El testamento del pescador

Las beatificaciones devueltas a las diócesis

Posted by El pescador en 6 octubre 2007

Isabelle de Gaulmyn

(original en francés; traducción mía)

En lo sucesivo, el Papa no preside más las ceremonias de beatificación. Salvo excepción, se desarrollan en la diócesis del beato, como será el caso el domingo 16 de septiembre en Mans y en Burdeos

Los vendedores de recuerdos piadosos de la plaza de San Pedro y del vecino Borgo han perdido clientes, así como las agencias de viajes especializadas: a partir de ahora no hay casi ninguna ceremonia más de beatificación en Roma. Pero eso no trastorna mucho a los responsables de la Congregación de las causas de los santos encargados de estudiar los informes de los futuros beatos o santos y que, desde sus despachos justo al lado de la Via della Conciliazione, se alegran de ello abiertamente.

«Esperábamos esto hace tiempo», desliza uno de los dos. Las celebraciones tienen lugar desde ahora en las diócesis que han promovido la beatificación, es decir allí donde ha vivido o muerto el beatificado. Solamente en ciertos casos precisos tienen lugar en Roma. Para Carlos de Foucauld por ejemplo, al final de 2005, pues era difícil proyectar una ceremonia así en Argelia. Pero, incluso entonces, el Papa no preside más la celebración.

Durante todo el pontificado de Juan Pablo II, los fines de semana estaban marcados por esas grandes misas en el exterior de la basílica, presididas sistemáticamente por el Papa y donde se encontraban, con los colores de sus países, peregrinos de diócesis del mundo entero y miembros de congregaciones religiosas para honrar a «sus» beatos.

“Una vuelta al pasado”

Estas beatificaciones –no fueron nunca tan numerosas como bajo el pontificado de Juan Pablo II– contribuyeron no poco al turismo religioso en la Ciudad eterna.

Ahora bien, una de las primeras decisiones de Benedicto XVI fue justamente decretar que el Papa no presidiera habitualmente las celebraciones de beatificaciones, sino solamente las canonizaciones, en las que los beatos son proclamados santos. En realidad, «se trata más de una vuelta al pasado que de una verdadera novedad», explican en la Congregación de las causas de los santos. Era la práctica corriente durante los últimos siglos.

A partir del siglo XII, en efecto, ante la multiplicación de cultos locales a piadosos personajes por la vox populi, Roma decidió entregar autorizaciones de culto local para los «servidores de Dios», a la espera de su canonización oficial. Pero las cermonias se desarrollaba en el lugar, sin el Papa. Eso ha permitido crear una forma de jerarquía y también de apropiarse, de alguna manera, los santos locales…

No confundir beatificación y canonización

Pablo VI dio un frenazo a esta tradición, decidiendo presidir él mismo en 1971 la beatificación del P. Maximiliano Kolbe. Roma y el pontífice daban así un cierto prestigio a la ceremonia, y parecía difícil desde entonces volver atrás. Sabiamente, Benedicto XVI aprovechó desde el principio de su pontificado para hacerlo. Pues, en Roma, esta decisión no ha ido sin provocar algún chirriar de dientes, algunos temen que las beatificaciones pierdan su valor.

En realidad, la decisión de Benedicto XVI de «devolver» las beatificaciones a las diócesis está doblemente motivada. Primero, en el plano teológico. Esto evita, observan en la Congregación de los santos, confundir beatificación y canonización. La primera tiene un alcance local. La segunda, que marca el acceso a la santidad, vale para la Iglesia universal. Con una beatificación, el Papa concede que el culto público rendido a un servidor de Dios sea ejercido de forma limitada, localmente o por ciertas familias religiosas.

Por la canonización, en cambio, el beato es declarado santo, y su culto se impone a toda la Iglesia. Es preciso añadir, como ha escrito el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación de las causas de los santos, que en las canonizaciones la Iglesia actúa «sobre una decisión que tiene carácter definitivo y preceptivo para toda la Iglesia al comprometer al Magisterio solemne del pontífice romano». Este no es el caso de las beatificaciones.

“Una verdadera descentralización”

En el plano pastoral también, sólo se ven ventajas en esta decisión. Se trata de una verdadera descentralización –en términos eclesiales, se habla de subsidiariedad–, que vuelve a dar la importancia a las Iglesias locales y permite del todo a una diócesis implicarse en la celebración, en una forma de catequesis práctica.

Un poco como las tomas de posesión de los nuevos obispos, la beatificación se convierte entonces en un acontecimiento que marca a los cristianos localmente, reunidos alrededor de la memoria de uno de los suyos. Además, se añade en la Congregación, antes, todo el mundo no podía ir a Roma. Se consigue todavía para hacer venir numerosos autobuses de peregrinos de una diócesis francesa. Pero la cosa se convierte en imposible en el caso de la beatificación de una argentino o de un brasileño.

Y además, esta «descentralización» no quita ninguna autoridad al acto de beatificación: ésta, como ha sido reafirmado en el documento firmado por Benedicto XVI sobre el asunto, permanece un acto pontifical. Está presidida siempre por un representante del Papa: generalmente el prefecto de la Congregación de las causas de los santos, incluso si a veces el Papa puede nombrar un arzobispo del país, como fue el caso recientemente para Polonia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: