El testamento del pescador

Hubo un padre sinodal más: Rafael (II)

Posted by El pescador en 8 marzo 2007

(Viene de la entrada anterior)

La actualidad de estas referencias como también la inclusión de personajes de la época entre los que están en la base del fresco se insertan no obstante en un contexto que subraya el vínculo con el pasado.

Los personajes de la época representados -por ejemplo Sixto IV, el tío de Julio II, a la derecha de altar, de pie- se mezclan con Padres y Doctores de la Iglesia primitiva y medieval, sin solución de continuidad.

Y la colocación del Espíritu Santo bajo Cristo y directamente sobre la hostia y el altar evoca no sólo la afirmación del Concilio florentino, sino también la antigua fórmula de la epíclesis eucarística en la cual el sacerdote suplica a Dios Padre que envíe el Espíritu Santo santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Además, los cuatro evangelios que emanan de las alas del Espíritu Santo puesto sobre la custodia alude a la indescriptible relación entre la Palabra y el Pan eucarístico, como en la misma Misa, donde la lectura nos orienta hacia la plenitud de las Escrituras: Cristo encarnado y realmente presente en el Sacramento del altar.

Para un visitante de la época del Renacimiento, por consiguiente, la “Disputa” debía sugerir una situación escatológica preanunciada por la liturgia.

También la brillante construcción de la perspectiva, que en la Roma del primer Cinquecento debía despertar admiración, lleva la mirada al altar situado en un espacio delimitado por el hemiciclo de nubes sobre el cual se sientan Cristo y las otras figuras del primer nivel. Este espacio semicircular parece el ábside de una iglesia espiritual, sin muros ni techo, en la cual dos asambleas, cuyos miembros tienen iguales dimensiones y pareja dignidad, contemplan a Cristo. La asamblea terrena lo ve en el misterio eucarístico, sobre el cual ella razona, estando aún buscando el sentido pleno del misterio. La celeste no lo ve más como señal sino como es ahora en la gloria, junto con el Padre y el Espíritu.

De fundamental importancia es también el esquema oculto con el cual Rafael ha compuesto la imagen: la gran cruz constituida por la línea horizontal de los santos, profetas y patriarcas sobre las nubes, y la vertical del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo más la Eucaristía. Esta cruz, como el marco de la visión de gloria, sobre los armarios de libros, sugería que “mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado […] fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1,22-24).

(Continuará en la próxima entrada).

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