El testamento del pescador

Hubo un padre sinodal más: Rafael (III)

Posted by El pescador en 9 marzo 2007

(Viene de la entrada anterior)

Pero hay más. La “Disputa” es la primera imagen que uno ve entrando en la Estancia del Sello, pero no es la única. A espaldas del visitante que franquea el umbral por la puerta en el ángulo Noreste, en el sentido original del recorrido, está la “Escuela de Atenas”, pintada sobre la pared de la estancia enfrente de la “Disputa”.

Con este otro fresco se recoge la lógica global del programa sugerido a Rafael.

Las dos paredes principales están de hecho ligadas. “Escuela” y “Disputa” constituyen una única gran imagen en la que el visitante mismo se mueve.

Quien se coloca en medio de la Estancia ve avanzar, desde la profundidad de un aula vastísima aún en construcción -en la “Escuela de Atenas”- figuras nobles entre las cual se reconocen los mayores filósofos de la antigüedad: en el centro Platón, que con la derecha señala el cielo y lleva en la mano izquierda el “Timeo”, y Aristóteles, que hace un gesto hacia el suelo y lleva la “Ética a Nicómaco”. Y después Sócrates, Pitágoras, Heráclito, Diógenes, Euclides, Zoroastro, Tolomeo. Algunos están puestos en grupo y discuten animadamente, otros permanecen solos, enfrascados en sus pensamientos. La asamblea entera parece avanzar hacia el espectador: una impresión generada por pocas figuras pero reforzada por la imponente arquitectura en perspectiva.

En la “Disputa” en la otra parte de la Estancia, Rafael ha creado la impresión opuesta: los personajes a ras de suelo parecen alejarse del espectador, volviéndose al altar en la profundidad del espacio litúrgico definido por el hemiciclo de nubes.

Quien se encuentra en medio de la Estancia tiene por tanto la sensación de formar parte de un movimiento colectivo que empieza en la “Escuela de Atenas” y termina en el altar de la “Disputa”.

La magnífica aula de la “Escuela” tiene pues un carácter arquitectónico específico: parece la nave de una gran iglesia. Tiene de hecho la forma de la nueva Basílica de San Pedro diseñada por el amigo de Rafael, Donato Bramante, e iniciada tres años antes de que la Estancia fuera pintada al fresco, en 1506. Un visitante de la época familiarizado con la vida de la corte pontificia debía conocer ya el proyecto bramantesco, y habría sido capaz por ello de identificar el espacio arquitectónico de la “Escuela” con la proyectada Basílica.

Poniéndose entre los principales frescos de la Estancia del Sello, el visitante renacentista debía por tanto sentirse como en el crucero de la iglesia en construcción, emblemática de la Iglesia universal, a lo largo de cuya nave grandes pensadores del mundo antiguo avanzan hacia el altar colocado en el ábside definitivo de las nubes. Un cultivador del Humanismo podía sentirse partícipe del milenario progreso del espíritu humano: del paganismo greco-romano, a través del presente, hacia la eternidad de Cristo ya atisbada por la fe en el admirable signo ocurrido ante el hombre en la Iglesia, la Eucaristía.

Para el visitante del primer Cinquecento -como también para los los católicos de hoy- aquel pequeño círculo blanco que Rafael aísla en el centro del altar era entonces la llave de todos los misterios de la fe.

El humanista cristiano veía en el pan de Dios no el objeto estático de devoción en que la Eucaristía se había convertido en el pietismo tardo medieval, sino una realidad dinámica de vida de aquella unidad de muchos miembros que es la Iglesia. Donato Acciaiuoli, en un sermón sobre la eucaristía pronunciado en 1468, enumera de hecho como primer beneficio del sacramento la comunión eclesial. Pero insiste también en la fascinación intelectual que el misterio ha ejercido siempre y continúa ejerciendo sobre los hombres. En la “Disputa” de Rafael vemos de hecho no sólo la adoración eucarística -un acto puramente religioso- sino una animada “escuela” de pensadores reagrupados en torno al altar, los cuales se esfuerzan por penetrar en el sentido del misterio. Estos doctores cristianos están igualmente animados en la búsqueda de la verdad como sus predecesores paganos, en la “Escuela de Atenas” de enfrente.

(Continúa en la entrada siguiente).

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