes homosexuales acordaron realizar un ataque concertado contra esta entidad. Se iba a llevar así a cabo «el primer esfuerzo sistemático para trastornar las reuniones anuales de la APA». Cuando Irving Bieber, una famosa autoridad en transexualismo y homosexualidad, estaba realizando un seminario sobre el tema, un grupo de activistas gays irrumpió en el recinto para oponerse a su exposición. Mientras se reían de sus palabras y se burlaban de su exposición, uno de los militantes gays le gritó: «He leído tu libro, Dr. Bieber, y si ese libro hablara de los negros de la manera que habla de los homosexuales, te arrastrarían y te machacarían y te lo merecerías». Igualar el racismo con el diagnóstico médico era pura demagogia y no resulta por ello extraño que los presentes manifestaran su desagrado ante aquella manifestación de fuerza.

 

Sin embargo, el obstruccionismo gay a las exposiciones de los psiquiatras tan sólo acababa de empezar. Cuando el psiquiatra australiano Nathaniel McConaghy se refería al uso de «técnicas condicionantes aversivas» para tratar la homosexualidad, los activistas gays comenzaron a lanzar gritos llamándole «sádico» y calificando semejante acción de «tortura». Incluso uno se levantó y le dijo: «¿Dónde resides, en Auchswitz?». A continuación los manifestantes indicaron su deseo de intervenir diciendo que habían esperado cinco mil años mientras uno de ellos comenzaba a leer una lista de «demandas gays». Mientras los militantes acusaban a los psiquiatras de que su profesión era «un instrumento de opresión y tortura», la mayoría de los médicos abandonaron indignados la sala. Sin embargo, no todos pensaban así. De hecho, algunos psiquiatras encontraron en las presiones gays alicientes inesperados. El Dr. Kent Robinson, por ejemplo, se entrevistó con Larry Littlejohn, uno de los dirigentes gays, y le confesó que creía que ese tipo de tácticas eran necesarias, ya que la APA se negaba sistemáticamente a dejar que los militantes gays aparecieran en el programa oficial. A continuación se dirigió a John Ewing, presidente del comité de programación, y le dijo que sería conveniente ceder a las pretensiones de los gays porque de lo contrario «no iban solamente a acabar con una parte» de la reunión anual de la APA. Según el testimonio de Bayer, «notando los términos coercitivos de la petición, Ewing aceptó rápidamente estipulando sólo que, de acuerdo con las reglas de la convención de la APA, un psiquiatra tenía que presidir la sesión propuesta». Que la APA se sospechaba con quién se enfrentaba se desprende del hecho de que contratara a unos expertos en seguridad para que evitaran más manifestaciones de violencia gay. No sirvió de nada.

 

El 3 de mayo de 1971, un grupo de activistas gays irrumpió en la reunión de psiquiatras del año y su dirigente, tras apoderarse del micrófono, les espetó que no tenían ningún derecho a discutir el tema de la homosexualidad y añadió: «Podéis tomar esto como una declaración de guerra contra vosotros». Según refiere Bayer, los gays se sirvieron a continuación de credenciales falsas para anegar el recinto y amenazaron a los que estaban a cargo de la exposición sobre tratamientos de la homosexualidad con destruir todo el material si no procedían a retirarlo inmediatamente. A continuación se inició un panel desarrollado por cinco militantes gays en el que defendieron la homosexualidad como un estilo de vida y atacaron a la psiquiatría como «el enemigo más peligroso de los homosexuales en la sociedad contemporánea». Dado que la inmensa mayoría de los psiquiatras podía ser más o menos competente, pero desde luego ni estaba acostumbrada a que sus pacientes les dijeran lo que debían hacer ni se caracterizaba por el dominio de las tácticas de presión violenta de grupos organizados, la victoria del lobby gay fue clamorosa. De hecho, para 1972, había logrado imponerse como una presencia obligada en la reunión anual de la APA. El año siguiente fue el de la gran ofensiva encaminada a que la APA borrara del DSM la mención de la homosexualidad. Las ponencias de psiquiatras especializados en el tema como Spitzer, Socarides, Bieber o McDevitt fueron ahogadas reduciendo su tiempo de exposición a un ridículo cuarto de hora mientras los dirigentes gays y algún psiquiatra políticamente correcto realizaban declaraciones ante la prensa en las que se anunciaba que «los médicos deciden que los homosexuales no son anormales».

