El testamento del pescador

Archive for the ‘Benedicto XVI’ Category

¿La Cruz indeseable?

Posted by El pescador en 7 diciembre 2009

(Original en francés; traducción mía)

Viento de locura sobre Roma, después de la condena de Italia por la Corte europea de Derechos humanos (CEDH) por la presencia del crucifijo en las aulas de clase. Por una vez, el país aparece unánime para considerarse ofuscado, incluso manchado, por esta amonestación. Aquí la menor oficina, taller, taquilla, mostrador, la menor tienda o farmacia cuenta al menos con un crucifijo si no dos. Sin olvidar las inevitables imágenes del Padre Pío, omnipresentes. Ayer por la tarde, en el restaurante donde festejábamos un aniversario, el patrón nos ha regalado un calendario publicitario impreso por encargo suyo: a cada mes corresponde una foto de gran formato del Papa, algunas de las cuales son casi enternecedoras. Y el dicho patrón nos ha hecho la exégesis del calendario durantes sus buenos diez minutos. Sin embargo, ni el restaurante, ni el patrón eran beatos. Me diréis: “El Papa no es la cruz”, y tendréis razón. Pero ¡eso es Italia! Entonces yo me pregunto, visto desde Roma, si no debería modificar mis tarjestas de visita: “La Croix” [“La Cruz”], como título de un diario, bien podría parecer inútilmente provocador, no respetuoso con las diferencias, incluso proselitista. Dudo…

publicado por Fréderic Mounier

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El caso Medjugorje: no apagar el Espíritu

Posted by El pescador en 1 julio 2009

(original en italiano; traducción mía)

De Libero, 16 enero 2009

Benedicto XVI, como Juan Pablo II, defiende la fe del pueblo cristiano

 de Antonio Socci

Hoy turban la Iglesia, arriesgándose a crear escándalo y extravío para millones de fieles, más que ciertos ateos declarados que hacen campañas publicitarias en los buses de Génova, están aquellos que -quizás con un hábito eclesiástico- hacen la guerra a Dios desde el interior y bajo pretextos “religiosos” propagan un pensamiento “no católico” (como confió amargamente Pablo VI a Jean Guitton).

No por casualidad el cardenal Ratzinger inició un memorable discurso a los biblistas en un ateneo vaticano recordando la figura del Anticristo de un relato de Soloviev, cuyo Anticristo era “un célebre exegeta” con doctorado en Teología en Tubinga. La admonición, aunque sea gallarda, era evidente.

Por otra parte, curiosamente, en estos años no ha sido el campo ortodoxo el que ha desenterrado una especie de Inquisición contra quien propaga herejías y contesta al Magisterio pontificio, sino más bien aquellos que querrían poner bajo inquisíción a la Virgen misma que osa manifestarse sin su permiso. A menudo son vejados por nuevas inquisiciones quienes testimonian una fe viva y fiel al Papa, no los herejes.

Ahora suscitan algunas preocupaciones, entre tantos y fervorosos fieles de la Virgen, ciertas “anticipaciones” (que no se saben si son verdaderas) del llamado “vademecum” que debería ocuparse de eventos sobrenaturales. Las voces sobre su presunto contenido han sido referidas por “Panorama”, hace tres meses, y en estos días por un sitio de internet: se trataría de un “directorio” contra Medjugorje (meta de millones de peregrinos y lugar extraordinario de conversión) y contra los hechos de Civitavecchia donde, en febrero-marzo de 1995, una estatuílla de la Virgen proveniente de Medjugorje, ha llorado lágrimas de sangre durante 14 veces.

A favor de la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y del llanto milagroso de Civitavecchia están no sólo las cuidadosas investigaciones científicas llevadas a cabo sobre los videntes durante las apariciones y sobre la estatuílla de Pantano, investigaciones que excluyen categóricamente toda forma de estafa o de autosugestión. Está también la enorme cantidad de conversiones e incluso de curaciones inexplicables que se han verificado y continúan verificándose (los testimonios están documentados). Está la perfecta ortodoxia que se respira en estos santuarios. Y, juntamente con la devoción de millones de simples cristianos, está la devoción convencida de tantos sacerdotes, obispos y cardenales. Sobre todo aquella, aclarada, de Juan Pablo II que ha manifestado de mono inequívoco y más veces, incluso por escrito, su convicción personal sobre la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y de las lágrimas de la Virgencita.

Ciertamente un “vademecum” para los obispos hoy puede ser utilísimo para tratar tantos casos de “visionarios” de pacotilla y de embaucadores, pero hay que excluir que tal “directorio” sea apuntado contra Medjugorje y Civitavecchia que son dos santuarios marianos y tienen ahora su historia de devoción del pueblo cristiano (que, recordémoslo, es solicitada en las canonizaciones y presupuesta de hecho incluso en las definiciones de los dogmas) y son dos santuarios marianos.

Se dice que el “directorio” prescribe el recurso incluso a “psiquiatras ateos”. En Medjugorje ya ha sucedido. Al principio, en 1981, cuando el régimen comunista se desató contra las apariciones con arresos, vejaciones y violencias, los seis muchachos fueron incluso arrastrados ante psiquiatras del régimen que sin embargo debieron reconocer su perfecta salud mental y su buena fe. Al final algunos de aquellos médicos incluso se convirtieron, junto con los policías que debían reprimir el fenómeno.

En Civitavecchia la Virgencita superó el duro examen del obispo que no creía y que vio acaecer la décimocuarta  lacrimación justo entre sus propias manos, sufriendo un shock cardiaco. Y ha superado también el examen de la comisión eclesiástica (que ha excluido alucinaciones, fenómeno parapsicológico o diabólico) y el examen laico más exigente, el de la ciencia (que ha reconocido que no es posible la explicación científica del fenómeno) y de la magistratura que -después de cuidadosas investigaciones y considerados los numerosísimos testimonios de las lacrimaciones (entre ellos “el Comandante de la policía municipal, agentes de la policía penitenciaria y de la policía del Estado”), escribe que éstas “deben reducirse o a un hecho de sugestión colectiva o a un hecho sobrenatural”. De no ser porque aquellas lágrimas de sangre, al ser fotografiadas y filmadas, no pueden ser una “sugestión”: han sido además analizadas en laboratorio, al microscopio y definidas como “sangre humana”.

Sobre Medjugorje el secretario de Estado Bertone, apenas fue nombrado, explicitó la posición de este pontificado precisando que las peregrinaciones allí, obviamente no oficiales, “están permitidas” y aconsejó incluso “un acompañamiento pastoral de los fieles”. Además definió todavía una vez como “personales” las declaraciones del obispo de Mostar e indicó como justa la posición de espera de los obispos de la ex Yugoslavia que “deja la puerta abierta a futuras investigaciones”.

También porque el gran número de apariciones,  aún hoy en curso, no es un obstáculo, después que han sido reconocidas recientemente las apariciones de Laus donde la Virgen, desde 1647, se manifestó durante 54 años y largamente de forma cotidiana.

Por tanto los fieles de Medjugorje y Civitavecchia pueden estar tranquilos. Del resto el Papa demuestra que tiene la unidad de la Iglesia muy dentro del corazón. También lo ha demostrado recientemente en el modo en que ha resuelto paternalmente el problema neocatecumenal y en el modo en que ha tendido la mano a los tradicionalistas, con la recuperación de la antigua liturgia, pidiendo a los obispos franceses que los acojan y que no discriminen a ninguno. Verdaderamente el Santo Padre quiere conjurar en todos los modos fracturas y desorientación de los fieles. Finalmente también la devoción y la estima hacia Juan Pablo II lo inducen a defender Medjugorje e Civitavecchia. Por eso hay que excluir que el directorio sea “contra” estos dos santuarios.

También hay mucha duda de que el Papa pueda aprobar un “directorio” tan duro y represivo como aquello anhelado por ciertas indiscreciones, porque justamente Ratzinger fue el autor del memorable discurso con el cual el cardenal Frings, arzobispo de Colonia, en 1962 convenció a la Iglesia para que jubilara el viejo Santo Oficio y ciertos sistemas suyos “cuya modalidad de procedimiento no está de acuerdo en muchas cosas con nuestro tiempo y para la Iglesia será un daño y para muchos un escándalo”.

Considerados los errores dolorosísimos hechos hace 50 años por eclesiásticos al tratar casos de santos como padre Pío o acontecimientos como Ghiaie di Bonate, es dudoso que el propio papa Ratzinger permita volver a reglas vejatorias que hoy podrían ser impugnados desde el punto de vista de los derechos humanos, además del derecho natural y del derecho canónico, produciendo “un daño para la Iglesia y un escándalo”.

Benedicto XVI no quiere en absoluto “apagar el Espíritu” y “despreciar las profecías” (1 Tes 5,19-20), como alún teólogo y algún curial, sino que quiere exactamente lo contrario: ya de cardenal puso en guardia a los católicos de convertirse en “deístas”, o sea aquellos que no creen verdaderamente “en una acción de Dios en nuestro mundo” y por eso se engañan con que “debemos nosotros crear la redención, nosotros crear el mundo mejor, un mundo nuevo. Si se piensa así el cristianismo ha muerto”.

“La Iglesia” explicaba Ratzinger “afronta los desafíos que le son propios gracias al Espíritu Santo que, en los momentos cruciales, abre una puerta para intervenir”. Históricamente lo ha hecho con los grandes santos “que eran también profetas”, pero ante todo a través de la Virgen: “Hay una antigua tradición patrística que llama a María no sacerdotisa, sino profetisa. El título de profetisa en la tradición patrística es el título de María por excelencia… Se podría decir, en un cierto sentido, que de hecho la línea mariana encarna el carácter profético de la Iglesia”.

Por tanto la “Reina de los profetas” va a ser escuchada, no amordazada.

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Sin el latín… y sin el griego

Posted by El pescador en 30 junio 2009

(original en francés; traducción mía)

Isabelle de Gaulmyn

¡”Sin el latín, sin el latín”… la encíclica económica, tan esperada, habría sido publicada ya! Porque ¿a quién señalamos aquí como responsable de los últimos retrasos de este importante texto sobre la doctrina social, el primero de Benedicto XVI, el primero también en tener en cuenta la mundialización, un documento que se ha hecho más urgente por la crisis financiera y económica que sacude el mundo? ¡El latín! Como todas las encíclicas, ésta será también, incluso oficialmente primero, traducida al latín, la lengua de la Iglesia universal. El texto, se dice, será particularmente complejo de traducir a la lengua de Cicerón porque utiliza conceptos modernos, para los cuales nuestros antepasados los romanos no tenían nada para decir, ni siquiera pensado… Sin contar que los efectivos de personas empleadas en las sección latina de la Secretaría de Estado han disminuido desde hace algunos años. ¿Cómo traducir al latín la “globalización”, “los mercados financieros” o incluso “las stocks options”?

Sin embargo no despreciemos demasiado deprisa el retorno a las lenguas “muertas”. La misma palabra “economía” viene del griego, y, según indiscreciones Benedicto XVI, en esta encíclica, partiendo como le gusta hacer, de la etimología, “oikos” (casa) y “nomos” (administrar), o sea “administrar los bienes de la casa”, recuerda que la economía es ante todo un asunto de familia. De la familia humana…

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Eucaristía y Liturgia: testigos de una presencia real

Posted by El pescador en 13 junio 2009

(original en italiano; traducción mía)

GIACOMO GALEAZZI (La Stampa)

La Carta a los Hebreos es uno de los escritos más ricos del Nuevo Testamento, pero demasiado a menudo los creyentes lo desatienden, quizás porque el argumento tratado es trabajoso y, como el autor mismo nos advierte, requiere una particular atención. El centro del anuncio está en estos versículos: “Jesús, como permanece para siempre, posee un sacerdocio inmutable. De ahí que él puede salvar en forma definitiva a los que se acercan a Dios por su intermedio, ya que vive eternamente para interceder por ellos” (7, 24-25). Durante la liturgia se ora siempre “por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos”. De alguna manera se hace eco de la fe del autor de la Carta a los Hebreos: Jesús vive para siempre e intercede por su Iglesia, su cuerpo del cual es la cabeza. La Iglesia depende de Cristo para su misma vida. Jesús comunica esta vida en particular en la Eucaristía y Benedicto XVI, en la exhortación apostólica Sacramentum caritatis, explica que “la Eucaristía es CristoLa Eucaristía es Cristo que se nos entrega, edificándonos continuamente como su cuerpo” (n. 14). “La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia”, recita un adagio de la edad patrística subrayando la existencia de una relación íntima y recíproca entre el cuerpo eucarístico y el cuerpo eclesial del Señor. Sin embargo es importante comprender correctamente cuál es la prioridad. Como destaca Benedicto XVI “la posibilidad que tiene la Iglesia de «hacer» la Eucaristía tiene su raíz en la donación que Cristo le ha hecho de sí mismo” porque “Él es quien eternamente nos ama primero” (n. 14). En la Eucaristía el amor de Cristo se encarna más plenamente: justamente su cuerpo y su sangre son dados para nosotros. Después del Vaticano II la reforma, bienvenida y necesaria, benvenuta e necessaria, de la liturgia ha traído consigo muchos ricos frutos. Las Sagradas Escrituras han encontrado un puesto de honor, para permitir al pueblo de Dios nutrirse a la mesa de la Palabra y la mesa eucarística. Además la mayor implicación de la entera asamblea en la celebración ha llevado a una participación más activa por parte de toda la comunidad, respondiendo a la exhortación del concilio a la participatio actuosa. Sin embargo, también los más encendidos defensores de los ritos litúrgicos reformados admiten la existencia de un potencial “lado oscuro” de la reforma. La celebración de la Eucaristía versus populum y la tendencia a evidenciar la Eucaristía como comida de la comunidad puede, sin quererlo, ensombrecer la naturaleza única de este lugar, hecho posible por el sacrificio de Cristo. Es el don de sí hecho por Cristo que está en el centro de esta comida: “El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Juan 6,51). “La Eucaristía es Cristo que se nos entrega”, escribe Benedicto XVI y en latín es aún más eficaz: Christus se nobis tradens (“Cristo que se entrega a nosotros”). El subrayado de la dimensión colectiva de la liturgia, de por sí indiscutiblemente válida, tiene el riesgo de transformarse en una autocelebración de la comunidad. Este riesgo se hace más elevado en una cultura terapéutica, es decir en la cual la emoción superficial a menudo viene asumida como criterio de autenticidad. El resultado puede ser un cuerpo “decapitado”, una comunidad privada de la cabeza. Por lo demás la necesidad de evidenciar el primado de Cristo como cabeza del cuerpo y fuente de su vida, no ha salido a la luz sólo después del Vaticano II. Mucho tiempo antes, el teólogo jesuita, más tarde cardenal, Henri de Lubac, escribió en la Méditation sur l’Église: “Ciertamente no hay confusión entre la cabeza y los miembros. Los cristianos no son el cuerpo ni físico ni eucarístico de Cristo, y la esposa no es el esposo”. Hay una unión íntima en una irreductible distinción. Cristo, la cabeza, no está nunca privado de su cuerpo, que es la Iglesia, y la Iglesia no puede prosperar si no es en la unión dadora de vida con su cabeza. Es por tanto esencial cultivar en la espiritualidad un sentido vivo de la presencia real de Cristo, que está expresada plenamente por la Eucaristía, pero va acompañada por otras experiencias de la presencia de Cristo. Los cristianos orientales, por ejemplo, han promovido la práctica de la “oración de Jesús”, a menudo sincronizada con la propia respiración. La tradición benedictina trata en cambio de reconocer la presencia de Cristo en el huésped. En otros casos la recuperación de la adoración del Santísimo Sacramento ha ayudado a muchas personas a redescubrir la presencia viva del Señor entre los miembros de su pueblo. La Eucaristía se coniverte por tanto en una escuela de la presencia del Señor, que nos enseña a percibir su presencia en cada aspecto de la vida. El sacerdote que celebra la Eucaristía debería tratar de ser también el mistagogo de la comunidad, para conducir la comunidad a una comprensión profunda de la presencia salvífica de Cristo. Un aspecto crucial de esta mitagogía es la inserción de momentos de profundo silencio en la celebración eucarística, útiles para saborear mejor la presencia de Cristo en la Palabra y en el sacramento. En un mundo en el cual parece prevalecer demasiado a menudo la ausencia de significado y de esperanza, los cristianos formados en la Eucaristía, pueden ser testigos de una presencia real, sea en el culto de Cristo resucitado sea en el propio servicio hacia cuantos sufren por causas materiales y espirituales. Su experiencia de Cristo en la Eucaristía los empujará a cantar con Bernardo de Claraval: Jesu dulcis memoria, dans ver cordis gaudia/sed super mel et omnia, ejus dulcis praesentia!

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El fin de un tabú: también Romano Amerio es “un verdadero cristiano”

Posted by El pescador en 12 junio 2009

 (original en italiano; traducción mía)

Amerio fue el más grande de los opositores tradicionalistas en la Iglesia del siglo XX y por eso fue castitgado con un ostracismo general. Pero ahora se descubre que su tesis central es la misma de Benedicto XVI. Él Quiere hacer la paz con los lefebvrianos.


de Sandro Magister


ROMA, 6 febrero 2006 – En la mañana del lunes 13 de febrero Benedicto XVI ha convocado a los cardenales prefectos de las congregaciones vaticanas para decidir sobre dos cuestiones: la revocación de la excomunión a los seguidores del arzobispo Marcel Lefebvre y el aligeramiento de la facultad de celebrar la Misa en latín según el rito establecido por el Concilio de Trento

 

El cisma lefebvriano y la defensa de la Misa tridentina son expresión de la oposición tradicionalista al Concilio Vaticano II y a las innovaciones que se siguieron de él.

 


Benedicto XVI ha dado ya pasos pasos importantes hacia una recomposición de estas divergencias.

El 29 de agosto, en Castel Gandolfo, ha recibido a los dos máximos responsables de la Fraternidad lefebvriana, Bernard Fellay y Franz Schmidberger, “en un clima de amor por la Iglesia y de deseo de llegar a la perfecta comunión”


El 22 de diciembre, en el discuros prenatalicio en la curia vaticana, ha dado una interpretación del Concilio Vaticano II que tiene en cuenta la seriedad de algunas críticas avanzadas por los tradicionalistas. En particular, el Papa ha querido volver a asegurarles que el decreto conciliar sobre la libertad religiosa no deber ser entendido como una cesión al relativismo.


Además, desde la primera Misa celebrada después de su elección Benedicto XVI se ha movido en la estela de la gran tradición litúrgica, volviendo a dar espacio al latín y al canto gregoriano.

Pero hay un elemento aún más sustancial que acerca a los tradicionalistas al magisterio de Benedicto XVI: el primado dado por él a la verdad.

El mensaje del Papa para la jornada mundial de la paz, por ejemplo, establece desde el título este primado: “En la verdad, la paz”.

Y también su primera encíclica “Deus Caritas Est” la ha escrito para restituir verdad al amor: “La palabra ‘amor’ está tan gastada, consumida, abusada hoy. Debemos retomarla, purificarla y llevarla a su esplendor original”.


* * *

Y bien, justamente el primado de la “veritas” es el corazón del pensamiento del más autorizado y culto representante de la oposición católica tradicionalista a la Iglesia del siglo XX: el filólogo y filósofo suizo Romano Amerio, muerto en Lugano en 1997 a los 92 años de edad.


Amerio condensó sus críticas en dos volúmenes: “Iota unum. Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel XX secolo” [Iota unum. Estudio de las variaciones de la Iglesia católica en el siglo XX], comenzado en 1935 y ultimado y publicado en 1985, y “Stat Veritas. Sèguito a Iota unum”, publicado póstumamente en 1997, ambos por la tipografía del editor Riccardo Ricciardi, de Nápoles.


El primero de estos volúmenes, de 658 páginas, fue reimpreso tres veces en Italia con un conjunto de siete mil copias y después traducido al francés, inglés, español, portugués, alemán, holandés. Alcanzó por tanto muchas decenas de miles de lectores en todo el mundo.


Pero no obstante esto, un casi total silencio de parte de la opinión pública católica castigó a Amerio tanto en vida como después: él que nunca jamás condescendió con el cisma lefebvriano y fue siempre fidelísimo a la Iglesia.


Una recensión de “Iota unum” escritta para “L’Osservatore Romano” en 1985 por el entonces prefecto de la Biblioteca Ambrosiana monseñor Angelo Paredi –a petición del director del diario vaticano, Mario Agnes– no se publicó nunca.


Para asistir al primer congreso de estudios sobre el pensamiento de hubo que esperar hasta 2005. El congreso tuvo lugar en Lugano con el patrocinio de la facultad de teología local y con la presencia del obispo, pero también sobre este congreso la atención fue mínima.


Ahora sin embargo un discípulo de Amerio, Enrico Maria Radaelli, ha publicado finalmente una monografía sobre este filólogo y filósofo largamente condenado al ostracismo, autor -además de los dos libros citados- de la imponente edición crítica en 34 volúmenes del gran pensador del siglo XVI Tommaso Campanella, de tres volúmenes dedicados a las “Osservazioni sulla Morale Cattolica” de Alessandro Manzoni, y de estudios sobre Epicuro, Paolo Sarpi, Giacomo Leopardi.


El ensayo de Radaelli, impreso por Marco Editore y a la venta en las librerías desde enero de 2006, tiene por título: “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”. Esso include testi inediti tra cui la recensione non pubblicata dall’”Osservatore Romano”. Y se distingue por una serie de contribuciones externas de particular interés. La introducción al volumen tiene por autor a don don Antonio Livi, sacerdote del Opus Dei, presidente en Roma de la facultad de filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense. Otras aportaciones son de dos obispos italianos: el deAlbenga e Imperia, Mario Oliveri, y el de Trivento, Antonio Santucci. Finalmente, hay un comentario escrito por don Divo Barsotti, una de las figuras más influyentes y respetadas del catolicismo italiano del último siglo, fundador de una comunidad espiritual, la Comunidad de los Hijos de Dios, que comprende los más diversos estilos de vida: hombres y mujeres que abrazan los votos monásticos, simples sacerdotes, parejas de esposos con niños. Hoy su comunidad cuenta con alrededor de 2000 personas, en Italia y varios otros países: Australia, Colombia, Croacia, Benin, Sri Lanka. Pertenece a ella el actual obispo de Monreale, en Sicilia, Cataldo Naro. Don Barsotti tiene 92 anni, vive cerca de Florencia, en Settignano, en una casa dedicada al santo ruso Sergio de Radonez, y esta página suya sobre Romano Amerio es quizá la última que ha sido capaz de escribir de su puño y letra. Pero es de fulmínea densidad.


Don Barsotti recoge plenamente la esencia de la crítica formulada por Amerio, al que define como “un verdadero cristiano”. Y sostiene que la crítica tiene un fundamento válido: porque el error mayor en la Iglesia de hoy es precisamente el de quitar la verdad desde el primer puesto. Cuando por el contrario “el progreso de la Iglesia [debe] partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto”. Salta a la vista la consonancia de esta tesis con el magisteiro del PapaJoseph Ratzinger.


Pero he aquí, integral, el escrito de don Barsotti:


“Sólo después de haber construido el fundamento de la verdad…” de Divo Barsotti

A mi venerable edad quizá no empuñaré más la pluma, o quizá la empuñaré, no sé. Pero,  aunque con gran fatiga ahora, querría aprovechar la bella ocasión que se me ofrece, y dar a conocer en algún trazo mínimo mi pensamiento sobre un católico verdadero querido para mí como fue Romano Amerio.

Me ha impresionado de hecho, de este libro de Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, cómo y cuánto el autor ha sido capaz de resumir en pocos conceptos -incluso quizá en un concepto solo-  la sustancia de la filosofía y de la opinión de un escritor como Amerio que, especialmente con su famoso libro “Iota unum”, tanto molestó a las conciencias católicas.

La lectura del libro de Radaelli, que es la primera monografía que se tenga sobre Amerio, me ha atraído desde el título: hablar de Romano Amerio -parece decir- es hablar de un orden de la verdad y de la caridad, donde la primera está unida a la segunda, pero la precede. Amerio dice en sustancia que los más graves males presentes en el pensamiento occidental,  incluido el católico, son debidos principalmente a un general desorden mental por el cual se pone la “caritas” delante de la “veritas”, sin pensar que este desorden mental pone patas arriba también la justa concepción que deberíamos tener de la Santísima Trinidad.

La cristiandad, antes que se afianzara en su seno el pensamiento de Descartes, había procedido siempre santamente haciendo preceder la “veritas” a la “caritas”, así como sabemos que de la boca divina de Cristo expira el soplo del Espíritu Santo y no al revés.

En la carta con la cual Amerio presenta al filósofo Augusto Del Noce aquello que será después el célebre “Iota unum”, explica claramente el fin para el cual lo ha escrito, que “es defender las esencias contra el mobilismo y el sincretismo propios del espíritu del siglo”. O sea defender a las Tres Personas de la Santísima Trinidad y sus procesiones, que la teología enseña que tiene un orden inalterable: “En el principio existía el Verbo”, y después, respecto al Amor, “Filioque procedit”. O sea el Amor proviene del Verbo, y nunca al contrario.

De rebote Del Noce, evidentemente impresionado por la profundidad de las tesis de Amerio, anota: “Repito, quizá me equivoco. Pero me parece que la restauración católica de la que el mundo tiene necesidad como problema filósofico último el del orden de las esencias”.

Veo el progreso de la Iglesia a partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto.

La paz prometida por Cristo, la libertad, el amor son para todo hombre el fin que hay que alcanzar, pero hace falta llegar allí sólo después de haber construido el fundamento de la verdad y las columnas de la fe.

Por tanto -como dice Amerio- partir de Cristo, de la verdad sobrenatural que sólo Él enseña, para tener por Él el don del Espíritu Santo con el cual siempre Él, el Señor, nos da vida y fuerza, y salir a situar por último el arquitrabe de la “caritas”.

 Romano Amerio era un laico, un laico que conoció al Señor. Conoció el Credo evangélico y se convirtió en testimonio cristalino de él. He tenido siempre la impresión -incluso no habíendolo conocido en persona- de haber visto en él un verdadero cristiano, que no ha tenido nunca miedo de afrontar los temas más trabajosos de la Revelación.

Aquello que maravilla -y es su verdadera grandeza- es que incluso siendo un laico él es un verdadero testigo. No es un teólogo, no es un hombre de religión, sino uno que ha tenido de Dios el carisma de ver aquello que está implícito en la enseñanza cristiana. Él lo siente, y acepta este papel. Hace cuanto el Señor le inspira.

Toda la cristiandad tiene motivo para dar gracias a Dios por Romano Amerio, que en estos tiempos difíciles ha hablado tan claramente de los fundamentos de la Revelación. Me ha maravillado siempre el conocimiento que Amerio tiene del carisma que Dios le dio. Por este carisma, y por el regalo que él humildemente hace de él, Amerio permanece en la Iglesia como una figura de primer plano.

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El libro: Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, Marco Editore, Lungro di Cosenza, 2005, pp. 344, euro 25,00.
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 El sitio web del autor del libro, Enrico Maria Radaelli, in italiano, inglés y latín:


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 Las actas del congreso sobre Romano Amerio celebrado en Lugano el 29 de enero de 2005 están disponibles en el número de julio-septiembre de 2005 de “Cenobio”, revista trimestral de cultura de Suiza italiana: vista trimestrale di cultura della Svizzera italiana:

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En este sitio, sobre Romano Amerio y don Divo Barsotti:


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La interpretación del Concilio Vaticano II hecha por Benedicto XVI en el discurso a la curia vaticana del 22 de diciembre de 2005:


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Sólo el sacrificio hace posible el banquete

Posted by El pescador en 12 junio 2009

LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvador Vitiello: Sólo el sacrificio hace posible el banquete

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – En la homilía de la Solemnidad del Corpus Christi 2009, el Santo Padre Benedicto XVI ha llamado de nuevo la atención de toda la Iglesia sobre el riesgo de la “secularización” también entre los fieles, e incluso entre el Clero, y ha afirmado la relación entre sacrificio y banquete, en la Eucaristía.
El Papa ha afirmado: “celebrando la Pascua con los suyos, el Señor en el misterio anticipó el sacrificio que se habría consumido el día después sobre la cruz. La institución de la Eucaristía se nos presenta así como anticipación y aceptación por parte de Jesús de su muerte. Escribe sobre ello san Efrén Siro: ‘Durante la cena, Jesús se inmoló así mismo; en la cruz Él fue inmolado por los otros’”.
Hoy es más urgente que nunca, con vistas a una recuperación de la dimensión de lo sagrado tan necesario en Europa, ayudar a todos los fieles a comprender o recordar la universal dimensión sacrifical de la liturgia eucarística. Sin ceder a la religiosidad “pagana” pre-cristiana, sino más bien, favoreciendo una correcta comprensión del sacrificio expiatorio de Cristo Señor, el cual se ofreció a si mismo por nosotros y por nuestra salvación.
Es necesario recordar a todos los partidarios de la reducción de la Santa Misa a banquete, como esto es únicamente la consecuencia del Sacrificio. Sin la muerte de Cristo en la Cruz, los hombres nunca habrían podido llegar a ser “comensales de Dios”, ni habrían podido vivir una comunión incluso física con Él, por medio de la Comunión eucarística, que es anticipación de la condición de resucitados, capaz de superar los vínculos del espacio y tiempo.
En este sentido no se debe nunca contraponer la dimensión sacrifical a la de la “cena del Señor”, pues sencillamente la primera es la misma condición de posibilidad de la segunda. ¡No hay “cena” sin Sacrificio!
El Santo Padre ha afirmado además: “Hoy existe el riesgo de una secularización que se introduce también en el interior de la Iglesia, que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones a las que les falta aquella participación del corazón que se expresa en la veneración y respeto de la liturgia. Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose dominar por las actividades y por las preocupaciones terrenales”.
La correcta comprensión de la Eucaristía como Sacrificio pone al amparo de dichas superficiales interpretaciones y, sobre todo, la deseada recíproca fecundación entre la forma ordinaria y aquella extraordinaria del único rito latino, podrá, en el tiempo, permitir, también a nivel litúrgico, esa “recuperación teológica” hoy más necesaria que nunca. Porque “con la Eucaristía el cielo viene sobre la tierra, el mañana de Dios desciende al presente y el tiempo es como abrazado por la eternidad divina”. (Agencia Fides 12/6/2009)

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No hay segundo caso Galileo

Posted by El pescador en 28 diciembre 2008

 

clip_image002Isabelle de Gaulmyn (original en francés; traducción mía)
«¿Qué pasaba antes del comienzo del mundo? ¿Qué hacía Dios antes de crearlo? Preparaba el infierno para aquellos que hacen tales preguntas…»… Con esta broma, el célebre astrofísico Stephen Hawking, que sufre una ELA (esclerosis lateral amiotrófica) que lo paraliza totalmente, ha comenzado su exposición sobre la evolución, durante un coloquio organizado por la Academia Pontificia de las ciencias, en el Vaticano. Coloquio sobre un asunto a priori polémico: la teoría de la evolución de la especie humana, del mundo y del universo, a la luz de la fe… Sabemos que el creacionismo, y su sucedáneo, la teoría del «Diseño inteligente» contesta hoy de manera a veces violenta las teorías de Darwin, en nombre especialemente de una cierta concepción de la fe. Ahora bien ello no desagrada a algunos, no habrá, en el Vaticano, un segundo asunto Galileo… El Papa, al recibir a los miembros de la Academia, ha explicado bien cómo las dos lógicas, una horizontal -la ciencia-, la otra vertical -la fe-, no eran incompatibles. Al contrario. Benedicto XVI ha comparado la naturaleza a un libro escrito por Dios, y que está por descifrar también, como la Biblia. Leer la evolución, ha dicho, no es leer un “caos” sino un libro “en el cual nosotros leemos la historia, la evolución, la “escritura”, y la significación en función de los diferentes enfoques de las ciencias”. Pero -puesto que las imágenes cuentan-, retenemos como símbolo de esta “armonía” la del Papa, inclinado, la mano sobre la frente del astrofísico británico como para ponerle en su sitio un mechón rebelde, mientras que éste, por medio de su ordenador-sintentizador le dejaba este mensaje: “Santo Padre, estoy contento de haberme encontrado con Usted. Hoy debería haber un buen encuentro entre Ciencia e Iglesia”.

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¿Para qué sirve el Papa?

Posted by El pescador en 15 septiembre 2008

(original en francés; traducción mía)


Mientras que Benedicto XVI debe llegar el 12 de septiembre a Francia para un viaje a París y Lourdes, se vuelve sobre el papel del obispo de Roma en la Iglesia católica y en el mundo

El término viene del griego ‘pappos’ que, desde Homero, es utilizado para marcar una veneración, respetuosa. En Oriente designa después a los obispos y a los sacerdotes. Aparece en Occidente a comienzos del siglo III, reservado a los obispos.

No es hasta el siglo VIII cuando los obispos de Roma lo emplean para ellos mismos cada vez más a menudo. En el siglo XI, mientras es necesario asentar el poder de Roma frente a otras ciudades e imponer progresivamente la autoridad apostólica, Gregorio VII, en un«dictatus papae», establece que el título será a partir de entonces reservado al sucesor de Pedro, «porque es único en el mundo».

La palabra no tiene nada que ver, etimológicamente, con el familiar «papa» de los niños hacia su padre. La confusión viene del hecho de que en Italia, en las familias, se ha extendido el uso francés de decir «papà», con acento sobre la última sílaba, mientras que la palabra italiana era originalmente «babbo».

El “Viva il papa!” que se escucha en la plaza de San Pedro para el papa no tiene nada que ver, como lo creen a veces los turistas francófonos en Roma, con un familiar “¡viva el papá!”… Explicaciones sobre las prerrogativas del jefe de la Iglesia católica.


¿Cómo es elegido el papa?

Y primero, ¿quién puede ser elegido? En teoría, todo bautizado que cumpla las condiciones para llegar a ser obispo, porque el papa es el obispo de Roma. En realidad, desde el siglo XV, el papa ha sido elegido siempre entre los cardenales. Los electores son en efecto los cardenales, que son nombrados ellos mismos por los precedentes soberanos pontífices.

La elección del papa está regulada de manera extremadamente meticulosa por textos que prácticamente cada papa a retocado. Pero el objetivo ha seguido siendo el mismo: crear las condiciones para que el nuevo papa pueda tener los medios de asegurar su misión con toda independencia.

Lejos de presiones extrañas, de injerencias mediáticas, los cardenales se reúinen pues en cónclave, en secreto, dentro de la capilla Sixtina.

Sólo aquellos que tienen menos de 80 años participan en el cónclave: una regla introducida por Pablo VI en 1970, para evitar que el alargamiento de la duración de la vida no haga crecer demasiado el peso de los cardenales más ancianos. Es elegido aquel que obtenga más de dos tercios de votos en el curso de los escrutinios.

Esta regla de dos tercios había sido modificada por Juan Pablo II y la sustituyó por la de la mayoría al final de un cierto número de días sin resultado; uno de los primeros actos de Benedicto XVI fue sin embargo volver a la antigua práctica, por miedo a que el papa pueda ser el rehén de una parte del Sacro Colegio en lugar de representar a la Iglesia entera.

No hay campaña electoral. Sin embargo, antes del cónclave, los cardenales -incluidos aquellos de más de 80 años- se reúnen en congregaciones generales para evocar los grandes problemas y desafíos de la Iglesia. Un tiempo importante donde se bosquejan las grandes tendencias que después “harán” la elección.

¿Cuál es su papel pastoral ?

“Bendito sea Dios que te ha elegido como pastor de toda la Iglesia”, dice el cardenal protodiácono entregando al nuevo elegido, al comienzo de su ministerio, el palio. El papa no es un “súper-obispo”.

Su papel pastoral es universal, pero le es correspondiente por derecho según los términos mismos empleados por Jesús para Pedro: “Confirma a tus hermanos en la fe”.

He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones“, ha dicho en ese sentido Benedicto XVI a los jóvenes australianos este verano, durante la JMJ.

Es lo que se llama el magisterio del papa, que no ejerce solo, sino con el conjunto de los obispos, sucesores de los Apóstoles, cuyo colegio él preside. Este magisterio aspira a transmitir el mensaje de Cristo en su integridad y a asegurar la unidad de la fe. Integridad, para evitar desviaciones, malas interpretaciones, sectarismo u otras cosas; unidad, para preservar la Iglesia del cisma.

Es una forma de enseñanza, que el papa ejerce cotidianamente, por medio de discursos, de cartas, de homilías, de audiencias. O de manera más solemne, por medio de textos que tienen un alcance general, encíclicas o exhortaciones apostólicas.

Este Magisterio se ejerce en comunión con los obispos, que el papa puede consultar sobre tal o cual punto: es el caso de las exhortaciones apostólcias que recogen las conclusiones de una asamblea del Sínodo de los obispos.

En cambio, podemos notar que las dos encíclicas publicadas hasta hoy por Benedicto XVI son muy personales, y enteramente escritas por el papa, aunque la segunda parte de “Deus caritas est” se inspira claramente en una reflexión sobre la acción caritativa de la Iglesia elaborada por el Consejo pontificio Cor Unum.

¿Cuál es el poder del papa sobre los fieles?

El poder del papa se extiende al conjunto de la Iglesia católica, no depende de ningún otro, y no tiene necesidad de delegación especial para ser ejercido. Pero no ejerce sin embargo un poder absoluto. En cada diócesis el obispo tiene competencia total sobre la porción del pueblo de Dios que le está confiado, según el principio de subsidiariedad.

También el papa debe decidir en colegialidad con los otros obispos. Por otro lado, la Iglesia no es una secta. La obediencia, en el sentido estricto, es requerida cuando un acto jurídico lo pide explícitamente: por ejemplo una prohibición de publicación para un teólogo, que, desués de haber hecho recurrido eventualmente, debe someterse.

Pero para todo lo que es de la doctrina, hace falta más bien hablar de adhesión al Magisterio, la cual implica reflexión y libertad en conciencia. Como dice el Derecho canónico, la adhesión al Papa no es del mismo orden que la sumisión al acto de fe, al cual están en cambio obligados todos los católicos.

Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres” (canon 752). Salvo que la infabilidad del Papa esté comprometida, lo que implica entonces una obediencia absoluta -pero eso no se hace más que de manera extremadamente precisa y limitada: en realidad, los casos de infabilidad son muy raros, el último se remota a 1950 para la proclamación del dogma de la Asunción.

¿El Papa tiene peso en la diplomacia internacional?

Difícil de medir con exactitud el peso diplomático de la Santa Sede. El Papa no ejerce, retomando la fórmula de Pablo VI, fficile de mesurer avec exactitude le poids diplomatique du Saint-Siège. Le pape n’exerce, más que una “minúscula y casi simbólica soberanía temporal”. Heredero de la época en que disponía de un verdadero poder temporal en Europa, el Papa dispone de un aparato diplomático, con embajadores (los nuncios), y mantiene hoy relaciones diplomáticas con 176 Estados.

Juan Pablo II se implicó mucho en el escenario internacional, y su acción ha podido tener una influencia decisiva, por ejemplo en la caída del muro de Berlín o en la condena de la intervención americana en Iraq; Benedicto XVI está menos presente en este plano.

Más generalmente, esta diplomacia puede desempeñar un papel en el país donde la comunidad católica es numerosa e influyente: en la República Democrática del Congo ha tenido peso en el proceso de paz, o incluso en el Líbano o en América del Sur. Sobre todo se escucha la voz del Papa en el plano de los grandes principios internacionales.

Después de la segunda mitad del siglo XX, ha adquirido el reconocimiento de una forma de autoridad moral y espiritual, que le permite recordar aglunos grandes principios de la humanidad: dignidad del hombre, libertad de pensamiento y de religión, protección de la vida, solidaridad con los países más pobres…

Ciertamente la eficacia de estas intervenciones es, por naturaleza, limitada. Haría falta por tanto no desatender este papel: en mayo pasado, cuando Benedicto XVI subió a la tribuna de las Naciones Unidas en Nueva York, todos los países estaban representados, y fue escuchado muy atentamente, ciertos embajadores se alegraban abiertamente de ver teorizada así la universalidad de los derechos del hombre.

¿Cuál es su papel con las otras religiones?

Con las otras Iglesias, el Papa desempeña hoy un papel de primer orden. No es que la iniciativa venga de él: al contrario, el ecumenismo tal como se entiende hoy día, es decir el diálogo teológico con las otras confesiones cristianas en vista a restablecer su unidad, nació en el siglo XIX aparte de Roma, es decir a sus espaldas.

Pero a partir del Vaticano II, Juan XXIII transforma el papel del Papa: convidando a observadores cristianos no católicos, lanza el “ecumenismo pontifical”. Desde entonces, el papel del Papa será decisivo, en los avances como en las dudas del ecumenismo.

En el plano teológico, el obispo de Roma puede dar impulsos, más aún cuando su función misma constituye un punto de fricción con los otros cristianos: en la encíclica ‘Ut unum sint’ (1995), Juan Pablo II ha invitado a las otras Iglesias a discutir modalidades de ejercicio de su ministeriode Pedro.

Benedicto XVI ha relanzado el diálogo con los ortodoxos sobre este punto, aunque él no participa, pues tiene lugar entre teólogos. El Papa puede también querer “volver a encuadrar” este diálogo teológico, como lo ha hecho Benedicto XVI aprobando una nota de la Congregación para la doctrina de la fe reafirmando que la Iglesia de Cristo “subsiste” en la sola Iglesia católica.

El papel pastoral del Papa al servicio de la unidad cristiana es quizás aún más importante cuando se encuentra con responsables de otras Iglesias, mostrando así un acercamiento verdadero más allá de las divergencias teológicas. Es lo que ha hecho reciente y largamente, el 5 de mayo, con el primado anglicano Rowan Williams.

Está asimismo en las relaciones con las otras religiones, en particular el islam. Desde Juan Pablio II, el Papa es un motor de ese diálogo y considerado como tal por los interlocutores musulmanes.

Benedicto XVI aprendió en sus propias carnes en Ratisbona en septiembre de 2006: quiera o no, lo que dice el Papa en esa área encuentra un eco considerable y tiene grandes repercusiones, debe sopesar cuidadosamente sus palabras y ademanes.

Hacia él se dirigieron lógicamente los musulmanes para relanzar el diálogo, que ha desembocado en la programación de un gran encuentro islamo-católico del 4 al 6 de noviembre próximos en Roma.

¿Cómo gobierna la Curia?

“Sobre la punta de los pies”, respondía, con su gran sonrisa, Juan Pablo I. La Curia romana es una organización administrativa compleja, producto de un apilamiento histórico de siglos de tradiciones y que no es fácil de manejar hoy. Está compuesta de dicasterios (Congregaciones, Consejos pontificios, Tribunales…) cuyos prefectos o presidentes nombra él.

Como los ministerios, cada uno tiene atribuciones específicas, para las cuales dispone de un poder administrativo: la liturgia para la Congregación para el culto divino, decretos de beatificación o de canonización para la de las causas de los santos, etc.

Esto puede ser una especie de consejo, como el nombramiento de obispos, hecho por el Papa pero preparado por la Congregación para los obispos. Un mismo documento puede ser releído por numerosos dicasterios, particularmente por la Congregación para la doctrina de la fe, lo que explica la lentitud de ciertas publicaciones.

Para el gobienro de la Iglesia propiamente dicho, el Papa se apoya en la Secretaría de Estado, cuyo papel ha crecido considerablemente en el siglo XX.

Está compuesta de dos secciones: los asuntos generales, que comprende ocho divisiones lingüísticas, por donde pasa todo el correo y donde se hacen traducciones y notas de síntesis, y las relaciones con los Estados, encargada de la diplomacia de la Santa Sede.

Esta verdadera placa giratoria de la Curia está dirigida por un cardenal Secretario de Esgtado, hoy el salesiano italiano Tarcisio Bertone, una especie de “primer ministro” del Papa.

En realidad, lejos de formar un bloque monolítico, la Curia presenta una realidad compleja. Universalidad de la Iglesia obliga, está compuesta de diversas nacionalidades, aunque domine Italia, y de tendencia y corrientes a menudo diferentes, o sea opuestas, con las cuales el Papa debe contar.

Además, un nuevo Papa no viene con su propio equipo, como en las democracias actuales. Es raro que se separe de colaboradores que no hayan alcanzado la edad del retiro (75 años): Benedito XVI lo ha hecho con Mons. Fitzgerald, encargado del diálogo interreligioso con Juan Pablo II, y el cardenal Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, nombrado para Nápoles. Son excepciones, que marcan un profundo desacuerdo -pero la práctiva es más bien la continuidad.

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Los objetivos del viaje de Benedicto XVI a Francia

Posted by El pescador en 10 septiembre 2008

 

(original en francés; traducción mía)
Sophie de Villeneuve
En algunos extractos significativos, las 10 grandes preocupaciones de Benedicto XVI

Devolver a Cristo al corazón de la Iglesia

“Buscar el rostro de Jesús debe ser la aspiración de todos nosotros que somos cristianos”

Hacer sentir que Dios es un amante apasionado

“Dios es en absoluto la fuente originaria de cada ser; pero este principio creativo de todas las cosas —el Logos, la razón primordial— es al mismo tiempo un amante con toda la pasión de un verdadero amor” Deus Caritas est [nº 10]

Reafirmar que la fe y la razón se necesitan una a la otra

“La fe supone la razón y la perfecciona, y la razón, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las realidades espirituales” Angélus del 28 de enero de 2007

No considerar la fe como un catálogo de prohibiciones

“El cristianismo, el catolicismo no es una colección de prohibiciones; al contrario, es una opción positiva. Es muy importante que la consideremos de nuevo porque esta idea casi ha desparecido completamente en nuestros días” 2006 a la televisión alemana

Hacer de la Eucaristía el corazón de la vida cristiana

La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía […] Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos” Sacramentum caritatis [nº 6], 2005

Balizar firmemente el diálogo interreligioso

“El objetivo más amplio del diálogo es descubrir la verdad. En nuestro intento de descubrir los puntos de comunión, hemos evitado quizás la responsabilidad de discutir nuestras diferencias con calma y claridad” Washington, 2008

Excluir a la Iglesia del debate estrictamente político

“Este trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia. El respeto de una sana laicidad —incluso con la pluralidad de las posiciones políticas— es esencial en la tradición cristiana” Brasil 2007

Defender la identidad cristiana en un mundo marcado por el “relativismo”

“La identidad de una Universidad o de una Escuela católica no es simplemente una cuestión del número de los estudiantes católicos. Es una cuestión de convicción: ¿creemos realmente que sólo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre (cf. Gaudium et spes, 22)? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe? ¿Se expresa férvidamente en la liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación de Dios?” Washington, 2008

Salvar la herencia del Vaticano, tras las grandes divisiones que ha obrado en la Iglesia

“Queda la gran herencia del Concilio, que abrió un camino nuevo. Es siempre una charta magna del camino de la Iglesia, muy esencial y fundamental […]. (…) debemos redescubrir la gran herencia del Concilio, que no es un espíritu reconstruido tras los textos, sino que son precisamente los grandes textos conciliares releídos ahora con las experiencias que hemos tenido y que han dado fruto en tantos Movimientos, en tantas nuevas comunidades religiosas” Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Treviso en 2007

Salvaguardar el carácter sagrado de la liturgia

“En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser  improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto”Carta a los obispos que acompaña el Motu Proprio “Summorum Pontificum”

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Entrevista a Olegario González de Cardedal

Posted by El pescador en 14 mayo 2008

Este profesor de Cristología de la Pontificia Universidad de Salamanca es uno de los grandes teólogos actuales. Reproduzco esta entrevista donde habla de cuestiones de la Iglesia actual, tanto la universal como la española.

