El testamento del pescador

Archive for the ‘Papa Francisco’ Category

El Papa Francisco se confiesa

Posted by El pescador en 30 marzo 2014

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Comentario del Padre Robert Sirico sobre el pensamiento económico del Papa en la Evangelii Gaudium

Posted by El pescador en 28 diciembre 2013

La exhortación apostólica  “Evangelii gaudium” se puede leer y descargar aquí.

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Hace 60 años de la vocación de J. Mario Bergoglio. Papa Francisco pide oraciones por él

Posted by El pescador en 21 septiembre 2013

UN DÍA COMO HOY, HACE 60 AÑOS, JORGE MARIO BERGOGLIO ESCUCHÓ LA LLAMADA DE JESÚS

Un día como hoy, hace 60 años, un chico de 17 años llamado Jorge Mario sintió que el Señor lo llamaba al sacerdocio. Así recuerda el Papa Francisco ese día que cambió radicalmente su vida:
“Hay un día muy importante para mí: el 21 de septiembre del ‘53. Tenía casi 17 años. Era el Día del estudiante, para nosotros el día de primavera. Antes de acudir a la fiesta, pasé por la parroquia a la que iba, encontré a un sacerdote a quien no conocía, y sentí la necesidad de confesarme. Ésta fue para mí una experiencia de encuentro: encontré a alguien que me esperaba. Pero no sé qué pasó, no lo recuerdo, no sé por qué estaba aquel sacerdote allí, a quien no conocía, por qué había sentido ese deseo de confesarme, pero la verdad es que alguien me esperaba. Me estaba esperando desde hacía tiempo. Después de la confesión sentí que algo había cambiado. Yo no era el mismo. Había oído justamente como una voz, una llamada: estaba convencido de que tenía que ser sacerdote.
Esta experiencia en la fe es importante. Nosotros decimos que debemos buscar a Dios, ir a Él a pedir perdón, pero cuando vamos Él nos espera, ¡Él está primero! Nosotros, en español, tenemos una palabra que expresa bien esto: «El Señor siempre nos primerea», está primero, ¡nos está esperando! Y ésta es precisamente una gracia grande: encontrar a alguien que te está esperando. El Señor nos espera” (Palabras del Papa a los jóvenes de los movimientos eclesiales el 18 de mayo).
De sí mismo, el Papa ha dicho hace poco: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos. Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero”. El papa Francisco ha tomado este lema de las homilías de san Beda el Venerable que, comentando el pasaje evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: “Jesús vio un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: Sígueme”. El Papa añade: “El gerundio latino miserando me parece intraducible tanto en italiano como en español. A mí me gusta traducirlo con otro gerundio que no existe: misericordiando”.
“Cuando venía a Roma –continua el Papa- vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero, como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice”. (Palabras del Papa en la entrevista concedida a la revista jesuita “Civiltá Cattolica”).
Este lunes, el Papa se encontró con los sacerdotes de Roma, diócesis de la que es obispo, y les dijo: “Recen por mí ese día, en el que la primavera comienza en nuestra tierra y aquí comienza el otoño”.

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Un Papa con mirada de niño

Posted by El pescador en 20 septiembre 2013

N. del B. Antes de leer esta entrada, convendría ver ésta primera y esta otra, donde se habla de su lema episcopal “Miserando atque eligendo” y su relación con la vocación de San Mateo. El mismo Papa también explica en la entrevista el motivo de su lema episcopal. El texto completo de la entrevista está aquí.

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)En la entrevista a “La Civiltà Cattolica” que está dando la vuelta al mundo, papa Francisco dice entre otras cosas:
“En pintura admiro a Caravaggio, sus lienzos me hablan”.
Y cuenta:
“Cuando venía a Roma vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero,como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice: ‘Peccator sum, sed super misericordia et infinita patientia Domini nostri Jesu Christi confisus et in spiritu penitentiae accepto’”.
Por tanto Jorge Mario Bergoglio ha visto siempre el Mateo de la vocación pintada por Caravaggio no en el maduro señor en el centro del grupo, como predican las guías turísticas y la mayor parte de los críticos, sino en el joven con la cabeza inclinada, que aún “se aferra a su dinero” justo mientras Jesús lo llama.
Es la interpretación que la historiadora del arte Sara Magister ha vuelto a lanzar  con fuerza en TV 2000 y después en una conferencia-debate con el profesor Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, y con la colega historiadora del arte Elizabeth Lev, que defendían la tesis tradicional, en el Centro Cultural San Luis de los Franceses:

Pero es también la intrepretación que dan los niños espontáneamente, sin dudar, cada vez que se encuentran frente al cuadro.

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Donde está Pedro, allí está la Iglesia

Posted by El pescador en 29 junio 2013

Detrás estaba Pedro y lo seguía [a Jesucristo], siendo conducido por los judíos a casa de Caifás, el jefe de la sinagoga (Cf. Mateo 26,58). Es el mismo Pedro al cual dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mateo 16,18). Donde está Pedro, allí está la Iglesia, donde está la Iglesia, allí no hay ninguna muerte, sino vida eterna. Y por eso añadió: “Y las puertas del infierno no prevalecerán para ella, y te daré las llaves del reino de los cielos” (Mateo 16,18-19). Dichoso es Pedro, para el cual no prevaleció la puerta del infierno, no se cerró la puerta del cielo, sino al contrario destruyó las entradas del infierno, puso al descubierto las cosas celestiales. Así pues puesto en la tierra abrió el cielo, cerró los infiernos.
San Ambrosio de Milán, Explicación del Salmo 40,30.

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Adoración eucarística con el Papa Francisco

Posted by El pescador en 2 junio 2013

Pinchando aquí se accede a la traducción que he hecho de la adoración eucarística que esta tarde a las 5, hora de Roma, presidirá el Papa Francisco, para que así podamos estar realmente en conexión con su celebración. El libro original de la celebración se puede descargar aquí.

También os pongo este fragmento de la homilía de Benedicto XVI en la Misa del Corpus Christi (23-6-2011):

 San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18). Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria. De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo. De aquí, de la Eucaristía, deriva, por tanto, el sentido profundo de la presencia social de la Iglesia, come lo testimonian los grandes santos sociales, que han sido siempre grandes almas eucarísticas. Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad.

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La lección de la Capilla Sixtina

Posted by El pescador en 31 marzo 2013

Qué verán los cardenales electorales al entrar en el cónclave. De “L’Osservatore Romano” del 10 de marzode 2013. El autor es el director de los Museos Vaticanos

de Antonio Paolucci (original en italiano; traducción mía)

Cuando los cardenales electores entren en la Capilla Sixtina desde la Sala Regia su primera mirada (la colocación estratégica no es ciertamente casual) será para el cuadro al fresco con la “Entrega de las llaves” de Pietro Perugino, conclusión iconográfica de la serie cristológica que ocupa la pared derecha, después del “Discurso de la Montaña” y antes de “La última cena”.

En una plaza vasta y antigua como la majestad de Roma, amplificada por una perspectiva rasante que tiene su foco en el edificio en el punto central sobre el fondo, dos figuras monumentales están frente a frente. Una es Cristo que confía al Vicario las llaves del Reino, la otra es Pedro que de rodillas las recibe. Todo, en el episodio del “Tibi dabo claves”, es armonía, solemnidad, absorto silencio: el primado de Pedro es por tanto el de los Romanos Pontífices -la roca sobre la cual se sostiene la Iglesia universal- es representado con majestuosa simplicidad y sugestiva naturaleza.

Cuando sin embargo los cardenales electores alcen la mirada hacia el Juicio de Miguel Ángel verán representado un episodio que es la negación de aquello que he descrito antes. Verán a Pedro, un atlético, torvo y musculoso Pedro, devolver a Cristo Juez las llaves. Porque el tiempo ha acabado, la Historia no existe más. También la Iglesia ha agotado su misión. Quien mira el “Juicio” tiene la impresión de que no hay una pared sino que la mirada se abre hacia un espacio infinito hecho de aire gélido y azul. En esta dimensión irrealística, metafísica donde no existe ya el tiempo porque la historia ha acabado, sucede todo en su contexto: la resurrección de los cuerpos y el juicio, el infierno y el paraíso. “Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas (…) Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin” (Apocalipsis 21, 5; 22, 13).

El Juez de Miguel Ángel no se sienta sobre el trono, es imberbe, tiene el aspecto de un joven atleta glorioso y vigoroso, alza la mano derecha en el gesto de la “allocutio”. Miguel Ángel ha sabido representar con extraordinaria eficacia la angustia de la “parusía”. El tiempo ha acabado, la Iglesia no tiene ninguna tarea más, no hay espacio para la piedad, para la misericordia, para el perdón. Es una sensación terrible la que se experimenta delante del gran mural. Es la sensación que debe haber experimentado Paulo III Farnese cuando -cuenta las crónicas- se arrodilló confundido, con las lágrimas en los ojos, aquel día de octubre, vigilia de Todos los Santos del año 1541, cuando el Juicio Final fue descubierto.

Cerca de sesenta años dividen la “Entrega de las llaves” de Perugino (la Sixtina quattrocentesca fue inaugurada el 15 de agosto de 1483) del “Juicio” de Miguel Ángel. Entre estos dos extremos cronológicos y simbólicos se coloca la decoración pictórica de la Capilla “magna” de los Romanos Pontífices, dos mil metros cuadrados de frescos que narran la doctrina de la Iglesia y la Historia de la Salvación. Hay de todo en la Capilla Sixtina: el principio y el fin, el “fiat lux” y el Apocalipsis, el paraíso y el infierno, las historias de Moisés y las de Cristo, el primado del Papa de Roma, el tiempo “sub gratia” de la Iglesia que absorbe, transfigura y hace propio el tiempo “sub lege” del Antiguo Testamento.

La Capilla Sixtina es el arca de la nueva y definitiva alianza que Dios ha establecido con el pueblo cristiano. No es casualidad que el arquitecto Baccio Pontelli que trabajó entre 1477 y 1481 a las órdenes del Papa Sixto IV della Rovere modificando y alzando precedentes estructuras, quiso dar a la capilla las dimensiones del perdido Templo de Jerusalén como están indicadas en la Biblia (1 Reyes 6).

Quien entra en la Capilla Sixtina entra de hecho en una extraordinaria adivinanza teológico-escriturística pero entra también en el bosque de imágenes más fascinante que nunca haya aparecido bajo el cielo.

Si posan la mirada sobre los recuadros al fresco del ciclo quattrocentesco, los cardenales electores verán las correspondencias, las correspondencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Para la doctrina y la teología católicas el Antiguo Testamento es profecía del Cristo que ha de venir, es anticipación y prefiguración del Evangelio. En ningún otro lugar este concepto que atraviesa y sostiene como un grandioso arquitrabe toda la historia del pensamiento cristiano aparece expresado con tanta persuasiva eficacia. Pietro Perugino ha pintado el “Bautismo de Cristo” sobre la pared derecha; enfrente está el “Viaje de Moisés a Egipto”, también del Perugino. Uno y otro episodio señalan el inicio de la historia de los dos legisladores, Moisés y Cristo.

Aún más, las “Tentaciones de Jesús” de Botticelli tienen de frente, por obra del mismo autor, las “Tentaciones de Moisés” que, atacado por la ira, se convierte en homicida. El “Paso del mar Rojo” de  Biagio d’Antonio es prefiguración de la “Llamada de los Apóstoles” sobre el lago de Tiberíades; una y otra son  historias de agua y de salvación.

