El testamento del pescador

¿Por qué nuestra religión es tan complicada de comprender por la razón?

Posted by El pescador en 13 noviembre 2007

La respuesta del padre Bernard Bougon, jesuita, a una pregunta planteada en los foros de Croire

Bernard Bougon, jesuita (original en francés; traducción mía)

Una fe que conviene tanto a los más simples como a los más cultivados

La fe cristiana es desconcertante, en efecto. De un lado, ha inspirado a grandes teólogos. Citemos solamente y como ejemplos, Orígenes, san Agustín o santo Tomás de Aquino. Hombres que podemos clasificar entre los grandes genios de la humanidad, en razón de la importancia de su obra escrita, de la profundidad de su inteligencia y de su vida espiritual. Al punto que continúan inspirando la reflexión cristiana contemporánea.

Hace falta “la inteligencia del corazón”

Así, san Agustín concedía gran valor a la búsqueda de una mayor inteligencia de la fe. Lo expresó en una fórmula afortunada: «Ama mucho para comprender». Pues para él este trabajo de la razón sólo se hace con la adhesión del corazón al Dios revelado en Jesucristo. Es una «inteligencia del corazón», mucho más profunda que la inteligencia que usamos para resolver un problema de la vida cotidiana.

Por otro lado, toda la historia de la Iglesia nos muestra que no es necesario disponer de una instrucción de alto nivel, ni siquiera tener capacidades intelectuales importantes para ser un testigo ejemplar de Cristo.

Entre otros citamos, muy cercana a nosotros, santa Bernadette, elegida como mensajera de la Virgen María, que sólo conocía su dialecto pirenaico. Citemos a san Juan María Vianney, el santo cura de Ars, que encontraba que para ser sacerdote el latín era bien difícil. Y aún: un testimonio más antiguo, pero cuán impresionante: santa Juana de Arco. Una joven muchacha, de un medio de campesinos acomodados, pero sin ninguna otra instrucción que la del catecismo de su parroquia. En dos ocasiones respondió sencilla pero segura a todos los puntos de la fe a los teólogos que la interrogaban. Tenemos las actas detalladas de las preguntas de esos hombres de Iglesia y de las respuestas de Juana. Están publicadas. Esas respuestas suscitaban a menudo la admiración de los interrogadores de los cuales algunos estaban de mala fe. Las respuestas suscitan aún la nuestra hoy. Así de esta respuesta de Juana a la pregunta de uno de esos teólogos: «Juana, ¿pensáis que estáis en gracia? – Sí lo estoy, Dios me guarda; si no lo estoy, ¡Dios me pone en ella!».

Así, a lo largo de nuestra historia, la fe cristiana se presenta como de fácil acceso a gentes simples y sin instrucción, a pobres en todos los sentidos del término; y como llevando bastantes cuestiones y misterios para comprometer a intelectuales de alto nivel a consagrar sus vidas a su exploración. Desde sus orígenes, la fe cristiana anima a personas enteramente decididas al servicio del prójimo (san Camilo de Lelis, Madre Teresa…), suscita buscadores y enseñantes (teólogos, obispos, papas…), e incluso seres de oración y de contemplación que comparten con nosotros a veces su experiencia interior de Dios (san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila…). Como si, en definitiva, cada uno encontrase en la fe una respuesta de Dios a la altura de aquello que es y del deseo que lo habita.

¿Por qué entonces Dios se ha presentado a nosotros de manera tan “complicada”?

No sabría responder en el lugar de Dios. Siempre ha sido Dios el que se ha hecho conocer poco a poco a nuestra humanidad. La Biblia vuelve a trazar y cuenta la historia de esta revelación de Dios que culmina de manera infranqueable en la venida de Jesús, el Hijo único de Dios (Juan 1,18).

Brevemente, algunas líneas de fuerza del mensaje de la Biblia sobre esta revelación de Dios al corazón de nuestra humanidad:

· Desde el principio, ¿tenemos bastante respeto de ese Dios que es nuestro Creador? ¿Sabemos, ante Él, reconocernos como seres creados a «su imagen y semejanza» (Génesis 1) ?

· Dios se hace conocer a los hombres de fe y esta revelación se inscribe en la historia de un pueblo: Abrahán, Moisés y la Alianza (los 10 mandamientos), los profetas y los reyes, los sabios de Israel…

· Esta revelación de Dios es progresiva. Del libro del Génesis al libro de Zacarías hay desplazamientos, novedades en lo que Dios revela de Él. Pero eso sólo aparece claramente después de la venida de Cristo.

Para explorar esos tres puntos podemos releer toda la primera parte de la Biblia..

· Al contar la historia de Jesús, los Evangelios aportan un último toque a esta revelación de Dios.

· Jesús mismo nos introduce en esta Trinidad en Dios. Eso se hace de manera progresiva. Jesús desde el principio hace conocer a sus discípulos la presencia de Dios como Padre. «Su Padre y vuestro Padre (cf. Juan 17, 25-26)». Después, un poco antes de su arresto, les hace comprender que la presencia del Espíritu Santo en ellos les permitirá vivir de la fe.

Así, la fe es ya la obra de Dios en mí. Creo en Dios Padre que Jesús hace conocer, a través del Evangelio. Pero sólo creo en la medida en que acojo en mí ese don que me ha sido hecho por el Espíritu de Dios, por el Espíritu Santo.

“Comprender para amar y amar para comprender”

En el Evangelio según san Lucas podemos leer: «Jesús se llenó de alegría bajo la acción del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber escondido estas cosas a los sabios y a los inteligentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí Padre, pues tal ha sido tu voluntad. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Lucas 10, 21-22).

En cierta manera se ha dicho todo en ese pasaje del Evangelio. Los «pequeños» que se mencionan aquí, son en principio los discípulos, hombres simples la mayoría, pero hombres que tienen profunda confianza en Jesús (cf. Lucas 9, 20), aunque no comprenden siempre en el momento sus palabras (cf. Lucas 9, 45).

Pero nos viene bien comprender que la inteligencia de la fe está más allá de las imágnees y de las ideas de las cuales nos servimos ordinariemante en nuestra vida cotidiana. Es una inteligencia del corazón. Esta suerte de inteligencia que está en la obra en la amistad y el amor, cuando percibimos lo que vive el otro, lo que está en su fondo y que nosotros más amamos en él.

«Comprender para amar y amar para comprender» recordaba San Agustín.

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Una respuesta to “¿Por qué nuestra religión es tan complicada de comprender por la razón?”

  1. julieth said

    es bacano por q encontramos de todo

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