Es interesante lo que dice sobre la ignorancia y el desconocimiento del latín que tienen los eclesiásticos: seminaristas y sacerdotes de ahora y del futuro, y tiene razón puesto que “estudiar latín y griego no sirve para nada, estudiar sociología es más útil” (entre comillas porque es una frase, no de Olegario, sino de altos cargos de una diócesis):

Entrevista a Olegario González de Cardedal

jueves, 31 de enero de 2008

«La liturgia en latín recuperada por Benedicto XVI abre una posibilidad más de expresión que se une a las existentes»

«No hay otra institución que esté tan presente en la sociedad como la Iglesia, volcada con los marginados»

La Opinión de Zamora TANIA SUTIL. – “El educador cristiano, testigo de fe” es el título de la conferencia inaugural de las jornadas diocesanas dedicadas a la educación desarrolladas durante estos días. ¿Cómo ejercer este testimonio en la actualidad?

– El testimonio de la fe siempre ha sido el mismo. La fe se transmite desde una convicción personal vivida, no como un hecho físico ni como una demostración científica. Se transmite como expresión de una vida que alguien experimenta, un valor iluminador y acrecentador de la fe humana que quien lo experimenta lo ofrece a los demás como una posibilidad.

– ¿Transmitir ese mensaje en la sociedad actual entraña más dificultades que en tiempos pasados?

– Todos los tiempos son igualmente fáciles o difíciles porque el sujeto personal, con sus cuestiones de fondo como el amor, el sentido, el futuro, la esperanza o el prójimo, son las raíces permanentes de la vida humana y son constantes a lo largo de la historia. El hecho religioso se ofrece en el contexto de las múltiples ofertas que la sociedad hace pero no entra en colisión directa con ninguna de ellas.

– ¿Es el aula el lugar idóneo para difundir ese hecho religioso?

– El hecho religioso es universal y permanente en la historia. Si es un hecho determinante de la vida humana, universal y constante, la escuela tiene que informar sobre ello en su totalidad.

– A propósito de la “Educación para la Ciudadanía”, ¿corresponde al Estado la educación moral de los ciudadanos?

– Al Estado le corresponde explicitar aquellos valores, ideales o instituciones que están en la Constitución española a la vez que las declaraciones internacionales que el estado español ha suscrito. Ir más allá ya no sería propio del Estado.

– Como buen conocedor del Papa, ¿qué opina de la recuperación de ciertos elementos de la liturgia, tal y como oficiar la misa en latín y de espaldas a los fieles?

-Al Papa lo que hay que hacer es leerlo. Con ese texto jurídico abre una posibilidad más de expresión litúrgica, por tanto, no cierra ninguna de las posibilidades que existen hasta ahora sino que abre la oportunidad de que en determinadas circunstancias se pueda celebrar también el rito litúrgico vigente hasta el Concilio Vaticano II. Lo mismo que hay rito mozárabe, ambrosiano u oriental, ¿por qué no éste que no se impone nada a nadie? Mi tristeza profunda es que los españoles y los futuros seminaristas y sacerdotes no sepan latín. Y no saber las lenguas en las que están escritas las fuentes del Cristianismo es una pérdida fundamental porque quien no sabe no es libre. Una Iglesia que no conoce las fuentes y los textos originales de la historia máter es una Iglesia a merced de quienes sí lo saben. Por tanto, bienvenido sea una invitación a un saber más hondo, a una expresión litúrgica más ancha y a una mayor libertad en la Iglesia.

– ¿Existe en la actualidad un divorcio entre la Iglesia y la sociedad?

– No hay otra institución que esté tan presente en la sociedad como la Iglesia. Primero, porque donde hay un cristiano ahí está la Iglesia, a través de la innumerable lista de asociaciones, testimonios y grupos. Cuando alguien dice que la Iglesia no existe, es negar la realidad. La Iglesia se preocupa del Sida, de atender a los marginados y de estar en el mundo rural.

– ¿Y entre el Gobierno y la Iglesia?

– Una cosa es la normativa jurídica, que está perfectamente clara en los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, y otra es la situación del Gobierno socialista de la Iglesia, donde algunas propuestas legales que están llevando adelante no son compartidas por la Iglesia, que lo manifiesta por los cauces jurídicos y la expresión pública.

– ¿Percibe un empeño en imponer el laicismo como signo de la modernidad?

– En efecto, hay grupos laicos a los que les gustaría que desapareciera la religión como signo y hecho público de la vida española. Pero eso siempre lo ha habido. Yo me pregunto: ¿por qué tanto escándalo porque dos millones de españoles se manifestaran para exponer sus ideales de la familia hace unas semanas? Si se habla de que la sociedad es pasiva, pues ahí tienen a esas personas para demostrar que no es así. Es cierto que hubo dos frases que no son jurídicamente de recibo, pero la cuestión de fondo es que esa masa expuso su disentimiento respecto a los modelos de familia que intentan imponer. Lo demás, es una farsa y una falacia.

– Fueron polémicas las últimas declaraciones del obispo de Orihuela-Alicante, el zamorano Rafael Palmero, en las que manifestaba que la homosexualidad «es una enfermedad que nadie quiere padecer». ¿Comparte su tesis?

– Para definir la homosexualidad como una enfermedad tenemos médicos, psicólogos, moralistas… Es un área donde yo nunca he trabajado y hay que conocer saberes profesionales muy específicos en los que yo, honestamente, no he profundizado.

«La Iglesia no orienta el voto de sus fieles»

Nos encontramos a las puertas de unas elecciones generales. ¿Orienta la Iglesia el voto de sus fieles?

– La Iglesia no orienta el voto, sino a sus miembros con las condiciones que son determinantes para la vida humana. La Iglesia dice lo que piensa y cada uno es libre para oír o no ese mensaje. No hay ninguna institución en la sociedad española con tanta libertad interior como la Iglesia. Ni sindicatos, ni empresas, ni partidos ni universidades… ya que la Iglesia dice con total sinceridad cuáles son sus condiciones. Quien quiera ser miembro de ella, esos requisitos son normativos, pero no dice a qué partidos dar su sufragio. Eso sí, invita a actuar con coherencia personal.

– Llevamos casi cuatro años de Gobierno socialista. ¿Está la Iglesia más débil como consecuencia del Gobierno de Zapatero o, por el contrario, se ha hecho más fuerte?

– Está más fuerte porque está más consciente de sí misma. Ha despertado para tener en cuenta su misión específica.

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