El testamento del pescador

El Estado aconfesional y el Estado laico: el huevo y la castaña

Posted by El pescador en 9 diciembre 2006

Hace unos días el PSOE sacó su manifiesto sobre laicidad y Constitución, y enlazaba la que tenemos desde 1978 con la republicana de 1931 para fundamentar el laicismo excluyente que quieren hacernos tragar empezando como siempre por el fundamento de la sociedad, la Educación.

Por eso hoy quiero mostraros cómo las dos constituciones, la del 78 y la del 31 se parecen lo mismo que un huevo y una castaña en el asunto religioso. Porque las del 78 afirma la separación del Estado y la Iglesia, como la del 31, pero dice la que tenemos hoy en día que el Estado es aconfesional, o sea no tiene religión oficial pero reconoce la importancia de la religión en nuestro país, y especialmente de la católica:

 

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones (Artículo 17.3).

Aquí no se habla de privilegios ni oficialidades, sino que es un reconocimiento de la presencia de la religión, y de la Iglesia católica en primer lugar, en la sociedad española, todo ello sin que el Estado reconozca como oficial o propia ninguna religión.

La de 1931 no hablaba nada de cooperación, sino todo lo contrario, como demostró la práctica: empezando por suprimir y expulsar a los Jesuitas y por consiguiente sus centros de enseñanza (entre ellos, lo que podría asemejarse a la única Facultad de Economía, en Deusto), y así al mes de empezar el nuevo régimen republicano ya empezaban a arder iglesias y conventos, con la consiguiente barbarie de destruir obras de arte que no se podían recuperar. Porque la constitución republicana era anticlerical y anticristiana.

Esto es lo que el PSOE entiende por laicidad, según su manifiesto: la exclusión de una parte importante de la sociedad por sus creencias, o que se olviden de ellas si quieren ser buenos ciudadanos.

Voy a incluir en esta entrada un artículo del P. Vicente Cárcel, historiador, sobre la labor del nuncio Tedeschini ante el Gobierno republicano, como ejemplo de la laicidad de la II República española, que según el PSOE, volvió con la Constitución de 1978, pero da la casualidad de que hasta 28 años después nadie lo había advertido, sólo ellos, ya que la de 1978 es una constitución aconfesional, no laicista:

Vicente Cárcel Ortí – Historiador

Fuente: ECCLESIA

Nombrado nuncio apostólico en España en la primavera de 1921 por Benedicto XV, Federico Tedeschini llegó a Madrid en el otoño del mismo año y permaneció en la capital de España hasta el 11 de junio de 1936. Su misión diplomática duró casi 16 años y fue la más larga de un representante pontificio en España en la época contemporánea.

El impacto que le produjo la Segunda Republica quedó ampliamente reflejado el despacho que envió al cardenal Pacelli pocos días después de producirse su proclamación fraudulenta, sin haber ganado unas elecciones políticas y habiendo perdido las administrativas. Desde ese momento, y durante cinco años ininterrumpidos, desarrolló Tedeschini una actividad diplomática sin precedentes en la historia de las relaciones diplomáticas entre España y la Santa Sede porque puede decirse que, casi cada día, tuvo que afrontar un problema nuevo, grave y complejo. Y, sobre todo, tuvo que dialogar con una serie de presidentes de Gobierno y ministros, todos ellos polfticamente de izquierdas, algunos muy radicales en sus planteamientos ideológicos y en su declarado anticlericalismo y fanatismo antirreligioso. Tedeschini supo mantener buenas relaciones con todos ellos, incluso con algunos, éstas fueron más cordiales. Lo demuestra el tono de sus cartas personales y las informaciones que periódicamente enviaba al cardenal Pacelli, secretario de Estado, y amigo suyo, con el que tuvo siempre tanta confianza, que le trataba de tu en privado y le revelaba hechos y detalles que no constan en los despachos diplomáticos oficiales.

El 12 de diciembre de 1931 tomó posesión el nuevo Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, elegido pocos días antes y se planteó el problema del decano del Cuerpo Diplomático—que correspondía por tradición antiquísima al nuncio—, porque la República no le reconocía este privilegio al representante pontificio, según un pintoresca interpretación del laicismo republicano. Dado que el nuncio era un eclesiástico y el decanato del Cuerpo Diplomático era un privilegio que las monarquías, desde antaño, habían otorgado al representante pontificio, el Gobierno republicano encargó el discurso oficial de saludo al nuevo presidente al embajador más antiguo en el cargo que era el barón de Borchgrave, de Bélgica. Según el Gobierno, tras la promulgación de la Constitución, que sancionaba la separación Iglesia-Estado, al nuncio se le negaba el decanato diplomático y esto fue interpretado por la Santa Sede como una nueva ofensa contra ella, pero, antes de protestar, pidió explicaciones para saber a qué atenerse.

Una circunstancia personal que afectó al embajador belga resolvió, de momento, el problema, ya que se hallaba enfermo e imposibilitado para salir de casa. El mismo barón comunicó este contratiempo a Tedeschini, que era el segundo representante diplomático en antigüedad residente en Madrid, y le dijo que le correspondía a él hacer el discurso de saludo al nuevo presidente. Ante esta delicada situación. La Secretaría de Estado le dijo que imitara el ejemplo de cuanto Pío Xl había hecho en Polonia, cuando fue nuncio en aquel país, es decir presentar, como decano, al Cuerpo Diplomático, deseándole al presidente que pudiera ejercer su misión por el bien de todos los ciudadanos, y evitando palabras que pudieran interpretarse como homenajes personales. El incidente quedó resuelto favorable-mente para el nuncio, gracias a la intervención personal del ministro de Estado, Alejandro Lerroux, que reconoció el decanato de Tedeschini, quien siguió participando en los actos oficiales.

Negado el oratorio privado

Alcalá Zamora comunicó oficialmente al Papa su elección presidencial y Pío XI le respondió con una carta en latín. Tedeschini mantuvo buena relación con él, aunque no siempre pudo complacerle en lo que pedía, por ejemplo cuando solicitó la concesión de oratorio privado para poder asistir a la santa misa en privado él y su esposa. Desde Roma se prefirió esperar tiempos mejores, ya que la grave situación religiosa de España desaconsejaba la concesión de este privilegio pontificio a un presidente de República que sancionada con su firma leyes contra la Iglesia y los católicos.

La expulsión del cardenal Segura y del obispo Múgica, de Vitoria; los incendios de iglesias y conventos en mayo de 1931 y la intensa legislación anticlerical de las primeras semanas de la República fueron los temas principales que acapararon la atención de Tedeschini. A todos ellos tuvo que hacer frente con notas verbales o escritos de protesta, con memoriales y con cartas oficiales o personales dirigidas al presidente de la República y a los ministros de Estado, Gobernación o Justicia, según lo exigiese cada caso concreto. También tuvo que soportar respuestas a algunas de estas notas —no a todas, porgue el Gobierno no siempre le contesto como debía—, en las que no faltaban falsedades, exageraciones e incluso insolencias y provocaciones.

Durante los años sucesivos, otros te mas no menos conflictivos centraron la actividad del nuncio: la supresión de la dotación estatal para el Culto y el Clero, la elaboración y aprobación de la nueva Constitución, la legislación sobre matrimonio y familia, enseñanza y cementerios; en 1932 la disolución de la Compañía de Jesús y la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas; en 1934 la negociación de un Modus vivendi, que no llegó a concluirse por decisión personal de Pío XI, y otras materias.

Creado cardenal en el consistorio del 16 de diciembre de 1935, Tedeschini siguió al frente de la Nunciatura con el título de pronuncio hasta el final de la primavera del año siguiente. Durante los últimos meses de su estancia en España tuvo que presentar diversas notas de protesta contra los atentados perpetrados a iglesias y lugares sagrados.

Inauditos atropellos

El 14 de marzo de 1936 dirigió a Manuel Azaña, presidente del Consejo de Ministros y ministro de Estado accidental, un extenso escrito en el que dijo: «A raíz de los desmanes ocurridos en la provincia de Alicante, tuve el honor de visitarle para expresarle el sentimiento de esta Representación Pontificia por los incendios y saqueos perpetrados en aquella provincia contra tantos templos y edificios religiosos. VE. me manifestó entonces que lo ocurrido se debía a falta de enlace entre las Autoridades de la situación anterior y las de la presente, de cuya falta se habían aprovechado los facinerosos para cometer aquellos desmanes, pero que desde entonces el orden sería mantenido y respetado. Estas explicaciones hacían concebir la esperanza de que una vez constituidos y asentados el nuevo Gobierno y las respectivas Autoridades locales, y dueños éstos de todos los resortes, ningún atentado se repetirla».

Mas lo triste y doloroso es que los deplorados excesos, no sólo se han repetido, sino aun agravado, en diversos puntos de España, especialmente en la ciudad de Cadiz, donde a ciencia y paciencia de las autoridades se han consumado inauditos atropellos contra la casi totalidad de los edificios religiosos y contra la misma residencia episcopal.»No quiero mencionar todos los lugares de España a los que se ha extendido esta ola devastadora: ni menos aún quiero hablar de cuanto sucedió anoche en esta misma capital, donde las céntricas iglesias de San Luis y de San Ignacio han sido pasto de las llamas. Son estos, no ya indicios, sino más que abundantes pruebas de que los sacrílegos agravios, lejos de cortarse, como prometió el Gobierno, continúan y aumentan cada día, con inmenso daño de la Iglesia y con indescriptible agitación de las conciencias.

«Movida por tan graves hechos, esta Nunciatura se ve obligada a presentar ante el Gobierno de la República, juntamente con su duelo más intenso por el pesar de la Iglesia y por el de España, su más dolorida protesta, en nombre de la Santa Sede, al mismo tiempo que espera y confía que el Gobierno de la República adopte lo más pronto posible todas las medidas necesarias para evitar semejantes atropellos, que tanto hieren los sentimientos religiosos de la mayoría del pueblo español y tan grave quebrando infieren al nombre, al prestigio y al Tesoro Artístico de España».

Por aquellos fechas se desató una violenta campaña de los periódicos de izquierda contra las derechas por los incendios de las iglesias, que Tedeschini denunció en un despacho en castellano, dirigido a Pacelli, con estas palabras:«Creo oportuno dar cuenta a VE. de una característica verdaderamente dolorosa de la presente persecución contra la Iglesia en España, y es que por casi toda la prensa izquierdista y por algunos sectores y representantes del llamado Frente Popular se está desarrollando una violenta campaña en el sentido de cargar la culpa de todo lo ocurrido a las provocaciones de las derechas y aun a la intervención directa de ellas, llamándose fascistas todos los que tengan aspecto de catolicismo, queriendo presentar de este modo a las izquierdas como víctimas de los que en realidad han padecido el daño y estrago. El adjunto impreso refleja algo del espíritu e intervenciones de esta infame campaña».Como continuaban produciéndose graves delitos cometidos y dejados cometer contra las personas y cosas de la Iglesia cada día con mayor intensidad, preparó Tedeschini una nueva protesta dirigida al nuevo ministro de Estado, Augusto Barcia, pero antes de entregarla consultó al cardenal Pacelli, quien le respondió diciendo que, aunque la nota decía la verdad, sin embargo, era prudente suavizarla un poco, habida cuenta de la susceptibilidad del Gobierno y de la gravedad de la situación española.

Tedeschini se despidió del presidente de la República, Manuel Azaña, y del ministro de Estado el 2 de junio de 1936. Salió de Madrid en tren la noche del 11 y llegó a la Estación Termini de Roma el sábado 13, a las 24 horas, procedente de Ginebra. Cinco semanas más tarde comenzó la mayor tragedia de la historia española y, con ella, una persecución religiosa sin precedentes.

Tedeschini firmó más de 8.000 documentos, en su mayoría despachos, memoriales, notas diplomáticas, circulares a obispos, además de centenares de cartas de correspondencia menor y telegramas cifrados a la Secretaría de Estado.

(Toda esta documentación inédita será publicada en la obra que preparo sobre La Santa Sede, la Segunda República y la Guerra Civil. Documentos vaticanos de 1931 a 1939).

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Una respuesta to “El Estado aconfesional y el Estado laico: el huevo y la castaña”

  1. Anónimo said

    un comentario? para qué? Si he llegado aquí sin querer …

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