El testamento del pescador

Shusaku Endo, un escritor católico en el país del sol naciente

Posted by El pescador en 16 diciembre 2006

Habréis notado que en la sección Mis libros de la barra lateral hay bastantes de un tal Shusaku Endo, al que seguramente no conocéis ni de oídas. Por eso hoy quiero presentaros a este escritor japonés católico al que prácticamente nadie conoce aquí, Shusaku Endo (1923-29/IX/96). Aparte de leer esta entrada os recomiendo este artículo de Justo Amado en Alfa y Omega 39 publicada el 5-X-1996.

Pero su obra es sumamente interesante por los temas que trata, entre los cuales yo quiero destacar (y no son los únicos) la Iglesia en Japón, las relaciones entre Oriente y Occidente y el sacerdote caído. Por eso, este año en que celebramos el V Centenario del evangelizador del Japón, San Francisco Javier, es un buen momento para conocer a este escritor católico y japonés, del que además se han cumplido ahora 10 años de su muerte.

Shusaku Endo nació en Tokio en marzo de 1923 y pasó en Manchuria, China. Regresó al Japón a los 10 años de edad con su madre cuando sus padres se divorciaron. Allí se bautizó a los 11 años con su madre.

Ella sentía el rechazo de la sociedad por ser una mujer divorciada y encontró el consuelo de la fe cristiana a través de su hermana. También se bautizó nuestro autor. Él comparó su bautismo como un traje que no le sentaba bien, y que tuvo que ir adaptando a su cultura y mentalidad oriental.

En el Japón de los años 30, los cristianos eran el 1% de la población, y Endo se sentía extraño porque el cristianismo era visto como una religión occidental. Por eso veía Occidente como su hogar espiritual. Después de la II Guerra Mundial, fue a estudiar a Francia literatura francesa y allí se familiarizó con los grandes escritores católicos de ese país como François Mauriac y Georges Bernanos. Pero en Francia tampoco se sintió bienvenido, esta vez por la raza, pues los Aliados habían desarrollado una amplia propaganda anti japonesa durante la guerra.

Durante los tres años de su estancia en Francia, Endo cayó en una depresión. Para empeorar aún más las cosas, contrajo tuberculosis, le extirparon un pulmón y estuvo mucho tiempo en hospitales.

Al final, concluyó que la fe cristiana lo había hecho enfermar. Rechazado en su patria de origen, rechazado en su patria espiritual de Occidente, le vino una grave crisis de fe. Antes de volver a Japón, visitó Tierra Santa para conocer la vida de Jesús, y allí hizo un descubrimiento sorprendente para él: Jesús también fue rechazado. Sus vecinos se rieron de Él, su familia se cuestión su salud mental, sus más estrechos amigos lo traicionaron, y sus compatriotas lo entregaron como un vulgar criminal. A lo largo de su ministerio, Jesús se acercó adrede al pobre y al rechazado: tocó a los leprosos, comió con los pecadores, perdonó ladrones, adúlteros y prostitutas.

Esta nueva percepción de Jesús golpea a Endo con la fuerza de una revelación. Desde la ventajosa posición lejana del Japón había visto el cristianismo como la constantiniana, triunfante. Había estudiado el Sacro Imperio Romano y las brillantes Cruzadas, había admirado las fotos de las grandes catedrales de Europa, había soñado con vivir en una nación donde ser cristiano no fuera una deshonra. Ahora, cuando estudió la Biblia, vio que el mismo Cristo no había evitado “la des-honra”.

Jesús era el Siervo sufriente, tal como era representado por Isaías: Despreciado y rechazado por los hombres, un hombre de penas, y acostumbrado a los sufrimientos. Como uno de quien los hombres se apartan. Si alguien podía, seguramente era este Jesús quien podía entender el rechazo por el que atravesaba Endo.

Endo volvió a Japón con la fe intacta, aun sintiendo la necesidad de rehacerla para formar un traje que le sentara bien. El cristianismo, para ser efectivo en Japón, debe cambiar, decidió. Se hizo novelista, de hecho, para poner por escrito estas cuestiones. Un hombre flaco, enfermo, que llevaba gafas con cristales gordos, en el borde de la sociedad, se deslizó fácilmente dentro de la vida libresca de un escritor. Empezó a sacar novelas a razón de una por año y su paso no ha ido más despacio desde mediados de los años 50.

Irónicamente su idea de minar los cimientos del rechazo y alienación del cristianismo llevaron a Endo al éxito y a la aclamación. Se convirtió en el escritor vivo más conocido, sus libros traducidos a más de 25 idiomas, su nombre muchas veces sonó como candidato al Premio Nobel de Literatura. Graham Greene lo llamó “uno de los más finos novelistas vivos”. Luminarias como John Updike, Annie Dillard y Yukio Mishima se unieron al coro de alabanzas. Fue algo así como un héroe cultural en Japón, prominente en periódicos y revistas, y durante un tiempo hasta tuvo un programa de entrevistas en TV.

Una de las paradojas no menos importantes que rodean a Endo es que ningún novelista importante hoy trabaja tan desvergonzadamente y exclusivamente con temas abiertamente cristianos. Los cristianos en Japón aún no exceden del 1% de la población, lo que hace aún más increíble que los libros de Endo aterrizen en la lista de los más vendidos. Dentro de Japón ayudó a un gran número de escritores e intelectuales a encontrar su camino dentro de la Iglesia. Fuera del Japón ha derramado una nueva luz sobre la fe – a la vez una luz reveladora potente que expone ángulos mucho tiempo ocultos y una luz que borra suavemente oscuras sombras-.

Desde el principio Endo quiso mostrar las diferencias entre las maneras de ver el mundo de Oriente y Occidente. Por ejemplo, él había sido formado en la literatura católica occidental, que supone un Ser creador distinto de lo creado. El japonés, sin embargo, no creía en tal Ser supremo, por lo cual los temas profundos de Dios, pecado, culpa y la crisis moral -el centro de mucha literatura occidental- tenía poca importancia para el lector medio japonés. Hablo a continuación de algunas obras interesantes por el tema y dónde podéis encontrarlas:

  • Silencio, El país de oro y Los últimos mártires: Estas tres obras tratan sobre la persecución a que fue sometida la Iglesia en Japón desde el siglo XVI hasta el XIX (la más larga y cruel persecución contra los cristianos). Silencio es su novela más famosa e importante y junto con Los últimos mártires (un relato corto) trata del silencio de Dios cuando tenemos dificultades y las torturas que tuvieron que soportar los mártires japoneses. El país de oro es una obra de teatro.
  • Sombras, Hombre amarillo/hombre blanco, Volcán y también Silencio tratan sobre la crisis del sacerdote.
  • Japoneses en Varsovia, El samurai y Estudios en el extranjero muestran las relaciones de Oriente y Occidente a través de relatos históricos. En el primero unos japoneses de visita en Polonia conocen a San Maximiliano Mª Kolbe (el mártir de la caridad en Auschwitz) gracias a que los polacos les hablan de él ya que son japoneses y el santo fue misionero allí. Los otros dos son novelas históricas ambientadas en distintas épocas para mostrar desde la óptica japonesa la impresión que causó Occidente en los japoneses que vinieron a Europa desde el siglo XVI.
  • Finalmente, para que conozcáis algo de la Iglesia en Japón y los kakure, los cristianos que sobrevivieron a la persecución y que conservan las oraciones aprendidas de los primeros misioneros, pero que debido al aislamiento y a la ausencia de pastores por la persecución, hoy son oraciones ininteligilibles y sus creencias mezclan el cristianismo con el budismo y creencias japonesas; ellos se consideran a sí mismos los cristianos auténticos y no tienen interés en unirse a la Iglesia católica oficial.
  • El tonto maravilloso: una versión de El idiota de Dostoievski, en que la candidez del protagonista es vista por muchos como idiotez, todo ello como un trasunto de Jesucristo.

En definitiva, la fe es el centro y el motivo principal de su obra, como decía Justo Amado en la noticia de su muerte (Alfa y Omega 39 5-X-1996):

La obra de este hombre nos puede dejar perplejos. Nos hemos acostumbrado a ser católicos, y el oír hablar de un escritor católico nos puede hacer pensar que estamos delante de un compositor de catecismos o de un hombre que simplemente no pone las típicas escenas picantes en cada novela. No, Shusaku Endo es un escritor católico en el sentido más pleno de la palabra. La fe es tema en sus novelas y es también luz de sus juicios. Una piedra donde podrían tropezar muchos autores españoles «cansados de la moral cristiana».

No sé si se me queda algo en el tintero; si tenéis más curiosidad por este autor escribidme a mi correo (que aparece en el Perfil). Lamentablemente sólo dos obras suyas están traducidas al español: Silencio y El samurai. Podéis encontrarlas en la Editorial Edhasa, y si no están ya en librerías en la web de libros de viejo http://www.iberlibro.com o http://www.uniliber.com. Sus obras traducidas al inglés y al francés (algunas) están en http://www.amazon.co.uk y http://www.amazon.fr

 

 

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5 comentarios to “Shusaku Endo, un escritor católico en el país del sol naciente”

  1. […] Papa explica la parábola d…SAMUEL JUAREZ on Símbolos cristianosJaponeses en Varsovi… on Shusaku Endo, un escritor cat…¿Qué tengo yo que … on Mensaje del Papa para la Cuare…Errores y falsedades… on Errores y […]

  2. […] homosexualidad es un tras…Roberto on Diálogo de carmelitas: El mar…«Yo fui proclamado … on Shusaku Endo, un escritor cat…alfredo jimenez on Dios en la cumbre del universo…Anonymous on Pistas para una buena […]

  3. […] por Alfa y Omega en octubre de 1996, en el mismo número en que se dio la noticia de la muerte de Endo Shusaku, escritor católico de Japón que murió el […]

  4. Endo también trató el tema de los mártires que no renegaron; en la entrada del 6 de febrero hablaba de eso, en su relato corto “Los últimos mártires” aparece el cobarde que reniega (como Kichijiro en “Silencio”) pero luego vuelve a compartir la suerte de sus compañeros que no ceden (no recuerdo ahora si Kichijiro vuelve al final). Es un relato anterior a “Silencio” y aparece también el tema del silencio de Dios.

    A “Silencio” también aludí en la entrada titulada así el 9 de noviembre pasado; ahí Endo explicaba su visión de Jesucristo como el que comprende la debilidad humana porque ha venido a sufrir: “¡Pisotea! ¡Pisotea! Yo más que nadie conozco el dolor en tu pie. ¡Pisotea! Yo nací en este mundo para ser pisoteado por los hombres. Yo cargué mi cruz para compartir el dolor de los hombres”, dice en la obra; es un buen resumen de la cristología de Endo, que tiene en cuenta la mentalidad budista que es sensible a quien sufre con nosotros, según dice Endo en la entrada del 17 de diciembre sobre su “Vida de Jesús”. Como contaba en la entrada del 6 de febrero, Endo se preguntaba mirando el fumie si él hubiera sido capaz de aguantar las torturas sin renegar.

    Por eso yo no creo que Endo quisiera hacer apología del desánimo, sino que él siempre estuvo inquieto por saber si habría podido resistir. En Razón y fe 831 (1967) 371-394 el P. Diego Pacheco, S.I. tiene una dura crítica (“El sacerdote caído en la obra de Endo Shusaku”) contra “Silencio” y viene a decir que también hubo muchos misioneros que murieron por su fe.

    Yo creo que hay que ver este tema en el conjunto de su obra (incluyendo los relatos cortos, donde aparece la heroicidad de los mártires). Te sugiero que teclees en el buscador del blog la palabra Shusaku para que leas las 4 entradas que le dediqué a este autor y su obra.

    Sobre “San Manuel Bueno, mártir” tengo otra entrada en la bitácora el 10 de noviembre. San Manuel Bueno quiso asumir sobre él como chivo expiatorio las dudas de fe, y consideraba la religión como un opio para que la gente no sufriera. Él también quiere asumir el sufrimiento sobre sí mismo,es comprensivo como el Jesucristo de Endo de la debilidad humana: aquel porque los hombres no pueden soportar esta vida sin el consuelo de la fe, éste porque ha pasado porque ha venido a sufrir.

    Por cierto, la traducción de “Silencio” que publicó PPC a mediados de los 90 (año 95 ó 96) tiene un fallo de traducción al final, en el último párrafo que hace que no se entienda al omitir el sujeto de la frase.

  5. José Ramón Altuna said

    He leido sólo Silencio. Me pareció muy interesante pero terrible. Me pareció un desánimo para la fe. Cuando le pregunté una vez a un sacerdote japonés qué opinaba del libro me dijo: a nosotros qué sabemos lo que sufrieron nuestros antepasados para mantener la fe y la fe d elos mártires no nos gusta esta justificación del desánimo, de la apostasía por miedo.
    No digo que no se pueda comprender: ¿quién de nosotros puede asegurar que no claudicaría?
    ¿Pero hay que contar eso? ¿Hace bien?
    Hay que cuidar el desánimo y decirselo al confesor o a l director espiritual pero no hacer apología. Me recuerda aquel cartel: Estamos trabajando duro aquí, no traiga desánimo,etc…
    La esperanza es un regalo que hay que cuidar.
    Esto me hizo pensar en San Manuel Bueno Mártir de Unamuno.
    Desde luego si existiese Manuel Bueno Martir sería santo porque no contaba a nadie su desánimo. Pero el que no es santo es Unamuno que nos chivó el desánimo de Manuel Bueno que además no existió…
    No sé qué pensáis. Un saludo:

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