El testamento del pescador

¿Por qué?

Posted by El pescador en 25 junio 2006

Hace poco escuché esta canción titulada “Por qué” de un cantante llamado Sergio Contreras, de su disco “El espejo”. Es un estilo que se llama regeton-pop (o algo así). El caso es que me llamó la atención la letra: las canciones son también letra, no sólo música, y la letra es muy importante también, y es muy interesante analizar las letras.

Yo quiero analizar la letra de esta canción. Primero la copio:

No quiero negarlo
Sin que antes bien lo haya pensado
Pero es que cada dia que pasa
Es una nueva prueba
De que eres ficción,
No existes y nunca has existido
Dime dios donde te metes
Cuando te llama tu hijo.
No quiero crear polemicas
Entre iglesia y poblado
Solo necesito respuesta
Para esta vida nueva
De que existes dios, existes,
Y siempre has existido,
Dime dios que estaras
Si te reclama tu hijo.

Fui creyente de siempre
Pero entre las propias personas
Y lo que pasa en el mundo
Voy dejando de creer poco a poco…
Esperando una respuesta
Algun logro. (2)

¿por qué?
Si existes dios
Dejas que haya pobreza
¿por qué?
Son los que menos tienen
Los que mueren
¿por qué?
Mueren niños y no intervienes
¿por qué?
Don’t cry, close your eyes. (2)

Haz que paren
Los que roban a personas de bien
Haz que paren
Los que trafican y matan juventud
Haz que mueran los que asesinan
¡hazlo tu!
Haz que pare la tierra
Y gire de color azul
Dime ¿por qué los que mas tienen
Siempre quieren mas?
¿por qué millones de personas
Mueren de hambre sin mas?
¿por qué el estrecho
Se convierte en cementerio?
Y ¿por qué mueren niños de hambre?
¡en serio!
Dime por que
Si dicen que existes y nos proteges
Secuestran, violan y asesinan
A niños pequeños
¿por qué los malos rien
Y los buenos padecen?
¿dime por qué si existes no apareces?
Dime ¿por qué si dicen que existes
Y nos proteges
Tengo que estar yo componiendo esto
Con impotencia, rabia,
Indignación y dolor,
Dime si existes dios,
¡te reto en esta canción!

¿por qué?
Si existes dios
Dejas que haya pobreza
¿por qué?
Son los que menos tienen
Los que mueren
¿por qué?
Mueren niños y no intervienes
¿por qué?
Don’t cry, close your eyes. (2)

Fui creyente de siempre
Pero entre las propias personas
Y lo que pasa en el mundo
Voy dejando de creer poco a poco…
Esperando una respuesta
Algun logro.

No lo entiendo,
¿dónde estás?
Sin sentido
La vida se nos va.
A los que roban
Los que trafican
A los que matan
¡por favor que paren ya!

Como salta a simple vista, el tema es el mal. Es un tema muy antiguo pero cuya solución no es fácil. Porque ante este problema ¿dónde queda Dios? ¿Qué hace Dios para solucionarlo? Si Dios es bueno, ¿por qué permite que exista el sufrimiento y el mal?

Para empezar distingamos entre dos clases de mal: uno es el que causamos las personas y otro el que viene por desgracias naturales y catástrofes, o sea el que no es causado por las personas.

En esta canción el autor se pregunta por la existencia de Dios ante la pobreza, el hambre (especialmente de los niños), el tráfico de seres humanos, etc. Todo esto se lo reclama a Dios para que intervenga y así muestre (y demuestre) su existencia.

Cuando tenemos problemas, cuando vemos desgracias, el mal en cualquiera de sus formas, nos pasa lo que a los apóstoles en el evangelio de este domingo (Marcos 4,35-41), que durante la tormenta se asustan y al ver a Jesús dormido tan tranquilo le reprochan como si a Él no le importante lo que está ocurriendo a su alrededor. Eso es precisamente lo que el Papa Benedicto XVI dijo el mes pasado en su discurso en el campo de exterminio de Auschwitz, el símbolo más universal del poder del mal; allí también el Papa hablaba sobre el silencio de Dios:

 

Tomar la palabra en este lugar de horror, de acumulación de crímenes contra Dios y contra el hombre que no tiene parangón en la historia, es casi imposible; y es particularmente difícil y deprimente para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania. En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?

Pero este silencio debe llevarnos también a la reconciliación:

 

Con esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo, este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante.

Después el Papa trata el tema de las preguntas que nos hacemos ante el mal, como la que la título a la canción de Sergio Contreras: ¿Por qué?:

¡Cuántas preguntas se nos imponen en este lugar! Siempre surge de nuevo la pregunta: ¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción, este triunfo del mal?

Nos vienen a la mente las palabras del salmo 44, la lamentación del Israel doliente: “Tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinieblas (…) Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y nuestra opresión?

Nuestro aliento se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos, redímenos por tu misericordia” (Sal 44, 20. 23-27). Este grito de angustia que el Israel doliente eleva a Dios en tiempos de suma angustia es a la vez el grito de ayuda de todos los que a lo largo de la historia —ayer, hoy y mañana— han sufrido por amor a Dios, por amor a la verdad y al bien; y hay muchos también hoy.

Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción. No; en definitiva, debemos seguir elevando, con humildad pero con perseverancia, ese grito a Dios: “Levántate. No te olvides de tu criatura, el hombre”. Y el grito que elevamos a Dios debe ser, a la vez, un grito que penetre nuestro mismo corazón, para que se despierte en nosotros la presencia escondida de Dios, para que el poder que Dios ha depositado en nuestro corazón no quede cubierto y ahogado en nosotros por el fango del egoísmo, del miedo a los hombres, de la indiferencia y del oportunismo.

Elevemos este grito a Dios; dirijámoslo también a nuestro corazón, precisamente en este momento de la historia, en el que se ciernen nuevas desventuras, en el que parecen resurgir de nuevo en el corazón de los hombres todas las fuerzas oscuras: por una parte, el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega contra personas inocentes; y, por otra, el cinismo que ignora a Dios y que se burla de la fe en él.

Nosotros elevamos nuestro grito a Dios para que impulse a los hombres a arrepentirse, a fin de que reconozcan que la violencia no crea la paz, sino que sólo suscita otra violencia, una espiral de destrucciones en la que, en último término, todos sólo pueden ser perdedores. El Dios en el que creemos es un Dios de la razón, pero de una razón que ciertamente no es una matemática neutral del universo, sino que es una sola cosa con el amor, con el bien. Nosotros oramos a Dios y gritamos a los hombres, para que esta razón, la razón del amor y del reconocimiento de la fuerza de la reconciliación y de la paz, prevalezca sobre las actuales amenazas de la irracionalidad o de una razón falsa, alejada de Dios.

Ante el mal, cuando preguntamos a Dios por su silencio, podemos tener dos respuestas: o la desesperación o la fe. La primera está representada en la canción de Sergio Contreras, pues Dios está mudo, no quiere actuar o sea no existe, y entonces quedamos abocados al sinsentido y a la nada.

La fe, en cambio, nos dice que Jesús nos acompaña más aún en el sufrimiento. Es lo que el Evangelio de este Domingo XII Ciclo B del Tiempo Ordinario nos ha dicho: ¿Por qué tanto miedo? ¿Todavía no tenéis fe? Es la respuesta de Jesús después de que los apóstoles lo despertaran en mitad de la tormenta reprochándole si no le importaba que se hundieran. Es conocida la triste anécdota del campo de exterminio nazi en que ahorcaron a un niño, y uno de los presos que tuvieron que presenciarlo pensaba para sí: ¿Dónde está Dios que permite esto? Y una voz en su interior le respondió: Está ahí colgando de la horca; Dios no se desentiende de nuestro mundo y del mal que existe aquí, sino que por su Encarnación ha conocido y asumido ese mal al morir siendo inocente (el más inocente) y ha vencido el mal con su Resurrección, y así también nos ha unido a su victoria al hacernos cuerpo suyo, de su cabeza.

También es muy conocida la historia de San Maximiliano Mª Kolbe, el franciscano polaco que quiso dar su vida a cambio de otro condenado, precisamente en Auschwitz. Cuando las SS del campo fueron contando del 1 al 10 para escoger al azar a los presos que tenían que morir de hambre en una celda de castigo como represalia por la fuga de otros, un sargento polaco llamado Francisco Gajownieczek.

Éste empezó a gritar y a lamentarse por su esposa e hijos, entonces salió otro preso de las filas, que se ofreció a cambiarse por el sargento, que tenía familia. El P. Kolbe fue canonizado por Juan Pablo II en 1982, y allí estuvo presente el sargento Gajownieczek.

Cuando el año pasado estuve en Münster, para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, celebramos la Misa del domingo en la parroquia de San Antonio con la comunidad de lengua española, y fue el 14 de agosto: nos dieron una estampa de San Maximiliano Mª Kolbe, con el título: En el campo del odio triunfó el amor.

San Maximiliano es el Mártir de la caridad, pues la caridad es el amor de Dios, que por nosotros y por nuestra salvación quiso asumir nuestra naturaleza humana para redimirla del pecado y sus consecuencias: el mal, y así transformarla. Eso es lo que expresa el tema artístico del Trono de Gloria, que es la imagen de esta entrada (en este caso un grabado de Alberto Durero): Dios Padre sostiene en sus brazos al Hijo muerto y sobre ellos el Espíritu Santo.

Este tema artístico muestra plásticamente una profunda verdad teológica: en la humanidad de Cristo, toda la Trinidad entera experimenta la naturaleza humana porque donde está actuando una de las personas de la Trinidad están presentes las otras dos; así en la Pasión y en la muerte de Jesús y en su posterior descenso a los infiernos, el mismísimo Dios, toda la Trinidad eterna y divina (Padre, Hijo y Espíritu Santo) experimentan el sufrimiento y la muerte injusta, en definitiva experimental el poder del mal, que no es definitivo pues el final es la Resurrección, o sea la derrota del poder de las tinieblas que intentaron(pero no pudieron) apagar la Luz.

Y esa caridad de Dios en nuestra vida nosotros hemos de darla a los demás para así seguir el ejemplo de Cristo, como hizo San Maximiliano Mª Kolbe, mártir (=testigo) de la Caridad.

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4 comentarios to “¿Por qué?”

  1. Los lectores también podéis dar a conocer la bitácora, por ejemplo, poniendo al final de vuestros correos electrónicos la dirección; de todas formas, el boca a boca también funciona.
    Gracias a ti, esto me da ánimos para seguir adelante.

  2. eduardo gallardo said

    dale muchas gracias leere el tema siguiente…= super bueno esto pero podria ser como mas publicitado si no es por una recomendacion nunca lo hubiera encontrado

  3. El pecado original introdujo en el mundo la ruptura y el desorden frente a la armonía y la bondad que había en la obra creada por Dios: así nos lo muestra el capítulo 3 del Génesis, cuando Eva acusa a la serpiente de haberla engañado; eso significa que se rompe la armonía entre las personas y la naturaleza, y por lo tanto lo que viene a continuación serán desgracias.

    Lo que quiere decir todo esto es que las catástrofes naturales suceden porque el pecado y el mal vinieron al mundo y destruyeron la armonía y bondad de la creación.

    En la entrada siguiente (“El problema del dolor”) sigo hablando del tema del dolor y del mal.

  4. eduardo gallardo said

    mm interesante mm me ayudo mucho a entenderlo
    pero necesito dar a la respuesta de las catastrofes naturales cual seria ….de ante mano gracias

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