El testamento del pescador

Archive for the ‘Fe y Razón’ Category

El sueño de la razón sigue produciendo monstruos

Posted by El pescador en 16 septiembre 2007

Está ahora en Madrid la exposición Dios(es). Modo de empleo, de tono laicista, o sea anticristiano (pagada por el Ministerio de Exteriores y la Comunidad de Madrid, o sea por los impuestos que nos han sacado a la fuerza), que por ejemplo dice que la verdadera democracia sólo se da en una sociedad laica: dice textualmente que

Paz o guerra, persecuciones o fraternidad: la religión lo permite todo, lo justifica todo. Los dioses proponen y los hombres disponen.

Finalmente, en el último capítulo (ver Laicismo) plantearemos la pregunta fundamental: ¿cómo combatir el potencial destructor de la confrontación entre verdades religiosas y garantizar su convivencia armoniosa?

O sea, las religiones son una fuente de conflicto, tienen el germen de la violencia y la intransigencia, y el laicismo es la herramienta para garantizar que puedan ser pacíficas y armoniosas.

Pero va y resulta, como señala Pío Moa, que la mayoría de las guerras del siglo pasado fueron desatadas por ideologías ateas y laicistas: comunismo (que causó cien millones de muertos según El libro negro del comunismo, y que aún padecen millones de víctimas inocentes), nazismo, fascismo; ideologías totalitarias que pretendían sustituir la religión y a Dios por el dios Estado y el culto al líder, y los creyentes tuvieron que sufrirlas, y al final las guerras sirvieron para derrotarlas y traer la libertad al mundo (2ª Guerra Mundial, Guerra de Corea, Guerra Fría). Y la Religión nada tuvo que ver, salvo en sufrirlas, pues como ideologías totalitarias, ateas y laicistas tuvieron en común el odio a la libertad y a la religión.

Por tanto, en el pasado siglo el laicismo y el ateísmo sí que han sido intransigentes y asesinos, no la Religión cristiana.

Algo de lo que parece que no somos conscientes es que la corriente laicista que quiere expulsar a la Religión y a la Iglesia de la sociedad es un movimiento que quiere traer de nuevo el ateísmo, o sea dejarnos sin la presencia de Dios en la sociedad.

El sueño de la razón sigue produciendo monstruos: esta exposición a favor del laicismo, o sea del ateísmo oficial, que insulta y calumnia al cristianismo, de la cual es patrocinador de honor el ministerio de Moratinos, el cual con el Gobierno español justifica los horrores del comunismo de hoy en día (Cuba) y es amigo de esa dictadura comunista.

Posted in Fe y Razón, Iglesia, Pío Moa | Leave a Comment »

¿Existe el mal?

Posted by El pescador en 13 abril 2007

Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta: ¿Dios creó todo lo que existe?

Un estudiante contestó valiente: Sí, lo hizo.

¿Dios creó todo?, preguntó nuevamente el profesor

Sí señor, respondió el joven

El profesor contestó: Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.

El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito

Otro estudiante levantó su mano y dijo: ¿Puedo hacer una pregunta, profesor? Por supuesto, respondió el profesor.

El joven se puso de pie y preguntó: ¿Profesor, existe el frío?

¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?

El muchacho respondió: De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.

Y, ¿existe la oscuridad? continuó el estudiante. El profesor respondió: Por supuesto.

El estudiante contestó: Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz.

La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente

Finalmente, el joven preguntó al profesor: Señor, ¿existe el mal?

El profesor respondió: Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.

A lo que el estudiante respondió: El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores, un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios.

Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.

Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.

EL JOVEN SE LLAMABA ALBERT EINSTEIN…

Posted in Albert Einstein, Fe y Razón | 31 Comments »

Benedicto XVI ante los debates sobre la evolución

Posted by El pescador en 12 abril 2007

Los pasados 1 y 2 de septiembre, el papa reunió a un grupo de antiguos estudiantes y colegas para un seminario «Creación y evolución» cuyas actas acaban de ser publicadas.

Se sabía que la nueva función papal de Joseph Ratzinger no había desvelado completamente su vocación de docente de teología (leer más abajo). La iniciativa que ha tomado Benedicto XVI, después de su elección, de organizar al final de cada verano un taller de reflexión con un círculo de antiguos estudiantes y colegas en Castel Gandolfo es una prueba de ello. Las actas de la edición de 2006 de ese seminario acaban de ser publicadas en Alemania (Schöpfung und Evolution. Eine Tagung mit Papst Benedikt XVI in Castel Gandolfo. Préface du cardinal Christoph Schönborn. Sankt Ulrich Verlag, 2007, 161 p.)

