El testamento del pescador

Silencio

Posted by El pescador en 9 noviembre 2006

Realmente es hermosa y evocadora esta palabra, pero hoy hay muchas personas que no entienden la utilidad y belleza del silencio, y por extensión de la soledad. Realmente tenemos pánico a la soledad y al silencio, como si fueran algo triste y destructivo, algo devorador; por eso necesitan estar con alguien, hablando siempre, acompañados o incluso con una sensación de compañía, como poner la radio o la tele aunque no le hagan caso: el caso es evitar el silencio.

 

Otra cosa que ocurre hoy en día es que hablamos a voces, no sabemos escuchar (y eso que sólo tenemos una boca y dos orejas, con lo cual deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos). Y es que para escuchar también hay que estar en silencio, pero creo que todo esto es escaso hoy en día: el silencio, la soledad y el pensar.

Una vez le conté a alguien que había estado haciendo Ejercicios espirituales y que éstos consistían en el silencio y la oración, esa persona se asombraba y su reacción fue decir que él no sería capaz de estar tanto tiempo callado.

Me alegra que haya salido al cine la película “El gran silencio”, pues con ella podemos comprender el gran valor del silencio de la mano de los monjes cartujos, que siguiendo el ejemplo de San Bruno viven en silencio y soledad durante la semana, y se reúnen en comunidad los domingos y pasean juntos durante cuatro horas los lunes. En esta película no hay ningún diálogo, sólo se habla cuando los monjes cantan en la iglesia.


Pero es que sólo en el silencio y la soledad se puede escuchar a Dios. El mismo Jesús nos dio ejemplo, cuando nos cuenta el Evangelio que se retiraba a un lugar solitario para orar (cfr. Mc 1,35; 6,46; Mt 14,23; Lc 5,16; 6,12): estaba con la gente, predicaba, curaba enfermos, discutía con los fariseos o saduceos, pero luego se retiraba a orar a solas (en el momento decisivo de su vida, la víspera de su Pasión, se retiró al huerto de Getsemaní (Mt 26,36-46; Mc 14,32-42; Lc 22,39-46) para orar a su Padre. Esa es la paradoja: Dios se nos comunica, nos habla en la oración, y ésta necesita soledad y silencio. Eso fue lo que descubrieron también los primeros monjes y anacoretas, que se retiraron al desierto egipcio para tener una experiencia más auténtica y profunda de Dios (empezando por San Antonio abad; un caso curioso fue San Simón -o Simeón- Estilita -del griego stilos=columna- que se pasó 37 años subido a lo alto de una columna para que la gente no lo molestara, así inauguró un tipo de vida anacoreta, aunque también predicaba desde allí y aconsejaba a la gente: ).

 

El exponente máximo de la vida eremítica pero a la vez en comunidad es San Bruno,fundador de la Orden de la Cartuja. Ahora acaba de salir al cine la película “El gran silencio”, en la que nadie habla, sólo se canta. Es un exponente magnífico del valor del silencio. Desde que soy profesor les digo a mis alumnos, cuando veo que están hablando demasiado, que los voy a llevar a una Cartuja (a ver si aprenden el valor del silencio).

Hoy parece que hay una crisis de la presencia de Dios en el mundo, porque no nos gustan la soledad ni el silencio: tenemos miedo a estar solos, quizá porque en la soledad Dios se nos puede manifestar y nosotros nos encontramos con nuestra más íntima intimidad (Tú eras más íntimo que mi intimidad, San Agustín de Hipona Confesiones III,11).

Pero el problema viene cuando en medio de las dificultades y de los problemas Dios parece quedar en silencio. Este es el título de la novela más famosa de Shusaku Endo, Silencio. Endo es un escritor católico japonés y en esta novela trata de unos jesuitas que desembarcan en Japón el siglo XVII durante la persecución que duró hasta mediados del siglo XIX. El autor explica en una entrevista el sentido del silencio de Dios en medio de la persecución y de la prueba:

Como el título da a entender, el tema del silencio impregna la novela. Más de 100 veces Rodrigues [el jesuita protagonista] ve la cara evocativa de Jesús, una cara que él ama y sirve; pero la cara nunca habla. Permanece silenciosa cuando el sacerdote está encadenado a un árbol para ver morir a los cristianos, silenciosa cuando él pide consejos sobre si entregar el fumie [estampa religiosa] para dejarlos en libertad, y silenciosa cuando reza en la celda por la noche.

Endo después se quejó de que Silencio fue interpretado mal a causa de su título. “La gente supone que Dios estaba silencioso”, dijo, “cuando de hecho Dios habla en la novela. Aquí está la escena decisiva cuando el silencio se rompe, en el auténtico momento en que Rodrigues contempla el fumie:

Es sólo una formalidad. ¿Qué importa una formalidad?” El intérprete le anima con entusiasmo. “Lleva a cabo sólo la forma exterior del pisotear”.

El sacerdote alza su pie. En él siente un dolor sordo, pesado. Esto no es una mera formalidad. Pisará ahora lo que ha considerado la cosa más hermosa en su vida, lo que ha considerado más puro, lo que está lleno de los ideales y los sueños de hombre. ¡Cómo duele su pie! Y entonces el Cristo en bronce habla al sacerdote: ¡Pisotea! ¡Pisotea! Yo más que nadie conozco el dolor en tu pie. ¡Pisotea! Yo nací en este mundo para ser pisoteado por los hombres. Yo cargué mi cruz para compartir el dolor de los hombres”.

El sacerdote puso su pie en el fumie. La aurora rompió. Y lejos en la distancia el gallo cantó”.

El padre Rodrigues ve a Cristo más de 100 veces, pero en silencio, no le habla ni cuando está en dificultades. Y ahí está el problema: no pasa nada mientras no hay dificultades. El jesuita ha ido al Japón movido por el ánimo de servir a Cristo, a un Cristo triunfante; pero ¿qué pasa cuando viene la pasión y el sufrimiento? Cristo sólo habla en el momento culminante de la decisión de apostatar, y anima al jesuita a hacerlo, se muestra como el Siervo sufriente. Y nosotros debemos recordar, frente al Dios glorioso y triunfante, que Cristo tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos (Cfr. Filipenses 2,6-11).

Algo parecido podemos recordar del silencio de Dios en la Pasión de Cristo, los momentos de máxima soledad en su vida. En Getsemaní Cristo está angustiado pero en la oración comprende que debe cumplir la voluntad de su Padre.

El silencio de Dios se hace presente en las dificultades y en los problemas, que se trasladan a nuestra oración, cuando Dios parece permanecer callado. Por eso Jesús nos enseña en la parábola del amigo inoportuno (Lucas 11) cómo tenemos que orar con insistencia, pero eso lo dejo para otra entrada.

Anuncios

Una respuesta to “Silencio”

  1. MARIA said

    Tienes razón es justo en el silencio donde se escucha a Dios, si se hace con esa intención, y razón absoluta cuando dices que los hombres(genero humano) temen al solencio y le huyen rotundamente, porque no saben que este silencio no es de estar sólos propiamete, sino en compañia sólo de Dios, para escuchar y dialogar (dialogo intercambio que es de dos), la soledad que la gente teme es el vacío real y efectivamente. Endo me parece que ganadose el lugar de mi escritor favorito.

    En pocas palabras me gusto el articulo, se sabe de lo que se habla, gracias por ello me ayudo, y lo compartire con mis conocidos.

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: