El testamento del pescador

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Los 800 de Otranto que salvaron Roma

Posted by El pescador en 16 agosto 2007

Lectura de agosto: cómo los ochocientos de Otranto salvaron Roma

 

Fueron martirizados hace cinco siglos en la región más oriental de Italia, la más expuesta a los ataques de los musulmanes. El objetivo del califa Mehmet II era el de conquistar Roma, después que ya había tomado Constantinopla. Pero lo detuvieron unos cristianos dispuestos a defender la fe con la sangre

por Sandro Magister

ROMA, 14 de agosto del 2007 – Se lee en el Martirologio Romano, es decir en le calendario litúrgico de los santos y beatos puesto al día según lo prescriben los decretos del Concilio Vaticano II y el promulgado por Juan Pablo II, que hoy la Iglesia recuerda y venera…

“… los cerca de ochocientos beatos mártires que en Otranto, en Puglia, apremiados por el asalto de los soldados otomanos a renegar de la fe, fueron exhortados por el beato Antonio Primaldo, anciano tejedor, a perseverar en Cristo, y obtuvieron así con la decapitación la corona del martirio”.

El martirio de estos ochocientos ocurrió en 1480, en el día de su memoria litúrgica, el 14 de agosto.

Por ellos, cinco siglos después, en 1980, Juan Pablo II se trasladó a Otranto, la ciudad italiana en la que fueron martirizados.

Y este año, el 6 de julio, Benedicto XVI ha autenticado definitivamente su martirio, con un decreto promulgado por la congregación de la causa de los santos.

¿Pero quiénes fueron los ochocientos de Otranto? ¿Y por qué fueron asesinados? Su historia es de extraordinaria actualidad. Como es hasta ahora actual el conflicto entre Islam y cristianismo, en el que ellos sacrificaron la vida.

Es lo que muestra en el relato que sigue – aparecido el 14 de julio pasado en “Il Foglio” – Alfredo Mantovano, jurista católico, senador de la república y coterráneo de aquellos mártires, nacido en el sur de Puglia, la región de Otranto:

“Dispuestos a morir mil veces por Él…”

por Alfredo Mantovano

El 6 de julio del 2007 Benedicto XVI recibió al prefecto de la congregación para la causa de los santos, el cardenal José Saraiva Martins, y autorizó la publicación del decreto de autenticación del martirio del beato Antonio Primaldo y de sus compañeros laicos, “asesinados por odio a la fe” en Otranto el 14 de agosto del 1480.

Antonio Primaldo es el único del que ha sido trasmitido el nombre. Los otros compañeros suyos de martirio son ochocientos desconocidos pescadores, artesanos, pastores y agricultores de una pequeña ciudad, cuya sangre, hace cinco siglos, fue esparcida sólo porque eran cristianos.

Ochocientos hombres, los cuales sufrieron al momento, hace cinco siglos, el trato reservado en el 2004 al americano Nick Berg, capturado por terroristas islámicos en Irak mientras realizaba su trabajo de técnico de antenas y asesinado al grito de “¡Alá es grande!”. Su verdugo, después de haberle cortado la yugular, pasó la hoja en torno al cuello, hasta arrancarle la cabeza, y la mostró como un trofeo. Exactamente como hizo en 1480 el verdugo otomano con cada uno de los ochocientos de Otranto.

* * *

La ejecución en masa tiene un prólogo, el 29 de julio de 1480. Son las primeras horas de la mañana: desde las murallas de Otranto comienza a distinguirse en el horizonte haciéndose cada vez más visible una flota compuesta de 90 galeras, 15 mahonas y 48 galeotas, con 18 mil soldados a bordo. La armada es guiada por el bajá Agometh; quien está a las órdenes de Mehmet II, llamado Fatih, el Conquistador, o sea el sultán que en 1451, apenas a los 21 años, había ascendido a jefe de la tribu de los otomanos, que a su vez se había impuesto sobre el mosaico de los emiratos islámicos un siglo y medio antes.

En 1453, guiando un ejército de 260.000 turcos, Mehmet II había conquistado Bizancio, la “segunda Roma”, y desde ese momento cultivaba el proyecto de expugnar la “primera Roma”, la Roma verdadera, y de transformar la basílica de San Pedro en establo para sus caballos.

En junio del 1480 juzga maduro el tiempo para completar la obra: quita el asedio a Rodas, defendida con coraje por sus caballeros, y dirige la flota hacia el mar Adriático. La intención es tocar tierra en Brindisi, cuyo puerto es amplio y cómodo: desde Brindisi proyecta ascender por Italia hasta alcanzar la sede del papado. Pero un fuerte viento contrario obliga las naves a tocar tierra 50 millas más al sur, y a desembarcar en una localidad llamada Roca, a algunos kilómetros de Otranto.

* * *

Otranto era – y es – la ciudad más oriental de Italia. Tiene un pasado rico de historia: las cercanías inmediatas estaban habitadas probablemente ya desde el Paleolítico, ciertamente desde el Neolítico. Después fue poblada por los mesapios, estirpe que precedía a los griegos, por lo tanto – conquistada por estos – entró en la Magna Grecia y, después, cayó en manos de los romanos, volviéndose pronto municipio.

La importancia de su puerto la había hecho asumir el rol de puente entre oriente y occidente, consolidado en el plano cultural y político por la presencia de un importante monasterio de monjes basilianos, el de san Nicola en Casole, del que hoy restan un par de columnas en el camino que conduce a Leuca.

En su espléndida iglesia catedral, construida entre el 1080 y 1088, el 1095 fue impartida la bendición a doce mil cruzados que, bajo el comando del príncipe Boemondo I de Altavilla, partieron para liberar y para proteger el Santo Sepulcro de Jerusalén. De regreso de Tierra Santa, precisamente en Otranto, san Francisco de Asís toco puerto en 1219, recibido con grandes honores.

* * *

Cuando desembarcaron los otomanos, la ciudad pudo contar con una guarnición de sólo 400 hombres armados, y para esto los capitanes de la guarnición se apresuraron a pedir ayuda al rey de Nápoles, Ferrante de Aragón, enviándole una misiva.

Circundado por el asedio, el castillo, dentro de cuyas murallas se habían refugiado todos los habitantes del barrio, el bajá Agometh, a través de un mensajero, propone que se rindan con condiciones ventajosas: si no resisten, los hombres y las mujeres serán dejados libres y no recibirán ninguna injuria. La respuesta llega de uno de los notables de la ciudad, Ladislao De Marco: hace saber que si los asediantes quieren Otranto deberán tomarla con las armas.

Al embajador se le ordena no regresar más, y cuando llega el segundo mensajero con la misma propuesta de que se rindan, es atravesado por las flechas. Para despejar toda equivocación, los capitanes toman las llaves de las puertas de la ciudad y en modo visible, desde una torre, las lanzan al mar, en presencia del pueblo. Durante la noche, buena parte de los soldados de la guarnición se descuelga de los muros de la ciudad con sogas y escapa. Para defender Otranto quedan sólo sus habitantes.

* * *

El asedio que sigue es un martilleo: las bombardas turcas derriban la ciudad, centenares de gruesas piedras (muchas son todavía hoy visibles por las calles del centro histórico de la ciudad). Después de quince días, al amanecer del 12 de agosto, los otomanos concentran el fuego contra uno de los puntos más débiles de las murallas, abren una brecha, irrumpen en las calles, masacran a quien se le ponga a tiro, llegan a la catedral, en la cual muchos se han refugiado. Derriban la puerta y se esparcen en el templo, alcanzan al arzobispo Stefano, que estaba con los atuendos pontificales y con el crucifijo en mano. A ser intimado de no nombrar más a Cristo, ya que desde aquel momento mandaba Mahoma, el arzobispo responde exhortando a los asaltantes a la conversión, y por esto se le corta la cabeza con una cimitarra.

El 13 de agosto Agometh pide y obtiene la lista de los habitantes capturados, exceptuando a las mujeres y los muchachos menores de 15 años.

* * *

Así lo cuenta Saverio de Marco en la “Compendiosa historia de los ochocientos mártires de Otranto” publicada en el 1905:

“En número de cerca ochocientos fueron presentados al bajá que tenía a su lados a un cura miserable, nativo de Calabria, de nombre Giovanni, apostata de la fe. Este empleó su satánica elocuencia con el fin de persuadir a los cristianos que, abandonando a Cristo abrasaran el islamismo, seguros de que la buena gracia de Agometh, quien los habría dejado con vida, con el sostenimiento y todos los bienes de los que gozaban en la patria; en caso contrario serían todos asesinados. Entre aquellos héroes hubo uno de nombre Antonio Primaldo, sastre de profesión, avanzado de edad, pero lleno de religión y de fervor. Este respondió a nombre de todos: “Todos queremos creer en Jesucristo, Hijo de Dios, y estar dispuestos a morir mil veces por Él'”.

Agrega el primero de los cronistas, Giovanni Michele Laggetto, en la “Historia de la guerra de Otranto del 1480” transcrita de un antiguo manuscrito y publicada en 1924:

“Y volteándose a los cristianos Primaldo dijo estas palabras: ‘Hermanos míos, hasta hoy hemos combatido en defensa de nuestra patria y para salvar la vida y por nuestros gobernantes terrenos; ahora es tiempo de que combatamos para salvar nuestras almas para el Señor, el cual habiendo muerto por nosotros en la cruz conviene que muramos nosotros por Él, permaneciendo seguros y constantes en la fe, y con esta muerte terrena ganaremos la vida eterna y la gloria del martirio’. A estas palabras comenzaron a gritar todos a una sola voz con mucho fervor que querían mil veces morir con cualquier tipo de muerte antes que renegar de Cristo”.

* * *

Agometh decreta la condena a muerte de todos los ochocientos prisioneros. A la mañana siguiente estos son conducidos con sogas al cuello y con las manos atadas a la espalda, a la colina de la Minerva, pocos cientos de metros fuera de la ciudad. Sigue escribiendo De Marco:

“Repitieron todos la profesión de fe y la generosa respuesta dada antes; por ello el tirano ordenó que se procediese a la decapitación y, antes que a los otros, fuese cortada la cabeza al viejo Primaldo, que le resultaba muy odioso, porque no dejaba de hacer de apóstol entre los suyos, más aún, antes de inclinar la cabeza sobre la roca, afirmaba a sus compañeros que veía el cielo abierto y los ángeles animando; que se mantuvieran fuertes en la fe y que mirasen el cielo ya abierto para recibirlos. Dobló la frente, se le cortó la cabeza, pero el cuerpo se puso de pie: y a pesar de los esfuerzos de los asesinos, permaneció erguido inmóvil, hasta que todos fueron decapitados. El prodigio evidentemente estrepitoso habría sido una lección para la salvación de aquellos infieles, si no hubieran sido rebeldes a la luz que ilumina a todo hombre que vive en el mundo. Un solo verdugo, de nombre Berlabei, valerosamente creyó en el milagro y, declarándose en alta voz cristiano, fue condenado a la pena del palo”.

Durante el proceso para la beatificación de los ochocientos, en 1539, cuatro testigos oculares refirieron el prodigio de Antonio Primaldo, que permaneció en pie después de la decapitación, y la conversión y el martirio del verdugo. Así lo cuenta uno de los cuatro, Francesco Cerra, que en 1539 tenía 72 años:

“Antonio Primaldo fue el primer asesinado y sin cabeza estuvo firme en pie, ni todos los esfuerzos del enemigo lo pudieron abatir, hasta que todos fueron asesinados. El verdugo, estupefacto por el milagro, confesó que la fe católica era la verdadera, e insistió en hacerse cristiano, y esta fue la causa por la que por orden del bajá fue condenado a la muerte de palo”.

* * *

Quinientos años después, el 5 de octubre de 1980, Juan Pablo II se trasladó a Otranto para recordar el sacrificio de los ochocientos.

Es una espléndida mañana de sol en la explanada que está debajo de la Colina de Minerva, desde 1480 llamada la Colina de los Mártires. El pontífice polaco aprovecha la ocasión para dirigir una invitación, actual ahora como entonces:

“No olvidemos a los mártires de nuestros tiempos. No nos comportemos como si ellos no existieran”.

El Papa exhorta a mirar más allá del mar, y recuerda expresamente el sufrimiento del pueblo de Albania, a la cual en aquel momento – sometida a una de las más feroces realizaciones del comunismo – nadie prestaba atención. Subraya que “los beatos mártires de Otranto nos han dejado dos consignas fundamentales: el amor a la patria terrena y la autenticidad de la fe cristiana. El cristiano ama su patria terrena. El amor a la patria es una virtud cristiana”.

* * *

El sacrificio de los ochocientos de Otranto no es importante solamente en el plano de la fe. Las dos semanas de resistencia de la ciudad le permitieron al ejército del rey de Nápoles organizarse y acercarse a aquellos lugares, impidiendo así a los 18.000 otomanos invadir la región de Puglia por entero.

Los cronistas de la época no exageran al afirmar que la salvación de Italia meridional fue garantizada por Otranto: y no sólo eso, si es que es verdad que la noticia de la toma de la ciudad inicialmente había inducido al pontífice entonces reinante, Sixto IV, a programar su traslado a Avignon, por el temor a que los otomanos se acercasen a Roma.

El Papa renuncia al intento cuando el rey de Nápoles, Ferrante, encarga al hijo Alfonso, duque de Calabria, trasladarse a Puglia, y le confía la tarea de reconquistar Otranto. Lo que ocurre el 13 de setiembre de 1481, después de que Agometh había regresado a Turquía y Mehmet II había muerto.

* * *

Lo que hace de este extraordinario episodio algo lleno de significado, también para el hombre europeo de hoy, es que en la historia del cristianismo no han faltado nunca testimonios de fe y de valores civiles, ni han faltado nunca grupos de hombre que han afrontado con coraje pruebas extremas. Pero jamás ha ocurrido un episodio de proporciones colectivas tan extensas: una entera ciudad en un inicio combate como puede y se mantiene por varios días asediada; y después rechaza con firmeza la propuesta de abjurar la fe. Sobre la Colina de la Minerva, fuera del viejo Antonio Primaldo, no resalta individualidad alguna, si es verdad que no se sabe el nombre de los ochocientos mártires: confirma el hecho está que no son pocos héroes individuales sino que es una entera población la que afronta la prueba.

* * *

Todo sucede también por la indiferencia de los responsables políticos de la Europa de la época, frente a la amenaza otomana.

En 1459 el Papa Pío II convocó en Mantua un congreso al que había invitado a los jefes de los estados cristianos, y en el discurso introductorio había delineado sus culpas frente a la avanzada turca. Pero aunque en esa reunión fuera decidida la guerra para contener esta avanzada, después no continuó nada, a causa de la oposición de Venecia y de la dejadez de Alemania y de Francia.

Después que los musulmanes conquistaron la isla de Negroponte, perteneciente a Venecia, una nueva alianza contra los otomanos propuesta por el Papa Pío II fue llevada al fracaso por los señores de Milán y de Florencia, dispuestos a aprovecharse de la situación crítica en la cual se encontraba Venecia.

La década siguiente, con Sixto IV que llegó a ser pontífice en 1471, registra el homicidio de Galeazzo Sforza duque de Milán, la alianza antiromana de 1474 entre Milán, Venecia y Florencia, la florentina Conjura de los Pazzi de 1478 y la guerra que le continúa entre el Papa y el rey de Nápoles, por una parte, y por otra Florencia, ayudada por Milán, Venecia y Francia… Todo con gran ventaja para los otomanos, como escribe Ludwig von Pastor en su “Historia de los Papas”:

“Lorenzo el Magnífico, que había advertido a Ferrante no prestarse al juego y a las aspiraciones de los extranjeros, fue precisamente quien estimuló a Venecia para que se pusiera de acuerdo con los turcos y los empujase a asaltar las orillas adriáticas del reino de Nápoles, con el fin de alterar los planes de Ferdinando y de su hijo. […] Venecia, firmada en 1479 la paz con los turcos, se adhirió al plan de Lorenzo el Magnífico con la esperanza de derivar hacia Puglia la horda musulmana que de un momento a otro podía abatirse sobre Dalmacia, donde flameaba la bandera veneciana de San Marcos. […] Y los hombres de Lorenzo el Magnífico no dudaron ni siquiera […] en alentar a Mehmet II a que invada las tierras del rey de Nápoles, recordándole las varias injurias sufridas por él. Pero el sultán no tenía necesidad de estos consejos: por 21 años esperaba el momento propicio para desembarcar en Italia, y hasta entonces había sido precisamente Venecia, la directa adversaria en el mar, quien se lo impedía”.

* * *

Si la historia jamás es idéntica a sí misma, sin embargo no es arbitrario tomar de su desarrollo analogías y similitudes: exactamente mil años después del 480, año del nacimiento de san Benito de Nursia – un humilde monje a cuya labor Europa debe tanto de su identidad – otros humildes interpretan a Europa mejor que muchos de sus jefes, dispuestos a pelearse entre ellos antes que hacer frente al enemigo común.

Cuando los habitantes de Otranto se encontraban frente a las cimitarras otomanas, no sacaron del desinterés del rey motivo para que ellos tuvieran una falta de compromiso; amparados en la cultura en la cual habían crecido, no obstante gran parte de ellos jamás aprendió el alfabeto, están convencidos de que resistir y no abjurar la fe constituye la opción más natural. Inténtese hablar hoy con un soldado occidental que regresa de Irak o de Afganistán, después de haber completado el período de misión: lo que se escucha con mayor franqueza es su sorpresa por las discusiones y por los contrastes infinitos sobre nuestra presencia en aquellas regiones. Para estos soldados es natural que se vaya a ayudar a quien tiene necesidad de apoyo, y que se garantice la seguridad de la reconstrucción contra los ataques terroristas.

En Otranto en el 1480 ninguno expuso banderas de arco iris, ni invocó resoluciones internacionales, ni pidió que se convoque al consejo comunal para que la zona fuera declarada desmilitarizada; ninguno se encadenó bajo las murallas para “construir la paz”.

Por dos semanas, los quince mil habitantes de la ciudad hirvieron aceite y agua, mientras tenían, y los vertieron desde las murallas sobre los asediantes. Y cuando quedaron en vida solamente ochocientos hombres adultos y fueron capturados, fueron voluntariamente al encuentro del final que hoy tienen en Irak y en Afganistán los iraquíes, los afganos, los americanos, los ingleses, los italianos, y otros más, cuando son secuestrados por los terroristas. Fueron cortadas una tras otra ochocientas cabezas, sin que, en aquella época, cronistas políticamente correctos censurasen el relato. Si hoy conocemos bien este extraordinario suceso, es porque quien la ha descrito ha sido objetivo y riguroso.

* * *

Hoy Europa es atacada no – como en el episodio histórico recordado – por una compañía islámica institucionalmente organizada, sino por un conjunto de organizaciones no gubernamentales de ultrafundamentalistas islámicos. Teniendo presente esta diferencia estructural, no está fuera de lugar el preguntarse cuánto hay hoy en occidente, en Europa, en Italia, de aquella “naturalidad” que ha llevado a una entera comunidad a “defender la paz de la propia tierra” hasta el sacrificio extremo.

El problema no está fuera de lugar, si se reflexiona en que en la lucha contra el terrorismo un elemento realmente decisivo es la solidez del cuerpo social, o de todos modos de gran parte de él, frente a la amenaza y a los modos más feroces de concretización de la misma. La memoria de Otranto no vale solamente para subrayar que hay momentos en que resistir es un deber, sino primero para recordarnos a nosotros mismos quiénes somos y de qué comunidad descendemos.

* * *

Es importante recordar que en 1571, noventa años después del martirio de Otranto, una flota de estados cristianos frena la avanzada turco-islámica en el Mediterráneo en el golfo de Lepanto.

El escenario europeo no había mejorado: Francia hacía alianza con los principes protestantes alemanes para oponerse a los Habsburgo y se complacía de la presión que los turcos ejercían contra el imperio Habsbúrgico en el Mediterráneo. París y Venecia no habían movido un dedo para defender a los Caballeros de Malta del asedio naval conducido contra ellos por Solimán el Magnífico. Esto quiere decir que la victoria de Lepanto no fue el fruto de la convergencia de intereses políticos; al contrario, se realizó no obstante las divergencias. Lo extraordinario de Lepanto está en el hecho que no obstante todo, por una vez, príncipes, políticos y comandantes militares supieron dejar de lado las divisiones y unirse para defender Europa.

Esta unión se realizó sobre todo porque la política europea del siglo XVI conservaba una visión del mundo sustancialmente común, fundada sobre el cristianismo y el derecho natural. Y si hoy tantas mentes agnósticas viven en Europa en plena libertad, es también porque alguien a su tiempo ha gastado tiempo, energías y también la propia vida por la buena causa, desde el momento que la victoria de los otros habría hecho caer en manos musulmanas Italia y quizá también España.

* * *

Otranto enseña que una civilización culturalmente homogénea – o también sólo prevalentemente animada por principios de realidad – es capaz de reaccionar en modo sustancialmente compacto en defensa de la propia paz, y lo hace sin pisotear la propia identidad y la propia dignidad.

Hoy la cristiandad romano-germánica como civilización homogénea ya no existe. Ni vale la tesis según la cual la cristiandad, mientras ha existido, habría sido una realidad especular a la comunidad islámica. Tres diferencias estructurales impiden cualquier superposición o analogía respecto a la “umma” islámica: en la cristiandad hay distinción entre la esfera política y la religiosa, existe el fundamento del derecho natural, existe el respeto de la conciencia de la persona humana. La reflexión sobre lo que aconteció en 1480 permite sin embargo distinguir tres puntos de referencia en torno a los cuales rehacer la unidad: la referencia al derecho natural, el redescubrimiento de las raíces cristianas de Europa y el amor a la patria, este último especialmente evocado por Juan Pablo II como herencia del martirio de Otranto.

* * *

En la Sagrada Escritura, cuando Dios hace saber a Abraham la intención de destruir Sodoma y Gomorra (Gen 18,16ss), Abraham intenta interceder y le dice: “¿De verdad exterminarías al justo con el impío? Quizá hay 50 justos en la ciudad: ¿de verdad los quieres eliminar? ¿Y no perdonarás aquel lugar por consideración a los cincuenta justos que en él se encuentran?”. Recibida la garantía de Dios de que por consideración a aquellos cincuenta justos habría perdonado a la ciudad entera, Abraham sigue adelante, en una suerte de osada tratativa: ¿y si hubieran 45, 40, 30, 20, o solamente 10? La respuesta de Dios es la misma: “No la destruiré por consideración a aquellos diez”. Pero no se encontraron ni 50, ni 45, ni 30, ni 20, ni tampoco 10; y las dos ciudades fueron destruidas.

Esta página de la Escritura es terrible por el tipo de anonadamiento que prospecta a las civilizaciones que reniegan de los valores inscritos en la naturaleza del hombre. Es una página que dolorosamente ha sido leída tantas veces, sobre todo en el siglo XX, frente a las ruinas del nacionalsocialismo y del socialcomunismo realizado. Pero es igualmente confortante para quien considera que la centralidad del hombre y la coherencia con los principios constituyen no solamente el punto de partida, sino también la estrategia para quien quiera hacer política.

* * *

En el 1480 ese pasaje del Génesis encuentra una aplicación particular: Europa, pero en particular su ciudad más importante, Roma, son salvadas de la destrucción no “por consideración”, sino “por el sacrificio” de 800 desconocidos pescadores, artesanos, pastores y agricultores de una ciudad marginal.

Impresiona que lo que le ocurrió a Otranto no haya tenido, y todavía no tenga, el reconocimiento difundido que merece. La misma Iglesia ha esperado cinco siglos, y un pontífice extraordinario como Karol Wojtyla, para proclamar beatos a aquellos 800. El decreto del 6 de julio del 2007 de Benedicto XVI autoriza entender el martirio de estos como históricamente y teológicamente acontecido.

Es la premisa para su canonización, que seguirá cuando se verificará el milagro. La Iglesia, también la de Otranto, mantiene una obligada reserva sobre este punto, pero todos saben que la intercesión de los 800 ya ha procurado muchos milagros; falta sólo el reconocimiento oficial.

El martirio de Otranto no tiene prisa: sus huesos acogen a quien visita la catedral, ordenados en muchas tecas, en la capilla situada a la derecha del altar mayor.

Recuerdan que no sólo la fe, sino también la civilización tiene un precio: un precio no monetizable, paradójicamente compatible con el haber recibido la fe y la civilización como dones inestimables.

Ese precio se le pide a cada uno en modo diferente, pero no admite ni saldos ni liquidaciones.

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Lo que la Iglesia católica dice de María

Posted by El pescador en 15 agosto 2007

El foro de discusión de croire.com correspondiente a María manifiesta claramente que quedan numerosas cuestiones en suspenso, sin hablar de las expresiones siempre un poco confusas. Para salir de esta confusión, Thierry Lamboley, jesuita, hace balance.

Os propongo clarificar 7 puntos.

 

 

1. Madre de Jesús, así pues Madre de Dios

 

2. Siempre virgen y sin embargo madre

 

3. Concebida sin pecado

 

4. La Asunción

 

5. Madre de la Iglesia

 

6. ¿María coopera a la salvación?

 

7. ¿Se puede orar a María?

 

 

 

 

1. Madre de Jesús, así pues Madre de Dios

Dios ha escogido a una joven chica de Nazaret para ser la madre de su Hijo, Jesús. María es por tanto madre de Jesús y, a ese título, la Iglesia ha afirmado bastante temprano que es igualmente Madre de Dios puesto que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo (la primera afirmación fue hecha en 431 en el concilio de Éfeso).

 

 

Esta expresión, Madre de Dios, no dice que sea María quien por su engendramiento ha dado a Jesús su divinidad. Sino que dice que María ha engendrado según la carne a aquel que es eternamente engendrado por Dios.

 

 

2. Siempre virgen y sin embargo madre

 

 

La tradición cristiana ha transmitido de generación en generación estas palabras que un ángel dirigió un día a María que es llamada «virgen, prometida a un hombre» (Lucas 1,27) : «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lucas 1,35). María es por tanto convertida en madre de un niño sin haber tenido relaciones sexuales con su prometido. Ha permanecido virgen aunque haya quedado encinta (Atención: la concepción virginal de Jesús por María no debe confundirse con lo que la Iglesia llama la Inmaculada Concepción. Son dos «concepciones» diferentes: ¡la del hijo y la de la madre!).

 

 

A partir del siglo IV, la tradición cristiana dirá que María ha permanecido virgen incluso después del nacimiento de su hijo. El concilio de Letrán consagrará la expresión «siempre virgen» en 649.

 

 

¿María ha tenido otros hijos después de Jesús? La tradición cristiana, casi unánimemente, ha afirmado siempre que no. No ha interpretado nunca literalmente la mención de los hermanos y hermanas de Jesús en el Evangelio de Marcos (capítulo 6, versículo 3), pero en el sentido amplio (primos y otros lazos de parentesco). Sólo Tertuliano se arriesga a una interpretación literal, en el siglo III.

 

 

3. Concebida sin pecado

 

 

Muy rápidamente los cristianos han meditado sobre la vida de María preguntándose sobre esta cuestión: ¿cómo mantener la realidad pecadora de una madre, marcada como todo ser humano por el pecado original por su nacimiento, y la realidad no pecadora de un niño como Jesús? Para responder a esta cuestión, las palabras del Antiguo Testamento dan algunos elementos de respuesta: «Alégrate, llena de gracia» (Lucas 1,28). De esta gracia de la cual está llena, la Iglesia católica ha comprendido que María había sido concebida por sus padres sin ser marcada por el pecado original.

 

 

El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX definió la fe de la Iglesia católica sobre la Inmaculada Concepción: «Desde el primer instante de su concepción, por la gracia y el privilegio de Dios todopoderoso, y en consideración de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, la Virgen María fue preservada intacta de mancha de pecado original». Cuatro años más tarde, el apelativo «Inmaculada concepción» será vuelto a dar al mundo entero por la boca de una iletrada: la Virgen se había presentado a ella bajo ese nombre.

 

 

Por consiguiente, no solamente María no ha cometido pecado, sino que no ha sido alcanzada por el pecado original. ¡Sin embargo, eso no significa que María escape a la necesidad de salvación que concierne a toda la familia humana! Está del mismo lado que nosotros: en espera de salvación de la cual ella será la primera beneficiaria. Pero en su caso, la salvación toma la forma de preservación y no la de curación o purificación como para nosotros.

 

 

4. La Asunción

 

 

¿Cómo se terminó la vida terrestre de María? La Biblia no dice nada sobre este asunto y las tradiciones cristianas son diversas. No fue hasta el 1 de noviembre de 1950 cuando el Papa XII definió solemnemente, después de consulta a todos los obispos que fueron unánimes sobre este punto, que «la Immaculada Madre de Dios, María siempre virgen, después de haber acabado el curso de su vida terrestre, ha sido elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial».

 

 

Una precisión: nada se dice de si María antes de haber sido elevada al cielo murió o no (esto es lo que significa para los cristianos ortodoxos la dormición de María: María se duerme para la eternidad). Pero lo que se afirma es que su cuerpo no ha conocido la corrupción: no se ha degradado, vuelto ceniza, sino que ha sido elevado «a la gloria celestial».

 

 

La Asunción de María es pues el fruto de una interpretación que la Iglesia católica hace de los datos del Nuevo Testamento: el Resucitado manifiesta plenamente en María la fecundidad de su propia resurrección y nos da en ella el signo vivo de lo que también nos espera.

 

 

Nótese bien la diferencia entre la Ascensión en la que Jesucristo resucitado de entre los muertos sube al cielo (Él es el actor de la acción) y la Asunción en la que María es elevada al cielo por Dios (ella es pasiva, es Dios quien actúa).

 

 

5. Madre de la Iglesia

 

 

Los primeros cristianos han concedido muy rápido mucho valor a la presencia de María al pie de la cruz de su hijo, Jesús. Se acuerdan de estas palabras dichas a Juan: «He ahí a tu madre» (Juan 19,27). Pero la expresión Madre de la Iglesia no ha visto la luz hasta el fin del concilio Vaticano II. El Papa Pablo VI proclamó entonces a María Madre de la Iglesia, es decir Madre de sus fieles y de sus pastores.

 

 

6. ¿María coopera a la salvación?

 

 

Esta cuestión divide a católicos y protestantes. Los católicos dicen que María, al convertirse en Madre de Dios, ha cooperado a la realización de nuestra salvación (por su escucha, su servicio de intercesión como en Caná, etc.). Pero eso no significa sin embargo que María sea una segunda mediadora al lado de Cristo, como si añadiera alguna cosa a la obra de Él. María está en efecto, como nosotros, del lado de los salvados. Los protestantes recuerdan justamente que no conviene conceder a María algo del lugar que corresponde a Jesús solo.

 

 

7. ¿Se puede orar a María?

 

 

Realmente, toda oración cristiana no se dirige más que a Dios solo: sea al Padre, o a Jesucristo o al Espíritu Santo, o incluso a la Trinidad en cuanto tal. Si recurrimos a María y a los santos en nuestra oración, es para pedirles ayuda, su intercesión ante Dios, en una palabra su oración. Es lo que hacemos al pedir en el «Ave María» que «ruega por nosotros pecadores».

 

 

Nuestras oraciones dirigidas a María son pues en realidad oraciones dirigidas a Dios que es el único que puede escucharlas. Siempre podemos alabar a María como lo han hecho antes de nosotros Lutero y otros reformadores. María decía en su Magnificat: “Todas las generaciones me felicitarán” (Lucas 1,48). Nosotros la veneramos, alabando a Dios por ella y con ella. Como lo hizo el ángel en la Anunciación e Isabel en la Visitación.

 

Thierry Lamboley

(original en francés; traducción mía)

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Japoneses en Varsovia

Posted by El pescador en 14 agosto 2007

Este es el título de un relato corto del escritor católico japonés Endo Shusaku que pertenece a la parte de su obra que yo llamo las relaciones entre Oriente y Occidente, y que como toda su producción también está atravesado y tiene en cuenta la fe.

Trata, evidentemente, de un grupo de japoneses que visitan la capital polaca y vienen de Londres y París para visitar fábricas. El líder del grupo se llama Tamura y comparte habitación en el desastrado hotel de lujo con Imamiya. Les hace de intérprete y guía un compatriota llamado Shimizu, que estudia desde hace dos años en dicha capital.

Haciendo la ruta turística van a comprar recuerdos para la familia a un anticuario y allí una dependienta, al ver que son japoneses, pregunta a Tamura-san por un personaje muy conocido en Polonia (transcribo traduciendo de la traducción francesa):

“Esto no es serio”, exclamó uno de los japoneses de manera decepcionada. “Shimizu-san, ¿verdaderamente no hay nada mejor?

– ¿Quieren ir a ver los anticuarios? Pero les advierto que está prohibido sacar al extranjero piezas de valor”.

Como escolares que siguen a la maestra, el grupo marchó tras los pasos de Shimizu. Cuando uno de ellos decidía a comprar una muñeca, sus compañeros lo imitaban, cuando uno miraba una tela, los otros hacían lo mismo.

Al envolver la muñeca de Tamura, la joven dependienta sonrió y dijo algo. Como él no entendía el polaco, se volvió hacia Shimizu que estaba a su lado.

“¿Qué cuenta?

-Dice que puesto que Usted es japonés, debe conocer al padre Kolbe

Tamura no tiene ni idea de quién es ese hombre; el diálogo sigue así:

– ¿Quién es ese?

– Un sacerdote cristiano que es una de las figuras más respetadas por los polacos.

– ¡Pues claro que no!, ¿por qué conocería yo a uno de esos amén?”

Tamura hizo “No, no” moviendo la mano y la muchacha bajó la cabeza con aire un poco triste.

Justo después se nos habla de lo que compra Imamiya:

En esa tienda, Imamiya compró una tela decorada con un motivo de campesinos. Era para su hija pequeña que frecuentaba la universidad. Tanto en París como en Londres, había comprado una masa de regalos para su familia, incluso un reloj y un bolso para su esposa. Cada vez que ordenaba esos objetos dentro de su maleta en el hotel, se decía que era verdaderamente bueno con los suyos.

A continuación van a almorzar a un restaurante, todos juntos naturalmente. Cuando brindan con el vodka, Tamura saluda a un hombre de mediana edad sentado en la mesa de al lado, que va y les habla también de Kolbe, lo cual exaspera a Tamura:

[…] Rojo, Tamura interpeló a un polaco que comía silencioso en la mesa al lado de ellos diciéndole “¡Salud!” y el hombre, un cuadragenario con cara de oficinista, le devolvió su sonrisa y después declaró:

“Ustedes vienen del país donde vivió Kolbe, ¿verdad?

– ¿Qué?, ¡otra vez él!

Con aire exasperado, Tamura se giró hacia Shimizu:

“Kolbe, Kolbe, pero al fin, ¿¡quién es ese!?

Y al final conoce su historia. Veamos cómo la cuenta Endo a través de este polaco:

– Bueno, respondió Shimizu sin traicionar sus pensamientos sobre su rostro, vamos a pedir a este señor que se lo explique”.

Shimizu conocía la respuesta pues, a lo largo de los dos años que había pasado en Polonia, numerosas personas le habían hablado de Kolbe. Pero si, antes que hablar él mismo, había pedido a ese polaco sentado junto a ellos que respondiera, es que no quería hacer más de lo mínimo por sus compatriotas, quería encasillarse en su papel de máquina. El hombre de mediana edad que llevaba ropas usadas guardó su cuchillo y su tenedor en sus manos y escuchó la pregunta de Shimizu asintiendo con la cabeza.

“Se trata de un sacerdote que fue internado en 1941 en Auschwitz porque estaba contra los nazis. Ustedes conocen bien ese campo con su trabajo obligatorio y sus masacres en las cámaras de gas. El padre Kolbe sufría de tuberculosis pero, callando su enfermedad, pasó tres meses, con otros prisioneros, en ese infierno sacando cadáveres de las cámaras de gas”.

Cada vez que el polaco marcaba una pausa, Shimizu cerraba los ojos y traducía con voz monocorde.

“Al tercer mes, hubo una fuga. El comandante del campo consideró que todos los prisioneros debían pagar y decidió que diez de ellos que él elegiría a su manera serían encerrados para ejemplo en el búnker del hambre.

– ¿Qué es el búnker del hambre?

Manteniendo su aire impasible, Shimizu transmitió la pregunta al polaco.

“¿El búnker del hambre? Es un reducto donde se encerraba a la gente privándolos de pan y de agua hasta provocarles la muerte. En Auschwitz, había además un pequeño local de ejecución, llamado el búnker de ahogo. Era apiñada la gente y hasta que morían por falta de oxígeno no se volvía a abrir la puerta, dijo el polaco con un rictus. El día de la fuga , el comandante hizo poner a los prisioneros en filas y los dejó toda la noche fuera, después de lo cual escogió a diez hombres para ejecutarlos. Entre ellos figuraba uno denominado Gajoniczek. Cuando lo designó, se puso a llorar, pensando en su mujer y sus hijos. Un hombre salió entonces de la fila. Era el padre Kolbe. Se puso delante del comandante y le pidió ser encerrado en lugar de Gajoniczek. Él tiene una familia, yo no, declaró. El comandante dio su permiso. Con otros nueve prisioneros, el padre Kolbe fue arrojado a una cámara subterránea. Sin la menor gota de agua, numerosos presos murieron uno tras otro, pero, al pasar dos semanas, Kolbe y otros cuatro compañeros seguían aún con vida. Un médico nazi los mató con una inyección de ácido carbónico.

En el restaurante bien cálido, los japoneses guardaron el silencio un momento. Pronto, uno de ellos murmuró algunas palabras:

“¡Qué historia más horrible!

– ¡Pues aprovechen su viaje para ir a ver Auschwitz!” dijo de pronto el polaco.

Con la misma cara imperturbable, Shimizu tradujo.
“¡Ah, eso no! ¡Con Varsovia hemos tenido bastante!”
Sacudiendo la cabeza, Tamura respondió por todo el grupo.
El polaco se calló y miró a los japoneses con aire entristecido.
Dziekuje, dijo Shimizu para darle las gracias. Y bien, ¿queréis que regresemos al autobús?”

Los japoneses vuelven al autobús y Tamura sigue queriendo saber sobre Kolbe y le pregunta a Shimizu:

“Pero ese Kolbe, ¿qué tiene que ver con Japón?

– Pasó dos años en Nagasaki como misionero.

– Ah bueno, ¿y eso cuándo?

– Al principio de los años 30”.

Imamiya empieza entonces a recordar a los misioneros extranjeros que vio cuando iba a la escuela primaria en Nagasaki, hacia 1930:

Marchando al lado de los otros, Imamiya, con su bolsa de las compras pegado a él, recordaba a los misioneros extranjeros que había divisado en la época en que frecuentaba una escuela primaria en Nagasaki, hacia 1930. Su casa se encontraba entonces sobre una calle en pendiente de Ôura y son padre trabajaba como transportista. En Ôura que, desde la era Meiji, era el barrio de residencia de los extranjeros, el espéctaculo de un occidental trepando o bajando las calle pavimentadas no era nada excepcional. Numerosos misioneros habitaban la Iglesia Tenshudô y, con largas sotanas, pasaban a menudo delante de la casa de Imamiya. Un edificio de estilo occidental medio en ruinas les servía de taller para imprimir biblias y misales.

Como los otros niños, Imamiya corría a esconderse cuando sobre el camino en pendiente, se cruzaba un misionero. Con sus barbas y sus raros hábitos negros, esos personajes eran espantosos.

“¡Si vosotros supiérais qué mal comen esas gentes de allí!” contaba Kudô, un impresor que venía a visitar a su padre.

Había trabajado tres meses en su taller.

“Son tan pobres. No tienen más que arroz y sopa. Y duermen sobre tablas con mantas”.

Un día, Imamiya había ido de pasajero en el pequeño camión de su padre y había ido a la imprenta. Con un aprendiz, su padre había ido a entregar el papel pedido a un mayorista de Sakura-machi. Mientras que su padre y el aprendiz descargaban, él jugaba dando patadas a una piedra a la entrada del edificio en ruinas, descolorido por la lluvia y el viento, una verdadera casa encantada. De vez en cuando, se oía una sirena de barco subir del puerto. Fue entonces cuando vio a un sacerdote subir dificultosamente el camino, ayudándose de su paraguas como bastón.

Con la cabeza rapada, el misionero tenía el aspecto de estar cansado. Estaba horriblemente delgado. Penaba sobre la pendiente y se detenía en el camino para limpiar con un pañuelo sus gafas empañadas de sudor y retomar el aliento. Después se volvía a poner sus gafas y continuaba su marcha en la dirección de Imamiya.

Cuando vio al niño, esbozó una sonrisa llorosa y dijo “Konichiwa” [“Buenos días” en japonés] con voz débil. Imamiya retrocedió dos o tres pasos y se escondió al lado del camión. El sacerdote desapareció en la imprenta.

Durante mucho tiempo, Imamiya se estuvo acordando de esa silueta agotada, del rostro con mejillas hundidas, de la sonrisa triste de los ojos detrás de las gafas redondas. Se acordaba de esto, pero no le quedaba mucho recuerdo de otras impresiones de aquellas gentes. Pues, pronto, la imprenta había desaparecido y los misioneros habían abandonado Ôura por Soto-machi, un barrio en el centro de la ciudad.

Por la noche, los japoneses van a un club nocturno para conseguir mujeres. Imamiya se va con una al apartamento de ella y sucede lo siguiente:

Aquella noche, Imamiya se compró una mujer […]

Ella vivía en un apartamento en un inmueble de cuatro plantas. Cuando, sin tomar el ascensor, subieron la escalera que olía a cemento, el ruido seco de sus suelas resonaba en el frío. La mujer abrió la puerta y le dio enseguida al interruptor. En una habitación no muy grande se perfilaban un frigorífico blanco y dos sillas. Sobre un panel en la pared colgaban fotos de actores […]

Encima de una pequeña mesa había puestos dos o tres libros en polaco y en la pared enfrente de la mesa había colocadas unas imágenes piadosas y unas fotos. Una debía representar a su familia, una pareja de obreros con una niña pequeña. Al lado, entre una imagen de la Virgen y una felicitación de Navidad había una reproducción de un retrato hecho con tinta. El cráneo rapado, los ojos protegidos por gafas redondas, el hombre del retrato miraba a Imamiya. Éste había visto ya esa expresión agotada. Era el extranjero que, un día de verano, subía penosamente la pendiente del camino de Ôura. El misionero que había limpiado sus gafas empañadas de sudor y dijo “Konichiwa” al niño que él era.

Saliendo del baño en bata, la mujer habló a Imamiya que estaba frente al retrato y lo examinaba fijamente:

“Kolbe”.

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De la Roma de los Césares a la de los Papas

Posted by El pescador en 12 agosto 2007

de TIMOTHY VERDON (original en italiano; traducción mía)

El Vaticano es un lugar de paradojas. Esta ligera elevación en el terreno sobre la orilla derecha del río Tíber, que alberga los restos de un pescador casi analfabeto, tiene por bastión e ingreso el mausoleo del más culto de los Césares, Adriano, que reinó sobre el imperio romano desde el 117 al 136 después de Cristo.

Al oeste del mausoleo, la inmensa plaza que hoy acoge peregrinos y turistas cubre en parte un circo construido por otros emperadores, Calígula y Nerón, a partir del 37 después de Cristo.

Y en el centro de la plaza -en la cima del obelisco trasportado desde Egipto y erigido por los romanos en señal de su conquista del imperio de los faraones– hay una urna con fragmentos de la cruz de aquel Cristo, ajusticiado en el año 30, por seguir al cual el pescador fue crucificado en este circo 34 años después.

Las palabras claves son “después” y “Cristo”. El Vaticano se pone como señal de un mundo “después de Cristo” en el cual la paradoja se convierte en norma – un mundo del revés. El humide pescador que ahora triunfa allí donde murió como un criminal es él mismo figura de vuelco. Simón llamado Cefas o Pedro, el más importante de los primeros seguidores de Jesús, condenado a morir como su maestro, en cruz, pide ser posicionado con la cabeza hacia abajo, invertido. No se consideró digno de salir de este mundo con la cabeza alta, porque en un momento de terrible debilidad había negado conocer a Cristo. A pesar de su traición, sin embargo, Cristo lo había perdonado, confirmando y alargando el poder que ya le había dado, y también esto fue una suerte de vuelco.

Estos son, de hecho, los principales mensajes comunicados por el lugar: perdón y poder.

El Vaticano expresa el perdón mediante signos de poder, como Jesús perdonaba los pecados y después demostraba tener la potencia mediante milagros. En el Vaticano el perdón es poder, según las palabras de Jesús al pescador Pedro: “A ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo” (Mateo 16, 19).

En el lenguaje arcaico usado por Jesús, tener las “llaves del reino” significa tener el poder sobre él, y “atar” y “desatar” significan prácticamente “condenar” y “absolver”. El poder que Cristo ha dado a Pedro, y que el grandioso complejo de iglesias y palacios construido en torno a la tumba del pescador quiere comunicar, es precisamente el poder de perdonar los pecados.

Puede parecer extraño insistir en el poder en un sistema religioso que, en sus escritos sagrados, privilegia por el contrario la mansedumbre, el ofrecer la otra mejilla e ir al sacrificio sin oponer resistencia. Sin embargo, tratándose del Vaticano, el argumento “poder” es inevitable, más bien central, porque todo en el Vaticano habla de ello: las titánicas dimensiones de los edificios, la pompa de los ornamentos, la hierática solemnidad de los ritos.

Desde el momento entonces que justamente en el Vaticano y al servicio de los papas han estado reavivados los lenguajes de la arquitectura y del arte antiguas – en la mole colosal de la basílica, en la fuerza sobrehumana de las figuras pintadas al fresco en la Capilla Sixtina y en la “gracia divina” de aquellas en las Estancias (los apartamentos de estado renacentistas) – es preciso decir que la misma idea del poder en la cultura europea, además de su representación por imágenes, nacen aquí. Aquí las más importantes obras de los más innovadores artistas del alba de la era moderna – las obras maestras de Bramante y Miguel Ángel, Rafael y Bernini – definen el sentido de la civilización cristiana en términos de inequívoco poder.

* * *

El Vaticano se encuentra en Roma, capital del imperio más extenso que haya conocido la historia: ciudad cuyo mismo nombre era sinónimo de poder universal. En los primeros cuatro siglos de vida de la comunidad cristiana, la frase de Jesús que concluye el Evangelio de Mateo – “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” – debía sonar como un desafío a los representantes del poder romano, los emperadores, considerados no sólo regentes del mundo sino semidioses.

Del mismo modo, la continuación de aquella frase de Jesús – “Id por todo el mundo y enseñad a todas las naciones” – debia evocar una misión civilizadora parangonable, en su universalidad, sólo a la del imperio romano. Y aún, en una Roma que era considerada “ciudad eterna”, la promesa “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” debía parecer una profecía que se encarnaba en la historia: la eternidad de Roma y de sus monumentos habitada ahora por el Eterno en persona.

Todavía hoy el peregrino o turista en la plaza de San Pedro es conducido a unir el Vaticano con la Roma antigua.

Llegando al Vaticano después de haber visto ya el Coliseo y los Foros Imperiales, el Circo Máximo y el Panteón, vuelve a encontrar el mismo esplendor y la misma titánica grandeza en la basílica con su plaza y en el Palacio Apostólico con sus aulas pintadas al fresco y galerías kilométricas. Tiene la impresión de que los escombros de la capital antigua son renacidos a vida nueva bajo la égida del Cristo Resucido que se yergue sobre la plaza, aquél que en la visión de Juan anunciaba: “He aquí que yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21, 5).

Tal impresión no es debida sólo a la modernización del complejo vaticano en el Renacimiento, pero vuelve a subir al principio del siglo IV, a la colosal basílica hecha erigir sobre la tumba de Pedro por el emperador Constantino. Las cuatro filas de columnas de mármol de la basílica, con cinco naves internas, así como la longitud de 118 metros y la altura de 32 del aula central iluminada por once grandes ventanas por parte: el conjunto recordaba a los visitantes del siglo IV las grandes aulas cívicas de la Roma imperial. Reforzaba el sentido de una ininterrumpida continuidad entre la ciudad de los Césares y la de los Papas.

Desde la era patrística los Papas han cultivado la imagen de ininterrumpida continuidad con el imperio, en base a una visión de la historia que considera providencial el nacimiento y primera difusión de la Iglesia en una época culturalmente homogénea y al interior de un sistema geopolítico universal. La lengua común, el común códice de leyes y comportamientos, la admirable red viaria que facilitaba las comunicaciones y los desplazamientos, y la atribución al poder central de una misión civilizadora son elementos constitutivos de esta visión, de los cuales los Papas son los principales arquitectos y el Vaticano el lugar emblemático.

* * *

El arte cristiano de la Roma de los siglos IV-V ilustra esta interpretación de “romanitas” y cristianismo.

Por ejemplo, el gran mosaico en una iglesia extraída de una preexistente aula termal, Santa Pudenciana, coloca a Cristo sobre el trono imperial en un palacio más allá de cuyos muros son visibles los monumentos de la antigua capital. Este “Christus imperator” reina entre apóstoles togados, con San Pedro y San Pablo a los lados del trono coronados por figuras femeninas que representan, respectivamente, la “Ecclesia ex circumcisione” (los cristianos venidos del hebraísmo, porque la misión de Pedro fue en primer lugar a los judíos) y la “Ecclesia ex gentibus” (los creyentes venidos del paganismo: Pablo fue enviado a los paganos). Sobre las figuras y la ciudad, vemos después – entre los símbolos de los cuatros evangelistas – una gran cruz con gemas que resume el sentido de las transformaciones que la imagen atestigua: allí donde el poder de los Césares había tratado de crucificar la nueva fe, ahora emergen concretas expresiones históricas, políticas y sociales del poder de Cristo resucitado. Los apóstoles, presentados como senadores romanos, se convierten en los nuevos “patricios”, y la ciudad – la antigua capital de un imperio que abarcaba el mundo conocido – revela finalmente el significado de su vocación universalista, ofreciendo su esplendor como fondo para el triunfo de Jesucristo.

Otra imagen sugerente en este sentido es el mosaico del ábside de la basílica de los santos Cosme y Damián, donde el Cristo de la Ascensión se recorta contra un dramático cielo crepuscular. Realizado en un aula obtenida del complejo querido por Vespasiano en conmemoración de la guerra judía, el mosaico expresa la superposición de la Iglesia, nuevo Israel victorioso, al imperio ya perdido. A pocos pasos del Arco de Tito, con sus representaciones de prisioneros judíos detrás del carro triunfal del hijo adoptivo de Vespasiano y conquistador de Jerusalén, he aquí a Cristo que “ascendiendo al cielo ha llevado consigo a los prisioneros, ha distribuido dones a los hombres” (Efesios 4,8; cfr. Salmo 68,19). La colocación de Cristo mientras asciende al cielo retoma aquella atribuida a los emperadores mismos: a Augusto, por ejemplo, en la célebre estatua conservada en los Museos Vaticanos.

En el mosaico de la basílica de los santos Cosme y Damián como en el de santa Pudenciana, el triunfo romano de Jesús implica después a la comunidad fundada por Él. En los dos mosaicos de hecho, vemos representantes de la Iglesia junto a Cristo y asociados al su poder, porque, entre los dones que el Resucitado distribuye a los hombres están también los papeles en la Iglesia: “Y Él mismo concedió a unos ser apóstoles, y a otros, profetas; a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros. Así preparó a los suyos para un acto de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4,11-12).

En ambos mosaicos, entonces, en primera posición entre los que Cristo ha establecido con un papel al servicio de los otros, están Pedro y Pablo, figuras de la autoridad transmitida por el Resucitado a la Iglesia institucional.

* * *

Desde los primeros siglos, en suma, la Iglesia romana se identifica con aquel que, inmolado, es ahora “digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, el honor, gloria y la bendición” (Apocalipsis 5,12). Ha ocupado, trasformándolos, los espacios no sólo topográficos y arquitéctonicos pero sobre todo conceptuales del antiguo imperio, reconociendo en este mismo proceso una forma de revelación divina – como si Dios, además de manifestarse en la grandeza moral de Israel, se hubiera manifestado también en el esplendor material de Roma. Es más, la marmórea magnificiencia de la capital del imperio acabó por convertirse en imagen de la Jerusalén celestial, cuyos muros estarán revestidos de piedras raras y preciosas (Isaías 54,11-12; Apocalipsis 21,18-21) – como si Cristo, venido no para abolir sino para cumplir la ley hebrea (Mateo 5,17-19), hubiese promovido de manera parecida cumplir la gloria de Roma, purificando el sentido histórico, completando la misión cultural.

De hecho, Roma es por antonomasia la ciudad del “apocalipsis” – o sea de la desvelación del sentido oculto de la historia – y desde el siglo V en adelante los programas iconográficos de las más importantes iglesias romanas han colocado mensajes apocalípticos ante los ojos de los creyentes. Cristo con la toga dorada revelado como “Dominus dominantium”, Señor de señores, sentado sobre el trono o en pie con el rescripto de su poder divino en la mano y, delante de Él, los veinticuatro ancianos que día y noche lo adoran, quemando inciensos que simbolizan las plegarias de los santos: éstas son las imágenes que dominan los ábsides de las iglesias antes indicadas y sucesivamente de San Pedro, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán.

En diversas basílicas, además, estas escenas reveladoras de la eternidad completaban grandiosos ciclos históricos sobre las paredes laterales, con episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento, insistiendo así sobre la gloria celestial como cumplimiento de la historia terrestre. En san Pedro, en Medievo, este mensaje será representado también en el exterior, con un monumental mosaico sobre la fachada de la basílica, poniendo ante los ojos de los fieles y peregrinos al Cordero, los ancianos y la multitud incontable que están “en pie delante del trono y del Cordero, con vestidos blancos” (Apocalipsis 7, 9).

* * *

También esta característica de la antigua capital del imperio, la multitud, asumirá connotaciones apocalípticas en la Roma cristiana. La ciudad cuyos teatros y anfiteatros habían acogido multitudes inmensas se convierte en la Roma papal que regularmente acoge multitudes de hombres y mujeres “de toda raza, pueblo y lengua” (Apocalipsis 7,9). Fenómeno este que explica la creación – primero en el Laterano y luego en el Vaticano – de vastos espacios capaces de acoger las multitudes de peregrinos provenientes de todo el mundo: un esfuerzo plurisecular que se solventa desde el siglo XVI en adelante con la nueva basílica vaticana coronada por la cúpula, con la columnata de Bernini y, en el siglo XX, con el aula de audiencias ideada por Pierluigi Nervi; también esto vuelve a entrar en el sentido de continuidad con el antiguo imperio y constituye el elemento más impersionante. Hoy como en el pasado, cualquiera que visite Roma, contemplando primero la majestuosidad de los espacios de vida colectiva de la ciudd antigua – los foros, los anfiteatros, las termas – y después la plaza de san Pedro abarrotada con ocasión de cualquier celebración litúrgica, no puede huir de la impresión de algo eterno: algo que, a pesar de mutaciones epocales de cultura y de fe religiosa, en este lugar continúa en el tiempo.

Tal impresiób viene además reforzada por otros factores que condicionan la experiencia de los visitantes del Vaticano. El primero deriva del carácter mismo de la multitud que llena la basílica y la plaza en determinadas ocasiones: es un carácter litúrgico, y más que de multitud deberemos hablar de asamblea. Las ordenadas filas de cardenales y obispos en torno al Papa, junto a las nueve mil personas que pueden encontrar sitio en la basílica y a las doscientas mil en la plaza, todas han elegido participar en ritos que expresan su fe. Una tal confluencia de autonomía personal – un tal converger de aspiraciones individuales – eleva el espíritu más allá del presente y lo desvincula de toda dimensión solamente local: los participantes tienen así tantas procedencias y tantas historias distintas que la asamblea parece hundir sus raíces en el mundo entero.

