El testamento del pescador

El evangelio de Mateo

Posted by El pescador en 14 octubre 2007

Jacques Nieuviarts, a.a.

(Original en francés; traducción mía)

¡El evangelio más comentado!

Durante mucho tiempo en la liturgia, el evangelio de Mateo tuvo el lugar de honor, ¡la parte del león! Considerado el más antiguo, compuesto según un plan riguroso y en un lenguaje cuidado, fue leído y comentado como la obra maestra de los evangelios, al punto que hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, hacia 1965-67, la mayor parte de las lecturas litúrgicas del domingo le eran tomadas prestadas.

Da también un lugar importante a la Iglesia. En este evangelio la profesión de fe del apóstol Pedro es seguida de la respuesta de Jesús: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… (Mt 16, 18). Y numerosos otros tratados muestran también la preocupación eclesial de Mateo. Se ha dicho a menudo de este hecho de Mateo que era un evangelio eclesiástico, o más simplemente eclesial: un evangelio que a la vez refleja y construye la vida de una Iglesia.

De un solo vistazo

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son llamados sinópticos. Se pueden mirar de un solo vistazo y por tanto compararlos fácilmente. Su estructura y su contenido son muy próximos, y su material organizado de forma globalmente idéntica, aunque con una mirada más atenta se perciben numerosas diferencias. El evangelio de Juan tiene otra tonalidad, otra organización de conjunto, otro plan.

Se ha comparado después de mucho tiempo, estudiado, analizado el material común de los evangelios, y también sus diferencias, para captar mejor su origen, su procedencia. Eso ha dado lugar a múltiples hipótesis, y Mateo ha sido siempre figura de primer orden, porque parecía al mismo tiempo que el más largo, el más cuidado. Pero hoy en día, se ha establecido un consenso entre los especialistas para considerar, basándose en múltiples indicios, que Marcos es el primer evangelista, probablemente escrito hacia 70 D.C. Mateo, volveremos a eso, es más tardío: hacia 80 D.C.

¡El más largo!

Mateo tiene en griego 18.300, mientras que Marcos sólo tiene 11.300. Mateo tiene la misma estructura e integra el conjunto del material del evangelio de Marcos. Pero conlleva además un conjunto de elementos que tiene en común con Lucas. Son sobre todo palabras, que los exegetas llaman por esa razón logia: palabras de Jesús. Y Mateo comprenden en fin elementos que son propios de él, tales como los relatos de la infancia (Mt 1-2), numerosos elementos del relato de la Pasión y de los de la resurrección, y el final de su evangelio.

Todo eso lleva a pensar que Mateo debió concoer el evangelio de Marcos en su forma definita o casi, pues es necesario imaginar al principio de los evangelios una etapa importante de transmisión oral antes de ser escritos. Lo escrito no eran tan difundido, sino los recuerdos sólidos. Mateo debió conocer a Marcos, pero también otra fuente: la de los logia, las palabras de Jesús, que Lucas debió conocer también y utilizar, lo que explica los numerosos elementos que Mateo y Lucas tienen en común. Y Mateo tiene también fuentes propias, evocadas más alto. He aquí lo que se puede observar en una lectura atenta de Mateo, y una comparación con los evangelios de Lucas y de Marcos.

Características propias de Mateo

Cada evangelio tiene un color propio, que lo identifica bastante bien desde las primeras páginas y a lo largo del relato, por poca atención que se preste. Para Mateo, numerosas características saltan a la vista. Sólo retenemos las principales. Dan ya su fisonomía de conjunto.

La estructura de su evangelio

El evangelio de Mateo se abre, como el de Lucas [pero cada evangelista tiene una perspectiva propia], con un relato de los orígenes de Jesús, comúnmente llamado relato de la infancia de Jesús (Mt 1-2). En el otro extremo del evangelio, están los relatos de la Pasión y de la Resurrección, que terminan cada uno de los evangelios. Todo el ministerio de Jesús está situado entre esos dos grandes conjuntos. Mateo lo presenta haciendo alternar a todo lo largo de su evangelio relatos y discursos (a veces llamados sermones). Discursos y actos son para él cada vez como las dos caras del ministerio, o más profundamente del misterio de Jesús que presenta. Según la expresión de un exegeta alemán, el Mesías de las palabras es también el Mesías de los actos.

Cinco grandes discursos

Cinco grandes discursos recorren en efecto el evangelio de Mateo, y le dan un carácter de enseñanza. Señalan las grandes preocupaciones, sus acentos, y contribuyen así a marcar su identidad eclesial.

Las primerísimas palabras de Jesús son en Mateo las Bienaventuranzas: Dichosos los pobres… Palabras que expresan en poco sitio un trastorno, pues Jesús dice las dimensiones múltiples e infinitas, en el discurso sobre la montaña (Mt 5-7), que enuncia y revela la Ley nueva. Vendrán después el discurso apostólico, que expresa las exigencias ligadas a la tarea del apóstol (Mt 10, 1-42), luego el discurso en parábolas en el cual Jesús habla de manera imaginada del Reino de Dios (Mt 13, 1-52), y el discurso eclesial o eclesiástico, que dice cómo vive una Iglesia y cómo viven los discípulos de Jesús: ¿quién es el más grande? Este discurso insiste en la oración y el perdón (Mt 18, 1-35 ; cf. Mt 16, 18). Un último discurso habla del fin de los tiempos y de la plena manifestación del Hijo del hombre. Lo llamamos a menudo discurso escatológico, es decir relativo al final de los tiempos, o apocalíptico, pues evoca una revelación (Mt 24,1 – 25, 46).

El cumplimiento de las Escrituras

El lector un poco atento no puede más que estar sorprendido del gran uso que Mateo hace de las Escrituras, que nosotros designamos a menudo como Antiguo Testamento. Las recorre de múltiples maneras: Jesús las cita, y devuelve interrogando sobre la forma que se leen. Sus adversarios también las citan, e incluso el diablo en el relato de las Tentaciones (Mt 4, 1-11). Las masas a la entrada de Jerusalén las hablan, bajo forma de aclamaciones (Mt 21). Pero el evangelio de Mateo está también magistralmente recorrido por diez grandes fórmulas que señalan el cumplimiento o la plenitud de las Escrituras en lo que vive Jesús. El evangelio de Mateo muestra así con claridad su enraizamiento judío y su diálogo, a veces vigoroso, con las Escrituras y sobre todo con los escribas y los fariseos, a los cuales la emprende numerosas veces de manera muy viva.

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