 

Finalmente, la alianza de Kent Robinson, el lobby gay y Judd Marmor, que ambicionaba ser elegido presidente de la APA, sometió a discusión un documento cuya finalidad era eliminar la mención de la homosexualidad del DSM. Su aprobación, a pesar de la propaganda y de las presiones, no obtuvo más que el 58 por ciento de los votos. Se trataba, sin duda, de una mayoría cualificada para una decisión política pero un tanto sobrecogedora para un análisis científico de un problema médico. No obstante, buena parte de los miembros de la APA no estaban dispuestos a rendirse ante lo que consideraban una intromisión intolerable y violenta de la militancia gay. En 1980, el DSM incluyó entre los trastornos mentales una nueva dolencia de carácter homosexual conocida como ego-distónico. Con el término se había referencia a aquella homosexualidad que, a la vez, causaba un pesar persistente al que la padecía. En realidad, se trataba de una solución de compromiso para apaciguar a los psiquiatras ¬en su mayoría psicoanalistas¬ que seguían considerando la homosexualidad una dolencia psíquica y que consideraban una obligación médica y moral ofrecer tratamiento adecuado a los que la padecían. Se trató de un triunfo temporal frente a la influencia gay. En 1986, los activistas gays lograban expulsar aquella dolencia del nuevo DSM e incluso obtendrían un nuevo triunfo al lograr que también se excluyera la paidofilia de la lista de los trastornos psicológicos. En Estados Unidos, al menos estatutariamente, la homosexualidad ¬y la paidofilia¬ había dejado de ser una dolencia susceptible de tratamiento psiquiátrico. Cuestión aparte es que millares de psiquiatras aceptaran aquel paso porque la realidad es que hasta la fecha han seguido insistiendo en que la ideología política ¬en este caso la del movimiento gay¬ no puede marcar sus decisiones a la ciencia y en que, al haber consentido en ello la APA, tal comportamiento sólo ha servido para privar a los enfermos del tratamiento que necesitaban. Se piense lo que se piense al respecto ¬y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes¬ la verdad era que la decisión final que afirmaba que la homosexualidad no era un trastorno psicológico había estado más basada en la acción política que en una consideración científica de la evidencia. Por ello, ética y científicamente no se diferenciaba mucho de aberraciones históricas como el proceso de Galileo o las purgas realizadas por Lysenko.

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Libertad para la Caridad

Posted by El pescador en 1 julio 2007

Leo esta mañana que la ministra CCCP (Camarada Carmen Calvo Poyato) ha proclamado que “la principal libertad” de la persona es la sexual. Ya Pío Moa le ha dado una buena respuesta en su bitácora (recomiendo vivamente la lectura de esta entrada).

Precisamente, la 2ª lectura de este Domingo XIII ciclo C del Tiempo Ordinario ha sido sobre la libertad y la caridad: Gálatas 5,1.13-18.

El Papa ha hablado en el Ángelus de hoy de cómo la libertad encuentra su sentido en la caridad, pues la mayor libertad es la de Cristo, que por amor se entregó a la Cruz por la humanidad, que no lo merecía. Sigue diciendo que la libertad cristiana, por tanto, no es ni mucho menos albedrío; es seguimiento de Cristo en el don de sí hasta el sacrificio de la cruz.

Él lo hizo libremente, y así vemos que la libertad es real si nos lleva al amor, a la caridad por los otros; a nosotros nos invita San Pablo a usar la libertad que nos dejó Cristo para ser esclavos unos de otros por la caridad (cf. v. 13b). Así hizo también San Maximiliano Mª Kolbe, mártir de la Caridad, que murió de hambre en Auschwitz por salvar a otro prisionero, un sargento compatriota suyo padre de familia; San Maximiliano es un ejemplo de cómo usar nuestra libertad.

Precisamente San Pablo advierte a los cristianos gálatas que la libertad que nos da Cristo no debe ser un pretexto para el libertinaje (v. 13), justo lo contrario que proclamó CCCP, que ha reducido a la persona a la mera sexualidad, y la sexualidad al instinto: la libertad cristiana es para la Caridad, para el bien y la atea y materialista para el egoísmo, el libertinaje y el sufrimiento.

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