Pero tanto para los cardenales electores como para los otros cinco millones de personas que cada año se detienen en la Capilla Sixtina -gente de toda cultura, de toda lengua, de toda religión o de ninguna religión- la atracción principal serán los frescos de Miguel Ángel. Su mirada se posará en la cúpula que Buonarroti pintó en cuatro años entre el 1508 y el 1512, prácticamente él solo en una especie de duelo, de cuerpo a cuerpo con los más de mil metros cuadrados de revestimiento de muro destinados a acoger más de trescientas figuras. Alguno de ustedes recordará que Benedicto XVI, con la atención al significado de los símbolos que es típica de los grandes intelectuales, el 31 de octubre pasado ha querido honrar, con la celebración de las vísperas solemnes de la vigilia de Todos los santos, el aniversario de la conclusión de los frescos de la cúpula. Lo ha hecho repitiendo el rito oficiado por su predecesor Julio II della Rovere el 31 de octubre de quinientos años antes.

Las miradas de los presentes volverán a posarse, una vez más, sobre los episodios del “Génesis” que Miguel Ángel pintó en la cúpula y aún dejan estupefacto ante la formidable capacidad del artista de reinventar radicalmente y genialmente iconografías consolidadas desde hace siglos.

El Padre eterno que divide la luz de las tinieblas es una figura acrobática que flota sobre la nada primigenia. Es el motor de la creación -por una parte la luz del día, por la otra la oscuridad de la noche-, es el fogonazo repentino por el cual todo tuvo comienzo. Así Miguel Ángel ha dado imagen a su idea del “Big bang”.

Desde siempre, también por los artistas más grandes, la creación del hombre era representada como   traducción figurativa más o menos literal del texto bíblico. Dios hace con una masa de tierra la imagen del hombre, le insufla el espíritu de vida y le da alma y destino inmortal. Miguel Ángel anula la iconografía tradicional y se inventa otra cosa nueva y tan sugestiva que cinco siglos después aún suscita emoción y estupor. No hay traza alguna de ingenua materialidad en la “Creación de Adán” de la Capilla Sixtina. El primer hombre está dejado caer sobre la tierra, viene de la tierra, está ya perfectamente formado, pero la chispa que sale del dedo índice de Dios tendido toca ligeramente el suyo, lo crea, se diría, como por transmisión de un fluido eléctrico.Dios llega en un remolino glorioso amplificado por la capa roja en el interior delc ual, como al reparo de una vela hinchada por el viento, se encuentran los ángeles de su cortejo, personificación de los poderes del Altísimo.

Alguno, con una hipótesis un poco fantasiosa e improbable, pero sugestivo, ha querido reconocer en el contorno de Dios Padre rodeado por los ángeles, la imagen de un cerebro humano. Casi que aquella escena fuese el manifiesto de un Miguel Ángel “creacionista”, precursor del “diseño inteligente”.

Será el “Juicio” no obstante el que atraiga más a menudo las miradas de los cardenales electores. Hay muchas cosas en el “Juicio”. Está la Iglesia triunfante dispuesta en un hemiciclo en torno al Juez celeste. Están los ángeles y los demonios que se disputan las almas de los resucitados, está el horno del Infierno que hierve y llamea desde las grietas de la tierra. Está el autoretrato anamórfico caricaturesco del pintor mismo, pegado a la piel arrancada que, símbolo de su martirio, exhibe san Bartolomé. Ydespués están los desnudos, esta representación no terminada de la belleza y de la gloria del cuerpo humano, que sin embargo puso en serio apuro, como sabemos, a los bienpensantes de la época.

Pero el verdadero fuego teológico de la composición, advertencia terrible tanto para los cardenales electores como para todo cristiano, está en la parte alta del fresco, allí donde un remolino de ángeles en vuelo lleva los instrumentos de la Pasión: la columna de la flagelaciónla cruz, la corona de espinasla esponja. Para todos y para cada uno aquellas serán las pruebas testimoniales en el tribunal del Juicio. Porque Cristo ha muerto por nosotros, seremos juzgados. Por nuestra fidelidad a la Cruz seremos salvados o condenados.

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> L’Osservatore Romano

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Los votos del cónclave

Posted by El pescador en 22 marzo 2013

Marco Tosatti (original en italiano; traducción mía)

El vaticanista de la Agencia Italia, Salvatore Izzo, presenta los votos del cónclave que ha llevado a Jorge Mario Bergoglio al solio de Pedro.

MARCO TOSATTI

 El cardinal Jorge Mario Bergoglio ha sido el candidato más votado desde la primera votación, en la cuarta casi alcanzó el quorum y fue elegido después en la quinta con casi cien votos. Tres italianos recibieron votos en los diversos escrutinios: Scola, Bagnasco y Coccopalmerio, mientras -averigúa la AGI- entre los estadounidenses obtuvieron votos tanto O’Malley como Dolan . Los votos obtenidos por Bergoglio desde el inicio eran tales que hacían improbable cualquier otra elección. Esto explica quizás el hecho de que los dos candidatos considerados más fuertes por los medios de comunicación, Odilio Scherer, arzobispo de Sao Paulo, y Angelo Scola, arzobispo de Milán, no estuvieron nunca verdaderamente en la carrera. La misma fuente refiere a al AGI que otros cardenales como Ouellet, Turkson, Maradiaga e Schoenborn obtuvieron votos en una u otra votación, pero se vio rápidamente que el ascenso de Bergoglio era imparable.

 

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El escudo del papa Francisco

Posted by El pescador en 21 marzo 2013

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El escudo de armas del Papa se remonta a sus 17 años

Posted by El pescador en 20 marzo 2013

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)

En el próximo Ángelus  el tapiz colgado bajo la ventana del papa Francisco no será blanco como el último domingo, sino que tendrá en el centro su nuevo escudo de armas.

El cual difiere poco de aquel que había elegido en el momento de su consagración episcopal.

 El escudo azul está surmontado por los símbolos de la dignidad pontificia, iguales a los elegidos por el predecesor Benedicto XVI (mitra colocada entre llaves cruzadas de oro y plata, unidas por un cordón rojo). En la parte superior, campea el emblema de la orden de donde proviene el nuevo papa, la Compañía de Jesús: un sol radiante y flameante cargado con las letras, en rojo, IHS, monograma de Cristo. La letra H está surmontada por una cruz; en punta, los tres claves en negro.

En la parte inferior, se encuentran la estrella y las flores de nardo. La estrella, según la antigua tradición heráldica, simboliza a la Virgen María, madre de Cristo y de la Iglesia; mientras que la flor de nardo representa a san José, patrono de la Iglesia universal. En la tradición iconográfica hispánica, de hecho, san José es representado con un ramo de nardo en la mano. Poniendo en su escudo tales imágenes, el papa ha intentado expresar la propia devoción particular hacia María y san José.

Pero aún más interesante es la explicación que se ha dado del lema “Miserando atque eligendo”, sacada de una homilía del venerable Beda sobre la vocación de Mateo, de lo cual una entrada anterior ya ha hablado.

“Esta homilía es un homenaje a la misericordia divina y está reproducida en la liturgia de la horas de la fiesta de san Mateo. Reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del papa. De hecho, en la fiesta de san Mateo del año 1953, el joven Jorge Mario Bergoglio experimentó, a la edad de 17 años,  de una manera totalmente particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. A continuación de una confesión , sintió que su corazón era tocado y advirtió que descendía la misericordia de Dios, el cual ‘tenía compasión de él y lo elegía’ -‘miserando atque eligendo’ – para la vida religiosa, bajo el ejemplo de San Ignacio de Loyola.

“Una vez elegido obispo, S. E. Mons. Bergoglio, en recuerdo de tal acontecimiento que señaló el inicio de su total consagración a Dios en su Iglesia, decidió elegir, como lema y programa de vida, la expresión de san Beda ‘miserando atque eligendo’, que ahora ha intentado reproducir también en el propio escudo de armas pontificio”.

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