Después de la intervención notoria del cardenal Christoph Schönborn en el New York Times el 2 de julio de 2005 que parecía cuestionar la pertinencia de la teoría de la evolución, el segundo encuentro de este grupo se proponía colocar directrices suplementarias en la evaluación teológica de esta teoría científica. Lo que está en juego es importante, recuerda el arzobispo de Viena en el prefacio a esta edición, citando textos antiguos del mismo Joseph Ratzinger sobre el tema. Si no se trata de volver a cuestionar la pertinencia científica de la teoría de la evolución misma, parece sin embargo necesario comprender mejor a qué puede llevar cuando entra en el campo filosófico.

Sin embargo el cardenal Schönborn ha hecho la elección de orientar los debates el pasado verano en Castel Gandolfo alrededor de la temática muy actual -y discutida- del «Diseño inteligente». Esta teoría, salida de ciertos medios científicos americanos, da a entender que la teoría de la evolución contendría en germen las huellas de una evolución dirigida. Contradice así el papel del azar como motor preliminar a los fenómenos de selección natural, descritos por la teoría darwiniana.

Guardarse de una visión simplista de la teoría de la evolución

Llamado a intervenir en esta sesión de verano, el presidente de la Academia austriaca de las ciencias Peter Schuster, por otro lado biólogo molecular y agnóstico, propone una síntesis de los conocimientos actuales y afirma que a partir de ahora los científicos pueden observar a escala molecular los mecanismos selectivos de la evolución darwiniana. Después de las intervenciones de Robert Spaemann, filósofo muniqués, y del jesuita Paul Erbrich, el cardenal Schönborn evoca el peligro del materialismo que arrastra el darwinismo social. Su intervención se hace más problemática cuando retoma ciertas críticas científicas de la teoría de Darwin, salidas de tesis próximas al «Intelligent design» [Diseño inteligente, en inglés en el original].

La segunda parte de la obra vuelve a trazar los intercambios entre los participantes en el seminario. Benedicto XVI toma parte activa en ello, buscando volver a dar un lugar coherente a una teología de la creación que saber dialogar con la ciencia. El Papa subraya también la violencia presente en el mundo de la naturaleza, que invita a los cristianos a guardarse de una visión simplista de la teoría de la evolución. Benedicto XVI, siguiendo la metáfora darwininana, recuerda que la muerte y la resurrección de Cristo constituyen, a los ojos de los cristianos, el último «salto evolutivo».

Dominique LANG

(Original en francés; traducción mía)

Posted in Benedicto XVI, Fe y Razón, Magisterio | 1 Comment »

Carta de un agnóstico a su hijo sobre la clase de Religión

Posted by El pescador en 24 marzo 2007

El diario comunista francés (véase la hoz y el martillo en esta portada de 1981) L’humanité publicó en 1919 esta carta de un padre agnóstico (aquel que declara que no se puede conocer si realmente Dios existe o no) que respondía así a la petición de su hijo para no tener que estudiar la asignatura de Religión en la escuela; el texto habla por sí solo y entonces como hoy, casi un siglo después los motivos para no cursar esta asignatura y las razones que da el padre siguen siendo las mismas y siguen siendo válidas.

Nótese que este padre cita a los grandes pensadores y científicos para apoyar sus razones en favor de la necesidad de conocer la Religión para así decidir libremente después cuando sea mayor:

«Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau-.

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple “savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación».

Posted in Fe y Razón | 7 Comments »

El “buey mudo”

Posted by El pescador en 28 enero 2007

 

Hoy 28 de enero celebramos a Santo Tomás de Aquino, apodado por sus compañeros “el buey mudo” por ser muy corpulento y silencioso.

Fue uno de los grandes teólogos de la Edad Media, de la Escolástica, a la vez que filósofo, el que introdujo a Aristóteles para el pensamiento cristiano, un gigante del pensamiento filosófico y teológico, por eso lo de buey no le viene mal, no tanto lo de mudo, por la ingente cantidad de su producción.

En el día en que celebramos su memoria os copio la introducción de la encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II (1998), en que expresa tan bellamente cómo la fe y la razón se complementan y ayudan al pensamiento:

La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo (cf. Ex 33, 18; Sal 27 [26], 8-9; 63 [62], 2-3; Jn 14, 8; 1 Jn 3, 2).

Frente al fideísmo (fiarse sólo de la fe) de Tertuliano (Creo porque es absurdo) o el racionalismo (fiarse sólo de la razón) de Sigerio de Brabante, el Doctor angélico es partidario de la armonía entre razón y fe, ambas colaboran y se ayudan, pues la fe ayuda a la razón a mirar más allá de lo que podemos conocer en este mundo, y la razón ayuda a la fe a profundizar y a comprender la revelación.

Termino copiando este texto de G.K. Chesterton que además explica el cuadro (Visión de Santo Tomás de Aquino, de Santi di Tito, 1593, en San Marcos de Florencia) que ilustra la entrada:

Probablemente la revelación más fiel de lo que fue su vida puede encontrarse en el famoso cuento del milagro del crucifijo cuando en la soledad de la iglesia de Santo Domingo de Nápoles una voz habló desde el Cristo esculpido y dijo al fraile arrodillado que había escrito bien, y lo invitó a escoger una recompensa entre todas las cosas del mundo.

A mi modo de ver, no se ha apreciado el secreto de esta anécdota particular aplicada a este santo particular. Es cosa vieja que a un devoto de la soledad y de la sencillez se le invite a elegir entre los premios de la vida. El eremita verdadero o falso, el fanático o el cínico, el Estilita sobre su columna o Diógenes en su tubo, pueden todos ser presentados como tentados por los poderes de la tierra, del aire o de los cielos, con el ofrecimiento de la mejor de todas las cosas y respondiendo que no quieren nada. En el cínico o estoico griego realmente significaba la negación: que no quería nada. En el fanático o místico oriental a veces significaba una especie de positivo negativo: que quería la nada, que la nada era precisamente lo que quería.

A veces expresaba una noble independencia junto con las virtudes mellizas de la antigüedad, el amor de la libertad y el odio a la abundancia. A veces significaba la propia suficiencia, que es lo opuesto a la santidad. Mas aun las anécdotas de este género de otros santos no llenan precisamente el caso de Santo Tomás. El no era uno de ésos que no quieren nada; era una persona muy interesada en todas las cosas. Su respuesta no es tan inevitable o sencilla como algunos podrían suponer. Comparado con muchos otros santos y muchos otros filósofos, él era ávido en su aceptación de las cosas, en su hambre y sed de las cosas. Fue su especial tesis espiritual que realmente hay cosas, y no sólo una; que los muchos existen lo mismo que el uno. No me refiero yo a cosas de comer, o de beber, o de vestir, aunque él nunca negó a éstas su lugar propio en la noble jerarquía del ser, sino más bien cosas que pensar y que probar, que experimentar y que conocer. Nadie supone que, cuando Dios le ofreció a Tomás de Aquino que escogiese entre todos los dones de Dios, él pediría mil libras, o la corona de Sicilia, o un regalo de añejo vino griego. Mas podía haber pedido cosas que necesitaba, y era un hombre que podía necesitar mucho, como ansiaba el manuscrito perdido de San Juan Crisóstomo. Podría haber pedido la solución de una antigua dificultad, o el secreto de una nueva ciencia, o una chispa de la inconcebible mente angélica de los ángeles, o cualquiera de las mil y una cosas que habrían de veras satisfecho su amplio y varonil apetito, de la misma amplitud y variedad que el Universo. La cuestión es que, para él, cuando la voz habló de entre los brazos abiertos del crucificado, aquellos brazos estaban verdaderamente abiertos y abriendo gloriosamente las puertas de todos los mundos; eran brazos señalando al Oriente y al Poniente, a los fines de la tierra y a los extremos de la misma existencia. Estaban verdaderamente arrojados con un gesto de omnipotente generosidad; el Creador mismo ofreciendo la misma creación, con todo su misterio millonario de seres separados y el coro triunfal de las criaturas. Ése es el fondo resplandeciente del ser múltiple que da particular fortaleza y aun una especie de sorpresa a la respuesta de Santo Tomás cuando él levantó por fin su rostro y dijo con y para aquella audacia casi blasfema, que es una cosa con la humildad de su religión: Elijo a Vos mismo.

O, añadiendo a esta anécdota la ironía nímbica y aplastante, tan únicamente cristiana para aquellos que la entienden, algunos creen que la audacia está suavizada porque dijo: Solamente a Vos mismo“.

G. K. Chesterton (“Santo Tomás de Aquino”, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1985; pp.124-126).

Posted in Fe y Razón | 1 Comment »

Jesús resucitado no es un zombi

Posted by El pescador en 26 enero 2007

Una de las series que intento no perderme es una de “La Secta” titulada Bones (Huesos): trata de una antropóloga forense que colabora con un agente del F.B.I. En el capítulo de ayer viernes la doctora está en Nueva Orleans identificando cadáveres con motivo del huracán Katrina y se ve envuelta en una trama de vudú (magia africana: recordemos que la magia es el primer estadio de la religión: v.gr. las pinturas rupestres de Altamira representaban animales cazados para que las cacerías fueran buenas).

Hablando con el agente del FBI, la antropóloga defiende el vudú como una religión, aunque sea extraña; le pregunta a qué religión pertenece él y hete aquí que el agente especial del FBI es católico.

Entonces la científica compara los zombis (muertos vivientes) del vudú con Jesucristo, que resucitó a los tres días. Al menos el agente especial se molesta y dice que no es lo mismo.

Entonces ¿qué fue, en qué consistió la resurrección de Cristo? ¿Jesucristo resucitado fue un fantasma o un zombi? También vamos a ver que su resurrección tiene mucho que ver con nosotros.

Según la Real Academia zombi (voz originaria de África Occidental) es una persona que se supone muerta y que ha sido reanimada por arte de brujería, con el fin de dominar su voluntad; por eso se les conoce como muertos vivientes.

La verdad es que está bien esta explicación de la resurección de Jesucristo como un zombi, como un muerto viviente, es lo más original que he oído nunca. Se trata del intento de meter en categorías racionales y científicas algo que escapa a nuestra razón y entendimientos limitados a este mundo: por eso la fe ayuda a la razón a que conozca más allá de este mundo sensible (de los sentidos).

Bien, ¿qué sabemos de la resurrección de Jesucristo? La primera noticia de los evangelios es el sepulcro vacío: las mujeres fueron el domingo por la mañana a ungir el cadáver de Jesús para la sepultura puesto que el viernes sólo les dio tiempo a dejaron en el sepulcro; Juan 19,39 dice que Nicodemo (Juan 3,1-2) llevó 30 kilos de perfume de mirra y áloe (sustancias aromáticas extraídas de plantas que se introducían entre las vendas que envolvían el cadáver). No pudieron hacer la unción del cadáver porque el viernes ya estaba anocheciendo y con el atardecer del día empezaba el día siguiente (en este caso el sábado, que además era la Pascua, la fiesta más importante del calendario judío).

Las santas mujeres fueron a perfumar el cuerpo del Señor siguiendo la costumbre judía para retrasar el olor de la putrefacción, pero no se acordaban de que el mismo Jesús había profetizado su muerte y también su resurrección: Mateo 16,21; Marcos 9,9.31; 10,34; Lucas 18,33; Juan 2,19-22. Ninguno de sus discípulos se acordaba tampoco y por eso no creyeron a las mujeres que les anunciaban que Jesús había resucitado.

Después de este D0mingo el Señor se apareció durante 40 días a sus discípulos y a mucha gente. San Pablo nos da noticias de estas apariciones en 1 Corintios 15,3-7:

En primer lugar os he dado a conocer la enseñanza que yo también recibí. Os he enseñado que Cristo murió por nuestros pecados como dicen las Escrituras; y que se apareció a Cefas y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía aunque algunos ya han muerto. Después se apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Este texto muestra que hubo varios cientos de testigos oculares de Cristo tras su resurrección. Y después de su Ascensión se apareció también a San Pablo, como un niño nacido fuera de tiempo (v. 8).

Los evangelios nos cuentan las apariciones a los apóstoles, donde les comunica el envío para anunciar lo que han visto y oído, lo mismo que el Padre envió a Jesucristo, y les da el Espíritu Santo. Se aparece el primer día de la semana a María Magdalena (Juan 20,1 ss.) y a los discípulos (20,19 ss.); el primer día de la semana es el domingo, cuando los apóstoles estaban reunidos, y de ahí que nosotros celebremos la Eucaristía más importante ese día porque

el domingo […] el Señor quiere venir corporalmente […] Se instituyó el domingo porque el Señor resucitó y entró en la comunidad de los Apóstoles para estar con ellos. Así comprendieron que el día litúrgico ya no es el sábado, sino el domingo, en el que el Señor siempre de nuevo quiere estar corporalmente con nosotros y alimentarnos con su Cuerpo, para que nosotros mismos nos convirtamos en su cuerpo en el mundo (Benedicto XVI, Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Aosta, 25-7-2005).

Hay un detalle en el relato de la aparición a los discípulos de Juan 20,19-23: los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos, Jesús entró y se puso en medio de ellos. O sea, Jesús no abre las puertas ni las ventanas, parece un fantasma que ha atravesado las paredes. Por eso el evangelio nos habla de Santo Tomás que toca las heridas de la Pasión, como vemos bellamente en el cuadro de Caravaggio que ilustra esta entrada, con dos apóstoles de testigos curiosos; Santo Tomás toca el cuerpo resucitado de Jesús y comprobamos que no es un fantasma.

Pero entonces ¿cómo se las apañó Cristo para entrar en aquella habitación sin abrir la puerta como tenemos que hacer cualquier ser corpóreo? Porque el cuerpo resucitado de Jesús ya no está sometido a las leyes del tiempo y del espacio: ya no sufre el paso del tiempo ni la enfermedad, ni está limitado por los espacios cerrados, no está limitado por nada, puesto que es un cuerpo glorificado, un cuerpo que ha entrado en la plenitud de Dios, que ha sido divinizado.

Otra manera de insistir en que Jesucristo resucitó con su cuerpo es el detalle de sus comidas con los apóstoles: Lucas 24,41-43 nos cuenta que comió con los apóstoles un trozo de pescado asado después de mostrarles las manos y los pies para que se cercioraran de que no era un espíritu e incluso les dice: Tocadme y mirad: un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo (v. 39), pues los apóstoles se habían asustado y pensaban que se trataba de un espíritu.

Termino con el final del credo, en el que decimos que creemos en la resurreción de la carne (o de los muertos): me parece que hay muchos cristianos que no se dan cuenta de lo que significa esto o que no se lo creen, puesto que no son capaces de admitir la resurrección. Confesamos en el credo, el resumen de nuestra fe, la resurrección de los difuntos con su carne (que es lo más difícil de aceptar): esto significa que los cristianos, unidos a Jesucristo en el bautismo para formar un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, que tiene como cabeza a Él mismo, participaremos de una muerte como la de Cristo esperando la resurrección final. Pues Jesucristo nació, vivió y murió como cualquiera de nosotros pero también resucitó, y eso es lo que esperamos y creemos pues el cuerpo siempre va unido a su cabeza para formar, en palabras de San Agustín de Hipona, el cuerpo total: cabeza más cuerpo.

Posted in Biblia, Fe y Razón, Pascua | 1 Comment »

El sueño de la razón produce monstruos II

Posted by El pescador en 29 diciembre 2006

En esta entrada quiero explicar el sentido de esta frase de Goya. Expresa con clarividencia el resultado de la Modernidad: los millones de víctimas de la Revolución francesa y de los regímenes nazi y comunistas del siglo XX.

La Modernidad podría definirse como

el largo proceso por el cual las sociedades europeas han pasado de una cosmovisión cristiana del mundo, del hombre y de Dios, a una cosmovisión que quiere ser racional y nada más que racional; el proceso de secularización o laicización, es decir, la ruptura y el progresivo distanciamiento entre lo divino y lo humano, entre la revelación y la razón, o, si se prefiere, la lenta y sucesiva sustitución de los principios y valores cristianos, que habían dado unidad y sentido a los pueblos europeos durante al menos diez siglos, por los valores pretendidos de la razón pura (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, XIII. Ed. BAC, Madrid 1996).

Este libro de Carlos Valverde se centra en las ideas filosóficas que intervinieron en este proceso porque

sería una tarea imposible querer exponer todo el conjunto de factores que han intervenido en este macroproceso evolutivo que ha durado siete siglos. Hemos preferido atender principalmente a uno de los más decisivos: las ideas filosóficas. El vizconde lord Bolingbroke, ilustrado inglés del siglo XVIII, decía que la historia no es más que la filosofía puesta en ejemplos. Hay mucho de verdad en ello. Y más cerca de nosotros, Viktor Frankl dijo en una conferencia: Créanme ustedes, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmente en los Ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes, en las mesas de escritorio y en las aulas de clases de los científicos y filosófos nihilistas (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, IX. Ed. BAC, Madrid 1996).

Este proceso comienza en el siglo XIV, podemos decir que en 1328, cuando Guillermo de Ockham, que había sido llamado por Juan XXII a Avignon para explicar ciertas proposiciones teológicas ofensivas para los oídos piadosos. Pero como no encontraba solución satisfactoria, el franciscano inglés y otros franciscanos “espirituales”, partidarios de la pobreza radical de la Iglesia, escaparon y buscaron refugio y protección bajo el Emperador Luis de Baviera, enemigo del Papa y entonces excomulgado. Los franciscanos lo encuentran en Pisa y Guillermo pronuncia la frase Tú me defenderás con la espada y yo te defenderé con la pluma. La frase puede ser legendaria pero ahí podemos decir que empezó la Modernidad, el proceso de secularización.

Este hecho puede ser el punto de partida simbólico de una época cultural distinta. La Modernidad será una larga marcha hacia la total autonomía de lo secular y que duró siglos, hasta llegar al total inmanentismo y secularismo de Feuerbach (1841) con su lema el hombre es un dios para el hombre, todo queda reducido a lo terrenal. Dios no es necesario. Los hombres pueden construir ellos solos su ciudad. Les basta la razón. La razón puede colocarse en el lugar de Dios. Finalmente, Nietzsche después pronunciará la definitiva sentencia de muerte: “Dios ha muerto. Nosotros lo hemos matado”. Es la desobediencia definitiva a Dios iniciada por Adán y Eva.

Las consecuencias las hemos conocido a base de la muerte de millones de inocentes, porque la historia es la filosofía puesta en ejemplos: Hegel, el predicador del Absoluto que se encarna en el Estado prusiano, y su discípulo Feuerbach, que reduce a Dios a una proyección de los deseos humanos; y Marx, discípulo de éste al que consideró que después de él la crítica religiosa ya estaba terminada en Alemania. Todos estos filósofos llevaron a Marx, que es el origen del comunismo, de los regímenes ateos que tantos millones de personas han matado y siguen matando en el mundo y están en la base también del nazismo, que también mató a varios millones de personas.

El nazismo y el comunismo son el culmen de la Modernidad, que empezó a mostrar sus monstruos en la Revolución francesa y su época del terror. La diferencia entre estos dos regímenes ateos (nazismo y comunismo) es que buscaron un mismo objetivo superior (una quimera colectiva) eliminando a sus enemigos que para ellos eran grupos colectivos pero que realmente eran personas individuales. Hicieron esto porque no había un referente superior al Estado y a la ideología del régimen que lo sustentaba: habían cambiado a Dios y los valores cristianos por el Estado y la ideología, igual que la Revolución francesa, fruto de la razón ilustrada que tanto atacó a la religión: rechazó ésta a cambio de la razón pura, que desembocó en el Terror de la guillotina por lo mismo: habían eliminado a Dios, referente moral supremo de la acción libre y responsable de los hombres.

Estos son, entre otros, los monstruos que produjo y aún sigue produciendo el sueño de la razón llamado Modernidad.

Cuando los hombres no tienen que responder de sus acciones ante ningún Ser Supremo referente de la moral como es Dios, los mismos hombres convierten en dioses sus ideologías y así se cumple de forma siniestra la promesa de la serpiente demoníaca en el paraíso: Seréis como dioses, y ya vemos las consecuencias de la desobediencia primera a Dios: las personas destruimos la armonía creada por Dios y además no queremos reconocer nuestro error ni aceptar nuestra responsabilidad, como hicieron Adán y Eva (cfr. Génesis 3,8-13: en los siguientes capítulos hasta el 11 vienen las consecuencias del primer pecado: la violencia y el deseo de Dios de acabar con la humanidad pecadora mediante el diluvio, aunque se arrepiente y hace con Noé un nuevo pacto para una nueva humanidad señalado con el arco iris, Génesis 8: queda abierta una puerta a la esperanza gracias a la misericordia y al amor de Dios).

Posted in Fe y Razón | 4 Comments »

El sueño de la razón produce monstruos (Goya)

Posted by El pescador en 28 diciembre 2006

Hoy es 28 de Diciembre y los católicos celebramos el día de los Santos Inocentes, los niños que el rey Herodes mató intentando acabar con el rey que le habían anunciado los magos de Oriente (Mateo 2, 16-18).

Hoy en día también mueren miles de niños inocentes en España en abortos provocados con el consentimiento de sus madres. Realmente es una perversión de un instinto tan hermoso y tan fuerte como el de la maternidad.

El aborto se reviste de legitimidad moral porque ha sido aprobado en el Parlamento, pero hay que denunciar muy claramente que lo legal no es moral, o sea que si una ley inmoral ha sido aprobada legítimamente en las Cortes eso no quiere decir que sea aceptable moralmente.

Precisamente en la Octava de Navidad, que concluye celebrando el 1 de enero a la Virgen María Madre de Dios, en estos días que celebramos el nacimiento de Dios como un bebé indefenso perseguido ya en la cuna, recordamos a los Santos Inocentes muertos en nombre del progreso, porque son un estorbo como lo fueron aquellos niños para Herodes.

Nuestra sociedad secularizada, posmoderna y poscristiana se avergüenza de la Navidad, del nacimiento de un Niño que dio origen a la fe cristiana que ha hecho a esta sociedad occidental más libre, democrática y avanzada e impone esta cultura de la muerte; y ve mal a la Iglesia porque está a favor de la vida, a favor de la familia como transmisora del don de la vida a los hijos dentro de una paternidad responsable pero generosa: para esta sociedad la Iglesia es medieval, está atrasada, no va con los tiempos.

Y por eso nuestra sociedad es una de las más envejecidas del mundo, porque no nacen niños. Un niño es la esperanza del futuro, de la continuidad de un pueblo y de una sociedad. Por eso la señal de esperanza que Dios da a Acaz es un niño, el Emmanuel (Isaías 7, 14). Pero Occidente se está extinguiendo, ya que ni siquiera nacen niños para reemplazar a los adultos existentes.

Eso ocurre en nuestra sociedad secularizada, que da la espalda a Dios de tal manera que ni siquiera quiere celebrar la Navidad y la disfraza con nombres ridículos como Festival de Invierno, o más sutilmente diciendo Felices Fiestas (como si fueran las fiestas del pueblo).

Todo ello en nombre de la razón, una razón que excluye por supuesto a la fe, pues es la diosa razón que entronizaron en Notre-Dame los revolucionarios franceses de 1789, los del Terror y la guillotina, contemporáneos de Goya.

Los monstruos que produjo el sueño de la razón volvieron a despertar especialmente en el siglo XX:

El vizconde lord Bolingbroke, ilustrado inglés del siglo XVIII, decía que la historia no es más que la filosofía puesta en ejemplos. Hay mucho de verdad en ello. Y más cerca de nosotros, Viktor Frankl dijo en una conferencia: Créanme ustedes, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmente en los Ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes, en las mesas de escritorio y en las aulas de clases de los científicos y filosófos nihilistas (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad: Prólogo. Ed. BAC, Madrid 1996).

Viktor Frankl había estado preso en uno de los campos de exterminio nazis, uno de los ejemplos históricos del horror y de la voluntad de aniquilar a los enemigos y a los considerados inferiores que estorbaban, lo mismo que el Gulag soviético, la Revolución cultural de Mao o el genocidio de los Jemeres rojos en Camboya. Todo esto, como decía Frankl fueron los monstruos del sueño de la razón: más bien pesadillas reales para muchos.

Las víctimas del aborto son consideradas por los partidarios de este crimen también como inferiores y enemigos de la salud de la madre o de la comodidad, son un estorbo en definitiva como las víctimas de estos regímenes ateos y antirreligiosos que buscaban crear una nueva sociedad comunista o el hombre nuevo ario; nuestra sociedad quiere crear una nueva sociedad del bienestar (más bien de la comodidad) y para ello elimina los estorbos impidiendo la concepción o matando a los ya concebidos, pues el fin justifica los medios.

Realmente por eso la Navidad cristiana estorba a este mundo secularizado que ha dado la espalda a Dios: porque la fe cristiana empieza con el nacimiento del Niño en Belén, el que no pudo matar Herodes pero que ahora hay demasiados empeñados en matar en muchas clínicas todos los días, y cada año eliminando la Navidad.

Feliz Navidad a todos.

Posted in Fe y Razón | 4 Comments »

De la ciencia a la charlatanería

Posted by El pescador en 24 diciembre 2006

El historiador Pío Moa publica hoy en su bitácora una entrada muy interesante que se titula “De la ciencia a la charlatanería”, sobre cómo la ciencia, que se jacta de ser precisa y verificable, también se equivoca al hablar de Dios, porque realmente cae fuera de su ámbito.

Es lo que yo decía en la primera entrada de esta bitácora: la razón y la fe son las dos alas del pensamiento, pues la fe ayuda a la razón a explicar y comprender lo que va más allá de lo que conocemos con los sentidos, y la razón ayuda a la fe a profundizar y a explicar la Revelación divina.

Antes de poner la entrada de la bitácora de Moa, os cuento brevemente una anécdota del gran científico Louis Pasteur (1822-1895), cuyos descubrimientos en química y sobre los microbios (descubrió cómo la esterilización mata los microbios que causan infecciones; descubrió vacunas contra varias enfermedades, incluida la rabia) fueron fundamentales: Una vez iba en el tren rezando el Rosario cuando un joven compañero de viaje empezó a hablarle sobre los grandes descubrimientos y avances de la ciencia, que ya permitían explicar la creación y los grandes misterios de la vida sin necesidad de explicaciones religiosas ni míticas; típico joven fascinado por las posibilidades de la ciencia, sin saber quién era el hombre que rezaba el Rosario. Cuando llegó a su parada, Pasteur se bajó y le dejó su tarjeta de visita: era Louis Pasteur, el gran científico, que descubrió cómo se producen muchas enfermedades a causa de microorganismos invisibles al ojo humano. Es un buen ejemplo de cómo la ciencia y la fe no son incompatibles.

Os copio la entrada de Pío Moa

De la ciencia a la charlatanería

24 de Diciembre de 2006 – 09:11:17 – Pío Moa

Con motivo de un reciente congreso sobre ciencia y religión, Steven Weinberg, físico, y Richard Dawkins, biólogo, ambos ateos militantes, hicieron algunas frases: Weinberg retrató a la religión como una vieja chiflada: “cuenta mentiras, provoca mil malicias y acaso no tenga ya mucha vida dentro, pero en un tiempo fue bella. Quizá la echemos de menos cuando se haya ido”. Dawkins, con menos humor o menos frivolidad, respondió acremente: “Yo no la echaré de menos en absoluto. Para nada, ni un ápice”. Ambos coincidían: “El mundo precisa despertar de la larga pesadilla de la creencia religiosa”.

Lo cual demuestra, una vez más, cómo la mentalidad científica no impide la charlatanería cuando se sale de la especialidad. Una actitud científica exige constatar, en primer lugar, que el fin de la religión lleva varios siglos anunciándose (y muy posiblemente seguirá siendo anunciado dentro de otros cuantos). Y, en segundo lugar, que entre tanto se han impuesto en el mundo sistemas basados en la liquidación de la religión, y no estaría de más examinar sus consecuencias antes de hablar de pesadillas.

Weinberg o Dawkins resultarán más convincentes cuando nos den una explicación clara y, digamos, científica, de por qué el ateísmo suele tener efectos prácticos tan curiosos, por decirlo con mucha suavidad. Sería una aproximación científica a la cuestión.

Dicho en otras palabras: la ciencia no puede discutir el concepto de Dios, pero sí puede (y quizá debe) examinar los efectos de la creencia y del ateísmo. Eso tendría verdadero interés.

Posted in Fe y Razón, Pío Moa | Leave a Comment »

Adán y Eva

Posted by El pescador en 11 noviembre 2006

Un problema que hay al leer la Biblia es tomársela literalmente al pie de la letra, valga la redundancia, y no comprender la intención de los autores y el mensaje que quieren enseñarnos. Porque desde que las ciencias han avanzado desde el siglo XIX parece que hay una oposición entre la razón y la fe, la explicación científica y religiosa del origen del mundo y de la humanidad.

Y mucha gente se pregunta, ¿a quién hay que hacer caso, a la ciencia o a la fe para comprender el origen del mundo y de la humanidad? Como si fueran dos explicaciones incompatibles y enfrentadas: la fe contra la razón.

Pero la tradición cristiana siempre ha mostrado que la fe y la razón se ayudan mutuamente, que ambas son las alas del pensamiento, pues la fe necesita a la razón para profundizar en la Revelación y la razón necesita a la fe para explicar lo que está fuera de su alcance limitado.

Por eso, las dos explicaciones, científica y religiosa son necesarias para un cristiano, pues cada una explica el origen del mundo y de la humanidad para responder a dos preguntas distintas: la científica responde a la pregunta ¿CÓMO se originó el mundo y la humanidad?, y la religiosa responde a las preguntas ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ existe el mundo y existimos nosotros?

Como se puede ver fácilmente, son dos tipos de preguntas complementarias y necesarias ambas. La ciencia tiene su ámbito de conocimiento y responde al cómo de las cosas: en este caso de la creación nos explica el proceso por el que el mundo es como lo conocemos y nosotros hemos llegado hasta aquí. Pero no puede explicar el por qué ni el sentido de todo esto.

Eso es la tarea de la fe, de la religión. El autor que escribió los once primeros capítulos del libro del Génesis se preguntaba por qué ha surgido el mundo, por qué existimos las personas, por qué el hombre y la mujer se aman y forman un familia, por qué existe el mal y la violencia, por qué existen distintos idiomas que nos separan.

En definitiva, los once primeros libros del Génesis quieren explicar la causa, el motivo de todos estos problemas que se preguntan las personas. Y el medio con el que lo hace son relatos que nos quieren transmitir un mensaje, una conclusión, que es lo que nosotros debemos aprender.

Por tanto, lo importante de la cuestión no es si Adán y Eva existieron realmente, si comieron una manzana u otra cosa, si todos estos relatos son verdaderos o inventados, sino que hemos de comprender el mensaje:

  1. Dios ha creado el mundo y todo lo que hay en él para nosotros.
  2. Dios creó al hombre y a la mujer para tener una relación de amistad con nosotros.
  3. Dios creó al hombre y a la mujer para que se complementaran y formaran una familia.
  4. Dios ha puesto las normas morales al tiempo que da al hombre la libertad.
  5. El demonio tienta a las personas para que piensen que sin Dios pueden conseguir lo que quieran (Seréis como Dios), hacer su vida al margen de su Creador.
  6. Como consecuencia del mal uso de la libertad, viene el mal, expresado en 3,14-19: Dios no castiga, sino que anuncia las consecuencias negativas que se derivan de la desobediencia humana.
  7. Y en el capítulo 4 aparecen más consecuencias del mal: la violencia entre los hermanos (Caín mata a Abel).

Por eso no podemos leer la Biblia y fijarnos en detalles incoherentes como que si Adan y Eva tuvieron dos hijos, ¿cómo siguió luego la humanidad?

El libro del Génesis no está para eso, no está para investigar CÓMO siguió luego la humanidad, sino para explicar el POR QUÉ existe la violencia: porque las personas usamos mal la libertad, desobedecimos a Dios e introdujimos el mal en el mundo, rompiendo la armonía de la creación que Dios había hecho en siete días (7=la perfección).

Luego vienen más consecuencias negativas de la primera desobediencia en los capítulos 6-11 del Génesis:

  • El diluvio: Dios se arrepiente de haber creado a la humanidad al ver cuánto pecan. Pero cuando termina y desembarcan Noé, su familia y los animales, Dios hace una alianza eterna con la humanidad cuya señal es el arco iris (así explica el autor del Génesis el por qué de este fenómeno).
  • La torre de Babel: La unidad que quiso Dios en la creación, que ya se rompió con el pecado, ahora sufre otro golpe más cuando a causa de la soberbia humana, Dios hace que las personas no se entiendan por hablar idiomas distintos, con lo cual se acentúa la división y separación entre los hombres. Otra consecuencia más del pecado, que trae la división y el mal a la humanidad.

Todo esto espero que haya servido para entender mejor los once primeros capítulos del libro del Génesis, para captar su mensaje, la intención del autor, y para que, ante tanta confusión, sepamos explicarlo y dar razón de nuestra esperanza a todo aquel que nos la pida (cf. 1 Pedro 3,15).

Posted in Biblia, Fe y Razón | 7 Comments »

 
A %d blogueros les gusta esto: