El testamento del pescador

Hubo un padre sinodal más: Rafael (I)

Posted by El pescador en 7 marzo 2007

El próximo martes será presentada la Exhortación apostólica post-sinodal sobre la Eucaristía “Sacramentum caritatis”

El documento recoge las propuestas de la asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, celebrado en el Vaticano, en octubre de 2005. El tema era «La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia».

En el aula del Sínodo hubo una reproducción de “La Disputa del Sacramento” de Rafael.

Voy a traducir un artículo del vaticanista Sandro Magister, que reproduce la explicación del P. Timothy Verdon, llamado al sínodo como experto por Benedicto XVI. Verdon es uno de los mayores especialistas del mundo en arte cristiano; nacido en Nueva Jersey en 1946, es sacerdote en Florencia. Se formó como historiador del arte en la Universidad de Yale, vive desde hace 30 años en Italia y dirige la oficina de la archidiócesis de Florencia para la catequesis a través del arte. Es además consultor de la Pontificia Comisión para los bienes culturales de la Iglesia, miembro (fellow) del Centro para los Estudios del Renacimiento de la Universidad de Harvard, docente en la Universidad de Stanford y en la Facultad de Teología de la Italia central.

El el fresco está en los Palacios apostólicos, a pocos pasos de la Capilla Sixtina. Rafael lo pintó en 1509. El Papa Julio II le encargó este trabajo, en la que era la biblioteca de su apartamento para recibir visitas y que después ha tomado el nombre de Estancia del Sello.

La “Disputa”, que ocupa los 7 metros de largo de la pared en la que se encuentra y que está rodeada por un arco, fue el primer fresco pintado en el Vaticano por el artista de Urbino, que entonces tenía 27 años. Y también es el de más denso contenido teológico. Sobre la pared de la misma biblioteca papal enfrente de la “Disputa”, Rafael pintó poco después otro famoso fresco, la “La Escuela de Atenas”.

Ambos frescos y la entera estancia proporcionan una clave de lectura primordial de la fe católica tal como era vista por los humanistas de la corte pontificia, al alba de la Edad Moderna.

Una clave de lectura aún hoy potentemente instructiva, como muestra Timothy Verdon en el texto reproducido abajo.

La “Disputa del Sacramento”, un manifiesto en el que la Iglesia narra su propia historia (por Timothy Verdon)

¿Qué comunicaba a sus contemporáneos esta imagen centrada en la Eucaristía? La agitada asamblea pintada en 1509 por Rafael, cuyo centro es Cristo en gloria que muestra las llagas, suscitaba ante todo el recuerdo iconográfico del juicio universal: el día en el que Cristo vendrá “sobre las nubes y todos lo verán, también aquellos que lo traspasaron, y todas las naciones de la tierra se golpearán el pecho por Él” (Apocalipsis 1,7).

Para la sensibilidad de la época el impacto inmediato, el primer mensaje del fresco tenía un carácter escatológico. Hacía ver claramente la relación entre la Iglesia militante sobre la tierra y la triunfante en el cielo.

En la aparente confusión de la escena, después, más allá de la extraña plataforma de nubes que divide la pared en sentido horizontal, el espectador habría notado el eje vertical, definido por: Dios Padre, en alto; Cristo que muestra las heridas, en medio; el Espíritu Santo en forma de paloma que desciende, en un resplandor de gloria bajo Cristo; y aún más abajo -bajo el altar puesto sobre tres escalones al nivel del pavimento- la hostia eucarística en una custodia.

Así, bajo una primera impresión, genéricamente escatológica, el observador atento habría hecho reflexiones más específicamente teológicas, incluso dogmáticas: una estructura trinitaria central y el sacramento como extensión visible de la vida de las tres personas divinas, objeto de la atención de los personajes dispuestos en torno al altar en bajo.

El eje principal del fresco, desde el grupo trinitario hasta la hostia, parece evocar las conclusiones del concilio ecuménico celebrado en Florencia 70 años antes, cuyo decreto “Laetentur caeli” exalta la presencia real del cuerpo de Cristo en la hostia consagrada después de haber definido como “racional y lícita” la adición del “Filioque” en el Credo [Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre “y del Hijo”]: y Rafael en efecto hace ver al Espíritu Santo que procede el Padre “y del Hijo”.

(Continúa en la entrada siguiente).

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