El hecho además que la asamblea que reunida celebre un rito, y específicamente un rito litúrgico cristiano, refuerza al máximo tal sentido de continuidad. La liturgia católica – que cree que Cristo está realmente presente y operante en la persona del oficiante como en la sustancia de la acción cumplida – abole el límite temporal, ligando el presente al pasado remoto como al futuro último. Y sobre el plano de la “traditio” – es decir sobre el plano de un modo de estructurar la vida religiosa transmitido de padres a hijos a través de muchos siglos – la liturgia específicamente papal, cuyo celebrante es considerado sucesor linear del apóstol Pedro, pone casi tangiblemente en contacto con el pasado en el cual Pedro recibió el poder de parte de Cristo, como también con el futuro que tal poder de atar o desatar del pecado determina.

* * *

Parecidas intuiciones, que al no creyente pueden parecer laboriosas y abstrusas, aparecen a los fieles simples y claras. Como sucede el día de Pentecostés, cuando, escuchando la predicación de San Pedro sobre el perdón de los pecados, muchos sintieron que su corazón se atravesaba (Hechos 2,37), así los católicos ante el sucesor de Pedro: la búsqueda del perdón aclara la mirada de quien participa con fe en las grandes liturgias en la basílica vaticana y en la plaza. Sólo Dios puede perdonar, pero en Cristo Dios ha hecho entrar su perdón en la historia, y en Pedro Cristo ha extendido tal poder, que perdura en sus sucesores, los obispos de Roma o papas. Tomar parte en los ritos celebrados por el sucesor de Pedro, en el lugar donde el imperio que lo ejecutó ha encontrado él mismo perdón, tiene por tanto un impacto profundo sobre las personas. Es como si las mismas piedras de la antigua capital fuesen a hablar.

Cuando en Pascua, desde la fachada de la Basílica el sucesor de Pedro pronuncia sobre el gentío en la Plaza las palabras “urbi et orbi – la bendición papal “a la ciudad y al mundo” – todos los elementos se entrelazan y se sobreponen: es bendecida la ciudad en la entera gama de su vida pagana y cristiana, por una vocación unificadora al servicio de todas las razas y todos los pueblos; y es bendecido el mundo – no sólo el geográfico un tiempo regido por los Césares, sino el mundo interior de cada hombre que con el perdón renace a la esperanza.

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Errores y falsedades contenidos en el vídeo de la BBC (y II)

Posted by El pescador en 11 agosto 2007

Luciano Giustini

(original en italiano; traducción mía)

En la traducción de Bispensiero (Google video)

 

 

Locutor: Aiden quedó tan asustado que ha callado durante 40 años. El sacerdote que abusó de él no ha sido castigado nunca. Para comprender a fondo el Crimen Sollicitationis, Colm se encontró con el padre Tom Doyle, un experto en derecho canónico, en un tiempo estimado en el Vaticano, pero hoy no más a causa de su interés en los abusos del clero.

 

Falso. No ha sido castigado nunca porque se suicidó antes de llegar al juicio (come se deduce a continuación del vídeo, por otra parte). Padre Doyle no era en absoluto conocido ni tenía ningún papel ni siquiera marginal en el Vaticano, sino que era un capellán del Ordinariato militar de los Estados Unidos.

 

DOYLE – El Crimen Sollicitationis prescribe una política de secreto absoluto subre todos los abusos. Lo que leemos aquí es una clara política de encubrimiento de los casos de abuso cometidos por los sacerdotes. Y el castigo para aquellos que quisieran reclamar la atención sobre estos crímenes cometidos por el clero. Lo que prueba que la jerarquía eclesiástica está interesada únicamente en el control de la situación. Hay la clara evidencia de que la preocupación es sólo controlar y contener el problema. En ninguna parte está escrito que hay que ayudar a las víctimas. La sola cosa que impone, por el contrario, es aterrorizar a las víctimas con la amenaza de castigarlas si cuentan lo acontecido. El objetivo es proteger la reputación de los sacerdotes, hasta que la Iglesia no termine las indagaciones. En la práctica tapa a los sacerdotes pedófilos.

 

Falso. En la Crimen sollicitationis non se evidencia nada de todo esto, como se dijo antes (entrada precedente): se pide el secreto a quienes participan en el proceso canónico. Stop. No hay ninguna prohibición de decir las cosas, no hay ninguna “clara evidencia” de que la Iglesia haya tenido comportamiento para imponer la ley del silencio, y en fin: ¿cómo “aterrorizaría a las víctimas”, castigándolas con qué? Si aquí estuviese escrito alguna cosa lejanamente similar a esto está bien, lástima que por el contrario hay escrito lo contrario: quien llega a conocer cualquier cosa debe hablar de esto con las autoridades eclesiásticas, e inmediatamente, so pena de excomunión.

En fin, Doyle mismo ha declarado que algunas partes donde corregía errores de interpretación de O’Gorman sobre la Crimen Sollicitationis han sido cortadas.

 

Locutor: Ratzinger lo impuso durante 20 años, el último Papa elegido el último año. En 2001 Ratzinger promulgó la continuación del Crimen Sollicitationis. El espíritu era el mismo. Repetía con énfasis el secreto, bajo pena de excomunión. Envió una copia del mismo a cada obispo del mundo. Recientemente ha añadido que todas las acusaciones deben ser examinadas exclusivamente por el Vaticano. En otras palabras sólo Roma puede pronunciarse oficialmente sobre abusos sexuales a los menores.

 

Falso. 1) La Crimen sollicitationis estaba superada en 1983 a causa de la reforma del Código de Derecho Canónico y 2) el documento no afectaba a la acción de la congregación sino que estaba dirigida a los obispos. Ratzinger no ha promulgado “la continuación”, sino una carta operativa (De Delictis Gravioribus) que acompañaba a la nueva legislación sobre los abusos sexuales promulgada por Juan Pablo II en 2001. El espíritu era el mismo, verdad, pero justamente en significado diametralmente opuesto a aquel que dice el periodista, en cuanto dice exactamente como decía la Crimen sollicitationis la excomunión sobreviene en el único caso en que no se denuncia al propio superior cuanto se sabe. En fin no es que Papa Ratzinger ha “recientemente añadido que todas las acusaciones deben ser examinadas por el Vaticano” sino que esto estaba escrito en el motu proprio de Juan Pablo II.

 

(…) COLM: el nuevo documento fue una oportunidad fallida de modernizar la posición de la Iglesia, justamente mientras estaban explotando los escándalos más graves en los EE.UU.

 

¡Lástima que cuando salió el documento todos los comentarios de los periodistas fueron “Finalmente la iglesia usa el puño de hierro contra los pedófilos”!

 

Locutor: Colm fue entonces a Roma para entender si se trataba de casos aislados escapados al control del Vaticano o una ocultación sistemática por parte de la jerarquía eclesiástica.


COLM – Mientras que en 2002 los escándalos explotaban en Irlanda, centenares de casos estaban surgiendo en los EE.UU. Un informe de los USA denuncia a 4.500 sacerdotes acusados de violencia o abusos sexuales a menores.

 

El informe es el del John Jay College, pagado (generosamente) por la Iglesia misma pero independiente, que invita atentamente a distinguir entre “acusados” y “condenados” y entre “relaciones con menores” y “pedofilia”. El 78,2% de los casos no son de pedofilia: cfr. Introvigne.

 

Locutor: El centro de los escándalos era Boston, y la historia se repitió todavía una vez: los sacerdotes acusados eran solícitamente trasladados de una parroquia a otra. Nuevamente se producía una ocultación sistemática. Al obispo pronto apartado sucedió entonces el padre Patrick Wall, un ex benedectino al cual el Vaticano ordenó que impusiera el Crimen Sollicitationis en la diócesis de Minnesota.

 

Falso. Si los obispos los trasladaban violaban la Crimen solliciationis, además no podían imponer aquel documento porque no era válido ya, y si acaso debían imponer el otro, que no decía que había que hacer callar todo.

 

La expresión “imponer el Crimen Sollicitationis” es absurda, pero no sólo y no tanto porque el documento non estaba ya en vigor, sino porque no halaba en absoluto de casos frente a Tribunales del Estado y dedicaba a los casos de abusos con menores una línea (cfr. Introvigne). Además “imponer el Crimen Sollicitationis” habría significado imponer las normas, aplicadas análogamente a los casos de abusos de menores, que imponen la denuncia de los abusos en el plazo de una semana so pena de excomunión. En fin la frase denuncia ignorancia abismal del drecho canónico: hasta que una una fuente de derecho está en vigor, está en vigor para toda la Iglesia de rito latino y no es necesario “imponerla” a una diócesis o a una parroquia.

 

WALL: Yo era parte del sistema, pero me daba cuenta que era manipulado engañosamente. Fue la “noche del espíritu”. Todo aquello en lo cual había creído durante 10 años… Decidí no trabajar más para una institución que se esforzaba en parecer santa, pero que pensaba sólo en protegerse a sí misma.

Locutor: Cuando un sacerdote fue acusado de abusos, fue simplemente transferido y el padre Patrick tomó su puesto.


WALL: La mayor parte de los casos no fue descubierta nunca. La Iglesia fue capaz justamente de esto. Lo que realmente quiere la iglesia en los casos de abuso y violencia sobre los niños, es que ninguno lo descubra, que todo esté en silencio, que todo sea sofocado. Si es preciso pagar, o encontrar un arreglo, se hace. Tenían un presupuesto de 7 millones de dólares en 1996, destinado a estos casos. Pero sobretodo, debíamos respetar la orden que imponía el secreto y debíamos atenernos a esta orden, para sofocar los escándalos. Se podía hacer los posible por las víctimas, pero lo esencial era mantener la estabilidad, la paz y la calma. Por tanto aquello que se debía hacer realmente era esconder el escándalo.


(…) (diálogos de O’Grady tomados del film) Locutor: O’Grady fue encerrado en la cárcel durante siete años. Ahora vive en Irlanda. Sus vícitmas acusan a su superior, el cardenal de Los Angeles, Roger Mahoney, de haber transferido a O’Grady de una parroquia a otra para evitar el escándalo.

 

Falso. La Iglesia no tenía “un presupuesto de 7 millones de dólares” sino que fue condenada a pagar globalmente 7 millones de dólares con una aplicación punitiva del principio de la responsabilidad objetiva (aunque en parte este dinero fue pagano por las aseguradoras). Si el padre Patrick ocultaba los casos violaba precisamente precisamente hasta que estaba en vigor la instrucción “Crimen sollicitationis” que impone la denuncia al tribunal ecclesiástico so pena de excomunión. Y al menos desde 1984 la praxis en los EE.UU. es denunciar también a los tribunales del Estado los casos de abusos de los cuales existan indicios serios y concordantes. Dos obispos en Florida que no han seguido esta praxis han sido removidos. El obispo Mahony no ha sido removido, es más ha sido promovido a cardenal, pero en realidad no ha seguido con lo mismo (cfr. Introvigne).


(…) Locutor: En 2002 la Iglesia católica americana reaccionó al escándalo que aumentaba, instituyendo una asociación independiente, llamada Comité Nacional para el Nuevo examen. Éste, como primera cosa, analizó la realidad del problema. (…) LOCUTOR: En la carta de dimisión Keating decía: “los sacerdotes no obedecen a las órdenes de comparecencia, hacen desaarecer los nombres d elos estupradores. Esta es una organización criminal, no mi Iglesia”. EL Comité de todas formas fue adelante y produjo una Carta para la protección de los niños. En todo el Occidente las acusaciones contra los sacerdotes provocaron respuestas de este tipo. En Inglaterra la Iglesia católica ha introducido un sistema de protección de los niños. Pero estas directivas son fragmentarias y el Vaticano non tiene un solo documento hecho para proteger a los niños de los abusos sexuales por parte de los sacerdotes.


COLM: En América, a pesar del empuje a la trasparencia, cuando la atención de los Medios bajó, la Iglesia continuó analizando las acusaciones en secreto, marginando a las víctimas. (…) PADRE TOM DOYLE: No existe ningún acuerdo para ayudar a las víctimas y tampoco aquellos que buscan ayudarlas, existe sin embargo un acuerdo tácito para mentir sobre la existencia del problema. En cuanto a los sacerdotes incriminados, no son sometidos a investigación ni perseguidos, sino simplemente removidos en secreto y sin revelar los motivos del procedimiento. Hay una total falta de consideración por las víctimas y por los menores destinados a ser sus nuevas víctimas en la nueva parroquia. Pero esto no sucede sólo en los EE.UU. En todos los países del mundo ocurre del mismo modo.

 

Falso. Si anteriormente había una asociación creada a propósito por las víctimas… En el caso O’Grady el obispo Mahony ha negado siempre, bajo juramento, haber tenido conocimiento del episodio de 1976 cuando ha debido afrontar el de 1984. ¿A quién creer? ¿A un cardenal o a un detenido que sabe que, si desarrollará bien su trabajito contra la Iglesia ante las cámaras, le será conmutada la mitad de la pena y será libre de moverse y quizá (come se ve justamente en “Deliver us from evil” de Amy Berg) de ir a apostarse junto a los asilos? Esto vale también para todas estas frases sobre las víctimas. Si O’Grady es hoy un hombre libre es por este acuerdo con abogados y jueces y para alinearse contra la Iglesia. En 2006 hablando a los obispos irlandeses Benedicto XVI ha dicho que la primera prioridad -se entinede en los casos de abusos reales- es justamente favorecer a las víctimas.

Es absurdo que el Vaticano deba “proteger” a los niños, en absoluto los niños son protegidos con docuementos. La reacción de la autoridad central ha sido sin duda, contra los errores que han sido cometidos a nivel local. Pero de este hecho no hay rastro en el vídeo, mientras que continúa defendiéndose la tesis de que toda la Iglesia junta comete estos presuntos errores, voluntariamente.

 

LOCUTOR: El Vaticano no ha respondido a las repetidas peticiones de una entrevista sobre los casos expuestos aquí. El padre Henn ha perdido su batalla contra la extradición a los EE.UU. Escapó del cuartel general de los Salvatorianos, en Roma, donde se encontraba en arresto domiciliario. Se cree que se escnde en alguna parte de Italia. Hay una orden internacional para su arresto. El sacerdote católico Oliver O’Grady rebajó siete años por abuso contra menores.Aunque los psiquiatras americanos lo habían definido como un estuprador sistemático que tenía necesidad de tratamiento de por vida, fue vuelto a llevar a Irlanda en 2001. Ya que todo desarrolló en los EE.UU. su nombre no aparece en el Registro de criminales sexuales irlandeses y no hay restricciones en lo referente a los contactos con niños.

 

Aquí parece casi que haya sido el Vaticano el que lo hizo salir. Pero el sacerdote O’Grady fue enviado a Irlanda por la justicia civil, que evidentemente tiene alguna grieta.

 

En lo que atañe al suceso de los Salvatorianos, las cuestiones de extradición son muy complicadas. A menos de todas formas que el sacerdote en cuestión no salga nunca por la calle y permanezca siempre en edificios ue gozan de extraterritorialidad (lo que parece rocambolesco) si está en Roma entra en territorio italiano y la extradición se pide a Italia… que a menudo no la concede a los Estados Unidos por represalia porque los Estados Unidos a menudo no la conceden a Italia y porque en muchos casos consiera que las garantías para los imputados y la situación carcelaria no respetan los estándares de la Unión Europea, de cualquier manera no por motivos que tengan que ver específicamente con la pedofilia o los sacerdotes en general (Introvigne)

 

Fiscal – ¿Qué otra cosa sucedió después de todo aquello que ha acaecido?


O’GRADY – Nada. La vida fue adelante.

 

Falso. Según es contado el diálogo parece, aún, que gracias al Vaticano haya podido continuar haciendo una vida “normal”. Ahora sabemos que al contrario, es gracias a su participación en aquella película.

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Errores y falsedades contenidos en el vídeo de la BBC (I)

Posted by El pescador en 10 agosto 2007

Luciano Giustini

(original en italiano; traducción mía)

En la traducción de Bispensiero (Google video)

 

Comienza el documental
Interior, Tribunal, el Fiscal y el padre Oliver O’Grady

 

Falso. No nos encontramos en un Tribunal porque como es sabido en los tribunales estadounidenses están prohibidas las filmaciones (de hecho se ven a menudolos dibujos que reproducen la escena del proceso), sino en un film Deliver us from evil [“Líbranos del mal”, N. del T.] (2006), donde O’Grady ha interpretado su papel obteniendo así la puesta en libertad y haber podido volver a Irlanda donde ahora vive como un hombre libre.

Nota. Se puede observar que en la parte baja de la pantalla, desde el momento 0.20 al momento 0.24, hay una banda opaca que probablemente oculta un letrero -quizá la dicción original de que no nos encontramos en una Sala de Tribunal.

 

Fiscal: Muestre a la cámara como piensa mostrarse cuando comete un abuso sexual, como si lo estuviese haciendo ahora.

 

No es un fiscal, es un actor, y las preguntas están hechas en la película, no en un tribunal.

 

Locutor: es el padre Oliver O’Grady, un sacerdote católico.

 

El original inglés dice: “former catholic priest“, o sea “ex sacerdote católico”, mientras Bispensiero omite “former” haciendo creer que es aún un sacerdote. En realidad en la época de la película seguramente ya no lo era. No es el único error de traducción que aparece (v. gr. hay otro poco después cuando se omite un “alguna vez” en los abusos de pedofilia de Fortune) pero por brevedad por ahora no los consideraremos.

 

La Iglesia sabía que era pedófilo. En vez de denunicar a O’Grady, la Iglesia lo protege, escondiéndolo de las autoridades.

 

Falso. O’Grady fue denunciado a la policía, junto con otros dos sacerdotes, por Roger Mahony entonces obispo de Stockton. La policía sólo para O’Grady en 1984 “archivó el caso declarando inocente al sacerdote”. Mahony non pudo hacer otra cosa que trasladarlo, depués de que dos psicólogos distintos que lo habían examinado por cuenta de la diócesis habían declarado que no constituía un peligro (cfr. Introvigne). Por tanto no es verdad que la Iglesia no lo hubiera denunciado y no es verdad que lo protegiera escondiéndolo de las autoridades.

 

Cuando llega a saberse lo que sucedía en Ferns, las autoridades eclesiásticas locales, por respeto a las directivas secretas de la Iglesia católica, callaron todo. Responsable de aquella imposición fue el Cardenal Joseph Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI (…)

Falso. Primero, une dos casos distintos de pedofilia: uno, el de O’Grady, si bien irlandés, se desarrolla todo en los Estados unidos, al contrario el informe Ferns se ocupa de los casos ocurridos en Irlanda. Segundo, non era en atención a ningina directiva secreata porque (a) el obispo lo había señalado incluso a la autoridad de la policía y (b) porque la Crimen Sollicitationis non indicaba quue se mantuviera ningún secreto (cfr. aquí), y 3) en todos los casos aquella instrucción no había sido emanada de Ratzinger sino de Juan XXIII y no era él el responsable de la imposición porque porque se convirtió en prefecto de la Congregación en 1981 (cfr. Wikipedia)

 

Hace cuatro años, el padre Sean Fortune se encontró en el centro de una investigación de largo alcance acerca de los abusos del clero sobre menores. El escándalo saltó cuando se habló de un documento secreto del Vaticano, que encubría a los estupradores y reducía al silencio a las víctimas de los abusos (…)

 

La frase está puesta de modo que modifica el sentido: no salió el “escándalo cuando se habló de un documento secreto”, sino por los abusos del padre Fortune. El documento al que de hecho se refiere (la Crimen sollicitationis) no es secreto sino que está reservado a los obispos, y no ocultaba a los estupradores sino al contrario obligba a instruir pronto un proceso canónico, además no reduce al silencio a las víctimas de los abusos en ningún párrafo o palabra. Son deducciones (falsas) que hace el periodista, no hay ninguna demostración o prueba de lo que dice.

 

Locutor: la Iglesia local sabía que el padre Fortune era un pedófilo, pero en lugar de informar a la policía comenzó a cambiarlo de una parroquia a otra. Cuando explota el escándalo, el padre Fortune se suicidó antes del juicio. Indagando sobre quién le había ayudado a esconder su fechorías, Colm consiguió descubrir que había sido el más viejo miembro destacado de la diócesis: el Arzobispo Brendan Comiskey.

 

 

De hecho era la “Iglesia local” la que transfirió al padre Fortune, non la Iglesia. Se hace una grave confusión entre las dos cosas: el arzobispo Comiskey fue el responsable de aquellas acciones pero no por imposición de directivas vaticanas, y es verdad puesto que una semana después de haber hecho aquellas declaraciones, como se refiere poco fotogramas después, o bien cuando el Vaticano llega a saberlo, debió entregar su dimisión (que fue aceptada el 6 de abril de 2002, cfr. Catholic Hierarchy).

 

(…) Locutor: las investigaciones sacaron a la luz cómo el documento secreto Crimen Sollicitationis decretaba qué hacer con los sacerdotes pedófilos. Hallando las otras víctimas de Ferns, Colm se dio cuenta de que el documento indicaba cómo hacer callar las acusaciones de abusos.

 

Falso. Las investigaciones sí sacaron a la luz la existencia de la instrucción Crimen sollicitationis, pero no para hacer callar las acusaciones de abusos como hace creer el vídeo. La Crimen sollicitationis de hecho prescribe exactamente lo contrario pero el autor no verifica esto.

 

Locutor: Después de la agresión, Aiden contó a otro sacerdote lo que le había sucedido, pero este, en lugar de dirigirse a las autoridades, invocó los dogmas de la fe, impidiendo a Aidan que se confiara con alguno.

 

 

Mucha confusión: el sacerdote al cual Aiden contó el hecho, según la Crimen sollicitationis habría debido dirigirse a la autoridad eclesial, no judicial, pero aquí no se hace señal de tal cosa, dando por descontado que habría debido dirigirse a la autoridad judicial, cosa no prohibida por la Crimen sollicitationis misma (ver más adelante), pero distinta. Además, el periodista probablemente confunde “los dogmas de la fe” (Inmaculada Concepción, Transustanciación, etc.) y el sacramento de la confesión.

 

Locutor: Aidan no lo sabía, pero el deber de silencio era parte de una deliberación secreta de la Iglesia católica, llamada Crimen Sollicitationis. La directiva fue emanada en 1962 y fue recomendado a los obispos católicos de todo el mundo que la tuvieran en una caja fuerte. Instruye sobre cómo tratar con sacerdotes que seducen desde el confesionario. Pero trata también de actos externos y obscenos con niños de ambos sexos, de pedofilia.

 

La Crimen sollicitationis no era secreta sino reservada a los obispos, y les indicaba cómo comportarse. Las instrucciones eran para el clero por el clero, para el desarrollo del proceso. El “deber del silencio” del cual se habla es sencillamente el secreto procesal, o bien la consigna de reserva que afectaba sólo a los miembros del clero actores en el proceso (cfr. El falso vídeo de la BBC y qué decía de verdad la Crimen sollicitationis).

 

Locutor: Originalmente escrito en latín, impone el secreto absoluto a la víctima, al sacerdote incriminado, a los testigos. La pena para quien rompa el juramento es la excomunión immediata.

 

 

Falso. Leyendo la Crimen sollicitationis no hay ningún punto en el cual se imponga el silencio a la víctima (cfr. documento original). Pero aquí se está diciendo una cosa más grave, y es que la víctima no habría debido decir nada a la policía, bajo pena de excomunión: o sea que la Iglesia aterrorizaba con el ogro de la excomunión para que no dijeran nada a la autoridad judicial, no sólo antes de que se iniciara el juicio civil, sino incluso con el juicio concluido, como se evidencia de la dicción “sacerdote incriminado” en lugar de presunto sacerdote pedófilo, y que la Iglesia ha buscado así obstaculizar a la Justicia. ¡En realidad, en la Crimen sollicitationis, del proceso civil y de cómo comportarse con la autoridad judicial no se dice ni una sola palabra! Se puede suponer que según el vídeo el “crimen” sea precisamente éste: que en el documento no se hable de ayuda a la víctima y de conexión con el proceso judicial, y que esto indica que la Iglesia imponía el silencio hacia el mundo exterior: pero esta es obviamente una deducción equivocada. El documento no se ocupaba de esto y tampoco debía: era una instrucción sobre cómo guiar el proceso canónico al interior del código de derecho canónico.


Continuará

 

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El falso vídeo de la BBC y qué dice de verdad la Crimen sollicitationis

Posted by El pescador en 9 agosto 2007

Todos aquellos con un mínimo de buena voluntad que han visto y continúan viendo el vídeo BBC “Sex crimes and the Vatican” [“Crímenes sexuales y el Vaticano”] piensan disgustados “no puede ser verdad”. De hecho no es verdad. Aquel vídeo es una falsedad, desde el principio hasta el final […]

Sirve por tanto repetir y recordar una vez más las cosas. Adoptaré un estilo que congenia bastante y que es cómodo para mí: un elenco de puntos, máxima brevedad, buscando ser lo más claro posible. Por otra parte el trabajo me ha sido simplificado por la mole de materiales que ya está localizable en la red.

 

La falsificación se devana en dos movimientos: primero el contendio falso, después la forma falsa. El vídeo se basa en el documento Crimen sollicitationis, y está orientado para hacer creer al espectador algunas cosas que no son verdad. Por ejemplo se parte haciendo creer que se está en un Tribunal y que las preguntas al sacerdote pedófilo O’Grady han sido hecho por un fiscal, pero no es verdad, son por el contrario las tomas de una película por la cual O’Grady ha sido pagado; se habla de la entrevista a un ex-teólogo pontificio, que por el contrario ha declarado haber dicho cosas distintas. Y así todo: la refutación, frase por frase, de todo el vídeo será objeto de mi próxima entrada [La traduciré en dos partes, N. del T.]. El conjunto, en Italia, condicionado con diálogos en italiano falseados insertados por Bispensiero que, por ejemplo, hace terminar la preguntya al sacerdote pedófilo “¿Qué sucedió después?” con un “Nada”, que no es verdad doblemente: porque la frase en el vídeo original no corresponde a la verdad, y porque Bispensiero ha traducido también de modo equivocado el original en inglés, y no sólo en esto sino en muchísimos otros pasajes, siempre in pejus [a peor, N. del T.].

 

El efecto del falso vídeo es rompedor porque el tema tratado es escandaloso y hace estremecerse justamente, mientras las acusaciones lanzadas contra la Iglesia se basa en una doble presunta credibilidad: de un lado porque se trata de sacerdotes pedófilos (lo que es muy verdadero, son ellos y ningún otro), del otro porque proviene de la BBC, por tanto no es un una novela como el Código Da Vinci, sino una cadena periodística entre las primeras del mundo. El objetivo editorial del vídeo, en fin, es claro y falso: se afirma que una deliberación de la Autoridad central eclesiástica ordenaba y ordena a los sacerdotes que mantengan la ocultación de tales horrores, lo cual es exactamente lo contrario de aquello que dice la directiva misma. Por tanto es un montaje urdido en detrimento de la Iglesia, pero para demostrarlo es preciso profundizar: en esta entrada me limitaré, como decía, a tocar los puntos principales de la falsedad, poniendo juntos varios elementos, resumidos en un esquema objeción-respuesta. Aquí se halla un útil elenco de artículos, documentos y entradas que explican mejor todo esto.

 

1) La Crimen sollicitationis manda mantener el secreto sobre casos de pedofilia y ha sido válida por lo menos hasta 2001.

 

Falso. La Crimen sollicitationis dice que apenas el obispo diocesano tiene noticia de la pedofilia debe instruir un proceso canónico, discutir y llegar a una sentencia en el más breve tiempo posible (quamtempum).

La Crimen sollicitationis fue promulgada en 1962 y ha perdido gradualmente validez desde 1983 por la reforma del Derecho Canónico Occidental y, en 1990, del de las Iglesias orientales. Algunos delitos más graves han sido quitados y retomados con la De Delictis Gravioribus de Ratzinger. Entre 1983 y 2001 hubo una especie de vacatio legis [vacío legal, N. del T.] sobre algunas cuestiones en las cuales la autoridad local inglesa y americana, invitada a aplicar el nuevo Código de Derecho Canónico, ha cometido por el contrario una serie de errores también graves y de elecciones autonómas debidas a la diferencia del derecho anglosajón (ver más adelante).

Paradójicamente si se hubiera seguido verdaderamente la Crimen sollicitationis esto no habría sucedido. Se ve también esta aclaración sobre la instrucción misma, y la discusión en Wikipedia.

 

2) En la Crimen sollicitationis se hace más veces referencias al “secretum” del Santo Oficio.

 

 

Falso. Esto es debido a la falta de información sobre la terminología eclesiástica (que algunos suponen malinterpretado de buena fe por al BBC, pero yo no): no es secreto, sino reservado. La Crimen sollicitationis era una instrucción reservada a los obispos. Si yo superior mando una directiva empresarial a ti subordinado no creo que tú vayas a mostrarla a todos los clientes. Obviametne, la metáfora no está adaptada, pero si la Crimen Sollicitationis servía para explicar a los obispos cómo comportarse en los casos descritos en el documento (y de hecho en el documental se ve bien “confidential” y no “top secret”) no veo de qué manera la cosa podrái interesar a los sacerdotes y a los fieles (también porque sería como hacer ver los métodos de acción de la policía a todos, incluidos posibles criminales).

Las instrucciones eran para el clero por el clero, para el desarrollo del proceso. Esta consigna de reserva afectaba sólo a los miembros del clero que son actores en el proceso. Las más de las veces también el presunto sacerdote pedófilo no sabía que estaba bajo proceso.

3) En la renovación de las normas se ha alargado el estado de ley del silencio [omertà] y de encubrimiento de los pedófilos.

 

Falso. Bertone en una entrevista ha reafirmado que “con las antiguas normas se podía hablar de pedofilia si un clérigo tenía un comportamiento delictivo de esta clase con un menor de 16 años. Ahora este límite de edad se ha retrasado a los 18 años. Después por este tipo de delito habíamos prolongado la prescripción a 10 años y habíamos establecido que salte a partir de cumplir los 18 años de la víctima prescindiendo de cuándo haya sufrido el abuso”.

En la misma afirma después: “Había sobre todo en el pasado -pero a veces aún hoy- el riesgo de una negligencia, de una menor atención a la gravedad del problema por parte de las diócesis. Después hay también la necesidad de un mayor enlace entre las Iglesias locales y el centro de la Iglesia universal, de una mayor coordinación, de un comportamiento que sea homogéneo por parte de las Iglesias locales respetando con todo la diversidad de las situaciones y de las personas”.

 

4) Los obispos de EE.UU. pagaban para que no se descubriera el escándalo.

 

Falso. Ya que el derecho anglosajón es completamente distinto, allí es posible un acuerdo entre los abogados para un pacto antes incluso de ir al tribunal, cosa impensable en el dercho latino [sic].

La instrucción Crimen sollecitationis ha sido parcialmente revisada en 2001 por la Congregación para la doctrina de la fe, con la carta De delictis gravioribus, también y precisamente para reducir este tipo de procedimientos.

 

5) Se excomulgaba si se denunciaba a los superiores el caso de pedofilia.

 

Exactamente lo contrario: la excomunión incurre si no se denuncia el caso de pedofilia. El cap. “De inquisizione” recita que tenida la primera denuncia (al autoridad eclesiástica) es obligación instruir la causa (siempre por parte del obispo) en brevísimo tiempo. En el capítulo 18 además: “En verdad el fiel que conscientemente omite la denuncia antes de un mes aquél, del cual ha sido provocado, contra la normal del canon 904 (citado más arriba), incurre en la excomunión latae sententiae (o sea automática) no reservada a nadie (precisamente porque es automática), no debiendo ser absuelto sino después de haber cumplido con su obligación de denuncia o si no ha prometido seriamente que cumplirá” (Can. 2368, § 2).

 

6) Había obligación de secreto y de no denunciar a la justicia civil el caso de pedofilia.

 

Falso. En el vídeo se mantiene que la víctima, el sacerdote incriminado y los testigos están obligados al secreto, o sea después que van ante el tribunal episcopal eran obligados a no decir nada a nadie bajo pena de excomunión. O sea de no poder ir al juez: En realidad, como recita el Par. 11, la orden de secreto bajo pena de excomunión concierne sólo y exclusivamente a las personas que “a título vario entran a formar pate del tribunal o que por la tarea que desempeñan sean admitidos a llegar a conocer los hechos son estrictamente obligados al más estrecho secreto” o sea los jueces o cualquier persona que por el propio trabajo tienen que ver con el proceso canónico.

Luciano Giustini

(original en italiano; traducción mía)

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Bonhoeffer y la Educación para la ciudadanía

Posted by El pescador en 7 agosto 2007

Gregorio Peces-Barba, ex alto comisario para las víctimas del terrorismo, acusa a la Iglesia de desafiar “a las autoridades legítimas, a la Constitución y a la ley” y parece citar sin querer a San Pablo: “Todos deben someterse a las autoridades establecidas. Porque no hay autoridad que no venga de Dios, y las que hay, por Él fueron puestas […]” (Romanos 13,1).

Parece muy claro que el catedrático de la Universidad Carlos III, potenciadora del laicismo en España, tiene razón, la Iglesia, los cristianos hemos de agachar la cabeza y aceptar lo que dice el Gobierno hemos de acatarlo como palabra de Dios que no admite discusión.

Leyendo la noticia me vino al recuerdo el comentario de Dietrich Bonhoeffer a esta cita de San Pablo. Bonhoeffer fue un pastor protestante alemán ahorcado desnudo por los nazis al amanecer del 9 de abril de 1945: “Esta frase la dijo San Pablo a los cristianos, no a las autoridades”, o sea esta cita no significa que las autoridades puedan creerse divinas e investidas por Dios para hacer lo que se les ocurra, ni los cristianos están sujetos a obedecer leyes inmorales e injustas.

La vida misma de Bonhoeffer y su muerte así lo demuestran, como líder de la Iglesia de la Confesión.

En la página web de Profesionales por la ética hay materiales para ejercer el Derecho de objeción de conciencia a esta “asignatura”.

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