El testamento del pescador

Textos para catequistas y agentes de pastoral

Posted by El pescador en 18 febrero 2012

“Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas. Con los judíos me vuelvo como un judío, para ganarlos a ellos; es decir, que para ganar a quienes viven bajo la ley de Moisés, yo mismo me pongo bajo esa ley, yo mismo me pongo bajo esa ley, aunque en realidad no estoy sujeto a ella. Igualmente, para ganar a quienes no viven bajo la ley de Moisés me vuelvo como uno de ellos, aunque realmente estoy sujeto a la ley de Dios, puesto que estoy bajo la ley de Cristo. Con los débiles en la fe, también para ganarlos, me vuelvo débil como uno de ellos. Es decir, que me he hecho igual a todos para ganar, sea como sea, a algunos. Y todo esto lo hago por causa del evangelio, para participar yo también de sus bienes” (1 Corintios 9,19-23).

“Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois el campo que Dios trabaja, el edificio que Dios construye. Yo soy el maestro albañil al que Dios permitió poner los fundamentos, y otro es el que está construyendo sobre ellos. Pero cada uno debe tener cuidado de cómo construye, pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto: Jesucristo” (1 Corintios 3,9-11).

“Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los albañiles; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas” (Salmo 127,1).

“El Señor construye la casa, el Señor Jesucristo edifica su casa. Trabajan muchos en la construcción, pero si Dios no construye, en vano trabajan los albañiles. ¿Quiénes son los albañiles que trabajan? Todos los que en la Iglesia predican la Palabra de Dios, los ministros de los sacramentos de Dios. Todos corremos, todos trabajamos, todos edificamos con prontitud; y antes que nosotros otros corrieron, trabajaron, edificaron: pero si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles. Por eso los apóstoles viendo que algunos caían, y Pablo en particular dice: Celebráis ciertos días, meses, estaciones y años… ¡Mucho me temo que mi trabajo entre vosotros no haya servido de nada! (Gálatas 4,10-11). Porque conocía que había sido edificado interiormente por el Señor se quejaba de éstos, porque había trabajado en medio de ellos inútilmente. Por tanto nosotros hablamos por fuera, Dios edifica interiormente. Nosotros nos damos cuenta si oís o no; lo que pensáis, solo lo conoce Aquel que ve vuestros pensamientos. Él mismo edifica, Él mismo aconseja, Él mismo infunde temor, Él mismo abre el entendimiento, Él mismo lleva a la fe vuestro sentir: y sin embargo trabajamos nosotros también como obreros, pero si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles” (S. Agustín de Hipona, Enarración sobre el Salmo 126, nº 2).

“¡Tardé te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba” (S. Agustín de Hipona, Confesiones, libro 10, capítulo 27, n º 38).

“Tiempos malos, tiempos trabajosos, esto dicen los hombres. Si vivimos bien, los tiempos son buenos. Nosotros somos los tiempos: tal como seamos, tales son los tiempos. Pero ¿qué hacemos? ¿No podemos convertir a la vida buena a una multitud de hombres? Los pocos que oyen vivan bien: los pocos que viven bien soporten a los muchos que viven mal” (S. Agustín de Hipona, Sermón 80, nº 8).

“Cuando sigas el camino de Cristo, no te prometas las prosperidades de este mundo. Anduvo por cosas duras, pero prometió grandes cosas. Sigue. No atiendas por qué camino irás, sino a lo que llegarás. Soportarás durezas temporales, pero llegarás a las alegrías eternas. Si quieres asumir el trabajo, presta atención a la recompensa. Pues el jornalero desfallecería en la viña, a no ser que esperase lo que va a recibir. En efecto, cuando atiendas a lo que vas a recibir todas las cosas que padezcas serán para ti despreciables, y no las estimarás comparables a aquello que recibirás. Te admirarás de tanto cómo se da por tan poco trabajo” (S. Agustín de Hipona, Enarración sobre el Salmo 36, sermón II, nº 16).

CANCIÓN “Una tarde en la playa” (Cantada en vídeo después de la letra)

Una tarde en la playa, mirando ponerse el sol     

Admirando quedé la grandeza de Dios.

El que creó a los hombres

Y este mundo les dio.

Por sus obras creí en Él, pero me pregunté:

¿Dónde, donde está Dios,

sé que todo lo ha hecho Él

Pero dónde está Él, no lo sé?

Y comencé a buscar a los hombres que hablaban

de Él:

Está aquí, está allá, miré pero no vi nada.

Entonces tristemente a la playa regresé,

Vi a un niño jugar en la arena y me acerqué

Oh, oh, oh,

¿Dónde, donde está Dios?,

sé que todo lo ha hecho Él,

Pero ¿dónde está Él?, no lo sé.

El niño, sonriendo, me dijo: ¡yo lo encontré!

Vive dentro de mí, desde que en Él creí

Y allí mismo en la arena un largo rato lloré,

destruyendo mi yo, hasta que nació Él

Y hoy Dios vive dentro de mí,

sé que él vive dentro de mí

Desde que como el niño aquél en Él creí

Y hoy Dios vive dentro de mí,

sé que él vive dentro de mí

Desde que como el niño aquél en Él creí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: