El testamento del pescador

Archive for the ‘Iglesia’ Category

El fin de un tabú: también Romano Amerio es “un verdadero cristiano”

Posted by El pescador en 12 junio 2009

 (original en italiano; traducción mía)

Amerio fue el más grande de los opositores tradicionalistas en la Iglesia del siglo XX y por eso fue castitgado con un ostracismo general. Pero ahora se descubre que su tesis central es la misma de Benedicto XVI. Él Quiere hacer la paz con los lefebvrianos.


de Sandro Magister


ROMA, 6 febrero 2006 – En la mañana del lunes 13 de febrero Benedicto XVI ha convocado a los cardenales prefectos de las congregaciones vaticanas para decidir sobre dos cuestiones: la revocación de la excomunión a los seguidores del arzobispo Marcel Lefebvre y el aligeramiento de la facultad de celebrar la Misa en latín según el rito establecido por el Concilio de Trento

 

El cisma lefebvriano y la defensa de la Misa tridentina son expresión de la oposición tradicionalista al Concilio Vaticano II y a las innovaciones que se siguieron de él.

 


Benedicto XVI ha dado ya pasos pasos importantes hacia una recomposición de estas divergencias.

El 29 de agosto, en Castel Gandolfo, ha recibido a los dos máximos responsables de la Fraternidad lefebvriana, Bernard Fellay y Franz Schmidberger, “en un clima de amor por la Iglesia y de deseo de llegar a la perfecta comunión”


El 22 de diciembre, en el discuros prenatalicio en la curia vaticana, ha dado una interpretación del Concilio Vaticano II que tiene en cuenta la seriedad de algunas críticas avanzadas por los tradicionalistas. En particular, el Papa ha querido volver a asegurarles que el decreto conciliar sobre la libertad religiosa no deber ser entendido como una cesión al relativismo.


Además, desde la primera Misa celebrada después de su elección Benedicto XVI se ha movido en la estela de la gran tradición litúrgica, volviendo a dar espacio al latín y al canto gregoriano.

Pero hay un elemento aún más sustancial que acerca a los tradicionalistas al magisterio de Benedicto XVI: el primado dado por él a la verdad.

El mensaje del Papa para la jornada mundial de la paz, por ejemplo, establece desde el título este primado: “En la verdad, la paz”.

Y también su primera encíclica “Deus Caritas Est” la ha escrito para restituir verdad al amor: “La palabra ‘amor’ está tan gastada, consumida, abusada hoy. Debemos retomarla, purificarla y llevarla a su esplendor original”.


* * *

Y bien, justamente el primado de la “veritas” es el corazón del pensamiento del más autorizado y culto representante de la oposición católica tradicionalista a la Iglesia del siglo XX: el filólogo y filósofo suizo Romano Amerio, muerto en Lugano en 1997 a los 92 años de edad.


Amerio condensó sus críticas en dos volúmenes: “Iota unum. Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel XX secolo” [Iota unum. Estudio de las variaciones de la Iglesia católica en el siglo XX], comenzado en 1935 y ultimado y publicado en 1985, y “Stat Veritas. Sèguito a Iota unum”, publicado póstumamente en 1997, ambos por la tipografía del editor Riccardo Ricciardi, de Nápoles.


El primero de estos volúmenes, de 658 páginas, fue reimpreso tres veces en Italia con un conjunto de siete mil copias y después traducido al francés, inglés, español, portugués, alemán, holandés. Alcanzó por tanto muchas decenas de miles de lectores en todo el mundo.


Pero no obstante esto, un casi total silencio de parte de la opinión pública católica castigó a Amerio tanto en vida como después: él que nunca jamás condescendió con el cisma lefebvriano y fue siempre fidelísimo a la Iglesia.


Una recensión de “Iota unum” escritta para “L’Osservatore Romano” en 1985 por el entonces prefecto de la Biblioteca Ambrosiana monseñor Angelo Paredi –a petición del director del diario vaticano, Mario Agnes– no se publicó nunca.


Para asistir al primer congreso de estudios sobre el pensamiento de hubo que esperar hasta 2005. El congreso tuvo lugar en Lugano con el patrocinio de la facultad de teología local y con la presencia del obispo, pero también sobre este congreso la atención fue mínima.


Ahora sin embargo un discípulo de Amerio, Enrico Maria Radaelli, ha publicado finalmente una monografía sobre este filólogo y filósofo largamente condenado al ostracismo, autor -además de los dos libros citados- de la imponente edición crítica en 34 volúmenes del gran pensador del siglo XVI Tommaso Campanella, de tres volúmenes dedicados a las “Osservazioni sulla Morale Cattolica” de Alessandro Manzoni, y de estudios sobre Epicuro, Paolo Sarpi, Giacomo Leopardi.


El ensayo de Radaelli, impreso por Marco Editore y a la venta en las librerías desde enero de 2006, tiene por título: “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”. Esso include testi inediti tra cui la recensione non pubblicata dall’”Osservatore Romano”. Y se distingue por una serie de contribuciones externas de particular interés. La introducción al volumen tiene por autor a don don Antonio Livi, sacerdote del Opus Dei, presidente en Roma de la facultad de filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense. Otras aportaciones son de dos obispos italianos: el deAlbenga e Imperia, Mario Oliveri, y el de Trivento, Antonio Santucci. Finalmente, hay un comentario escrito por don Divo Barsotti, una de las figuras más influyentes y respetadas del catolicismo italiano del último siglo, fundador de una comunidad espiritual, la Comunidad de los Hijos de Dios, que comprende los más diversos estilos de vida: hombres y mujeres que abrazan los votos monásticos, simples sacerdotes, parejas de esposos con niños. Hoy su comunidad cuenta con alrededor de 2000 personas, en Italia y varios otros países: Australia, Colombia, Croacia, Benin, Sri Lanka. Pertenece a ella el actual obispo de Monreale, en Sicilia, Cataldo Naro. Don Barsotti tiene 92 anni, vive cerca de Florencia, en Settignano, en una casa dedicada al santo ruso Sergio de Radonez, y esta página suya sobre Romano Amerio es quizá la última que ha sido capaz de escribir de su puño y letra. Pero es de fulmínea densidad.


Don Barsotti recoge plenamente la esencia de la crítica formulada por Amerio, al que define como “un verdadero cristiano”. Y sostiene que la crítica tiene un fundamento válido: porque el error mayor en la Iglesia de hoy es precisamente el de quitar la verdad desde el primer puesto. Cuando por el contrario “el progreso de la Iglesia [debe] partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto”. Salta a la vista la consonancia de esta tesis con el magisteiro del PapaJoseph Ratzinger.


Pero he aquí, integral, el escrito de don Barsotti:


“Sólo después de haber construido el fundamento de la verdad…” de Divo Barsotti

A mi venerable edad quizá no empuñaré más la pluma, o quizá la empuñaré, no sé. Pero,  aunque con gran fatiga ahora, querría aprovechar la bella ocasión que se me ofrece, y dar a conocer en algún trazo mínimo mi pensamiento sobre un católico verdadero querido para mí como fue Romano Amerio.

Me ha impresionado de hecho, de este libro de Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, cómo y cuánto el autor ha sido capaz de resumir en pocos conceptos -incluso quizá en un concepto solo-  la sustancia de la filosofía y de la opinión de un escritor como Amerio que, especialmente con su famoso libro “Iota unum”, tanto molestó a las conciencias católicas.

La lectura del libro de Radaelli, que es la primera monografía que se tenga sobre Amerio, me ha atraído desde el título: hablar de Romano Amerio -parece decir- es hablar de un orden de la verdad y de la caridad, donde la primera está unida a la segunda, pero la precede. Amerio dice en sustancia que los más graves males presentes en el pensamiento occidental,  incluido el católico, son debidos principalmente a un general desorden mental por el cual se pone la “caritas” delante de la “veritas”, sin pensar que este desorden mental pone patas arriba también la justa concepción que deberíamos tener de la Santísima Trinidad.

La cristiandad, antes que se afianzara en su seno el pensamiento de Descartes, había procedido siempre santamente haciendo preceder la “veritas” a la “caritas”, así como sabemos que de la boca divina de Cristo expira el soplo del Espíritu Santo y no al revés.

En la carta con la cual Amerio presenta al filósofo Augusto Del Noce aquello que será después el célebre “Iota unum”, explica claramente el fin para el cual lo ha escrito, que “es defender las esencias contra el mobilismo y el sincretismo propios del espíritu del siglo”. O sea defender a las Tres Personas de la Santísima Trinidad y sus procesiones, que la teología enseña que tiene un orden inalterable: “En el principio existía el Verbo”, y después, respecto al Amor, “Filioque procedit”. O sea el Amor proviene del Verbo, y nunca al contrario.

De rebote Del Noce, evidentemente impresionado por la profundidad de las tesis de Amerio, anota: “Repito, quizá me equivoco. Pero me parece que la restauración católica de la que el mundo tiene necesidad como problema filósofico último el del orden de las esencias”.

Veo el progreso de la Iglesia a partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto.

La paz prometida por Cristo, la libertad, el amor son para todo hombre el fin que hay que alcanzar, pero hace falta llegar allí sólo después de haber construido el fundamento de la verdad y las columnas de la fe.

Por tanto -como dice Amerio- partir de Cristo, de la verdad sobrenatural que sólo Él enseña, para tener por Él el don del Espíritu Santo con el cual siempre Él, el Señor, nos da vida y fuerza, y salir a situar por último el arquitrabe de la “caritas”.

 Romano Amerio era un laico, un laico que conoció al Señor. Conoció el Credo evangélico y se convirtió en testimonio cristalino de él. He tenido siempre la impresión -incluso no habíendolo conocido en persona- de haber visto en él un verdadero cristiano, que no ha tenido nunca miedo de afrontar los temas más trabajosos de la Revelación.

Aquello que maravilla -y es su verdadera grandeza- es que incluso siendo un laico él es un verdadero testigo. No es un teólogo, no es un hombre de religión, sino uno que ha tenido de Dios el carisma de ver aquello que está implícito en la enseñanza cristiana. Él lo siente, y acepta este papel. Hace cuanto el Señor le inspira.

Toda la cristiandad tiene motivo para dar gracias a Dios por Romano Amerio, que en estos tiempos difíciles ha hablado tan claramente de los fundamentos de la Revelación. Me ha maravillado siempre el conocimiento que Amerio tiene del carisma que Dios le dio. Por este carisma, y por el regalo que él humildemente hace de él, Amerio permanece en la Iglesia como una figura de primer plano.

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El libro: Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, Marco Editore, Lungro di Cosenza, 2005, pp. 344, euro 25,00.
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 El sitio web del autor del libro, Enrico Maria Radaelli, in italiano, inglés y latín:


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 Las actas del congreso sobre Romano Amerio celebrado en Lugano el 29 de enero de 2005 están disponibles en el número de julio-septiembre de 2005 de “Cenobio”, revista trimestral de cultura de Suiza italiana: vista trimestrale di cultura della Svizzera italiana:

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En este sitio, sobre Romano Amerio y don Divo Barsotti:


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La interpretación del Concilio Vaticano II hecha por Benedicto XVI en el discurso a la curia vaticana del 22 de diciembre de 2005:


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La elección de un nombre

Posted by El pescador en 29 octubre 2008

(original en francés; traducción mía)

Albéric de Palmaert pour le Pèlerin Magazine

¡Elegir un nombre es importante!

Llevar el nombre de un santo patrón significa tomarlo como modelo y recurrir a su intercesión.
Dar un nombre a su hijo no es anodino. Elegir el nombre de un santo es importante. “El patronímico de santos expresa, desde los orígenes del cristianismo, la comunión existente entre la Iglesia terrestre y aquellos que gozan ya de la plenitud de la visión de Dios. Llevar el nombre de un santo patrón significa tomarlo como modelo y recurrir a su intercesión”. Así se expresó Monseñor Félici, entonces nuncio apostólico en Bélgica respondiendo a un tintinófilo enterado ¡que deseaba llamar a su hijo “Tintín”!. Es por tanto importante para los padres cristianos que elijan un nombre que se informen sobre la vida del santo patrón de su hijo. Será también importante para el niño conocer la vida de él.Existe hoy una gran posibilidad de vidas de santos, en tebeos, en vídeo…

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¿Para qué sirve el Papa?

Posted by El pescador en 15 septiembre 2008

(original en francés; traducción mía)


Mientras que Benedicto XVI debe llegar el 12 de septiembre a Francia para un viaje a París y Lourdes, se vuelve sobre el papel del obispo de Roma en la Iglesia católica y en el mundo

El término viene del griego ‘pappos’ que, desde Homero, es utilizado para marcar una veneración, respetuosa. En Oriente designa después a los obispos y a los sacerdotes. Aparece en Occidente a comienzos del siglo III, reservado a los obispos.

No es hasta el siglo VIII cuando los obispos de Roma lo emplean para ellos mismos cada vez más a menudo. En el siglo XI, mientras es necesario asentar el poder de Roma frente a otras ciudades e imponer progresivamente la autoridad apostólica, Gregorio VII, en un«dictatus papae», establece que el título será a partir de entonces reservado al sucesor de Pedro, «porque es único en el mundo».

La palabra no tiene nada que ver, etimológicamente, con el familiar «papa» de los niños hacia su padre. La confusión viene del hecho de que en Italia, en las familias, se ha extendido el uso francés de decir «papà», con acento sobre la última sílaba, mientras que la palabra italiana era originalmente «babbo».

El “Viva il papa!” que se escucha en la plaza de San Pedro para el papa no tiene nada que ver, como lo creen a veces los turistas francófonos en Roma, con un familiar “¡viva el papá!”… Explicaciones sobre las prerrogativas del jefe de la Iglesia católica.


¿Cómo es elegido el papa?

Y primero, ¿quién puede ser elegido? En teoría, todo bautizado que cumpla las condiciones para llegar a ser obispo, porque el papa es el obispo de Roma. En realidad, desde el siglo XV, el papa ha sido elegido siempre entre los cardenales. Los electores son en efecto los cardenales, que son nombrados ellos mismos por los precedentes soberanos pontífices.

La elección del papa está regulada de manera extremadamente meticulosa por textos que prácticamente cada papa a retocado. Pero el objetivo ha seguido siendo el mismo: crear las condiciones para que el nuevo papa pueda tener los medios de asegurar su misión con toda independencia.

Lejos de presiones extrañas, de injerencias mediáticas, los cardenales se reúinen pues en cónclave, en secreto, dentro de la capilla Sixtina.

Sólo aquellos que tienen menos de 80 años participan en el cónclave: una regla introducida por Pablo VI en 1970, para evitar que el alargamiento de la duración de la vida no haga crecer demasiado el peso de los cardenales más ancianos. Es elegido aquel que obtenga más de dos tercios de votos en el curso de los escrutinios.

Esta regla de dos tercios había sido modificada por Juan Pablo II y la sustituyó por la de la mayoría al final de un cierto número de días sin resultado; uno de los primeros actos de Benedicto XVI fue sin embargo volver a la antigua práctica, por miedo a que el papa pueda ser el rehén de una parte del Sacro Colegio en lugar de representar a la Iglesia entera.

No hay campaña electoral. Sin embargo, antes del cónclave, los cardenales -incluidos aquellos de más de 80 años- se reúnen en congregaciones generales para evocar los grandes problemas y desafíos de la Iglesia. Un tiempo importante donde se bosquejan las grandes tendencias que después “harán” la elección.

¿Cuál es su papel pastoral ?

“Bendito sea Dios que te ha elegido como pastor de toda la Iglesia”, dice el cardenal protodiácono entregando al nuevo elegido, al comienzo de su ministerio, el palio. El papa no es un “súper-obispo”.

Su papel pastoral es universal, pero le es correspondiente por derecho según los términos mismos empleados por Jesús para Pedro: “Confirma a tus hermanos en la fe”.

He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones“, ha dicho en ese sentido Benedicto XVI a los jóvenes australianos este verano, durante la JMJ.

Es lo que se llama el magisterio del papa, que no ejerce solo, sino con el conjunto de los obispos, sucesores de los Apóstoles, cuyo colegio él preside. Este magisterio aspira a transmitir el mensaje de Cristo en su integridad y a asegurar la unidad de la fe. Integridad, para evitar desviaciones, malas interpretaciones, sectarismo u otras cosas; unidad, para preservar la Iglesia del cisma.

Es una forma de enseñanza, que el papa ejerce cotidianamente, por medio de discursos, de cartas, de homilías, de audiencias. O de manera más solemne, por medio de textos que tienen un alcance general, encíclicas o exhortaciones apostólicas.

Este Magisterio se ejerce en comunión con los obispos, que el papa puede consultar sobre tal o cual punto: es el caso de las exhortaciones apostólcias que recogen las conclusiones de una asamblea del Sínodo de los obispos.

En cambio, podemos notar que las dos encíclicas publicadas hasta hoy por Benedicto XVI son muy personales, y enteramente escritas por el papa, aunque la segunda parte de “Deus caritas est” se inspira claramente en una reflexión sobre la acción caritativa de la Iglesia elaborada por el Consejo pontificio Cor Unum.

¿Cuál es el poder del papa sobre los fieles?

El poder del papa se extiende al conjunto de la Iglesia católica, no depende de ningún otro, y no tiene necesidad de delegación especial para ser ejercido. Pero no ejerce sin embargo un poder absoluto. En cada diócesis el obispo tiene competencia total sobre la porción del pueblo de Dios que le está confiado, según el principio de subsidiariedad.

También el papa debe decidir en colegialidad con los otros obispos. Por otro lado, la Iglesia no es una secta. La obediencia, en el sentido estricto, es requerida cuando un acto jurídico lo pide explícitamente: por ejemplo una prohibición de publicación para un teólogo, que, desués de haber hecho recurrido eventualmente, debe someterse.

Pero para todo lo que es de la doctrina, hace falta más bien hablar de adhesión al Magisterio, la cual implica reflexión y libertad en conciencia. Como dice el Derecho canónico, la adhesión al Papa no es del mismo orden que la sumisión al acto de fe, al cual están en cambio obligados todos los católicos.

Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres” (canon 752). Salvo que la infabilidad del Papa esté comprometida, lo que implica entonces una obediencia absoluta -pero eso no se hace más que de manera extremadamente precisa y limitada: en realidad, los casos de infabilidad son muy raros, el último se remota a 1950 para la proclamación del dogma de la Asunción.

¿El Papa tiene peso en la diplomacia internacional?

Difícil de medir con exactitud el peso diplomático de la Santa Sede. El Papa no ejerce, retomando la fórmula de Pablo VI, fficile de mesurer avec exactitude le poids diplomatique du Saint-Siège. Le pape n’exerce, más que una “minúscula y casi simbólica soberanía temporal”. Heredero de la época en que disponía de un verdadero poder temporal en Europa, el Papa dispone de un aparato diplomático, con embajadores (los nuncios), y mantiene hoy relaciones diplomáticas con 176 Estados.

Juan Pablo II se implicó mucho en el escenario internacional, y su acción ha podido tener una influencia decisiva, por ejemplo en la caída del muro de Berlín o en la condena de la intervención americana en Iraq; Benedicto XVI está menos presente en este plano.

Más generalmente, esta diplomacia puede desempeñar un papel en el país donde la comunidad católica es numerosa e influyente: en la República Democrática del Congo ha tenido peso en el proceso de paz, o incluso en el Líbano o en América del Sur. Sobre todo se escucha la voz del Papa en el plano de los grandes principios internacionales.

Después de la segunda mitad del siglo XX, ha adquirido el reconocimiento de una forma de autoridad moral y espiritual, que le permite recordar aglunos grandes principios de la humanidad: dignidad del hombre, libertad de pensamiento y de religión, protección de la vida, solidaridad con los países más pobres…

Ciertamente la eficacia de estas intervenciones es, por naturaleza, limitada. Haría falta por tanto no desatender este papel: en mayo pasado, cuando Benedicto XVI subió a la tribuna de las Naciones Unidas en Nueva York, todos los países estaban representados, y fue escuchado muy atentamente, ciertos embajadores se alegraban abiertamente de ver teorizada así la universalidad de los derechos del hombre.

¿Cuál es su papel con las otras religiones?

Con las otras Iglesias, el Papa desempeña hoy un papel de primer orden. No es que la iniciativa venga de él: al contrario, el ecumenismo tal como se entiende hoy día, es decir el diálogo teológico con las otras confesiones cristianas en vista a restablecer su unidad, nació en el siglo XIX aparte de Roma, es decir a sus espaldas.

Pero a partir del Vaticano II, Juan XXIII transforma el papel del Papa: convidando a observadores cristianos no católicos, lanza el “ecumenismo pontifical”. Desde entonces, el papel del Papa será decisivo, en los avances como en las dudas del ecumenismo.

En el plano teológico, el obispo de Roma puede dar impulsos, más aún cuando su función misma constituye un punto de fricción con los otros cristianos: en la encíclica ‘Ut unum sint’ (1995), Juan Pablo II ha invitado a las otras Iglesias a discutir modalidades de ejercicio de su ministeriode Pedro.

Benedicto XVI ha relanzado el diálogo con los ortodoxos sobre este punto, aunque él no participa, pues tiene lugar entre teólogos. El Papa puede también querer “volver a encuadrar” este diálogo teológico, como lo ha hecho Benedicto XVI aprobando una nota de la Congregación para la doctrina de la fe reafirmando que la Iglesia de Cristo “subsiste” en la sola Iglesia católica.

El papel pastoral del Papa al servicio de la unidad cristiana es quizás aún más importante cuando se encuentra con responsables de otras Iglesias, mostrando así un acercamiento verdadero más allá de las divergencias teológicas. Es lo que ha hecho reciente y largamente, el 5 de mayo, con el primado anglicano Rowan Williams.

Está asimismo en las relaciones con las otras religiones, en particular el islam. Desde Juan Pablio II, el Papa es un motor de ese diálogo y considerado como tal por los interlocutores musulmanes.

Benedicto XVI aprendió en sus propias carnes en Ratisbona en septiembre de 2006: quiera o no, lo que dice el Papa en esa área encuentra un eco considerable y tiene grandes repercusiones, debe sopesar cuidadosamente sus palabras y ademanes.

Hacia él se dirigieron lógicamente los musulmanes para relanzar el diálogo, que ha desembocado en la programación de un gran encuentro islamo-católico del 4 al 6 de noviembre próximos en Roma.

¿Cómo gobierna la Curia?

“Sobre la punta de los pies”, respondía, con su gran sonrisa, Juan Pablo I. La Curia romana es una organización administrativa compleja, producto de un apilamiento histórico de siglos de tradiciones y que no es fácil de manejar hoy. Está compuesta de dicasterios (Congregaciones, Consejos pontificios, Tribunales…) cuyos prefectos o presidentes nombra él.

Como los ministerios, cada uno tiene atribuciones específicas, para las cuales dispone de un poder administrativo: la liturgia para la Congregación para el culto divino, decretos de beatificación o de canonización para la de las causas de los santos, etc.

Esto puede ser una especie de consejo, como el nombramiento de obispos, hecho por el Papa pero preparado por la Congregación para los obispos. Un mismo documento puede ser releído por numerosos dicasterios, particularmente por la Congregación para la doctrina de la fe, lo que explica la lentitud de ciertas publicaciones.

Para el gobienro de la Iglesia propiamente dicho, el Papa se apoya en la Secretaría de Estado, cuyo papel ha crecido considerablemente en el siglo XX.

Está compuesta de dos secciones: los asuntos generales, que comprende ocho divisiones lingüísticas, por donde pasa todo el correo y donde se hacen traducciones y notas de síntesis, y las relaciones con los Estados, encargada de la diplomacia de la Santa Sede.

Esta verdadera placa giratoria de la Curia está dirigida por un cardenal Secretario de Esgtado, hoy el salesiano italiano Tarcisio Bertone, una especie de “primer ministro” del Papa.

En realidad, lejos de formar un bloque monolítico, la Curia presenta una realidad compleja. Universalidad de la Iglesia obliga, está compuesta de diversas nacionalidades, aunque domine Italia, y de tendencia y corrientes a menudo diferentes, o sea opuestas, con las cuales el Papa debe contar.

Además, un nuevo Papa no viene con su propio equipo, como en las democracias actuales. Es raro que se separe de colaboradores que no hayan alcanzado la edad del retiro (75 años): Benedito XVI lo ha hecho con Mons. Fitzgerald, encargado del diálogo interreligioso con Juan Pablo II, y el cardenal Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, nombrado para Nápoles. Son excepciones, que marcan un profundo desacuerdo -pero la práctiva es más bien la continuidad.

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Masab Yousef, nuevo converso al cristianismo

Posted by El pescador en 6 septiembre 2008

El hijo del líder de la organización terrorista islámica Hamas se ha convertido al cristianismo:

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Próxima beatificación del Cardenal Newman

Posted by El pescador en 5 septiembre 2008

Aquí hay una biografía de él, en PDF.

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Stultorum numerus infinitus est

Posted by El pescador en 3 septiembre 2008

 

Se suele citar Eclesiastés 1,15 como origen de la frase “el número de los necios es infinito”, y debe ser verdad porque los tópicos se repiten y se enredan hasta la idiotez.

Esto viene a cuento de un comentario en una entrada de esta bitácora  y que dice así:

mira estoy en total desacuerdo y me parece una verguenza lo que hacen con la religion ya que de ella se abusan y le sacan a la gente que esta desesperada por falta de fe o por necesidad de amor hasta la ultima monedita que tienen encima cuando en realidad el diesmo ni tendria que existir ya que la casa de dios “la iglesia” la tendria que mantener el estado y no el bolsillo de los mas carenciados o desesperados sino diganme como puede ser que el vaticano este forrado en oro y cristales de no se donde y en AFRICA y digo africa porque es el caso mas extremo pero no es la unica parte del mundo en donde la gente y los niños mueren de hambre entonces les voy a hacer dos preguntas; si dios esta en todas partes y para el son todos iguales y merecen lo mismo porque pasan estas cosas o permite que pasen? y porque la humanidad hace con una religion el sustento diario y a nivel gloval porsupuesto? QUE VERGUENZA…

Voy a intentar responder a este comentarista que firma “xxx”, ni siquiera nos da su nombre para que podamos dirigirnos a él.

1º Empieza criticando que la Iglesia sea una saca-cuartos que se aprovecha de la gente pobre. No voy a decir que los cristianos seamos perfectos, “estoy morena pero soy hermosa” decía la Sulamita del Cantar de los Cantares (1,1) y San Ambrosio lo aplicaba a la Iglesia pecadora pero también santa;
2º De aquí pasa al tema del diezmo, una institución que aún existe en algunas iglesias para que los cristianos que quieran la sostengan. Aquí entra en el meollo de su argumento, lo más descabellado de todo: afirma que el Estado y no los pobres es el que tiene que mantenerla.
Pues bien, resulta que los recursos del Estado salen por la fuerza de los bolsillos de los ciudadanos, el Gobierno no es un factor productivo, así que todo lo que gasta ha de quitárselo a otros, que se lo ceden obligatoriamente; de manera que nuestro comentarista xxx está diciendo que todo deberíamos sostener a la Iglesia a la fuerza, no voluntariamente como lo hacemos quienes pertenecemos a ella.
3º Sale el tema de la riqueza de la Iglesia, cómo no, y aquí demuestra una vez más que la ignorancia es muy atrevida, pues cita el caso de África como ejemplo de hambre y miseria, sin darse cuenta de que la Iglesia católica a través de sus misioneros está presente allí donde más necesidad hay, imitando a Jesucristo, a quien ven en todos esos millones de pobres.
4º Para responder a sus preguntas finales, bueno a la única que se entiende: Dios pone soluciones a la desigualdad y a la injusticia creada por el pecado, nos ha puesto a nosotros, nos ha hecho hermanos unos de otros para que cuidemos unos de otros, ésa es la gran revelación de Jesucristo, que Dios es nuestro Padre y por tanto todos somos hermanos (Lucas 11,2-4).

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Entrevista a Olegario González de Cardedal

Posted by El pescador en 14 mayo 2008

Este profesor de Cristología de la Pontificia Universidad de Salamanca es uno de los grandes teólogos actuales. Reproduzco esta entrevista donde habla de cuestiones de la Iglesia actual, tanto la universal como la española.

Es interesante lo que dice sobre la ignorancia y el desconocimiento del latín que tienen los eclesiásticos: seminaristas y sacerdotes de ahora y del futuro, y tiene razón puesto que “estudiar latín y griego no sirve para nada, estudiar sociología es más útil” (entre comillas porque es una frase, no de Olegario, sino de altos cargos de una diócesis):

Entrevista a Olegario González de Cardedal

jueves, 31 de enero de 2008

«La liturgia en latín recuperada por Benedicto XVI abre una posibilidad más de expresión que se une a las existentes»

«No hay otra institución que esté tan presente en la sociedad como la Iglesia, volcada con los marginados»

La Opinión de Zamora TANIA SUTIL. – “El educador cristiano, testigo de fe” es el título de la conferencia inaugural de las jornadas diocesanas dedicadas a la educación desarrolladas durante estos días. ¿Cómo ejercer este testimonio en la actualidad?

– El testimonio de la fe siempre ha sido el mismo. La fe se transmite desde una convicción personal vivida, no como un hecho físico ni como una demostración científica. Se transmite como expresión de una vida que alguien experimenta, un valor iluminador y acrecentador de la fe humana que quien lo experimenta lo ofrece a los demás como una posibilidad.

– ¿Transmitir ese mensaje en la sociedad actual entraña más dificultades que en tiempos pasados?

– Todos los tiempos son igualmente fáciles o difíciles porque el sujeto personal, con sus cuestiones de fondo como el amor, el sentido, el futuro, la esperanza o el prójimo, son las raíces permanentes de la vida humana y son constantes a lo largo de la historia. El hecho religioso se ofrece en el contexto de las múltiples ofertas que la sociedad hace pero no entra en colisión directa con ninguna de ellas.

– ¿Es el aula el lugar idóneo para difundir ese hecho religioso?

– El hecho religioso es universal y permanente en la historia. Si es un hecho determinante de la vida humana, universal y constante, la escuela tiene que informar sobre ello en su totalidad.

– A propósito de la “Educación para la Ciudadanía”, ¿corresponde al Estado la educación moral de los ciudadanos?

– Al Estado le corresponde explicitar aquellos valores, ideales o instituciones que están en la Constitución española a la vez que las declaraciones internacionales que el estado español ha suscrito. Ir más allá ya no sería propio del Estado.

– Como buen conocedor del Papa, ¿qué opina de la recuperación de ciertos elementos de la liturgia, tal y como oficiar la misa en latín y de espaldas a los fieles?

-Al Papa lo que hay que hacer es leerlo. Con ese texto jurídico abre una posibilidad más de expresión litúrgica, por tanto, no cierra ninguna de las posibilidades que existen hasta ahora sino que abre la oportunidad de que en determinadas circunstancias se pueda celebrar también el rito litúrgico vigente hasta el Concilio Vaticano II. Lo mismo que hay rito mozárabe, ambrosiano u oriental, ¿por qué no éste que no se impone nada a nadie? Mi tristeza profunda es que los españoles y los futuros seminaristas y sacerdotes no sepan latín. Y no saber las lenguas en las que están escritas las fuentes del Cristianismo es una pérdida fundamental porque quien no sabe no es libre. Una Iglesia que no conoce las fuentes y los textos originales de la historia máter es una Iglesia a merced de quienes sí lo saben. Por tanto, bienvenido sea una invitación a un saber más hondo, a una expresión litúrgica más ancha y a una mayor libertad en la Iglesia.

– ¿Existe en la actualidad un divorcio entre la Iglesia y la sociedad?

– No hay otra institución que esté tan presente en la sociedad como la Iglesia. Primero, porque donde hay un cristiano ahí está la Iglesia, a través de la innumerable lista de asociaciones, testimonios y grupos. Cuando alguien dice que la Iglesia no existe, es negar la realidad. La Iglesia se preocupa del Sida, de atender a los marginados y de estar en el mundo rural.

– ¿Y entre el Gobierno y la Iglesia?

– Una cosa es la normativa jurídica, que está perfectamente clara en los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, y otra es la situación del Gobierno socialista de la Iglesia, donde algunas propuestas legales que están llevando adelante no son compartidas por la Iglesia, que lo manifiesta por los cauces jurídicos y la expresión pública.

– ¿Percibe un empeño en imponer el laicismo como signo de la modernidad?

– En efecto, hay grupos laicos a los que les gustaría que desapareciera la religión como signo y hecho público de la vida española. Pero eso siempre lo ha habido. Yo me pregunto: ¿por qué tanto escándalo porque dos millones de españoles se manifestaran para exponer sus ideales de la familia hace unas semanas? Si se habla de que la sociedad es pasiva, pues ahí tienen a esas personas para demostrar que no es así. Es cierto que hubo dos frases que no son jurídicamente de recibo, pero la cuestión de fondo es que esa masa expuso su disentimiento respecto a los modelos de familia que intentan imponer. Lo demás, es una farsa y una falacia.

– Fueron polémicas las últimas declaraciones del obispo de Orihuela-Alicante, el zamorano Rafael Palmero, en las que manifestaba que la homosexualidad «es una enfermedad que nadie quiere padecer». ¿Comparte su tesis?

– Para definir la homosexualidad como una enfermedad tenemos médicos, psicólogos, moralistas… Es un área donde yo nunca he trabajado y hay que conocer saberes profesionales muy específicos en los que yo, honestamente, no he profundizado.

«La Iglesia no orienta el voto de sus fieles»

Nos encontramos a las puertas de unas elecciones generales. ¿Orienta la Iglesia el voto de sus fieles?

– La Iglesia no orienta el voto, sino a sus miembros con las condiciones que son determinantes para la vida humana. La Iglesia dice lo que piensa y cada uno es libre para oír o no ese mensaje. No hay ninguna institución en la sociedad española con tanta libertad interior como la Iglesia. Ni sindicatos, ni empresas, ni partidos ni universidades… ya que la Iglesia dice con total sinceridad cuáles son sus condiciones. Quien quiera ser miembro de ella, esos requisitos son normativos, pero no dice a qué partidos dar su sufragio. Eso sí, invita a actuar con coherencia personal.

– Llevamos casi cuatro años de Gobierno socialista. ¿Está la Iglesia más débil como consecuencia del Gobierno de Zapatero o, por el contrario, se ha hecho más fuerte?

– Está más fuerte porque está más consciente de sí misma. Ha despertado para tener en cuenta su misión específica.

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El lado oscuro del código Da Vinci II

Posted by El pescador en 8 mayo 2008

¿Por qué el Código Da Vinci ha tenido tanto éxito? ¿Son ciertas las tesis que sostiene Dan Brown en su novela? ¿Fue Jesucristo Dios, o simplemente un hombre? ¿Se casó María Magdalena? ¿Tuvo descendencia? La segunda parte del documental “El lado oscuro del Código Da Vinci” pone en cuestión estas y otras muchas suposiciones del best seller de moda.

Después, César Vidal junto a Shai Shemer y José Antonio Ullate Fabo tratarán a fondo uno de los libros más polémicos de los últimos años poniendo a prueba las más que discutibles teorías que se exponen en él.

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Nuevos hallazgos sobre las Cruzadas (II)

Posted by El pescador en 6 abril 2008

Tomado de Zenit

Habla el historiador estadounidense Thomas Madden
SAN LUIS (Missouri), martes, 26 octubre 2004 (ZENIT.org).- La actual tensión entre Occidente y los países musulmanes tiene muy poco que ver con las Cruzadas, dice el historiador Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»).

Afirma que, desde la perspectiva musulmana, a las Cruzadas no se les dió tanta importancia. La cosa cambió cuando, en el siglo XIX, los revisionistas empezaron a reconsiderar las Cruzadas como guerras imperialistas

¿Piensa que la lucha entre Occidente y el mundo musulmán es en cierto modo una reacción a las Cruzadas?

–Madden: No. Puede parecer una extraña respuesta si consideramos que Osama Bin Laden y otros islamistas a menudo se refieren a los estadounidenses como «Cruzados».

Es importante recordar que durante la Edad Media, en realidad hasta finales del siglo XVI, la superpotencia del mundo occidental era el Islam. Las civilizaciones musulmanas gozaban de gran bienestar, eran sofisticadas e inmensamente poderosas. Lo que hoy llamamos Occidente era atrasado y relativamente débil.

Hay que hacer notar que, con la excepción de la Primera Cruzada, prácticamente el resto de las Cruzadas lanzadas por Occidente –y hubo centenares– no tuvieron éxito.

Las Cruzadas pueden haber frenado el expansionismo musulmán pero de ningún modo lo detuvieron. El imperio musulmán continuó expandiéndose hacia territorios cristianos, conquistando los Balcanes, gran parte de la Europa del Este e incluso la mayor ciudad cristiana del mundo, Constantinopla.

Desde la perspectiva musulmana, no tuvieron tanta importancia. Si usted le hubiera preguntado a alguien del mundo musulmán por las Cruzadas en el siglo XVIII, no sabría nada del tema. Eran importantes para los europeos porque fueron esfuerzos masivos que fracasaron.

Sin embargo, durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a conquistar y colonizar países de Oriente Medio, muchos historiadores –especialmente escritores franceses nacionalistas o monárquicos– empezaron a denominar a las Cruzadas como el primer intento de Europa por llevar los frutos de la civilización occidental al mundo musulmán atrasado. En otras palabras, las Cruzadas fueron transformadas en guerras imperialistas.

Estas historias se enseñaban en las escuelas coloniales y se convirtieron en el punto de vista normalmente aceptado en Oriente Medio y más allá. En el siglo XX, el imperialismo fue desacreditado. Islamistas y algunos nacionalistas árabes asumieron la visión colonial de las Cruzadas, denunciando que Occidente era responsable de su miseria porque había depredado a los musulmanes desde las Cruzadas.

Se dice a menudo que la gente en Oriente Medio tiene una memoria duradera; es verdad. Pero en el caso de las Cruzadas, tiene una memoria reconstruida, fabricada por sus conquistadores europeos.

¿Hay semejanzas entre las Cruzadas y la actual guerra contra el terrorismo?

–Madden: Junto al hecho de que los soldados de ambas guerras deseaban servir a alguien más grande que ellos mismos y que deseaban volver a casa en cuanto acabaran, no veo otras semejanzas entre los cruzados medievales y la guerra contra el terror. Las motivaciones de la sociedad secular de después de la Ilustración son muy diferentes a las del mundo medieval.

¿En qué se diferencias las Cruzadas de la yihad islámica o de otras guerras de religión?

–Madden: El objetivo fundamental de la yihad (guerra santa) es extender el «Dar al-Islam» (la Morada del Islam). En otras palabras, la yihad es expansionista, busca conquistar a los no musulmanes e imponerles el régimen musulmán.

A quienes son conquistados se les da una sola posibilidad. Para los que no son del Pueblo del Libro –en otras palabras, los que no son cristianos o judíos– la única opción es convertirse al Islam o morir. Para los que pertenecen al Pueblo del Libro, la opción es someterse al régimen musulmán y a la ley islámica o morir. La expansión del Islam, por tanto, estaba directamente ligada al éxito militar de la yihad.

Los cruzados eran otra cosa. Desde sus inicios la Cristiandad ha siempre prohibido la conversión forzada de cualquier tipo. La conversión por la espada, por consiguiente, no era posible para la Cristiandad. Al contrario de la yihad, el objetivo de los Cruzados no era extender el mundo cristiano ni ensanchar la Cristiandad mediante conversiones forzadas.

Los cruzados eran una respuesta directa y relacionada con los siglos de conquistas musulmanas de tierras cristianas. El acontecimiento que hizo estallar la Primera Cruzada fue la conquista turca de toda Asia Menor de 1070 a 1090.

La Primera Cruzada fue convocada por el Papa Urbano II en 1095 en respuesta a una urgente petición de ayuda del emperador bizantino de Constantinopla. Urbano hizo un llamamiento a los caballeros de la Cristiandad para que acudieran a ayudar a sus hermanos de Oriente.

Asia Menor era cristiana. Formaba parte del imperio bizantino y fue en primer lugar evangelizada por San Pablo. San Pedro fue el primer obispo de Antioquia. Pablo escribió su famosa carta a los cristianos de Éfeso. El credo de la Iglesia fue redactado en Nicea. Todos estos lugares están en Asia Menor.

El emperador bizantino suplicó a los cristianos de Occidente ayuda para recuperar estas tierras y expulsar a los turcos. Las Cruzadas fueron esta ayuda. Su objetivo, sin embargo, no era sólo reconquistar Asia Menor sino recuperar otras tierras antiguamente cristianas perdidas a causa de las yihads islámicas. Incluida la Tierra Santa.

En pocas palabras, por tanto, la mayor diferencia entre Cruzada y yihad es que la primera fue una defensa contra la segunda. Toda la historia de las Cruzadas en Oriente es una respuesta a la agresión musulmana.

¿Tuvieron algún éxito los cruzados en convertir al mundo musulmán?

–Madden: Quiero hacer notar que en el siglo XIII algunos franciscanos iniciaron una misión en Oriente Medio para tratar de convertir a los musulmanes. No tuvieron éxito, en gran parte porque la ley islámica castiga la conversión a otra religión con la pena capital.

Este intento, sin embargo, era una cosa distinta de las Cruzadas que no tenían nada que ver con la conversión. Y fue un intento de persuasión pacífico.

¿Cómo asimiló la Cristiandad su derrota en las Cruzadas?

–Madden: De la misma manera que los judíos del Antiguo Testamento. Dios negó la victoria a su pueblo porque era pecador. Esto llevó a un movimiento devocionista de gran escala en Europa, cuyo objetivo era purificar totalmente la sociedad cristiana.

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Nuevos hallazgos sobre las Cruzadas (I)

Posted by El pescador en 5 abril 2008

Tomado de Zenit

Thomas Madden, historiador estadounidense, desenmascara los mitos

SAN LUIS (Missouri) , lunes, 25 octubre 2004 (ZENIT.org).- Los cruzados no eran ávidos depredadores o colonizadores medievales, como afirman algunos libros de historia, afirma un experto al concluir un estudio con nuevas revelaciones.

Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»), sostiene que los cruzados representaban una fuerza defensiva que no aprovechaba las propias empresas para ganar con ello riquezas terrenas o territorios.

Madden ha recorrido con Zenit los mitos más difundidos sobre los cruzados y los nuevos descubrimientos históricos que los privan de fundamento.

¿Cuáles son los errores historiográficos más comunes sobre las cruzadas y sobre los cruzados?

–Madden: Algunos de los mitos más comunes y las razones de su falta de fundamento son los siguientes:

Mito número 1: Las cruzadas eran guerras de agresión no provocadas contra un mundo musulmán pacífico.

Esta afirmación es completamente errónea. Desde los tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España.

En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano. Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas. Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad sino que eran su verdadero centro.

Y los imperios musulmanes no acababan allí. Siguieron expandiéndose hacia Occidente, hacia Constantinopla y más allá llegando hasta los mismos confines de Europa. Las agresiones provenían por tanto de la parte musulmana. Llegados a un cierto punto, la parte que quedaba del mundo cristiano no tenía más remedio que defenderse, si no quería sucumbir bajo la conquista islámica.

Mito número 2: Los cruzados llevaban crucifijos pero lo único que les interesaba era conquistar riquezas y tierras. Sus intenciones piadosas eran sólo una cobertura bajo la que se escondía una avidez rapaz.

Hace tiempo, los historiadores afirmaban que en Europa se había producido un aumento demográfico que llevó a un número excesivo de nobles segundones, adiestrados en las artes de la guerra caballeresca pero privados de la herencia de tierras feudales. Las cruzadas por tanto eran vistas como una válvula de escape que impulsaba a estos hombres guerreros a salir de Europa, hacia tierras por conquistar a expensas de otros.

La historiografía moderna, con la ayuda de la llegada de las bases de datos computerizadas, ha destruido este mito. Hoy sabemos que eran más bien los primogénitos de Europa los que respondieron al llamamiento del Papa en 1095 y a la consiguiente Cruzada.

Ir a una cruzada era una operación muy costosa. Los señores se veían obligados a vender o hipotecar las propias tierras para conseguir los fondos necesarios. Muchos de ellos, además, no tenían interés en constituir un reino de ultramar. Más o menos como los soldados de hoy, los cruzados medievales se sentían orgullosos de cumplir con su deber, pero al mismo tiempo deseaban volver a casa.

Tras los éxitos espectaculares de la primera cruzada, con la conquista de Jerusalén y de gran parte de Palestina, prácticamente todos los cruzados volvieron a casa. Sólo una mínima parte se quedó para consolidar y gobernar los nuevos territorios.

Asimismo el botín era escaso. Aunque los cruzados hubieran soñado con grandes riquezas en las opulentas ciudades orientales, prácticamente casi ninguno logró ni siquiera recuperar los gastos. Sin embargo, el dinero y la tierra no eran el motivo para lanzarse a la aventura de una cruzada. Iban a expiar los pecados y ganarse la salvación mediante las buenas obras en una tierra lejana.

Afrontaban gastos y fatigas porque creían que, yendo a socorrer a sus hermanas y hermanos cristianos en Oriente, habrían acumulado riquezas donde ni el orín ni la polilla las corroen.

Eran bien conscientes de la exhortación de Cristo, según la cual, quien no toma su cruz no es digno de Él. Recordaban también que «nadie tiene un amor más grande que quien da la vida por los amigos».

Mito número 3: Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén, en 1099, masacraron a todos los hombres, mujeres y niños de la ciudad, hasta inundar las calles de sangre.

Esta es una de las historias preferidas por quien quiere demostrar la naturaleza malvada de las cruzadas.

Ciertamente es verdad que muchas personas en Jerusalén encontraron la muerte después que los cruzados conquistaran la ciudad. Pero este aspecto se debe considerar en el contexto histórico.

El principio moral aceptado en todas las civilizaciones europeas o asiáticas premodernas era que una ciudad que se había resistido a la captura y había sido tomada por la fuerza, pertenecía a los vencedores. Y esto no incluía sólo los edificios y los bienes, sino los habitantes. Por esta razón, cada ciudad o fortaleza tenía que sopesar cuidadosamente si podía permitirse resistir a los sitiadores. Si no, era más sabio negociar los términos de la rendición.

En el caso de Jerusalén, se intentó la defensa hasta el último momento. Se calculaba que las formidables murallas de la ciudad habrían detenido a los cruzados hasta la llegada de una fuerza proveniente de Egipto. Pero estaban en un error. Y cuando la ciudad cayó, fue saqueada. Se dio muerte a muchos habitantes pero otros muchos fueron rescatados o liberados.

Según el criterio moderno, esto puede parecer brutal. Pero un caballero medieval podría hacer notar que un número mucho mayor de hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada día mediante las modernas técnicas de guerra, comparados con el número de personas que podían caer bajo la espada durante uno o dos días. Hay que observar que en las ciudades musulmanas que se rindieron a los cruzados, la gente no fue atacada. Se incautaban sus propiedades y se les dejaba libres de profesar la propia fe.

Mito número 4: Las cruzadas eran una forma de colonialismo medieval revestido de oropeles religiosos.

Es importante recordar que, en la Edad Media, Occidente no era una cultura poderosa y dominante que se aventuraba en una región primitiva y retrasada. En realidad quien era potente, acomodado y opulento era el Oriente musulmán. Europa era el Tercer Mundo.

Los Estados Cruzados, fundados tras la primera cruzada, no eran nuevos asentamientos de católicos en un mundo musulmán, semejantes a las colonizaciones británicas en América. La presencia católica en los estados cruzados era siempre muy reducida, en general inferior al 10% de la población. Eran gobernantes y magistrados, comerciantes italianos y miembros de las órdenes militares. La gran mayoría de la población de los estados cruzados era musulmana.

No eran por tanto colonias en el sentido de plantaciones o fábricas, como en el caso de la India. Eran puestos de avanzadilla. La finalidad última de los estados cruzados era defender los santos lugares en Palestina, especialmente Jerusalén, y proporcionar un ambiente seguro para los peregrinos cristianos que visitaban aquellos lugares.

No había un país de referencia de los Estados cruzados con el que pudieran mantener relaciones económicas, ni los europeos obtenían beneficios económicos de estos estados. Por el contrario, los gastos de las cruzadas para mantener el Oriente latino gravaban fuertemente sobre los recursos europeos. Como posiciones de vanguardia, los Estados cruzados tenían un carácter militar.

Mientras los musulmanes combatían entre ellos, los estados cruzados estaban a salvo pero, cuando los musulmanes se unieron, fueron capaces de derrumbar las fortificaciones, tomar las ciudades, y en 1291 expulsar completamente a los cristianos.

Mito número 5: Las cruzadas se hicieron también contra los judíos.

Ningún Papa ha lanzado jamás una cruzada contra los judíos. Durante la primera cruzada, una numerosa banda de malhechores, no pertenecientes al ejército principal, invadieron las ciudades de Renania y decidieron depredar y asesinar a los judíos que allí residían. Esto se produjo en parte por pura avidez y en parte por una errónea concepción por la que los judíos, en cuanto responsables de la crucifixión de Cristo, eran objetivos legítimos de la guerra.

El Papa Urbano II y los Papas sucesivos condenaron enérgicamente estos ataques contra los judíos. Los obispos locales y los otros eclesiásticos y laicos trataron de defender a los judíos aunque con poco éxito. De modo parecido, durante la fase inicial de la segunda cruzada, un grupo de renegados asesinó a muchos judíos en Alemania, antes de que San Bernardo lograra alcanzarlos y detenerlos.

Estas desviaciones del movimiento eran un indeseado subproducto del entusiasmo de las cruzadas pero no eran el objetivo de las cruzadas. Para usar una analogía moderna, durante la segunda guerra mundial algunos soldados estadounidenses cometieron crímenes mientras se encontraban en ultramar. Fueron arrestados y castigados por tales crímenes pero el motivo por el que habían entrado en guerra no era el de cometer crímenes.

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