El testamento del pescador

El Papa sobre las imágenes del Compendio del Catecismo

Posted by El pescador en 30 marzo 2007

Sigo con el artículo de Sandro Magister sobre las imágenes del “Compendio del catecismo”:

La utilización de estas imágenes en la catequesis está muy metida en Joseph Ratzinger. En la introducción al “Compendio” fechada el 20 de marzo de 2005 ha escrito:

También las imágenes son predicación evangélica. Los artistas de todos los tiempos han ofrecido a la contemplación y al asombro de los fieles los hechos sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolos en el esplendor del color y en la perfección de la belleza. Es un indicio, éste, de cómo hoy más que nunca, en la cultura de las imágenes, la imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, desde el momento que es sobremanera eficaz su dinamismo de comunicación y de transimisión del mensaje evangélico.

Igual de explícito ha sido el Papa en el discurso tenido el 28 de junio durante el rito de entrega del nuevo catecismo:

Imágenes y palabra se iluminan recíprocamente. El arte “habla” siempre, al menos implícitamente, de lo divino, de la belleza infinita de Dios, reflejada en el icono por excelencia: Cristo Señor, imagen del Dios invisible. Las imágenes sagradas, con su belleza, son también anuncio evangélico y expresan el esplendor de la verdad católica, mostrando la suprema armonía entre lo bueno y lo bello, entre la “via veritatis” y la “via pulchritudinis”. Mientras dan testimonio de la secular y fecunda tradición del arte cristiano, estimulan a todos, creyentes y no, al descubrimiento y a la contemplación de la fascinación inagotable del misterio de la redención, dando siempre nuevo impulso al siempre vivaz proceso de la inculturación en el tiempo.

Y al día siguiente, 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo, ha aplicado estos enunciados generales a una imagen precisa. En un pasaje de la homilía de la Misa, Benedicto XVI ha reclamado la atención sobre la imagen del principio del “Compendio”, la que da el sello a todo el catecismo. Y la ha explicado así:

Al principio hay un icono de Cristo del siglo XVI [ver imagen que ilustra esta entrada] que se encuentra en el Monte Athos y representa a Cristo en su dignidad de Señor de la tierra, pero también como heraldo del Evangelio, que porta en la mano. Yo soy el que soy, este misterioso nombre de Dios propuesto en la Antigua Alianza, es citado allí como su nombre propio: todo lo que existe viene de Él, Él es la fuente originaria de todo ser. Y porque es único, está también siempre presente, está siempre cercano a nosotros y al mismo tiempo siempre nos precede: como “indicador” sobre el camino de nuestra vida, es más, siendo Él mismo la vida. No se puede leer este libro [el catecismo] como se lee una novela. Hace falta meditarlo con calma en cada una de sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma.

En el Ángelus del domingo siguiente, 3 de julio, en el mensaje desde su ventana sobre la plaza de San Pedro, Benedicto XVI ha vuelto una vez más sobre el “Compendio” del catecismo. Y de nuevo ha subrayado en él la centralidad de Cristo, bien representada desde la primera de sus catorce imágenes.

El “Compendio” […] permite captar la extraordinaria unidad del misterio de Dios, su designio salvífico para la humanidad entera, la centralidad de Jesús, el Hijo unigénito de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen María, muerto y resucitado por nosotros. Presente y actuante en su Iglesia particularmente en los sacramentos, Cristo es el manantial de nuestra fe, el modelo de todo creyente y el maestro de nuestra oración.

En la elección de las imágenes del “Compendio” -elección sobre la cual tuvo un papel determinante como cardenal- Ratzinger ha dado un espacio relevante también a las tradiciones iconográficas de las Iglesias de oriente.

De catorce imágenes, dos pertenecen a la tradición bizantina, una a la armenia, una a la copta.

Y en la Misa de la festividad de San Pedro y San Pablo, cuando dedicó parte de la homilía a ilustrar el icono de Cristo del monte Athos que abre el “Compendio”, estaba presente una delegación de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, enviada por el patriarca ecuménico Bartolomé I y presidida por el metropolita Ioannis.

Un particular atención a las Iglesias de oriente hay también en el apéndice del volumencito. Junto a oraciones e himnos latinos como la “Salve Regina” y el “Te Deum” figuran una oración de tradición bizantina, una copta y una siro-maronita.

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