El testamento del pescador

El mendigo que confesó a Juan Pablo II

Posted by El pescador en 5 abril 2007

En el día más sacerdotal, el Jueves Santo, traigo esta historia del mendigo que confesó al Papa. Juan Pablo II le devolvió la misión a la que el Señor había llamado a aquel mendigo.

Que esta historia tan emocionante y edificante nos ayude a todos: a los sacerdotes a volver a redescubrir el tesoro que Jesucristo ha puesto en nuestras vasijas de barro (2 Corintios 4,7), a no dejarnos vencer por el desaliento en ninguna de sus formas, y a los demás, creyentes o no, a valorar y apreciar la riqueza del ministerio, la suerte de que nuestra Iglesia tiene a cientos de miles de personas que dedican su vida exclusivamente a Dios y a los hermanos.

He aquí la historia:

Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.

El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, les respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: “una vez sacerdote, sacerdote siempre”. “Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero”, insistió el mendigo. “Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso”, dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.

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3 comentarios to “El mendigo que confesó a Juan Pablo II”

  1. Erika me das lástima que opines así.
    Lo que dijiste sale de tu interior y “De la abundancia en el corazón habla la boca”
    Pobrecita, realmente sos digna de lástima.
    Edgardo.

  2. erika said

    una mierda

    • TODOS COMETEMOS ERRORES , Y TENEMOS DERECHO A UNA NUEVA PORTUNIDAD “EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA.
      CUANTAS PERSONAS EN TODO EL MUNDO , ESTAN ESPERANDO QUE NOSOTROS LES DEMOS UNA OPORTUNIDAD , SIGAMOS EL EJEMPLO DEL PAPA.

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