El testamento del pescador

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El “Jesús” de Benedicto XVI

Posted by El pescador en 19 abril 2007

El primer libro de Benedicto XVI como Papa aparece el lunes 16 de abril, día de son 80 cumpleaños, en alemán, italiano y polaco. La doble cualidad del autor, papa y teólogo, hace a la vez que la lectura de este libro sea rica y difícil.

«En el origen del hecho de ser cristiano, está el encuentro con una Persona», escribía ya Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est. Con Jesús de Nazaret, este libro comenzado mientras era cardenal y acabado en el otoño último, su primer libro de Papa pero que presenta como «el fruto de un largo camino interior», invita a compartir este encuentro de Jesús, Dios hecho hombre.

La obra -que aparece el lunes 16 de abril en italiano, alemán y polaco, y ha sido anunciada en español para mayo en La Esfera- tiene el estilo de las audiencias generales del miércoles, y se deja leer pues ante todo como un gran y bello catecismo, accesible, gracias al talento de pedagogo que caracteriza al antiguo profesor convertido en Papa.

Esta doble dimensión del autor hace a la vez que este libro sea rico y difícil. Y en primer lugar en la comunidad de exegetas en la cual Joseph Ratzinger, como ya lo había hecho en el pasado, hace caer aquí ciertas evidencias. ¿Su postulado? El estudio histórico-crítico ha encontrado hace tiempo sus límites dando a entender que el «verdadero Jesús», en su profundidad histórica, no era accesible por los textos evangélicos, demasiado tributarios del contexto de su elaboración en el seno de las primeras comunidades cristianas.

El autor le open la escuela de la «exégesis canónica», nacida en Estados Unidos hace una treintena de años, que estudia cada elemento del Nuevo Testamento a la luz del mensaje que la Tradición cristiana ha reconocido como revelado en la globalidad de la Escritura. Una lectura creyente, pues, que se pretende complementaria de las aproximaciones científicas, aunque éstas podrían ser notarse sospechosas.

¿Jesús es verdaderamente quien Él pretende ser?

¿Quién es Jesús, en tal perspectiva? El autor responde a ello a través de los acontecimientos conocidos de su vida pública, después de su bautismo hasta la transfiguración para este primer volumen (el segundo, además de la pasión y la resurrección, deberá integrar los evangelios de la infancia). ¿Jesús es verdaderamente quien pretende ser, el Hijo de Dios? El autor busca desde el principio un principio de respuesta en el Antiguo Testamento, en un preliminar sobre Moisés.

Esa preocupación de anclar la fe cristiana en sus raíces judías es una constante de la obra. Jesús, explica, es el último profeta, prometido por Dios a su pueblo. Si Moisés era «amigo de Dios», Jesús ve el rostro de Dios como un hijo. Vive en profunda intimidad con el Padre, y es en esta unión donde Él se da a conocer. Durante el Sermón de la montaña, se presenta a sí mismo como «la nueva Torah», la Palabra de Dios en persona.

Joseph Ratzinger ha tomado conciencia de ello leyendo las Conversaciones imaginarias entre un rabino y Jesús, de Jacob Neusner. ¿Qué sorprende en efecto a ese rabino en la enseñanza de Jesús? No sus propósitos que, según ese autor judío, no traicionan la fe del pueblo hebreo, sino lo que Jesús ha añadido a esa fe, a saber «él mismo». Ahí está el corazón del cristianismo: «la centralidad del Yo de Jesús en su anuncio». Jesús sólo pone por delante de otros argumentos a Él mismo: como al joven rico, pide a cada uno que lo sigan.

Y ¿qué aporta Jesús? La respuesta es simple: Dios, «y con Él la verdad sobre nuestro destino y nuestra procedencia». La coherencia de la figura de Jesús reside en esa relación inmediata con Dios. Sea en el desierto, en las Bienaventuranzas o en parábolas, el Jesús de Ratzinger acompaña siempre hacia Dios. Ahora bien, deplora el autor, «en nuestra sociedad moderna (…), declaramos a Dios muerto, ¡así nosotros somos también Dios!». De ese hecho, «los hombres no son más propiedad de otro, sino más bien los únicos jefes de sí mismos y los propietarios del mundo…»

Un cristianismo exigente

Predicador convincente, Joseph Ratzinger predica un cristianismo exigente. Se trata de buscar a Dios, de hacerse cercano a Él y, haciendo esto, hacerse cercano al otro, para vivir «en íntimo acuerdo con la esencia y la palabra de Dios». Este gran vigor, fruto de toda una vida de meditación, agradará a quien busca un guía espiritual. El Dios de Jesús, aquí, no es un Dios endulzado. Ni un Dios que podríamos compartir con las otras religiones en una especie de moral común. Y Joseph Ratzinger ha renovado sus reticencias en contra de un diálogo interreligioso teológico.

Seguir a Jesús, dice más aún, «no ofrece ninguna estructura social realizable concretamente sobre el plano político»: ¡Él no ha venido «a aportar el bien común», por Dios! De esta fe en Dios nace la responsabilidad hacia el prójimo. El hombre de Nazaret no es indiferente al hambre de los hombres, pero vuelve a ponerla en su contexto de la primacía de Dios. Así es como, estima el Papa (como antes en su encíclica), las ayudas de Occidente al Tercer mundo, «basadas en principios puramente técnico-materiales, no sólo han dejado aparte a Dios, sino que han alejado de Él a los hombres»: «Creen poder transformar las piedras en pan, pero han dado piedras en lugar de pan».

En juego siempre está el primado de Dios. Con Él solamente puede hacerse la verdadera conversión, que es «inversión de la marcha interior en relación a la dirección que habíamos tomado espontáneamente». Y hoy, subraya todavía el predicador, «frente a la crueldad del capitalismo que degrada al hombre a la categoría de mercancía, hemos comenzado a ver más claramente los peligros de la riqueza y comprendemos de manera nueva lo que Jesús desea poniéndonos en guardia contra la riqueza (…) que destruye al hombre, agarrando por la garganta con su mano cruel una gran parte del mundo».

Dirección, el amor

La dirección es la del amor. Eso no puede tomarse sin Dios. Pues, como Joseph Ratzinger lo muestra a través de las parábolas del buen samaritano o de «los dos hermanos» (el hijo pródigo), «todos necesitamos el don del amor salvífico de Dios mismo para que nosotros podamos convertirnos también en personas que aman. Tenemos siempre necesidad de Dios que se ha hecho cercano, para poder hacernos cercanos a nuestra vez».

Para nuestro autor, sin duda este ideal de proximidad con Dios y con el hombre, encarnado por Jesús, alcanza la más gran intensidad en el cuarto evangelio: generalmente considerado generalmente puramente teológico, la obra de Juan es aquí acreditada al contrario como de una máxima plausibilidad histórica -no ciertamente en el sentido «de un acta grabada con magnetófono», sino por «haber reflejado correctamente los discursos de Jesús, el testimonio de Jesús mismo» y, en definitiva, «la figura auténtica de Jesús».

Y Joseph Ratzinger invita entonces a sus lectores a adoptar la actitud de María para retener las palabras de su Hijo en un «trato interior del acontecimiento» de la salvación, dejándose guiar por el Espíritu Santo para alcanzar lo que es en definitiva la memoria de la Iglesia. A saber «la profundidad de las palabras y de los acontecimientos que vienen de Dios y llevan a Dios». Cada lector será libre de distinguir aquí o no «al verdadero Jesús» que le ha sido indicado. No podrá negar que el papa teólogo entrega aquí su fe personal en una emocionante verdad.

Isabelle de GAULMYN y Michel KUBLER

(original en francés; traducción mía)

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”Mi interpretación de la figura de Jesús en el Nuevo Testamento…”

Posted by El pescador en 18 abril 2007

Es el título del prefacio del libro del Papa que acaba de publicarse, y que tradujo a principios de año Sandro Magister.

Ya se está imprimiendo la traducción española, que saldrá editada por Esfera en el mes de mayo.

”Mi interpretación de la figura de Jesús en el Nuevo Testamento…”

por Joseph Ratzinger / Benedicto XVI

Al libro sobre Jesús, del que ahora presento al público la primera parte, he llegado después de un largo camino interior.

En el tiempo de mi juventud – en los años treinta y cuarenta – fueron publicados una serie de libros sobre Jesús que entusiasmaban. Recuerdo sólo el nombre de algunos autores: Karl Adam, Romano Guardini, Franz Michel William, Giovanni Papini, Jean Daniel-Rops. En todos estos libros la imagen de Jesucristo fue delineada a partir de los Evangelios: cómo vivió sobre la tierra y cómo, siendo enteramente hombre, les llevó al mismo tiempo a Dios a los hombres, con el cual, en cuanto Hijo, era una sola cosa. Así, a través del hombre Jesús, se hizo visible Dios y a partir de Dios se pudo ver la imagen del hombre justo.

Al inicio de los años cincuenta la situación cambió. El desgarro entre el “Jesús histórico” y el “Cristo de la fe” se hizo siempre más amplio; a simple vista el uno se alejó del otro. ¿Y qué significado puede tener la fe en Jesucristo, en Jesús Hijo del Dios vivo, si el hombre Jesús era tan diferente de como lo presentan los evangelistas y de como lo anuncia la Iglesia a partir de los Evangelios?

Los progresos de la investigación histórico-crítica condujeron a distinciones siempre más sutiles entre los diferentes estratos de la tradición. Detrás de ellos, la figura de Jesús, sobre la cual se apoya la fe, se volvió siempre más incierta, tomó contornos siempre menos definidos.

Al mismo tiempo las reconstrucciones de este Jesús, que debería ser buscado tras las tradiciones de los evangelistas y sus fuentes, se hicieron siempre más contradictorias: del revolucionario enemigo de los romanos que se opone al poder constituido y naturalmente fracasa, al manso moralista que todo permite e inexplicablemente termina por causar su propia ruina.

Quien lee de corrido un cierto número de estas reconstrucciones puede inmediatamente constatar que ellas son mucho más fotografías de los autores y de sus ideales y no la puesta al descubierto de un ícono que se ha vuelto confuso. Lo que sí, mientras tanto, ha crecido la desconfianza respecto a estas imágenes de Jesús, y sin embargo la figura misma de Jesús se ha alejado todavía más de nosotros.

Todos estos intentos de todos modos han dejado tras de sí, como denominador común, la impresión que nosotros sabemos bien pocas cosas ciertas sobre Jesús y que sólo más tarde la fe en su divinidad ha plasmado su imagen. Esta impresión, entre tanto, ha penetrado profundamente en la conciencia común de la cristiandad.

Una situación así es dramática para la fe porque hace incierto su auténtico punto de referencia: la íntima amistad con Jesús, de lo que todo depende, amenaza con agotarse inútilmente en el vacío.

* * *

He sentido la necesidad de proporcionar a los lectores estas indicaciones de método porque ellas determinan la ruta de mi interpretación de la figura de Jesús en el Nuevo Testamento.

Para mi presentación de Jesús esto significa ante todo que tengo confianza en los Evangelios. Naturalmente doy por descontado cuanto el Concilio y la moderna exégesis dicen sobre los géneros literarios, sobre la intencionalidad de las afirmaciones, sobre el contexto comunitario de los Evangelios y su hablar en este contexto vivo. Aún aceptando – por cuanto me era posible – todo esto, he querido hacer el intento de presentar el Jesús de los Evangelios como el verdadero Jesús, como el “Jesús histórico” en el verdadero sentido de la expresión.

Estoy convencido, y espero que el lector también se pueda dar cuenta, que esta figura es mucho más lógica y también, desde el punto de vista histórico, más comprensible que las reconstrucciones con las cuales nos hemos debido confrontar en los últimos decenios.

Considero que precisamente este Jesús – el de los Evangelios – sea una figura históricamente sensata y convincente. Sólo si había sucedido algo extraordinario, si la figura y las palabras de Jesús superaban radicalmente todas las esperanzas y las expectativas de la época, se explican su crucifixión y su eficacia.

Ya casi a veinte años después de la muerte de Jesús encontramos plenamente desplegada en el gran himno a Cristo de la Carta a los Filipenses (2, 6-8) una cristología en la que se dice de Jesús que era igual a Dios, pero se despojó a sí mismo, se hizo hombre, se humilló hasta la muerte de cruz y que a Él le toca la alabanza de lo creado, la adoración que en el profeta Isaías (45, 23) Dios proclamó como debida sólo a Él.

La investigación crítica se plantea con justo derecho la pregunta: ¿qué cosa ha sucedido con la crucifixión de Jesús en estos veinte años? ¿Cómo se llegó a esta cristología?

La acción de formación comunitaria anónima, de la que se trata de encontrar los exponentes, en realidad no explica nada. ¿Por qué unos grupos desconocidos pudieron ser tan creativos, convencer e imponerse de ese modo? ¿No es más lógico, también desde el punto de vista histórico, que la grandeza se coloque al inicio y que la figura de Jesús hizo en la práctica saltar todas las categorías disponibles y pudo así ser comprendida sólo a partir del misterio de Dios?

Naturalmente, creer que precisamente como hombre Él fuese Dios y diese a conocer esto envuelto en parábolas y no obstante en forma cada vez más clara, va más allá de las posibilidades del método histórico. Al contrario, si a partir de esta convicción de fe se leen los textos con el método histórico y su apertura para lo que es más grande, ellos se abren para mostrar una vía y una figura que son dignas de fe.

Se hacen ahora claras también la lucha a más estratos que está presente en los escritos del Nuevo Testamento en torno a la figura de Jesús y – no obstante todas las diversidades – la profunda concordia de estos escritos.

Es claro que con esta visión de la figura de Jesús voy más allá de lo que dice por ejemplo Schnackenburg en representación de una buena parte de la exégesis contemporánea.

Pero espero que el lector comprenda que este libro no ha sido escrito contra la exégesis moderna, sino con gran reconocimiento por lo mucho que ella nos ha dado y continúa dándonos. Ella nos ha hecho conocer una gran cantidad de fuentes y de concepciones a través de las cuales la figura de Jesús puede hacérsenos presente en una vivacidad y profundidad que sólo hace pocos decenios no conseguíamos ni siquiera imaginar.

Sólo he buscado ir más allá de la mera interpretación histórico-crítica aplicando los nuevos criterios metodológicos, que nos permiten una interpretación propiamente teológica de la Biblia y que naturalmente requieren la fe, sin por esto querer y poder – de hecho – renunciar a la seriedad histórica.

Por cierto no hay necesidad de decir expresamente que este libro no es en absoluto un acto magisterial, sino que es únicamente expresión de mis investigaciones personales sobre el “rostro del Señor” (Sal 27,8). Por tanto, cada quien es libre de contradecirme. Pido sólo a las lectoras y lectores aquel presupuesto de simpatía, sin la cual no hay ninguna comprensión.

Como he dicho al inicio del prefacio, el camino interior hacia este libro ha sido largo.

He podido comenzar a trabajarlo durante las vacaciones estivas del 2003. En agosto del 2004 he dado forma definitiva a los capítulos del 1 al 4. Después de mi elección a la sede episcopal de Roma he utilizado todos mis momentos libres para sacarlo adelante.

Ya que no sé cuanto tiempo y cuanta fuerza me serán concedidas todavía, en este momento he decidido publicar como primera parte del libro los primeros diez capítulos, que van desde el bautismo en el Jordán hasta la confesión de Pedro y la Transfiguración.

Roma, fiesta de san Jerónimo
30 de setiembre del 2006

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La próxima batalla a favor y en contra de Jesús se combatirá a golpe de libros

Posted by El pescador en 17 abril 2007

Otro artículo, esta vez anterior, de Sandro Magister sobre el libro del Papa:

Y el nuevo libro anunciado y lanzado por Joseph Ratzinger será el best seller del año. Presentamos su prefacio íntegro.

por Sandro Magister

ROMA, 15 de enero del 2007 – Su libro sobre Jesús fue anunciado a fines de noviembre y estará a la venta en la próxima primavera. Pero no hay semana en que Benedicto XVI no predique sobre el protagonista del libro: Jesús, “verdadero Dios y verdadero hombre”

Es como si el Papa Joseph Ratzinger se ocupara ya de la campaña de lanzamiento. Hace un año hizo lo mismo con la encíclica “Deus caritas est”: antes de su publicación intervino repetidamente ilustrando sobre sus contenidos esenciales, aumentando progresivamente la expectativa.

La última vez en que Benedicto XVI hizo una referencia a su próximo libro sobre Jesús fue el miércoles 3 de enero en la audiencia general.

Hablando de la Navidad el Papa llamó la atención una vez más sobre el “poder de las tinieblas que trata de oscurecer el esplendor de la luz divina”. Y dijo:

“Es el drama del rechazo de Cristo, que, como en el pasado, también hoy se manifiesta y se expresa, por desgracia, de muchas formas diferentes. Tal vez en la época contemporánea son incluso más solapadas y peligrosas las formas de rechazo de Dios: van desde el rechazo neto hasta la indiferencia, desde el ateísmo cientificista hasta la presentación de un Jesús que llaman modernizado y posmodernizado. Un Jesús hombre, reducido de modo diverso a un simple hombre de su tiempo, privado de su divinidad; o un Jesús tan idealizado que parece a veces un personaje de fábula.”

El Papa ha opuesto a este falso Jesús el “verdadero Jesús de la historia”: el Jesús que es “verdadero Dios y verdadero hombre y no se cansa de proponer su Evangelio a todos”. Frente al cual “no se puede permanecer indiferente. También nosotros, queridos amigos, debemos tomar posición continuamente”. No rechazarlo sino acogerlo. Sabiendo que “a todos los que lo recibieron les dio el poder de hacerse hijos de Dios” (Jn 1, 12).

* * *

La disyuntiva que Benedicto XVI pone entre el falso y el verdadero Jesús es pues la misma que él ve en acto entre los libros que reducen Jesús a un simple hombre y los que en cambio lo presentan en su verdad humano-divina.

Entre los libros del “poder de las tinieblas” de hoy en día, el Papa tiene en mente sobre todo uno que en Italia ha vendido en pocos meses medio millón de copias, titulado: “Inchiesta su Gesù. Chi era l’uomo che ha cambiato il mondo [Investigación sobre Jesús. Quién era el hombre que cambió el mundo]”.

Los autores del volumen son el agnóstico Corrado Augias, periodista y escritor, editorialista del importante diario liberal “La Repubblica”, y el católico Mauro Pesce, profesor de historia de la Iglesia de la universidad de Bolonia, especialista en textos del cristianismo primitivo.

La tesis de este libro es que “es falso todo lo que la fe cristiana profesa respecto a Jesús”. Así al menos lo ha sintetizado al reseñar el libro de Augias y Pesce, el Padre Giuseppe De Rosa en “La Civiltà Cattolica”, la revista de los jesuitas de Roma impresa con el control y la autorización de la Secretaría de Estado del Vaticano.

Otra reseña del libro igualmente severa es la que apareció en el diario de los obispos italianos, “Avvenire”, en la pluma del Padre Raniero Cantalamessa, 72 años, especialista en historia de los orígenes cristianos y desde 1980 predicador de la casa pontificia, o sea el que da las prédicas de Adviento y de Cuaresma al Papa y a la Curia vaticana.

Si pues Benedicto XVI hasta ahora no ha citado explícitamente el libro de Augias y Pesce, estas dos reseñas autorizadas bastan para dar a entender que el libro es considerado en el Vaticano el texto último y más representativo de aquel ataque a la fe cristiana que desde hace más de dos siglos tiene a Jesús como blanco.

El inminente libro de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI – firmado así porque fue escrito por él antes y después de la elección como Papa – pretende precisamente oponer el Jesús auténtico al falso Jesús “modernizado o postmodernizado”.

Es fácil prever también para el libro del Papa un gran éxito de venta, en Italia y en el mundo.

Pero más que una guerra editorial, se anuncia una nueva fase de aquel perenne enfrentamiento entre acogida y rechazo que siempre ha tenido en Jesús su “signo de contradicción a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones” (Lc 2, 34-35, citado en la audiencia del miércoles 3 de enero).

Precisamente esto hace presagiar el prefacio escrito por Benedicto XVI a su libro que tendrá por título: “Jesús de Nazaret. Del bautismo en el Jordán a la Transfiguración”, primero de dos volúmenes previstos, con el próximo que abracará hasta la Resurrección.

El Papa, haciendo público el prefacio de manera anticipada, ha efectuado otra movida en la campaña de lanzamiento del libro. Y en la batalla a favor y en contra de Jesús.

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Y se presentó en medio de ellos: “Jesús de Nazaret” en librería

Posted by El pescador en 16 abril 2007

Para ir abriendo boca sobre el libro del Papa, este artículo del vaticanista Sandro Magister sobre el tema:

Salió en varios idiomas el libro más querido por su autor. Joseph Ratzinger lo ha trabajado por muchos años, y ahora prepara la continuación. Un texto fundamental también para entender este pontificado

por Sandro Magister

ROMA, 16 de abril del 2007 – Desde hoy, cumpleaños ochenta de Benedicto XVI, su tan esperado libro sobre “Jesús de Nazaret” está a la venta en el original alemán y en las versiones italiana, polaca y griega, a las que rápidamente seguirán las traducciones a una veintena de idiomas: inglés, francés, español, portugués, catalán, holandés, sueco, esloveno, croata, serbio, checo, eslovaco, lituano, húngaro, maltés , coreano.

“Jesús de Nazaret” es la primera parte de una obra de dos volúmenes que Joseph Ratzinger ha pensado hace muchos años como parte de un “largo camino interior” suyo en busca del “rostro del Señor”. Ha escrito los primero cuatro capítulos antes de ser elegido Papa y los siguientes seis después, “usando todos los momentos libres”.

En este primer volumen el relato comienza con el bautismo de Jesús en el Jordán y llega hasta su transfiguración en el monte Tabor. Mientras el segundo volumen llegará a la pasión, muerte y resurrección, con un capítulo dedicado también a los relatos de la infancia: la anunciación, el nacimiento, los magos, la fuga a Egipto.

La intención de Ratzinger al escribir este libro la explica él mismo en el prefacio: presentarles a los hombres de hoy el Jesús de los Evangelios como el Jesús históricamente real, verdadero Dios y verdadero hombre.

Para Benedicto XVI, en los Evangelios se encuentran todos los elementos para afirmar que el personaje histórico Jesús también es realmente el Hijo de Dios venido a la tierra para salvar a la humanidad y, página tras página, guía al lector – creyente, pero también no creyente – en la búsqueda y en el descubrimiento de su verdadero rostro.

El libro consta de una prefación, hecha pública desde el pasado noviembre, de una introducción, de diez capítulos y de una guía bibliográfica.

En la introducción, Benedicto XVI presenta a Jesús como el “nuevo Moisés” anunciado por el Antiguo Testamento en el libro del Deuteronomio: “un profeta con el cual el Señor hablaba cara a cara”. Incluso mucho más: si Moisés no pudo contemplar el rostro de Dios sino sólo verle “las espaldas”, Jesús es no sólo el amigo de Dios sino su Hijo unigénito, está “en el seno del Padre” y por lo tanto lo puede revelar: “Quien me ve a mí ve al Padre”.

El primer capítulo está dedicado al bautismo de Jesús en el Jordán. Sumergiéndose en las aguas Jesús “acepta la muerte por los pecados de la humanidad”. Mientras la voz desde el cielo que lo señala como Hijo de Dios predilecto “es la llamada anticipada a la resurrección”. El recorrido de su vida ya está delineado.

Capítulo segundo: las tentaciones de Jesús. Para salvar a la humanidad, Jesús debe vencer las principales tentaciones que amenazan, en diferentes formas, a los hombres de todos los tiempos y transformándolas en obediencia, reabrir el camino hacia Dios, hacia la verdadera Tierra prometida que es el “reino de Dios”.

El capítulo tercero está dedicado, precisamente, al Reino de Dios, que es el señorío de Dios sobre el mundo y sobre la historia, pero se identifica en la misma persona de Jesús, vivo y presente aquí y ahora. En Jesús “Dios viene a nuestro encuentro, reina en modo divino o sea sin poder mundano, reina con el amor que llega “hasta el extremo”.

Capítulo cuarto: el discurso de la montaña. En él Jesús aparece como el “nuevo Moisés” que lleva a cumplimiento la Torah, la ley. Las bienaventuranzas son los puntos cardinales de la nueva ley, y al mismo tiempo, un autorretrato de Jesús. La ley es Él mismo: “Es este el punto que exige una decisión y por lo tanto es el punto que conduce a la cruz y a la resurrección”.

Capítulo quinto: la oración del Señor. Poniéndose en el seguimiento de Jesús, el creyente puede invocar al Padre con las palabras que Él enseñó: el Padrenuestro. Benedicto XVI lo explica punto por punto.

Capítulo sexto: los discípulos. La comunidad con Jesús recoge a los discípulos en el “nosotros” de una nueva familia, la Iglesia, que a su vez es enviada a anunciar el mensaje al mundo entero.

Capítulo sétimo: las parábolas. Benedicto XVI ilustra su naturaleza y objetivo y después comenta tres, todas del Evangelio de Lucas: la del buen samaritano, la de los dos hermanos y el padre bueno, la del rico epulón y el pobre Lázaro.

Capítulo octavo: las grandes imágenes joánicas. O sea: el agua, la vid y el vino, el pan, el pastor. El Papa las comenta una por una, después de haber explicado quien era el evangelista Juan.

Capítulo nueve: la confesión de Pedro y la transfiguración. Ambos eventos son momentos decisivos para Jesús como también para sus discípulos. Muestran con claridad cual es la verdadera misión del Hijo de Dios sobre la tierra y cual es la suerte de quien quiere seguirlo. Jesús, el Hijo de Dios vivo, es el Mesías esperado por Israel que, a través del escándalo de la cruz, conduce a la humanidad al “reino de Dios”, a la libertad definitiva.

Capítulo décimo: las afirmaciones de Jesús sobre sí mismo. Benedicto XVI comenta tres de ellas: “Hijo del Hombre”, “Hijo”, “Yo soy”. Este último es el nombre misterios con el que Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente y con el que los Evangelios dejan entrever que Jesús es el mismo Dios.

Aquí termina el primer volumen del Papa sobre Jesús de Nazareth. Pero también es interesante el apéndice final en el que el autor hace de guía a los lectores en la inmensa bibliografía sobre la materia. Por cada uno de sus diez capítulos, Ratzinger cita los principales libros a los que se ha referido y que pueden ser leídos para una profundización. Además señala “algunos de los más importantes y recientes libros sobre Jesús”, entre los que figuran los de Joachim Gnilka, Klaus Berger, Heinz Schürmann, Thomas Söding, Rudolf Schnackenburg, John P. Meier. De la obra de este último, en tres amplios volúmenes con el título “A Marginal Jew. Rethinking the Historical Jesus”, escribe:

“Esta obra en varios volúmenes del jesuita americano representa bajo muchos aspectos un modelo de exégesis histórico-crítica, en la que se pone de manifiesto tanto la importancia como los límites de esta disciplina. Vale la pena de ser leída la reseña de Jacobo Neusner al primer volumen, ‘Who needs the historical Jesus?’, en ‘Chronicles’ julio 1993, pp. 32-34”.

Benedicto XVI dedica este pasaje de su libro a la interpretación de la Escritura, en el capítulo sobre las tentaciones de Jesús:

“Para atraer a Jesús a su trampa el diablo cita la Sagrada Escritura, […] aparece como teólogo. […] Vladimir Solove’ëv retomó este tema en su ‘Relato sobre el Anticristo’; el Anticristo recibe el doctorado honoris causa en teología de la Universidad de Tubinga; es un gran experto en Biblia. Con este relato Solov’ëv ha querido expresar en modo drástico su escepticismo en relación a cierto tipo de exégesis erudita de su tiempo. No se trata de un no a la interpretación científica de la Biblia en cuanto tal, sino de una advertencia, en principio saludable y necesaria, frente a los caminos errados que ella puede tomar. La interpretación de la Biblia puede efectivamente volverse un instrumento del Anticristo. No es solamente Solov’ëv quien lo dice, es lo que afirma implícitamente el relato mismo de las tentaciones. Los peores libros destructores de la figura de Jesús, desmanteladores de la fe, han sido entretejidos con presuntos resultados de la exégesis”.

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