El testamento del pescador

El pavo real, símbolo cristiano de la vida eterna

Posted by El pescador en 18 julio 2011

En la parroquia hay unas señoras que están confeccionando unas mangas para la cruz parroquial, y me han comunicado que una señora puede hacer unas de color blanco en ganchillo o croché con un pavo real. La verdad es que no sé por qué la señora habrá elegido ese dibujo, quizá porque lo tiene a mano. Lo más normal habría sido pensar en otro símbolo, pero como Dios es providente ha propiciado que esta señora tuviera a mano el diseño del pavo real.

Esta ave representa en el arte paleocristiano  -o arte cristiano antiguo- la vida eterna y la inmortalidad del alma, y la nueva vida que obtenemos en el bautismo, porque se pensaba que la carne de esta ave no se corrompía (cf. ÁLVAREZ, J. (1998) Arqueología cristiana. Madrid: BAC [=Sapientia fidei nº 17]; págs. 27, 102, 106, 184).

También he leído otra interpretación: que representa a Cristo muerto y resucitado, ya que el pavo real es una de las formas en que se representaba el ave Fénix, que renacía de sus cenizas, un mito de origen oriental que asumió no sólo el cristianismo, como lo explica el Papa San Clemente, tercer sucesor de San Pedro, en su Epístola a los Corintios:

 XXIV. Entendamos, pues, amados, en qué forma el Señor nos muestra continuamente la resurrección que vendrá después; de la cual hizo al Señor Jesucristo las primicias, cuando le levantó de los muertos. Consideremos, amados, la resurrección que tendrá lugar a su debido tiempo. El día y la noche nos muestran la resurrección. La noche se queda dormida, y se levanta el día; el día parte, y viene la noche. Consideremos los frutos, cómo y de qué manera tiene lugar la siembra. El sembrador sale y echa sobre la tierra cada una de las semillas, y éstas caen en la tierra seca y desnuda y se descomponen; pero entonces el Señor en su providencia hace brotar de sus restos nuevas plantas, que se multiplican y dan fruto.

XXV. Consideremos la maravillosa señal que se ve en las regiones del oriente, esto es, en las partes de Arabia. Hay un ave, llamada fénix. Esta es la única de su especie, vive quinientos años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altardel Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años.

 

La misma Biblia en el libro de Job 29,18-19 al hablar de la inmortalidad y de la vida eterna, también alude al ave Fénix: “Pensaba: ‘Moriré en mi nido, prolongaré mis días como el Fénix, con mis raíces a la vera del agua'”, como muestra la comparación de las raíces junto al agua, de manera que no se marchiten sus hojas, como dice el Salmo 1,3.

P.S. La primera imagen que ilustra la entrada es un mosaico del Mausoleo de Santa Constanza (Roma), del siglo IV d. C.

La segunda imagen, un fresco en la bóveda del techo la catacumba de San Marcelino y San Pedro, representa al Buen Pastor rodeado de pavos reales.

La tercera imagen, junto a estas líneas, son dos pavos reales junto a un crismón, otro símbolo de Jesucristo. El crismón es el monograma (símbolo formado por letras o números entrelazados que se usa como abreviatura) de Cristo, formado por las dos primeras letras en mayúsculas de su nombre en griego: (XP)ISTOS. A veces también se le añaden las letras griegas Alfa y Omega para indicar, siguiendo el libro del Apocalipsis (1,17; 22,13), que Cristo es el principio de donde se origina y el fin a donde culmina la historia.


El emperador Constantino el Grande soñó la víspera de la batalla del Puente Milvio (28-10-312) contra Majencio con este símbolo junto con la frase In hoc signo vinces (“Con este signo vencerás”; al día siguiente lo colocó en los estandartes de su ejército y ganó la batalla, con lo cual se convirtió en emperador. Después el emperador publicó el Edicto de Milán (313), que autorizaba la práctica pública de la religión cristiana en el Imperio romano.

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