El testamento del pescador

Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo

Posted by El pescador en 6 enero 2007

Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo (Mateo 2,2) dicen los Sabios de Oriente que llegan a Belén a adorar al Niño Dios. Son extranjeros, no pertenecientes al Pueblo de Dios pero a ellos también Dios ha querido revelarse y mostrarse. Son paganos que anuncian que Dios ha venido a mostrarse a todos los pueblos.

Popularmente conocemos este día como el día de los Reyes (Magos), aunque nada nos dice el Evangelio acerca de su condición regia. La liturgia nos dice que el nombre de esta Solemnidad es la Epifanía, palabra griega que significa literalmente manifestación encima de, o sea la manifestación o revelación de aquel niño nacido en Belén como el Hijo de Dios hecho hombre.

Aquellos sabios de Oriente comprendieron el signo de la estrella por la fe y esa misma fe los guió hasta aquel portal de Belén para adorar al Niño. Dios, que siempre había estado oculto sin ser visto por nadie, se ha manifestado visiblemente y se ha revelado en un niño nacido de una mujer; en ese niño Dios ha manifestado que es la luz del mundo.

Los sabios o magos habían visto una estrella, un signo luminoso en el cielo. Este signo es una señal del Mesías, que la tradición judía siempre vio en Números 24,17: Veo algo en el futuro, diviso algo allá muy lejos: es una estrella que sale de Jacob, un rey que se levanta en Israel; siguiendo esta profecía de Balaam en el siglo II d.C. el caudillo Simón fue reconocido como el Mesías por el rabino Aquila y adoptó el sobrenombre de Bar Koshba (el hijo de la estrella) e inició la Segunda guerra judía contra Roma.

La estrella es luminosa, es brillante, tiene luz. Por eso los magos son guiados por esa luz hasta Belén, por la luz de Jesús, que en numerosas ocasiones se define a sí mismo y es definido como la luz en la obra de San Juan evangelista: Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas, y también Dios es luz, en Él no hay tiniebla alguna. Esta luz, la luz de la fe es la que atrae a los magos.

A los pocos días de esta fiesta de la Epifanía celebramos la otra epifanía o revelación pública de Jesús: su bautismo. Entre ambos acontecimientos de su vida mortal está la vida oculta en Nazaret. Ambos acontecimientos que la liturgia celebra seguidamente son las dos manifestaciones públicas de Jesús al mundo, pues en la Epifanía se reveló que aquel niño nacido en Belén era el Rey de los judíos y el Salvador para todos los pueblos, y en su Bautismo Jesucristo, ante el pueblo de Israel que esperaba al Mesías siguiendo la predicación de San Juan Bautista, fue ungido con el Espíritu Santo como el Mesías Hijo de Dios (de esto hablaré en otra entrada mañana).

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